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La Esposa que Aprendió a Mirarse -4- LA RESPUESTA

Sabe que su esposo la espera en la penumbra, pero su mente vagabundea hacia las miradas de desconocidos que la desearían a través de una pantalla. Entre besos hambrientos y fantasías prohibidas, descubre que ser vista es tan excitante como ser poseída.

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Esa noche, el salón estaba en penumbra, solo la luz tenue de la lámpara de pie y el resplandor azul de la tele apagada. Gema se levantó del sofá con esa lentitud deliberada que sabe que me destroza: la camiseta mía subiéndose apenas por los muslos generosos y fuertes, dejando ver la curva interna donde la piel se pone más suave, el culo respingón y casi grande tensándose al moverse. Se acercó sin prisa, se subió a horcajadas sobre mí y me miró con esos ojos verdes que parecían pedir guerra.

No hablamos al principio. Solo nos besamos con hambre, lenguas enredadas, dientes rozando labios. CHAS —le arranqué la camiseta por la cabeza. Mis manos bajaron directo a esos muslos gruesos y firmes, abriéndolos más para sentir cómo se tensaban contra mis caderas. Ella ya estaba empapada; lo noté cuando frotó su coño contra mi polla dura a través de los vaqueros. ZIP —desabrochó el botón con dedos impacientes, bajó la cremallera y me sacó la polla, caliente y palpitante. Se la agarró con la mano, masturbándome despacio mientras yo le pellizcaba los pezones duros, medianos pero tan sensibles que soltaba un ¡AH! agudo con cada roce.

Cuando se levantó un poco y se dejó caer sobre mí, empalándose hasta el fondo, los dos soltamos un GRRRRR ronco al unísono. Empezó a moverse, lento al principio, subiendo y bajando con ese culo generoso chocando contra mis muslos: PLAP… PLAP… PLAP… El sonido húmedo y obsceno llenaba la habitación, acompañado del CHAP-CHAP-CHAP viscoso de su coño tragándose mi polla una y otra vez.

—Imagínate que subes la foto… —le dije, agarrándola por las caderas y clavándola más profundo—. Una donde se vea solo la curva de tu culo respingón, la luz marcando cómo sube, los muslos fuertes abiertos… y los tíos de Instagram se la menean viéndote. Se corren pensando en ti.

Gema aceleró, cabalgándome con fuerza: PLAP-PLAP-PLAP-PLAP-PLAP! más rápido, más fuerte, el coño apretándome como un puño caliente y húmedo cada vez que bajaba. ¡SPLASH! —el sonido de sus jugos salpicando contra mi pelvis.

—Joder, sí… —jadeó, la voz rota—. Al día siguiente entran en la cafetería… piden su café con leche… pero me miran el culo mientras me agacho a por la leche, imaginando cómo se ve sin nada. Me miran la boca carnosa cuando les digo “¿algo más?” y recuerdan la foto donde me muerdo los labios hinchados, como si acabara de chupar una polla.

¡PLAF! —le di una nalgada fuerte en ese culo generoso que rebotaba sobre mí, el sonido seco y erótico resonando. Ella soltó un ¡AHHH, JODER! más alto, clavándome las uñas en el pecho.

—Y tú les sirves el café —continué, empujando hacia arriba con cada embestida, sintiendo cómo su clítoris rozaba contra mi pubis—. Les sonríes con esa boca sensual que les ha vuelto locos toda la noche… les pasas la taza rozándoles los dedos… y ellos saben que debajo del delantal estás mojada, que tu coño aún recuerda la sesión, que has posado con las piernas abiertas, dejando ver cómo te brillaba el coño depilado bajo la luz del estudio.

Gema se inclinó hacia adelante, los pechos rozándome el pecho, la boca pegada a mi oreja.

—Quiero que me miren así… —susurró, moviéndose más rápido, el sudor resbalando por su espalda—. Quiero que sepan que la mujer que les sirve el azúcar se ha abierto de piernas para una cámara, que han visto mis tetas firmes, mis pezones duros, mi culo alzado como si pidiera que me follen por detrás… y que no pueden tocarme. Solo mirar. Y yo controlo todo. Me mojo solo de pensarlo. ¡AH! ¡AH! ¡SÍ!

La agarré por el pelo, tiré suave para que me mirara a los ojos mientras la follaba con más fuerza desde abajo: PUM-PUM-PUM-PUM! embestidas profundas que hacían temblar todo su cuerpo.

—Y cuando vuelvas a casa —gruñí, sintiendo cómo se contraía alrededor de mi polla, a punto de correrse—, me lo cuentas todo. Cómo se les ponía dura la polla al verte, cómo se les trababa la voz… y yo te tumbo en la mesa de la cocina, te abro las piernas y te como el coño hasta que te corras gritando, sabiendo que eres mía… pero que has dejado que medio mundo te desee.

Eso la hizo estallar. ¡AHHHHHHH, JODERRRR! —se corrió temblando violentamente, el coño apretándome en espasmos brutales, SPLASH-SPLASH-SPLASH —chorros calientes mojándome la polla, los muslos, el sofá. Yo no aguanté más: GRRRR —la embestí tres veces más, profundo y salvaje, PUM-PUM-PUM, y me corrí dentro de ella, llenándola con chorros gruesos mientras los dos jadeábamos, sudados, pegados. ¡UFFF!

Después nos quedamos quietos, ella encima todavía, mi polla ablandándose dentro de su coño lleno y goteante. Gema apoyó la frente en la mía, respirando agitada.

—Todavía no sé si publicaré nada… pero joder, solo imaginarlo ya me ha puesto así.

Yo solo sonreí y la besé despacio.

—Joder, Javi… si publico algo, va a ser por esto. Por sentirme así de puta y poderosa a la vez.

Le di una palmada suave en el culo, ¡CHAS!, y la besé lento.

—Hazlo cuando quieras. Pero recuerda: después de servir cafés toda la mañana, vuelves aquí… y te follo hasta que no puedas ni caminar.

Ella se rio bajito, todavía con mi semen goteando entre sus muslos.

—Trato hecho.