La cualidad de la palabra. 34
Berta ama a su esposo, pero también ama a Violeta. Y cuando decide que no puede vivir sin ninguna de las dos, propone lo imposible: compartirlo todo. Guille debe decidir si su amor por Berta es lo suficientemente fuerte para abrir su cama y su corazón a una tercera persona.
Guille estaba en el despacho cuando Carmen asomó desde el recibidor. Dejó a su hijo al lado de la puerta y se acercó para despedirse. Guille se levantó saliendo al paso, se abrazaron.
- Guille. Lo he pasado bien.
- Yo, también, Carmen. ¿Volverás otro día?
Carmen se puso seria, casi triste. Moviéndose despacio se sentó frente la mesa. Parecía cansada.
- Guille. Esto es una despedida. – Su voz era pausada y evitaba mirarlo a los ojos. - Dejo de servir en esta casa y en la villa, me retiro. Se acabó el contrato Montesinos. Ahora hemos follado por el placer de hacerlo. Sin compromiso.
Guille la miró serio.
- Hoy es domingo. – Era una pregunta.
- Así es. Desde el viernes se acabó el contrato Montesinos, ya lo hablé con don Francisco. Fue por casualidad, hablando con las chicas esta mañana en la cocina, fui a despedirme, que me enteré que esta tarde estarías solo y por eso he aprovechado para venir.
Se levantó para darse un beso que Carmen procuró que fuera breve. Salió del despacho con intención de coger a su hijo. Antes llenó de aire sus pulmones, lo soltó con fuerza y repitió:
- Esto es una despedida.
Guille se puso serio. Sopesó la idea de condicionarla con la Cualidad para que estuviera disponible cuando quisiera. No. No lo haría. No con esa mujer. Su mente se llenó de recuerdos ante la que consideraba la madrina.
- Te echaré de menos, siempre fuiste muy especial para mí, pero siendo un crío no sabía apreciarlo. – Pidió. - Sin compromiso... ¿Puedo abrazarte?
También hubo un beso en los labios.
- Gracias por venir a despedirte. – Intentó sonreír. – Gracias por la merienda de lechita.
Carmen no respondió. No podía hablar. Había cuidado a un crío y había follado con un hombre.
Desde la puerta de casa la vio subir al coche y marcharse. Y con ella una parte de su juventud. Serio regresó al despacho, tardando un poco en poder concentrarse en el trabajo.
En Barcelona, Berta cenaba sola en el hotel. Había pasado la tarde con Jenaro y su esposa yendo a visitar una casa diseñada por Gaudí. Y más tarde la pareja se fue a cenar a la zona de la Diagonal. Como tenía la pinta que aprovechaban estar lejos de los hijos, Berta decidió dejarlos solos. Acordaron una hora para el día siguiente.
Subió a la habitación donde encontró que hacía calor, bueno. Se quitaría la ropa y listo. Al poco quedó con solamente la interior, y por hacer algo al mismo tiempo que repasaba que estuviera bien se puso a mirar la documentación firmada por Manrique y el abogado esa mañana. Si bien la escanearía al día siguiente en el banco hizo unas fotos. La guardó.
¿Y ahora qué hacía? Pensó en qué haría Guille en esos momentos, y evolucionando de un pensamiento a otro recordó lo bien que besa y lo satisfecha que la deja al follar. Sonrió. Decidió que se haría una paja.
Tumbada en la cama encendió la televisión con el mando a distancia. Estuvo navegando por distintos canales hasta que llegó a un documental sobre la selva donde salía todo tipo de bichos. No importaba. Era un ruido que mitigaría sus gemidos porque deseando estar con su marido iba a emplear a Menique para aliviarse.
Se quitó las bragas arrojándolas al suelo.
Primero frotó a Menique contra las tetas, con un resultado muy pobre. En los pezones quedaba mejor. Esa vibración daba gustito, pero sabía que era insuficiente. Se frotó el sexo buscando el clítoris y resultó más agradable.
"Está diseñado para ahí".
Tuvo un pequeño orgasmo. Y sin dejar de acariciarse buscó el siguiente. Lo necesitaba.
Metió a Menique por la vagina.
- ¡Uf! ¡Sí! ¡Este es el sitio!
Cerró los ojos y se dejó llevar por el placer.
“¡Uhm, qué gustito!”
Dejó a Menique dentro del coño haciendo su función y reanudó la caricia en el clítoris. Se lo estuvo frotando con los dedos de la diestra, mientras con la otra mano se acariciaba las tetas. Pensando en su esposo y la boca de Violeta recordaba que los dos chupaban muy bien sus tetas y con las lenguas hacían fiestas en su coño.
Por fin se corrió siendo el nombre de Guille el que murmuró en pleno estaxis.
- ¡Te amo, Guille! Te amo con todo mi ser.
Ya relajada decidió darse una ducha. Retiró a Menique que apareció mojado de su corrida. Y recordó la frase de Violeta.
“Soy una cerdita”.
Al incorporarse vio que en el documental aparecía una pareja de leones follando. El locutor afirmaba la gran cantidad de veces que el león podía eyacular sin retirarse para así garantizar el embarazo de la hembra.
Berta sonrió al comparar. Guille se corría de una a tres veces y era ella quien perdía la cuenta de los orgasmos.
“Antes de follar, con sus caricias hace que me corra de una a tres veces. Y luego dos más con su bonita polla dentro de mi coño. - Ya entraba en el baño cuando mentalmente añadió: - Es mi fiera. Mi rey de la selva. Rey de mi cuerpo… y mis sentidos”.
Se miró en el espejo del baño. Estaba hecha un desastre. Sudorosa, despeinada, respiraba con fuerza por la nariz. ¿Es así cómo queda después de follar con su esposo? Sonriendo comparó. A su marido lo deja en similares condiciones. Entró en la ducha y notando la cálida agua resbalar por su cuerpo murmuró:
- También eres el rey de mi pensamiento.
El lunes Berta y Jenaro habían informado a Don Francisco cómo fue lo de Barcelona. El abuelo, como si no tuviera importancia ordenó que se entregara la documentación en Mundo Globo. De eso se ocupó Jenaro y Berta regresó a sus vacaciones.
Por la tarde Guille llegó a casa y tal como estaba previsto y hubo muchos besos y al poco, Guille empezó con las caricias por encima de la ropa, pero Berta tuvo que contenerlo. Se justificó casi con pena:
- Perdona cariño. Yo también tengo ganas, pero ya sabes que nuestras invitadas llegarán en cualquier momento.
- Pues les dejamos la puerta de la calle abierta y bien cerrada la de nuestra habitación.
Berta rio. Se besaron otra vez y por fin las manos de Guille se mantuvieron quietas. Bueno, no exactamente, porque estuvieron dándole apretoncitos en las nalgas.
Media hora más tarde llegaron las amigas. Nilea estaba triste, aunque lo llevaba mejor que Violeta. A la morena era el segundo novio, con el que iba más o menos en serio, que la rechazaba.
El coche de Violeta estaba lleno de bolsas grandes con ropa. Los frascos de higiene estaban en una mochila. En dos cajas de cartón llevaban varios libros. Además de dos bolsas de basura donde llevaban la ropa usada. Metieron todo en una única habitación.
- Llevamos todo mezclado o abultaría el doble.
Guille sin contar el saludo al recibirlas permanecía callado.
- Espero no molestar. – Dijo Nilea sin mirar directamente a Guille. - En cuanto podamos nos vamos.
Violeta añadió:
- El jueves tenemos que ir a ver un piso, pero el hecho que esté disponible en estas fechas debe ser porque piden mucho o tendrá algo que no nos gustará.
- Bien, chicas. - Dijo Berta sin saber qué cara poner. - Lo primero deshacer la maleta, luego ponemos la lavadora. y por último cenar y ya descansamos.
Después de cenar, Nilea estuvo un buen rato hablando por teléfono con su familia. No estaba más animada, pero sí más conforme cuando dijo que lo suyo quedaba resuelto. Volvía a casa de sus padres.
- Mi padre está jubilado por enfermedad. – Añadió detalles con los que justificaba su decisión. - Esto es, no tiene horas extras ni complementos. Necesitan de mi sueldo. Así que vuelvo con ellos. Tendré casa, otra vez mi habitación, y les ayudo con los gastos. Dentro de poco mi hermano se marchará a Munchen. - Se disculpó y cambió el nombre de la ciudad al idioma español. - Perdón quiero decir, Múnich. Estudiará allí, y vivirá en casa de mis abuelos.
- Ya veréis. Me tocará volver a casa de mis padres. - Dijo Violeta apesadumbrada. - Me da vergüenza, pero no tengo otra. Con mi asignación me va muy justo.
- No tengáis prisa en marcharos. - Pidió Guille.
Berta intervino.
- Bien. Si no os marcháis a Alemania y Sierra podemos estar juntas como hasta ahora.
- Sin Ana María. - Suspiró Nilea.
- Es su opción. - Replicó Berta al darse cuenta que nada sería igual.
- Me duele mucho. – Meditó Nilea en voz alta. - Llegué amarla con todo mi corazón. Algo que jamás me había pasado. Siempre estaba con chicos que me duraban un par de días o unas horas después de la discoteca. Nada más pretendía. - Lanzó un suspiro y recordó a Paco. - Fue una excepción y decepción. Gracias a vuestra generosidad mi prioridad era estudiar. Y la conocí. ¡Una chica! ¡Increíble poco antes! Y me enamoré. Han sido dos años juntas. Y me deja por un chico.
Guille interrumpió tan seria charla.
- Venga. Vamos a escuchar música. – Ordenó cogiendo la mano de Nilea: - Tienes que enseñarme a bailar.
Una semana más tarde Nilea estaba en casa de sus padres y como tenía un trabajo, las amigas solamente podían verla los fines de semana, o alguna tarde. Violeta continuaba en los Nopales, pasaba mucho tiempo encerrada en su habitación preparando el máster de profesorado. Mientras que Berta disfrutaba de sus vacaciones estando en la piscina, aunque también dedicaba mucho tiempo a estudiar el curso siguiente.
Natalia, la sirvienta, se acostumbró a verlas desnudas en la piscina. Y le gustó que la invitada colaborase en la limpieza de la casa. Hizo de maestra de cocina, pero la señora y su invitada eran unas negadas ante los fogones.
Berta hizo un comentario recordando las palabras de Nilea sobre envenenar con la comida. A lo que Violeta contestó:
- Vale. Me limitaré a las tortillas.
Todos tenían sus rutinas. Berta y Guille se levantaban temprano y salían a correr durante un buen rato. Después simulaban peleas. Luego Guille se marchaba al trabajo y Berta a veces ayudaba a Natalia en cosas de la casa. Como aquella vez que se pusieron a limpiar el trastero, o se ponía a estudiar en el despacho. Violeta ayudaba más en la casa, desde que llegaba Natalia, poco después de la marcha de Guille, hasta mitad de mañana. Luego también estudiaba. Y siempre, casi sin excepción, las dos tomaban el sol en la zona de la piscina durante un rato antes de comer.
Algunas veces, después de comer y antes que llegara Guille estaban en la cama en lo que llamaban jugar. Y como mínimo tenían cuatro orgasmos cada una.
Un par de tardes fueron a las galerías del puerto. Más por pasar el rato que realmente necesitaran algo.
Por la noche, Berta intentaba contener sus gritos de placer al culminar sus orgasmos que Guille le conseguía para no atormentar a su amiga que podía escucharles en la habitación de al lado.
Un viernes que cenaban los tres juntos, Berta recordó que irían al día siguiente al club de montañismo. Ya habían quedado en recoger a Nilea. Luego Violeta pasaría la noche en la casa de ella. Compartirían habitación. Así Berta podría ir a cenar con los abuelos.
- Hacer lo que queráis, chicas. - Dijo Guille. - Pero también se puede recoger a Nilea en su casa y venir aquí. Todo el día. Lo digo por la piscina. Y luego ellas van a casa de Nilea en el coche de violeta y tú a cenar conmigo y los abuelos. Yo puedo pasar ese tiempo en la villa.
No fue así. Nilea llamó diciendo que no se encontraba bien. Por lo que Violeta pidió que no se preocuparan de ella.
- Creo que iré a una discoteca. A ver si ligo un tío guapo que me dé un buen revolcón.
- Vale. Pues veamos qué os parece. - Propuso Guille. - Nos quedamos hasta después de comer. Podemos pasear, nadar. Solamente que no tenemos sauna.
Berta se opuso.
- No podemos pasear por la urbanización con este calor. No es bueno.
Como Berta tenía la menstruación esa noche no follaron, pero sí que se acariciaron, besaron… Berta tuvo dos orgasmos con las caricias de Guille. Uno proporcionado con delicadeza en las tetas. De hecho. no las apretó ni movió a las lados, sino todo lo contrario, dedicó suaves caricias a los pezones. Toquecitos con la lengua y suaves chupadas. Ante semejante tratamiento Berta le ordenó por dos veces:
- ¡Muerde!
Pero no, Guille continuó con suavidad.
Y el otro orgasmo fue mediante dos dedos sobre el clítoris sin quitarle las bragas porque a Berta le daba vergüenza que pudiera verse algo. El orgasmo llegó como ese tren que aparece en el horizonte. Que tan apenas se ve sobre el paisaje. Hasta que ves que está ahí, acercándose veloz, imparable. Y al verlo llegar descubres que aquel puntito lejano en verdad es enorme.
El cuerpo de Berta se agitó. Con una mano sujetó fuerte la de Guille sobre su sexo, con la otra se cogió al hombro de la persona que más amaba. Su boca se abrió como si quisiera gritar lo bien que lo pasaba y tan solo pudo suspirar un gemido.
- ¡Mermelada!
Quedó derrumbada con Guille a su lado murmurando lo mucho que la amaba, al tiempo que le daba besitos en el rostro.
Un minuto. Dos minutos… y Berta reaccionó.
- ¡Uhm, cariño! Me has dejado muy bien. Gracias. – Se incorporó sobre Guille como si fuera una fiera. - Ahora tu turno.
Le quitó el calzón y se puso a disfrutar de la polla del marido.
Guille sintió caricias, chupadas pasando un buen rato, y por fin que quedaba vacío al correrse en la boca de Berta. La sensación de Guille es que lo había exprimido.
- ¡Uf! Cariño. De cada día me gusta más tu boca.
Se abrazaron para poder besarse. Berta permitió que fueran cuatro o cinco cortos y cariñosos.
- Perdona. Solamente así. Me noto rara.
Berta se preocupó ofreciendo otro agujero de su cuerpo.
- ¿Te ha ido bien así, cariño? Podemos hacerlo por el culo. ¿Quieres?
Guille se negó. Así estaba bien.
- No cariño. Gracias. Pasarías mala noche.
Berta lo abrazó poniendo su cabeza en el pecho de Guille para escuchar su corazón. Preguntó:
- ¿Me amas?
- No, cariño. - Respondió suavemente, mientras le cogía la mano que tenía en el pecho. Le daba un beso en la cabeza para a continuación darle un apretoncito en una nalga. Y añadió: - ¿Amarte? No sé cómo puedes pensar cosas tan raras.
- Yo sí te amo. – Sonreía. - Mucho.
- Duerme.
A mitad de mañana del sábado estaban los tres en la piscina y el único que ya había nadado era Guille porque las chicas se entretuvieron poniéndose crema. Para tomar el sol, Berta se quitó la braga del biquini, antes comprobó que el tampón estuviera bien en su sitio, y dijo a Violeta que podía estar cómo quisiera.
- ¿Y tu marido?
- No te preocupes. Que él sí que se tiene que preocupar si le pillo mirándote el culo.
- ¿Y si se desnuda y le miro?
- Pues con todo el cariño del mundo te corto las tetas.
Guille decidió dar por concluido el baño y marcharse al despacho.
- Me voy antes que muera nadie. – Ya había dado unos pasos cuando recordó. – Por cierto, cariño. ¿Qué tal estás?
- Bien. No me molesta.
Guille, asintió, sin acercarse le lanzó un beso, y ya se retiró, por lo que Violeta ya preguntó:
- ¿De qué habláis?
- Tengo la regla.
Se asombró.
- ¿Y vas a nadar?
- No. Solamente a tomar el sol.
Violeta se incorporó mientras preguntaba:
- ¿Se ve el cordelito del tampón?
Berta protestó juntando las piernas.
- No seas mala.
La cena con los abuelos fue bien. Don Francisco, tras escuchar cómo va lo de Amapola, no les dio más encargos ni preguntó cómo iban los negocios. Seguramente porque ya lo sabía. Doña Amparo aplaudió esa idea:
- Guille ya tiene mucho trabajo y Berta está de merecidas vacaciones.
Después de cenar y tras charlar un rato, la pareja se despedía para regresar a los Nopales.
- Para la próxima cena traer a vuestra invitada. - Dijo doña Amparo mostrando esa amable sonrisa. - No está bien hacerla de menos.
Berta dejó de sonreír al explicar por qué:
- Es que es invitada nuestra no de vosotros.
Doña Amparo insistió:
- Con el carácter que decís que tiene me resultará grato conocerla y tenerla aquí.
Don Francisco se interesó:
- ¿Estudia magisterio? Si se tiene vocación está bien. Pero para ganar dinero es mejor economía.
Al entrar en la casa de los Nopales encontraron a Violeta en la cocina. Tomaba una infusión y un agradable aroma a yerbas invadía la estancia.
Berta se interesó en su salud, mientras se daban un breve beso en los labios, y Guille en por qué no había salido a divertirse.
- No es eso, es que pensaba. Me tengo que ir de vuestro lado. Os estoy fastidiando. Sois jóvenes, estáis enamorados y yo aquí molestando.
- No molestas.
- Sí. Mira esta mañana en la piscina. Podrías hacer lo que quisierais en vuestra casa, pero al estar yo, Guille tuvo que retirarse. Además… Eso. Debo dejaros, irme de aquí.
Quedó callada tomando la infusión.
Berta se quitó los zapatos. Y pidió a Guille que le bajara la cremallera del vestido. Así quedó con solamente las bragas en la cocina, sin importarle que estaba delante de Guille y Violeta. En la transparencia de la prenda se veía que llevaba una compresa. Se dedicó a alisar el vestido con las manos mientras pedía a Violeta que no se marchara.
Guille cogió una cerveza del frigorífico al ver que tardarían en acostarse. Se sentó al otro lado de la mesa.
Entonces Berta, al no quedar más sillas pidió que fueran al comedor de la cocina. Se puso nerviosa y se cogió de la mano de Guille. Antes de que hablara, el marido supo que tenía algo importante que decir y sintió un nudo en el estómago. Ya no le apetecía la cerveza, no podía tragar. Temía que prefiriera a Violeta y fuera el momento de la despedida.
- Guille. Te amo, de verdad, mucho. – Comenzó a hablar Berta algo ruborizada. - Y tienes que saber que también tengo sentimientos por Violeta. Si tuviera que elegir a uno de vosotros sería a ti. – Repitió. - Te amo. – Algo más ruborizada que antes añadió desviando la mirada: - Pero eso, a Violeta… también. Por favor deja que se quede con nosotros.
Había dicho “nosotros” en lugar de “conmigo”. Un plural muy interesante que tanto Guille como Violeta percibieron.
Violeta abrió los ojos y se quedó mirando a la pareja. Amaba a Berta, estaba segura, pero prefería retirarse antes de romper ese matrimonio. Esperaba vigilante a que Guille dijera su opinión. Tenía la palabra.
Guille, besó a Berta en los labios sujetándola de la cintura para mantenerla pegada a su cuerpo. Se sintió muy bien al ver que continuaban juntos, aunque tuviera que compartirla.
- Cariño. - Hablaba despacio intentando que su voz no le traicionara por culpa de los nervios. - Tu amiga me cae bien, pero eso solo. Nada más.
- ¿Te gusta? – Insistió Berta.
Guille miró a Violeta y ya respondió.
- Si te refieres como persona, siempre la comparo con un terremoto o una tormenta. Si preguntas por su físico. Es guapa y admito que en la piscina alguna vez me he quedado mirando sus tetas y su bonito culo. Pero como ya dije antes: Nada más. Nada cariñoso siento por ella.
- Sí, bien. Comprendo. Pero recuerda: Lo nuestro fue despacio. Quiero decir que, eso, que nuestra relación fue durante unos dos años. Nos conocimos, follamos una vez a la semana y luego nos enamoramos. Podría pasar lo mismo con Violeta.
- Vale, creo que te entiendo. Veo que quieres unirnos para poder continuar con los dos en una relación de tres.
Permanecían en pie en el pequeño comedor al lado de la cocina. Nadie pensaba en sentarse. Las dos mujeres estaban ruborizadas, y, además, Violeta tenía los ojos bien atentos a la reacción de Guille.
Berta no respondió. Preguntó a Violeta qué pensaba de Guille. Tardó un poco en responder.
- También me cae bien. Muy bien. Y no te niego que algo sí que he fantaseado al hacerme una paja estando en la cama. Pero la realidad es distinta. – Miró a Berta para continuar hablando. – Nada quiero con tu esposo porque te tengo aprecio. Y respeto vuestra relación. Las veces que he tonteado con él ha sido delante de ti.
Berta insistió.
- Os pido que lo intentemos. Entre los tres.
Guille veía venir que en algún momento follaría con Violeta. Pero se sorprendía que su esposa estuviera tan enamorada a la vez de dos personas de distinto sexo. En algún momento llegó a temer que le dejaría por ella. Y ahora… no sabía qué pensar. Miró a Violeta. Guapa, lista, alegre, dispuesta a colaborar en la casa. No hacía gimnasia. Se mantenía en un cercano peso ideal gracias a la bien cuidada dieta.
Violeta le vio observándola.
- ¿Me estás valorando? Creo que me miras cómo si no lo hubieras hecho hasta ahora.
- Sí. Así es. Perdona. – Contestó Guille serio. – Hasta hoy eras la amiga de mi mujer, y, como has dicho, ahora te estoy valorando de otra forma.
- Comprendo. Sí. Creo que te comprendo. – Se ruborizó un poco más al preguntar. - ¿Y bien? ¿Qué te parezco?
Puso en palabras lo que opinaba de ella repitiendo parte de lo dicho y Violeta se sintió alagada. Guille añadió serio:
- Pero no te amo. A ver, te tengo aprecio. Sí. Mucho. Pero no sé si es suficiente para lo que propone Berta.
- Insisto en intentarlo. - Pidió Berta que había permanecido observando atenta a sus palabras y gestos. - Y además quiero pediros un favor para esta noche. – Aspiró con fuerza y decidió exponer lo que pensaba. - Ya sabéis que tengo la regla. Así no puedo follar. Pero las dos personas que amo si pueden. Podéis follar hasta quedar satisfechos y no solamente unas caricias conmigo en las que sé que quedaríais a medias.
Guille parecía que iba a protestar, pero Berta le interrumpió.
- Por favor vamos a ver qué tal funciona estar juntos esta noche. Y recordar que el miércoles voy a Barcelona, esa noche podéis estar juntos. Y ya me lo compensaréis cuando vuelva. - Miró sonriendo a su esposo. - Y cuando mi maridito, nuestro maridito, se vaya de viaje nosotras le echaremos de menos mientras nos damos muchos besos.
Cogió el vestido que había dejado colgado del respaldo de una silla y casi empujó a quienes tanto amaba para subir a la habitación.
Berta se disponía a desnudar a la dubitativa Violeta, pero Guille dijo que ella ya lo estaba. Por lo que le quitó el sujetador, la empujó a la cama y se puso a jugar con sus tetas.
Violeta rio y tras quitarse el pijama quedando solamente con las bragas se unió al juego.
Berta notaba una boca en cada teta. O que por turnos se acercaban a sus labios y la besaban. A veces suavemente otras esa lengua entraba en su boca como un torbellino buscando la suya. Disfrutaba y se sentía feliz. ¡Lo había fantaseado estando en Barcelona mientras se masturbaba y ya era realidad! Notó que una mano empujaba el elástico de la braga y unos dedos llegaban hasta su clítoris para jugar con el ya voluminoso botoncito. ¿Quién sería el dueño de esa mano? No importaba. Lo estaba disfrutando.
- ¡Os quiero! – Gimió.
Guille la llamó diosa, y Violeta, brujita.
Berta se corrió tres veces y tuvo que pedir clemencia.
- ¡Basta! ¡Me estáis matando! ¡Basta, por favor! Me van a doler las tetas una semana.
En verdad lo que le molestaba eran los ovarios.
El pene de Guille amenazaba con romper el calzón cuando se retiró de su esposa. Miró a Violeta cuyas tetas parecían armadas con pitones.
- Berta, cariño. - Pidió Guille. - ¿Puedo pedirle a Violeta que nos besemos?
Berta sonrió al consentirlo.
- Sí. Claro.
Violeta miró Guille. En esos ojos había deseo y se sintió bien. Le siguió el juego:
- Cariño. ¿Puedo besar a Guille?
Berta, cansada, pero contenta les ordenó que dejaran las tonterías para otro momento.
- ¡Amaros! – Ordenó: - Quiero ver que os amáis.
Se besaron. Guille y Violeta estaban arrodillados sobre la cama y se abrazaron en un beso que empezó suave y terminó profundo. Guille comenzó con las caricias en las tetas, además del culo por encima de la braga, y Violeta a suspirar.
- Por favor, túmbate. - Pidió Guille. - Me gustaría acariciarte y así es más cómodo.
Violeta, excitada y nerviosa, se dejó caer de espaldas al lado de Berta. Le dedicó una mirada cómo disculpándose o agradeciendo el momento y Berta respondió con una sonrisa.
Permitió que Guille masajeara sus tetas. Valoró que lo hacía bien. Aunque le gustaba estuvo por avisar que era distinta a Berta. Ella no alcanzaría el clímax con solamente esa caricia. Aunque el volumen de sus pezones parecía proclamar lo contrario.
No hizo falta.
Notó que una mano bajaba sin prisas a su sexo. Y fue cuando se preocupó. El clítoris ya estaba hinchado, erecto. Lo notaba separando sus labios mayores, presionando la braga, y tenía miedo que a Guille no le gustara ese volumen. Al poco, esos dedos pasaron por debajo del elástico de la braga y ya estaban ahí. ¡Lo esquivó!
“¡Lo sabía! – Pensó defraudada. - Guille evita tocarlo, no le… ¿Qué? ¡No es así! Guille lo rodeó para atacar desde abajo que es más sensible. ¡Ah! ¡Qué gusto! ¡Qué ternura! ¡Qué martirio ese suave roce!”
Las palabras que oyó sonaron a música.
- Nena, cariño. Tienes un botón atrayente. Si me dejas voy a darle unos besitos. ¿Vale?
Guille dejó de chupar las tetas para quitarle las bragas. Luego, se situó entre las piernas. Las acarició despacio mientras miraba esa vulva tan parecida y diferente a la vez a la de Berta. Así vio lo que había descubierto con los dedos: el clítoris de su amiga era el más grande que viera jamás. Deseó jugar con él, darle besos y chuparlo.
Acercó la diestra para explorarlo.
Sin cesar en la caricia con los dedos se situaba mejor para acercar su boca cuando Violeta tuvo ya un orgasmo. Y Guille supo cuál es el lugar de más placer de su amiga. Centró ahí sus caricias con la boca.
¡Qué fácil de coger con la boca! De jugar con la lengua. De saber cómo le gustaba más a la mujer porque lo indicaba con gemidos y espasmos de su cuerpo. Sí. Violeta lo estaba pasando muy bien con esas caricias en su intimidad.
En menos de media hora Violeta se había corrido tres veces. Respiraba sonoramente más parecía que lanzara gemidos.
- ¡Basta! - Ordenó Violeta cansada, pero decidida. - Deja que descanse, que quiero follar.
Guille se incorporó y vio que su querida Berta había estado acariciando las tetas de Violeta. Se puso a un lado y besó primero a su esposa.
- ¿Crees que le ha gustado mi caricia?
Berta evitó reír al responder.
- Eso, o es muy buena actriz. – Lo empujó: - Venga, cariño. Ahora amaros. Que yo os vea disfrutar. – Sujetando la cintura del calzón de Guille, ordenó: - ¡Espera!
Por encima de la ropa le sacó la polla y le dio una lamida en el glande.
- ¡Uhm, cariño! Cuando vuelva de Barcelona la quiero para mí. – Miró a su amiga y ordenó. – Ahora a follar.
Guille se acercó al rostro de Violeta que aún respiraba con fuerza. La besó en los labios y pidió si ya podía amarla.
No quedaba claro si se trataba de una orden o una petición. Violeta dijo:
- Sí. Ven. Follemos.
Guille se quitó el calzón. Se situó sobre Violeta y orientando el pene con una mano, poco a poco la penetró.
Violeta abrazaba a Guille por la cintura, tenía los ojos cerrados y notaba muy bien cómo su cuerpo se abría ante esa barra de carne. Gimió mientras era observada por Berta.
- ¡Buena herramienta, nene!
¡Es así! Pensó Berta mirando el rostro de su amiga. Esa es la cara que pone cuando recibe a su esposo en su cuerpo. Deseó besar esa boca.
Violeta estaba envuelta en una nube de placer. Ese pene se movía muy bien dentro de su cuerpo. Y al mismo tiempo notaba las manos de su querida Berta en sus tetas. Sabía que no tardaría en culminar con un orgasmo que notaba que se aproximaba como esa ola en la playa que sabes que te va a cubrir. Y notó la culminación del placer por todo su cuerpo.
- ¡Es la hostia! – Gimió.
Y Guille continuaba sin detenerse.
Violeta había follado muchas veces. Había tenido dos novios formales, alguno ocasional además de varios amigos de fin de semana, pero esa noche, estando Berta a su lado, y Guille follándola, sabía que era el inicio de algo muy especial.
Oyó que Guille murmuraba algo. ¿El qué? No le importaba, se estaba muy bien saboreando esa barra deslizarse por su vagina y que tan deliciosamente rozaba el clítoris cada vez que empujaba.
Había algo especial en esa vez. ¿El qué? Ya lo pensaría en otro momento. Y fue cuando lo supo, lo notó. Guille no es como cualquier amante que busca su propio placer. Guille estaba amándola. Procuraba que ese movimiento, esos besos fueran para darle más gozo.
Sabía que pronto tendría otro orgasmo. Guille volvió a hablar y otra vez no le escuchó. ¿Qué había dicho? Entonces notó dentro de su cuerpo la descarga de semen en cuatro calientes chorros tan fuertes que parecían llegar hasta el fondo.
Esa es la respuesta.
Guille le avisó la proximidad de su descarga. Y en ese momento gran cantidad de semen inundaba su interior. ¡Qué gusto notarlo tan calentito!
Su cuerpo reaccionó con otro orgasmo. Intentó contar los que había tenido gracias a Guille. No lo consiguió.
Pasaron unos minutos. Los tres descansaban. Violeta estaba en medio siendo abrazada por Berta en esa postura cien veces empleada. Guille acariciaba el rostro, hombro y brazo de su esposa. Violeta veía la ternura, y quizás algo de miedo o duda, en el rostro de Guille.
- Guille, cariño. - Dijo suavemente Violeta. - Me resultará muy fácil enamorarme de ti. De tu ternura y violencia. Y si no me amas, si no quieres que se repita, me marcharé. Pero por favor no te opongas a que vea a Berta de vez en cuando. La amo. La necesito cerca.
Guille la besó en los labios.
- Tranquila. Comprendo. Y te propongo lo dicho por nuestro amorcito. Vamos a intentarlo.
- ¿Y si no va bien? – Insistió.
- Ya se decidirá. Pero seguramente dejaré que os veáis ya que es posible que vaya mal entre tú y yo, pero está comprobado que entre vosotras funciona. Ya lleváis un tiempo juntas.
Tanto Berta cómo Violeta pensaron lo mismo:
"Lo sabe de hace tiempo y lo acepta".
El breve silencio fue roto por Berta.
- Violeta, cariño. Nuestro esposo es maravilloso. - Pasó por encima de los dos para situarse al otro lado de Guille. - Pero hay una desventaja en este momento. Yo me he corrido varias veces, tres, creo, y tú unas cuantas, he contado cinco, mientras que Guille solamente una vez.
- ¡Pobrecito! – Rio Violeta comprendiendo las intenciones de Berta. Se incorporó. - Vamos a solucionarlo.
- Chicas, no es necesario.
- Es lo justo.
Violeta soltó una de sus lindezas.
- He saboreado tu polla en el coño. Ahora la quiero en la boca.
- Yo también quiero algo. – Dijo Berta riendo.
Violeta tenía la polla de Guille en la mano. Todavía estaba flácida, aunque sabía que eso era algo pasajero. Pronto estaría lista para jugar. Por eso afirmó:
- Tenemos polla para las dos.
Una boca se tragaba su polla mientras otra le lamía los testículos. Lo pasaba tan bien que Guille ya no sabía quién de las dos se la mamaba en ese momento. Avisó que le faltaba poco. Y hasta después de una buena lechada no supo que fue en la boca de Violeta y que en un beso compartía el semen con Berta.
- ¡Nene! ¡Qué bien sabe!
- El truco está en que hay que vaciarlo cada día. - Afirmó Berta sonriendo. – Así lo renueva, es reciente.
- Pues voy a colaborar en eso. Sí.
Fueron a la ducha para refrescarse y Berta esperó a que Guille se marchara para sentarse al bidet. Se justificó ante Violeta.
- Conoce bien mi cuerpo. Pero me da no sé qué, que me vea limpiando mi menstruo.
- Te comprendo. Bueno, ya sé de otras veces que no te molesta que te vea y me has visto cambiarme el tampón dos o tres veces. - Miró al lavabo y se quejó. - ¡Vaya! Mi cepillo de dientes está en el otro baño.
Salió a buscarlo y se encontró con Guille sentado en la cama.
- ¿Te marchas?
- Pues iba a… - En lugar de responder planteó una duda. - ¿Quieres que me quede?
- Quiero, me gustaría, que lo que hemos empezado funcione. Si te vas a dormir al otro cuarto parece un paso atrás.
- ¿Uhm? Me gusta lo que dices. - Violeta sonreía. - Voy por mi cepillo de dientes. - Y con voz cantarina añadió mientras se movía veloz: - Vuelvo enseguida.
- Pues tenemos que ver cómo nos organizamos.
Berta que salía del baño y los había oído, dio su opinión.
- Ya se verá sobre la marcha. No hagamos reglas que pueden o no funcionar. Será todo natural.
En unos minutos los tres estaban en la cama. Las dos mujeres abrazaban a Guille, hasta que dormida Violeta buscó una posición más cómoda dejando a Berta escuchando el corazón de Guille.
Como estaba previsto, Berta estaba en Barcelona con Jenaro y su esposa. Mientras la mujer se quedó en el hotel, la comercial y su abogado estaban en una sala de la sucursal Fuente Ahorro firmando la compraventa de Confecciones Amapola ante el director de la sucursal y un notario. La transacción fue rápida, aunque Berta tenía miedo que Manrique se desplomase sobre la mesa quedando dormido. Al parecer lo había celebrado por adelantado, y menos mal que fueron a buscarlo a su casa, o no habría acudido a la cita en el banco con el notario.
El hombre olía fatal. Otra vez llevaba varios días sin lavarse y vistiendo la misma ropa. Melena y barba descuidada además de grasienta. Nadie se quejó porque se trataba de mucho dinero.
Según lo acordado previamente, sin sacar los documentos de la sala para que el notario no los perdiera de vista, fueron escaneados y repartidas las copias. El notario se ocuparía del Registro Mercantil. Añadió:
- La compraventa se ha hecho con fecha de hoy, doy fe con mi firma. El registro es un formulismo del que tendrán copia en unos días.
Berta acordó con Manrique que ya se verían en un mes para la segunda parte del pago. Le dijo la cantidad y añadió:
- Eres millonario. Dispondrás de mucho dinero.
En el rostro de Manrique apareció una sonrisa tan tonta que daba pena.
Berta estuvo por decirle que antes ya lo era en patrimonio. Y que el problema estaba en que se gastaba el dinero más rápido de lo que esos bienes generaban. Ahora disponía de mucho en efectivo, pero seguramente le duraría poco tiempo a ese ritmo de gasto.
Al retirarse vio que el director se acercó con ganas de ofrecer negocios y servicios, pero Manrique se estaba acomodando mucho en esa butaca, parecía que tenía intención de dormir ahí mismo.
Regresaban al hotel en taxi cuando Jenaro felicitó a Berta por la gestión. Estaba saliendo según lo planeado.
- Y teniendo en cuenta las posibles reacciones de un hombre cómo el señor Manrique era difícil de predecir.
- Nunca se sabe cómo puede reaccionar alguien así. Con esa enfermedad. Hemos tenido suerte en encontrarle... relativamente sano y a la vez casi dormido. Está tan en su… mundo, que, bueno, si hubiera consultado con un abogado... O simplemente comparado. Nos habría salido mucho más caro.
Por un instante Berta sintió remordimientos hasta que recordó la mirada depredadora del padre de Manrique. ¡Un cuarentón con una menor!
"Creo que me he vengado".
Jenaro afirmó que Manrique estaría soñando que tenía mucho dinero para gastar en sus caprichos.
- Bien, podemos regresar hoy mismo. – Propuso Berta mostrando una serena sonrisa. - O bien mañana, si ya teníais planes para esta tarde.
- La verdad es que... Ya te puedes imaginar... con los niños...
Algo de rubor cubrió el rostro de Jenaro.
- De acuerdo, amigo mío. Nos vamos mañana a las nueve. Avisaré al piloto del peregrino que estaremos en el aeropuerto a las diez.
Pasó la tarde dando vueltas por el centro viendo restos musulmanes, romanos, medievales, hasta que se hizo de noche. En el hotel pensó en llamar a Guille, pero… ¿Y si estaba follando con Violeta? No quería molestar. Los imaginó follando, pasándolo bien en la cama. Las hermosas tetas de Violeta botando a los lados al cabalgar a Guille. El rostro de Guille gimiendo al correrse. ¡Casi siempre aprieta los ojos! Tuvo un sentimiento contradictorio: alegría y envidia a la vez. Envió un mensaje a su teléfono y al poco recibió la llamada de Violeta.
- Hola, cariño. He leído el mensaje. Estamos viendo la tele. Bueno, me he permitido darle un besito a tu… nuestro marido. ¿A qué hora llegas?
- Será mañana porque…
- ¿Qué? ¿Mañana? Pero si estoy anhelando tus labios.
- Nena. Acabas de decir que besabas a Guille.
- Sí, pero pensando en ti. Los tienes más carnosos, suaves y dulces.
Berta la interrumpió.
- Anda. Pon el “manos libres”.
Les dijo que cenaran adecuadamente y se fueran a la cama. Y ordenó:
- Guille, haz que tenga cuatro o cinco orgasmos. Violeta, que Guille se corra dos veces como poco. ¿Vale?
- ¡Mira esta bruja! – Se quejó Violeta. - No está aquí y nos da órdenes.
Guille intervino preguntando qué tal había ido. Como resumen afirmó que mejor de lo esperado.
Esa noche Berta jugó con Menique pensado que sus dos amores estarían disfrutando.
“¡Qué ganas tengo de disfrutar de vuestras caricias!”
Violeta y Guille se había puesto los pijamas de verano. Se metieron en la cama y ni tan siquiera se dieron un beso de buenas noches en el rostro. Al rato Violeta preguntó si tenía ganas.
- Sí. Siempre tengo. Te recuerdo que soy un hombre. Pero te pido que esperemos a Berta. Y también perdón, porque todavía no te amo, y ahora sería follar solamente. Verás, me caes muy bien y no quiero ofenderte, o que en algún momento pienses que soy un aprovechado.
- Comprendo. Yo también tengo ganas. Es excitante tenerte a mi lado sabiendo ya cómo eres. Pero, como has dicho, sin Berta… Me sentiría mal mañana al mirarla a la cara.
Casi a la vez se desearon buenas noches.
Durante el vuelo de regreso a Zamalca, una hora más tarde de lo previsto, por cuestiones de turnos o protocolos de vuelo, acordó con Guille que se verían en la mansión Montesinos.
- Comeré con los abuelos, ya lo he acordado para luego hablar sobre la compra de Amapola.
- Llegaré a las seis. – Avisó Guille decidiendo que iría directamente desde el trabajo.
- Bien, cariño. Pero el abuelo no querrá esperar a que llegues. - Y se interesó: - ¿Qué tal con nuestra invitada?
- Pues, Esta mañana no coincidimos. Ya sabes que me levanto temprano para ir a correr. Ayer no me contó sus planes de hoy. Supongo que estudiando y tomando el sol.
Miró que el matrimonio que la acompañaba estaba curioseando por la cabina y los rincones del avión para murmurar:
- ¿Y esta noche pasada?
- Estuvimos en la misma cama, sí. - Y recalcó. - Durmiendo.
- ¿Qué? ¿Nada más?
- Nada más, cariño.
- Bueno. Nos vemos con los abuelos. Hablamos y esta noche iremos a casa. ¿Vale?
- Bien, cariño. Nos vemos esta tarde.
En contra de lo planificado don Francisco estuvo atendiendo los negocios americanos por lo que no pudieron hablar hasta casi las siete. Berta y Guille esperaban en el gabinete de al lado. Estaban abrazados y, cada pocos segundos, se daban un beso.
Don Francisco escuchó cómo fue la entrevista y la firma sin despegar los labios. A continuación, Berta, se limitó a contar lo que todos ya sabían, pero formaba parte de la explicación:
- Desde hoy todos los beneficios de Confecciones Amapola, así como sus gastos, corresponden a la Comercial Cifuentes. Ya sé que los interventores han encontrado desperfectos en la estructura de la fábrica, así como en algunos vehículos de reparto. Fruto de la dejadez de Manrique al no firmar las autorizaciones para los arreglos. Algo que me parece extraño que no estuviera delegado siendo una empresa tan grande.
Berta sacó una copia del contrato y buscó entre las páginas.
- En la página diez, apartado diecisiete ya se especifica que esos gastos son del anterior propietario. Disponemos de un mes para localizarlos y presentar los presupuestos con cargo a Manrique.
Guille aportó más información, diciendo las cantidades que leía en su ordenador, y que el equipo de abogados ya tenía instrucciones de ir anotando esos gastos para descontarlos del próximo pago a Manrique.
- Por lo que hay que moverse rápido ya que tan solo disponemos de un mes. Si esperamos más… a saber que habrá hecho ese tipo en tan poco tiempo. Incluso podría estar muerto.
Don Francisco sentenció:
- Que dos interventores de cada ciudad hagan de inspectores recorriendo todas las tiendas y almacenes. Que anoten desde una mancha en una pared a un lápiz roto. Que todos los contratos de personal y servicios sean legales. Y que los inmuebles estén libres de cargas. Aunque sea el recibo del agua.
Un director con tres asesores se encargaba de la gestión de esa empresa desde Barcelona ocupando la antigua sede central. Ya se les avisó que sería durante seis o siete meses.
Eran las diez y media de la noche cuando Berta se cambió de calzado y ropa para estar más cómoda. No quería arrugar el vestido empleado durante la cena porque además estaba limpio.
Guille la abrazó para darle un beso mientras proponía:
- Cariño. ¿Quieres estar a solas esta noche con Violeta? Puedo quedarme aquí y nos vemos mañana después del trabajo.
Berta se quedó quieta asimilando la propuesta.
- No, cariño. - Respondió y añadió justificándose. - Violeta ya no es mi amiga, es nuestra esposa. Por favor, siempre que podamos estemos los tres juntos. Somos familia.
- Sí, cariño. Somos familia.
A Guille aún le sonaba raro, por eso la noche anterior la pasó casi en vela al estar con una mujer con la que no sabía cómo comportarse. Y temiendo que aquella tuviera la iniciativa.
Berta le notó raro.
- Cariño, no pareces muy conforme.
- Perdona. Te amo, mientras que con Violeta...
- Por favor. Necesito que lo intentemos. Ya sabes: con el roce sale el cariño. Nosotros somos un buen ejemplo.
- Por ti lo intentaré.
Ya vestidos con otra ropa fueron a los Nopales.
Esa noche follaron los tres. Guille se corrió una vez en cada una, mientras que entre ellas y con él, perdieron la cuenta. Cuando dieron la sesión por concluida Guille pensó en tomar vitaminas.
“Voy a gastar mucha energía”.
Esa noche las dos novias durmieron abrazadas mientras que Guille estaba junto a Berta.
La señora Natalia que al principio veía que Violeta era una invitada, ahora compartía la cama con los señores. ¿Era una concubina, un capricho o un juguete sexual? Otra vez no quería opinar. Además, continuaba ayudando en la limpieza como si fuera otra señora o quizá otra sirvienta. No olía el yogur caducado en la habitación, porque Violeta se ocupaba de retirar las sábanas y las toallas cada día mientras los señores salían para hacer ejercicio.
Estaba confundida, pero no quería preguntar. La casa y los horarios estaban bien. Además, un día a la semana recibía ayuda para una limpieza más a fondo de otra asistente que se contrataba con ese propósito.
Hasta que un día que el señor estaba en el trabajo, Berta y Violeta entraron a mitad de mañana en la cocina. Prepararon café y como ya había sucedido otras veces, Natalia supuso que le preguntarían si quería parar un momento el trabajo y tomar una taza al mismo tiempo que ellas. Algunas veces había aceptado, pero no quería abusar. Esta vez le prepararon la bebida sin preguntar y le indicaron que se sentara con ellas alrededor de la mesa del pequeño comedor de la cocina.
Natalia se preocupó, llegó a temer que cancelaban el contrato con la agencia de servicios y tendría que dejar esa casa. Que su puesto lo ocuparía Violeta. ¡No! No sabía cocinar. Recodó que antes había una fija, Carmen, aquella que se había marchado voluntariamente. También podría ser que ahora contrataran a otras dos fijas.
Berta comenzó a hablar.
- Verá señora Natalia. Habrá visto algunos cambios en la casa y debo comunicarle que Violeta. - La señaló con un gesto. - Es también señora de esta casa. Que además de usted por las mañanas, vivimos un hombre y dos mujeres. – Y añadió. - Por favor, no se alarme. No es poligamia. No es un delito que ocultamos porque no hay bodas. Es nuestra relación. Y, bueno comprendo que usted acepte o no seguir en esta casa. Es su decisión según su moralidad la cual respetamos.
Vio que Natalia, tras el asombro bajó la mirada a las manos que tenía en su regazo. Berta continuó.
- Por lo demás ya habrá visto que de siempre se han alojado durante unos días un grupo de amigas. Y que, si bien mi relación con mi esposo no es abierta, sí que era permisiva. Ahora ha cambiado. La relación es entre tres.
Natalia seguía sin hablar.
- No tienes que contestar ahora. - Dijo Violeta comprendiendo la incomodidad de quien consideraba una amiga. - Puedes hacerlo cuando quieras. Y tu relación conmigo será como siempre. Cuando estemos solas podemos tutearnos.
Berta no sabía lo del tuteo cuando estaban solas. Le daba igual. Ella usaba el tratamiento cortés por respeto.
- Señora. Si decide marcharse le daré una carta diciendo lo contentos que estamos de su trabajo. Y que el motivo es por... por venta de domicilio. Está claro que si la casa cambia de dueños también lo hace de servicios. Espero que eso no la afecte.
- No. No necesito pensarlo. – Natalia tuvo que aclarar la voz para poder hablar. - Si me dejan continuar, me quedo. Me han renovado el contrato y se dice de ponerme fija. Otro año en esta casa y mi situación mejorará mucho. Siendo fija puedo recibir una paga al año de no sé qué, además de cuatrienios.
- Bien. Todo aclarado. Bebamos el café antes que se enfríe.
Natalia necesitaba cambiar de tema para sentirse tranquila.
- Señora. Si le va bien había pensado añadir almendras molidas en el pedido de mañana y para el fin de semana dejaré preparada una tarta de Santiago.
Violeta se alegró.
- ¿Sí? ¡Bien! ¡Te salen buenísimas!
- ¡Golosa! - Le soltó Berta que también sonreía.
La familia de tres que formaban Berta, Violeta y Guille funcionaba con los lógicos roces, inconveniencias y alegrías de una convivencia.
Se adaptaron a dormir los tres en la misma cama y a veces Berta era follada por el marido al penetrarla por la vagina o su esposa al frotarle el clítoris contra el suyo. Otra vez, Guille penetraba a Violeta estando tumbado bocarriba y sobre su boca tenía el sexo de Berta.
Entre ellas se acariciaban y besaban dando tiempo a Guille para reponerse y continuar follándolas.
- ¡Uf, cariño! - Pidió Violeta a Berta. - Deja que me corra una más y cambiamos. ¿Vale?
- Vale. Y deja de apretarme las tetas que me las estás destrozando.
- Pero si te gusta.
- Caricias y mimos sí. Pero es que te pasas.
Un viernes noche, Violeta quedó asombrada al ver que Berta ofrecía el culo al marido.
Continúa en
- Relato #252421— title-regex: contiguous parts (33 -> 34)
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