Xtories

La cualidad de la palabra. 25

Berta siempre supo que su matrimonio era un refugio seguro, pero Violeta le enseñó que el deseo puede ser un territorio desconocido y peligroso. Ahora, entre las sábanas manchadas de secretos y el aroma de la piscina, debe decidir si la pasión compartida con su amiga es solo un verano o el comienzo de algo que ningún marido podría comprender.

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Después de comer en la cercana sala a la cocina tomaron un café prolongando la conversación más de una hora. Hablaban de las amigas comunes, los estudios, lo cotidiano…

- Pues sí, chica, de todo corazón te digo que cuides a tu marido. Cuando estáis juntos se os ve enamorados. No como más de una pareja que conozco que son por compromiso para unir fortunas o negocios, y luego están los braguetazos, que parece algo antiguo, del pasado, y te aseguro que todavía se lleva.

- Gracias, guapa. Pero ya sé cómo era antes. Y bueno, seguro que cuando está por esos mundos... que cuando viaje al extranjero y yo siga con los estudios… pues eso. Tendrá sexo por ahí. Pero no debe importarme porque volverá, nos miraremos a los ojos y así sabré si me ama. Si sigo llenando su corazón.

Violeta se inclinó para apoyar los codos en la mesa. Sonreía. Miró a Berta y añadió su opinión:

- Chica. Eres dos años más joven que yo. Llevas dos de casada. Se ve que te va bien. – Calló un instante, sonrió y ya siguió. - Y si, además, lo consigues en el trabajo será bueno para tu autoestima, pero de no ser así tu marido se ocupará de ti y de vuestros hijos… - Soltó un suspiro, acentuó un poco más la sonrisa y añadió: - Me llevas muchos kilómetros de ventaja. Lo que he dicho antes: te envidio.

Natalia ya se había duchado y cambiado de ropa. Parecía dispuesta a marcharse. Otro detalle que le agradó, no preparó la cena, algo que a veces le solían decir en el último minuto y luego no le pagaban ese tiempo extra. Se acercó al comedor de la cocina.

- Perdón, señora. Me gustaría hablarle un momento.

- Claro. Dígame.

Natalia miró a la invitada un momento para pedir que a solas. Lo normal en esos casos es que la señora y la sirvienta acuerden otro momento o salgan de esa estancia para ir a la cocina o una habitación, pero fue la invitada quien sonriendo levemente se levantó retirándose. ¡Llevándose a la cocina las tazas con las que tomaron café y al parecer con la intención de lavarlas!

- Verá señora, quiero agradecerle que me escoja como fija en su casa. Representa una mejora en mi trabajo y mi situación entre las compañeras. Me han renovado el contrato que tan solo faltaba un mes para terminar y tenía ese pesar en mi pecho.

- Me alegro que esté bien. Gracias por decírmelo.

- Sí. Y que…

Berta la miró inquisitiva, sin apremiar. Parecía que volvía a tartamudear.

- Que mañana viene el jardinero. Ya tempranillo, a las ocho, hará ruido con la segadora… Bueno, es todo y si no ordena alguna cosa, me marcho.

- No me acordaba del jardinero, gracias. Que tenga un buen día. Adiós.

Al verla marchar, Berta se quedó con la sensación de que esa mujer quería haber dicho algo que luego decidió no hacerlo. Quizá pensara que no era importante o lo dejaba para otro momento.

Natalia salía de la casa pensando que debía callar. Que no debía dejar esa casa, aunque no le gustase el comportamiento de la señora era educada con ella. Lo de renovar el contrato era cierto y eso lo compensaba todo.

Hizo bien en cambiar de tema empleando la llegada del jardinero que ya se había dado cuenta que miraba faldas y escotes de las compañeras.

"Bueno, ya están avisou (avisadas) que se pongan espido (desnudas) delante del mirón no es cousa miña (cosa mía)".

Berta fue a la cocina donde Violeta estaba secando las tazas y colocándolas en su sitio. Se puso a su lado y dándole apretoncitos en la nalga dijo medio seria:

- Nena. Me gustas mucho. No te amo. A quien amo es a Guille y me gustaría que encontraras a alguien tan maravilloso. Ya sea chico o chica. Pero debo decirte que lo paso bien contigo y no quiero a otra chica ni chico.

Violeta sonrió mientras dejaba el trapo en su sitio, y preguntó si, así como en las películas se ve a los americanos jurar sobre una biblia ella lo estaba haciendo sobre su culo.

- Prefieres que vaya a buscar una a la biblioteca.

- No. Prefiero un beso.

En esa caricia las tetas de Berta ya reaccionaron. Tenía ganas de más, de todo, y sin embargo propuso:

- Mañana estará el jardinero alrededor de la piscina y no me gusta ponerme en bañador ante la mirada de un desconocido. Podríamos ir ahora.

- No, cariño, no podemos.

- ¿Y eso?

- Porque vamos a pasar la tarde en la cama. - Amplió la sonrisa que ya mostraba al añadir. - Voy a chuparte las tetas y follarte el coño con todos mis dedos.

La intención era correr a la habitación, pero cada dos pasos se detenían para besarse, para acariciarse los culos, las tetas.

- ¡Nena! Eres bruja. No quiero enamorarme de ti. - Repitió Berta. - Pero me tienes hechizada.

- Te diré mi secreto: Yo ya te amo.

Al llegar a la escalera quedaron sentadas en los peldaños y fue donde desapareció gran parte de la ropa.

- Berta, cariño. Me gustan tus tetas. Eso que sean tan agradecidas es... es eso. Me gustan.

- Pues yo no entiendo como hay tíos que no les guste tu clítoris. Respondes muy bien a las caricias. ¡Me encanta darle besitos!

Violeta se levantó tirando de un brazo de Berta,

- Vamos cariño. Continuemos en un sitio más cómodo.

- Sí.

Berta se soltó de la mano y la llevó por debajo de las bragas de Violeta para darle apretoncitos en las nalgas.

- Veo que de verdad te gusta mi culito.

- Es precioso.

Esta vez Violeta no consintió que le tocara el coño, no quería distraerse de sus intenciones. Su pretensión era ocuparse del cuerpo de su amiga. Primero la llenó de besos, incluso en los tobillos y Berta en dos ocasiones creyó que le acariciaría el sexo en ese momento, pero no fue así, ni lo tocó. Por fin sus caricias regresaron a las tetas y ya les dedicó más tiempo.

- ¡Qué manos tienes, cariño!

- Tus tetas son preciosas.

Los pezones de Berta estaban ligeramente morados, hinchados y llenos de saliva. Violeta había dedicado más de veinte minutos en acariciar esas bonitas tetas provocando que su amiga se corriera tres veces. Un juego que a veces hacía era poner su cara entre esas tetas y apretarlas notándolas en su rostro. Le gustaba esa suave calidez.

Se pusieron a la misma altura para abrazarse y poder darse algún beso en los labios.

- Gracias, cariño. - Dijo Berta risueña. - Me ha gustado, me has hecho disfrutar. - Deslizó una mano sobre la espalda de su amiga hasta llega a ese culito que tanto le gustaba y sin dejar de sonreír, añadió: - Ahora me toca acariciarte.

Si bien a Violeta le gustó ese apretoncito en la nalga retiró la mano de Berta.

- No, guapa mía. Espera. Tengo ganas de jugar más con tu cuerpo. Ya sé que tus tetas son increíbles, pero recuerdo que tienes otros rinconcitos muy sabrosos.

Bajó una mano por ese vientre. Al llegar al pubis afirmó que le estaban saliendo unos pelitos y que al día siguiente se ocuparía ella de retirar.

- Para que cuando llegue tu marido encuentre el chochete listo para recibirle.

- ¡Brujita!

Violeta acarició el interior de los muslos de su amiga sin tocarle la vulva. Algo a lo que Berta ya desesperaba. Se incorporó y movió las piernas de Berta a la vez que le proponía:

- Vamos, nena. Voy a darte unos besitos en ese garbancito que tienes escondido. - Al situarse entre las abiertas piernas de su amiga se rio al informar: - ¡Ah! ¡Mira! No está tan escondido.

Berta aspiró con fuerza sin hablar. No podía ver su clítoris, que lo supuso duro, rojo, caliente, dispuesto para ser acariciado. Deseó que esas caricias no se retrasaran tanto.

Violeta disfrutó dando placer a su amiga, después de que lo pasara tan bien la tarde anterior pensaba que se lo debía. Además, se sentía muy alagada por la confesión de cariño poco antes en la cocina ya que ella sentía algo similar, aunque por otro lado realmente le gustaría tener un novio con el que tener una relación más seria que solamente la de follar. Ansiaba tener un novio con el que hacer planes de futuro.

Se limpió la boca con el dorso de la mano sin dejar de mirar ese bonito coño que tenía a pocos centímetros de sus ojos. Debía dejar de pensar y concentrarse en dar todo el placer posible a su amiga.

Estuvo varios minutos acariciando con dedos y lengua casi toda la vulva. Tan apenas tocó el clítoris. También se bebía el continuado flujo que salía de ese agujerito. ¡El néctar de Berta!

Decidió meter un dedo por la vagina. Y Berta gimió pidiendo más, ya que tenía ganas de culminar.

Esperó casi un minuto para meterle otro dedo sin dejar de martirizarla con la lengua, y Berta gimió al sentirse llena de dos revoltosos invasores que se movían por dentro de su cuerpo sin darle tregua. Así se corrió.

- ¡Mermelada!

Bien que notó Violeta el orgasmo de su amiga al mojarse tanto su mano y que las contracciones de la vagina apretaban sus dedos. Retiró los dedos llevándolos a la boca para saborearla otra vez. Comprensiva se apartó a un lado permitiendo que juntara las piernas.

- Descansa nena, voy a buscarte un vaso con agua. - Contuvo el movimiento de retirarse para añadir burlona: - No quiero que te deshidrates con tanto caldo que te sale del coño, pareces una fuente.

- ¡Bruta! - Repitió Berta.

Berta esperó sentada en el borde de la cama y luego bebió el agua aportada. Y algo de razón debía tener la bruta de su amiga porque realmente tenía sed. Sonrió al recordar que su amado Guille a ese vaso tan necesario en esos momentos lo llamaba Elixir.

El agua del vaso desapareció casi de un trago.

- ¿Quieres más?

- No gracias.

- Bien, pues separa otra vez las piernas que aún no te he comido el garbancito.

- ¿Pero... y tú?

- Más tarde o esta noche, cariño mío. Ahora es tu momento.

- ¡Te amo! ¡Eres fantástica!

Berta disfrutó de la lengua alternada con dedos sobre su sexo durante casi quince minutos más. Tiempo en el que se corrió dos veces y al poder juntar las piernas pidió a Violeta que pararse, ya era suficiente.

- Cariño, otra corrida y me matas.

- Vale, vale. Guapa, respira. ¡Oh! ¡Qué brillante y bonito te ha quedado el chochete! Bueno, junta las piernas. – Se retiró a un lado y propuso: - Verás, ahora podemos hacer dos cosas: vamos a la piscina y tomamos el sol o a ver a Ana María y su chica.

- Pero si tú...

- Yo estoy bien. Verás. Me tiene que venir la regla y creo que si me tocas el coño se adelantará siendo un desastre.

- ¿Sí? Pues creo que es mejor ahora que esta noche.

Se abalanzó sobre Violeta y sus bocas se juntaron. Pero el beso duró poco, ya que Berta pasó rápidamente a esas tetas que tanto rato se habían estado balanceando frente a ella y eran una tentación. De las amigas, Violeta las tenía más grandes, pero al mismo tiempo eran jóvenes y firmes. Berta las envidiaba. Le gustaría tenerlas así para ofrecérselas a Guille, y precisamente era quien las tenía más pequeñas entre las amigas.

¿Cómo podía ser que las tuviera tan sensibles siendo de un tamaño aceptable?

Intentó no pensar más en sus tetas para concentrarse en ese momento, en su amiga.

- ¡Uhm! Preciosa. Tus pezones están muy ricos. - Anunció tras varias chupadas. - Pero ahora voy a ocuparme de tu cereza.

- Haz lo que quieras. – Se rindió Violeta excitada.

Separó las piernas de Violeta y ahí estaba el hermoso clítoris asomando fuera de su capucha y por encima de los ya húmedos labios menores. Más que una cereza aparentaba un pequeñito plátano, pero no lo dijo.

En poco tiempo Violeta se corrió tres veces. Notó en su vulva que menos morderla, Berta le hizo de todo con la boca y dedos. Pidió que parase, que ya era suficiente.

- Por favor, ya basta. Me noto los ovarios raros.

- Sí, preciosa. Vamos a lavarnos y luego llamamos a las chicas para quedar.

Estuvieron un rato sentadas en el borde de la cama. Las dos respiraban sonoramente. Las dos tenían los coños chorreando, las caras ruborizadas y los labios morados. Sus pezones estaban sensibles. Había sido toda una batalla.

Violeta sonrió al hablar.

- Cariño. Me gustas mucho. Pero debo advertirte que quiero un novio. Una pareja estable.

- También te quiero, sí. Y, bueno, debes saber que nunca sustituirás a Guille.

Y sin embargo sucedería todo aquello.

Llegaron al portal del apartamento al mismo tiempo que Nilea. Venía de comprar en un cercano súper por lo que cargaba varias bolsas. La ayudaron a acarrearlas. Ya en casa se encontraron a Ana María recostada en el sofá, estudiando o repasando algo del trabajo, que al ver a la novia con tanta compra la riñó.

- Cariño. Vienes muy cargada y eso que solo bajaste por café. Debí bajar contigo.

- Ya ves. Recordé que faltaban más cosas. Todo esto.

Hubo besos y saludos. Fueron a la cocina para guardar la compra.

Nilea hablaba con Violeta mientras le pasaba los productos que iban en el frigorífico.

- No os esperaba tan pronto.

- Bueno, si quieres nos vamos y volvemos más tarde.

Respondió con una pregunta:

- ¿Os quedáis a cenar?

- Ya veremos. No queremos molestar.

Ana María preguntó a Berta por hablar de algo:

- ¿Ya conocías esta casa?

- Sí, aunque hace mucho que no venía. También me enteré de las molestas obras de un vecino. ¡Cuánto polvo y ruido por todas partes!

- ¡Ah, sí! – Recordó Nilea. – Cambiaban las baldosas. ¡Qué molesto! Ruido, polvo…

No quiso decir que en cuanto se enteraron que Nilea se separó de Paco acudió con Guille desde la facultad para acompañarla una tarde y hacer planes sobre un viaje de fin de semana a París.

Pasaron el rato hablando de estudios, el trabajo. Nilea contó el buen ambiente que había en la fábrica desde que se fue aquel enfermero.

- Todas las mujeres están más tranquilas. Solamente se quejó un repartidor que se hizo un corte con la grapa de una caja y rápidamente enmendó lo dicho al darse cuenta.

Y Ana María sobre lo esclavista de su jefe.

- Solo nos falta que su yate sea a remos y nos haga bogar al ritmo de un tambor.

- Lo conseguiste pronto. – Se interesó Berta. - Me refiero al trabajo.

- Sí. Una mañana llevé unos currículos a varias gestorías, notarías, abogados… todo eso, y me llamaron dos días más tarde para empezar inmediatamente, cosas de las vacaciones del personal. Ya veremos qué pasa cuando regresen.

Faltaba poco para la cena y Berta dijo que las invitaba a cenar. Propuso:

- Puede ser aquí pidiendo algo a un chino o italiano, o nos vamos por ahí. – Dudó. – No conozco este barrio.

Ya que las invitaba no quisieron abusar por lo que fue de italiano: Tres pizzas y cuatro bebidas. Nilea fue a comprar una botella de vino ante las protestas de las demás.

- Una alemana comprando vino. - Se rio Violeta.

- ¡Pues claro! De siempre lo mío era la cerveza, y ya veis, me estoy pasando al vino.

- Vale, pues te acompaño.

Se ofreció Violeta.

Ya daban por concluida la cena cuando Violeta repartió el vino que quedaba, no salían a mucho, pero sí que insistió:

- Venga chicas, olvidemos las penas. Riámonos del mundo.

Estuvieron hablando de compañeros de trabajo, de clase, de gente que viaja en el mismo autobús, vecinos raros. Hasta que Violeta soltó una de sus perlas:

- Hay uno en la "facul", que siempre lleva pantalón ajustado y va marcando un abultado paquete. Aquellas que lo hemos comentado pensamos que se pone algo para aparentar lo que no es real. Hasta que una compañera, que al parecer sus padres tienen una granja o algo así, en el pueblo, dijo que erecto debía parecerse a la de su burro.

Todas rieron esa ocurrencia. Violeta continuó:

- El caso es que casi nadie sabe el nombre de ese chico, y en clase, cuando le toca hablar delante de todos, alguien hace un comentario sobre ese animal y no veas el cachondeo. Lo "diver" del caso es que piensa que le consideramos tonto, y pilla unos "mosqueos" de aúpa.

- Cambiarle el mote de burro por caballo.

Violeta agitó la cabeza y afirmó lo que ya se sabía.

- No creo que se pueda, no lo decido yo.

Violeta soltó otra de sus perlas.

- ¿Sabéis que animal tiene el pene más largo en proporción de su cuerpo?

Las respuestas eran las consabidas sobre el caballo, el burro…

- Pues no. Chicas, no. – Permaneció unos segundos callada para crear expectación y ya soltó: - La más larga es del erizo. Imaginaros a un animalito que tiene que follar. Su polla debe ir más allá de sus púas y las de la hembra por mucho que se arrimen. Es como si un hombre tuviera una polla de dos metros. ¿Lo podéis imaginar?

- ¡Menuda manguera! – Dijo Nilea riendo.

Violeta añadió:

- Se podría follar estando en sofás distintos.

Todas rieron.

Tras apurar los vasos, Nilea dijo que tenían unos juguetes muy entretenidos. Ana María se ruborizó cubriéndose el rostro con una mano. Y naturalmente Violeta, ante esa reacción de su amiga, ya quería ver de qué se trataba.

Nilea tan solo tardó un instante en regresar de la habitación con una caja de plástico opaco del tamaño similar a la de zapatos. Ya sentada en el sofá sacó algo que ocultó en la mano y volvió a tapar la caja. Violeta y Berta se acercaron curiosas mientras Ana María seguía ruborizada.

Al mostrar la mano abierta Nilea enseñó un vibrador pequeño, del largo y grosor del dedo menique y con un cable de un palmo de largo. De color marrón claro.

Hubo muestras de asombro y risas amagadas entre las invitadas. Nilea lo presentó:

- Este es Ratolín. Pequeño pero juguetón. Es muy divertido.

- ¿Sí? ¿Puedes dar fe? – Preguntó Berta riendo.

- Por supuesto. Os lo recomiendo cuando no dispongáis de algo mejor.

- Que no necesite pilas. – Añadió Violeta divertida.

Como Violeta estaba a su lado se lo entregó para que lo sujetara con una mano. Y lo accionó con el control remoto.

- ¡Ah! ¡Si da gustito hasta en la mano!

Se lo pasó a Berta que también se sorprendió al notarlo vibrar en la mano.

- ¡Cierto! ¡Es juguetón!

- Pues esperar un poco a probarlo en su sitio. - Nilea sonreía pícara al hablar: - Tenemos más cositas para mostrar.

Berta pasó Ratolín a Ana María que simplemente lo apagó para devolverlo a Nilea y lo guardara.

Nilea extrajo otro consolador totalmente distinto. Este era de unos veinte centímetros de largo, mango incluido, y de tres de diámetro. Era de color amarillo. Tenía estrías longitudinales y un pequeño tope lo separaba del mango. Cuando Berta lo tuvo en la mano le pareció enorme sin recordar que, si descontaba el mango, el pene de su esposo era similar, incluso que, en según qué momentos de excitación, un poco más largo.

- A este le llamamos Cohete por la forma que tiene. – Añadió: - Es totalmente manual.

Cuando llegó a las manos de Violeta dio su opinión.

- Pues no jugará por su cuenta, pero seguro que puede ser divertido hacerse un mete-saca. – Lo acercó a la nariz para olerlo. - No huele a nada. Bueno algo de jabón.

- Pues claro. Hay que mantenerlo limpio. Que una no sabe cuándo va necesitarlo.

Violeta soltó otra de sus perlas.

- ¿Cuándo va a ser? Cuando pica.

Nilea miró a su novia sin decir nada. Aquella estaba avergonzada. Le lanzó un besito con los labios.

- Y por último… - Anunció como un feriante o director en la pista de un circo. -… pero no menos importante, tenemos a Pepino.

Volvió a hurgar en la caja y extrajo el último juguete. Sí, parecía un pepino. De unos cinco centímetros de diámetro y veinticinco de largo. Las invitadas abrieron mucho los ojos ante lo que les parecía sobrenatural.

- Este no suelo emplearlo donde pensáis. - Lo entregó a Violeta al añadir: - Mirarlo y luego os digo cómo lo empleo.

- Yo no me meto esto. - Dijo seria Berta.

- Creo que yo tampoco. - Añadió Violeta. - Me dejaría el coño abierto para siempre.

- ¡Vamos, vamos, chicas! Que todas sabemos que estando lanzada a veces todo parece poco para conseguir lo máximo.

Las chicas se ruborizaron más de lo que ya estaban.

Nilea sonrió enigmática al añadir:

- Pero tenéis razón nosotras no lo empleamos por el sitio que estáis pensando. - Amplió la sonrisa al añadir. - Ni tampoco por el que está al otro lado. ¿He?

Pidió a Violeta que se alzara la camiseta. Esta dudó, pero se dejó hacer. Nilea lo colocó entre sus tetas.

- Así. Presiónalo un poco para notarlo bien. Y mejor recuéstate sobre el reposabrazos. - Violeta se puso en la posición indicada. - Y ahora lo acciono. ¿Qué tal?

Violeta abrió mucho los ojos asombrada, la sensación en sus tetas le gustaba. Al poco soltó una risita y explicó.

- ¡Qué guarritas son mis niñas! Esto es como si tuviera una polla entre las tetas. ¡Da gustito en los pezones! Con este aquí y otro en el coño no se necesita a un hombre. - Se lo quitó de las tetas para entregarlo a Berta avisándola ya que conocía bien su cuerpo. - Toma nena, pero ten cuidado o te pondrás cachonda.

Berta se quitó la camiseta dejándose puesto el sujetador, se puso el juguete cómo lo vio en su amiga temiendo que por el tamaño de sus tetas no quedara bien o no sirvieran para ese "juego". Y al instante de notar la vibración se lo quitó. En tan solo unos segundos ya tenía los pezones erizados y se le notaban debajo de la tela del sujetador.

- ¡Uh! ¡Qué cosa!

Violeta reía ante su cara de susto y excitación mientras que Nilea y Ana María eran más discretas.

- ¡Vale pues! Berta querida... - Preguntó Violeta sin dejar de reír. - ¿Cuál te comprarás para sustituir a tu esposo cuando se vaya de viaje durante varios días?

- ¡Ninguno! – Replicó pronto. - Te buscaré para que me chupes el coño.

Nilea intervino.

- ¡Ah! ¿Es eso lo que habéis estado haciendo estos días?

Las dos se ruborizaron por lo que se delataron más.

Ana María riñó a su novia pidiendo que no fuera tan mala con ellas.

- Cariño, no soy mala. - Se defendió Nilea. - Solo soy curiosa. Y también atacó a su pareja. - ¿Qué no te habría gustado unirte a ellas? Toda una fiesta de chicas.

- Todo un lio de tetas. - Afirmó Violeta ya sonriendo.

Esta chica era la segunda vez que proponía lo del “lio de tetas” como si en verdad lo deseara.

Algo más de una hora más tarde, con excepción de Violeta que llevaba puestas las bragas, estaban totalmente desnudas en la cama.

Berta había probado todos los juguetes y pensaba que seguramente se compraría un ratolín o algo similar. Como si necesitara justificar su decisión recordó que la madre de Guille también tenía juguetes en aquel cajón y debía ser por el mismo motivo que ella los emplearía, entretenerse durante la ausencia del esposo.

“Porque desde luego nada lo sustituye”.

También se había dado cuenta que Ana María no se metía nada por el coño, ni consentía los dedos de las demás chicas. Solamente Nilea le metía un poquito un dedo y ella lo gozaba enormemente. Referente a los juguetes se ponía a Pepino entre las tetas y Nilea, aunque en esa ocasión fue Violeta, le restregaba a ratolín por la vulva o lo mantenía sobre el clítoris. Así se corrió tres veces como poco.

- Vale chicas. Es tarde. Y mañana es laborable. - Dijo Nilea mostrando el reloj de pulsera. - Vamos a ducharnos y a ver cómo repartimos los sitios para dormir.

Ana María afirmó que el sofá del comedor se convertía en una cama de matrimonio.

Berta replicó diciendo que se marchaba a casa porque a diferencia de ellas no tenía que madrugar. Y Violeta se apuntó a esa idea. Además, tenía el coche y una bolsa con ropa en su casa.

- En principio solamente veníamos de visita. – Añadió sonriendo algo ruborizada. - Y me ha gustado mucho más de lo esperado.

Al día siguiente, martes, esperaron a que el jardinero se marchara para tomar el sol al lado de la piscina. Ninguna de las dos se quitó la braga del bikini. Violeta tenía la menstruación y Berta por solidaridad. Natalia se preocupó al pensar que la vieron poner mala cara por descubrirlas desnudas aquella vez que eran cuatro. Naturalmente nada dijo.

Estando sentadas en la misma hamaca se pusieron crema protectora una a la otra. Berta protestó:

- ¡Niña mala! Deja de tocarme las tetas.

- Son bonitas. Me gustan.

- Si me pones cachonda te follo el culo con mis puños.

Estuvieron una hora tomando el sol. El cronómetro de un teléfono indicaba cuando darse la vuelta.

Violeta preguntó por Carmen, la sirvienta.

- Está de vacaciones. Creo que regresa el día uno y Natalia empieza sus vacaciones. De la empresa mandarán otra cocinera. Espero que sea igual de buena.

Al medio día Berta volvió a hablar con Guille.

- Has estado más cariñosa que ayer. - Observó Violeta. - Está claro que le echas de menos. Lo nuestro, si es que hay algo, durará poco tiempo, posiblemente este verano.

Berta dudó un instante hasta que ya supo cómo replicar:

- Claro que durará poco. Dentro de nada encontrarás a un guapo mozo que te llene el coño más que mis dedos.

Cuando dejaron de reír, Violeta afirmó que se estaba haciendo muy bruta. Berta se defendió:

- Me estarás contagiando con algo malo.

Fueron a la cama donde Berta, gracias a las caricias en sus tetas y coño, se corrió tantas veces que perdió la cuenta. Violeta solamente aceptó besos, ya que tenía las tetas muy sensibles por la cercana menstruación. Y Berta, sin retirarle la braga metió su mano hasta alcanzarle el clítoris, y así la acariciaba. Violeta, aunque llevaba un tampón, no quería que la lamiera. Temía que no fuera suficiente para contener el flujo menstrual si era empujado por un orgasmo.

- Aquí está mi juguetito que tanto me gusta.

- ¡Eres mala!

Violeta, tras el segundo orgasmo, pidió que parasen.

- Me duele todo. - Se quejó.

- Sí, cariño. Perdona. Yo también estoy sensible en esos días.

- Esto, perdona. Con mis novios… casi se enfadan o no terminan de creerme cuando les digo que nada podemos porque la tengo… Con Guille…

- Nada sé de los demás. Guille me abraza. A veces me pasa la mano sobre la barriga para darme calor o consuelo, y nos besamos. Soy yo quien propone darle una mamada porque si fuera por él solamente estaríamos abrazados. Bueno. A veces me da apretoncitos en el culo y sabe que mi enfado por tocarme es fingido.

No pudo decir más ante la sentencia de Violeta que la interrumpió.

- ¡Es un tío cojonudo!

- Nada te puedo decir porque no puedo comparar. Guille es el primero y único en mi vida.

Estaban en la piscina tomando el sol cuando otra vez llamó Guille. Acordaron verse al día siguiente. Berta se puso a dar saltos de alegría alrededor de la hamaca de Violeta, parecía una niña pequeña con su regalo de cumpleaños recién descubierto. Violeta la besó compartiendo su alegría.

Esa noche durmieron abrazadas.

Al día siguiente, miércoles, Violeta dijo que la encontraba muy contenta y sinceramente le deseaba toda la felicidad del mundo. Recogió sus cosas para marcharse.

- Espera y saludas a Guille. - Propuso Berta.

- No nena. El reencuentro entre enamorados es importante, no quiero molestar.

Natalia barría la entrada cuando vio que la invitada se marchaba y que a modo de despedida se daban un beso rápido en los labios. Las oyó hablar.

- Saluda a Guille de mi parte. Y dile que las chicas están bien. ¡Ah! Y no lo mates a polvos esta noche.

- No sé. No podré contenerme. Le echo mucho en falta.

El portón de la verja se cerraba cuando Berta pasó por al lado de Natalia. La saludó con una sonrisa y un gesto con la cabeza.

- Perdone, señora. – Preguntó Natalia. - ¿Para comer será usted sola?

- ¡No! ¡Por suerte no! - Respondió ampliando la sonrisa y casi bailó al añadir: - Por fin mi marido llega a casa.

Natalia asintió y continuó barriendo. Ya sola pensó que no entendía a esa mujer. Era evidente lo enamorada que estaba del marido y jugaba con mujeres en la cama.

Al entrar en la cocina descubrió abierta la puerta a la galería cuando sabía que la había cerrado. Se asomó para descubrir que la lavadora estaba en marcha. Ahí estaban las sábanas empleadas esa noche.

- Bueno. - Murmuró. - No importa lo rara que sea esta mujer esta casa es perfecta.

A la hora de la comida preguntó a Berta a qué hora la servía.

- Gracias por decirlo, y perdón, estoy tan contenta que me olvidaba. Mi marido ya está en el aeropuerto, suponemos que llegará en una hora. Por lo que… - Miró el reloj para acordar la hora para preparar la mesa. – Y en cuanto esté lista puede marcharse. Yo me ocuparé de servirla. Gracias.

- Se hará en veinte minutos… La dejaré sobre el hornillo.

- Perfecto. ¡Ah! Coja su parte en una fiambrera. Creo que hay en la despensa. O mejor, coma tranquila y nosotros lo haremos después.

- Gracias, señora.

Natalia se marchó setenta minutos antes de la hora con una fiambrera hermética con comida. ¡Berta le ofreció que se llevara hasta el postre!

Berta saltó sobre el cuello de su marido en cuanto entró en casa. Subieron a la habitación con la intención de deshacer la maleta, pero Berta tenía ganas de otra cosa.

- Perdona, cariño.

Argumentó Guille intentando liberarse de los brazos de su esposa que en ese momento parecía un pulpo.

- Debo comer antes o no serviré para nada.

Berta estaba desatada.

- Pues vamos a comer y toma unas vitaminas que voy por ti.

Tres horas más tarde era al revés. Era Berta quien necesitaba un reconstituyente. Se había corrido varias veces, no se preocupó de llevar la cuenta. Cosa que le solía suceder cuando tenía esa maravillosa parte de su marido dentro de su cuerpo, y sus manos en las tetas.

Berta se dejó abrazar mientras murmuraba:

- Deja que descanse, cariño. Tengo el coño irritado por dentro y por fuera. Eres tan despiadado al manejarme, y… y... Por favor no me dejes sola tanto tiempo.

Suspiró mientras se rascaba una ingle, hasta que preguntó:

- ¿Qué me has hecho en esta teta? – Se cogió el seno izquierdo alzándolo un poco. - ¡Serás bruto! Vas a dejarme marcas durante unos días, pero no me importa, son tus marcas, que demuestran que soy tuya. Mi cuerpo te pertenece.

Habían follado en varias posturas. Guille se corrió tres veces. Todas dentro de la vagina de Berta, ya fuera en la posición de amazona, perrito o misionero. Casi no hubo caricias previas, tan solo las necesarias para la erección de Guille.

- Cariño, te quiero. - Dijo Guille. - Gracias por parar, pues si me pides más salgo corriendo hasta la embajada de cualquier país pidiendo asilo.

Berta, tan lanzada poco antes, se mostró ruborizada.

- Calla, por favor.

Estuvieron un rato abrazados. Berta sobre el pecho de Guille, y éste mirando al techo al mismo tiempo que le acariciaba la espalda o daba algún beso en la cabeza. Intentó no acariciarle el culo.

- Berta, cariño. Espero que de verdad te haya ido tan bien como dices. Tan solo te he dedicado un minuto a las tetas y sé que te gusta esa caricia. Yo…

- No te preocupes. Las tetas salvo ese pellizco… va bien así. Es el coño que tengo cansado por culpa de tu ariete.

Verdaderamente esas tetas no estuvieron tan descuidadas como afirmaba Guille, bien que las manejó mientras Berta se comportaba como una amazona con el pene dentro de su cuerpo.

La cita con don Francisco era a las nueve en su despacho y por eso la pareja se presentó en Villa Montesinos poco después de las ocho y media.

Berta besó a los dos abuelos mientras que Guille solamente a su abuela.

Don Francisco protestó:

- Muchacho. Llegar antes de hora es otra impuntualidad.

- Abuelo. No soy el arlequín de Harlan Hellison aporreando la puerta de tu despacho. Además, es por saludaros antes.

El abuelo repitió la protesta, e inmediatamente la abuela hizo de abogada.

- ¡Calla, gruñón! Deja que disfrute de mis nietos.

Berta se ofreció a rellenar las tazas y una de café solo a su esposo. El abuelo gruñó una negativa. Doña Amparo pidió un poco más de leche alegando que el suyo era demasiado negro para su gusto. También dijo que ya habían desayunado, pero se trataba de acompañar a quienes tanto quería. Guille, sonriendo aceptó su parte. Y por fin Berta se disponía a sentarse para tomar el suyo.

Al poco don Francisco ordenó:

- Niña, siéntate, ya. Espero que esta mañana te lavaras bien las orejas. Escuchemos a tu esposo.

Guille contó lo que “pensaba” de San Cristóbal cruzando la mirada con su abuelo, que asintió. La situación real de la zona recomendada y lo que había descubierto en Torremolinos.

Don Francisco apretó la boca, gruñó y soltó lo que parecía una acusación:

- Así que te envío por un banco y regresas con un hotel.

- Sí. Pero verás en el informe que podemos hacer que todos los pagos e ingresos se gestionen mediante una sucursal cercana al hotel. Puede que en la calle de al lado, ya que el edificio dará a dos calles. Eso ya lo estudiarán los arquitectos.

Le enseñó las fotos que llevaba en el teléfono.

Don Francisco dedicó varios minutos a las fotos y asintió en silencio. E inmediatamente pasó la cuestión a Berta. La cual ni se había leído el informe. Miró a Guille como si buscara inspiración de él, y se puso a hablar.

- Veréis. Creamos un banco con un buen cliente desde el primer día, el hotel. No es ético que los trabajadores tengan una cuenta donde se les ingrese la nómina. Pero si darles una ventaja por trabajar en ese hotel que otro banco no les ofrece al llevar su nómina y domiciliar gastos. Naturalmente por un tiempo limitado. Si en un tiempo la sucursal no es rentable se cierra y ya se verá qué se hace con el local.

Volvió a mirar a su esposo antes de continuar:

- Lo del hotel, bueno. La cadena Beatriz Montesinos es conocida en muchas ciudades. Seguro que será rentable en esa zona con tanto turismo nacional y extranjero.

Don Francisco nada dijo que pareciera estar conforme o negar la propuesta. Simplemente dijo lo que haría a continuación.

- Bien. Luego me leo ese informe y si veo que le falta una coma os lo comeréis sin ponerle salsa. De no ser así lo enviaré a las oficinas en Mundo Globo que lo estudien. Sabré el resultado a mediados de septiembre y luego veremos de comprar esos edificios. - Hizo un chiste. - Un hotel que se llama estrella y carece de ellas. ¡Ja!

Guille estuvo defendiendo su propuesta sobre el hotel entre tantos que ya hay en Torremolinos ante el abuelo y Berta. Pero claro hay muchos por todas partes y se abren más. Son los pequeños los que van cerrando ya que no pueden competir con las ofertas y precios de las grandes cadenas.

Don Francisco repitió algunas palabras ya dichas.

- Vale. Ahora me quedo con el informe en papel, envía ese pendrive a Mundo Globo. Supongo que tienes copia.

Guille asintió, tenía el original en su ordenador

Una hora más tarde Berta se marchaba con la abuela al club de golf para estar con las amigas y alguna nieta que solía apuntarse al no tener algo mejor que hacer. Hablaban mientras iban en el coche que Berta conducía.

- Hija mía. Nuestro trabajo cómo esposas de unos comerciantes es lento. Tardamos mucho en obtener algo interesante, pero si lo conseguimos puede servir a nuestros esposos. - Sonrió sin dejar de mirar la carretera, a veces uno de los laterales que ya conocía. - Cuando hablan esas mujeres, entre tantos temas que puedes clasificar como tonterías, puedes escuchar algo que sirva para que nuestros esposos opten o no, por comprar o vender.

- Pero no sé si sabré…

- ¡Oh, cariño! Es verdad, perdona. Me costó años y tu suegra ya estaba aleccionada por su madre, tu verdadera abuela.

- Comprendo. Verás, no conocí a las madres de mis padres por lo que eres mi única abuela. Y otra cosa, que yo pagaré gracias al dinero que me distéis. Se trata que para el curso que viene necesito un profesor de refuerzo, porque a Guille, cuando esté a mi lado lo quiero para mimitos de matrimonio no para temas de estudio o económicos.

- Es verdad, perdona otra vez. No lo he tenido en cuenta. Tus estudios no deben basarse en los comentarios entre madres y abuelas. Serás economista. Estarás en primera línea.

Meditó unos instantes antes de continuar.

- Tus posibilidades son más amplias. Vale. Sí. Conmigo para conocer a las futuras mamás de los niños que serán amigos, o competencia, de tus hijos. Pero sin descuidar los estudios. Y me haces pensar… cuando termines… deberías quedar con mi amiga del Cic, en una clase especial. No habrá lucha ni cómo servir el té, pero sí que… no recuerdo la palabra en inglés... y además todo estará actualizado. – Parecía una queja. - Todo cambia rápidamente. Bueno, el caso es que te dirán cómo es la política internacional, concretamente esa que no aparece en los periódicos.

Berta dudaba.

- ¿Tienen acceso a los acuerdos secretos internacionales?

- Cariño, no puedo decírtelo, es secreto.

Doña Amparo mostraba esa suave sonrisa mientras que Berta se esforzaba en no reír para no descuidar la conducción.

Llegaron al club. Mientras aparcaba preguntó si vestía correctamente. Llevaba zapatos bajos, vaqueros y una camiseta.

- Claro, hija mía. Estamos en un club deportivo. Otra cosa sería si hicieran una gala, como ya ha ocurrido, y suelen ser por la tarde hasta bien entrada la noche.

- ¿Y si nos quedamos a comer?

- Al no tratarse de un evento especial sigue siendo un club. – Sonrió al añadir: - Incluso alguno acudirá al comedor con pantalón corto. Ya verás.

Fue cuando se fijó que la abuela también llevaba un fino pantalón, blusa y zapatos de poco tacón.

- ¿Por qué un club de golf? No juegas a eso.

- Beatriz fue socia fundadora. Alegando que no disponía de tiempo se negó a que la nombraran presidenta. Y ya es tradición venir aquí.

Pasaron la mañana en los recintos, donde Berta conocía de otras veces a gente interesante, aburrida, locuaz, callada, inteligente, estúpida… y algunas señoras abrumadas con grandes deudas que la miraban como si fuera la pobre recién llegada a la orilla del mar tras un naufragio.

Desechó a las chicas que hablaban entre ellas con el móvil en la mano y descubrió a otras un poco más mayores que parecía que lo único que les interesaba era la ropa que se pondrían ese fin de semana, si un chico besaba bien o con quién se podían casar con mediación paternal. Apretó la mandíbula cuando oyó lo que decían de Ana María. El insulto del hermano mayor rebotaba en todas las orejas: comecoños. ¿Y ellas? De no ser gais harían otros juegos. Como dijo Ana María a su hermano: Comepollas.

Y teniendo en cuenta que fue durante una conversación familiar es de fácil suposición que el hermano fue quien lo propagó para dañarla. ¿Por qué la odiaba? ¿O era para mantenerla fuera del negocio familiar acaparándolo? Podría ser.

Deseó poder retirarse de esas cotillas dejando un micrófono para escuchar qué decían de ella. Pensó que concubina sería lo más suave que saliera de esas bocas. Se le revolvió el estómago y por suerte hacía mucho que había desayunado. Con ganas de fastidiar tramó cómo despedirse.

- Bueno, chicas me voy que tengo que sacar una carrera, ya os buscaré cuando necesite una secretaria. Recordar: Es imprescindible inglés y buena caligrafía.

Aquellas, tras la sorpresa inicial, no se escandalizaron demasiado porque claro, para evitar esa posibilidad, los papás les buscarían unos maridos adecuados con los que no se preocuparían de la casa ni de los hijos, solo del gimnasio y las operaciones para disimular el deterioro del paso del tiempo en sus cuerpos.

Mientras en el despacho de don Francisco estuvieron hablando un buen rato sobre la Cualidad. Guille se asombró de algunos trucos, de esas formas de hablar con tantos circunloquios con las que daba una orden y parecía hablar de otra cosa.

- Es mejor así por si alguien lo grava, ya sabes que hoy día todo el mundo tiene el teléfono en la mano.

Cambiando de tema abrió un cajón de la mesa ofreció:

- Y toma esto para estudiar. - Le pasó un pendrive. - Nos piden dinero para construir un barquito en Ámsterdam. Y ahora lárgate que tengo otros asuntos que atender antes de que regrese mi Amparo.

- Y que te tire de las orejas por no hacer caso al médico.

Don Francisco lanzó un gruñido.

Guille llamó al mayordomo para que un mensajero recogiera un sobre con la dirección de Mundo Globo. Lo enviaba así porque con las fotos y dibujos “pesaba” demasiado para utilizar internet y no quería hacerlo a trozos.

Por un momento pensó que el abuelo lo que quería era estar con una sirvienta que se desnudara para él, recordando el gordito coño de doña Paula.

Miró por la ventana para comprobar que la piscina no estaba preparada ese año.

- Vale, pues a ver cómo es ese barquito.

Decidió ir a la que fuera su habitación.

Estuvo casi una hora estudiando lo que el abuelo llamó barquito. En realidad, se trataba de dos, y de barquitos nada. Un carguero de trescientos diez metros de largo con capacidad para nueve mil contenedores. El otro, un crucero, que podía albergar cuatro mil quinientos pasajeros y dos mil tripulantes. De los dos estaban los datos sobre capacidad, potencia. Pero lo que realmente interesaba eran los datos económicos como la forma de abono y participación de los beneficios. Contribuían cuatro empresas de tres países…

- ¡Disculpe señor! Me dijeron que no había nadie.

Guille casi agradeció escuchar una voz que le apartara de los números. Se giró para encontrarse con doña Paula y una chica de origen americano. Pedían permiso para pasar y limpiar. Naturalmente consintió mientras se preguntaba qué limpiarían si esa habitación hacía mucho que no se empleaba. El misterio quedó resuelto al abrir una ventana: Los cristales.

Guille fue al lavabo a refrescarse la cara. Y a la salida casi chocó con Paula que dedicándole una sonrisa hizo un gesto señalando a la otra limpiadora mientras asentía. Es decir, que aquella también formaba parte del convenio en la casa. Lo que llamaban el contrato de la villa o contrato Montesinos. Empleando una excusa, doña Paula se retiró dejando a la otra a su disposición.

Guille se fijó en la mujer. Preciosa. Tras comprobar que estaba a su servicio se enteró del nombre, Martina.

- Bien Martina, me parece que tiene unas tetas bonitas. Enséñemelas, por favor.

- Sí, señor. Y puede tutearme si quiere.

La mujer tardó muy poco en mostrar sus volúmenes.

Guille nunca había visto unos pezones tan oscuros, casi negros y a la vez preciosos. Y sintió ganas de saborearlos.

Estuvo jugando con esas tetas un rato en los que la mujer suspiraba, pero los pezones no reaccionaban a la caricia. Ordenó:

- Vamos a la cama.

- Sí, señor. ¿Me desnudo?

En ese momento solamente llevaba puestas unas bragas de hechura normal y color blanco que contrastaba con su bronceada piel.

- Sí, por favor.

Rápidamente las pasó por las piernas mostrando unos labios mayores que cerrados nada dejaban ver.

Guille se acercó a la cama y Martina, que ya se había sentado en el borde, le cogió la polla para ponerse a chuparla con gran maestría y deleite. ¡Qué bien la chupaba! Guille tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para pedir que parase. Su intención era follar

- ¡Uf! Bien señora. Pero vamos a follar.

- Sí, sí. Don Guillermo para eso está su Martina.

Fue cuando la mujer se puso a cuatro patas. Ya sabía que su culo era tentador. Que gustaba a cualquier hombre.

Con gran curiosidad, Guille le metió dos dedos por el negro anillo del ano que entraron suavemente. Sí. Ese culo estaba bien dispuesto para recibirle. Pero antes metió la polla por el coño.

Martina se sorprendió ante la elección que no esperaba. Por eso gimiendo se ofreció:

- Señor. Puede follarme por dónde le apetezca. Me gusta. Además, soy su servidora.

- Gracias, señora Martina. Por aquí me va muy bien.

Era mucho más que bien. Esa vagina parecía succionar el pene. Daba la sensación de que la fuerza tenía que hacerla para sacarla, no para meterla. Le gustaba la novedad. Añadió:

- Espero que a usted también.

- Mucho. ¡Uy! Sí.

Se sujetó a la poderosa cadera de la mujer y estuvo un rato follando. La mujer comenzó a bufar. Y Guille notó mayor tibieza alrededor del pene. Se deslizaba mejor. Si no se había corrido ya estaba aportando mucho flujo. Esa mujer lo estaba disfrutando de verdad. Llevó una mano a las oscilantes tetas y las apretó por turnos, además de pellizcar los pezones. Le acarició el vientre, el pubis y descubrió que Martina se acariciaba el clítoris. Lógico. La caricia preliminar fue solamente en las tetas y por poco tiempo. Para compensarlo mantuvo el ritmo de su cadera contra esas nalgas esperando que Martina se corriera primero.

En unos minutos Martina mostró que se corría en el agitar de su cuerpo y un largo gemido. Para luego, sin llegar a derrumbarse, apoyar la frente en el colchón. Alzando la voz elogió al jefe.

- ¡Don Guillermo! ¡Lo hace muy bien!

- Me alegro que le guste, señora Martina.

Continuaron follando un rato más. La mujer, sin dejar de jadear o, mejor dicho, bufar, afirmó:

- Señor. Si sigue así, yo... se prepara... otro, otro.

Ya no se acariciaba el clítoris.

- Adelante, señora. Disfrute. No tardaré.

Cambió el ritmo y la mujer casi suelta un insulto. Le gustaba y no quería que parase.

Poco después Martina mordía la sábana para no gritar lo bien que lo pasaba. Guille notaba los espasmos de esa vagina sobre el pene aumentándole el placer. No lo retrasó más y se corrió en cinco descargas. Y Martina aulló con más fuerza mientras rasgaba la sábana con los dientes.

- ¡Ah! ¡Demonio!

Guille quedó saciado. Se movió despacio para sentarse en el borde de la cama mientras que la mujer tardó un poco en reaccionar. Había quedado tumbada bocabajo. Despacio se volvió mirando a Guille. Sonreía, satisfecha. Lanzó un suspiro y murmuró:

- Don Guillermo.

Como la sábana ya estaba rota Guille se limpió el pene y las ingles con ella.

- Señor, Guillermo. ¡Qué bien lo he pasado! Gracias. - Afirmó Martina al incorporarse. Y llegaron más explicaciones. - Solo con Oswaldo, mi primer marido lo pasaba tan bien. Tenía una polla enorme, aunque poca imaginación al follar. - Movía la cabeza afirmativamente como si recordase, o remarcara sus palabras. - Pero el hombre solamente servía para eso: El mete-saca. Era un inútil para todo lo demás.

Ahora se frotaba el coño con la sábana rota, incluso se metía un dedo para retirar el semen. Todo sin dejar de hablar.

- Por suerte murió. Sí, eso es, por suerte. Lo balearon durante un atraco a una farmacia. La policía dijo que los ladrones, y los periódicos que la policía. A esa polla la he echado de menos muchas veces, pero a ese hombre no.

Sin esperar respuesta, Martina fue a lavarse. Tardó poco, y al regreso se sentó a su lado para vestirse.

- Señor. Espero que haya disfrutado de su sirvienta Martina. Siempre a su disposición.

- Gracias señora. Lo he pasado muy bien.

Temiendo que se pusiera a contarle más cosas sobre cómo follaba con sus maridos, Guille fue a lavarse.

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