Xtories

Me follo a mi amiga en vacaciones sin su novio

El apartamento tiene tres habitaciones y solo tres camas. La lógica dicta que uno de ellos compartirá cuarto con el narrador. Pero cuando la puerta se abre a medianoche y Lizzie entra sin ropa, las reglas del juego cambian para siempre.

Perrito caliente20K vistas8.9· 18 votos

Último relato de la saga de mi amiga Lizzie...

Habían pasado algunos años desde los acontecimientos de mi último relato. La cosa entre Lizzie y yo se fue enfriando y la lujuria inicial se fue apagando poco a poco, casi hasta volver al punto de ser solamente amigos como al principio. Bien dicen que la costumbre es más fuerte que el amor, pues aunque varias veces Lizzie me dijo que me quería, siguió con su novio hasta después de graduarse. Lizzie había entrado a trabajar en un banco, mientras que yo conseguí un puesto en una multinacional de prestigio.

Sin embargo, el destino siempre tiene preparados giros inesperados y cuando menos me lo esperaba Lizzie finalizó su relación con Jorge. Si bien yo había tenido varias parejas durante ese tiempo, siempre me quedó esa espinita clavada de nunca haber formalizado la relación con mi querida amiga y amante. Por eso cuando me enteré de la noticia, me metí en el papel de amigo comprensivo, pero también buscando reavivar la llama que teníamos antes. Lizzie se dio cuenta y me dio vía libre para intentar conquistar su corazón.

Salimos un par de semanas en plan “novios” tratando de comprender si en verdad estábamos hechos el uno para el otro como pensábamos. ¿Qué podía salir mal? Eramos buenos amigos y nos atraíamos mucho en el ámbito físico-sexual. Pues para no hacer el cuento largo, nuestras dos semanas de “novios” fueron un total fracaso. Nos sentíamos muy raros intentándolo, todo se sentía forzado, poco natural. No nos iba para nada el rollo romántico.

Decidimos dejarlo. Acordamos olvidarnos de este intento fallido de romance y volver a ser tan amigos como siempre. Todo iba bien hasta que un par de meses después, me enteré que volvió a retomar su noviazgo con Jorge. Eso me devastó, me sentí humillado. ¿Qué tenía Jorge que no tuviera yo? ¿Por qué a pesar de hacerla reír y complacerla sexualmente, no era yo suficiente para ser su novio oficial?

Poco tiempo después, llegó el verano. Y con él, las ganas de vacaciones, playa y poca ropa. Teníamos un grupo de seis amigos en el que estábamos Lizzie y yo. Hartos de nuestros trabajos corporativos, nos pusimos de acuerdo en hacer un viaje a la playa. Mi padre tenía un apartamento de playa que le pedí prestado. Compramos los billetes de transporte ese mismo día y nos lanzamos a la aventura.

Éramos tres chicas y tres chicos, plan perfecto para un puente de cuatro días. Sin embargo había un problema: el apartamento tenía 3 habitaciones pero solo 3 camas individuales. Las matemáticas decían que al menos un chico y una chica tendrían que dormir en la misma habitación.

Decidimos dejar esa decisión para más tarde. En ese momento queríamos fiesta y ya nos acomodaríamos como pudiésemos al volver de la discoteca. Lizzie le hizo una videollamada corta a su novio y salimos en busca de diversión. La noche transcurrió relativamente tranquila y al volver de la discoteca, el tema de las camas ya estaba resuelto: un chico y una chica del grupo se habían liado esa noche y decidieron compartir cama. Lizzie dormiría con la chica restante y el otro chico se pidió el sofá. Dejándome una habitación para mí solo. Lo único relevante de esa noche fueron los gemidos y gritos de nuestros amigos follando en su habitación. Dos jóvenes disfrutando de su sexualidad plenamente, sin complejos ni ataduras. Seguramente a Lizzie eso le habrá excitado tanto como a mí, pues la actitud fría y distante que había mantenido conmigo hasta ese momento cambió radicalmente al día siguiente.

Por la mañana, después de desayunar con cerveza y tabaco, salimos a la playa. Lizzie lucía espectacular. Llevaba un bikini alto que se acomodaba perfectamente a su esbelta figura y resaltaba sus amplias caderas y su perfectamente redondeado culo. Con el paso de las horas bajo el sol adquirió un bronceado perfecto que combinaba de maravilla con las pecas de su rostro. Estuvimos un rato en una discoteca de playa, comimos, bebimos, nadamos, jugamos y finalmente volvimos al apartamento para descansar un rato y planear la salida de esa noche.

Al llegar, todos se fueron a sus respectivas habitaciones y no pasó mucho tiempo para que todos se quedaran dormidos. O eso pensé. Encendí el aire acondicionado y me disponía a poner la tele cuando ocurrió.

Sin llamar a la puerta, girando lentamente el pestillo para no despertar a los demás, lentamente entró Lizzie. Llevaba solo el vestido de playa negro que había usado todo el día, pero ya no llevaba el bikini. A unos pasos de la puerta me miró fijamente a los ojos y se pasó los tirantes de su vestido por encima del hombro haciendo que su vestido cayera al suelo, mostrándome de esa manera su escultural cuerpo. Yo estaba petrificado, no sé si por la sorpresa, la excitación o los sentimientos encontrados. No sabía qué pensar, pero ya no me importaba. El verla ahí completamente desnuda, ofreciéndome su belleza, su cuerpo, en ese momento solo para mi, en ese momento era mía, solo mía y de nadie más.

Se acercó a la cama, su lenguaje corporal me decía que estaba ahí para complacerme, para entregarse a mí, como si fuera la última vez. Lizzie bajó mis boxers y comenzó a mamar mi verga. Lo hacía como toda una experta: comenzó despacio pero luego al excitarse fue aumentando la velocidad. Lo chupaba como con desesperación, lo agarraba con una mano mientras lo lamía por los lados y jugaba con la punta con su lengua.

Mi polla ya se encontraba completamente lubricada, al igual que ella con sus fluidos, así que ya estábamos preparados para el plato principal. Con mi pene erecto en posición vertical, Lizzie se montó en la cama y lentamente se introdujo mi polla en su vagina calientita. Me recordó a la primera vez que follamos hacía ya varios años, lo ansiaba, deseaba hacerla mía y estar dentro de su cuerpo. Comenzó a montarme, lentamente movía sus caderas, provocando en mí la sensación de que mi verga se iba a derretir dentro de su deliciosa concha; húmeda, caliente, apretada como si de una virgen se tratase. Los movimientos de Lizzie se fueron haciendo cada vez más rítmicos, lo que comenzó con unos suaves movimientos de cadera, se habían convertido en unos fuertes y agresivos sentones en los que mi polla entraba y salía por completo una y otra vez. Lizzie estaba llegando al orgasmo y yo también. Ya no nos importaba nada, no nos interesaba si nos escuchaban en la otra habitación. Lizzie gemía como una puta y al llegar al éxtasis los gemidos se convirtieron en gritos. No pude aguantar más, nos corrimos al mismo tiempo. Descargué una cantidad de semen descomunal, sentía como mi polla no pudiera dejar de pulsar y palpitar, inundando por completo las entrañas de mi bella amiga.

Lo habíamos estado deseando, ambos lo queríamos pero no sabíamos cómo superar la incomodidad de nuestro romance fallido. Nos tumbamos en la cama, nuestros cuerpos estaban ardiendo, ni siquiera el aire acondicionado podía bajar la temperatura de esa habitación. Nos besamos, nos abrazamos un rato, luego nos acomodamos de cucharita, dispuestos a dormir. Observé su culo perfecto, vi como mi esperma escurría como un río por sus muslos, veía su cabello castaño oscuro mezclado con el agua de mar. En ese momento lo comprendí: ¿qué importaba que su corazón le perteneciera a otro? Si en ese momento esa hembra alfa, esa tremenda mujer era mía, la había hecho mía incontables veces, su cuerpo ya estaba marcado por mi. Nos habíamos unido tantas veces, tantas veces estuve dentro de ella, tantas veces me vacié en su interior que podría decir que fue tan mía como de cualquier otro.

Nos quedamos dormidos en esa posición. Nuestros amigos llamaron a la puerta para avisar que era hora de irnos de fiesta nuevamente pero no contestamos. Se fueron sin nosotros y ahí nos quedamos, abrazados, durmiendo tiernamente juntos sin pensar en nada ni nadie más.

A la mañana siguiente desperté y Lizzie estaba de espaldas a mí nuevamente. La imagen de su culito redondo volvió a encenderme y rápidamente tenía una vez más mi polla erecta. Comencé a acariciar el culo de Lizzie para ver si me recibía o me rechazaba, pero ni siquiera se inmutó, así que fui acercando mis dedos hasta la entrada de su cueva, de la fuente del mayor de mis placeres hasta ese momento. Y con dos dedos comencé un mete-saca que poco a poco fue provocando la lubricación de la vagina de mi amada amiga, y cuando los gemidos comenzaron a aparecer, supe que estaba lista. En posición de “cuchara” hundí mi dura verga en su rico coño. Deslicé mi miembro viril dentro de ella a un ritmo lento, dejando que la excitación se cocinara a llama baja. Luego cuando me cansé de esa posición y al darme cuenta que ya estaba totalmente despierta, la levanté, la puse en cuatro y comencé a follarla estilo perrito. La vista de su culo en esa posición era como siempre un espectáculo indescriptible y la imagen de mi verga entrando y saliendo de ella se quedarán para siempre en mi memoria. No aguanté mucho más, en esa misma posición alcancé el clímax y eyaculé con gran fuerza, descargando todo mi semen en el útero de mi amiga, mi amante, mi hembra. Se llevó ese último recuerdo de mí en su interior.

Y esa fue la última vez. Nunca más volvimos a tener sexo, ella siguió con su vida, yo con la mía. Seguimos siendo amigos, pero ya no nos tocamos, ya no nos besamos, ya no follamos. Cerramos ese capítulo de nuestras vidas esa misma mañana. Lizzie se levantó, se puso el vestido que llevaba la noche anterior, me dio un beso en la mejilla y me dijo “buenos días”.

este, al igual que todos mis relatos, es verídico. Todos mis relatos están basados en vivencias reales de mi juventud. Únicamente cambié los nombres para mantener la privacidad de los protagonistas.