Xtories

La emoción de lo prohibido ( capítulo dieciséis )

Paula le prometió una tarde de amistad, pero la sorpresa fue un hombre y una tentación que Luisa no supo rechazar. Ahora, con las marcas del placer en la piel y la culpa en la conciencia, debe decidir si su vida de familia puede soportar el secreto que comparte con su amiga rubia.

dulceymorboso12K vistas9.4· 16 votos

Paula no paró de insistirle hasta que logró convencerla de que fuera a la casa de sus padres a pasar la tarde del sábado con ella.

-…. Y los niños? – le preguntaba no muy convencida de la idea mientras hablaban por teléfono – No se que hará Pedro esta tarde.

- Hay un campeonato de fútbol y Diego me dijo que irían con ellos – le contestó la rubia.

- Ah! Es que aún no hablé con Pedro. Esta noche quedó a dormir en casa de Fabio y Ruth – le dijo.

- Si, ya me dijo Diego que había quedado a dormir allí.

- Cuando hable con Pedro, te digo algo. Vale?

- Vale – dijo Paula – Pero anímate, por favor! Tengo ganas de estar juntas.

Al colgar, se preguntó si de verdad tenía ganas de quedar con ella. Pasar la noche con Ruth le había hecho sentir cosas muy intensas y no sabía que sentiría estando en los brazos de la rubia. Con la idea de que sería una buena oportunidad para despejar esas dudas, terminó aceptando después de hablar con Pedro. Él llevaría a los niños a ese campeonato del que le había hablado Paula.

Cuando llegó a la casa, la rubia la recibió con grandes muestras de alegría.

- Que bien que vinieras, cariño – la besó con deseo – Me llamó ahora Fabio y está de camino.

- Fabio? – preguntó sorprendida – No me dijiste que él también iba a venir.

- Quería darte una sorpresa – le dijo – No querías que viniera?

- Pensé que íbamos a estar las dos solas – contestó fastidiada.

Luisa se sintió mal de que Paula no le dijera que el grandullón también iba a pasar la tarde con ellas. Se suponía que era una buena ocasión para estar solas y, en cambio, la rubia había preferido otra cosa.

Fabio no tardó en llegar y la tranquilidad desapareció.

Luisa no lograba entender a ese hombre. Era como si cuanto mas conseguía de ella, luego la ignorara. Parecía haber olvidado que la última vez que se habían visto en la playa, había terminado haciéndole una mamada bajo la toalla y frotándose contra él con el cuerpo lleno de semen. Todavía recordaba con vergüenza, como había frotado el coño sobre el semen de la barriga que ahora veía a la rubia acariciando tumbada al lado de Fabio.

Con aquel revoltijo de sensaciones en la cabeza, Luisa los dejó solos y se fue a dar un baño. Al regresar, estuvo a punto de dar media vuelta cuando vio que la rubia le había bajado el bañador y le estaba acariciando la polla.

- Morena! Ven a mi lado – le dijo el grandullón.

Estuvo a punto de mandarlo a paseo y decirle que ya estaba bien acompañado, que no la necesitaba a ella para nada, pero que la llamara en ese momento que la rubia lo estaba masturbando, le hizo sentir halagada y, acercándose a ellos, se tumbó al lado de él.

- Ven – le pidió – Apóyate en mi.

En silencio, apoyó la cabeza en el velludo pecho y no podía evitar mirar la pequeña mano de Paula agarrada al tronco moviéndola lentamente arriba y abajo.

Cada suspiro que esa mano arrancaba del grandullón, lo sentía como si le doliera.

Vio como su amiga besaba la erecta polla. Sintió ganas de apartarla y decirle que le dejara en paz y que quería ser ella quien lo hiciera.

- Mira la rubia que bien se lo pasa! – le dijo acariciándole la cabeza como quien acaricia a una mascota – No quieres un poco de polla como en la playa? – le susurró al oído para que no escuchara Paula.

Esta, entretenida en jugar con la boca en la polla, parecía abstraída de todo lo que pasaba alrededor. Luisa sintió una punzada de celos cuando vio a la rubia besándole los testículos y escuchó la voz temblorosa del grandullón en su oído.

- Joder! Mira que os gustan mis huevos, eh! No los quieres besar tú también?

- No… no quiero! – le contestó a pesar de desear ser ella la que estuviera entre sus piernas – Puedes acariciarme la polla ahora que está entretenida en mis huevos. Quieres tocarla?

- No! – se estremeció al sentir la manaza de Fabio sobándole una teta.

Con un movimiento brusco le sacó el sujetador del biquini.

- Putos biquinis, joder! – le dijo tirando la prenda a un lado.

Paula, al escucharlo, miró hacia ellos, y abrió los ojos sorprendida al ver que Luisa estaba con las tetas al aire y el grandullón se las estaba manoseando. Las miradas de ellas se encontraron y Luisa se sonrojó al sentirse manoseada delante de su amiga.

- Ves como cuando quieres te comportas como una adulta? – le dijo mientras le acariciaba los pezones tiesos – Acaríciame la barriga por lo menos.

Excitada por lo que le estaba haciendo en los pechos y, viendo a Paula lamiéndole los testículos, acercó la mano a la barriga y se la acarició.

- Me encanta recordar esos masajes de huevos que me dabas en la playa – le dijo – Te acuerdas cuando me masajeabas alrededor de la base de la polla? Deseabas tocármela pero no te atrevías. Como ahora! No puedes negar que te mueres de ganas por tocarla.

- Con ella ahí no – reconoció.

- Joder, eres una cría! Ves que a ella le importe que la veas comiéndome los huevos? Por lo menos dame un masaje – Fabio se estremeció – Dios! Que guarra está hecha la rubia. Me está dando besos en el culo. Que gusto, por Dios!

Escucharlo decir eso la hizo estremecer.

Era tanta la rabia que sentía en ese momento porque la rubia estuviera dándole tanto placer al grandullón, que dejó resbalar la mano y comenzó a masajear la base de la polla. Se sintió contenta al ver cómo esta daba pequeños saltos cuando sus dedos rozaban la base del tronco.

La rubia, al ver los dedos de Luisa alrededor de la polla, acercó su cara a esta y se la metió en la boca como queriendo ser la única protagonista de su placer. Luisa, enojada por su actitud egoísta, llevó la mano a los testículos y los masajeó despacio. Enseguida vio que su amiga soltaba la polla y sintió su lengua entre sus dedos para lamer las bolsas seminales. La morena, frustrada, dejó de masajear y rodeó con los dedos el tronco y comenzó a masturbarlo. La rubia hizo lo mismo.

- Que os pasa? Parecéis dos gatitas peleando por un macho – acarició las cabezas de las dos – Tengo polla para las dos. No os peleéis, de acuerdo? – les riñó como si fueran dos niñas – A ver, morena! – empujando su cabeza despacio, la llevó a los muslos – Chúpala tu un poco! – dijo poniendo orden – Y tu Paula no seas egoísta. De acuerdo?

Luisa, agradeció que le recriminara su actitud a la rubia y, agradecida, rodeó con los labios el glande comenzando a chupársela mientras su amiga esperaba su turno. Paula, en un gesto de disculpa, agarró la mano de la morena, la llevó a los testículos y los masajearon juntas. Esta, soltó la polla y se la ofreció a su amiga.

- Eso es – les dijo Fabio – Como buenas amigas tenéis que compartir.

Lo masturbaron juntas mientras lamían sus testículos. Se la chuparon juntas llegando a besarse con el sabor de la polla del grandullón en sus bocas.

- Mira que cochina soy – le dijo Paula a la morena antes de acercar la lengua al ano de Fabio – Quieres hacerlo, cariño?

- Me da vergüenza!

- No, tonta! No sientas vergüenza!- Luisa se dejó arrastrar por la situación y con timidez acercó la lengua. Le besó y lamió el ano - Somos las dos muy cochinas, cielo.

Fabio, sorprendido, vio como se besaban.

- Joder! Que ganas de follaros!

- Quieres tú primero? – le preguntó Paula,

- No. Tú primero.

Ver a Paula encima de Fabio, cabalgándolo la puso muy cachonda. Este bramaba como un toro mientras ella se movía sobre él totalmente excitada.

- Siéntate en su barriga, cariño – le pidió la rubia – Mirando hacia mí.

Haciéndole caso, se sentó sobre él y veía excitada como su amiga se lo estaba follando. Se acariciaron las tetas y besaron mientras lo hacía.

- Que culazo tienes, morena! – le dijo dándole un azote en la nalga.

- Bruto! – protestó con el azote.

- Deja que te dé otro azote – pidió Paula excitada por el sonido de la manaza impactando sobre la nalga de su amiga.

- Que!!? – dijo sorprendida.

- Ven, abrázame, cariño! – le dijo atrayéndola contra su cuerpo.

Luisa se abrazó a Paula y esta la besó. La rubia acarició sus nalgas.

- Ya verás como te gusta! – le dijo mirándola a los ojos.

La morena se quedó callada sin saber que decir. Siempre le había costado oponerse a algo que le pidieran tanto Paula como Fabio.

- Te gusta su culo? – le preguntó sin dejar de moverse sobre él.

- Tiene un culazo tremendo!

Luisa se estremecía al sentir las manos de los dos sobre sus nalgas. Él se las manoseaba y agarraba con fuerza, ella, lo hacía con delicadeza.

- Dale otro azote! – pidió Paula.

La manaza impactó sobre la otra nalga y el quejido de Luisa fue acompañado de un suspiro de Paula. La nalga golpeada enseguida fue acariciada por la suave mano de la rubia. Sin esperarlo Fabio azotó la otra nalga.

Fabio azotaba alternativamente sus nalgas y Paula las calmaba mientras besaba su boca estremecida.

- Te gusta cariño? – le preguntó excitada por aquellos golpes secos que estaba recibiendo su amiga.

- No se… - contestó aturdida por las sensaciones – Es una sensación rara.

Con cada azote, todo su cuerpo vibraba y, al recibirlos, su vagina se frotaba contra la peluda barriga. Fabio, excitado por estar azotando sus nalgas y porque con cada golpe sentía que Paula se movía cada vez más rápido, empezó a perder el control de la fuerza con que los daba y cada vez sonaban más fuertes.

- Joder, cariño! Te está poniendo el culo como un mapa! – le acariciaba las nalgas – Que calientes están tus nalgas – gimió totalmente cachonda.

La morena no entendía lo que le estaba pasando pero, aquel dolor que sentía al principio, se estaba convirtiendo en una tormentosa sensación placentera y sus quejidos se habían transformado en vergonzosos gemidos.

- Ostia puta! Me estás empapando la barriga, morena! – la zarpa impactó todavía más fuerte en el enrojecido culo – Te gusta, tetas bonitas? – haciéndose de rogar detuvo los azotes – Dime… te gusta que te arree estas ostias en el culo?

- Dios! – exclamó avergonzada la morena – No pares, por favor… Ahora no pares, Fabio!

- Eso es, morena! – le dijo dándole otra fuerte bofetada en la nalga – Quieres más, verdad?

- Si…si… - rogó gimiendo agarrada a los hombros de su amiga – Dame más...Hazlo fuerte!

Comenzó a correrse sintiendo aquellos golpes mientras la vagina se restregaba por toda la barriga. Paula, asombrada con lo que estaba viendo, comenzó a follarlo de manera rápida y sintió que su coño también explotaba en un orgasmo.

- Yo también me corro, cielo – gimió excitada – El grandullón nos está haciendo correr!

- Así, correros juntas! Joder! Lo que daría porque Pedro y Diego os vieran así ahora.

Luisa seguía temblando sin entender que le había pasado. Echándose a un costado, se tumbó al lado de Fabio y este le acarició las nalgas con dulzura.

- Ya está, morena – le dijo con ternura – Ya pasó, pequeña!

Paula seguía moviéndose sobre él a un ritmo mucho mas lento mirando las nalgas coloradas de su amiga y acariciaba la barriga empapada de el grandullón.

Acurrucada en el pecho de Fabio, Luisa observaba a su amiga moverse sobre él.

- Quieres ser tu quien me folle, verdad morena? – le preguntó mientras acariciaba su cara.

- Pero quiero que la primera vez, sea tu y yo solos – le dijo en voz baja para no ser escuchada – No le digas que te lo pedí yo, por favor.

- Tranquila – besó su cabeza – Rubia! Ahora voy a subir con Luisa a la habitación, de acuerdo? Date un baño mientras nos esperas.

Paula, poniendo cara de fastidio, se bajó de encima de él y lo abrazó.

- No quieres que suba con vosotros? – preguntó triste.

- No – contestó – Quiero estar solo con ella. Tú ya tuviste la oportunidad de estar en tu cama conmigo solos y la morena también tiene derecho a ello.

Luisa, sin saber que decir, besó el pecho varonil en señal de agradecimiento.

Subió las escaleras delante de él y cuando llegaron a la habitación, al verlo excitado, no tardó en arrodillarse delante de él para besarle la polla y los testículos.

- Gracias… gracias – le decía entre beso y beso.

- Échate en la cama – le mandó – No te imaginas las ganas que tengo de follarte por fin.

Se tumbó en la cama y flexionando las piernas, las abrió totalmente. Lo miró sonrojada al verlo subirse en la cama y acercar la polla a su coño anhelante.

- Joder! – exclamó excitada al sentir el glande abrirse paso entre los labios vaginales.

- Dios! Llevo tanto tiempo deseando este momento… - le dijo clavándole la polla por completo de una embestida – Sabía que terminaría follándote, morena!

- Lo sabías? – gimió abrazándolo – Y por qué lo sabías?

- Porque te ponías demasiado cachonda conmigo – dejó caer su cuerpo sobre ella – Todo era cuestión de tiempo.

- Eres un cabrón! – dijo temblando – Joder, me encanta tu polla! Fóllame, Fabio. Ya has conseguido lo que querías.

Nunca nadie la había follado tan fuerte, con tanto ímpetu y de forma tan bruta.

- Me corro, Fabio! Me corro otra vez.

Se besaron con deseo comiéndose las bocas.

- Me dejas ponerme encima? – le preguntó avergonzada.

Cuando Luisa se clavó la polla, lo miró excitada. Fabio, también excitado, miraba sus tetas, su cara y no tardó en agarrarle los pechos con fuerza haciéndolos desaparecer entre sus manos.

- Que bruto eres! – exclamó cachonda.

- Y bien cachonda que te pones cuando soy bruto contigo, verdad?

- Si…si… Me pones cachonda! – sacándole las zarpas de las tetas, las llevó a sus nalgas – Dios! Que me pasa contigo?

Entendiendo lo que necesitaba, le dio un azote haciéndola temblar. Al ver su cara supo que quería mas.

Luisa estaba perdiendo el control de su cuerpo y, echándose hacia delante, pegó la cara al pecho de él dejando el culo totalmente a merced suyo.

- Joder, morena! Te gusta que te arree en las nalgas, verdad?

- No lo entiendo pero me gusta, cabrón! – dijo sollozante mientras recibía los golpes cada vez más seguidos y fuertes – Pégame… Sigue dándome!

- Te los tienes ganado! – dijo excitado de hacer eso.

- Sii! Fabio! – gimoteaba contra su pecho – He sido una cría y me los merezco!

Inmóvil, con la polla llenando su coño, jadeaba de placer babeando el pecho varonil.

- Si. Una cría que deseaba ser follada pero la puta vergüenza te lo impedía.

- Si, Fabio – reconoció – Deseaba que me follaras pero no me atrevía a pedírtelo.

Totalmente cachondo, la agarró fuerte por las nalgas y comenzó a moverla como una muñeca sobre él.

- Me corro…me corro, Fabio!

- Córrete, morena! Yo también me voy a correr y te voy a llenar el coño de leche.

- Dios! Córrete dentro de mi!

Estallaron juntos en un orgasmo intenso, duradero, que los dos deseaban sentir desde hacía tiempo.

Luisa buscó su boca y lo besó con timidez. Se quedó abrazada a él con la cara apoyada en el pecho.

- Gracias por tener tanta paciencia este tiempo – le dijo temblando.

- Ha merecido la pena, morena – le sonrió.

- Creo que a Paula no le hizo mucha gracia quedarse sola abajo. Pero necesitaba que está primera vez fuera los dos solos.

- Quieres que suba ahora?

Cuando Paula subió, Luisa estaba desnuda boca abajo y al verle las nalgas se quedó impresionada.

- Pero cariño… te duelen? – le dijo acercándose y poniendo la mano muy suavemente en ellas – Están ardiendo.

- Me escuecen un poco.

- Te las volvió a azotar?

- Si – se avergonzó al recordar que se lo había pedido ella – No se que me pasó pero se lo pedí yo.

- Cielo, estás loca! – le recriminó – Mañana no podrás ponerte biquini con estas marcas.

En cuanto se despertó fue al baño. Lo primero que hizo fue bajarse el pijama frente al espejo y girando la cintura ver cómo tenía las nalgas. Como se imaginaba, pues durante la noche seguía sintiendo algo de escozor en ellas, allí seguían las marcas de las manos de Fabio.

Nerviosa se lavó la cara y se estaba cepillando los dientes cuando escuchó que Pedro la llamaba desde la habitación.

- Que tal estás, cariño? – le preguntó desde la cama – Te sigue doliendo la cabeza?

- Si – respondió avergonzada por tener que mentir.

Al irse para cama la noche anterior y ante la posibilidad de que esas marcas no desaparecieran, le había dicho a su marido que tenía un fuerte dolor de cabeza y que no sabía si podría ir a la playa al día siguiente.

- Y estás segura que quieres que vaya yo con los niños? – le preguntó.

- Claro. Ir vosotros y así puedo descansar a ver si me pasa – le dijo mientras se recogía el pelo – Voy a despertar a los niños.

Cuando se fueron de casa y se quedó sola, se fue al salón con el teléfono en la mano para escribirle un mensaje a Ruth.

Luisa: “Buenos días, cariño! Me he levantado con dolor de cabeza y no podré ir a la playa. Pedro irá con los niños. Les puedes echar un ojo? Tenía ganas de verte. Besos”

Enseguida recibió un mensaje de ella.

Ruth: “Buenos días, corazón! Espero que te pase ese dolor de cabeza. Intenta descansar y por los niños no te preocupes que yo te los cuido. Besitos.

P.D: Yo también tenía ganas de verte pero lo importante eres tú. “

Apoyó el teléfono en la mesa de cristal y se sintió mal por tener que mentirle y por tener que estar sin los niños. Se preguntaba como podía haber llegado a ese punto de descontrol sexual en que su cuerpo cada vez le pedía más y más sexo sin poder frenar su deseo constante.

Intentó distraerse haciendo las cosas de casa.

En el baño, recordó las veces que había estado en el bidet que ahora estaba limpiando, sentada en él con Ruth mientras se aseaban las vaginas. Recordó el día anterior cuando se ducharon juntas y como le había gustado enjabonarla y ser enjabonada por ella. La forma que Ruth la miraba y como había enjabonado sus pies y como al quitarle el jabón se los había besado con una devoción difícil de explicar.

Como había hecho nada mas despertar, volvió a bajar el pijama frente al espejo y pasó la mano por las nalgas. Le impactó ver cada dedo de Fabio marcado en su piel y en su cabeza volvieron a sonar los golpes de cada azote recibido. En su retina todavía tenía grabada la cara de el grandullón mientras se los daba.

Dejó lo que estaba haciendo y volvió al salón. Tumbada en el sofá, recordó cada momento vivido con la rubia y Fabio.

Después de estar a solas con él, cuando Paula subió a la habitación, esta le habia comido el coño delante de Fabio mientras él se afanaba en chuparle los pechos. Se había dejado follar por el grandullón delante de Paola. Excitada por lo que le estaban haciendo, les había entregado su cuerpo para que hicieran con él lo que quisieran. No podía negarles nada.

En el sofá tumbada, se quitó el pijama y comenzó a masturbarse con desesperación.

Sonó el teléfono al recibir un mensaje y, como si hubiera sido descubierta en algo vergonzoso, dejó de tocarse y cerró las piernas.

Era un mensaje de Ruth.

Ruth: “Hola, cariño! Que tal estás? Te pasó el dolor de cabeza? Espero que estés mejor. Te mando una foto para que veas que tus niños están bien. Besitos.

P.D: Pienso mucho en ti. “

Al abrir la foto, vio a sus pequeños con Ruth. Luis colgado de su cuello y Alba sentada en sus piernas con la cara apoyada en su hombro. Los tres con una sonrisa dibujada en sus caras. Se fijó que detrás de ellos estaban Fabio y Paula hablando, mirándose con complicidad. A un lado, Diego y Pedro mirando hacia el mar, como siempre ajenos a todo.

Le respondió al momento.

Luisa: “Que guapos estáis! Estoy algo mejor, cielo. Gracias por preguntar. Besos.

P.D: Yo también pienso en ti. “

Ruth: “No me des las gracias. Me gusta estar pendiente de ti, ya lo sabes “

Luisa: “Lo sé, cariño y me encanta “

Ruth: “Voy al agua que estos quieren bañarse con Fabio y este es muy bruto”

Luisa: “Besos “

Volviendo a mirar la foto, llevó la mano entre sus piernas. Ahí estaban las tres personas que habían cambiado su vida. Paula, Fabio, Ruth. Su vagina se humedeció de nuevo y se frotó para calmarla.

Después de comer, se preguntaba cómo estarían pasando el día.

Volvió a masturbarse imaginando a Fabio echándole crema a Paula mientras el resto del grupo jugaban a las palas. Imaginó a Paula dándole un masaje en los testículos ya que ella no estaba para dárselo.

Mientras los hombres charlaban de fútbol, Ruth y Paula preparaban la merienda de los niños. Desde el anterior domingo que Paula había sido descubierta con Fabio, su relación de amistad se había enfriado bastante. Una, la frutera, porque todavía no tenía asimilado que su amiga pudiera estarse acostando con Fabio y la otra por vergüenza de saberse descubierta.

- Que pena que no pudiera venir Luisa – le dijo Ruth intentando romper la incomodidad de ese silencio.

- Si – le dijo la rubia sorprendida de que le hablara como si no pasara nada – Espero que esté mejor – dijo sabiendo el verdadero motivo de su ausencia.

- Antes le mandé un mensaje y me dijo que estaba algo mejor.

- Que bien – Paula evitaba mirarla por la vergüenza – Me pasas el pan, por favor!

- Claro, toma – cogiendo los bocadillos se los ofreció a los hijos de Luisa – Niños! Comer todo, vale?

Las dos estaban nerviosas como deseando decirse mil cosas pero ninguna se atrevía.

Sentada en la toalla, Ruth miraba disimuladamente a Paula. Admiraba en ella lo atrevida que era y como podía ser tan coqueta. Por momentos se la imaginaba abrazada a Luisa y sentía envidia de no ser como ella, aunque Luisa siempre le decía que le encantaba que fuera tan tímida y recatada.

Paula, a su vez, también miraba con disimulo a la frutera. Era totalmente diferente a ella y admiraba que siendo tan tímida y siempre manteniéndose en un segundo plano, a pesar de ello, conseguía ejercer una especie de energía a su alrededor que a todo el mundo gustaba.

Cuando le dio la merienda a su hijo se sentó al lado de Ruth.

- Te importa que me siente a tu lado? – le preguntó Paula.

- No, claro que no – le sonrió.

En silencio miraban al mar.

Ruth miraba de reojo a la rubia y los celos la atenazaban al ver su pequeño biquini e imaginar a Luisa acariciándole los pechos.

- La echas de menos? – le preguntó con timidez.

- Te mentiría si te dijera que no – contestó Paula sorprendida.

- Si que se le echa de menos – confesó Ruth – Luisa es muy especial.

- Luisa me dijo que sabías lo nuestro – la rubia la miró.

- Se notaba en vuestra forma de miraros y por eso se lo pregunté.

- Y que piensas sobre ello?

- Al principio me sorprendió muchísimo, pero ahora creo que os entiendo. Las dos sois muy guapas y a veces surgen cosas que no esperamos.

- Gracias por el piropo – le sonrió – Tu también eres muy guapa, la verdad que eres la mas guapa de las tres.

Ruth se sonrojó al escucharla.

No podía dejar de pensar que Paula había estado con Fabio y con Luisa. Recordó ese momento que al acercarse a la habitación, la había visto de rodillas delante de su marido y como este gemía de placer mientras agarraba su cabeza para meter y sacar el sexo de su boca.

- Quieres un helado? – le preguntó Paula levantándose de la toalla.

- No, gracias – le respondió y miró como se alejaba hacia las neveras.

Cuando volvió se sentó de nuevo a su lado.

- Me encanta este helado de chocolate y nata – le dijo.

Parecía una niña pequeña con el premio de un helado por portarse bien. Al ver su cara de felicidad le sonrió. No entendía porque le ponía nerviosa ver cómo pasaba la lengua despacio por el chocolate.

- Toma – se lo acercó a la boca – Pruébalo.

Se sonrojó al sacar la lengua y pasarla por donde antes había pasado la suya Paula.

- A que está bueno? – dijo lamiendo por donde acababa de lamer Ruth.

- Si, está muy bueno – respondió nerviosa.

Paula le dio varias veces de su helado y ella lo lamía sintiendo que su corazón latía agitado.

- Espera – le dijo Paula.

La rubia acercó la mano a su boca y con el dedo le rozó el labio inferior. Le mostró el dedo con chocolate y sonriendo lo llevó a la boca chupándolo.

Ruth sentía como si Paula estuviera coqueteando con ella y le hacía sentir una sensación muy rara.

- Mierda! Se está derritiendo – le dijo riendo. Abriendo la boca metió la bola del cucurucho, la chupó y acto seguido se lo ofreció a ella – Ayúdame! – le dijo ofreciéndole el helado.

Ruth cada vez mas nerviosa, abrió la boca y Paula metió el helado en la suya.

- Siempre me pasa lo mismo – volvió a chupar.

Un poco de helado derretido cayó en su pecho y Ruth vio como resbalaba por la piel de su amiga. Esta, la miró con una sonrisa y con el dedo recogió la nata.

- Toma – le dijo acercando el dedo a su boca.

Se miraron a los ojos. Ruth, sin saber que le estaba pasando, entreabrió los labios y Paula lo metió en su boca para que lo chupara.

Sonrojada se levantó de la toalla.

- Voy al agua – le dijo sin esperar ninguna respuesta.

Ruth, desconcertada, se metió en el agua y se mojó la cara. Que diablos me está pasando? Se preguntaba confundida por lo que acababa de pasar. Pensó en Luisa y se sintió mal por haberse excitado tomando ese helado con la rubia.

- Estás bien? – era Paula que se había acercado adonde estaba ella.

- Si. Estoy bien – respondió nerviosa.

- A veces surgen cosas que no esperamos – le dijo acercándose al oído – Tu misma me lo dijiste antes.

- Paula, no quiero que pienses… - le costaba hablar – Ni siquiera sé que me acaba de pasar.

- Ruth, no pienso nada – la miraba a los ojos – Tomamos el helado juntas, nos excitamos y ya está. No hay porque darle mas vueltas.

- Tu estás con Luisa y… - no se atrevió a decirlo.

- Con Fabio? Es eso lo que quieres decirme? – le preguntó – Se que nos viste el otro día porque Luisa me lo dijo. Quise hablar contigo pero ella me dijo que no hacía falta.

- Si. Le dije que no hacía falta.

- Yo solo quiero decirte que no soy de nadie. Si, vale. Estoy con Luisa pero eso no significa que no pueda vivir ni sentir. Luisa entiende que pueda querer estar con otras personas. Luisa, tú, yo… somos mujeres libres. Hasta Fabio nos dijiste que es libre de estar con quién quiera.

- Pero yo no soy así.

- Así como? – le dijo – No tienes derecho a vivir, a sentir? Mírate! Eres una mujer preciosa.

- Yo no soy atrevida y lo sabes – le dijo con tristeza – A mi el sexo por sexo no me gusta. Te podrá resultar extraño pero necesito algo mas.

- Pero ahora en la toalla te excitaste – le siguió diciendo – No puedes negármelo.

- No se que me pasó en la toalla.

- Entiendo que puedas necesitar algo mas. Te sientes mal por haberte excitado conmigo?

- Claro que me siento mal. Me siento rara.

Paula la abrazó y besó su mejilla.

- Te entiendo – le dijo – No te sientas mal. Yo no soy de Luisa y ella no es mía. Cada una somos libres de estar con quién queramos.

Ruth, abrazada a Paula, sintió que si no se apartaba podría hacer o decir algo que la hiciera arrepentirse. Solo había abrazado así a Luisa y ahora estaba sintiendo que el contacto de sus cuerpos le resultaba agradable y su vagina estaba reaccionando de nuevo.

- Vamos a la toalla, por favor – le pidió nerviosa.

- Vete tú – le acarició la mejilla – Ahora en un rato voy yo.

Ruth se sentía culpable de haber sentido eso con Paula y al llegar a la toalla le mandó un mensaje a Luisa.

Ruth: “Hola cariño! Que tal estás? Necesito que hablemos. Cuando vaya para casa puedes quedar un momento para hablar? Besos”

(Continuará)