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Dominaciónnov 2025

Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 12

El director creyó que su poder era absoluto y que Blanca cedería ante la tentación o la amenaza. Se equivocaba. Pero cuando los militares irrumpieron en el aula, la resistencia se volvió irrelevante; la verdadera prisión no era la celda, sino su propio cuerpo traicionado por una droga que le robaba la dignidad y la voluntad.

Jane Cassey Mourin3.8K vistas9.3· 8 votos
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BLANCA

- Buenos días, Blanquita - me saludó Nicole en cuanto entró en el aula de profesores, mientras guardaba mis cosas en mi gaveta.

- Hola, Nicole - la saludé con gusto, porque además de ser mi mejor amiga y siempre solía alegrarme al día con alguna ocurrencia o con algún chisme escandaloso acerca del profesorado o de los trabajadores del instituto donde ambas dábamos clases - ¿Qué me cuentas?

- No mucho en realidad - contestó, con ese tono con el que solía fingir inocencia mientras miraba a su alrededor, asegurándose que no hubiera nadie lo bastante cerca antes de que me revelara los chismes que traía para ese día - ¿Recuerdas que ayer me preguntaste si sabía algo de Laurita? Pues ya supe qué fue lo que pasó con ella - dijo a modo de secreto, con ese tono de orgullo que siempre imprimía en su voz para contarme algo de lo que yo no estaba al tanto, logrando contagiarme de ese morbo que me hacía desear conocer el secreto que estaba por revelar, pero bajando la voz lo suficiente como para que solamente yo pudiera escucharla - resulta que el otro día, después de que terminara con su novio, algunos militares llegaron a su departamento y la detuvieron por traición al gobierno, al parecer, alguien les dio el pitazo de que tenía documentos de Aurora escondidos en los cojines de su sala - dijo con ese tono de secrecía mientras yo me llevaba la mano a la boca, sin poder contener la impresión que aquello me provocó.

- Pero eso no me lo puedo creer, Laura estaba por completo en contra de ese movimiento, incluso en un par de ocasiones castigó a sus alumnas por hablar a favor de esas locas - respondí, sin superar la impresión que aquello me provocó, recordando las muchas veces que Laura públicamente estableció su postura al respecto y su desprecio hacia ese movimiento calificándolo como una pérdida de tiempo.

- Pues al parecer eso no le importó a los oficiales que la detuvieron y la condenaron a servir como sierva por el resto de su vida - expresó con algo de pesar, antes de que volviera a mirar en todas direcciones para luego acercarse aún más a mí y seguir hablando con volumen de voz tan disminuido que me costaba escucharla incluso al estar tan cerca de mi oído - mira, no me creas si no quieres, pero alguien me contó que la ruptura con su novio tuvo que ver con que la vieron muy acaramelada con el director, por supuesto que cuando le fueron con el chisme al tipo con el que andaba, el muchacho perdió la cabeza, y ¿Cómo no hacerlo sabiendo con quién lo engañaron? La cosa es que, y esto es mera suposición porque no lo sé en realidad, pero creo que esa revelación no solo provocó que terminaran, sino que también lo hizo denunciar a Laurita. Un acto de despecho muy bajo si me lo preguntas, aunque de cierta mantea justificable, un poquito, porque ahora que te lo digo me pregunto ¿Qué tuvo que pasar para que Laurita tuviera algo con ese cerdo que tenemos por director? Quiero decir, ¿En qué estaba pensando cuando decidió meterse con ese animal? ¡Es tan repugnante!

- Ahora entiendo por qué se quedaba horas después de terminadas las clases, aunque no me explico cómo fue que se fijó en ese idiota, porque yo vi varias veces a su novio y el chico no estaba nada mal, quiero decir, no es como que me planteara robárselo o algo como eso, pero el chico era bastante atractivo como para engañarlo con ese - comenté, aún abrumada por la sorpresa y la enorme cantidad de información que mi amiga me estaba soltando - por otro lado, eso que dices de la trampa que le tendió el novio, no parece tener mucho sentido, porque en cuanto los militares hubieran investigado un poco, se hubieran dado cuenta de que Laura no tenía nada que ver con Aurora, así que supongo que si la detuvieron fue porque en realidad encontraron algo que la inculpó ¿No?

- Sí, eso mismo fue lo que pensé al principio, pero como seguía teniendo mis dudas, se lo comenté a un primo que trabaja en La Corporación y ¿Qué crees que me dijo? Me contó que supo de buena fuente que los militares ya no están haciendo investigación cuando una chica es acusada de traición, me dijo que simplemente detienen a la sospechosa y, si no hay pruebas suficientes para condenarla, le colocan el dispositivo de sumisión y luego le hacen un montón de preguntas para confundirla o le ofrecen la posibilidad de darle un orgasmo para que se confiese culpable, dice mi primo que eso se ha convertido en una práctica muy común entre los militares, incluso me advirtió que tenga mucho cuidado que y trate de no salir sola a la calle por las noches, porque al parecer ya se han dado varios casos en los que alguna chica es denunciada sin evidencias y aun así son condenadas a servir como siervas - una risilla se me escapó tras escuchar esas palabras mientras negaba con la cabeza, tratando de ver aquello como una mentira, a pesar de que esa opresión en mi pecho y ese vacío en el estómago me sugerían que no había una sola palabra que no fuera cierte de entre todo lo que mi amiga acababa de decirme.

- ¡Vamos Nicole! ¡Eso sí que no lo creo! - exclamé, levantando un poco la voz, haciendo que nos voltearan a ver algunos profesores que salían del salón de maestros en aquel momento, antes de que volviera a hablar, pero con un volumen de voz mucho más discreto - el Gobierno Central no permitiría esa clase de atropellos, además somos muchas las mujeres que estamos en contra de lo que hizo Aurora y estoy segura de que ni el gobierno ni La Corporación dejarían que tal clase de injusticias ocurrieran - le respondí, tratando de convencerme de que aquel chisme no era más que una mentira, de hacer que mi amiga confesara que estaba exagerando o que quizás estaba mintiendo, sin embargo, Nicole solo se encogió de hombros, de una manera tan engreída que de inmediato entendí que ella daba por hecho que su primo tenía razón.

- Pues no lo sé de cierto, pero eso fue lo que me dijo mi primo y yo no desecharía tan pronto sus palabras, porque él trabaja en una de esas galerías donde venden y rentan siervas a mansalva, así que supongo que si alguien está bien informado al respecto, ese debe ser mi primo; además, si lo piensas un poco mejor, esa historia tiene algo de sentido, porque como tú lo dijiste, Laurita era una de esas personas que no solo no se sentía identificada con el movimiento de Aurora, sino que además lo aborrecía, así que ¿Cómo explicarías que la hubieran arrestado bajo cargos de traición? No tendría sentido a menos que lo que me dijo mi primo fuera cierto, que no hubieran hecho ninguna clase de investigación y les bastara solo con una denuncia para que la convirtieran en una…

- Buenos días, señoritas - se escuchó de pronto a nuestras espaldas esa voz rasposa y grave que nos provocó un sobresalto, induciéndome un escalofrío que me recorrió la espina dorsal tras reconocer a quién le pertenecían esas palabras, alguien con quien no resultaba nada grato tener que lidiar todas las mañanas.

- Buenos días, director - contestemos las dos al unísono, de no muy buena gana, volteándonos de inmediato para encontrarnos con la expresión lasciva que ese hombre nos dirigía, la misma que teníamos que soportar cada día mientras ese libidinoso animal nos recorría de pies a cabeza con la mirada, de esa forma lujuriosa y descarada que me hacía pensar que ese repugnante idiota nos imaginaba desnudas mientras nos observaba.

- Lamento decirles que la profesora Laura no estará más con nosotros, al parecer ha sido atrapada cometiendo actos de traición en contra del Gobierno Central, así que tendremos que recurrir a un maestro temporal - dijo con la voz perdida mientras su mirada permanecía fija en mi no tan escandaloso escote, antes de que mirara el reloj de su móvil - ya viene algo tarde, así que supongo que llegará de un momento a otro. Por favor, les pido que le brinden toda la ayuda que necesite ¿De acuerdo? - nos indicó, dejando que su mirada volviera a dirigirse hacia la línea que se dibujaba entre mis senos y que sobresalía por la parte alta de mi blusa.

- Por supuesto, profesor - respondió Nicole, sonriéndole a nuestro director, fingiendo estar encantada de verlo, a pesar de que yo sabía que ese tipo no le agradaba en los más mínimo, logrando capturar la atención de ese pervertido para evitar que el tipo notara la cara de pocos amigos que yo le estaba dirigiendo, un esfuerzo que mi amiga ya había hecho en el pasado en más de una ocasión.

- Muy bien señoritas. No les quito más su tiempo. Que tengan un excelente día - se despidió, sin que nosotras respondiéramos de forma alguna a sus últimas palabras, mientras nuestra atención volvía a dirigirse a nuestras gavetas, de donde empezamos a sacar los libros y materiales que utilizaríamos para nuestras clases, hasta que una vez más el hombrecillo ese apareció de pronto, provocándonos un nuevo sobresalto - lo siento, casi lo olvidaba. Blanca, necesito hablar contigo de algo importante, así que, antes de que vayas a clase, pasa a mi oficina - ordenó, con esa fingida amabilidad con la que siempre hablaba, sin que se tomara la molestia de disimular la forma tan libidinosa con la que sus ojos hurgaban en mi escote.

- Sí, señor, iré en un minuto - respondí con resignación, antes de que el hombre se largara de nuestra vista y de que Nicole comenzara a reírse con algo de sorna.

- Vaya, tu admirador no pudo resistirse a tus encantos ¿Con qué pretexto crees que justificará esta vez el haberte llamado a su oficina? - preguntó con ese tono juguetón con el que solía meterse conmigo cuando se burlaba de la aparente atracción que ese repugnante idiota sentía por mí.

- No lo sé, solo espero que no se tarde mucho, las clases están por comenzar y no quiero dejar solos a los chicos por mucho tiempo - le respondí un poco molesta, mientras miraba el reloj en mi celular, antes de que cerrara la gaveta con más fuerza de la necesaria y me dirigiera hasta la oficina de mi jefe, con la esperanza de que le bastaran unos pocos minutos de mirar mi escote para que pudiera irme a mi salón y empezar a trabajar.

- Pasa, Blanca. Por favor, siéntate, ponte cómoda - dijo el hombre que ya se encontraba sentado en su sillón, al otro lado del escritorio de donde yo me senté - mira, no quiero quitarte mucho tiempo, pero… verás, Laurita solía quedarse algunas horas después de que las clases terminaban, llevaba haciéndolo desde hace meses. No es un trabajo muy complejo en realidad, es solo que a veces necesito sentir un poco de energía femenina para llevar a cabo mi trabajo de la mejor manera y soportar las extenuantes cargas de trabajo que a veces tengo que llevar a cabo. Ella lo entendía muy bien, solía ser muy complaciente conmigo y hacía cualquier cosa que yo le pidiera, sin importar lo que yo quisiera - dijo ese cerdo de forma insinuante, mientras yo lo miraba atónita, sin poder creer que de verdad se estuviera atreviendo a lanzarme aquella clase de proposición - y bueno, ahora que no está, estoy buscando a una profesora que se encargue de atender la clase de asuntos de los que ella se hacía cargo, ya sabes, complacerme con algunos caprichos, ser cariñosa conmigo y, principalmente, cerrar la boca con respecto de cada cosa que hagamos en esta oficina o fuera de ella - dijo el hombre, poniéndose de pie de inmediato, sin que le importara disimular la erección que llevaba debajo del pantalón que levantaba una pequeña carpa sobre aquella prenda, mientras caminaba hasta colocarse detrás de donde yo me encontraba sentada, provocando que me pusiera nerviosa, que incluso sintiera de pronto el impulso de salir de ese lugar, de llorar ante la ansiedad que me inducía el hecho de que ese hombre estuviera detrás de mí, en una oficina solitaria, sin nadie cerca que pudiera impedir lo que creí que estaba a punto de saltar. Un sobresalto me atacó cuando puso sus manos sobre mis hombros y comenzó a masajearlos - por supuesto que tal clase de trabajo conllevaría un aumento salarial considerable y proporcional a las horas que pasemos juntos y a lo bien que te portes conmigo. Debo decirte que no soy un hombre tacaño cuando me tratan bien, suelo llevar a mis acompañantes a cenar a buenos lugares y comprarles ropa que no podrían permitirse con sus miserables sueldos - dijo mientras sus manos comenzaban a desplazarse lentamente hacia mis brazos, rozando de vez en cuando mis senos por los costados, de una forma tan sutil que aquellos gestos bien podrían pasar por toqueteos accidentales - confieso que el saber que Laurita no vendría más al instituto me hizo sentir muy triste, porque ella lo hacía muy bien, sabía cómo tratarme y consentirme de la manera correcta para hacerme feliz, tanto que en muy poco tiempo pudo comprarse ese lindo auto con el que venía todos los días a clases, además de otras muchas cosas que no traía a la escuela porque yo así se lo sugerí, después de todo, no queríamos llamar la atención ni hacer que la gente se preguntara de donde sacaba los créditos para comprar todas esas baratijas ¿Cierto? pero en fin, el caso es que Laurita ya se fue, muy a mi pesar, y ha dejado ese puesto vacante, uno que estoy dispuesto a darte y… bueno, ahora que lo sabes, ¿Qué me dices Blanca? ¿Te interesa tomar su lugar? - preguntó, mientras sentía cómo me restregaba su pequeña verga erecta en la espalda, al tiempo que deslizaba sus manos por delante de mi cuerpo, llegando muy despacio hasta mis senos, acariciándolos con mucha suavidad, de una manera casi imperceptible, provocándome tal clase de impresión que por un momento me quedé paralizada, sin poder hacer nada más que derramar algunas lágrimas, sin encontrar la fuerza que necesitaba para mandarlo al carajo por haberse atrevido a tanto, un estado de perplejidad que terminó justo cuando el hombre hizo el intento de meter su mano en mi escote, provocando que yo reaccionara inclinándome hacia delante y poniéndome de pie en un gesto abrupto con el que logré que apartara sus manos de mí y se fuera a sentar de nuevo a su sillón, antes de que levantara la mirada y lo encontrara observándome con esa expresión petulante y engreída en el rostro, como si diera por hecho que aceptaría esa clase de trato, haciendo que sintiera de nuevo ese escalofrío ante la sola idea de pasar más tiempo del necesario con ese ser tan repugnante, de llegar a la intimidad con un hombre tan despreciable y grotesco como lo era el director del colegio.

- Gracias por su ofrecimiento, profesor - respondí al fin, lidiando con lo indignada que me sentía ante tal clase de propuesta, haciendo un esfuerzo inhumano para controlar mi rabia y no terminar gritándole todo aquello que quería escupirle en la cara, antes de que me aclarara la garganta para poder hablar con la firmeza que necesitaba para dejarle las cosas claras a ese papanatas - pero por ahora me siento muy a gusto con mi trabajo y con el sueldo que gano - lo atajé, un segundo previo a mirar de nuevo el reloj de mi móvil y ver que la campana estaba a punto de sonar, sintiendo la necesidad de usar mis clases como pretexto para poder salir de ahí antes de que algo más pasara, una intención que se vino abajo cuando de pronto me encontré con la expresión de pocos amigos que el director me dirigió.

- Blanca, quiero que entiendas que esta no es una oportunidad que le daría a cualquier persona, porque no le brindaría esta clase de ayuda a una mujer que no cumpliera ciertos requisitos que para mí son indispensables, así que deberías pensártelo mejor, pues… bueno, no sabemos qué nos depare el futuro, porque tal vez tus servicios como profesora podrían dejar de ser necesarios para el siguiente ciclo escolar y créeme que odiaría que terminaras desempleada y tal vez vendiendo tu cuerpo al mejor postor en esa aplicación de las siervas - comentó el hombre mientras se adelantaba un poco en el escritorio y me tomaba de la mano para colocarla entre las suyas, haciéndome estremecer de mala forma cuando sentí sus rasposos dedos en contacto con mi piel, hablando con un tono con el que fingía ser un tipo amable, a pesar de que me estuviera amenazando de una forma tan descarada - sí, eso suena horrible ¿Cierto? Así que esto es lo que pasará: te daré el resto del día para que lo consideres mejor antes de darme una respuesta definitiva, Blanquita; no me gustaría ver que en unos tengas que buscar otro empleo cuando el ciclo escolar termine, porque las cosas allá afuera cada vez no son más difíciles para las mujeres trabajadoras como tú y supongo para ti sería mucho más fácil pasar algo de tiempo conmigo por las tardes, a tener que vender ese lindo cuerpecito a cualquier extraño a cambio de unos pocos créditos ¿O me equivoco? - dijo, descarando sus intenciones, haciendo que me sintiera furiosa ante la clase de proposición que me estaba haciendo, obligándome a retirar mi mano de la forma menos agresiva y violenta como pude hacerlo, antes de que mirara de nuevo ese brillo de rabia y locura que irradiaban sus ojos al ver que las cosas no estaban saliendo como él lo pretendía, de que sintiera la forma tan violenta como mis manos temblaban de miedo y rabia.

- Lo… - me aclaré la garganta de nuevo, tratando de sobreponerme a mis miedos y la indignación que me agobió ante tal clase de comportamiento de parte del director - lo siento, profesor, pero no tengo nada que considerar; como ya se lo dije, estoy muy contenta con mi trabajo y con mi sueldo, así que tendré que rechazar respetuosamente su propuesta y, si no le molesta, es hora de que me vaya a trabajar - dije, terminando aquella frase justo en el momento en el que la campana sonó, sintiéndome nerviosa mientras intentaba soportar la mirada enfurecida de ese bastardo que no dejaba de verme con ese odio tan intenso que se había apoderado de todo su rostro ante el rotundo rechazo que acababa de recibir.

Fue un alivio ver cómo el pequeño hombrecillo desviaba su mirada de mis ojos para colocarse en su asiento y luego dirigir toda su atención hacia el monitor de su computadora, como si en realidad estuviera haciendo algo importante, como queriendo salvar su orgullo al darse cuenta de que no todas las mujeres teníamos un precio.

- Eso sería todo, profesora, que tenga un buen día - respondió cortante, haciendo que yo me dirigiera de inmediato a la salida, sin tener la más mínima intención de decirle nada más ni tener idea de lo mucho que aquel rechazo me costaría, ni lo rápido que todo cambiaría en mi vida a partir del instante mismo en el que me rehusé a tomar un puesto que me reduciría al papel de prostituta del director.

***

- ¡No puedo creer lo de ese cerdo! - dijo Nicole mientras almorzábamos en mi salón de clases, después de que le hubiera contado lo que ese cerdo me dijo por la mañana - ¡¿Cómo se le ocurrió que aceptarías convertirte en su puta personal?! ¡Es increíble! - exclamó indignada.

- Lo mismo pensé, pero supongo que me convendría empezar a buscar una nueva escuela en donde enseñar, porque no creo que dure mucho tiempo con este empleo, amiga - contesté, sintiéndome muy triste ante la perspectiva de encontrar un nuevo trabajo, de tener que dejar a aquellos alumnos a quienes tanto quería tan solo por no haber accedido a las porquerías que ese imbécil quería hacer conmigo.

- ¡Es tan injusto! - se quejó Nicole, dándome el apoyo que necesitaba, permitiendo que no me sintiera sola, que de alguna manera confirmara que mi decisión había sido la correcta, provocándome una sensación grata que por desgracia no duró mucho tiempo, que se terminó justo cuando un grupo de soldados irrumpió en el salón, apuntándonos con sus armas y gritándonos cosas que nos provocaron mucho miedo de manera inmediata.

- ¡Las manos donde pueda verlas! ¡No se muevan! - gritó un hombre mientras Nicole y yo intercambiábamos miradas aterradas - ¿Quién de ustedes es Blanca? - nos exigió el tipo, antes de que escuchara la voz del director viniendo desde la entrada del salón.

- ¡Es la pelirroja! - gritó ese cerdo, provocando que un militar tirara de mi brazo y me obligara a poner las manos contra la pared, haciendo que me inclinara hacia el frente, que levantara el culo en dirección de ese imbécil que comenzó a manosearme con brusquedad con el pretexto de cerciorarse de que no estuviera armada ¡Por dios! ¡Era una maestra! ¿A quién demonios se le ocurriría que una profesora pudiera llevar un arma consigo?

- ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué…? - una fuerte nalgada me hizo doler el trasero, antes de que el militar que me revisaba cargara contra mí, haciendo que mi cuerpo entero se estrellara contra la pared.

- Tranquilo, soldado - dijo otra voz, una más tranquila que la de ese tipo que me estaba revisando - lo siento, señorita, el soldado solo está haciendo su trabajo, pero me temo que no tengo buenas noticias para usted, pues ha sido denunciada como una traidora al Gobierno Central.

- ¡No, claro que no! ¡Yo jamás…! - una nueva nalgada y la sensación de una enorme mano apretándose alrededor de mi cuello, fue lo que me hizo volver a cerrar la boca, provocando que en aquel salón no se escuchara nada más que mi respiración agitada y el angustiante llanto de Nicole.

- Voltéala, haz que quede de frente a mí - ordenó el que parecía ser el oficial a cargo, haciendo que el soldado que me estaba sujetando obedeciera aquella orden de inmediato - ¿Esta es su bolsa? - me preguntó, logrando que sintiera un vuelco en el estómago en cuanto vi mi mochila colgando de su mano.

- Sí, lo es, pero ¿Eso que tiene que ver con…? ¡No, eso no es mío! ¡No sé cómo llego ahí! ¡Pero eso no es mío! - grité enloquecida cuando vi que de mi mochila sacó un montón de panfletos que las locas de Aurora estuvieron repartiendo semanas atrás en un intento por reclutar a más mujeres a su movimiento, claro, antes de que todo el asunto del edificio en llamas y la Ley Aurora tuvieran lugar.

- Lo siento, señorita, pero las pruebas en su contra parecen irrefutables, así que, por el poder que nos ha sido infundido por el Gobierno Central y con base en los estatutos de la Ley Aurora, en este momento la encontramos culpable de traición al Gobierno Central, condenándola a una vida de servicio en el sistema Siervas del Hombre. Caballeros, procedan - dijo el oficial, desatando aquel impulso que me hizo pelear y tratar de escapar de un destino injusto, que me hizo golpear al tipo que me sujetaba y emprender una huida que no llegó a más de un par de pasos hasta que otros hombres me capturaron y me hicieron arrodillarme, en medio de un llanto desgarrador, haciéndome gritar de dolor cuando sentí un ardor muy intenso alrededor de mi muñeca, justo en el momento en el que me fue colocado el dispositivo de sumisión.

Antes de ese día, había leído acerca de los efectos de la ambrosía en decenas o quizás cientos de artículos de diferentes fuentes, donde hablaban de una sensación de placer que era por mucho más intensa que cualquier otra cosa en el mundo, una descripción que resultaba muy pobre e injusta en comparación con lo que sentí cuando esa droga comenzó a recorrer mi cuerpo, porque de pronto no era capaz de pensar en nada distinto de aquella repentina obsesión que me agobió ante la necesidad de obtener un orgasmo, la misma que me hizo perder la noción de dónde estaba y me llevó a tirarme en el suelo, llevando mi mano a mi entrepierna para tocarme por encima de los pantalones, experimentando esa manera tan violenta y repentina como mi vagina comenzaba a humedecerse, mucho más de lo que lo hubiera experimentado en el pasado, provocando que mi ansiedad me hiciera tirar de mis pantalones para bajarlos hasta que mi coño quedara desnudo y pudiera meterme los dedos sin que me importara estar enfrente de un montón de hombres que se reían de mi estado, sin que a ellos les importara en los más mínimo el hecho de que Nicole estuviera llorando desconsolada, a tan solo unos centímetros de donde yo me retorcía en medio de la desesperación que me consumía.

- Caballeros, dado que fui yo quien les entregó a esta traidora, ¿No creen que sería lo justo que yo la utilizara antes que ustedes? Quiero decir, me encantaría darle la bienvenida al mundo de las siervas - escuché la voz del director, como si proviniera de muy lejos, antes de que las risas de los soldados saturaran mis oídos, sin que yo dejara de tocarme, sintiendo cómo mi mano se empapaba con mis propios fluidos.

- Sí, claro que sí, eso me parece justo, pero antes de que eso pase, primero tenemos que hacer algo más - respondió el oficial, quien pronto se acuclilló a un lado de mí, tomándome de la cabeza para obligarme a enderezar mi cuerpo y mirarlo a los ojos, un segundo antes de que mis manos comenzaran a tocarlo, de que apretara su verga con fuerza, deseando que se la sacara y me penetrara con ella, desconociendo a esa mujer que se comportaba de una manera tan vulgar y lasciva, quien no podía pensar en nada que no fuera la posibilidad de que ese soldado la llevara al orgasmo - ¿Quieres que uno de nosotros te viole? ¿Quieres que te hagamos venir como una perra en brama, sierva?

- ¡Sí, señor! ¡Métamela, por favor! ¡Solo deseo…! - dije con una voz necesitada y suplicante, sin dejar de tocar al oficial hasta que mi cara fue sacudida con una poderosa bofetada.

- Cuando te refieras a mí, quiero que me digas amo - me ordenó el oficial mientras yo trataba de recomponerme y volvía a poner mi mano en ya muy endurecido miembro.

- ¡Sí, amo! ¡Haré lo que usted me diga, amo! ¡Pero por favor, deje que me venga! ¡Lo necesito! ¡Se lo ruego! - renovadas risas se escucharon provenientes de aquellos soldados y del director del instituto.

- Muy bien, cariño, muy bien, eso suena mucho mejor, pero me temo que no podré complacerte hasta que hagas algo bueno por mí, porque una recompensa como la que me estás pidiendo requiere de un buen comportamiento, así que, antes de que deje que estos buenos hombres te utilicen, quiero que me ayudes con algo muy fácil, ¿De cuerdo? Quiero que señales a quienes te ayudaron a difundir la información de Aurora, porque sabemos que no pudiste hacerlo sola, así que dime ¿Quién te ayudo? Solo tienes que decir su nombre y nosotros nos encargaremos del resto.

- ¡No, por favor! ¡Eso es injusto! ¡Ella está muy drogada! ¡No pueden obligarla a hablar así! ¡No pueden…! ¡Ahhhhhh! - un fuerte grito de dolor estremeció el viento cuando un hombre azotó la cara de Nicole en el escritorio, provocando que su nombre apareciera en mi cabeza mientras el llanto de mi amiga resonaba dolorosamente en mis oídos, sin que pudiera evitar lo que pasó cuando involuntariamente pronuncié su nombre, no porque quisiera señalarla, sino porque en aquel momento era lo único en lo que podía pensar más allá de la necesidad que tenía de obtener un orgasmo.

- Nicole - escapó de mi boca, provocando las risas de los soldados mientras el oficial se ponía de pie.

- Toda suya, director. Muchachos, encárguense de la señorita Nicole - ordenó el oficial, haciendo que los gritos de mi amiga se hicieran enloquecidos mientras el director se acercaba a mí y me hacía arrodillarme frente a él, sintiéndome horrorizada en alguna parte de mi pensamiento cuando de pronto noté la forma tan desesperada con que mis manos desabrochaban su cinturón y tiraban de sus pantalones para dejar su pequeño pene desnudo frente a mí, el mismo que me metí en la boca sin siquiera detenerme a pensarlo, mientas una parte en el fondo de mi alma me hacía entender lo repugnante que era lo que estaba haciendo, una vocecilla interna que muy pronto se fue apagando, en la medida en que me sentía más cerca del momento en que un hombre me penetrara para permitirme llegar al orgasmo que tanto deseaba alcanzar.

- Hubiera sido mucho más fácil que te acostaras conmigo por las tardes ¿No lo crees? En fin, tomaste tu decisión, Blanquita, y con algo de suerte, quizás pueda comprarte cuando te pongan a la venta, pequeña puta pelirroja - dijo el director mientras yo me comía su verga con desesperación, sin que el sabor de su orina me detuviera, sin que me provocara arcadas el repugnante olor a sudor que se dispersaba por todos lados, concentrada en hacer que se le parara lo suficiente como para que al fin se decidiera a penetrarme, algo que ocurrió un par de minutos después, cuando el hombrecillo me levantó y me llevó hasta el escritorio, bajándome los pantalones y las bragas con mucha agresividad hasta dejar mi trasero desnudo, el cual tocó sin el más mínimo recato para luego penetrarme con ese pene tan pequeño que no tuve más opción que mover el culo con movimientos desesperados en un intento por sentir algo, por lograr que ese codiciado orgasmo explotara entre mis piernas.

Gemidos, jadeos, el olor a sudor y sexo que pronto se apoderó de mi salón, fue lo que me rodeaba mientras ese repugnante imbécil me utilizaba, al mismo tiempo que mi mejor amiga yacía a gatas en el suelo, con un soldado bombeándole el coño mientras otro le embestía la cara, sin que ella se negara, sin que se quejara de alguna manera o hiciera algún intento por escapar de sus violadores.

- ¡Ahhhhhh! ¡Blanquita! ¡Tienes el coño tan apretado que casi pensaría que nunca habías cogido en tu vida! ¡Ahhhhhh! ¡Cómo quisiera comprarte para hacerte mi sierva de compañía y cogerte todos los días! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Eso, perra, mueve el culo para tu amo! ¡Ahhhhhh! ¡Maldita puta! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! - gritó ese bastardo hasta que se vino en mi coño, si haberme siquiera acercado a un orgasmo, quedándose dentro de mí por un instante, antes de que se saliera de mi cuerpo, de que sintiera cómo su semen se derramaba por entre mis labios y uno de aquellos soldados tomara su lugar, cogiéndome de una manera mucho más placentera que como lo hizo el director, metiéndome un pene considerablemente más grande, tanto que me hizo gritar de placer y retorcerme sobre el escritorio mientras otro tipo se acercaba y se colocaba a la altura de mi cabeza, tomándome de la nuca mientras yo abría mucho la boca para recibirlo entre mis labios y mi lengua, disfrutando de su sabor a la vez que me arrancaba la blusa y comenzaba a embestir mi garganta con agresivos movimientos de cadera.

No tengo idea de cuánto tiempo estuvimos siendo usadas en ese salón, de cuantos hombres se vinieron en mi boca y en mi coño, lo único que recuerdo es que en algún momento detuvieron el flujo de ambrosía en nuestros cuerpos y nos obligaron a mirarnos la una a la otra, con el pelo desordenado, el maquillaje estropeado y los ojos llenos de lágrimas, sintiendo el sabor del semen de esos hombres en nuestras bocas mientras otro poco escurría por entre nuestras piernas, dejando que la culpa y la miseria nos envolvieran en sus ásperos mantos que inevitablemente nos llevaron a llorar tras haber perdido toda esperanza.

- ¡Lo siento, Nicole! ¡Por favor, perdóname! - gemí, suplicando a mi mejor amiga que me perdonara por haber dicho su nombre, viendo cómo ella lloraba inconsolable después de lo que nos vimos obligadas a hacer, antes de que me abrazara en un gesto de redención y perdón que precedió al momento en el que los soldados nos obligaron a separarnos y levantarnos del suelo para luego llevarnos fuertemente sujetadas hacia el pasillo, donde algunos alumnos nos miraron temerosos y sorprendidos, sin entender del todo lo que estaba pasando mientras nos vean caminar frente a ellos con la ropa destruida y el alma hecha pedazos.

- ¡Pongan mucha atención, chicas! - gritó el director - esto es lo que pasa cuando una mujer traiciona al gobierno. Que les sirva de lección chicas, que les sirva para entender cómo debe comportarse una mujer - dijo el muy imbécil, haciendo que dentro de mí naciera la necesidad de gritarle un par de cosas horribles, nada que lograra salir de mi boca, pues en aquel momento me sentía cansada y destruida, tanto que ni siquiera sabía si llegaría viva al camión militar que ya nos esperaba en el estacionamiento del instituto.

Creo que fue la humillación de que mis alumnos me vieran tan destruida y la idea de que algunas de esas niñas podrían terminar de la misma forma, lo que me indujo un llanto tan desesperado y doloroso que no fui capaz de controlarlo, que me hizo sentir cómo mi cuerpo se sacudía violentamente con cada sollozo, lamentando lo que me pasó, sintiendo esa sensación de injusticia al ser acusada de un delito que no cometí y tras haberme obligado a decir mentiras acusando a Nicole de algo que no tenía sentido.

- ¡Lo lamento, Nicole! ¡En verdad, lo siento! - me disculpé de nuevo, viendo cómo mi amiga se deshacía en llanto, a la vez que ese oficial se sentaba a mi lado, antes de golpear el suelo del camión y hacer con ello que comenzáramos a avanzar.

- En realidad no tiene sentido que te disculpes, sierva - dijo mientras revisaba algo en su arma, con tal tranquilidad que me hizo saber que aquello ya lo había hecho demasiadas veces como para que le siguiera afectando - las dos iban a ser arrestadas y condenadas, aunque no hubieras mencionado su nombre.

- ¡Eso no es justo! ¡No hicimos nada de lo que nos acusan! ¡Jamás traicionamos al Gobierno Central! - exclamé, con ese tono suplicante que contaminó cada una de mis palabras El oficial solamente sonrió.

- Lo sabemos. Es evidente que hicieron enojar a su director y que ese enano idiota te plantó la propaganda de Aurora, sin embargo, tenemos órdenes de detener a cualquier mujer que sea capturada, porque valen más como siervas que como mujeres libres.

- ¿De qué demonios…? - preguntó Nicole sin poder terminar de expresar aquella pregunta.

- No es tan difícil de entender. Como mujeres libres no representan una ganancia permanente para el gobierno, más allá del cobro de impuestos y cosas parecidas, pero como siervas, el estado se lleva una buena tajada de cada ocasión en que son rentadas o vendidas, además de que también recibe una cantidad sustancial de créditos cada vez que sus amos compran alimento para siervas, o las llevan a descontaminación, o rellenan sus dispositivos de sumisión o cualquier otro servicio que tenga que ver con la siervas, en realidad, al tenerlas atadas de esa forma, se convierten en un activo muy valioso para el gobierno, además de que así mantienen apaciguados a todos los hombres que las usan, distrayéndolos de las cosas que son verdaderamente importante - dijo con descaro, sin prestarnos demasiada atención mientras terminaba de limpiar su arma, hasta que una voz sonó por su radio.

- Hay otra sospechosa en el sector 13. Enviaré la ubicación exacta cuando una patrulla acepte la encomienda - dijo la voz de un tipo, antes de que el oficial sacara su radio y contestara.

- Patrulla 46 al tanto, vamos para allá - contestó sin más, sonriendo luego de que lo hizo para luego mirarnos a Nicole y a mí alternadamente - espero que se pongan cómodas chicas, porque no serán las únicas a las que recogeremos antes de ir al centro de registro - explicó, provocando que Nicole y yo intercambiáramos una mirada derrotada, sabiendo que aquello no tenía remedio, que no habría poder que nos hiciera evitar el destino al que ese imbécil del director nos había condenado.

Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 24) o adquiriendo el segundo tomo de esta serie en AMAZON (capitulos 7 - 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.

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