Xtories

Quiero ser cornudo (Cap. 9)

Nando sabía que su esposa deseaba a otro, pero nunca imaginó que la verdad la encendería tanto. Entre risas y confesiones en la ducha, el límite entre el amor conyugal y la humillación consensuada se desdibuja bajo el agua caliente.

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CAPÍTULO 9

DULCE NAVIDAD

Después de varios minutos, Lidia, aun temblando de excitación y miedo permanecía tumbada a oscuras en el sofá. Tenía unas ganas irresistibles de bajar corriendo y llamar a Miguel pero también le aterraba la posibilidad que fuera capaz de subir hasta su piso y llamara a la puerta.

De lo que era completamente ignorante era del hecho de que Nando, a pesar de su estado de excitación, había caído rendido por el cansancio y dormía plácidamente en su cama.

Por suerte, durante los 20 minutos siguientes nada sucedió. Lidia no bajó persiguiendo a su amante, este, no subió en busca de sus deseos y Nando no interrumpió aquellos minutos de extraña desazón preguntando sobre los detalles del encuentro.

Finalmente, Lidia, recuperó su entereza, fue al baño a asearse y se refrescó la cara. Después, sigilosamente, se acostó junto a Nando.

Pero antes de cerrar los ojos su teléfono vibró indicando la recepción de un mensaje, lo abrió y en la pantalla apareció la polla de Miguel, todavía dura pero con todo su semen esparcido sobre su abdomen.

Instintivamente llevó su dedo al clítoris y notó que volvía a estar empapada. Si Nando no estuviera durmiendo se lo habría follado sin ninguna contemplación ya que sentía la imperiosa necesidad de sentir una polla perforándole su húmedo coño.

* * * * *

–Buenos días cariño – eran más de las 12h del mediodía cuando Nando la despertó con una pequeña caricia en la mejilla.

–¿Qué hora es? – preguntó bostezando.

– ¿Las 12h? ¡Pero como me has dejado dormir tanto! – exclamó y, de un salto, se metió en el baño.

El agua resbalaba sobre su cuerpo desnudo cuando notó en su espalda una leve caricia. Una caricia que poco a poco aumentó de intensidad y alcanzó sus zonas erógenas.

–Cuéntame que pasó – suplicó Nando casi susurrando a su oreja.

Por alguna extraña razón, a Lidia no le apetecía contarle lo sucedido y estuvo seriamente tentada a mentirle. Pero entonces recordó la frase de “si lo hicieras a mis espaldas, simplemente me destrozarías” de modo que decidió sincerarse con su marido.

Se lo contó todo, intentando mantener el temple, pero a medida que le explicaba como Miguel había acariciado su sexo no pudo impedir excitarse de nuevo.

–¡No puede ser! ¿Os volvieron a interrumpir? – preguntó incrédulo.

–Sí.

Y Nando estalló en una sonora carcajada.

–¡No puede ser! – y continuó riéndose hasta que tuvo que parar para no ahogarse.

Y mientras se reía le vino a la mente un detalle...

–Entonces, ¿Miguel ya tiene dos de tus bragas? Tendrá que comprarse el álbum y hacer la colección – y volvió a reírse. Esta vez, con tanta fuerza que perdió el equilibrio y se cayó de culo en la ducha.

Entonces Lidia también empezó a reírse.

–Algunos encuentros más con Miguel y tendré que comprarme un pack de bragas nuevas... igual me hacen descuento por cantidad... ja, ja, ja.

Y, Lidia, mientras se desternillaba de risa, notó como los labios de Nando empezaron a lamer su clítoris produciéndole un agradable cosquilleo.

Nando se levantó y abrazó a Lidia para besarla. Sus manos no paraban quietas, masajeaban la espalda, los pechos y las caderas de Lidia desordenadamente. Algunas veces suavemente y otras prácticamente arañando la piel de Lidia provocándole escalofríos.

Los dedos de Nando se introdujeron en la vagina de Lidia, primero uno, luego dos, tres y finalmente cuatro. Cada vez entraban más profundamente y a más velocidad.

–¡Ummmmm!!!– jadeó Lidia al humedecerse con las caricias.

Tuvo que apoyar la espalda sobre las baldosas de la ducha para no caer, pues el masaje de Nando le estaba haciendo temblar las piernas.

–Ummmmm... ¡Ahhhhhhhhhh!, así, no pares Miguel, rápido, fuerte y rápido.

Cuando Nando oyó a Lidia nombrar a Miguel tuvo un escalofrió que cruzó su cuerpo de pies a cabeza y casi se corre espontáneamente sin necesidad de estimularse.

Lidia cada vez gritaba más fuerte, agarraba el cuerpo de Nando con todas sus fuerzas y movía sus caderas al ritmo de la mano de Nando.

–¡Ahhhhh!!!! Que bueno, ¡fóllame!! Así Mig... Miguel…. ¡Ahhhhh! ¡Fóllame Miguel!

Apenas oyó aquellas palabras, Nando salió corriendo de la ducha empapando de agua el suelo allí por donde pasaba y dejando a Lidia estupefacta. La espera no duró ni 30 segundos, pues se presentó armado con la polla de plástico atada a su cintura con el arnés y penetró a Lidia sin contemplaciones.

–¡Ahhhhh!!! – gritó cuando Nando la penetró con la polla de plástico.

Lidia curvó su espalda hacia delante, apoyándose en la pared y levantó el culo facilitándole a Nando el acceso a su sexo y, este, no desaprovechó la oportunidad. La embistió con todas sus fuerzas hasta hacerla enloquecer de placer.

–¡MIGUEL! – gritó.

–¡Fóllame! ¡Ahhhhhhhhhh!!!!

El ritmo era cada vez más frenético. Nando empleaba todas sus fuerzas en penetrar a Lidia, sacando aquel pene hasta la punta, para volver a meterlo con fuerza hasta el fondo, arrancando suspiros, gemidos y gritos que Lidia no podía contener.

–¡Me corroooo!!! – gritó.

Pero Nando, en lugar de reducir la intensidad, aceleró el ritmo de las estocadas provocando a Lidia un orgasmo tras otro.

–¡Ahhhhh!!!! Que Bueno... ¡Si!!! ¡Si!!! ¡Si!!!

Hasta que, agotada, cayó de rodillas. Tardó unos segundos en recuperar el aire y con el agua cayéndole sobre la espalda le quitó el arnés a Nando liberando así su polla y se la tragó hasta el fondo. Nando la sujetó por la cabeza y empezó a follarse aquella boca tal y como se había follado su coño unos minutos antes, aunque por suerte, su pene no era del mismo tamaño.

Lidia se la tragó entera sin demasiadas dificultadas. Sólo cuando se introducía completamente notaba pequeñas arcadas pero las pudo resistir.

–¡Ahhhhh!!! – gruñó Nando al acercarse al clímax.

Pocas sacudidas después, la polla de Nando descargó su cálido liquido directamente a la garganta de Lidia que no pudo escupirlo y se lo tragó completamente. No lo había hecho nunca y le gustó.

* * * * *

El 19 de diciembre, con las Navidades a la vuelta de la esquina, Lidia y Nando preparaban el equipaje para viajar a Las Canarias; sólo serían siete días en las islas pero les apetecía huir de las gélidas calles de Barcelona para disfrutar de un merecido descanso en un clima más cálido.

Entonces, justo el día en que debían tomar el avión, sucedió el desastre. Los controladores aéreos entraron en huelga y se produjo un auténtico caos de anulaciones de vuelos y quejas de los clientes.

Pasaron 24 horas en el aeropuerto con las maletas en una mano y el teléfono en la otra. Llamaron a la agencia, al hotel, pusieron quejas, reclamaron a todos los responsables y maldijeron a los controladores aéreos, pero todo fue en balde.

Derrotados y cansados, al día siguiente regresaban a casa con una maleta menos, perdida o sustraída, y una profunda decepción. Para cuando se desconvocó la huelga y se restauró el tráfico aéreo ya era virtualmente imposible realizar el viaje.

De modo que aquellas navidades las pasaron en Barcelona, visitando a algunos parientes y viendo, melancólicamente, documentales sobre las Islas Canarias y todas las maravillas que se habían perdido.

También recibieron la visita de una de sus hijas, la mayor de 23 años que vive con su novio en Girona. Pasaron varios días juntos celebrando las festividades rememorando los años en que las dos niñas aún vivían con ellos y montaban el árbol de Navidad y el Pesebre.

Desafortunadamente, la pequeña, de 21 años, no pudo venir; estudia en Atlanta y ha aprovechado las Navidades para trabajar en un centro comercial y ganar un poco de dinero para pagar su estancia.

* * * * *

[Miguel] Que tal las vacaciones, ¿lo habéis pasado bien en Canarias?

Cuando Lidia recibió el inesperado mensaje de Miguel casi se pone a llorar, de hecho respondió con un emoticono llorando.

[Miguel] ¿Y eso? Algún problema.

[Lidia] ¿Es que no te has enterado del follón de los controladores?

[Miguel] ¡Ostras! ¡No jodas! ¿Os fastidiaron las vacaciones?

[Lidia] Pues sí, estoy derrumbada. Son unos cabrones hijos de puta.

[Miguel] Ufff que boca. Venga, desfógate.

[Lidia] Tendrían que echarlos todos a la puta calle. Cobran una pasta indecente, trabajan pocas horas y aprovechan los días claves para joderles las vacaciones a los que si trabajamos duro por un sueldo de mierda.

[Miguel] Venga Lidia, no te preocupes. Aprovecha los días que quedan de vacaciones para salir un poco. Si quieres te invito una copa al Pub Stress.

[Lidia] Ja, ja… Pillín, pillín.

* * * * *

El resto de los días de vacaciones pasaron rápido y sin darse cuenta ya volvían a estar en sus puestos de trabajo atendiendo a sus obligaciones. Por suerte, pocos días después y sin necesidad de grandes reclamaciones recuperaron su dinero y, sobre todo, su ánimo, aunque nunca más se supo de la maleta perdida.

–Ahora sí que tengo que comprarme bragas nuevas – bromeó Lidia cuando finalmente dieron por perdida la maleta.

–Pues aprovecha para comprar unas braguitas sexis, no vas a querer que las próximas que te quite Miguel sean bragas cristianas – se rio Nando aprovechando la oportunidad de meter a Miguel en la conversación.

–Ni hablar, me compraré las braguitas normales, no pienso gastarme una pasta en lencería cara... total para que Miguel las coleccione – continuó la broma Lidia.

Y, a pesar de que Lidia había asegurado que no se gastaría demasiado en las braguitas nuevas, cuando se encontró ante el escaparate y vio toda la oferta acabó gastándose una pasta. Y cuando al día siguiente las estrenó no pudo evitar pensar si, a Miguel, le gustarían.