Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 13
El sonido de los gemidos de otra mujer llega hasta la cocina mientras ella prepara el desayuno para su amo. Alejandra sabe que pertenece a él, pero el miedo a ser reemplazada la consume. Cuando una nueva sierva llega rota y hambrienta, el frío contrato de propiedad se quiebra, obligándola a elegir entre su rol de objeto y su derecho a ser amada.
ALEJANDRA
Los gemidos de Liliana podían escucharse hasta la sala mientras Rodrigo cogía con ella, Anahí se duchaba y Lucero me ayudaba a preparar el desayuno.
No se sentía bien escuchar a esa rubia expresando una clase de placer tan intenso que me hacía desear estar en su lugar, porque a pesar de que Rodrigo fuera tan bueno conmigo, me dolía saber que deseaba a otras mujeres, una carga que tenía que reservar para mí misma, pues no quería que mi amo se fastidiara de mí ni mucho menos que me alejara de su lado, una posibilidad que me aterraba, pero no por la eventualidad de que me prostituyera como lo hacía con las otras chicas de la casa, sino por lo desoladora que resultaba la idea de estar lejos de él, porque después de haber pasado todo ese tiempo a su lado y contemplar todo lo que hacía por sus siervas, me resultó imposible no caer perdidamente enamorada del hombre a quien legal y espiritualmente pertenecía.
- ¿Alejandra? ¡Alejandra! - escuché la sutil voz de Lucero tratando de llamar mi atención, mientras la chica me miraba con detenimiento, sosteniendo un cuchillo en una mano y una bandeja con muchas salchichas picadas en la otra - ¿Las echo en el sartén? - preguntó en cuanto la miré, con una expresión risueña, sin que aún pudiera deshacerme de todas las imágenes que se dibujaban en mi pensamiento con respecto de lo que mi amo estaría haciendo con esa chica.
- Yo… sí, hazlo, por favor - respondí, forzando una sonrisa para Lucero, tratando de concentrarme en lo que hacía, batiendo un montón de huevos en un recipiente mientras escuchaba el sonido que provocaban los trozos de salchicha al freírse en el aceite caliente y me esforzaba por ignorar la voz de Liliana al pedirle a mi amo que se la cogiera más fuerte.
- Sabes que no tienes por qué fingir nada ante mí ¿Cierto? - dijo de pronto la muchacha mientras comenzaba a picar jitomates, cebolla, aguacate y chile.
- No sé de qué… - comencé a decir, fingiendo que no entendía lo que me decía, hasta que ella me miró de esa forma que me invitaba a ser honesta con ella, algo que ya había hecho en los días previos, que de alguna forma me hacía sentirme segura al hablar de lo que fuera con esa chica. Suspiré cuando me vi a mí misma resignándome a contarle un poco de aquello que sentía - me cuesta trabajo aceptar que mi amo duerma con otras mujeres, especialmente con Liliana y con Anahí, no tengo nada contra ellas, pero no me gusta, siento como si de un momento a otro mi amo pudiera cambiar de opinión y dejarle mi lugar a cualquiera de ellas, porque creo que hacen lo que pueden para que eso pase y… bueno, no creo ser tan linda como Anahí o su hermana - le confesé con pesimismo y un poco de tristeza, antes de verter los huevos batidos sobre el sartén, escuchando cómo se apagaba el sonido del aceite y las salchichas, mientras Lucero continuaba picando las verduras.
- Los celos son algo natural considerando que estás con el amo todos los días de la semana y a todas horas; pero no creo que tu preocupación esté justificada, porque tú eres especial para el amo, se nota, eres la única a la que le deja decidir lo que comeremos, la única que puede hacer las tres comidas con él, pues a las demás nos da el alimento para siervas a la hora de la cena y, por si eso te resultara poca cosa, eres la única a quien no ha decidido poner a trabajar. Eso debe valer en algo para ti ¿No? Además, él no suele pasar la noche con nadie que no seas tú, ni siquiera cuando estamos en casa, así que supongo que, el estar con ellas y conmigo, es solamente una forma de distraerse y nada más, porque dudo mucho que lo que hace con nosotras sea tan significativo para el amo como lo que hace contigo - respondió la dulce chica, concentrándose en lo que hacía, depositando la verdura picada en un recipiente para luego mezclarla y añadirle un poco de jugo de limón, sal y pimienta.
- ¿De verdad lo crees?
- Por supuesto, incluso la forma como te mira es distinta de como mira a las demás y… bueno, de eso no estoy segura, pero según escuché la otra vez, eres la única con quien hace el amor sin usar ambrosía, eso me suena a que es algo importante, a que quiere estar contigo y no con la loca obsesionada del orgasmo en que nos convertimos cuando tenemos esa droga en las venas - explicó la chica, terminando su trabajo mucho más rápido de lo que yo lo hubiera esperado.
- De cualquier forma, sigue siendo doloroso saber que está con alguien más - respondí, por alguna razón, tratando de aferrarme al dolor que me provocaba escuchar los gemidos de Liliana y el saber que no parecía ser suficiente para el hombre de quien estaba enamorada.
- Bueno, si eso es lo que te molesta, tal vez sería una buena idea que buscaras la forma de que se aleje de nosotras, claro, sin decírselo abiertamente, porque creo que eso podría enfadar al amo.
- Sí, bueno, eso me encantaría, pero ¿Cómo se supone que podría lograr tal cosa? Él me dejó muy claro que no me permitiría tratar de interponerme cuando quisiera estar con alguna de sus siervas, así que… - suspiré con un aire de derrota - no veo cómo podría lograr algo como eso.
- En realidad no creo que eso sea tan difícil, menos tratándose de ti - comenzó a explicarme mientras me quitaba el volteador de la mano y comenzaba a revolver los huevos y las salchichas en el sartén, hablando con una seguridad que me llamó mucho la atención, porque me hacía creer que esa chica estaba al tanto de un millón de cosas que yo desconocía - a estas alturas es evidente que cada vez estamos más apretadas en este departamento, y lo estaremos aún más si encuentra a la hermana faltante y si sigue comprando más siervas como creo que es su plan hacerlo, por lo que mudarnos a un espacio más grande pronto va a ser una necesidad ineludible, así que, creo que si mueves bien tus piezas, podrías lograr quedarte con él este departamento y que a las demás nos envíe a vivir a un sitio más adecuado para lo que hacemos, no lo sé, tal vez no sería una locura pensar en tener un establecimiento, como una galería en chiquito, de una forma similar a lo que tienen en el mercado o en ese lugar horrible del que me sacaron, aunque espero que un poco menos insalubre y más cómodo que colchón apestoso en el que pasaba las noches - aclaró, mientras veía cómo su cuerpo se estremecía al recordar su no tan distante pasado - si lo diseñan bien, las demás siervas podríamos vivir en ese local, así tú y el amo podrían estar más tiempo a solas y no tendrías que soportar el tener que presenciar lo que hace con nosotras cuando no está contigo - me explicó, como si aquello fuera cualquier cosa, como si no acabara de darme una muy buena idea, aunque no estaba segura de que pudiera convencer a mi amo de llevar a cabo tal hazaña.
- Bueno, en realidad hemos hablado de comprar otro departamento, uno en un lugar más bonito, en un sector mejor acomodado, pero… - suspiré, un poco abrumada ante lo que implicaba la sugerencia que acababa de hacerme Lucero - en realidad no sé si pueda convencerlo.
- Si hay alguien que puede, esa eres tú, en realidad eres la única que podría, porque solamente te escucha a ti, no habla de esas cosas con ninguna de las otras siervas, solo contigo, así que no creo que esté de más intentarlo, aunque, claro, el plan de mudarse a un departamento más lindo y supongo que más grande, tendría que ser aplazado por algún tiempo - me advirtió, dejándome pensar en ello por unos minutos, considerando todas las cosas que podrían salir mal si se lo decía a mi amo de la forma equivocada, preguntándome cuál sería la manera correcta de sacarlo a una conversación cualquiera para que Rodrigo no pensara que quería separarlo de las otras chicas - creo que esto ya está listo - dijo de pronto Lucero, sacándome abruptamente de mis pensamientos para mirarla y sonreír al notar lo bien que me caía esa chica y lo mucho que me estaba encariñando con ella.
- Huele delicioso - dijo de repente mi amo, hablando detrás de mí, haciendo que abriera mucho los ojos y la piel se me erizara cuando sentí sus manos posándose en mi cintura.
- Buenos días, amo - lo saludó Lucero - Alejandra lo preparó con mucho esmero para usted - mintió, pues en realidad toda la comida la había preparado esa chica, quien me guiñó un ojo en señal de complicidad, justo en el momento en que Rodrigo besó una de mis mejillas - ¿Quiere que le sirva o prefiere que lo haga su… Alejandra? - preguntó, apresurándose a corregir algo al final de aquella pregunta, aunque no entendía muy bien la reacción tan sobresaltada que de pronto demostró, mientras el rostro se le ponía color tomate.
- Prefiero que me sirva Alejandra, gracias, Lucero - respondió mi amo, abrazándome desde atrás, dejándome sentir sus fuertes brazos rodeándome de esa forma tan apretada mientras yo le pegaba el trasero y suspiraba, queriendo que aquel momento no se terminara nunca, sonriendo como una niña tonta en los brazos del chico de quien estaba enamorada. Lucero asintió en dirección de nuestro amo.
- ¿Quiere que llame a las otras siervas para que vengan a desayunar, amo? - preguntó la chica, conteniendo una sonrisa que creó que fue inspirada por la forma como nuestro amo me abrazaba, sin que hiciera el más mínimo intento por separarse de mí.
- No, tendrán que conformarse con una botella de alimento, porque ya es algo tarde, la camioneta de La Corporación está a punto de recogerlas, Anahí apenas ha salido de la ducha y Liliana acaba de entrar, así que no les dará tiempo para desayunar nada más antes de que tengan que ir a su servicio. Por cierto, tú ya estás lista ¿Cierto? - preguntó el amo, haciendo que Lucero asintiera de inmediato.
- Sí, amo, me levanté temprano para ducharme, arreglarme y ayudar a Alejandra con el desayuno, no quiero ser una carga para nadie, amo - dijo la chica, conmoviéndome un poco con sus palabras, haciendo que terminara de convencerme de lo mucho que esa muchachita me agradaba.
- Perfecto, entonces ven a desayunar con nosotros - le indicó Rodrigo a Lucero antes de salir de la cocina e ir al comedor, dejando que la chica me dirigiera una sonrisa muy tierna cuando notó lo emocionada que me puse tan solo por sentir esa delicada y cálida forma como me abrazó mi amo un segundo atrás.
***
- ¿Entonces no estaremos solos esta semana? - pregunté, sin poder evitar ese tono de decepción que adquirieron mis palabras cuando las pronuncié.
- No necesariamente, pero tendremos a Ivette el día de hoy, por un descuido desafortunado olvidé subastarla en la aplicación, así que pasará al menos esta noche en el departamento - dijo, mostrándose molesto al respecto, reaccionando de la misma forma como lo haría si tuviera que ir a trabajar un domingo muy temprano o si una torrencial lluvia le arruinara un día de campo.
- Bueno, quizás sea bueno que esté con nosotros durante un día, al menos así podré ponerle un rostro a esa mujer a quien ni siquiera conozco - comenté, tratando de mostrar un optimismo que no sentía, pues había esperado durante todo el fin de semana a que llegara el momento en el que el departamento fuera solamente para mi amo y para mí.
- No creas que es una buena noticia, Ivette es una mujer muy desagradable, la verdad no espero nada bueno de ella - comentó Rodrigo, tornándose un poco enojado, tal vez incluso adoptando una cierta actitud defensiva, lo cual me incitó a cambiar de tema para tratar de que se relajara un poco, de que no se arruinara nuestro momento a solas por la inminente llegada de esa sierva a nuestro departamento.
- Por cierto, amo, estuve haciendo cuentas y creo que estamos muy cerca de alcanzar la suma que le permita adquirir el departamento del que hablamos la otra vez - dije de pronto, llamando la atención de mi amo, mientras tomaba un poco de café.
- Eso suena muy bien, porque en este departamento cada vez estamos más apretados cuando regresan las chicas de sus servicios - comentó, mostrándose contento ante la idea de tener un lugar más amplio.
- Sí, es verdad, aunque… - comencé a decir, pero me acobardé antes de terminar aquella frase, porque a pesar de que la idea de Lucero había sido muy buena, no estaba segura de que mi amo la recibiera con el mismo entusiasmo y agrado con el que yo la acepté.
- Aunque… ¿Qué? - preguntó, endureciendo un poco las facciones de su rostro, pues no le gustaba que dejara las frases a medias.
- Bueno, es que se me ocurrió que quizás sería una buena idea tener un local para su negocio, amo - dije de manera abrupta, sintiendo cómo la mirada de mi amo se centraba en mi rostro, poniéndome muy nerviosa, tanto que mi cara en muy poco tiempo adquirió un calor casi insoportable.
- Te escucho - me incitó.
- Sí, bueno, aún no he hecho los cálculos y en realidad no lo he penado demasiado, pero creo que tal vez tener a todas las siervas concentradas en un solo lugar sería una buena idea, en un lugar que quizás funcionara como su hogar y al mismo tiempo como una pequeña galería cuando las siervas no estén en un servicio, tal vez hacerlo trabajar como un centro nocturno donde los hombres puedan ir algunas noches a beber unos tragos y hacer uso de sus siervas, amo.
- ¿Y qué diferencia tendría de una de las galerías de La Corporación? Porque lo que propones supone una inversión muy grande, y si voy a gastar tal cantidad de créditos, esperaría obtener ganancias al nivel del tamaño de esa inversión.
- Bueno, para ello tendría que hacer números, pero de primera mano podría asegurarle que los costos de su negocio se reducirían, pues solamente tendría que pagar a La Corporación por el uso de la aplicación para el manejo de las transacciones, reduciendo los costos de traslado de las siervas y maximizando sus ganancias al ofrecer quizás servicios adicionales que no pasen por la aplicación, como el que una sierva se siente con los clientes a platicar y pasar el rato, como lo hacen las mujeres en cualquier club de caballeros común o… bueno, no se me ocurre nada más por ahora, pero podríamos ampliar el abanico de servicios a ofrecer; por otro lado, a diferencia de las galerías, los clientes se encontrarían con chicas limpias y sin los malos olores de esos asquerosos colchones que hay en esos lugares, algo de lo que podrían encargarse sus siervas. Tal vez solo haría falta contratar a algunos hombres que se encargaran de la seguridad y… ¡Y yo podría llevar la administración del lugar! - exclamé, sintiendo de pronto una emoción muy grande ante esa posibilidad, antes de que mi ánimo se viniera un poco abajo al mirar la expresión en el rostro de mi amo - claro, si eso le parece bien - rectifiqué cuando me encontré con una mirada que no logré descifrar si se trataba de algo bueno o de algo malo, una que me puso tan nerviosa que las siguientes palabras se escaparon de mi boca sin que pudiera hacer mucho por detenerlas - y así también podríamos estar más de tiempo a solas.
Rodrigo se quedó perplejo por un momento, mirándome de una forma que no llegué a entender si se trataba de algo bueno o de algo muy malo, pero viéndose obligado a dejar aquel asunto en el aire pues, antes de que lograra pronunciar alguna palabra, el timbre del departamento sonó, rompiendo la tensión que se había creado entre los dos mientras mi amo se levantaba e iba a la puerta a recibir a Ivette, aquella sierva a quien estaba a punto de conocer.
- Buenos días, Señor… Rodrigo ¿Correcto? - saludó una chica con el uniforme de La Corporación, quien sostenía una tableta en sus manos, la misma a la cual dirigía toda su atención sin mirar siquiera a mi amo.
- Es correcto - respondió Rodrigo, pero lo hizo de una manera extraña, con un tono de voz que me hizo entender que de pronto estaba muy preocupado por algo, una actitud poco común tratándose de mi amo, la cual, por alguna razón, supe que no había sido motivada por nuestra conversación.
- Bien, le entrego a su sierva - dijo la mujer, quien pronunció aquellas palabras de una manera agresiva y cortante, como si se dispusiera a regañar a mi amo por alguna razón que yo no terminaba de entender - le informo que su sierva no se encuentra bien. Al parecer en sus últimos servicios no la han alimentado correctamente, ha perdido algo de peso y quizás sería una buena idea llevarla a alguna de las galerías de la corporación para aplicarle una dosis de néctar, así como darle algunos días de descanso y cuidar su alimentación durante ese tiempo, de lo contrario, su sierva podría dejar de… brindarle los rendimientos que le ha proporcionado a su negocio - dijo la mujer, con un tono severo y cargado de reproche, algo que no me gustó en absoluto, que me hizo pararme de la mesa y colocarme a un lado de mi amo con una actitud poco amigable, dispuesta a enfrentar a esa mujer que no parecía conocer los modales, una actitud que murió cuando miré a la chica en cuestión y mis ojos se abrieron como platos, sintiendo cómo de pronto cobraba sentido todo lo que esa mujer le dijo a mi amo y la manera como él le respondió con ese ánimo tan preocupado - esto no debería decírselo y espero que no me reporte por hacerlo, pero a pesar de lo que a mayoría de los amos piensan, no es una buena idea prostituir a sus siervas sin descanso, porque la gente a quienes se las alquilan no las cuidará como lo harían sus amos, no todos suelen preocuparse mucho por su alimentación ni por la salud de sus siervas, así que le sugiero que les dé al menos dos días entre servicios, porque necesitan tener un respiro y recuperarse de sus heridas, de lo contrario muy pronto tendrá que gastar algunos miles de créditos en servicios funerarios, hospitales y… - la mujer se detuvo, tratando de contener el coraje que era evidente que sentía, seguramente creyendo que Rodrigo era un mal amo, algo de lo que no podía culparla al ver el estado en el que Ivette se encontraba - ¡Carajo! ¡Son seres humanos! ¡El hecho de que sean siervas no las convierte en animales! - exclamó, cargando su voz de toda la furia que el estado de Ivette le inspiraba, llegando casi a las lágrimas antes de que suspirara y cerrara los ojos, esforzándose por no decir algo que no debía, por no soltar aquello que pudiera meterla en un serio problema con La Corporación - por favor imprima su huella digital en el punto rojo - le indicó a mi amo, haciendo que Rodrigo la obedeciera para luego mirar a Ivette con lástima - cuídate, cariño, espero que tu salud mejoré y que puedas sonreír un poco la próxima vez que te vea - dijo la trabajadora de La Corporación para luego marcharse, no sin antes haberle dedicado una mirada de pocos amigos a mi amo, quien tomó a Ivette de la cintura, pasándose un brazo por encima de sus hombros mientras la chica parecía estar a punto de desfallecer.
- Alejandra, ¿Podrías servirle un plato? - preguntó mi amo mientras la ayudaba a sentarse en una silla del comedor, sin que yo le respondiera nada antes de salir corriendo a la cocina para regresar pocos minutos después con un gran plato de huevos con salchichas, lo que quedó de la ensalada que hizo Lucero, un vaso de jugo y la taza más grande que pude encontrar llena de un delicioso y humeante café.
Ver la forma como esa mujer comía logró conmoverme casi al punto de las lágrimas, una reacción que se pareció mucho a la que demostró Rodrigo, pues no dejaba de mirar a Ivette mientras devoraba la comida como si no hubiera probado alimento en días, como si aquello fuera lo más delicioso que hubiera probado en su vida, comportándose desesperada y ansiosa, sin siquiera mirarnos ni desviar la mirada de su plato hasta que terminó con todo lo que le había servido, quedándose luego muy quieta y completamente callada, mostrándose temerosa, sin querer siquiera levantar la mirada.
- ¿Quieres…? Puedo servirte un poco más si lo deseas - dije, titubeando un poco al no saber si mi amo me permitiría darle más comida, pero recuperando la seguridad cuando noté la forma como Rodrigo esperaba una respuesta de su parte, una que llegó en forma de un asentimiento de cabeza, un gesto temeroso que me hizo tomar de nuevo su plato y su vaso para servirle más comida y el jugo que quedaba en la jarra, sentándome después a un lado de Rodrigo, tomándolo de la mano, pero sin poder apartar la mirada de esa chica hasta que terminó de comer y pude ver cómo sus ojos eran empañados por algunas lágrimas.
- Gra… gracias por la comida, amo - susurró, con una voz lastimera y casi imperceptible, de una forma tan lamentable que me provocó un nudo en la garganta, el mismo que se hizo más doloroso cuando esa chica trató de levantarse sin que sus piernas fueran capaces de soportar el peso de su propio cuerpo por sí mismas.
Rodrigo no dijo nada durante algunos segundos, mientras se dedicaba a contemplar el cuerpo de la pobre chica, componiendo una expresión horrorizada al hacerlo, antes de que se pusiera de pie y se fuera a la habitación, regresando segundos después con una camiseta, unos shorts, ropa interior y un par de tenis que me extendió en cuando estuvo lo bastante cerca de mí, todo extraído del compartiendo de ropa nueva que tenía preparado para las siervas que se unieran a su harem.
- Llévala al baño y ayúdale a darse una ducha - me ordenó, sin dejar de observar a Ivette, quien de pronto lo miró alarmada tras escuchar las palabras de mi amo, creo que temiendo que Rodrigo pretendiera prepararla para enviarla a un nuevo servicio.
- ¡Por favor, amo! ¡Sé que fui una mierda con usted! ¡Sé que me merezco lo que me hico vivir! ¡Pero se lo ruego! ¡Deme un respiro! ¡Ya no soporto esta vida! ¡No puedo seguir así! ¡Se lo ruego! ¡Déjeme descansar unos días y después yo…! ¡Después…! - la chica rompió una vez más en llanto, conmoviendo el corazón de mi amo quien la miraba sin poder creer lo lejos que su venganza había llegado, dejándome claro que, de haber conocido la condición de esa chica, jamás hubiera permitido que su estado se deteriorara hasta llegar al extremo al que ya había llegado.
- Ve con Alejandra a lavarte, luego dormirás un poco y más tarde iremos a la galería para que reparen lo que esté mal en tu cuerpo. No trabajarás esta semana, te quedarás con nosotros, pero te advierto que si te comportas de una manera irrespetuosa conmigo o con ella… - le advirtió Rodrigo, tratando de mostrarse duro ante esa pobre chica, pero sin poder ocultar la culpa y el remordimiento que lo agobiaban.
- ¡Hare lo que me ordene, amo! ¡Se lo juro! ¡No le daré ningún problema ni tampoco molestaré a su novia! - exclamó, tomando la mano de Rodrigo, llorando sin poderse contener mientras él la miraba con una expresión que vagaba entre la lástima y el remordimiento, antes de que intercambiáramos una mirada un tanto incómoda tras aquella última palabra que salió de la boca de Ivette, la misma que me hizo sentir muy acalorada, que logró ruborizarme las mejillas al igual que lo hizo con mi amo quien, por cierto, no corrigió la idea que su sierva tenía con respecto de la relación que existía entre nosotros.
- Vayan a la ducha - ordenó finalmente, haciendo que me levantara para ayudarle a Ivette a caminar por el pasillo, algo que podía ver que le costaba mucho trabajo hacer, pero que no logró distraerme de lo que acababa de pasar, de ese pequeño destello de esperanza que me hacía creer que tal vez Rodrigo podría sentir algo que al menos fuera parecido a lo que yo sentía por él.
***
- Ivette está durmiendo en la recámara, amo, espero que no le importe que me tomara la libertad de… - dije, viendo cómo Rodrigo negaba con la cabeza, sentado en uno de los sillones de la sala, sin mirarme, sin haber superado la impresión que le provocó ver a esa mujer en tan mal estado, sin que le diera la más mínima importancia al hecho de que su sierva estuviera durmiendo en su cama.
- Te juro que, si hubiera sabido que estaba tan mal, yo nunca… yo… - dijo, despegando apenas sus labios, mostrándose muy afectado mientras yo me sentaba a su lado y suspiraba, porque sabía que mi amo no era un mal hombre y entendía perfectamente que, de haber sabido lo que estaba pasando con su sierva, hubiera hecho lo necesario para que las cosas no llegaran tan lejos, incluso tratándose de una mujer que le había hecho mucho daño en el pasado.
- Lo importante es que ahora está en casa, amo, y que al parecer su estado aún tiene remedio, así que no debería sentirse tan culpable, no tenía forma de saber lo que estaba pasando - traté de consolarlo, pero él ni siquiera me miraba, sus ojos solo estaban clavados en algún punto en la nada, haciendo que ese hombre maravilloso protagonizara una escena lastimera que odie presenciar, que me hizo sentir muy mal ante el estado en que se encontraba Rodrigo, que me incitó a hacer lo que fuera para que dejara de mostrarse tan deprimido, para alejar aquella culpa que lo estaba torturando. Con mucha suavidad tomé su barbilla y lo obligué a mirarme a los ojos - tú no eres un hombre malo, si lo fueras no me habrías buscado hasta encontrarme, tampoco te hubieras tomado la molestia de buscar a las hermanas de Anahí ni mucho menos habrías comprado a Lucero en ese horrible lugar; lo que pasó con Ivette fue un accidente, quizás incluso un error, pero algo como eso no define a un hombre como bueno o malo, solo lo hace ser un hombre que como cualquier otro comete errores, porque tú jamás imaginaste que un día encontrarías a Ivette en ese estado, ¿O sí? - él negó con la cabeza sin apartar su mirada de la mía - y por lo que veo en tus ojos, sé que no estás feliz de haberla encontrado en ese estado, así que deja de torturarte y deja de creer que eres una mala persona, porque no lo eres, eres un chico maravilloso y no estoy dispuesta a discutir ese hecho con nadie - le aseguré, sonriendo al final, viendo cómo sus ojos se desviaban a mis labios mientras su rostro mantenía esa expresión de sorpresa, dejándome claro que no esperaba aquella clase de discurso de parte de su sierva.
- ¿De verdad lo crees? - preguntó, como tratando de averiguar si aquellas palabras fueron sinceras o si solo las dije para que se tranquilizara. Yo asentí mientras acariciaba su mejilla y me dejaba seducir por los labios de mi amo.
- Eres lo mejor que me pudo haber pasado - dije, expresando un pensamiento que no tenía la intención de pronunciar en voz alta, sintiendo de inmediato ese calor que me hacía querer besarlo, tragando saliva cuando nuestros ojos volvieron a encontrarse y me tomó de la nuca antes de que sus labios y los míos se encontraran, de una manera tan apasionada que en muy poco tiempo comencé a respirar agitada, experimentando cómo mi pecho subía y bajaba con energía, cómo las manos de mi amo me tomaban de la nuca, sintiendo una pasión y un cariño inesperado en cada caricia y en cada movimiento de la lengua de ese hombre que no dejaba de besarme, quien muy pronto me tomó del trasero para hacer que me sentara sobre él, con sus piernas entre las mías, haciendo que colocara mis nalgas sobre sus muslos, abrazándome con fuerza de la cintura, dejándome sentir protegida por sus fuertes brazos mientras mis dedos acariciaban su espalda y su cuello, sintiendo como la piel se me erizaba al tiempo que mi vagina comenzaba a liberar una cantidad abrumadora de fluidos, sabiéndome lista para mi amo, para que me hiciera suya como tantas veces ya lo había hecho en el pasado.
- Tomarás una ducha conmigo, cariño - dijo de pronto, levantándose del sillón conmigo entre sus brazos, dejándome que lo abrazara de la cintura con mis piernas mientras nos dirigíamos a la ducha, sin que yo dejara de besarlo, sin que quisiera que dejara de acariciar mi lengua con la suya ni apretar mis nalgas con sus manos, sintiendo ese cosquilleo delicioso que me recorrió todo el cuerpo mientras esa última palabra hacía eco en mi cabeza, haciéndome sonreír en los brazos del hombre de quien me había enamorado.
Risas, coqueteo, miradas llenas de lujuria y deseo, la imagen de su miembro endurecido y listo para penetrar mi cuerpo; una colección de hermosas casualidades que precedieron al momento en el que nos metimos en la ducha, en el que abrí las llaves y la sensación del agua acompañó a esa dulce penetración que me abrió por dentro con una suavidad delirante, al mismo tiempo que mi amo me tomaba de los senos mientras mis manos se recargaban en la pared de la bañera, arrancándome un gemido que se vio cobijado por la sonrisa que se dibujó en mis labios a la vez que mi dueño entraba y salía de mi cuerpo, sintiendo mi calor, moviéndose con fluidez en mi interior ayudado por la abrumadora cantidad de fluidos que bañaban el miembro de ese hermoso hombre.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Mi amor! ¡Ahhh! - se me escapó sin que pudiera contener por más tiempo lo que sentía, sin poder controlar esa llama que ardía en mi interior y que me hacía mover el trasero en un intento por sentirlo más adentro, de una manera más intensa, un esfuerzo que se vio recompensado con los gemidos que mi amo dejó salir de su boca y la manera como me llevó hasta su cuerpo, sin dejar de apretar mis senos con sus enormes y fuertes manos, tan solo para besarme en los labios, antes de que le dedicara algunos minutos a la deliciosa tarea de lamer mi cuello mientras mis gemidos escapaban sin cesar y los músculos de mi vagina se contraían una y otra vez para complacer a ese hombre que lograba estremecer mi cuerpo con un placer inexorable.
¿Cómo no caer rendida ante los pies de un macho que no necesitaba de la ambrosía para hacerme gritar como él lo hacía? Era imposible pasar por alto lo fácil que le resultaba inundar mi vagina con mis propios fluidos, tocando partes de mi coño que jamás otro hombre había alcanzado, provocando que mis piernas temblaran, que mis pezones se pusieran tan duros como rocas y mi clítoris extrañara sus dedos y su lengua a cada segundo que no lo tocaban.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Te deseo tanto, cariño! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - susurró cerca de mi oído, antes de morderlo con sutileza, de que sintiera su lengua recorriendo mi oreja mientras metía todo su miembro en mi vagina y lo dejaba ahí, dibujando círculos verticales con sus caderas para estrechar las paredes de mi vientre de una forma enloquecedora que me hizo sentir cómo las terminaciones nerviosas de mi coño se rendían ante él, cómo me sobresaltaba una y otra vez con espasmos deliciosos que me hicieron llegar a un orgasmo tan magnifico como cualquiera que hubiera sentido bajo el efecto de la ambrosía, dejándome en un estado en el que necesitaba que ese hombre a mis espaldas se viniera en mi coño, haciendo que diera media vuelta, que subiera mi pierna al borde de la bañera y lo incitara para cargarme de nuevo, llevándome luego contra la pared, haciendo que sintiera el frio del azulejo en mi espalda mientras él me penetraba una vez más, quedándose luego muy quieto, permitiendo que le obsequiara aquel baile de caderas con el que consentí a su miembro mientras nuestras miradas se conectaban y nuestros gemidos escapaban de nosotros acompasándose a un mismo ritmo, completando aquel momento tan intenso que compartimos, donde quise decirle aquello que sentía, pero no tuve el valor para pronunciar aquellas dos palabras que se repetían incesantemente en mi cabeza, experimentando esa ansiedad de no poder decirle que lo amaba, pues el miedo de que no sintiera lo mismo logró bloquear mi capacidad del habla.
- ¡Ahhh! ¡Mi amor! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Me vengo! ¡Ahhh! - gritó, enloquecido de lujuria, presionando su cuerpo contra el mío, haciendo que me abrazara a él mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios y lo sentía viniéndose en mi vientre, siendo embriagada por lo hermoso que se sintió escuchar esas palabras saliendo de su boca, antes de que me besara una vez más, de que sus labios y los míos volvieran a comulgar en un acto que parecía amor, que me hizo soñar con una posibilidad, que me permitió sentir algo que hacía mucho tiempo no experimentaba, en los brazos de ese chico que se había convertido en el dueño de mi cuerpo y de cada uno de mis deseos.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie llegará a su final esta semana [25 capítulos]) o adquiriendo alguno de mis libros en AMAZON (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
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