La profe de yoga
Ella sabe que el yoga es solo la excusa. Él busca paz, pero solo encuentra fuego. Cuando la terapia se vuelve demasiado intensa, la línea entre profesional y amante se desvanece en cada roce.
Me llamo Vanessa, soy profesora de yoga y terapias naturales. Vivo en la costa, y he abierto un centro hace poco. Un día me llamó un chico y me preguntó que terapias daba. Le conté un poco mis servicios y le invité a venir al centro.
Vino un tipo con un buen cuerpo, inevitable fijarme, porque llevo tiempo sin pareja y la biología manda mucho a veces. Le saludé, se llamaba David. Me contó su vida, trabajaba en una multinacional en Marketing, yo había estudiado también esa carrera, pero preferí dedicarme al baile y yoga.
Le invité a sentarse y tomar un té. Su problema era el estrés, y me pedía una terapia a medida para recuperar la paz. El me observaba mi figura con mucho descaro, sé que mi triangulo en la entrepierna resulta muy sexy. Y hoy los leggins me marcaban los labios vaginales de forma poco pudorosa. Entonces me los subí para que se notaran más. Si quería mirar, que tuviera motivo para luego hacerse una paja en mi honor. Le dije que le prepararía un plan, pero que si quería podía quedarse un rato para enseñarle algunas posturas del yoga para relajarse. Inicié con algunas posturas estáticas de pie. David era una risa, no se lo tomaba muy en serio, pero trataba de seguir mis instrucciones.
Luego le expliqué otras para respirar, como reclinarse y levantarse inspirando, él se tomó entonces su primera libertad, me puso la mano en la cadera y en la espalda para ayudarme a bajar mi torso, y al levantarme su mano resbaló por mis glúteos. Y no, no la quitó. Fueron un par de interminables segundos hasta que levantó la mano. Para continuar le propuse practicar otras en el suelo. Mi coñito empezaba a mojarse porque él con esos calzones tipo pantalón se le abrían y le veía su pene por la apertura delantera. Trataba de no mirar, pero a cada postura su glande asomaba más y más. Él parecía no darse cuenta. Yo no evitaba rozarme con él, deseaba que me follara. Pero tenía clase en 10 minutos y no me daría tiempo. Respiré y le propuse vernos cuando le mandara el plan. Él aceptó, también el precio, que sin pensar mucho lo estimé en 500 euros.
Llegué a casa, me di una ducha, me sequé con una toallita y me senté a pensar en el plan para David. Respiré, trataba de ser profesional, pero mi sexo me pedía de comer. Se me ocurrió proponerle actividades, como ir a la playa, bucear, o ir de excursión por la costa, porque qué mejor que una grata compañía para olvidar las penas. Le mandé un mensaje y le propuse vernos en cuanto él pudiera. El me respondió casi instantáneamente, proponiéndome vernos al día siguiente. Acepté. Y me llevé la mano a mi coño, necesitaba tocarme porque este tipo me excitaba. Busqué su nombre en Google, y lo encontré. Tenía pocas fotos, pero era verdad lo que me había contado. En su Instagram encontré una de él en ropa de baño, la amplié y me fijé en su paquete. Copié su foto y la abrí con Photoshop. Busqué un pene en alguna web porno, lo recorté y se lo puse como saliendo del bañador. Saqué del cajón de la nevera una zanahoria del mismo tamaño, y me senté a ver la foto trucada. Unté con crema la base de la zanahoria y me la arrimé a mi vagina. Me toqué el clítoris hasta que me sentí bien lubricada. Luego me fui metiendo poco a poco la zanahoria. Cuando estuvo casi toda dentro, comenzé a hacer como si esa polla me follara. Enseguida me vino el orgasmo. Mañana tenía que follarme al tal David.
Nos vimos en el parking de la playa, me había puesto un biquini negro, con un tanga muy pequeño, y como por casualidad, me metí uno de los bordes entre mi vulva, para que me viera el chocho y fuera excitándose. Obviamente me puse un pareo. Cualquiera no iba a verme la entrepierna. Nos dimos un paseo por la playa. Tras un rato me senté en la arena abriéndome de piernas, estando él mirándome de frente. Sentía la tela dentro de mi coño, por lo que él me estaría viendo todo. Le miré a la cara y sus ojos bajaban y subían como no dando crédito a lo que le estaba enseñando. Mientras hablábamos en esa postura, el viéndome el coño, recíprocamente me fijaba en su paquete. Vi claramente como su pene crecía y se formaba una hermosa tienda de campaña. Me alegré.
Como había mucha gente, no podíamos follar ahí mismo, así que nos metimos en el agua a nadar un rato. Él me cogió de la mano para enseñarme algo en el fondo y le seguí. Como no lograba sumergirme más, el me sujetó de mi cadera y me llevó hasta tocar la arena, me señaló el pulpo, y luego ascendimos, él sin soltarme de la cintura, y demasiado pegado a mi culo. Me giré y el seguía sujetándome, sentí como me acercaba a su cadera. Él me contaba cosas graciosas, creo que para disimular, porque de pronto noté como un gran dedo rozándome mis piernas. Supuse correctamente lo que era. Se había bajado el bañador y sacado el falo. No iba a desperdiciar la oportunidad, subí las piernas y le agarré con ellas. Su pene ahora quedaba pegado a mi coño. Le abracé del cuello. Bastaba con las olas para menearme sobre su pene y sentirlo bien. Esperaba que me besara, deseaba hacerlo yo, pero el juego de meternos mano como “sin querer” me excitaba, por lo que no quise apresurar la cosa.
Salimos del agua, apretaba el sol. Me preguntó si tenía crema de sol. Le dí crema de sol en su espalda y piernas montada sobre él. Cuando acabé, se dio la vuelta estando entre mis piernas, y seguí dándole crema. Subí por sus muslos. Noté como él temblaba cada vez que mis manos se metían bajo su bañador. Buscaba su mango, y acabé encontrándolo. Cuando ví que estaba empalmado, me senté sobre su cadera para darle crema en el pecho. Miré alrededor, y como no vi a nadie mirando, me puse hacia un lado mi tanga, para sentir mis labios vaginales contra su pene. Me puse muy cachonda. Pero así tampoco podía follarmelo. Por detrás se vería perfectamente mi sexo y su rabo en pleno metesaca. Davíd me dijo que me tocaba a mi. Yo me había quedado como traspuesta pensando en eso. Me tumbé y el se puso sobre mi. Me puso crema en la espalda, y luego noté solo una mano aplicándomela. Esa mano fue bajando hasta mi cadera, me puso más crema en el culo, y ahora sí noté la otra mano. Me bajó el tanga mucho, y de pronto noté su miembro entre mis nalgas, caliente y mojado o lubricado en crema. Él hizo un movimiento con su cadera y sentí como mi tanga había sido levantado. Me imaginé que me había metido el rabo por debajo de la tira. Entonces comenzó a masajearme los dos cachetes, y cada vez que los apretaba, notaba como se aplastaba con ellos su falo. Estuvo demasiado rato jugando a eso. Decidí consentírselo, porque me excitaba mucho. Sin embargo no se corrió como yo esperaba. De pronto levantó un poco su cadera, y su pene entro por mi triangulo de la cadera hasta que noté como su glande rozaba piel con piel mi sexo. Quedé a la expectativa de lo que pudiera suceder. Abrí las piernas para facilitárselo. Sin embargo parecía contentarse con subir y bajarlo rozando mis labios vaginales. Mi coño se derretía por tener su rabo dentro. Él notó mi humedad, su pene debería estar empapado por mis jugos. Gemí varias veces porque me llegaba un orgasmo. Me temblaron las piernas como cuando me masturbaba de adolescente. Él dejó de frotarse, y me dijo que pusiera para que pudiera darme la crema por delante. Me quité el broche del sujetador, y me di la vuelta. Mis lolas quedaron a su vista. Con el bote sobre mis tetas dejó caer varios chorros, como si eyaculara, y luego me las masajeó, se puso de nuevo sobre mis muslos, y siguió dándome crema en los hombros y luego el abdomen. No podía más. Como él tenía las manos ocupadas, le bajé el bañador, metí una mano y le agarré del rabo. Se lo saqué y torcí para que entrara entre mis muslos. Él aceptó el juego y me corrió el tanga para que mi coño quedara al aire. Nuestros dos sexos quedaron pegados el uno al otro. Moví la cadera para rozar con mi clítoris su glande, la subía y bajaba haciéndonos una paja simultánea al frotarnos. El tenía sus manos apoyadas en mis tetas, y jugaba con mis pezones apretándolos al salir entre sus dedos. Davíd cerraba los ojos y comenzaba a mover su cadera también. De pronto los abrió y me preguntó si lo tenía dentro. La verdad no lo sabía yo, porque mi vagina debía estar superdilatada para permitir ser penetrada. Él se movió hacia atrás, y luego me embistió. Ahí si me la metió toda. Di un gritito contenido de placer. Me resultaba gordísimo su pene dentro de mi. No había tenido antes esa sensación con otras parejas que había tenido. Se quedó dentro de mi y me besó en el labio inferior, le devolví el beso y le metí la lengua para comérmelo. Era tan excitante que me corrí de nuevo. Esperaba que eyaculara, pero o no lo sentí o no lo hizo. Luego me confesó que se había contenido.
Nos vestimos y continuamos con la terapia. Ahora tocaba ir a cenar al restaurante más caro que había encontrado en las cercanías. Me dejó en casa para que me arreglara. Me puse un vestido vaporoso blanco, sin nada debajo. Al rato vino él a buscarme. Estuvimos cenando y charlando de nuestras historias. Le dije que me gustaría volver a trabajar en Marketing, y me comentó que tenían una oferta de trabajo que podría ser para mi. Mencioné que no tenía casa en Madrid, donde él tenía la empresa, y me dijo que eso no sería problema. Podía vivir con él, o dejarme un apartamento que alquilaba a estudiantes. Le puse el pie en su entrepierna para darle a entender que mejor en su casa. Tuvo una erección tremenda. Estuve jugando con su rabo un buen rato, sé que tengo unos pies muy bonitos y suaves.
Al terminar fuimos al club de golf de la zona y dimos un paseo. Nos besamos como dos adolescentes. Se excitó mucho al notar que no llevaba tanga. En un recodo del jardín, me abrazó y se sacó su falo para ponerlo en mi entrepierna. Lástima que el vestido fuera tan largo. No supe como subírmelo para que me tocara el coño.
Decidimos ir a su casa, entramos y me llevó a su dormitorio me recostó sobre la cama, me levantó el vestido, se quitó el pantalón, y me penetró sin más preámbulos. Como llevaba todo el día excitado sin correrse, esperaba que todo acabara pronto, pero no. Despues de follarme estando él sobre mi, me pidió que me quitara el vestido. Nos desnudamos los dos, me puso a cuatro patas y me la metió de nuevo. Su cadera y la mía chocaban muy sonoramente, y teníamos todas las ventanas abiertas. Miré por si éramos el espectáculo del barrio, pero no, la vegetación del jardín nos daba cierta privacidad. Luego me puse yo sobre él dispuesta a cabalgarlo y sacarle su leche. Me agoté y seguía sin correrse. Yo sin embargo ya llevaba tres orgasmos y me quedaban pocas fuerzas. Me giré para buscar su pene, y me lo llevé a la boca. Él también busco mi coño. Parecía tener una lengua más larga que su falo. Me dio un orgasmo tan intenso que mis piernas temblaban sin parar, y claro, no podía chupársela, pero su pene me golpeaba mis labios y mejillas. Por fin me calmé, y se lo comí para devolverle el placer que me había proporcionado. Sentí que palpitaba para eyacular. Como sabía que le gustaba el juego del roce, me puse de nuevo sobre él, e hice que mis labios vaginales resbalaran sobre su sexo. Me tomó con fuerza de la cintura para levantarme y me penetró. Seguí su juego y le cabalgué de nuevo. Sentí fuego en mi interior y me corrí de nuevo. Él se puso muy tenso y también le tembló el cuerpo por el orgasmo. Sentí como su abundante leche resbalaba por mis muslos. Fueron unos días de pasión constante. Mis compañeras del centro de yoga me llamaron para preguntarme si estaba enferma, por faltar cuatro días. Estaba como drogada, con mono por follarle.
El me propuso el día en que se marchaba, que aceptara el empleo. Suponía dejar el centro de yoga, pero como mis compañeras se podían apañar sin mi, acepté. No era un puesto exactamente de marketing, sino su asistente personal. La única exigencia era excitarle en horas de oficina, constantemente. El salario no estaba nada mal, y me permitía ahorrar para comprarme mi apartamento, y comprarme vestidos para cada día sorprenderlo con uno más sexy que el anterior.
El primer día me costó un poco jugar a esto, pero él se encargó de ponérmelo fácil. Me pidió que leyera un texto. Era el relato de nuestra aventura en la playa. Me puso cachondísima. Sentada sobre su mesa, le metí mis piernas entre sus piernas hasta notar que lo tenía erecto. Nos besamos, y a la vez me desnudaba y yo a él. Me senté en el borde del escritorio, me bajó las bragas, y me lo metió lentamente hasta que sus huevos chocaron con la mesa. Me recostó sobre la mesa, y me folló. Esta vez sí se corrió en un tiempo razonable. Me recogí con las manos el semen que caía por las caras interiores de mis muslos y me lo llevé a mi boca. Eso le gustó, porque su falo no se arrugó. A continuación me puse de rodillas y se lo lamí hasta dejárselo limpio. Nos fuimos a cenar a un restaurante caro de moda, porque estas cosas merecían su bonus por superar con creces los objetivos laborales. Sé que iba oliendo a sexo, a mis jugos y a su semen, porque todos los tíos que se cruzaban conmigo se volvían a mirarme con ojos de perros en celo. Sobre todo el camarero, al que se le cayó la botella de vino al servirnos.
Relatos similares
- Hetero: General
Enrique, el amigo de mi padre (2)
La cocina se vacía por unos segundos, pero el deseo acumulado durante semanas de llamadas picantes no cabe en el silencio.
Comparte:Relacion profesor alumnaErotismo romanticoTransgresion moral
- Hetero: General
Un masaje especial
La clínica está a punto de cerrar y el silencio reina en el consultorio. Cuando la puerta se abre, Ángel sabe que esa noche el masaje no será…
Comparte:Erotismo romanticoRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: General
Pídeme lo que necesites
El almacén del sótano estaba a punto de convertirse en su lecho. Ella sabía que él la miraba, y esta vez, decidió no dejarlo con la curiosidad.
Comparte:Erotismo romanticoRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: General
La masajista se pone ofrecida
La sesión de masaje debería haber sido un momento de relajación, pero la tensión entre el cliente y la masajista se vuelve insoportable.
Comparte:Erotismo romanticoRelacion profesor alumnaTransgresion moral
- Hetero: General
La amante secreta del concejal : que buen sexo!!!
Tiene la edad, el cuerpo y la libertad para hacerlo, pero el riesgo de ser descubierta es parte del juego.
Comparte:Erotismo romanticoRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: General
Una cajera del Mercadona – Parte 1
Laura lleva más de un año escaneando tus compras, pero hoy la cosa cambia. El uniforme ya no es una barrera, sino una invitación.
Comparte:Erotismo romanticoRelacion profesor alumnaDeseo reprimido