Romance con el taxista por aceptar una cerveza
Solo fue una cerveza. Pero la mirada de Alfonso no dejaba lugar a dudas: quería más. Y ella, cansada de la rutina, decidió no decir que no.
Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 32 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres y algunas mujeres que botan su cabeza para mirar o envidiar, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.
Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.
Hoy les relataré un día en que me presté para conquistarme a mi vecino taxista, aceptándole una cerveza.
El domingo 6 de marzo de 2022, recuerdo la fecha porque Alfonso me la recordaba a cada momento y se me quedó grabada en mi inconsciente. Ese día mi esposo había llegado a la madrugada muy tomado, estaba con un compadre en una reunión a la que no fui invitada por celos infundados de la comadre, eso creo yo, sin embargo, mi esposo y el compadre son muy buenos amigos. A eso de las 10 de la mañana salí a la tienda de la cuadra a comprar algunos víveres para prepararle un buen almuerzo. Terminé el pedido y me provoqué de una cerveza con ese calor que ya estaba haciendo, me fui a sentar en una mesa que estaba sola, en otra de por medio estaba un vecino a quien llamaré Alfonso, quien se desempeña como taxista, estaba tomando con otro señor.
Alfonso ronda los 30 años, es trigueño, cejas pobladas, usa barba de candado, 170 estatura, atlético, es bien parecido y esos ojos negros picarones brillan cuando se emociona. Su amigo ronda los 38 años, es más bajo de estatura, unos 165 cm, tez blanca, ojos amarillos oscuros, pelo café, muy barrigón, a quien llamaré César.
Alfonso me vio dirigirme con la cerveza en la mano y me llamó: vecina, con todo respeto venga y se sienta con nosotros, compartimos una cerveza y charlamos un rato, dijo eso mientras levantaba su botella. Como era conocido de la cuadra, acepté con la intención de tomarme la cerveza y después disponerme a preparar el sancocho para mi esposo.
Vecina, le presento a mi amigo César, vive en Girón, hasta que se me hizo el placer de sentarme junto a usted, la mujer más hermosa, sensual y provocativa del barrio y no lo digo por estar tomado, es porque es la verdad, lo digo con todo el respeto del mundo. Es que esa manera en que se viste y desfila deja muerto a cualquiera, a propósito, esa pantaloneta le queda estupendamente bien, en fin, es que todo lo que usted se pone la hace lucir como una reina, no paraba de sus elogios ese Alfonso.
Si, repuse yo, esa pantaloneta esta buena para dar de comer a los zancudos, miren ya me picó uno, dije mientras me sobaba una pierna.
Zancudo atrevido, pero tiene más suerte que muchos de nosotros, verdad César, dijo Alfonso mientras daba una palmada a su amigo en los hombros. Vecina, tiene usted el mejor cuerpo de muchas mujeres que se creen las más bonitas y elegantes, lo digo con todo respeto, su marido debe estar orgulloso de la mujer que tiene como esposa. Atiné a darle las gracias y me iba a levantar de la meda cuando Alfonso pidió otra ronda, al minuto César pidió otra ronda, me dejé convencer con una sonrisa de Alfonso que me pedía que me quedara otro rato.
En un momento en que César se paró al baño y a pagar la cuenta, Alfonso quien ya estaba algo tomado me dijo como en secreto: vecina, yo la vi a usted la semana pasada, charlando con un señor en un bar cerca a la Universidad, estaban muy junticos y de verdad que sentí celos.
Imaginación suya, yo no he ido por allá y si lo hubiera hecho seguramente no estaría haciendo nada malo y de hacerlo pues, no le debo entregar cuentas a usted, le dije algo seria. Alfonso contestó: No se ponga bravita, no estoy haciendo reclamos, lo digo es para que tenga cuidado, alguien la puede ver y tomar alguna foto y mostrársela a su marido, le estoy ahorrando un problema, nada más, lo digo con todo el respeto. Mi cabeza analizó esa advertencia, cual computadora de la nasa y comprendió que ese tipo tenía la razón.
Llegó César con más cerveza en la mano, para todos, yo no quiero más cerveza, tengo que hacer el almuerzo para mi esposo que esta enguayabado, voy a prepararle un sancocho para que se reponga, les dije yo un poco más tranquila.
Pues tome tranquila mi señora, dijo César, si se levanta a pedir almuerzo pues le pedimos un domicilio y ya, para eso hay plata en el bolsillo y más para complacer a una dama tan bonita y elegante como usted, se merece todas las atenciones del mundo, pues a pesar de tener sus obligaciones no se niega a compartir con nosotros, eso de verdad lo aprecio mucho.
Alfonso se levantó al baño y yo salí corriendo para mi casa a hacer lo mismo, más de seis cervezas ya estaban pidiendo campo para otras más. Mi esposo estaba dormido, como privado, me quité esa pantaloneta de jean y me puse una lycra negra y volví a la mesa con mi vecino y su amigo.
Le provoca algo de comer vecina, pida lo que quiera que nosotros pagamos todo, dijo Alfonso, me negué a pedir algo en ese momento, le dije que después pedíamos algo para picar. Los ojos de Alfonso y su mirada brillante hicieron contacto con mis ojos, en ese momento me percaté de la bonita sonrisa, o serían las cervezas que ya estaban empezando a hacerme ver alucinaciones, por un segundo le mantuve la mirada, sentí como un escalofrío recorrer mi cuerpo, agaché la mirada y me bebí un sorbo grande de cerveza, creo que Alfonso entendió que me había dado donde era, que algo había sentido yo toda vez que me puse nerviosa.
Cuando César volvió a levantarse al baño, Alfonso aprovechó para declarar su amor por mí. Vecina, dijo, de verdad usted me gusta mucho, lo digo con mucho respeto, se que es una mujer casada y todo eso, que su marido está en la casa borracho, pero siempre la he visto y se me escurren las babas de ver una mujer tan hermosa y lo que vi por los lados de la universidad, eso queda en el olvido, no se nada de eso. Me gustaría que me diera una oportunidad, de invitarla a salir o de que fuéramos a un pueblo cercano y pasáramos una tarde o un rato agradable, decía eso y mucho más mirándome a mis ojos, sabía que eso me había matado.
Mire Alfonso, usted está tomado, eso en primer lugar, lo de la universidad sí lo reconozco y agradezco su comentario, lo tendré en cuenta, lo de salir mmm, pues no lo creo, usted lo que busca en una chica fácil o un polvo fácil, meterlo y hasta luego, todo gratis, para salir a hablar mierda con sus amigos, diciendo: yo me comí esa vieja, presumiendo eso y mucho más…
No vecina, yo a usted la respeto mucho, se que lo que llegue a pasar sería un secreto entre los dos, nosotros y nadie más debe saber, deme esa oportunidad y permítase poner todas las reglas que quiera, yo obedezco todo sin protestar para nada y pues le pongo a disposición mi taxi, mi casa, mis ahorros, lo que usted quiera.
En ese momento volvió César del orinal, compadre, le gritó Alfonso, vaya y pide otras cervezas y hable con la señora de la tienda, es que estoy en un tema delicado con la vecina y no hemos terminado, su amigo obedeció ante un guiño de Alfonso.
Pues no sé, todo lo que dice está bien, pero yo no soy así, no me tome usted como una mujer fácil o que le sea infiel a mi esposo… no me dejó terminar cuando Alfonso me interpeló: tranquila que no he dicho eso, solo le pido que me permita ser su amigo, que hablemos y que, si se dan las cosas pues…, demos un paso más adelante. Solté una sonrisa y le dije: Ay vecino, todos ustedes dicen lo mismo y todos a la final buscan lo mismo, pero está bien seamos amigos, no veo problemas, cuidado con su esposa y yo me cuido de mi marido. Una sonrisa afloró en el rostro de Alfonso, se había salido con la suya. Entonces añadió: con todo respeto vecina, yo le doy para que compre el almuerzo, pida un domicilio y acompáñeme un rato más, quiero celebrar nuestra amistad y que esto vaya para largo, en secreto de los dos, metió mano al bolsillo y sacó un billete de alta denominación, lo arrugó en la mano y me lo entregó, alcanzaba para una buena picada y sobraba algo de dinero, tranquila, no me debe nada, es para que vea que no quiero nada gratis, mamacita hermosa. Alto ahí, te agradezco el dinero y no tenía por qué hacerlo, pero por favor guarde sus palabras de cariño, las paredes tienen oídos, tratémonos con respeto. Entendió el mensaje y se disculpó.
Yo había ido a mi casa ya varias veces, llevaba más de doce cervezas entre pecho y espalda, cuando mi esposo se despertó, le dije que me había dejado invitar una cerveza de Alfonso, el vecino y que estaba en la mesa con él y uno de sus amigos, como él también conocía a Alfonso, nuestro vecino, decidió echar un vistazo, le presentaron a César y empezamos a beber todos, a mi esposo se le olvidó su almuerzo y se volvió a emborrachar muy rápido, por le guayabo y por estar sin comer nada; Alfonso me miraba y parecía que me quería comer, con la mirada le gritaba que se controlara, César apenas nos miraba a los dos como preocupado viendo nuestras miradas encontrarse como con picardía.
El fin de semana siguiente ya estaba saliendo a encontrarme con Alfonso, me citó en la misma parte que me había visto con el otro tipo, me restregó en mi cara la silla donde yo estaba sentada unos días atrás, y describió a mi compañero de esa tarde. Entonces me invito a sentarnos en una mesa más al fondo, se trataba de unas mesas para cuatro personas enfrentadas dos y dos, con un separador alto entre cada mesa, no había más que intimidad entre cada mesa, me dijo que pidiera whisky, aguardiente o cerveza, pedí cerveza, llegaron en dos vasos como de a litro cada uno.
Me dijo que me sentara y él hizo lo propio a mi lado, yo contra la pared a su lado derecho, de una me echó el brazo y le dije espere, vas muy rápido, tranquila, es con todo respeto para estar más cerca y charlar mejor, pues la música no deja espacio para hablar normalmente, en eso tenía razón, su cara estaba pegaba a mi hombro izquierdo, su brazo derecho en mi nuca, con esa charla cerca de mi oído, iban y venían sendos escalofríos que me recorrían mi cuerpo y me hacían revenir mis cosita, ese tipo era agradable y sabía decir las cosas con talento, se le notaba experiencia. No había terminado mi primera cerveza cuando nos dimos un primer beso, un beso poco apasionado, como frío y sin gracia, nos miramos a los ojos, una sonrisa de picardía nos invadió y nos fundimos en un beso que duró unos segundos que parecieron eternos, me hizo llegar a la luna y más allá, cuando reaccioné, su mano izquierda estaba agarrada de mi cintura, estaba como presa entre sus brazos.
Ese beso acabó con toda la charla que teníamos, ahora solo nos queríamos comer el uno al otro, en un momento le eché mi pierna derecha sobre las suyas, hasta que terminé arrodillada en la silla y sentada en sus rodillas, todo para estar más cómodos en el chupeteo de besos; en un momento de esos, llegó la niña que atiende las mesas y nos dijo con cierta malicia: “les pido un taxi y se van a un lugar más cómodo?, aquí no lo pueden hacer”, una sonrisa maliciosa se nos juntó con la de la chica, me bajé de sus piernas, terminamos la cerveza de un solo sorbo y pedimos otra, ya un poco más calmados, le dije a Alfonso, mejor nos vamos ya, me dijo no me haga esto, mire que estamos bien, vamos de verdad a una residencia más tranquilos, está bien, le contesté, dígale a la chica que nos pida un servicio. Me respondió, no, esperemos que por aquí anda César, él está manejando el taxi hoy ya que está por estos lados trabajando, me negué a aceptar, pero me dejé convencer con su labia y que él ya sabía de nuestra salida, que era de confianza y que él respondía por todo.
Fuimos por la salida a Cúcuta, entramos tomados de la mano, Alfonso pagó el servicio de habitación y entramos a la habitación con una ventana a un edificio cercano. Apenas cerró la puerta, nos fundimos en un beso, sus brazos recorrían mi espalda hasta la cintura y parte superior de mis nalgas, yo me aferraba a su cintura, se le notaba una verga bien dura por sobre el pantalón, pero eso no era motivo de despegarnos, por el contrario, yo disfrutaba de ello.
Alfonso tomó la iniciativa y me subió mi blusa hasta la nuca, mis tetas envueltas en el brasier dieron un salto al vacío, me la ayudé a sacar con cuidado y la arrojó sobre una mesita de noche, siguió mi sostén en permitir que él apreciara mis tetas, quedó maravillado con lo firmes, redondas y paraditas, las acariciaba como cuando un niño acaricia su mascota, las apretaba con suavidad y besaba por todos lados, luego comenzó a chupar la areola, parecía un ternero con hambre, volvió a subir sus labios por mi cuello, orejas, boca, cara, nariz, parecía que estuviera chupando un helado que se estuviera derritiendo.
Le ayudé a quitar su camisa y desabrochar su jean, se quitó los zapatos y los botó lejos, así se pudo sacar su jean con calzoncillos al mismo tiempo, quedó totalmente desnudo, se arrodilló para ayudarme a bajar mi jean con mis pantys rojos de seda que llevaba ese día, me agarré de sus hombros para sostenerme y poderme quitar mi ropa, él aprovechó para pegar un grito de exclamación: ¡qué chochonón tan hermoso!, jamás había visto unos labios así, mmmm, se pegó a chupar y lamer, me hacía estremecer, hurgaba con sus dedos empujando hacia arriba y volvía a chupar.
Se levantó para fundirnos en un beso, su verga, ahora libre de la prisión de la ropa, me pegaba en el ombligo, él es más alto, yo soy una enanita ante la mayoría de personas, Alfonso flexionó sus piernas para meter entre mis piernas a esa verga que pedía a gritos ser guardada dentro de mis entrañas, la dejó deslizar por mi clit y se fue de largo son encontrar mi gruta, vamos a ducharnos, así estamos más cómodos le dije. En el baño pude apreciar y apretar una verga hermosa, bien negrita, de unos 16 centímetros bien formada, bien gordita y dura como una varilla de acero.
Nos tendimos en la cama y de una se me acostó entre mis piernas, comenzó su mete y saca, se le notaba que tenia afán y eso me lo confirmó después, quería asegurar que sí me había metido su verga, que sí me había probado y comido. Le hice presión en su cintura con mis manos queriendo que se levantara, que no fuer a terminar tan rápido, se dio media vuelta y quedó boca arriba en la cama, aproveché para llevarme esa vergota a mi boca, él me hizo presión para indicarme que me sentara en su cara, comenzamos un magnífico 69, mis labios eran apartados para meter esa lengua hasta lo más profundo que pudiera alcanzar esa lengua, mi culito no se escapaba a esas lamidas, mordiscos suaves me eran propinados en mis nalgas y muslos, para volver al ataque de mi raja.
Yo me estaba entreteniendo con su cabecita brillante, con mi lengua le hurgaba su orificio del glande para tomar los jugos que iban saliendo, transparentes y brillantes, luego comencé a bajar cada vez más, hasta que mis labios y dientes quedaron pegados a su pelvis, mi respiración se entrecortaba, un glup, glup, salía de manera inconsciente, luego lo dejaba salir para poder respirar y volver a tomar impulso y aire para mantenerlo totalmente dentro de mi garganta por más tiempo. Babeando me metí sus huevas a mi boca, con dificultad me tragué una y parte de la otra, eso no lo recibió bien Alfonso y me empujó para hacerme entender eso, volví a mi garganta profunda.
Me senté encima de esa vergota para menear mi culito en forma circular y en movimientos de atrás hacia adelante, frenando antes de que se saliera del todo, aunque a veces tocaba volverlo a llevar a su prisión, me hizo acostar de nuevo y volvió a la posición del misionero, pronto los espasmos propios de la eyaculación aparecieron, apretó sus labios, quedó como ido, bombeaba con fuerza y velocidad, luego una respiración profunda y sonidos como de animal sufriendo, agr, agr, se dejó caer encima de mi cuerpo, desmayado, desmadejado y sin fuerza para nada. Creí que era un sueño el que se lo pudiera meter a la mujer más linda de mi barrio, que digo barrio, de la ciudad entera, nunca creí capaz de lograr este sueño. Su verga fue expulsada en medio de un río de jugos seminales y de los míos propios, una mancha de humedad quedó como testigo en esa sábana de la cama.
Nos besamos cuando se recuperó un poco, volvimos a la ducha a quitar ese sudor, quitamos esa sábana y dimos vuelta al colchón porque estaba muy mojado, volvió a subirse al estilo misionera, esa parecía ser su pose favorita, luego por insinuación mía me coloqué en posición de perrita y se volvió a venir dentro de mis entrañas sin darse mayores gustos.
Nos volvimos a encontrar una vez más, cuando al terminar esa vez, me disparó que tenía que darle oportunidad a su amigo César, que estaba encantado y enamorado de mis atributos, además que también conocía nuestro secreto, que me daba una buena suma de dinero si le permitía una tarde en la intimidad, después de analizarlo terminé por encontrarme con César, pero esa es otra historia y lo que desencadenó más adelante. Alfonso era muy generoso con su dinero y nuestra relación solo la disfrutamos alrededor de un año, cada vez más desinhibidos en nuestros encuentros, igual era buena paga.
desde ese día, los 6 de marzo he recibido un ramo de flores, con una dedicatoria muy elocuente, de un amigo en la sombra, mi esposo apenas se rie y se burla de mí, diciendo que soy la estrella del barrio, que los tengo bobos a todos, seguramente ni se imagina que detrás de cada regalo que recibo hay una historia de sexo e infidelidad.
Aquí termino otra historia de mi vida, un romance que sin pensar me levanté, solo por recibir una cerveza. Saludos a quienes lean esta historia real.
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