El error de la abogada Parte 1 (Relato)
Tomas le dijo que su esposa era una zorra, pero fue la imagen de ella follando con otro lo que encendió la sangre de Borja. Ahora, el hombre que destruyó su matrimonio llama a la puerta de su casa con una propuesta que bordea la locura: ¿qué harías si te pidieran que viertas a tu mujer a los pies de quien la humilló?
Este es un relato de tres capítulos
EL ERROR DE LA ABOGADA Parte 1
Siempre me opuse a que Carmen hiciera lo que hizo y no solo yo, toda su familia también.
Ella venía de un familia muy tradicional, muy pija y muy relacionada con el derecho y la abogacía, su abuelo fue Juez de la corte, su padre uno de los más reputados juristas de su tiempo.
No tenía ninguna necesidad de hacer lo que hizo.
Tampoco era una locura, pero una mujer como ella.
A Carmen siempre le había interesado el derecho penal y en cambio yo siempre me opuse a que se dedicara a algo tan turbio.
Bueno, mi familia también está ligada al ejercicio de la abogacía pero de un modo más práctico, el derecho civil puro y duro, sucesiones, pleitos comerciales, digamos que de mi lado familiar del derecho había menos glamour y prestigio que de su lado.
Por eso en cuanto me dijo que se había inscripto en el colegio de abogados para ser defensor de oficio en lo penal, me opuse, pero sin demasiada convicción, estamos hablando de una mujer de 29 años con mucho carácter y no demasiado acostumbrada a que le impongan algo, aunque yo fuera su esposo, aunque su familia no estuviese de acuerdo.
Y así comenzó todo aquello, como un juego, como una locura de Carmen, como un tema de conversación divertido para la sobremesa y las tertulias de los almuerzos familiares del domingo.
_Pero os juro que algunos presos saben más de derecho penal que yo_ decía ella
_ ¿Pero cómo permites que te llamen a tu móvil, hija?_ decía su madre, escandalizada
Y yo me fui acostumbrando a todas esas situaciones hasta que se convirtió en algo normal y cinco años después, ya con Carmen a sus 34 años y con algunos posgrados más en derecho penal, era lo más común que ella cogiera el teléfono a cualquier hora y la llamara un convicto desde la cárcel.
Todavía ella seguía trabajando en el bufete de mi familia pero era solo nominal, en realidad su dedicación y vocación era para la tarea de ser abogada de oficio en lo penal.
A veces trataba de hacerme una idea de lo que pensarían los presos a los que ella patrocinaba, porque Carmen, está mal que yo me refiera así sobre mi propia esposa, era una mujer de bandera de los pies a la cabeza.
Era rubia con el pelo largo y sedoso y pesado y ligeramente ondeado, muy alta, medía 1,77, piernas largas e interminables de deportista, un culo potente y bien formado, una pequeña cintura, muy guapa de cara, un rostro no de niña perfecta sino con carácter, unos grandes ojos azules y una nariz no tan pequeña, y una boca hermosamente delineada y rasgos muy marcados, casi angulosa la expresión de su cara, se notaban los huesos prominentes y fuertes en sus pómulos.
Pero lo que más destacaba en ella, eran unos pechos naturales, grandes y pesados, que al ser Carmen tan esbelta, tan alta, tan delgada, daban la impresión de ser operados, de tan redondos y compactos y firmes que parecían.
Pero eran naturales, de eso podía estar yo bien seguro, tenían un tacto firme y esponjoso y cálido y poner la mano en ellos era una experiencia religiosa como decía aquella canción.
Yo tenía en ese entonces 37 años y si había algo que oscurecía un poco mi felicidad es que quería ser padre y ella prefería esperar un poco más.
Y la otra sombra en nuestra relación era esta vocación tan marcada de ella por lo criminal, por el mundo de las cárceles y el derecho penal que mí me repugnaba profundamente.
Ese día yo había acabado de trabajar temprano y llegué a casa y me encontré a Carmen hablando por teléfono y ya por el tono de su voz entendí que hablaba con un convicto.
_Si, Tomas, ya lo sé, es lo que diremos, mencionaré el artículo 223, como lo hablamos_
Llevaba uno de esos trajes de falda corta y blazer de color celeste y la camisa de seda y zapatos de tacón y hablaba mientras caminaba, daba pasos elásticos por la biblioteca de nuestra casa.
Hablaba ella en un tono impersonal, pero cálido, como que impostaba la voz en un tono más grave, pero que a mí me sonaba sensual y eso me perturbaba, porque vaya a saber qué personaje estaba del otro lado de la línea.
_La audiencia es el miércoles y si todo sale bien, te prometo que quedarás libre en el acto, no te preocupes por eso_ dijo y se apoyó en un escritorio de caoba y jugó con su mano delicada y larga con un corta papeles que había allí.
_No Tomas, tu solo has lo que te he dicho, es mejor que no pidas hablar, solo hablare yo_ dijo ella, estaba tan concentrada que ni siquiera había advertido que yo estaba allí.
_Vale, tú no te preocupes por eso, yo soy la abogada, confía en mi_ dijo
Como ella había comentado alguna vez en las reuniones familiares, los presos creían conocer el código penal mejor que ella y a veces era realmente así.
_Vale, nos veremos en la audiencia_ dijo ella por fin.
Cortó la llamada y se quedó mirándome, como si no me viera en realidad, con la mirada abstraída, sus piernas eran increíbles, largas y bien formadas por tantos años de hacer deporte.
_Hola, cariño_ dije, ella levantó los ojos hacía mí y sonrió
_Hola, amor_ dije
_ ¿Hace mucho que estabas ahí?_ dijo
_Unos minutos ¿Un caso difícil?_
_No….bueno si, uno de esos casos que no me gustan_ dijo ella
_Uno que sabes que es culpable_ dije
Ella asintió con la cabeza, se quitó el blazer, la camisa de seda de color blanco apenas podía disimular las enormes tetazas.
_ ¿Qué ha hecho el angelito de Tomas?_ dije, más que nada por contener un poco a mi esposa, en realidad prefería no hablar con ella de lo relacionado con su trabajo.
_Robo, privación de la libertad, violación, homicidio_ dije
_Joder ¿Y le vas a sacar libre?_
_El procedimiento tuvo demasiadas irregularidades, vamos a pedir la nulidad del arresto_
_Es un violador y le vas a ayudar a escapar_ dije
_Bueno, la acusación de violación es…. ¿Recuerdas el robo de la imprenta de Santander, la toma de rehenes?_
_Si…lo recuerdo, un guardia de seguridad la palmó ¿verdad?_
Carmen se sentó en un sofá inglés, que había sido de su tía abuela, tapizado en damasco.
_Tuvo sexo con una de las ejecutivas de la empresa, pero según él no la violó, claro que en esas circunstancias_
_ ¿Síndrome de Estocolmo?_ dije
_No, yo creo que fue simplemente el miedo de ella y que él es un hijo de puta_
_ ¿No puedes objetar conflicto de conciencia?_
Serví dos copas de whisky y le alcancé uno a mi esposa, las pulseras de su muñeca tintinearon cuando cogió el vaso de cristal labrado, sus uñas eran largas y nacaradas.
_Ya sabes lo que pienso de eso_ dijo, un poco glacial
Habíamos discutido alguna vez por ese tema, no quería repetir la experiencia.
_Así que no irá a la cárcel_ dije, bebiendo, me senté en el sofá, Carmen había cruzado sus largas piernas y se descalzó un pie, el zapato cayó sobre la moquete sin emitir ruido y su pie desnudo quedo oscilando en el aire.
_Podemos pedir la nulidad, el proceso ha sido muy desprolijo y es lo que vamos a hacer, no puedo hacer otra cosa, lo sabes_ dijo ella, su largo pelo rubio le cubrió parte de la cara.
Se lo aparté con una mano.
_Lo sé, eres la mejor abogada penalista del puto país_ dije y desabroché un botón de su camisa de seda, el canalito de sus enormes pechos se insinuó como un desfiladero carnoso.
_Eres un pelota_ dijo ella
_Y la que está más buena, además_ dije, desabrochando otro botón de la camisita.
Luego yo chupaba uno de sus pezones empitonados y ella seguía cruzada de piernas y con la copa de whisky todavía en la mano, con los hielos derritiéndose en el interior. Su camisa abierta y enseñando un vientre plano y ejercitado.
Y luego me arrodillé entre sus piernas poderosas y levanté la falda y aparté la tira del tanga y devoré ese coño mojado y ese clítoris hinchado, como un poseído.
Luego olvidé lo que habíamos hablado, teníamos varias invitaciones ese fin de semana, a cenas y algunas galas, fuimos al teatro el sábado por la noche, también asistimos a un concierto de piano el domingo por la tarde, en el que me aburrí bastante.
El martes por la noche recordé que la audiencia de este preso problemático sería el día anterior.
Carmen estaba en su estudio, la encontré mirando su portátil y tomando notas en un block.
Llevaba gafas y el pelo suelto, caía por sus hombros como una cascada de miel, el pelo tenía esa consistencia dorada y perfumada.
_ ¿Estás nerviosa?_ pregunté
_No, que va_ dijo ella, sin mirarme.
No quise insistir demasiado, pero el día de la audiencia, esa mañana tuve un hueco en mi agenda y tenía mucha curiosidad, por ver….como era ese cabrón y por cómo se comportaba ella con él.
Fui hasta los tribunales, sentía el corazón bastante agitado en mi pecho, estaba nervioso, me sorprendí, ya había asistido a algunas audiencias de Carmen, al principio, cuando ella comenzaba con esto de actuar como abogada de oficio.
Llegué retrasado y solo pude escuchar cuando el juez dictaba la sentencia, había aceptado la nulidad de la detención.
No me gustaba el derecho penal por esto, se prestaba a demasiados artilugios técnicos, el juez sabía que este hombre era un cabrón, que era culpable, lo sabía Carmen y todos los presentes allí mismo y aun así le iban a dejar libre por unos tecnicismos estúpidos.
El hombre estaba al lado de ella y era bastante alto, 1,80 por lo menos, pues quedaba casi de la misma altura que Carmen y ella estaba en taconazos.
La sentencia acabó con la fórmula de costumbre, el detenido queda en libertad a partir de este mismo momento o algo así y vi el hombre girarse hacía ella y me sorprendió su aspecto, era calvo, completamente rasurado, tendría más de cincuenta años y con el rastro magro y cortado a cuchillo, como el de un pajarraco, un ave de caza, un halcón y llevaba una extraña barba por debajo de la barbilla, que le cubría todo el cuello y parte del mentón, pero su boca estaba completamente rasurada y miró hacia atrás y por un momento sus ojos se encontraron con los míos y tuve un cierto temor, eran ojos hundidos en las cuencas, sin vida y Carmen le estrechó la mano con frialdad y él le dijo algo al oído y ella asintió, muy seria, circunspecta.
Y luego un guardia le quitó las esposas.
Carmen vino hasta a mí, vi la sorpresa en sus grandes ojos azules al verme allí, pero no parecía disgustada.
_Hola, cariño, que bueno verte, sácame de aquí_ dijo ella
Me sentí en ese momento como el príncipe que rescata a la princesa del castillo embrujado y cogí un codo de Carmen y salimos a la luz del sol.
_Es uno de esos días en que dejaría esto para siempre_ dijo ella
Era un hermoso día y decidimos ir a almorzar a un club en donde jugábamos al tenis a veces.
Nos sentamos en una suerte de terraza y pedimos vino blanco y helado, un blanc de blanc como decía mi madre.
Vimos unas adolescentes con las raquetas en mano y los bolsos y las piernas doradas por el sol y en la mesa de al lado dos hombres de aspecto respetable bebían un aperitivo.
_ ¿Qué es lo que te atrae de ese mundo sórdido?_
_Bueno, es mi trabajo, y es para lo que hemos estudiado_ dijo ella
_Mira, toda esta gente, pasándola bien, a la luz del sol, no tienes nada que ver con todo eso, con la cárcel y…._
_No sé qué es lo me atrae_ dijo ella y bebió de su copa empañada.
Vi que uno de los hombres del aperitivo le echaba un ojo, siempre pasaba.
_Reconoces que algo te atrae entonces_
_Si, me atrae y me repele al mismo tiempo_ dijo ella.
Bebí yo también, nunca había tenido una respuesta tan directa de ella sobre este tema, tal vez yo nunca había sido tan directo al preguntar.
_Debieras dejarlo, quiero que tengamos un hijo, ese tío de hoy, joder, da miedo ¿verdad?_
_Si, para ese hombre la vida se reduce a tomar lo que puede y sobrevivir, no tiene idea de que puede existir otra cosa_ dijo Carmen y echó una mirada en derredor.
_Pero nuestro mundo es este, ese otro mundo no tiene nada que ver con nosotros_ dije
_ ¿No?....._ dijo ella enarcando sus delicadas cejas, su rostro era muy fuerte, tenso por momentos
Cogí su mano, el camarero se acercó, ella ordenó un filete de lenguado con una ensalada tibia de endibias y nueces, yo lo mismo.
_Deberíamos hacer un viaje, nos lo merecemos, Cannes, San Juan de Luz, tal vez_
_Claro…._dijo ella y sus dedos juguetearon con los míos pero su mirada se había vuelto huidiza.
Pasaron uno días, noté que Carmen no había vuelto a coger ningún otro caso de oficio, tal vez lo que había pasado con este preso, Tomas, había sido un punto de inflexión.
Me alegré, aunque la cara de ese tío volvía a mí de vez en cuando, esa mirada vacía, sin expresión, como la de un tiburón, ojos que miraban sin ver.
Y una tarde, después del trabajo, bajé al parking, estaba a punto de entrar en el coche, cuando percibí una presencia, antes de verlo, fue como un soplo de aire helado.
_Borja ¿Puedo hablar contigo?_ me giré y lo vi, había surgido de la nada, para que negarlo, el temor me paralizó, pensé que iba a matarme, eso fue lo que pensé, ni en un robo ni nada, simplemente iba a acabar con mi vida.
La calva reluciente y aceitosa, la boca lampiña y esa barba que salía del cuello y subía un poco por la barbilla, si tendría más de cincuenta años, eso era seguro y esos ojos sin vida.
_No temas, solo quiero hablar contigo_ dijo, su voz era grave y se arrastraba como un reptil.
_Creo que no tenemos nada que hablar…_ dije, reponiéndome un poco, sopesando si pedía ayuda al de seguridad que estaría distraído en su puta garita.
_Se trata de Carmen, tu esposa_ dijo, llevaba un pantalón de cuero de color negro y una camiseta que se ajustaba a su torso y me pareció muy fuerte, no excesivamente musculoso pero si magro, carente de toda grasa.
_Si es algo relativo al caso…_
_No, se trata de algo personal_ dijo él
Miré otra vez hacía la garita del guardia, me seguían temblando las piernas.
_Lo que tengas que decir, dilo ahora_ dije, con las llaves del coche en la mano.
_Tu esposa te ha puesto cuernos_ dijo
No llegué a captar la frase, el sentido de lo que me estaba diciendo, solo quería que se evaporara o evaporarme yo mismo, dejar de verle, parado frente a mí.
_No entiendo ¿Cómo sabes eso?_
_Ha sido con uno de los presos que defendió, Diego, Diego Colomer le dicen Diogo, hace tres años_ dijo, sin expresión, mirándome fijamente
_Bueno, no lo creo, pero está bien, lo voy hablar con ella_ dije
_Fue en la misma audiencia, en la salita esa donde nos llevan a declarar, donde te dejan a solas con tu abogado ¿Qué me dices? A que no sabías que era tan zorra_ dijo y su boca se torció en lo que parecía ser una sonrisa.
_Vale, no vuelvas a acercarte a ella ni a mi_ dije y entré al coche.
Escuché el golpe de sus nudillos en la ventanilla, bajé el cristal, con miedo, intenté dominarme.
_ Escribe tu número, en unos días te llamo_ dijo y me pasó su móvil.
No tenía opción y el miedo pudo más que todo, marqué mi número en su teléfono y se lo di.
Me seguían temblando las manos cuando ya iba camino a casa, mi cerebro estaba anestesiado, ni siquiera había reparado en lo que me había dicho, hasta que esa idea comenzó a abrirse paso en mi cerebro ¿Qué Carmen me había puesto cuernos? No, era imposible, absurdo ¿Qué había follado con un preso, en tribunales? Más absurdo todavía.
Hacía diez años que estábamos juntos y llevábamos siete años de casados ¿la comezón del séptimo año? Esto había sucedido hace tres años, había dicho Tomas.
Salude al de seguridad y luego al conserje.
_Buenas tardes, don Borja_ me dijo el hombre, el de seguridad me hizo una especie de venia.
Al salir del ascensor escuché el sonido del piano, entré, dejé mis cosas en el recibidor, teníamos un hermoso Steinway de media cola en la sala, Carmen tocaba muy bien, creo que era Chopin o Lizt, me los confundía, la música no era lo mío.
Ella llevaba unos pantalones holgados que a pesar de todo se pegaban a sus piernas poderosas y un jersey de lino en donde se dibujaba la silueta de sus tetazas imponentes. El pelo rubio y sedoso le caía por los hombros, aparté un poco esa madeja densa y de color dorado y acaricie sus hombros mientras ella seguía tocando.
La imagen del hombre sórdido y su sórdida y absurda confesión llegaron hasta mí.
Ella dejó de tocar y se giró en el taburete y me abrazó, acaricie su nuca grácil, el pelo me caía por las manos, sentí el tacto de sus pechos en mi polla.
_ ¿Conoces a un tal Diego Colomer, Diogo?_ dije
Ella alzó la cara, sus ojazos azules evidenciaban sorpresa y también… ¿resignación?
_Si fue uno de mis defendidos, no pude hacer mucho por él, purga una pena de doce años_
_Te parecerá absurdo lo que te voy a decir, pero ¿has tenido una aventura con él?_ dije, y la expresión de su cara me lo dijo, sentí que me tambaleaba, ella lo notó y me cogió de las manos.
Me hice para atrás, sentí que alguien me había golpeado con fuerza en el estómago.
_Perdóname_ dijo ella, salí de nuestra sala, escapé por los amplios pasillos del piso donde vivíamos, llegué a la biblioteca.
Me costaba recuperar el ritmo normal de la respiración, miré los estantes llenos de libros, una biblioteca vidriada con incunables de la literatura española que había sido de mi abuelo.
Malditos libros, putos libros, vosotros sois los culpables de todo, pensé.
Carmen entró tras de mí.
_Borja, perdóname…..si puedes perdonarme…..debes perdonarme…._dijo ella
_ ¿Por qué?_ dije
_No los sé, fue un momento de locura, no puedo explicarlo_
_ ¿Tanto te ponía ese Diogo de los cojones?_ dije
Ella no respondió, se sentó en el sofá inglés tapizado de damasco, se cogió la cara con las manos.
_ ¿Cómo lo has sabido?_ dijo
_ ¿Cuantas veces follaste con él?_ dije, fui hasta la mesilla serví un whisky para mí.
_Solo una vez, ponme uno para mi_ dijo ella, cuando me vio con el vaso en la mano.
Preparé otro whisky, eso me calmó, extrañamente, la mente es muy rara, acabé de poner el hielo en el vaso y ya me sentía más entero.
_ ¿Cómo sucedió?_ dije
_Fue en la alcaldía, antes de la última audiencia, yo sabía que le condenarían, se aproximó a mí, nos miramos, nos besamos y sucedió_
_Mira tú, te dio pena que iba a quedar en el talego, ya que no le podías librar de la cárcel le regalaste un polvo de despedida_
_Soy una mierda, lo sé, tú no te mereces algo así_ dijo ella
_Los cuernos no se merecen, cariño, solo suceden_ dije y le alcancé la copa.
_No podrás perdonarme_ dijo ella y me tendió una mano, blanca, alargada, cuidada, con las uñas largas y fuertes.
_No me pidas eso ahora, quiero saber los detalles_ dije y cogí su mano.
_No quiero que te…..-
_ ¿Qué me humille? Déjame decidirlo a mí, habla_ dije
_Nos besamos, me levantó la falda, contra la pared, me penetró, habrá durado, no sé, dos minutos-
_Se corrió dentro de ti_ dije
_Si_
_ ¿Y tú no te corriste?_
_No, claro que no_
_Menudo dedazo te habrás hecho después_ dije
_No necesitas ser vulgar_ dijo ella de forma glacial.
Tuve un acceso de rabia, hasta allí llega tu arrepentimiento, zorra, pensé con amargura y luego me arrepentí de pensar eso, en el acto.
_ ¿Quién te lo ha dicho? ¿Diego?_
_Me lo ha dicho el violador que dejaste en libertad la semana pasada, Tomas_ dije, le conté lo que había pasado.
_Que hijo de puta, no sé qué pretende con esto_ dijo ella y bebió, con las piernas cruzadas elegantemente
_No sé qué busca, pero algo ha de querer, tal vez chantaje_ dije
_Ya me lo sospechaba, me había mencionado que había conocido a Diego en la cárcel_
Me jodía con la familiaridad que ella decía Diego, al fin y al cabo había sido un polvo exprés, solo eso.
_ ¿Eso es lo que te atrae de ese mundo carcelario? ¿Te pone todo eso? ¿Te ponen los presos, pasados de testosterona y violencia?_ dije, a borbotones, sin poder evitarlo.
_No, no me pone todo eso, si ese chico Diego me parecía guapo y me daba un poco de pena, en eso si lo has clavado_ dijo ella
_Yo creo que te mientes a ti misma, si, te pone algo de toda esa sordidez, de ese mundo de machos pealando por sobrevivir, hay un instinto de hembra que se te despierta por eso….por esa mierda…._dije
_No lo sé, Borja, la psicología nunca ha sido lo mío_ dijo ella
No, claro que no, pensé, los libros nunca han sido lo tuyo, solo leía lo que estaba relacionado con el derecho, luego puro deporte y tocar el piano, pero no había mucha intelectualidad en ella al fin y al cabo, era una tecnócrata de la abogacía.
¿Y como iba a existir intelectualidad con semejante cuerpazo que se cargaba, con ese hermoso careto de rubia pija?
_Te amo…. Ha sido un puto error, imperdonable, lo sé, pero te amo_ dijo y me tocó la pierna, me hizo una caricia desmañada sobre la pierna.
_Si esto llega a saberse puedes perder la matricula, lo sabes ¿verdad?_ dije, con un poco de crueldad.
_Si, lo sé_ dijo ella
Y hundió los hombros como pocas veces lo hacía, me dio pena en ese momento.
Diga lo que se diga, la piedad, la compasión, es la llave que conduce al amor y uno de los mejores sentimientos del ser humano.
_Yo también te amo_ dije y me senté a su lado y luego nos besamos.
_Voy a perdonarte, no sé cómo coño lo haré pero voy a perdonarte_ dije
_Te amo_ volvió a decir y puso su cabecita en mi hombro, le hice una caricia sobre el pelo rubio, la compadecí y me admiré de lo buena que estaba, como si no fuera mi mujer la que se cargaba semejantes tetazas de guarra.
Y luego siguieron uno días extraños en los que por momentos parecía que todo era como siempre y luego volvía con más fuerza lo terrible de lo que había pasado, lo irreparable, no había forma de borrar ese hecho bochornoso del pasado, de nuestras vidas, presentes y futuras.
Y luego como al cuarto o quinto día sucedió algo.
Yo estaba viendo como Carmen se cambiaba de ropa delante de mí, como andaba desnuda por nuestra habitación y el vestidor, como siempre lo hacía y veía sus largas piernas moverse y sus pisadas desnudas y felinas y su soberbio culazo con el diminuto tanga clavado en medio del ojete, eligiendo la ropa, el vestido que se pondría para salir y vino a mi mente la imagen de ella follando con ese Diego o Diogo.
Yo ya había encontrado una foto suya de su legajo, realmente no me parecía guapo como había dicho Carmen, más bien un macarra de pelo revuelto y un poco rizado con nariz de boxeador, achatada por los golpes y una expresión zafia y triste.
Más lo pensaba y más estaba convencido que algo de ese mundo de violencia y marginalidad le atraía a mi esposa y de pronto la imagen de ella siendo empotrada por ese macarra, contra la pared de la alcaldía llegó hasta mi mente y se formó con nitidez como un holograma, cobrando vida y sus dedos largos y de uñas de nácar sobre la nuca sudada de ese hombre y una polla que no era la mía estragando el coñito con el vello bien recortado y ella siendo penetrada y las manos de ese hombre sobre sus tetazas y su culo y de pronto tenía una erección.
Una erección dentro de mis calzoncillos que era como una monstruosidad que hubiera crecido en mí, como una deformidad, como una excrecencia pustulosa y enferma.
Y me corrí, casi con asombro, luego de cascármela, mientras Carmen no se había enterado de nada.
Y luego ya fue cosa de todos los días de pensar en ello, en esa imagen de ella follando y masturbarme y correrme como un mono. Y cada vez la imagen tenía más detalles, las largas y torneadas piernas de ella subidas a las caderas de ese macarra, de ese niño triste y salvaje e imaginaba que la polla era enorme y en la ensoñación, ella se corría, como una guarra, berreando y gritando y luego le comía la polla, de rodillas, todo ese cuadro se iba enriqueciendo con el paso de los días, hasta imaginé que ese tío…. le daba por el culo, en nuestra propia cama.
Y entonces una tarde recibí una llamada, justo antes de salir de casa.
_Que pasa, colega, ¿cómo lo ha cogido la pava, lo ha negado o lo confesó todo?_
La llamada me sorprendió en la biblioteca, leyendo un libro de Alberto Moravia, era mi sitio preferido de la casa y me jodió que fuera invadido por la voz de este hombre abyecto.
_No lo ha negado_ dije
_No le habrás dado una paliza ¿verdad?_ dijo socarrón, burlándose.
_No, claro que no, la he perdonado-
_La has perdonado, mira que bien, pues te volverá a poner cuernos entonces_
_No vuelvas a llamar_ dije
_Si me hubiera puesto cuernos a mí, le hubiera desfigurado a hostias esa carita que tiene y luego le hubiera dado por el culo, hasta reventarle ese ojete de guarra_
_Si vuelves a llamar haré que te pongan una orden de restricción_
_Joder, chico, ¿No tienes orgullo? ¿No piensas en vengarte?_
_ ¿Vengarme? yo no soy un puto macarra como tú_ dije
_Cuidado con cómo me hablas, colega, yo no soy uno de tus criados_ dijo, cambiando la voz y volví a sentir ese temor de cuando le vi personalmente
_Vale, perdona…_ dije
_Ya que la has perdonado, ya os entendéis tan de puta madre, quiero proponerte algo_
_No quiero ser descortés pero…_ comencé a decir
_Quiero follarme a tu mujer, me refregó bastante esas tetazas por la nariz durante un mes entero y me gustaría follármela, ya que tú eres tan comprensivo_
_No creo que ella quiera_ dije estúpidamente
_Me importa una mierda lo que ella quiera ¿y tú? ¿Qué quieres tú?_ dijo
Y entonces imaginé a Carmen siendo empotrada contra la pared por este simio de ojos hundidos y barba en el cuello.
_Borja, se nos va a hacer tarde_ dijo Carmen desde la sala
_ Ya te llamaré yo_ dije, sin poder creer lo que decía
_Tenemos un trato entonces_ dijo Tomas, su voz cavernosa se arrastraba dentro de mi cuerpo como una pestilencia, entrando por mi garganta y oídos.
_Ya te llamaré, yo, ahora debo cortar_ dije
_Que os lo paséis bien esta noche_ dijo él
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