La raia de una embarazada
La foto llegó a las 19:23:32. Carlos la había llevado a la cama mientras ella esperaba un hijo. Ahora, ella tiene un plan mucho más peligroso: devolverle la imagen, pero con su propio cuerpo y el de otros hombres. ¿Podrá el amor sobrevivir a la igualdad de condiciones?
Estaba embarazada de dos meses, apenas lo acabábamos de saber, era un embarazo deseado y cuando se lo dije a Carlos se alegró y me abrazó fuerte.
Sin embargo, a los quince días recibo una foto, en el móvil, de Carlos desnudo con Rebeca, una chica de su trabajo, están jodiendo, en posición de misionero, claramente son ellos, la foto lleva superpuesta la fecha y hora de la toma, las 19:23:32 de la fecha del día que la recibo, la recibo una hora después, la foto me la envía Rebeca misma, tras un bloqueo mental lo que me parece entender es que, no solo le ha llevado a la cama o viceversa, sino que intenta provocar que yo rompa con Carlos. Carlos tiene 25 años, yo 23 y Rebeca creo que los mismos que yo.
Me imagino a Carlos tocando las tetas a Rebeca como me las toca a mí, Carlos es fantástico tocando las tetas, alguna vez me he corrido solo con las caricias a las tetas.
Me provoca una crisis de llanto, no solo se ha acostado con Rebeca, lo ha hecho sabiendo que estoy embarazada que era supuestamente la ilusión de los dos, para que embarazarme si tiene otra, el llanto se va transformando en rabia.
Me meto en la cama desnuda a las 10 cuando aún no ha llegado Carlos, Carlos suele llegar antes.
Llega a las 11.
—Luisa. —Me llama al entrar.
—Estoy en la cama. —Grito desde la cama.
—¿Y eso? ¿Tan pronto?
—Estoy leyendo. —De verdad estoy leyendo. Forma parte del plan que me ha provocado la rabia. No entiendo del todo esta parte del plan, creo que estoy comprobando si aún le gusto y algo más que se me escapa. Llega a la cama y me da un beso, levanta el esbozo porque lo que se ve, hombros y brazos, está desnudo. Comprueba que estoy desnuda completamente.
—¿Y eso? ¿Me esperabas?
—Bueno, sí, estaba caliente, como no llegabas me he hecho una paja. —Digo haciéndome la avergonzada.
—Vaya. He cenado con gente del trabajo. ¿Te lo has pasado bien? ¿En quién pensabas? ¿He participado? —Del todo no me ha mentido porque Rebeca es gente del trabajo, pero sí me ha mentido, su mentira es la peor de las mentiras.
—En un principio sí, luego he pensado que no lo merecías por llegar tarde sin avisar y me he forzado a imaginar una historia erótica inventada, he buscado con quien y se me ha ocurrido con Nico. —Nico era un muy buen amigo mío con el que antes de Carlos me había besado, solo eso. Carlos lo sabía. La historia de la paja es mentira pero me da una de las ideas a realizar.
—¿Tengo motivos para estar celoso?
—Ja, ja. Antes de la paja, no. Luego… no sé, me lo he pasado tan bien... Nico no ha dejado un centímetro sin tocar y me ha dado mucho placer y eso ya está en mi mente.
—Estás rara.
—Si ya has cenado, métete en la cama conmigo. —Duda, creo que porque sabe que ha follado y por esa parte está satisfecho, pero le conozco y sé que mi alusión a Nico ha despertado el macho. Se va a lavar los dientes y mear y se desnuda del todo y se mete en la cama. Nos abrazamos, me acaricia las tetas y follamos. No es la mejor follada de nuestras vidas pero no está mal. Ni él ni yo estamos en nuestro mejor momento, él ya viene follado, yo estoy follando con cierta rabia que disimulo. Por el lado positivo, él tiene un poco de celos estimulantes, yo intento mejorar a Rebeca y me comporto más salvaje de lo que suelo ser.
A los tres días, Carlos sé que no llegará pronto, es vienes y los viernes hacen algo así como balance en la empresa y suele llegar tarde, si no es que luego aproveche y empalme con Rebeca, en los dos sentidos.
Yo hacía dos días había llamado a Nico y quedado con él en su casa. No tiene pareja, lo que es importante. Es muy poco promiscuo y está limpio, lo que también es importante porque quiero dejar que se corra dentro de mí. En su casa le cuento la situación y le pido que se acueste conmigo y se deje hacer una foto del polvo. En un principio se desconcierta o asusta un poco, luego me dice que sí.
—¿No prefieres que lo simulemos?
—Bueno, prefiero pasarlo bien. —Le llevo a su habitación, coloco el móvil a mano. Le cojo de la camisa y le acerco a mí hasta que mi boca está enfrente de la suya. Nos besamos, no estaba segura pero el beso me sabe a gloria, como antes de Carlos, lo alargamos jugando con labios y lengua, empiezo a desabotonarle la camisa, él hace lo mismo con mi blusa, nervioso, o sea que le gusta hacerlo. Sin blusa me quito el sujetador y le abrazo y volvemos a besarnos y le cojo una mano y la pongo en mi teta, tengo ganas y me estoy humedeciendo mucho, le desabrocho el cinturón y el primer botón del pantalón y meto la mano y le rodeo el pene y empiezo a jugar con él, me gusta que sea un pene nuevo para mí, me resulta muy excitante, pensé que no conocería ningún otro pene aparte del de Carlos, mira por donde. Con cierto frenesí él desabrocha mi falda y me quita el tanga, estoy desnuda, él se quita pantalón y calzoncillo de una vez, estamos desnudos los dos. Nos tumbamos en la cama, me besa todo el cuerpo y se demora primero en las tetas y luego en la vulva que tengo mojada, me la besa por todos lados, una vez en el clítoris se para y me lo lame y muerde muy suave, yo le acaricio el culo y el pene, aquí se dice rápido pero nos tomamos nuestro tiempo en el que todo es placer, sigue lamiendo hasta llegar a mi orgasmo, en pleno orgasmo salta una imagen de Carlos, supongo que por la costumbre. Le pido que me deje meterme su pene en la boca y se lo chupo y me lo meto en la boca haciéndole paja con la mano y la boca, Tengo miedo que se corra y me subo encima de él. El se lanza a por mis tetas que ya son más gordas de lo normal por el embarazo, es lo único que se nota.
—Tengo que estar encima, estoy embarazada de poco, eso es bueno porque te puedes correr dentro, no me vas a embarazar. —Nico asiente.
—Por eso tendrás esa tetas, ¡dios, que tetas!. ¿Puedo chuparlas?
—Claro. En este momento son tuyas—Se lanza a por ellas, las chupa especialmente los pezones. Me encanta.
Tiene el pene totalmente duro, lo cojo y lo dirijo a la entrada de la vagina. Lo restriego un poco contra el clítoris, siempre me ha gustado hacerlo y lo vuelvo a embocar, Nico al sentir donde está empuja, me gusta mucho sentir su pene dentro, ocupa bien mi espacio, supongo que a él le gusta también por como comienza a bombear y a gemir o a lo mejor son gemidos míos, como si le fuese la vida en ello, hasta que terminamos corriéndonos los dos.
— No hemos terminado, no saques el pene aún—con el pene aún dentro cojo el móvil que ya está preparado para hacer foto, lo desbloqueo, está configurado para que deje impresa la fecha y hora, es importante. —Te va a odiar, pero, si no te importa, sonríe a cámara. —Cumple, sonrío a mi vez y disparo dos o tres fotos en las que se veía que follábamos, no se percibía que hubiésemos terminado aunque también habría valido. En la que elegí eran las 21:51:17. Pero no la envié. El plan no estaba completo.
Nos duchamos y disfrutamos de la ducha, bajé y me la metí el la boca, el agua me caía en la cabeza. La saqué un momento para hablar.
—No me da tiempo a otro polvo pero me encantaría que te corrieses en mi boca. ¿Quieres?
—Uf. Claro, a mi me encantará más. —Con constancia se corrió en mi boca. Me lo tragué y luego me enjuagué la boca con el agua de la ducha.
Carlos llegó a los cinco minutos de llegar yo. En esos cinco minutos me dio tiempo de llamar a mi hermano.
—Juan necesito un favor, mañana a las siete necesito una coartada, no me preguntes para qué, quedaremos, supuestamente, para hablar de la situación de nuestra madre y se supone que cenaremos juntos en tu casa.
—De acuerdo, espero que la razón no sea grave, si me llamase por un casual, no cogería.
—Estupendo.
Al día siguiente me vestí bien, no sexi porque Carlos me vería marchar. A las 6:30 salí de casa y fui a un bar que alguien me comento hacía algún tiempo que, por lo visto, es para ligar. Me senté en una mesa pequeña y tomé ron-cola. Al poco un tío de unos 28 años me pidió sentarse conmigo. Coqueteamos hablando, tomamos otra copa de lo mismo, él no sé de que. A la hora me sugirió irnos a su apartamento.
—Sí, pero con tres condiciones, una: me pongo yo encima, dos: lo hacemos con preservativo, yo estoy limpia pero no te conozco, tres: y la más misteriosa me dejas hacer una foto que se vea que estamos follando y sonríes a la cámara.
—Al menos una es rara, puedo preguntar ¿porqué?.
—Te cuento sin problemas, estoy casada y me ha llegado una foto de mi marido follando, quiero enviarle una en igualdad de condiciones.
—Joder como las gastas, o sea que has venido aquí dispuesta a follar, bueno, este sitio es para eso. Pero con un plan algo maquiavélico. Bien, me parece divertido. Coopero y me parece justo, recuérdame que si ligásemos mucho y nos hacemos, por un casual, pareja, no te la pegue. —Nos reímos y nos levantamos hacia su casa. No vivía lejos. En su casa me ofreció tomar algo pero no quería llegar muy tarde a casa, Se lo dije y me llevó a la habitación. Nos desnudamos del todo.— ¡Dios, que tetas! Me gustará mucho follar contigo. —Y colocó un par de preservativos en la mesilla de noche, yo coloqué el móvil preparado para la foto. Con todo preparado me acerqué a él, tenía muy buen tipo, su pene parecía normal, no pude evaluarlo del todo porque estaba en reposo, le besé suavemente en los labios juntando mi cuerpo al suyo, era más alto que yo y tuve que hacerle bajar su cabeza para besarlo, con una mano se la planté en el culo y acerqué mi cuerpo al suyo, él hizo lo mismo pero con una mano en cada nalga, me gustaba sentir sus manos y su polla. Su pene fue creciendo, yo tengo ciertas rutinas, le busqué la boca y nos besamos a gusto, metí la mano entre los dos cuerpos y apreté el pene contra mi abdomen y le cogí el prepucio y jugué con él subiéndolo y bajándolo, me dejó hacer, al rato me cogió con un brazo por el cuello y otro por el culo, me sostuvo en el aire y me depositó en la cama. Volvía a estar empapada. Se entretuvo un buen rato en mis tetas. Me gustaba. Sus manos fueron tocando todo mi cuerpo a un tiempo como si quisiera poseerme del todo. Me gustaba doblemente, por las caricias y por el deseo que implicaba. Me separó las piernas y bajó a lamerme la vulva. Me puse a gemir como una loca porque lo hacía muy bien, inconscientemente le cogí del pelo y a la vez apretaba su cabeza contra mi coño, el metía la lengua por todas partes, me corrí con grandes contracciones. Cuando se subió le pude ver el pene excitado, el prepucio se había apartado y la polla tenía la cabeza roja, hinchada y babeante, lo cogí y me lo metí en la boca y lo saboreé, me hubiera gustado que se corriese en mi boca pero la foto tenía que ser jodiendo, me lo saqué de la boca y le di una lamida de abajo arriba.
—¿Te pones el preservativo? —Se lo puso, mientras tanto yo fui tomando posiciones y me senté en sus piernas para luego sentarme en su polla. Con el preservativo puesto me calcé su polla y cogí la cámara para hacer la foto, por mucho que estirase la mano no conseguía encuadrar que se viesen las dos caras.
—Trae, me cogió el móvil y como su brazo era mucho más largo encuadró bien y tiró la foto.
—¿Podría ser sonriendo los dos a cámara?
—Ja, ja, claro. —Sonrió, sonreí y tiró la foto.— Te juro que nunca la utilizaré ni se la enseñaré a nadie. ¿Te puedo pedir que me envíes una copia como recuerdo?. —Lo pensé largamente porque las promesas se las lleva el viento, decidí que era serio y me estaba haciendo un gran favor.
—Luego te la envías tú mismo. —Mientras tanto el pene todavía estaba dentro pero había disminuido de tamaño. Me acarició las tetas me las besó con un poco de contorsionismo y el pene se fue recuperando. Me gustaba que le gustasen mis tetas aunque sabía que había trampa que era su aumento de tamaño por el embarazo. Al estar arriba era yo la que tenía que hacer el metesaca, el tuvo el detalle de acercar un dedo al clítoris y acariciarlo, mis flujos caían sobre su vientre, me gustaba mucho su polla dentro de mí, a lo mejor esa era la foto con los flujos, que Carlos viese que disfrutaba, bombeamos un buen rato y nos corrimos con grandes gritos por mi parte. En ese momento me alegré de la infidelidad de Carlos que propició este orgasmo. Me tumbé encima de él y estiré las piernas, con cuidado no se saliese el pene, cubriendo su cuerpo con el mio. Nos volvimos a besar hasta que su pene se salió. Había una caja de pañuelos en la mesilla, cogí uno le quité el preservativo, lo coloqué en la mesilla y le limpié cuidadosamente el pene. —Tienes un pene muy bonito —y una vez limpio del todo le di un pico en la punta de la polla. ¿Me puedo duchar?
—Claro aunque me gustaría más que nos duchásemos juntos.
—Mucho mejor. —Nos metimos en la ducha, nos enjabonamos uno al otro, le cogí el pene. —Me gustaría hacerte una paja.
—Con una condición, yo te hago una también. —No contesté, comencé a hacerla manual y él a mi, al rato metió los dedos centrales hasta el punto G y con la mano abierta me hizo la paja, Nunca me la habían hecho así y me provocó un orgasmo tremendo, él se corrió más tarde. Desnudos nos dimos un buen abrazo con el agua cayendo en nuestras cabezas, era muy romántico sabíamos que seguramente sería el último. Pensaba que era un buen amante, posiblemente mejor que Carlos.
Nos vestimos y cogió mi móvil.
—Entonces ¿me puedo enviar la foto?
—Sí. —Desbloqueé el móvil.
—¿Las dos?
—Ja, ja, las dos. —Le desbloqueé el móvil
Nos dimos un abrazo vestidos y un beso.
—Gracias. —Le dije.
—Cuando necesites un favor, tienes mi teléfono.
Había cumplido mis planes pero los tenía que rematar, lo dejé para el día siguiente, estaba muy relajada había disfrutado mucho del polvo y me daba pereza la discusión que tendríamos.
El domingo, estando los dos en casa, le envié las tres fotos, primera la suya, luego la de Nico y por último la del desconocido, no sabíamos el nombre ni él de mí ni yo de él. Tuve dudas de enviar las fotos, me daba un poco de pena y la rabia se había apaciguado mucho con los muy satisfactorios polvos, pero lo hice. Sonó el móvil de Carlos tres veces y sin saber la que se le venía encima. Lo primero que vio fue el remitente que era yo.
—¿Qué me envías?
—Míralo, pero despacio. —Miró la primera y se quedó blanco. No había nada que negar, era evidente.
—¿Como tienes esto?
—Me la ha enviado la hija puta de Rebeca. Evidentemente quiere que rompamos. —A continuación volvió a quedarse blanco.
—¿Y esto? ¿Qué has hecho?
—Está muy claro. Lo que tú pero por partida doble. Aunque desconozco si te has echado un polvo o doscientos, si solo con Rebeca o hay otras. Yo he hecho lo que ves y me lo he pasado francamente bien. Las tres fotos tienen fecha. —Miró otra vez las fotos comprobando la fecha.
—Podías haberlo hablado en vez de hacer algo irremediable.
—Irremediable es lo que has hecho tú, yo estoy embarazada y no puedo embarazarme otra vez, desconozco si has podido embarazar a Rebeca. Si tú no lo hubieses hecho yo no habría hecho nada, mira quien hizo algo irremediable.
—¿Como has podido hacer algo así?.
—He hecho lo mismo que tú, pensar que es peor lo mio que lo tuyo es un pensamiento un pelín machista. Si lo he hecho es porque estoy embarazada. De no estarlo me habría separado directamente sin echar ningún polvo. He querido dar una oportunidad al bebé. Puedes hacer varias cosas, una separarte te vayas o no con Rebeca. — Carlos me cortó.
—No quiero nada con Rebeca y como dices es una hija puta, pero no sabía que lo era.
—¿Cuanto llevas con ella? —Tardó en contestar. Dudaba si mentirme.
—Dos meses.
—Eso son ocho polvos por lo menos, te debo seis, no sé si con Nico o con el otro que no sé como se llama y que fue muy buen amante… ¡qué gusto!, me quedan seis polvos... ¿Con quién prefieres que lo haga?... ¿Por qué lo hiciste? ¿He dejado de gustarte? ¿Por qué seguiste con lo de embarazarme?
—No lo sé, es independiente de ti. Rebeca es muy guapa y no supe decirle que no, luego cuando empiezas…
—El último suponiendo que es el de la foto sabías de mi embarazo.
—Sí, lo siento. Fue el último.
—Me cortaste cuando te decía lo que puedes hacer. Una: Separarte. Dos: Olvidarnos de todo, incluso te perdonaría los seis polvos de diferencia, una pena. Tres: Seguimos juntos pero como pareja abierta, no es mala opción, tú podrías seguir con Rebeca y yo decidiría con quien resolver los seis polvos de diferencia y los que viniesen a continuación, los podría repartir, tres con cada uno y te juro que los de la foto los disfruté como sé que disfrutaste los de Rebeca, un polvo, si es libre, es un polvo. —Quería que supiese que mis polvos habían sido mucho más que un trámite para vengarme, además de ser parte de la venganza era verdad y tuve el pensamiento que si elegía la opción dos echaría de menos los nuevos penes conocidos.
—Déjame pensar, ¿me das tiempo para hacerlo? Yo te he hecho daño pero tú a mí, también.
—Piensa pero no te pases pensando. He conocido algo que no habría conocido sin la foto de Rebeca y no ha sido desagradable.
Durante dos días Carlos durmió en el cuarto de invitados. Luego me habló.
—Prefiero la opción dos, olvidarnos de todo, aunque no será fácil, tanto tú como yo no solo sabemos que hemos follado, tenemos pruebas del hecho, que no es tan importante como las que han quedado en mi mente y supongo que en la tuya.
—¿Donde vas a dormir hasta que nos estabilicemos?
—Si no te importa dormiría contigo pero no creo que pueda hacer el amor, no sé cuanto tiempo.
—Está bien.
Tres meses más tarde por casualidad me encontré a mi amante sin nombre. Mi embarazo era evidente.
—Eso no puede ser mio. —Dijo riendo.
—No, ya estaba embarazada cuando estuvimos juntos y te pusiste preservativo.
—¿Y que tal te va? ¿como salió lo de la foto? —No sabía que había una primera foto. Le conté todo menos lo de Nico. —Me alegraría saber que te fue bien.
—De momento sí.
—Me alegro mucho, dame un abrazo y no quiero que te vaya mal pero si te va mal, llámame, estoy dispuesto a arriesgarme… con no engañarte… me gustó mucho lo que hicimos y creo que a ti también y aunque te vaya bien si entra dentro de tus acuerdos llámame aunque solo sea para tomar café. Tengo un recuerdo estupendo de ti.
—Y yo de ti. —Nos abrazamos con la barriga entre los dos, nos reímos de ella, se separó y dando un beso a su mano llevó la mano a mi tripa y la mantuvo un rato.
—Que te salga un niño o niña tan guapos como tú.
Un día me llamó y fui a tomar un café con niña y carrito incluidos. Fue muy cariñosa con ella. Con Nico seguimos siendo amigos, aseguré a Carlos que no habría más sexo, si no lo había por su parte y consintió en la amistad.
Con Carlos no me va mal. No quise decirle lo que aprendí de X, sigo sin saber su nombre, en un momento dado me pareció gracioso no saberlo, hablo de lo de los dedos centrales en el punto G. Un día le dije que quería verle haciéndose un paja y él me dijo que también quería verme a mi, la hicimos uno delante del otro. yo me la hice con ese método y el aprendió sin saber de donde venía. Y me ha proporcionado muchos orgasmos así y por otros caminos.
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