Quiero ser cornudo (Cap. 6)
El destino le puso a Miguel en su camino profesional, pero la tentación es más fuerte que la discreción. Entre el ruido de la oficina y el silencio de su habitación, Lidia descubre que lo prohibido sabe a verdad.
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CAPÍTULO 6
LA VISITA INESPERADA
Con el pasar de los días, Lidia recuperó la normalidad, aunque cada vez que hacía el amor con su marido tenía la sensación de que faltaba algo.
Era otoño y con el ritmo del trabajo y el frio la lívido de la pareja bajó bastante dándole a Lidia un respiro. En cierto modo, parecía que Nando había superado sus fantasías o que, con lo que había conseguido, ya había tenido suficiente. Al menos, durante aquellas semanas dejó de insistir y rememorar el encuentro con Miguel.
También parecía que se había olvidado de las conversaciones en línea entre ellos dos, porque ya no pedía continuamente si había recibido mensajes ni insistía en que contactara con él.
Y cuando más tranquila estaba, sucedió algo totalmente inesperado.
Aquel jueves, como cada día, Lidia tomó el autobús de las 8:45 dirección a la gestoría en la que trabajaba. Como cada día llegó a su despacho a las 9 en punto de la mañana y tomó un café mientras encendía el ordenador. Como cada día se organizó el horario en función de las visitas de los clientes de su cartera pero, aquel día, le llamó la atención una cita programada para las 12:45 con un tal Miguel Sánchez, responsable de una empresa llamada Josymi SL dedicada al desarrollo de juegos online.
Era un cliente nuevo, no le sonaba ni el nombre del responsable ni el de la empresa, así que se dedicó a sus tareas habituales sin prestarle más atención. Aquel día tenía que responder varias consultas sobre Hacienda y cumplir con dos visitas de clientes “complicados”. Clientes de los que siempre ponen pegas a todo, ponen en duda sus recomendaciones y cuando, al no seguirlas, se meten en problemas y se lo echan en cara.
Así que cuando se hicieron las 12:45 estaba especialmente cansada, disgustada y asqueada. La última visita había sido un infierno y le faltó poco para llamar a seguridad y echar al cliente de su despacho.
Cuando le informaron de la llegada de la visita, pidió un par de minutos, cerró los ojos, se relajó todo lo que pudo y, cuando llamaron a la puerta, tomó aire y la abrió con renovadas energías.
Nada podía prevenirla de lo que se le venía encima y nada más abrir la puerta se quedó completamente paralizada. Miguel Sánchez, el responsable de Josymi SL no era otro que su Miguel, el atractivo Miguel con el que había chateado y tenido una cita dos meses atrás y con el que había estado soñando día sí y día también.
También Miguel se sorprendió. No se lo esperaba, pero tardó menos en reaccionar y le ofreció la mano:
–Hola Li..., soy Miguel Sánchez y vengo en representación de Josymi SL para contratar los servicios de gestoría de su compañía.
Inteligentemente, delante de la secretaria, simuló no conocerla; tampoco se atrevió a llamarla por su nombre ya que, en el último momento, se le ocurrió que tal vez fuera un nombre falso.
Pronto Lidia se recuperó de la impresión pero aun tartamudeando dijo:
–Adelante Mig... gguel Sa... Sánchez, tome asiento – dejó que entrara, le ofreció una silla y se sentó frente a él.
Ya solos, Miguel se atrevió a ser más familiar.
–¡Vaya sorpresa Lidia! Porque... en realidad ¿te llamas Lidia? ¿no?
–Sí, sí – respondió Lidia con un hilo de voz
–Vaya coincidencia. No salgo de mi asombro. Bueno, esto hay que celebrarlo. Pero antes, dime, ¿Qué ha sido de ti estos meses? No insistí en mandar mensajes porque me lo pediste así, pero me moría de ganas de charlar contigo.
–Perdona Miguel, pero este no es el sitio para hablar de esto. Si te parece, nos centramos en el aspecto profesional de esta entrevista, me explicas a que se dedica tu empresa, que tipo de gestión estás buscando y yo te informaré de los servicios que ofrecemos y las tarifas. Luego… – hizo una pausa larga – si te parece bien a la 13:30 salgo a almorzar.
Y tras otra pausa un poco más larga añadió:
– Si… si… si quieres comemos algo y charlamos un poco.
La entrevista no fue larga. Miguel junto con otro socio llamado José Plaza habían fundado hacia un par de años una empresa de desarrollo de juegos online. De sus nombres se formó el nombre de la empresa Josymi (José y Miguel). Afortunadamente habían logrado que uno de sus juegos triunfara y estaban facturando bastante dinero, de modo que lo que había empezado como una empresa con pocas perspectivas de éxito, se había convertido, de un día para otro, en un negocio muy rentable.
Tenían que crecer, contratar personal, buscar oficinas adecuadas y tratar con la fiscalidad del estado del modo más beneficioso posible, vaya, pagar el mínimo de impuestos.
A la 13:23 se despidieron formalmente y Miguel se fue al restaurante acordado para esperar a Lidia que no tardaría mucho en salir. Decidieron hacerlo así, para evitar ser vistos por los compañeros y que pudieran malinterpretar sus acciones.
Cuando Lidia salió hacía frio y lloviznaba. No tenía ni abrigo ni paraguas así que corrió junto la pared hasta llegar al restaurante y entrar de un brinco. Ya en el interior, nada más levantar la vista vio a Miguel esperando en la barra a que le asignaran una mesa.
Se saludaron con dos besos justo cuando un camarero les indicaba el camino a seguir.
Ambos estaban nerviosos y se notaba que les costaba empezar la conversación de modo que esperaron a recibir la carta y pedir. Lidia pidió una ensalada con queso de cabra mientras que Miguel optó por el menú del día.
Mientras esperaban sus platos, Miguel rompió el silencio:
–¿Y pues? ¿Qué me cuentas?
–Nada especial – respondió Lidia parca en palabras.
–Bueno, ¿tu estratagema funcionó? Nando, umm… ¿se llama Nando verdad? ¿Dejó de insistir?
–Sí, sí, se llama Nando y la verdad es que ahora parece que sí. Bueno, el primer mes fue de locura, me pedía continuamente que se lo contara, una y otra vez, pero ahora ha aflojado un poco. De hecho hace un par de semanas que no me ha pedido nada al respecto.
–¿Pero que le contaste? ¿Te inventaste una buena película?
–No. Al final le conté la verdad – confesó Lidia.
–¡Vaya! – se sorprendió Miguel – creí que tenías intención de exagerarlo todo.
–Pues no hizo falta, aquel día todo se me fue de las manos.
–Pero si no hicimos nada... – replicó Miguel.
–¿Nada? A tenerte desnudo delante de mí, con la… la… la… eso… joder… la polla en mi mano… ¿a eso le dices nada? – dijo bajando la voz hasta terminar casi susurrando.
–Bueno, visto así... pero no hicimos nada más, no me masturbaste, no follamos, apenas sí te acaricié un pecho. Y cada noche sueño contigo.
–Y yo – se sinceró Lidia sin querer. De hecho se dio cuenta apenas hubo pronunciado las palabras pero ya era tarde. Miguel lo había oído perfectamente.
Les sirvieron los platos y por unos momentos se centraron en ellos olvidándose de la conversación.
–¿Por qué cada vez que tengo la sensación de llegar donde deseo… alguien nos interrumpe? – dijo obligando a Lidia a sonreír sinceramente.
–El destino – contestó Lidia sarcásticamente.
Lidia comió rápido porque apenas tenía una hora libre y ya había transcurrido más de la mitad. Así que la conversación no dio para mucho más.
Tan rápido como había venido, Lidia se fue despidiéndose de Miguel con dos besos y echando a correr para no llegar tarde a su siguiente cita.
* * * * *
Ya en casa, Lidia recibió un mensaje de Miguel que, después de comer juntos, creyó que podía romper el silencio que duraba desde los días posteriores a su primer encuentro.
[Miguel] Me ha hecho mucha ilusión volver a verte.
[Lidia] Y a mí. Aunque como te dije, continúo deseando ser fiel a mi marido.
[Miguel] Sentir tu ardiente pecho en mi mano...
[Miguel] Tu respiración tan cerca de mí...
[Lidia] ¡Calla!, ¡calla!...
[Miguel] ¿Puedo pedirte un favor?
[Lidia] ¿Cuál?
[Miguel] Las fotos que hicimos ese día, ¿puedes enviarme alguna?
[Lidia] ¡Ni hablar!, además ya las borré.
[Miguel] No sé porque pero no te creo.
Lidia] Pues sí, están borradas.
Mintió Lidia que, tras dar por zanjada la conversación, abrió la carpeta del ordenador donde las tenía guardadas y las repasó.
Todas eran muy morbosas y se excitó solo con verlas, aunque resistió la tentación de acariciarse el sexo.
Y entonces, vio la foto en la que se la veía a ella agarrando con la mano la polla de Miguel... “¡Que polla!” pensó y cerró la mano como si aún pudiera sentirla.
Se relamió los labios imaginando su sabor y sin poder contenerse más, se acarició el clítoris con el dedo corazón.
–¡Ummmmm!!! – jadeó.
Y continuó añadiendo el dedo índice y, juntos, se introdujeron en su húmedo y depilado coñito empapándose de sus flujos vaginales.
–¡Ahhhhh!!! – suspiró masturbándose mientras miraba las fotos de Miguel con ese cuerpo desnudo, fuerte y atractivo.
–¡Cariño, ¿estás en casa?! – gritó Nando al entrar al comedor y no ver a nadie.
“Mierda” pensó Lidia que tuvo que interrumpir esa deliciosa masturbación.
“Que inoportuno es” pensó, “¡otra vez!”.
Cerró el ordenador y salió, aún azorada, a abrazar a su marido.
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