Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 19
Rodrigo llega a su puerta con el rostro destrozado y la sangre en la ropa, pero es la vulnerabilidad de su amo lo que desarma a Alejandra. Entre lágrimas y confesiones, la línea entre sierva y amante se difumina, obligándola a decidir si puede compartir el corazón de su hombre con las otras.
ALEJANDRA
- ¡Dios mío! - exclamé horrorizada, incapaz de contener las lágrimas cuando vi a Rodrigo entrar al departamento, con la cara destrozada y la ropa manchada de sangre, mostrándose tan maltratado y con el rostro tan hinchado que ni siquiera me hubiera sido posible saber que se trataba de él, de no ser por el hecho de que venía acompañado por Ivette y por una chica rubia que supuse que sería la última de las hermanas de Anahí.
- ¡Lourdes! - gritaron Liliana y Anahí, antes de que la nueva sierva corriera hacia ellas y las tres hermanas se fundieran en un abrazo, un instante previo a que yo me abalanzara contra mi amo para abrazarlo, siendo aquel gesto lo único que pude hacer mientras un caos de llanto y suplicas de perdón tenía lugar a mis espaldas, al tiempo que Ivette cerraba la puerta del departamento y la boca me temblaba sin que lo pudiera controlar, una reacción propia del horror que me acogió al ver el estado del hombre a quien amaba.
- ¡Amo! ¡¿Qué fue lo que pasó?! - pregunté, llorando, mirando su rostro lastimado mientras lo hacía, sintiendo cómo la boca me temblaba de rabia miedo y coraje ante el estado en el que habían dejado a Rodrigo.
- Estoy bien, solo necesitaré descansar una par de semanas, y me dieron una medicina que acelera el proceso de curación, así que no te preocupes, ¿De acuerdo? - respondió mi amo, con una voz distorsionada por la hinchazón de sus labios, antes de que lo abrazara, de que llorara y sollozara en su hombro y él me cobijara entre sus brazos en un intento por consolarme, a pesar de que fuera él quien estuviera tan lastimado, quien en realidad necesitaba de mis mimos y mi consuelo.
- ¡Amo! ¡Muchas gracias por traer a mis hermanas! ¡Le debo tanto! - escuché la voz de Anahí levantándose de entre el barullo que se estaba armando detrás de mí, protagonizado por las otras siervas quienes al parecer habían estado tan preocupadas por encontrar a la hermana faltante como lo estuvimos Rodrigo y yo desde hacía varias semanas.
No fue una sorpresa para nadie que la llegada de Rodrigo en compañía de Lourdes provocara que las hermanas sintieran una cierta necesidad de agradecerle a nuestro amo por haberlas reunido, algo que pude ver en los ojos de las tres en cuanto di media vuelta; sin embargo, había algunas cosas de las que tenía que hablar con Rodrigo antes de que eso pasara, cosas que no podían esperar, que no debía aplazar para después, porque en aquel momento necesitaba con desesperación saber qué lugar ocupaba en su corazón y confirmar que lo que sentía por mi amo era correspondido, así como disipar las dudas que tenía con respecto de la posibilidad de ser relegada por otra sierva y de que Rodrigo se hubiera arrepentido de vivir solo conmigo.
- Ya podrán agradecerle después a Rodrigo - atajé a Anahí en cuanto la vi acercándose a nuestro amo, observando luego cómo todas se sorprendieron cuando lo llamé por su nombre, viendo cómo Lourdes fruncía el ceño como queriendo discutir conmigo, hasta que Liliana tiró de su mano y negó con la cabeza cuando la nueva sierva la miró, poco antes de que Rodrigo me abrazara por detrás, de que sintiera cómo se pegaba a mi cuerpo mientras una de sus manos se metía por debajo de mi brazo y capturaba uno de mis senos, acariciándolo con movimientos delicados, respirando muy cerca de mi oído, estableciendo su apoyo a mis palabras con ese simple gesto, antes de que lo hiciera con aquellas órdenes que pronto emergieron de su boca.
- Ya la escucharon. Pasaré algunas horas con Alejandra y no quiero que nos molesten. En nuestra ausencia, Ivette se quedará a cargo - expresó Rodrigo, sorprendiéndome al escoger a esa mujer para que controlara a las siervas, tanto que incluso volteé a verlo, completamente extraviada en la incertidumbre que me provocó su decisión - acaba de salvarme la vida, en más de una ocasión, así que se merece un reconocimiento - dijo sin más, antes de que me hiciera caminar en dirección de la habitación para encerrarnos en ese lugar y tirarnos ambos en la cama, despacio, conscientes de que mi amo no debía hacer demasiados esfuerzos, algo que me hizo comenzar a acariciar su cuerpo mientras él acomodaba la cabeza en las almohadas, creyendo que quería tener intimidad conmigo, que lo necesitaba, un hecho que a su vez lo incitó a componer lo que parecía ser una sonrisa en mi dirección, antes de que volviera a hablar y me sorprendiera de nuevo con aquello que me dijo - lo siento, pero no deseo estar contigo de esa forma, no en este momento - expresó, antes de tomar mis manos y besarlas - ven aquí, quiero abrazarte mientras te cuento lo que pasó - me ordenó, llamando mi atención con la tranquilidad con la que me hablaba, haciendo que me acomodara a su lado, que recargara mi cabeza en su pecho, provocando que me sintiera segura entre sus brazos mientras me contaba todo lo que ocurrió, desde el momento en el que vio a mi exesposo en la galería hasta lo que pasó en aquel departamento que una vez fue mío, narrándome cada detalle, desde cómo se sentía al respecto, las dudas que tenía acerca de decirme que se había reencontrado con ese hombre de mi pasado y todo aquello que lo llevó a considerar deshacerse de Ivette, hasta que ella se interpuso entre él y mi exesposo para que no le pegara más, probablemente salvándole la vida antes de que lo llevara con Emilio y él terminara de hacer lo necesario para salvar a mi amo - después de lo que hizo… bueno, simplemente no podía deshacerme de ella. Creo que en algún momento de los últimos días se convirtió en una parte de nosotros sin que yo mismo lo supiera.
- ¿Cómo puedes creer que de alguna manera sentiría algo por ese patán? ¿Acaso no recuerdas cómo me trató cuando fui a buscar mis cosas? Y más allá de eso, yo jamás pensaría siquiera en apartarme de tu lado, eso no pasaría nunca a menos de que tú me lo ordenaras, porque yo… - me detuve de nuevo, sin poder decir aquello que sentía, sin tener el valor de hacerlo, porque de pronto sentía mucho miedo ante la posibilidad de que él no sintiera lo mismo por mí, de que tras abrirme ante él, mis sentimientos no fueran correspondidos, de que las chicas y yo estuviéramos equivocadas en todo lo que creíamos saber con respecto de Rodrigo.
- Termina lo que ibas a decir - dijo de pronto, no con el tono de una orden, sino más bien de una forma ansiosa y suplicante, como si quisiera escuchar algo que ya sabía de antemano, como si por alguna razón necesitara escucharlo saliendo de mi boca.
En ese momento abandoné sus brazos y me senté en la cama, mirándolo a los ojos, sufriendo al verlo tan lastimado, sintiendo esa mezcla de ansiedad, amor y algo muy lindo que me inspiró aquella parte del relato en la que le dijo a mi exesposo que ya no estaba con él tan solo para que abandonara esa idea porque, en sus palabras, podría deshacerse de todas sus siervas, pero jamás de mí.
- Rodrigo, yo… - suspiré con fuerza, tratando de serenarme al estar al borde de abrir mis sentimientos ante el hombre de quien estaba tan enamorada - antes de que te lo diga, necesito saber qué fue lo que te motivó a pedirme que encontrara la forma de hacer que las chicas trabajen menos, quiero decir… necesito que seas honesto conmigo, que me digas si lo que quieres es tenerlas más tiempo en casa para estar con ellas o si de verdad quieres evitar que sufran al estar expuestas a los deseos de quienes paguen por su compañía. Sé que no tengo el derecho de pedirte algo como esto, porque soy tu sierva y tú eres mi amo, pero necesito saberlo y yo… y ya no quiero seguir sintiéndome en peligro, es horrible pensar que en algún momento puedas cambiarme por alguna de ellas, que alguna de tus siervas pudiera ocupar mi lugar, me da miedo pensar en ello y eso no tiene que ver con que me pongas a trabajar o no, sino con la posibilidad de que ya no me quieras más a tu lado, de que no sea suficiente para ti y empieces a ver a alguna de tus otras mujeres de la forma como creo que me ves a mí - dije esas últimas palabras bajando cada vez más el volumen de mi voz hasta quedarme callada, mientras él me miraba con mucha atención, tanta que de pronto me sentí como si mi amo fuera capaz de saber qué era lo que estaba pensando en aquel momento.
- No quiero sentirme de nuevo de la forma como lo hice cuando vi a Ivette entrando por la puerta del departamento, no lo toleraría, no me lo perdonaría, porque a pesar de lo mucho que la detesto… o que la detestaba, jamás hubiera permitido que las cosas llegaran tan lejos de haber sabido lo que estaba ocurriendo - respondió sin titubear, mirándome a los ojos mientras hablaba.
- Entonces, el plan de conseguirles un lugar a las otras siervas para que podamos estar más tiempo a solas mientras ellas trabajan… - lo traté de cuestionar, porque necesitaba tener algo de certeza, algo que me dijera que las cosas no habían tomado otro camino, que él quería seguir conmigo.
- Ese plan sigue en pie, solo no quiero que su vida sea tan miserable como creo que lo ha sido desde que se convirtieron en siervas, y estoy seguro de que debe haber alguna forma de ganar dinero con las chicas sin que tengan que estar todo el tiempo en manos de algún desconocido - respondió, una vez más, sin demostrar la menor duda en sus palabras, sin dejar de mirarme a los ojos, como si para él fuera importante que supiera que me estaba diciendo la verdad - aunque, ahora que tocas el tema, me parece que nunca hablamos más a fondo de esa parte en la que nos separaríamos de ellas para que viviéramos tú yo a solas, eso fue algo que solo mencionaste ge pasada la última vez que hablamos de conseguirles un espacio, y se quedó en el aire sin que pudiéramos avanzar más en ese tema, así que me gustaría saber por qué quieres que eso pase, por qué tienes la intención de que nos quedemos solos y mandemos a mis siervas a vivir lejos de nosotros - expresó, mirándome con demasiada intensidad mientras yo sentía cómo se me acaloraba mucho la cara y me ponía de mil colores.
- Creo que eso ya lo sabes, Rodrigo - contesté en un susurro, víctima de la timidez que de pronto me embargó, sintiendo cómo toda la piel se me ponía chinita cuando pronuncié su nombre, porque algo tan simple como eso representaba para mí el hecho de que él me reconociera como una mujer distinta de las otras chicas, a pesar de que en aquel momento no pudiera mirarlo más a los ojos, porque me moría de vergüenza al estar a punto de decirle lo que sentía; no obstante, Rodrigo no me dejó evadir su mirada por mucho tiempo, pues en algún momento, con un movimiento suave de su mano, tocando mi barbilla con sus dedos, hizo que levantara la cabeza y lo mirara, obligándome al fin a afrontar mis sentimientos, experimentando cómo mi corazón se derretía al ver en sus ojos el anhelo de que le revelara aquello que al parecer deseaba escuchar con todo su corazón.
- Quiero que tú me lo digas - expresó, con una voz seductora a pesar de que su tono seguía mostrándose ansioso, como si mi respuesta la hubiera estado esperando desde hace mucho tiempo, algo que me hizo tragar saliva, nerviosa, sintiéndome inestable mientras lo miraba y de pronto recordaba la forma como me trataba, la manera como me hacía el amor y esa ternura con la que solía besarme cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo.
Una sonrisa se dibujó en mis labios mientras tomaba su mano y besaba su dorso, acariciando su brazo, desviando mi mirada por unos segundos antes de que volviera a encontrarme con la suya, en medio de esa expresión anhelante que me hizo saber que era el momento de decirle lo que sentía, que me hizo acercarme a él sin dejar de mirarlo hasta que mis labios quedaron a tan solo unos pocos centímetros de los suyos.
- Porque te amo - dije en un susurro que me hizo sentir un gran vacío en el estómago que se hizo más intenso cuando se acercó a mí y me besó, despacio, de una forma torpe dados los golpes que tenía en la cara, pero con un amor y una honestidad que no pude manejar, que me hizo abrazarme de él, recostarme sobre su cuerpo y perder un poco el control al besarlo con toda la pasión que había en mi corazón, antes de que me separara un poco de Rodrigo y escuchara aquellas palabras con las que había soñado escuchar durante semanas.
- Yo también te amo - dijo en un susurro, provocando aquellas lágrimas de felicidad que escaparon de mis ojos, que nos llevaron a besarnos como dos colegiales enamorados, a abrazarnos de una forma tierna y cariñosa, de esa manera que me hizo perder la cabeza en un mundo de sensaciones hermosas que inevitablemente me llevaron a sentarme sobre su cuerpo, a mover las caderas para hacer que se excitara, sintiendo como poco a poco iba creciendo entre mis piernas, provocándome oleadas de un calor tan intenso que antes de que me diera cuenta me vi a mí misma levantando su camiseta, desnudando la parte superior de su cuerpo para llevar mi boca a su piel y lamerlo, sintiendo el aroma de su sudor, el olor de mi hombre, embriagándome con su fragancia natural mientras lamía sus pezones y disfrutaba del contacto de mis manos con sus músculos, antes de que las dirigiera a los pantalones de mi amo para quitárselos, dejando a mi vista ese hermoso miembro erecto que cautivó mi mirada mientras terminaba de desnudarlo, obligándome a besarlo en cuanto pude hacerlo, disfrutando del sabor de su sexo, del sonido de los gemidos con los que Rodrigo lograba cautivar mis sentidos y me hacía sonreír al saber que mi hombre estaba disfrutando de mis caricias y mis mimos.
Llenarme la boca con su miembro y sentir sus manos en mi cabeza presionando para que me lo tragara entero, para hacer que su sexo llegara hasta mi garganta, simplemente me hizo perder la cordura, porque con aquellos gestos podía sentir la intensidad de su deseo hacia mí, la euforia con la que disfrutaba de estar conmigo, de saber que lo amaba y entender que aquel sentimiento era correspondido.
- Ven aquí, cariño, quiero que hagamos el amor - expresó, con la voz distorsionada por la excitación, logrando que mi cuerpo reaccionara a esa forma tan cariñosa e íntima con la que me habló, provocando que me levantara para quitarme la poca ropa que llevaba encima, que reptara por su cuerpo lamiendo sus piernas besando de paso su miembro, chupando su abdomen, succionado un poco sus pezones antes de que nuestros labios se encontraran de nuevo al igual que lo hicieron nuestras manos cuando se entrelazaron nuestros dedos, mientras mis caderas se movían para que mi vulva se restregara sobre su miembro en medio de esa ansiosa necesidad que sentía por hacer que me penetrara, porque quería sentirlo dentro, porque sabía que aquello no sería como cualquier otra vez en que hubiéramos tenido sexo, no después de que nos hubiéramos confesado el amor que había entre los dos.
- ¡Ahhh! ¡Mi amor! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Amo sentirte adentro de mí! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - grité, sintiéndome colmada de placer cuando al fin Rodrigo entró en mi cuerpo, cuando pude experimentar esa deliciosa forma como lograba estremecer mi interior, como si aquella fuera la primera vez que hacíamos el amor, como si tenerlo dentro fuera algo nuevo, algo que quería explorar moviendo mis caderas con cadencia, a un ritmo suave con el que poco a poco me acercaba a explotar sobre las piernas de ese hombre de quien me había enamorado sin remedio.
Llevar sus manos a mis senos y hacer que los apretara, mirar el deseo que refulgía en sus ojos, en medio de esa cara maltratada, saber lo dispuesto que estaba a defender a sus siervas e imaginar hasta donde podría llegar por protegerme, todo ello me llevó a derramar lágrimas ante lo abrumador que resultó saberme acompañada del hombre más increíble que había podido conocer en mi vida, una idea que inevitablemente me hizo mover las caderas con más fuerza, dejar que mi trasero brincara una y otra vez sobre mi amado, haciendo que me penetrara hasta el fondo de mi vientre, sin detenerme, tratando de que aquel momento se prolongara tanto como me fuera posible, que mi hombre supiera que en mí tendría a una mujer obediente, completamente alienada a sus deseos, no solo por la relación de sierva y amo que la ley nos obligaba a guardar, sino porque quería hacerlo feliz, porque quería complacerlo en todos y cada uno de los niveles en que yo pudiera hacerlo.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Te amo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Mi hombre! ¡Mi amor! ¡Mi amo! - grité enloquecida por todo lo que sentía, aferrando mis manos a sus brazos, dejando que mis ojos se pusieran en blanco mientras las sacudidas de aquel intenso orgasmo eran acompañadas por los chorros de leche que brotaron del pene de mi amo, provocando una sensación hermosa que me hizo abrazarme a su cuerpo y besarlo con una fuerza desproporcionada, un gesto que él correspondió a pesar de que lo lastimara, antes de que me recostara sobre él sin dejarlo salir de mi vientre, deseando sentir cómo su miembro iba perdiendo su fuerza entre las paredes de mi vagina, mientras poco a poco íbamos recuperando el aliento y la habitación lentamente se iba quedando en silencio.
Después de hacer el amor y sellar con ello el inicio de una relación que trascendía nuestra relación de amo y sierva, iniciamos una plática que se extendió por un par de horas, las mismas en las que estuvimos hablando de cualquier cosa, de nuestros tiempos en la oficina, de nuestras historias de vida, conociéndonos como si aquella fuera nuestra primera cita, creando un momento mágico entre los dos, haciéndome muy feliz porque por primera vez desde que llegué a su vida, pude sentir esa seguridad que me hacía falta experimentar al estar con él, ese algo que me hizo saber que estaba segura a su lado, que jamás se permitiría deshacerse de mí, que me mantendría cerca hasta que uno de los dos dejara ese mundo tan hostil en el que viviríamos el lindo amor que compartíamos.
- Supongo que tu plan de vivir solos los dos, tiene que ver con que no siga teniendo sexo con las otras siervas, ¿Cierto? - me preguntó en algún momento, después de haber platicado de mil y un cosas, haciendo que me pusiera nerviosa mientras consideraba aquello que me estaba preguntando, tomándome a mí misma por sorpresa cuando repentinamente entendí que, tras haber escuchado lo que acababa de decirme, en realidad ya no me importaba compartirlo con otras chicas, algo que creo que surgió de aquella plática que tuve con las otras siervas en la que entendí que ellas conocían muy bien su lugar en el harem de mi amo, en combinación con el saber que mi hombre me amaba, que me quería a su lado, que a pesar de mi estatus me veía como su mujer y que me permitiría verlo como mi hombre.
- Al principio así fue, aunque debo confesarte que en realidad esa idea no es mía. Todo se le ocurrió a Lucero el otro día, mientras preparábamos el desayuno, me dijo que tal vez de esa manera me podría ahorrar los… - me detuve, mirando a Rodrigo con cierta reticencia, pues no estaba segura de que fuera una buena idea hablar con él de lo mal que me hizo sentir el que estuviera con otras mujeres, de la inseguridad que me provocaba y de lo mal que lo pasé antes de que supiera qué era lo que había entre los dos.
- No te gustaba que estuviera con las otras y Lucero se dio cuenta, me imagino que por eso te propuso ese plan, ¿No? - se adelantó, haciéndome sonreír mientras sentía cómo mis mejillas se acaloraban.
- Sí, algo así, ella notó que… bueno, que me ponía mal escucharte al estar con las otras chicas, pero ahora que sé lo que sientes… bueno, creo que ese malestar tenía más que ver con la inseguridad que me provocaba la idea de que me cambiaras por otra sierva, más allá de que estuvieras físicamente con otra mujer, porque ahora que sé lo que sientes, bueno, el que uses a tus siervas ya no me parece tan malo - dije con timidez, mirándolo a los ojos, sintiéndome un poco avergonzada por aquellos sentimientos que, a la luz del amor que sentía por mí, ya no parecían tener mucho sentido.
- ¿Eso quiere decir que ya no te molestarás cuando me escuches teniendo sexo con ellas? - negué con la cabeza, sin poder contener una sonrisa nerviosa que se dibujó en mis labios.
- La verdad es que, después de esa ocasión en que hiciste que Anahí me diera un baño… bueno, digamos que he aprendido a disfrutar de otras mujeres, aunque suelo llevarme mejor con algunas de ellas, en realidad con una de tus siervas, con Lucero, es una buena chica, es muy lista y me he encariñado mucho con ella.
- Sí, lo he notado - contestó, sin dejar de mirarme, antes de que me tomara con suavidad de la nuca y me hiciera besarlo una vez más - quizás sería una buena idea que ella se quedara con nosotros, después de todo, necesitarás que alguien te ayude con las tareas de nuestro futuro hogar y sería bueno que tuvieras una amiga con quien charlar, ¿No lo crees? - sugirió cuando nos separamos, haciendo que sintiera algo muy lindo ante la idea de que esa chica se quedara conmigo.
Nuestro futuro hogar. Aquellas palabras me hicieron sentir viva de nuevo, me dieron la sensación de volver a ser una mujer real y no solo un objeto, algo que me provocó sentimientos tan hermosos que me hicieron besar de nuevo a mi hombre mientras lágrimas de felicidad humedecían mis mejillas.
- Sí, creo que eso sería muy lindo - respondí cuando al fin pude pronunciar palabra, antes de que escuchara una serie de risas provenientes de la sala, las mismas que me inspiraron a demostrarle a mi hombre lo comprometida que estaba con lo que estaba pasando y que aquello que le dije con respecto de que ya no me importaba que estuviera con otras mujeres, era verdad - Rodrigo, ¿Te sientes bien cómo para tener un poco más de intimidad? - le pregunté, sin poder evitar que una sonrisa audaz se dibujara en mis labios, sintiendo casi de inmediato cómo su mano recorría mi trasero desnudo mientras yo permanecía recostada sobre su cuerpo - no, no conmigo, mi amor - expresé, sintiendo esa oleada de electricidad recorriendo mi piel cuando pronuncié aquellas palabras - ¿Sabes? Conozco a tres rubias que creo que están bastante ansiosas por hacerte compañía así que… - sugerí, notando la sorpresa que se dibujó en su rostro maltratado, las dudas que podía observar en la manera como me miraba.
- ¿Estás segura de esto? ¿De verdad entiendes que nada de lo que haga con las siervas significa algo para mí? ¿Entiendes que solo se trata de sexo?
- Si, mi amor, ahora lo tengo claro - respondí, antes de besar sus labios, levantarme de la cama, ponerme una de sus camisetas y salir de la habitación para ir a la sala, donde me encontré con la mirada de esas tres hermanas que se abrazaban las unas a las otras frente a las demás siervas, sentadas en diferentes partes de la sala, observando la forma como me contemplaban, expectantes, esperando que dijera algo, dándome el lugar que mi hombre me había dado en aquella casa, en ese harem que cada vez se iba nutriendo con más mujeres hermosas - Anahí, Liliana y Lourdes, es hora de que le den las gracias a su amo - dije con autoridad, viendo cómo las tres intercambiaban miradas un tanto desconcertadas, notando la manera como Lourdes evitaba mis ojos, seguramente después de que sus hermanas le hubieran explicado cuál era mi posición en esa casa y en nuestra pequeña comunidad.
- Gracias - dijo Anahí cuando pasó a mi lado, acariciando mi brazo y apretándome al final la mano, un gesto que repitieron Liliana y al final Lourdes, que en ese último caso significó que ya había entendido cuál era su lugar, mientras las otras siervas me miraban expectantes, hasta que les repartí algunas tareas y me metí a la cocina con Lucero para preparar la comida.
- Así que ya te lo dijo ¿Eh? - preguntó la chica con una entonación de voz llena de complicidad y una cierta alegría por mí que me hizo quererla aún más de lo que ya lo hacía.
- Sí, lo hizo, y yo también se lo dije - expresé sonriente, intercambiando una expresión alegre con mi amiga, dándome cuenta de que era verdad que en realidad ya no me importaba que Rodrigo estuviera con otras mujeres, porque para ese entonces sabía que era mío y que no había sierva en el mundo que pudiera arrebatármelo.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya terminó) o adquiriendo alguno de mis libros en AMAZON (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
Continúa en
- Relato #247188— title-regex: contiguous parts (18 -> 19)
Relatos similares
- Dominación
Ángela: mi primer novio (6)
Sergio no solo quiere a María; quiere a su amiga también. Y para demostrarlo, te obliga a despojarte de tu orgullo, tu ropa y tu resentimiento, una…
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalInocencia perdida
- Dominación
Mi vida, de pringado a dueño y señor IV
Siempre creyó que era el débil, el que observaba desde las sombras. Pero cuando cruzó la puerta de la mazmorra y vio el miedo en los ojos de su…
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalInocencia perdida
- Dominación
EL ABUELO MATERNO Capítulo 20
El silencio de la casa se rompe con el sonido de la piel contra la piel y el llanto contenido.
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalInocencia perdida
- Hetero: Infidelidad
Casada, cachonda y mal follada
Katrina lleva años esperando que alguien la mire de verdad. Cuando Alex le dice exactamente lo que es, la puerta se abre.
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalCircular termina donde empieza
- Sexo con maduros
Pervertida por un hombre maduro. Parte II. «FINAL»
Marcos no es un novio, es una advertencia. Cada vez que él la toca, la joven comprende que el placer verdadero no tiene nombre ni ternura, solo…
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalInocencia perdida
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 3, Capítulos 23 y 24)
María le pide a Pablo que cierre los ojos y se convierta en Álvaro, pero cada gemido, cada orden, lo aleja más de la fantasía y lo acerca a la…
Comparte:Dominacion masculinaHeterosexual generalInocencia perdida