Xtories

A mi amiga le gusta que su novio le bata mi leche

La tensión sexual acumulado durante un mes estalla cuando Lizzie, lejos de los ojos de su novio ebrio, te lleva al baño de su casa. No hay tiempo para preliminares, solo la urgencia de llenarla y la promesa prohibida de que su pareja sienta tu esencia.

Perrito caliente18K vistas8.9· 22 votos

Continuación de mi relato “Mi amiga y yo follamos cuando salimos sin su novio”.

Después de cruzar la delgada línea de la amistad entre un hombre y una mujer, Lizzie y yo seguimos follando regularmente, mientras ella mantenía la relación con su novio. Para este tiempo nuestros amigos en común ya sabían que Lizzie y yo éramos amantes y que ella le ponía los cuernos a su novio.

Había pasado casi un año del encuentro que desencadenó todo y se acercaba el tiempo de navidad. Tenía ya más de un mes que no nos veíamos, pues con los exámenes de la carrera en puerta y otros compromisos, no había tenido tiempo de follarme a mi querida amiga. En ese tiempo yo no tenía pareja estable, así que mis huevos estaban a punto de reventar.

Lizzie decidió ofrecer una fiesta navideña en su casa, pues contaba con un jardín grande, suficiente para albergar una fiesta de 50 personas o más. Naturalmente para una fecha tan especial, su novio Jorge estaría presente, por lo que yo no esperaba que pasara nada esa noche.

Ese día Lizzie se veía espectacular, llevaba un vestido corto, color negro con estampado de flores que resaltaba su esbelta figura y sus curveadas caderas, unas botas negras largas hasta la rodilla y un abrigo ligero color negro. Su labial rojo contrastaba con su hermosa piel blanca y combinaba muy bien con su largo pelo negro. Una belleza.

La fiesta no estuvo mal: comida, cervezas, vino, ponche, whisky, juegos, baile, debo decir que pasé un buen rato. Sin embargo la tensión sexual con mi amiga era demasiado fuerte y el no poder hacer nada porque su novio estaba presente me estaba frustrando demasiado. Por lo cual, aproximadamente a la 1 decidí montarme en mi coche e irme a casa.

Para esa hora Jorge ya estaba bastante ebrio, se notaba que el chico tímido y poco agraciado no manejaba bien el tema del alcohol y la combinación de varias bebidas lo había dejado en un estado cercano a la inconsciencia, por lo que se quedó en una mesa charlando con otros chicos y dejando que Lizzie disfrutara de la fiesta con sus amigos.

Al despedirme varios amigos me insistieron en que me quedara, que la noche aun era joven y al día siguiente no había clases. Yo opinaba lo mismo, pero la frustración de no poder satisfacer mis necesidades sexuales con mi amiga Lizzie me estaba volviendo loco.

Lizzie avisó a su novio que me acompañaría a la puerta a despedirse, a lo cual el asintió, casi de manera inconsciente por su estado etílico.

Lizzie me acompañó hasta donde tenía el coche aparcado y sin decirme nada se montó en el asiento acompañante. Una vez dentro, no tuvimos que decir nada: nos lanzamos el uno sobre el otro y nos besamos apasionadamente como dos leones enjaulados a los que por fin dejaron libres. Probablemente Lizzie estaba en la misma situación que yo, deseando con todas sus fuerzas que me la follara en el acto.

Pero Lizzie y yo sabíamos que había muchos coches aparcados por ahí, así que teníamos que buscar un sitio alternativo. Salimos del coche, me cogió de la mano y me guió por una puerta trasera de su casa que llevaba directamente a la cocina sin pasar por el patio. Subimos rápidamente las escaleras y nos encerramos en el baño de la planta alta.

Teníamos que hacerlo rápido, ya que ese baño estaba siendo utilizado por los invitados de la fiesta, aunque solo como alternativa al baño de la planta baja. Rápidamente bajé las bragas de Lizzie y sin quitarle el vestido ni las botas, nos despegamos del beso que habíamos mantenido desde que cruzamos la puerta y la volteé para darle de perrito. Me bajé los pantalones y el boxer mientras ella apoyaba una pierna en el WC para facilitar la entrada de mi dura verga. Me apresuré a acercar mi polla a la entrada de su húmedo agujero, mi lugar favorito en todo el mundo, y comprobé que Lizzie ya estaba muy mojada, pues mi pene se deslizó con suma facilidad hasta el fondo de su apretado coño.

Comencé a bombearla en esa posición, mientras ella me miraba por el espejo con lujuria y gemía moderadamente con cada empujón que le daba con mi pene. Procuré en todo momento disfrutar del tacto de su delicioso cuerpo, palpando todo lo que estaba al alcance de mis impacientes manos. La embestía con fuerza mientras tocaba una de sus tetas, por ratos la cogía de las caderas y acariciaba su enorme culo y en ocasiones tiraba de su pelo con fuerza para provocar más su excitación. Lizzie se mordía el labio, lo podía ver por el espejo, lo cual me excitaba todavía más.

Cambiamos de posición. Lizzie se sentó en la repisa al lado del lavamanos, se abrió de piernas y me invitó con la mirada a penetrar su deliciosa vagina. Así fue. En esta posición pude alcanzar una mayor profundidad en su intimidad, hundiendo mi polla hasta desaparecer por completo y tocar el fondo de su húmeda cavidad. A pesar de lo mucho que me gustaba la posición de perrito, me excitaba mucho más ver la cara de puta que ponía Lizzie frente a mi, mirar como su mente se dejaba llevar por el deseo y se olvidaba del resto del mundo, incluido su novio. Me encantaba observar de frente su hermosa carita y besarla de vez en cuando mientras mi verga entraba y salía de su mojado coño.

Ambos estábamos muy calientes y cada roce, cada embestida nos acercaba más y más al éxtasis. Aunque ya nos habíamos acostumbrado a usar condón en nuestros encuentros sexuales, en esa ocasión por las prisas y las circunstancias lo habíamos olvidado por completo, por lo que tuve que preguntarle a mi amiga dónde quería que me corriera. No podíamos arriesgarnos a que le manchara su outfit, tampoco a ensuciar el baño, pues habíamos escuchado pasos fuera y teníamos que salir de ahí pronto, antes de llamar aún más la atención. Lizzie encontró la mejor solución: “córrete adentro, quiero sentir tu leche dentro de mí una vez más”. Como siempre, busqué una doble confirmación, a lo que ella respondió: “más tarde voy a follar con mi novio, y quiero sentir cómo él me bate tu leche por dentro”. Dichas palabras causaron en mí un morbo increíble y terminaron por desencadenar mi orgasmo. Tan solo después de un par de embestidas más, terminé eyaculando todo el semen acumulado por más de un mes en lo más profundo del apretado coño fértil de mi querida amiga.

Ella cerró los muslos y apretó para conservar todo el espeso líquido blanco en su interior, nos apresuramos a ponernos la poca ropa que nos habíamos quitado, ella subió sus braguitas y abrió un poco la puerta para comprobar que no hubiera nadie afuera, salimos rápidamente y nos dimos un beso de despedida. Sin decirnos nada ella volvió a la fiesta y yo salí por la puerta trasera en dirección hacia mi coche, todavía asimilando la increíble velada que acababa de tener.