Xtories

Como follar a alguien que odias parte dos

En la oficina, el odio es su lenguaje común. Pero cuando la fiesta termina y el ruido del jardín ahoga los gemidos, la línea entre el desprecio y el deseo se desvanece. Esta noche, el baño del jefe será su campo de batalla.

Sofia Red7.6K vistas10.0· 6 votos

Habían pasado dos meses desde esa tarde en la sala de juntas. Ni una palabra sobre eso. Ni un mensaje. Ni una mirada que delatara nada. De hecho, parecía que cada día nos caíamos peor, al menos, eso pensaban todos. Pero cada vez que Valeria pasaba por mi escritorio con esas faldas lápiz que se le pegaban al culo como segunda piel, el recuerdo de cómo su coño se cerró alrededor de mi polla cuando se corrió, apretándome como si me odiara y me necesitara al mismo tiempo, me ponía la verga dura debajo del escritorio. La Deseaba y la odiaba con la misma intensidad.

Seguíamos manteniendo el odio vivo. Ella seguía corrigiendo mis hojas de cálculo delante de todos con esa sonrisita de superioridad, aunque fuese solo nimiedades de forma no de fondo, tipo “yo hubiese resaltado esa celda con un color o podrías presentar la información con un cuadro de barras”. Yo seguía soltando suspiros exagerados cada vez que abría la boca en las reuniones. Todo el mundo en la oficina asumía que nos caíamos mal. Y no se equivocaban.

Entonces llegó el gran anuncio: el equipo había cerrado el contrato con el cliente más grande del año, una constructora multinacional que nos iba a dar ingresos para todo el trimestre. El jefe decidió celebrarlo con una fiesta en su casa… una mansión enorme en las afueras, con piscina, jardín y un bar completo.. Todos estábamos invitados. Incluida Valeria y era de muy mal gusto no asistir. De paso ese fin de semana mi mujer y mi hija, estaban visitando a sus abuelitos en otra ciudad. Así que estaba libre de emborracharme a placer.

El viernes por la tarde, Carla de Recursos Humanos vino a mi escritorio con esa sonrisa de “ya lo arreglé todo”.

-Vamos a la casa del jefe el sábado. Todos vamos. Incluida Valeria. Dijo que sí. Al parecer ya es ‘parte del equipo’

Se me cayó el estómago.

-No puedes hablar con el jefe para desinvitarla?

-Nop. Viene. No te preocupes, prometió portarse bien

Pasé toda la semana tratando de convencerme de que estaría bien. Mucha gente. Alcohol. Música alta. Solo nos ignoraríamos como siempre y además en esa casa tan grande, ni siquiera teníamos que tomarnos.

El sábado, llegué temprano a casa del Jefe, para ayudar a su señora, con los últimos detalles y si quizás pueda parecer innecesariamente adulador, pero hay una vacante para ser socio y podría ser el socio más joven de la firma, así que me apostaba el todo por el todo. Igual la esposa de mi jefe era tan cristiana y devota como la mía, por lo que eran amigas y estaban en el mismo grupo de oración, por eso sabía que esa señora sería mi gran aliada en la lucha.

Valeria llegó a las 9:30 p.m. Tenía un vestido negro ceñido, corto pero elegante, abrazando cada curva de su cuerpo.

El escote profundo, dejaba ver el borde del sostén de encaje negro y hacía que la mitad de los hombres olvidaran cómo respirar y las mujeres la vieran con envidia. Pelo suelto cayéndole por la espalda, labial rojo sangre, tacones altos que resonaban en el piso de mármol. Entró con una botella de whisky caro como regalo para los anfitriones, sonrió dulcemente a todos, me dio un beso en la mejilla como si fuéramos colegas normales. A la esposa de mi jefe le cayó mal enseguida, noté su pequeño gesto de desaprobación, apenas llegó, sonreí para mis adentros. Valeria tenía algo que molestaba, aún sin siquiera hablar, ella caía mal. Ni sus tetas 36DD la salvaban de la antipatía que despertaba.

“Felicidades por el cierre, Juan”, dijo a todo pulmón, pero luego susurró solo para mí, el aliento cálido en mi oreja. “Espero que te gusten las sorpresas,porque esta noche promete”

Mi polla se endureció al instante. La odié más que nunca. La mirada de la esposa de mi jefe se detuvo entre nosotros mas de lo necesario, yo me aparte y le di una media sonrisa diplomática y luego me fui a hablar con mi jefe.

-esa chica nueva se nota que quiere llamar tu atención - Dijo con cara de preocupación.

pero su esposo la interrumpió:

- Marta, mi amor, se odian a muerte, desde que llegó Juan me pide a diario que la despida - La señora suspiró con alivio y me dio una sonrisa de aprobación.

La fiesta avanzó sin mayores incidentes. Música a todo volumen, gente bailando en el jardín, shots circulando, risas altas. Intenté mantenerme lejos de ella. Ella hizo otro tanto. Pero cada vez que nos cruzábamos la mirada a través del patio, el aire se cargaba de electricidad. Ella se lamía la sal de la mano antes de tomar un shot, ojos clavados en los míos. Yo apretaba el vaso con tanta fuerza que pensé que se rompería.

Alrededor de la 1 de la mañana, la mayoría estaba borracha. Algunos bailando en el jardín, otros fumando en la terraza. El jefe y su esposa conversaban con otra pareja, un poco alejados del tumulto. Yo fui a un baño secundario, porque el principal siempre estaba ocupado, y necesitaba para echarme agua en la cara y bajar la erección que llevaba horas torturándome.

Abrí la puerta.

Valeria ya estaba dentro, apoyada contra el lavabo de mármol, el vestido subido hasta la cintura, sin bragas. Coño afeitado y brillante bajo la luz tenue del baño. Muslos separados, labios hinchados y mojados, un hilo de humedad bajándole por la pierna.

-Cierra la puerta- dijo con voz ronca y baja.

Lo hice. Eché el cerrojo.

-¿Qué mierda estás haciendo aquí?- siseé. Pudo haber entrado cualquiera

-Te he visto solo a ti usar este baño toda la noche-

Se levantó y puso sus manos en mi cuello.

-Terminemos lo que empezamos

La quite de encima de mi y la sente en el lavado. Ella abrió más las piernas.

-Llevas toda la noche mirándome las tetas como si quisieras arrancármelas con los dientes. Así que hazlo

Debería haber salido. Decirle que se jodiera. Volver con el equipo. Si alguien me descubría se jodía no solo mi trabajo, sino también mi matrimonio porque Marta no se iba a quedar callada.

En cambio la agarré del pelo y le tiré la cabeza hacia atrás.

-Eres una puta provocadora de mierda, gruñí -¿Crees que puedes entrar a la casa del jefe, actuar como zorra delante de todos y que no voy a hacer nada?

Sonrió, malvada.

-Estaba contando con que lo hicieras

La giré de golpe, la doblé sobre el lavabo. El espejo mostraba su cara: ojos vidriosos de lujuria y rabia, labios entreabiertos, mejillas rojas. Le quite el vestido y la deje desnuda, le di una nalgada tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes de mármol.

-Cuenta, perra

-Uno…- jadeó.

Otra nalgada, más fuerte, la marca roja apareciendo al instante.

-Dos…

Seguí hasta diez. Su culo estaba en llamas, rojo brillante, coño chorreando jugos por los muslos. Gemía como puta en celo.

-Abrete tú misma, zorra

Se llevó las manos atrás, separó las nalgas con fuerza. Ano rosado apretado parpadeando, coño hinchado y empapado, labios mayores gorditos abiertos como flor.

-Mira ese coñito codicioso. ¿Llevas mojada por mí desde que entraste a la fiesta, eh?

-Sí… joder… por favor… métemela ya

Me bajé el cierre, saqué la polla, gruesa, venosa, cabeza morada goteando precum, La froté contra su entrada, embadurnándola con mis jugos y los de ella.

-Primero me vas a mamar la polla perrita, quiero follarte la cara por todas las veces que me has hecho enojar.

La verdad es que tenia maestría para comerme la polla y yo la ahogaba y sentía como le golpeaba hasta la garganta, era delicioso verla atorada con mi polla.

Se la saqué y le dije que si quería que se la metiera de una vez…

-Suplica como una puta, estoy harta de tu arrogancia, humillate para que yo considere cogerte.

-Por favor, Juan… fóllame el coño hasta romperlo. Rómpeme como la zorra que soy. Úsame como tu puta de oficina. Clávamela hasta el fondo, haz que me duela, lléname de leche

La voltee en el lavado y La clavé hasta los huevos de un empujón salvaje.. ella estaba tan mojada que mi polla entró fácil.

Gritó en su propio brazo para ahogarlo. La música y las risas del jardín cubrían el ruido, pero no estábamos seguros. Cualquiera podía tocar. Cualquiera podía oírnos. Aún así, era un poseso del sexo que solo pensaba en destrozarle el coño a la pendeja de Valeria

La follé como si la odiara porque lo hacía.. Embestidas brutales, profundas, haciendo rebotar sus tetas contra el mármol. El espejo temblaba. Sus palmas golpeaban el vidrio para no caerse.

-Toma, putita engreída gruñí en su oído -Esto es lo que pasa cuando andas por ahí con esas tetas desbordando y ese culo meneándose como si fueras la reina del mundo

-Más fuerte… joder… se un hombre cabrón… rómpeme el coño…

Le agarré la garganta desde atrás, apreté lo justo para que sintiera el control. Su coño se cerró como un puño alrededor de mi polla.

-Vas a correrte en mi verga mientras treinta personas toman whisky a diez metros. Y vas a estar calladita, porque si alguien se entera de lo putas que eres te van a echar de la empresa

Se corrió casi de inmediato, cuerpo convulsionando, mordiéndose el labio hasta sangrar, jugos squirteando por mis huevos y goteando al piso de mármol, No paré. Seguí clavándola a través del orgasmo hasta que gemía, hipersensible, lágrimas de placer y rabia corriendo por sus mejillas.

-Voy a llenarte este coñito apretado de mi leche rugí Voy a bombearte tanta leche que vas a salir ahí afuera con mi semen chorreándote por las piernas, caminando como puta recién follada

-Hazlo… préñame… lléname hasta que rebose… haz que todos huelan tu corrida en mí…

Exploté dentro de ella. Chorros espesos y calientes golpeando su cervix, llenándola hasta el borde. Tanto que se desbordó al instante, riachuelos blancos y espesos corriendo por sus muslos, goteando al piso. La mantuve clavada, polla palpitando, hasta que vacié la última gota.

Cuando la saqué, un chorro grueso de semen cayó al mármol con un plop húmedo.

Se dio la vuelta, piernas temblorosas, busco el vestido tirado y que al menos no se había manchado de mi leche. Mi semen, seguía goteando por la cara interna de los muslos, mezclándose con sus jugos.

“Límpieme, cabrón”.

Me arrodillé, metí la cara entre sus piernas. Lamí mi propio semen de su coño hinchado y rojo, saboreando la mezcla salada y caliente de nosotros. Ella me agarró del pelo, se frotó contra mi boca hasta correrse otra vez,, callada, temblando, un chorrito más de squirt en mi lengua. Sabia a gloria.

Luego se puso el vestido, se limpió los muslos con papel higiénico, se pintó de nuevo los labios. Cuando había terminado de arreglarse, la tomé del brazo y la besé, meti mi lengua hasta tu garganta mientras apretaba con fuerzas sus nalgas, todo para que tuviera que volver a pintarse los labios.

“No creas que esto significa que me caes bien”, dije cuando al fin la solté

“Sentimiento mutuo”, respondió, pintándose la boca de nuevo y tratando de borrar la imagen de recién follada que tenia.

Abrió la puerta, salió primero, contoneando las caderas como si nada.

Esperé varios minutos, me lave la cara, limpie el piso del baño para no dejar huellas.

De vuelta en el jardín, ella estaba riendo con Carla, tomando otro shot de tequila como si no acabara de recibir mi leche en el baño del jefe. Yo agarré otra cerveza, me senté en una silla, fingí escuchar la conversación.

Pero cada vez que nos cruzábamos la mirada a través de la piscina, los dos sabíamos:

Esto no había terminado.

Apenas estaba empezando.

Porque no hay que caerse bien para follar y mi polla, ahora ansia romperle el culo a Valeria