Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 11
RODRIGO - Amo, ayer escuché a Anahí y a Liliana hablando de su hermana. Ambas estuvieron llorando mucho. Al parecer, el último cliente de Anahí le dijo que hay una estadística de muerte muy alta en las siervas que fueron capturadas en el…
RODRIGO
- Amo, ayer escuché a Anahí y a Liliana hablando de su hermana. Ambas estuvieron llorando mucho. Al parecer, el último cliente de Anahí le dijo que hay una estadística de muerte muy alta en las siervas que fueron capturadas en el golpe a Aurora, le dijo que la mayoría han muerto en manos de gente del ejército y otras más por desnutrición o deshidratación, al parecer quienes las compran no suelen alimentarlas como deberían - me explicó Alejandra mientras desayunábamos y las chicas se preparaban para ir a un nuevo servicio.
- Lamento escuchar eso. Me imagino que no debe ser grato para ellas tener que lidiar con la incertidumbre de no saber si su hermana está bien, pero no sé qué más podría hacer al respecto, porque si Emilio no me ha llamado, supongo que será porque no ha encontrado a Lourdes.
- Bueno… no lo sé, amo, pero si a Liliana la encontraron en ese mercado, ¿No cree que tal vez podrían encontrar a Lourdes en otro sitio como ese? Quiero decir, quizás salió del radar de La Corporación de esa manera o…
- No lo sé, pero no me gustaría ir por ahí buscándola a ciegas, sin tener ninguna pista de su paradero, porque creo que el simple hecho de poner un pie en ese sitio podría traerme muchos problemas con ese tal Tavroz, no es alguien con quien quiera volver a encontrarme y menos si no tengo al menos un indicio de que esa chica pueda estar ahí.
- Lo entiendo, amo, y no quisiera ser insistente, pero las chicas lucen mal y no sé qué tan bueno sea eso para el negocio, no creo que a los clientes les agrade mucho estar con una mujer deprimida, ni tampoco estoy segura de que su salud se mantenga estable si se la pasan pensando todo el tiempo en su hermana perdida - comentó Alejandra, sin mirarme a los ojos, como si de alguna manera temiera que su insistencia pudiera molestarme; no obstante, lejos de lo que ella creía, la verdad es que el tema de Lourdes a mí también me había molestado desde hacía días, porque no era común que Emilio se tardara tanto en obtener información, ya que tanto a Alejandra como a Liliana las encontró de manera relativamente sencilla, algo que me hizo pensar que quizás algo raro estaba pasando, que tal vez Emilio pudo haberse olvidado del asunto o algo parecido, una sospecha que me llevó a tomar el teléfono en ese mismo momento y llamarlo para saber cómo iba con su investigación con respecto de la hermana perdida.
- Hola, Rodrigo ¿Cómo estás? ¿Cómo va el negocio? - contestó, levantando la voz por encima del ruido de la galería en donde el hombre trabajaba.
- El negocio va muy bien, pero… bueno, es que no he tenido noticias tuyas, ya sabes, con respecto de esa chica, así que quise hablar contigo para saber qué has averiguado.
- Lourdes, sí, lo sé, lamento decirte que las cosas no van bien con eso, amigo - respondió, con un tono pesimista y tal vez algo apenado, suspirando con fuerza antes de explicarme lo que había encontrado - verás, los registros de La Corporación, solamente abarcan llegadas y salidas, por lo cual, en la base de datos, solamente encontré la fecha de registro de su llegada a una galería y la de su posterior venta. Claro que con un poco de esfuerzo logré contactar al comprador y lo hice venir a la galería con la promesa de dejar que usara mi descuento de empleado; en fin, el caso es que me dijo que él ya no tenía a Lourdes, al principio se puso un poco reacio a decirme lo que pasó, pero luego lo persuadí y logré que me dijera a quién se la vendió. Resulta que la chica fue a dar a un lugar de apuestas ilegales donde se convirtió en el premio mayor de uno de sus juegos, al parecer el muy idiota la apostó cuando el dinero se le acabó, y la perdió, dejando que Lourdes se quedara como propiedad del establecimiento. Por supuesto que cuando me dijo aquello me di a la tarea de averiguar dónde estaba ese agujero de viciosos, sin embargo, cuando busqué el negocio, me enteré de algo horrible, y es que resulta que el lugar se incendió con todas las personas que estaban adentro, incluso en las noticias hablaban de una explosión que prácticamente hizo pedazos a todos los que estaban ahí. Al parecer el incendio fue provocado y dicen que… - Emilio se detuvo cuando se dio cuenta de que se estaba dejando llevar demasiado por aquella historia que a todas leguas se notaba que le encantaba, hasta que carraspeó y respiró profundamente para recuperar la compostura - bueno, eso no importa, ya te contaré otro día la historia del incendio. El caso es que con la desaparición de ese lugar, se perdió el rastro de la chica y ya no tengo forma de seguirla rastreando. Ahora, a partir de aquí y dado lo que ocurrió con el negocio ese, podemos hacer un par de conjeturas con respecto de lo que pasó con Lourdes; la primera, y es la que creo que resulta más obvia, es que la chica haya muerto en el incendio, lo cual es bastante probable dado que eso pasó apenas un par de días después de que el establecimiento de la apropiara; la segunda conjetura que podríamos hacer tendría que ver con la posibilidad de que, antes de que se diera el siniestro, hubiera sido reclamada por alguno de los ganadores, lo cual en realidad, y perdóname por ser tan pesimista, creo que es muy poco probable, porque según lo que leí en la web, esa clase de premios eran algo especial, algo que no pasaba con mucha frecuencia, y lamento decirte que de ser ese el caso, lo cual dudo con todo mi corazón, sería casi imposible rastrearla sin acceder a la base de datos del Gobierno Central donde está el listado de propiedades de las siervas, un archivo que está clasificado como de alta confidencialidad, así que…
- ¿Qué me dices de los mercados negros? ¿Crees que sea probable encontrarla en un lugar como el que visitamos la última vez?
- Amigo, creo que buscarla en ese u otros sitios parecidos, sería correr un riesgo por completo innecesario, porque todo indica que murió en el incendio, y es que aquello fue horrible, los investigadores encontraron rastros de químicos por todo el lugar, incluso leí que después de la explosión, no quedaron restos reconocibles de ninguna de las personas que estaban ahí, así que… amigo, espero que no estés pensando regresar a ese lugar. Tavroz es un tipo muy peligroso y, a pesar de que creo que dejaste una buena impresión frente a toda esa gente, no estoy seguro de que regresar ahí sea la mejor de tus ideas.
- Sí, entiendo tu preocupación, y créeme que no me muero de ganas por regresar a un sitio como ese, pero por otro lado, no tenemos evidencia de que en realidad esté muerta, por lo cual, me temo que no me rendiré hasta que la encuentre o tenga la certeza de que murió, amigo, se lo prometía a una de sus hermanas y haré lo que pueda para cumplir con mi palabra, a pesar de que no creo tener muchas opciones - le aseguré, aun sabiendo que las probabilidades no estaban de mi lado y que en realidad era casi un hecho que esa chica hubiera muerto - en fin ¿Conoces otros sitios como el lugar del tal Tavroz? Quiero decir…
- Sé lo que quieres decir y… ¡Demonios! ¡Odio tener que darte este dato! Pero hay un lugar, o mejor dicho, un evento, se trata de algo grande, una especie de reunión de toda la gente que se dedica a la trata de siervas por debajo del radar de La Corporación, por supuesto que es algo completamente fuera de la ley, algo tan ilegal que de solo estar ahí te estarías convirtiendo en un delincuente, y eso sin hablar siquiera de lo que pasaría si hicieran una redada y te llegan a atrapar, porque no saldrías fácilmente del problema y… - una vez más dejó salir un suspiro exasperado, mientras de nuevo hablaba de esa forma que me hacía pensar que el tipo se sentía orgulloso de tener información que parecía ser tan relevante y de la cual yo no estaba ni de lejos enterado - escucha, no quiero que vayas, de hecho, te pediría que no lo hicieras, porque el evento ese es una especie de circo del pecado, al menos así es como lo venden; dicho esto y dejando muy patente mi oposición a que vayas, debo decirte que si hay un lugar en el que podrías encontrar a esa chica en caso de que siga viva y de que esté en manos de uno de esos tratantes, sería justamente ese evento que promete reunir a miles de personas para vender, comprar o intercambiar siervas, además de que tendrán… llamémosle, atracciones, para los visitantes, vamos que es como una feria donde se van a juntar los tipos más malos de entre los malos, así que supongo que si esa chica tuvo la mala suerte de cruzarse con alguien así, estará ahí.
- ¿Crees que sea peor que el sitio de Tavroz?
- Mil veces peor, porque ahí te vas a encontrar animales que seguramente son más peligrosos que ese loco, así que yo me lo pensaría muy bien antes de ir porque… escucha - dijo de pronto con un tono muy bajo de voz, tanto que me tuve que pegar mucho el celular al oído para poder escucharlo - es la primera vez que pasa algo así, a La Corporación le preocupa que pasen estas cosas, porque no es una buena idea tener a tantos delincuentes reunidos en un solo lugar, no solo por el hecho de que haya trata ilegal de siervas, sino porque seguramente habrá tráfico de armas, drogas, alcohol y las cosas se podrían salir muy fácilmente de control, algo que no le convendría ni a La Corporación ni al Gobierno Central, porque les traería una mala imagen después de lo que pasó con la ley Aurora, por esa razón es que creo que ir ahí sería un error, si es que la idea de que te encuentres con gente tan peligrosa como ese tal Tavroz, no logró hacer que deseches esa posibilidad.
- ¿Y no crees que mi apariencia de delincuente me ayude? - bromeé con él, antes de que una risilla se escuchara al otro lado de la línea, aunque debo decir que sonaba un poco turbada por el miedo o la preocupación que aquello le estaba provocando a Emilio.
- Sí, te ayudará, pero no creo que demasiado, vas a estar en el reino de los malos, en un lugar sin ley, donde tú serás un turista y uno de los pocos que llegará solo a ese lugar, así que… - Emilio se detuvo y suspiró, creo que sintiéndose algo desesperado ante la idea de que yo quisiera ir a ese evento - mira, si te empeñas en ir, te sugiero que no pases más de una hora ahí, busca a la chica sin mirar a nadie a los ojos, trata pasar desapercibido y de hacerlo rápido, pero sin verte desesperado y no dejes que nadie te intimide y, si ves a ese tal Tavroz, procura que no te vea, porque si lo hace…
- Vale, gracias por animarme - una nueva risilla se escuchó.
- En serio que no creo que sea una buena idea que sigas buscando a esa chica y menos en un lugar como ese, de verdad me preocupa que te pueda ir mal en ese infierno de vicioso y creo que deberías pensar en el hecho de que, si mueres en ese lugar, el gobierno podría quedarse con todas tus siervas y volverían a dividir a esas hermanas a las que tanto te has esforzado en reunir, así que… de verdad ¿No crees que sería mejor decirles que su hermana murió?
- Gracias por tu preocupación, pero no, haré lo que pueda para encontrarla o para saber si en verdad murió, así que ¿Por qué no me dices cómo se llamaba ese lugar que se incendió?
- El lobo tuerto ¡Diablos, amigo! ¡Eres más terco que mi exesposa! - exclamó, perdiendo los papeles por un breve momento mientras yo reía.
- Vaya nombre. Espero que alguien sepa algo de ese sitio para… - le respondí, aunque no pude terminar aquella frase antes de que mi amigo me interrumpiera, hablando con un tono de voz muy alarmado.
- ¡Pero es que ¿Piensas ir por ahí preguntando por un lugar que alguien incendió a propósito?! ¡No lo hagas! ¡Eso es todavía más peligroso que ir a ese maldito infierno! ¡Llamarás la atención de la gente equivocada y…! - Emilio suspiró exasperado una vez más, pero creo que en el fondo sabía que no había forma de que pudiera convencerme de no hacer lo que tenía en mente - mira, pásate mañana por la galería, te conseguiré un par de armas y las registraré a tu nombre, si de todos modos vas a ir, al menos quiero que tengas lo necesario para defenderte.
- Gracias amigo, aunque en realidad esperaba que me acompañaras - bromeé, sabiendo que aquel sitio rebasaba el límite de tolerancia del buen Emilio.
- No, amigo, te aprecio, pero jamás me metería a un lugar como ese; además, no podría aunque quisiera, si alguien en La Corporación se enterara de que puse un pie en ese lugar tan… tan… - reí de nuevo.
- Lo entiendo. No hay problema. Te veré mañana temprano en la Galería. Gracias por todo amigo.
- Nos vemos, Rodrigo, tal vez mañana pueda convencerte de no cometer esta locura - dijo y yo reí, antes de cortar la llamada y contarle a Alejandra todo lo que Emilio me dijo, una narración que dejó a mi exjefa con la boca y los ojos muy abiertos, hasta que llamaron a la puerta y escuchamos que las chicas se apresuraban a terminar con lo que hacían.
- No les diga anda aún, amo, por favor, la sola idea de que su hermana… les rompería el corazón - suplicó Alejandra, llamando mi atención al ver que de alguna forma se había encariñado con esas dos, antes de que se aparecieran de pronto, listas para ir a un nuevo servicio.
***
- ¡No estoy segura de que esto sea una buena idea! ¡Emilio se lo dijo, amo! ¡Lo más probable es que esa chica haya muerto en el incendio y no me agrada para nada que te vayas… que se vaya solo, amo! ¡Al menos debería dejarme ir con usted! ¡Quizás nos sea de mucha ayuda en un enfrentamiento! ¡Pero sé manejar un arma y tal vez…! - exclamó Alejandra días después de mi charla con Emilio, mientras me preparaba para ir a esa especia de feria del pecado y el vicio.
- No, lo mejor es que vaya solo, además, llevo las armas que me dio Emilio, así que deja de preocuparte ¿De acuerdo? Estaré bien - le respondí, aunque la verdad es que lo hice sin estar del todo convencido de mis palabras, pus el lugar en serio parecía ser un sitio en el que no lograría encajar de forma alguna.
- ¡Eso no lo puedes… no lo puede saber, amo! ¡¿Qué pasara si lo lastiman y necesita ayuda de alguien y nadie se la da?! ¡Ese no es un lugar para un hombre como tú… como usted, amo! - exclamó de nuevo, antes de que agachara la cabeza y comenzara a hablar en una voz mucho más baja, haciendo evidente la profunda preocupación que la agobiaba - además, si algo le pasa, no solamente arriesgaría su vida, también pondría en riesgo la vida de sus siervas, amo, incluida la mía, porque ¿Qué sería de nosotras si algo malo le llegara a pasar? - preguntó al final, con un tono tan triste como desesperanzado que me hizo mirarla con detenimiento hasta ver que estaba al borde del llanto, componiendo una imagen que logró remover algo dentro de mí, que por un momento me hizo pensar que tal vez hacerlo solo sería un error, que quizás, pararme solo en medio ese enjambre de abejas no sería una buena idea, que tal vez llevarla conmigo podría resultarme útil, una serie de ideas que me hicieron suspirar con fuerza, rindiéndome ante los deseos de esa chica que parecía estar auténticamente preocupada por su amo, por mí.
- De acuerdo, te llevaré. Pero tendrás que usar una sudadera de manga larga y muy suelta para cubrir tu brazalete, no quiero que nadie sepa que eres una sierva, eso podría ser peligroso para los dos.
- ¡Sí, haré lo que usted me ordene, amo! - respondió Alejandra, reprimiendo aquella sonrisa que clamaba por dibujarse en sus labios, antes de que saliera corriendo a la recámara para luego regresar con unos jeans y una sudadera que agarró de mi guardarropa, siendo ambas prendas lo bastante sueltas, algo que ayudaba en nuestro objetivo de que no se le notara el brazalete, terminando su atuendo con unos tenis y el cabello recogido de una manera apresurada y un tanto descuidada, nada que la hiciera ver menos hermosa, por supuesto. Ella se paró delante de mí y dio una vuelta para que la mirara bien, haciendo que sintiera una punzada en el estómago cuando me di cuenta de que, al levantar las manos al cielo, el brazalete quedaba al descubierto - ¿Cómo luzco? - preguntó con coquetería.
- Bien, pero no levantes las manos cuando estemos ahí, es importante que nadie vea ese brazalete ¿Entendido? - dije con un poco más de frialdad que la que me hubiera gustado emplear, mientras señalaba con mi dedo su dispositivo de sumisión descubierto, viendo de inmediato cómo ella se alarmaba y se apresuraba a cubrirlo, un gesto que me hizo sentir un poco inseguro ante la idea de llevarla, porque sabía que si alguien se enteraba de que era una sierva, tratarían de comprarla o hacerle cosas que rápidamente nos llevarían a un problema muy serio, porque por nada del mundo permitiría que le hiciera daño alguno de los animales que acudirían a ese lugar - ten guárdate esto muy bien, donde no se te vaya a caer - le dije mientras le daba una de las armas que me consiguió Emilio, sorprendiéndome un poco cuando la vi revisándola, cerciorándose de que tuviera tiros suficientes y de que funcionara correctamente.
Sí, definitivamente estaba demasiado inseguro con respecto de que el llevarla conmigo fuera una buena idea, porque incluso antes de estar en el lugar que Emilio me describió, entendía que eran muchas las cosas que podrían salir mal; no obstante, debo confesar que, de cierta manera, estar con ella me hacía sentir un poco menos inseguro con respecto de lo que haría, me daba el valor que me hacía falta para ir a ese lugar y buscar a la hermana perdida de mis siervas.
El viaje hasta nuestro infame destino resultó ser bastante largo y considerablemente peligroso, puesto que una buena parte del trayecto lo recorrimos de noche, adentrándonos en un bosque donde no se veía nada más allá de un par de metros del auto, con la guía del navegador de la camioneta como único recurso para no perdernos, hasta que al fin llegamos al sitio donde se dio cita una gran multitud, la mayoría de los cuales parecían sacados de una de esas películas postapocalípticas donde la gente se pelea por el agua y tienen batallas mientras van montados en camiones y vehículos estrafalarios.
- Esto es aterrador - dijo Alejandra en voz baja, al ver la extensión que aquello tenía, la forma como un gran número de botes de lámina en llamas delimitaban un enorme circulo dentro del cual ocurrían demasiadas cosas a la vez, teniendo una extensión que envidiaría cualquier festival de música en el mundo, una imagen que vimos desde un punto un poco más alto, desde el cual pudimos notar una especie de arena de lucha al centro y diferentes… llamémosle atracciones, que rodeaban al que parecía ser el escenario principal, las cuales pudimos observar con detenimiento por algunos segundos, dándonos cuenta muy pronto de que aquellas atracciones se iban haciendo cada vez más crueles e inhumanas mientras más cerca se encontraban del escenario principal.
- Si quieres puedes quedarte en la camioneta, no tienes por qué venir conmigo - le sugerí a mi sierva, sin poder apartar la vista de un lugar en específico en el que algunas chicas estaban amarradas a picotas como las que usaban en los tiempos antiguos para apresar a los delincuentes, donde aquellas siervas estaban siendo brutalmente castigadas por hombres que las azotaban con cinturones y látigos que dejaban marcadas diagonales sangrantes en sus pieles.
- No, no puedes ir solo, no debes hacerlo - respondió Alejandra con la voz un poco extraviada, sin dejar de mirar todo aquel escalofriante espectáculo, componiendo una expresión de miedo en su rostro. suspiré con fuerza, resignado a lo que estaba por pasar, sin querer irme de ese lugar sin al menos haber hecho el intento de encontrar a Lourdes.
- Entonces vamos - respondí, antes de que nos bajáramos de la camioneta que dejamos un poco lejos de aquella réplica de Sodoma y Gomorra a la que estábamos por unirnos.
En definitiva, el mercado en el que conocí a Tavroz, era muy poca cosa en comparación con lo que nos encontramos en ese lugar, porque a diferencia de lo que ocurría en aquella calle que recorrí con Emilio, en ese sitio parecía que la gente se esforzaba por hacer cosas que demostraran hasta donde podía llegar la crueldad humana, como si el más sanguinario y cruel de aquellos puesto se fuera a llevar un cuantioso premio al sadismo y la rotura, porque aquello no solo se trataba de algo sexual, no, usaban siervas inundadas en ambrosía para pelear entre ellas hasta la muerte en el escenario principal, con la promesa de que la ganadora recibiría un orgasmo como recompensa, haciendo que las peleas fueran tan brutales que ni Alejandra ni yo pudimos contemplar lo que pasaba en la arena de lucha por más de unos pocos segundos, mientras avanzábamos entre la gente, escuchando risas, palabras grotescas, gemidos, gritos de dolor y llanto como banda sonora de aquella abominable aventura que estábamos librando, en medio de olores a marihuana, alcohol y fluidos humanos que abrumaban nuestro olfato poniendo a prueba nuestra capacidad de retener el alimento que habíamos consumido a lo largo del día.
Como pronto nos dimos cuenta, la tarea de encontrar a Lourdes en ese lugar, muy pronto se tornaría casi imposible, porque había mucha gente caminando entre los puestos y yo me encontraba más preocupado por cuidar de Alejandra que por encontrar a la chica a quien estábamos buscando, algo que continuamente me hacía desviar la atención de las siervas del lugar para mirar a la mí y contemplar el temor con el que avanzaba entre todos esos sujetos que parecían estar buscando el momento perfecto para hacer alguna chingadera, muchos de los cuales la miraban con curiosidad, pues la ropa que llevaba desentonaba de manera evidente con el entorno en el cual nos íbamos adentrando cada vez más.
- ¡Santo dios! - exclamó de pronto Alejandra, haciendo que volteara a verla para contemplar la forma como se llevaba una mano a la boca y abría mucho los ojos, mirando con horror una escena protagonizada por una chica con decenas de heridas a lo largo de su cuerpo, quien devoraba el pene de un tipo sin detenerse, mamando como si la vida le fuera en ello, y tal vez era así, porque ese sujeto tenía en la mano una especie de látigo de muchas tiras con el que golpeaba a la sierva cada vez que se detenía o cuando le hacía algo que no le gustaba - amo, ¿Podríamos irnos de aquí? Este lugar… este sitio… por favor - suplicó Alejandra, al borde del llanto, a tan solo un segundo de perder los papeles y de ser derribada por un colapso nervioso, después de haber caminado por el lugar apenas unos pocos minutos, haciendo que yo suspirara mientras miraba cómo a una chica le metían un pene de goma por el coño y luego lo hacían girar con la fuerza de un taladro, metiendo aquel objeto una y otra vez en la vagina de la pobre sierva que gritaba desaforada, sin que pudiera distinguir si los sonidos que salían de su boca eran provocados por un inmenso dolor o el que sería tal vez un nivel inalcanzable de placer.
- Sí, creo que esto no servirá de… - traté de responder, rindiéndome ante la idea de que no podríamos encontrar a Lourdes en ese lugar ni aunque estuviera ahí, sintiendo una punzada en el estómago cuando se me ocurrió que quizás las sospechas de Emilio eran ciertas y la hermana de mis siervas había terminado muerta; no obstante, aquello que quise decir solamente se quedó en mi pensamiento, pues antes de que pudiera terminar aquella frase, un tipo borracho gritó muy cerca de mi oído.
- ¡Hey, tú! ¡Te cambio a dos de mis siervas por esa ramera que llevas tomada de la mano! - exclamó, haciendo que de inmediato volteara a verlo, poniéndome a la defensiva mientras miraba a ese sujeto, antes de seguir su mirada hasta el brazalete descubierto de Alejandra, a quien sin darse cuenta, se le había recorrido la manga de la sudadera dejando el dispositivo de sumisión a la vista.
- No me interesa - contesté, mirando al tipo a los ojos, sintiendo cómo todos los músculos de mi cuerpo parecían prepararse para una pelea mientras el hombre ese componía una sonrisa desafiante y mi mano libre se colocaba sobre mi cinturón, muy cerca del arma que llevaba metida en el pantalón.
- ¡¿Qué?! ¡¿Mis siervas te parecen poca cosa?! - dijo el sujeto, levantando mucho la voz, mostrándose enfadado, antes de que le echara un vistazo a las mujeres que llevaba sujetadas con collares de castigo, de la misma clase que se le ponían a los perros en entrenamiento para obligarlos a obedecer, siervas que lucían demacradas a pesar de ser muy jóvenes, a quienes les faltaban algunos dientes, con cicatrices en la cara y en distintas partes del cuerpo, mostrándose débiles, con los senos caídos y la piel tan floja que era evidente que ese idiota no las había alimentado adecuadamente.
- Como dije, no me interesa - respondí, reafirmando mi decisión mientras con una mano colocaba a Alejandra a mi espalda, a la vez que la otra se colocaba sobre el arma que Emilio me consiguió días atrás, listo para sacarla y dispararle a ese imbécil si se atrevía a hacer algo en nuestra contra.
Por unos segundos, ninguno se movió de donde estaba, manteniendo nuestras agresivas miradas conectadas durante un tiempo que se me hizo casi eterno, hasta que un tipo se metió entre los dos, rompiendo de manera definitiva con aquel momento de tensión.
- ¡Vamos, Greko, no vengas a dar problemas, viejo borracho! - dijo un hombre enorme, de piel oscura y excesivamente fuerte, quien le puso una mano a ese tipo en el pecho y le dio un empujón a mi oponente, empleando la fuerza suficiente como para que el borracho ese trastabillara hacia atrás, sin llegar a caer gracias a que sus siervas lo detuvieron.
- ¡Vengan aquí, muchachos! ¡Tenemos a las mejores siervas del lugar! - dijo el hombre negro, dándome una palmada en el hombro, algo que supongo que quiso hacer como un gesto amable, pero que resultó lo bastante fuerte como para doblarme un poco las rodillas, antes de que Alejandra y yo nos acercáramos a su puesto y nos encontráramos con la lasciva mirada que otro tipo en ese sitio le dirigió a mi sierva.
- Vaya, parece que has mejorado en gustos, hijo - dijo el tipo, con una familiaridad que despertó todas las alarmas en mi interior, que me hizo llevar de nuevo mi mano a mi cinturón, un gesto que a ese sujeto solo lo hizo reír - tranquilo, muchacho, no pretendo molestarte, recuerdo que no te acobardaste cuando Tavroz te enfrentó en el callejón, así que tienes mi respeto, al menos en lo que corresponde a mí y a Buba, ustedes están seguros en nuestro puesto - dijo el tipo, inclinando brevemente la cabeza en un gesto que logró relajarme un poco, aunque no demasiado - es una lástima que no tengas intenciones de vender a tu sierva, porque una mujer como ella me haría ganar mucho dinero en un lugar como este - comentó mientras veía a Alejandra como si fuera un cofre lleno de oro - en fin, dime, hijo ¿Qué te trae a nuestro inmundo reino del pecado y la lujuria? - preguntó al final, permitiendo que me sintiera un poco más tranquilo conforme avanzaba aquella plática, aunque no lo suficiente como para que alejara la mano de donde se encontraba mi arma.
- Estoy buscando a una chica… una sierva. Se llama Lourdes y lo último que supe de ella es que la llevaron al Lobo Tuerto.
- Ese lugar hizo ¡Pum! - dijo el hombre negro, con una alegría que parecía algo siniestra, gritando al final aquella expresión de una forma tan efusiva que hizo sobresaltar a Alejandra. El tipo con quien hablaba solamente dejó salir una carcajada ante el comentario de quien parecía ser su empleado, el mismo hombre que intervino para que no terminara matándome con el borracho ese.
- Sí, el sitio quedó hecho cenizas y también la gente que se encontraba en él - explicó con particular alegría, una reacción que resultaba siniestra y que me hizo entender que aquel sujeto no era la clase de persona con quien me gustaría relacionarme.
- Eso dicen, pero no sabemos si la sierva a la que busco seguía ahí cuando incendiaron el lugar, así que… - fue la mirada que ese hombre intercambió con su empleado lo que me hizo saber que tal vez había escogido las palabras equivocadas para hablar del tema, porque el hombre ese miró de un lado a otro, poniéndose de pronto muy nervioso, incapaz de ocultar lo incómodo que le resultaba hablar de ese tema en medio de toda la gente que caminaba tan cerca de nosotros, como si temiera que alguien me hubiera escuchado, antes de hacerme una señal con la mano para que me acercara a él.
- Mira hijo, será mejor que hables del asunto como si hubiera sido un accidente, o mejor aún, no hables de lo que pasó con ese lugar, porque de lo contrario harás pensar a otros que estas metiendo las narices donde no debes y eso te va a traer muchos problemas con Tavroz y con otro sujetos que son igual o más peligrosos que él ¿Lo entiendes, muchacho? - preguntó, alejándose un poco de mí, pero mirándome con severidad e insistencia, como esperando a que le confirmara que entendía lo que quiso decirme antes de poderse relajar. Yo solo me limité a asentir con la cabeza, antes de que él hiciera lo mismo un par de veces, mostrándose un poco más tranquilo cuando notó que yo estaba al tanto del peligro que correría si no cuidaba muy bien mis palabras en ese lugar - lo siento hijo, pero lo que quieres hacer es como tratar de encontrar una aguja en un pajar, en el caso de que la aguja no se haya convertido en cenizas; sin embargo, ya que estás aquí deberías divertirte un rato, tal vez te convendría echar un ojo a mi mercancía, tengo un par de jovencitas que estoy seguro de que te volverían loco - sugirió, haciéndose a un lado mientras extendía una mano hacia sus siervas, las cuales estaban sujetas a una serie de tubos que las mantenían inmovilizadas con el culo levantado, como ofreciéndoselo a cualquiera que estuviera dispuesto a pagar algunos créditos por estar con ellas - todas ellas son de calidad probada y…
- ¿Qué hay de esa chica? - lo interrumpió Alejandra sin poderse contener, provocando que el tipo ese la mirara con cierto enfado, como si no creyera que una sierva tuviera derecho a interferir en la plática que estábamos teniendo, antes de que tanto él como yo miráramos en dirección de la sierva a la cual se refería Alejandra, una muchachita que parecía mucho más joven de lo que era, quien se encontraba sentada en un colchón sucio y maltratado, mientras se tomaba el contenido de una de esas botellas de alimento para siervas, haciéndolo con dificultad, mostrándose débil y tal vez un poco enferma. El tipo sonrió de oreja a oreja.
- Se llama Lucero, es una de nuestras más recientes adquisiciones. Es muy popular en el callejón y también lo ha sido por acá, nos ha hecho ganar tanto que se ganó un descanso para comer - dijo, soltando una risilla llena de malicia al final, antes de que dejara de dirigir su atención a mi sierva y se concentrara de nuevo en mí - pero claro, si la quieres probar, la pongo a trabajar de inmediato, solo…
- ¿Cuánto por ella? - le pregunté, mirando de reojo la horrorizada expresión en el rostro de Alejandra, quien al ver a esa jovencita tan maltratada casi se suelta a llorar, y no era para menos, pues más allá de lucir muy joven, la chica parecía estar muy débil, casi en los huesos, obsequiando una imagen tan desoladora que me hacía pensar que, de seguir en ese lugar, la vida sería demasiado corta para esa jovencita.
- Bueno, con cualquiera de las chicas, el precio es el mismo, 80 créditos por quince…
- No, no quiero rentarla, quiero que me la vendas - lo corregí con firmeza, llamando también la atención de Alejandra y de Buba, quien reaccionó de una forma tan efusiva que tanto mi sierva como yo nos sobresaltamos al escuchar aquella expresión que soltó de una manera tan repentina.
- ¡Bum! - gritó con alegría ese enorme sujeto, mirando a la chica en cuestión con una sonrisa muy amplia en el rostro - ¡¿Escuchaste pequeña?! ¡Parece que al fin llegó tu ¡Pum!! - dijo el hombre dirigiéndose a la sierva, haciendo que la chica nos mirara desconcertada, sin entender lo que estaba pasando mientras el dueño del puesto me miraba con algo de astucia y desconfianza.
- No, no lo creo, hijo, no ha estado mucho tiempo con nosotros y no he podido sacar mucho dinero de su trasero así que…
- Vamos, no finjas que no tiene un precio - lo atajé - y esa chica está demasiado joven como para estar en un lugar como este. No, no finjas indignación tampoco, sabes muy bien a lo que me refiero, así que dime cuál es el precio, porque estoy seguro de que te convendrá más tener algunos créditos encima ahora, que ir recogiendo las migajas que puedas ganar con ella día tras día - comenté, mirando al hombre a los ojos, mientras sentía la forma como Alejandra me apretaba la mano, sin dejar de ver a esa pobre chica, dejando incluso que algunas lágrimas rodaran por sus mejillas.
El hombre se tornó de pronto pensativo, dándome la impresión de que estaba considerando cuidadosamente cuánto sería bueno pedirme para iniciar el regateo, mirando de vez en cuando a la chica y en ocasiones al hombre que trabajaba para él, quien lo observaba de una forma atenta y con un dejo de súplica en su mirada.
- No, no me convences, esa chica me salió muy cara y…
- ¡Patrañas! ¡¿Desde cuándo 450 créditos es muy caro para ti?! - gritó el tipo negro, riendo al final, haciendo que su jefe le dirigiera una mirada de pocos amigos.
- ¡Cállate, Buba! - le gritó, suspirando después cuando su mirada y la mía se encontraron de nuevo - escucha, en el supuesto caso de que te la vendiera, no pretendo dejarla ir sin obtener una buena ganancia por ella, porque una chica como Lucero podría retribuirme mucho dinero en este lugar o en el callejón, así que…
- Sólo dame tu precio - le insistí, mientras Alejandra rodeaba mi brazo con los suyos en un gesto lleno de aprensión, como si de esa forma tratara de hacer que no desistiera, porque era claro que aquella jovencita le había partido el corazón de la misma forma como lo hizo conmigo en cuanto la vi.
- 5000 y ese precio no es negociable - dijo el hombre, con una mirada expectante, dejándome en claro que no estaba seguro de si podría pagar esa cantidad, hasta que saqué mi celular, lo activé y me metí en la aplicación del banco.
- Dame un número de cuenta - le ordené, viendo casi de inmediato la sorpresa que brillo en sus ojos, acompañada de un poco de la decepción que seguramente sintió al entender que pudo haberme pedido un poco más y yo hubiera estado feliz en pagarlo.
De la misma forma como pasó con Tavroz, la transacción se llevó a cabo utilizando a un tercero, lo cual llevó un poco más de tiempo de lo que se tardaría en realizarse una transferencia directa, hasta que al fin sonó el celular de ese tipo, quien sonrió al ver todos esos créditos depositados en su cuenta bancaria.
- Trato hecho, hijo - dijo sonriente, antes de que el hombre negro aplaudiera de una manera estruendosa mientras se dirigía a la chica que acababa de comprar, quien se levantó de ese colchón mugroso con mucha dificultad, ayudada por aquel hombre enorme que la cargó de las axilas con un cuidado que llamaba la atención, considerando la manera como la gente en ese lugar trataba a sus siervas.
- Llegó tu ¡Pum! Pequeña, llegó tu ¡Pum! - le dijo el tipo, repitiendo aquella expresión que de pronto comenzó a hacerme algo de gracia, mientras la chica semiconsciente se abrazaba débilmente a ese semigigante - cuida mucho a la pequeña, hijo, es una buena chica - me dirigió aquellas palabras, antes de besar la frente de Lucero y ponerla en el suelo para que Alejandra se apresurara a ayudarle, metiéndose bajo el brazo de la sierva para sostenerla con firmeza, algo que no le costó mucho trabajo, pues la pobre estaba demasiado delgada como para que llevarla a la camioneta representara un gran reto.
- Un placer hacer negocios contigo, muchacho, pero te recomiendo que te marches antes de que te vea Tavroz o de que ese borracho regrese, porque aunque te hayas ganado el respeto de muchos en el callejón, aquí hay cientos de personas que no te conocen y que te van a ver como un intruso en este lugar.
- Entonces nos vamos - respondí, poniéndome de inmediato en marcha.
- Cuídate, muchacho, y que tengas suerte en encontrar a esa sierva a la que estás buscando - se despidió el hombre, mientras me colocaba al otro lado de Lucero con la intención de ayudarle a Alejandra a cargarla.
- No, estoy bien puedo con ella ¡Por dios, apenas puedo sentir su peso! ¿Cómo permitieron que llegara a esto? ¡Tú… usted mejor no quite la mano de esa arma, amo! ¡No sabe lo mucho quiero salir de este lugar! - comentó con la voz cargada de aprensión, mientras miraba un puesto donde una chica se encontraba arrodillada entre un grupo de hombres, con la cara y algunas otras partes de su cuerpo bañadas en una gran cantidad de semen.
- Vamos a tener que visitar la galería donde trabaja Emilio antes de ir a casa, tenemos que hacer algo por esta chica, aunque en realidad no creo que su estado sea responsabilidad de los sujetos de ese puesto, porque las otras chicas parecían bastante sanas y…
- ¡Ahhhhhh! ¡Rodrigo! - gritó de pronto Alejandra mientras veía como Lucero caía al suelo aun lado de mí, sin poder hacer nada para detener su caída mientras giraba de inmediato mi cuerpo, con el arma ya en la mano y el dedo en el gatillo, la cual apunté en un breve instante a la cara del borracho imbécil que trató de cambiarme a Alejandra por dos de sus siervas, el mismo que en aquel momento jaloneaba a Alejandra con demasiada fuerza, provocándole daño de manera visible.
- ¡Suéltala! - le grité, mientras veía cómo la chica se sacudía con fuerza tratando de zafarse del agarre de ese idiota.
- ¡Claro que la voy a soltar! ¡Después de que pruebe el coño de esta puta de…! - un disparo al aire hizo cimbrar el viento y acalló algunas de las voces de quienes estaban alrededor, llamando la atención de todo el mundo mientras ese hijo de puta me miraba, con los ojos muy abiertos al ver que le apuntaba con un arma de fuego.
- ¡Suéltala, ahora! - le ordené mientras le apuntaba a la cara, sin que nadie se metiera entre los dos, con la sierva que acababa de comprar tendida a mis pies, incapaz de levantarse por sí misma, al tiempo que Alejandra luchaba con toda su fuerza para tratar de librarse de ese animal quien, tras unos segundos de duda, comenzó a reírse de mí.
- No deberías apuntar esa cosa a nadie que no estés dispuesto a matar… niño - dijo el tipo, haciendo énfasis en aquella última palabra, provocando que algunos a nuestro alrededor se rieran, antes de que el sujeto tirara de la sudadera de Alejandra con tal fuerza que la rompió de una de las mangas.
Un disparó, el grito desgarrador que ese imbécil profirió mientras caía al suelo y la imagen de Alejandra corriendo hacia mí, fue lo que precedió a ese silencio local que solamente era corrompido por los gemidos de algunas de las siervas que se masturbaban cerca de nosotros, junto con los lamentos del hijo de perra a quien le había disparado en la pierna.
- ¡Hijo de puta! ¡Te va a cargar la chingada! ¡Maldito perro! - gritaba ese hombre que se revolcaba en el suelo, buscando algo entre su ropa al mismo tiempo que Alejandra le ayudaba a esa chica a levantarse y yo apuntaba aún mi arma hacia la cara de ese sujeto.
Una nueva detonación se escuchó justo en el momento en el que ese imbécil sacó un arma y la apuntó en mi dirección, pero en esa ocasión no hubo más gritos de dolor, solo un silencio casi sepulcral ligeramente contaminado por el sonido de los pasos de las personas que comenzaron a alejarse lentamente de la escena, como si creyeran que podría volverme loco y empezar a matarlos a todos a diestra y siniestra.
- Date prisa, tenemos que irnos - le ordené a Alejandra tras unos segundos en los que tardé en asimilar el hecho de que acababa de matar a un hombre, antes de notar que mi sierva ya se había metido de nuevo bajo el hombro de Lucero, de que diéramos media vuelta con la intención de largarnos de ahí, deteniéndonos después de haber avanzado tan solo un par de metros, cuando tres tipos nos cerraron el paso, un pequeño grupo de hombres rudos que estaba encabezado por Tavroz, el mismo que me amenazó con que la pasaría mal si volvíamos a encontrarnos.
Aquello fue tenebroso. El impacto de haber matado a un hombre, lo mucho que me afectó todo lo que vi en ese tiradero de inmundicia humana y ahora tener que lidiar con ese mafioso, no era nada para lo que yo estuviera preparado, porque definitivamente ese no era mi mundo y, al menos hasta antes de ese momento, yo no era un mal muchacho.
- Tranquilo, hijo - dijo Tavroz con una enrome sonrisa en los labios, cuando notó que aún llevaba el arma en la mano, antes de que levantara las manos en señal de que no estaba ahí para pelear - ustedes dos, encárguense de ese borracho estúpido y transfiéranme sus siervas y sus créditos antes de que se enfríe, luego échenlo en uno de los botes para que su carne se haga cenizas ¡Vamos! ¡Dense prisa! - les ordenó, haciendo que esos tipos se movieran, sin tener idea de lo que estaba pasando, abrumado por lo que acababa de hacer, viendo a Tavroz con una mezcla de miedo e incertidumbre que amenazaba con terminar de un momento a otro con mis nervios - sí, tienes lo que hace falta para este negocio, nunca pensé que te atrevieras a dispararle a ese idiota ¡Bien, por ti, muchacho! - exclamó con orgullo, de la misma forma como lo haría un padre o un maestro al ver que su hijo o a su alumno hacer algo particularmente bien, antes de que yo mirara preocupado el cadáver del hombre al que acababa de dispararle - no te preocupes por el cuerpo ni tampoco por la posibilidad de que alguien te delate, por aquí somos muchas cosas, pero nadie es una rata, y no es el primero que muere en el día, así que nosotros nos encargamos - dijo el tipo, relajándose un poco y sonriendo, creo que disfrutando de mi estado, seguramente tras darse cuenta de que aquel era el primer hombre a quien le había disparado en la vida - aunque, debo decir que no te estuve buscando solo para limpiar tu desastre - objetó, cambiando su tono de voz por uno más severo, colocando su mano sobre su látigo, haciendo que yo me preparara para una nueva pelea, a pesar de que el tipo no parecía tener la intención de iniciarla - alguien te escuchó hablar de El Lobo tuerto y no pude evitar preguntarme ¿Qué es lo que tienes tú que ver con ese agujero de viciosos? Porque no pareces del tipo de escoria que se gasta lo que tiene en esa clase de congales, así que…
- Estoy buscando a una mujer, a una sierva llamada Lourdes, me dijeron que estuvo en ese lugar y que probablemente fue el premio de uno de sus juegos, ese es mi único interés con ese sitio - respondí, tratando de sacar fuerzas de flaqueza mientras Lucero caía de nuevo al suelo, esta vez, estando por completo inconsciente.
- Todas las personas en ese lugar murieron. Siervas, clientes y trabajadores - contestó Tavroz, hablando de una manera mucho más relajada que antes.
- Lo sé, pero existe la posibilidad de que la chica en cuestión haya salido de ahí antes de que… antes del accidente - una sonrisa muy ampla se dibujó en los labios de ese criminal, creo que al saber que yo no representaba un peligro para lo que fuera que estuviera ocultando, segundos previos a verlo asentir con la cabeza, con una expresión pensativa en su rostro.
- ¿Cómo dices que se llama la chica?
- Lourdes, es rubia, hermana de la sierva que te compre - Tavroz soltó una carcajada.
- ¡Así que quieres la colección completa ¿Eh?! ¡Sí, cada vez me agradas más, cabrón! - exclamó con mucha fuerza, soltando luego una estruendosa carcajada - bueno, no sé nada de alguien así, pero si llego a ver a alguien que se le parezca, le avisaré a Emilio. Por ahora creo que es hora de que te vayas, muchacho, porque ese idiota tenía amigos por acá y no creo que les haga gracia que te lo hayas quebrado enfrente de todos.
- De acuerdo - contesté, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Tavroz, un segundo antes de que me agachara para cargar a Lucero en mis brazos y saliéramos de ese lugar tan rápido como pudimos, sin poder creer lo que acababa de pasar, sin querer asumir el hecho de que acababa de matar a un cabrón, porque aquello resultaba horrible y no lo quería enfrentar en ese momento, no mientras estuviéramos tan cerca de ese circo de rufianes.
***
- ¿Estás… está bien, amo? - me preguntó Alejandra, cuando nos encontrábamos en la sala de espera de la galería, después de que le hubieran aplicado una dosis de aquella medicina milagrosa para sanar el brazo que ese animal le lastimó.
Asentí sin dar más explicación, tratando de aparentar un estado de tranquilidad que no correspondía con lo que en realidad sentía, porque haberle quitado la vida a ese tipo, a pesar de saber la clase de hombre que era, me hacía sentir una culpa tan grande que apenas era capaz de soportarla.
- Bueno, chicos, Lucero tardará un rato en salir, tuvimos que aplicarle cuatro dosis de néctar para curarla, además de que estaba inundada de esa mierda que le ponen a las siervas en el mercado negro.
- ¿Néctar?
- Sí, es el nombre oficial que La Corporación le ha dado a lo que coloquialmente le llamábamos borrador, se trata de…
- No me digas, algo de una mitología vieja y que ya a nadie le importa ¿Cierto? - traté de bromear, pero supongo que mi estado de ánimo era demasiado evidente como para que Emilio no lo notara, pues solamente asintió, mirándome con mucha preocupación.
- No te ves bien, amigo, si quieres te puedo recomendar un doctor para que te eche un ojo.
- Estaré bien - contesté, sin mirarlo directamente, pero dándome cuenta de cómo él y Alejandra intercambiaban una mirada significativa.
- Bueno, si necesitas algo, sabes que te ayudaré con gusto, solo tienes que llamarme y… - suspiró exasperado - a ver, Rodrigo, lo que hiciste era necesario, de no haber actuado de esa forma, probablemente te hubieran matado y Alejandra y Lucero se hubieran convertido en la atracción principal de ese lugar, así que no te culpes, hiciste lo correcto, y dudo mucho que alguien pueda extrañar a esa basura - dijo en secreto, acercándose mucho a mí, obligándome a mirarlo a los ojos hasta que asentí y me dio una palmada en la espalda - te avisaré cuando esté lista - terminó, antes de desaparecer por una puerta, de que Alejandra se acercara a mí y se acurrucara en mi pecho, quedándonos dormidos quién sabe por cuanto tiempo hasta que Emilio me sacudió el hombro y me encontré con una chica muy diferente de la que llegó a ese lugar, una que iba vestida con la camiseta, el short y las sandalias que le dimos a Emilio para que la vistieran - Lucero está lista, amigo.
- ¡Guau! - exclamó Alejandra, después de que la chica nos deslumbrara con una belleza que no pudimos percibir antes dado su estado desmejorado, del cual no había más que un recuerdo, pues los chicos del área de estética habían hecho muy bien su trabajo.
- Sí, lo hicieron bien ¿No? Aunque me parece que sería una buena idea tenerla en casa por unos días, quizás un par de botellas de alimento extra al día sean necesarias para que termine de reponerse, porque estaba en muy mal estado y seguramente, de no haberla comprado… bueno, quién sabe cuánto tiempo más hubiera soportado esa vida.
- ¿Le hicieron el tatuaje? - pregunté, provocando que Emilio hiciera girar a Lucero para levantarle luego la camiseta y mostrarme aquel diseño con el que marcaron su espalda baja - muy bien, amigo - comenté con cansancio, pronunciando aquellas palabras sin poder ocultar aquello que me seguía atormentando, mientras la chica a quien acababa de comprar me miraba de una forma extraña, con los ojos brillosos y la boca contraída, como si estuviera reprimiendo su llanto.
- ¿Te sientes mal, cariño? ¿Te encuentras bien? - preguntó Alejandra, haciendo que la chica la mirara mientras asentía, antes de que volviera a dirigir su mirada hacia mí.
- Gracias, por sacarme de ahí - susurró - gracias por llevarme con ustedes ¡Le prometo que haré todo lo que me diga! ¡Le prometo que seré una buena sierva y…! - comenzó de pronto a hablar muy apresurada, levantando cada vez un poco más la voz, imprimiendo mucha desesperación en cada una de sus palabras hasta que la interrumpí.
- No me des las gracias aún, no sabes lo que voy a…
- Sí, lo sé, me lo dijeron mientras me sanaban. Sé que tiene más siervas en su poder y sé que las cuida, tanto como para buscar a la hermana perdida de una de ellas y… solo quiero que sepa que haré cualquier cosa que me pida, seré una buena sierva, se lo juro, no le daré ningún problema - dijo la chica, con una voz llena de emociones muy profundas, bajando la cabeza mientras se enjugaba algunas lágrimas con el dorso de su mano, conmoviéndome casi tanto como lo hizo con Alejandra.
- Es hora de irnos, chicas. Vayamos a casa - dije, estrechado luego la mano de Emilio - sigo queriendo encontrar a Lourdes, no te rindas aún ¿De acuerdo?
- Por supuesto, estaré atento a cualquier señal de ella - contestó mi amigo mientras yo asentía, antes de que diera media vuelta y caminara con mis siervas hacia el estacionamiento, iniciando el regreso a ese departamento que, cuando al fin llegamos, parecía que no lo hubiera visto en mucho tiempo.
- Estaremos un poco apretados cuando lleguen las otras chicas, pero mientras eso pasa, creo que podrás sentirte cómoda en este lugar - le dije a Lucero, quien miraba el departamento de la misma forma como creo que lo hubiera hecho si se tratara de un invaluable tesoro - tomaré una ducha mientras Alejandra te lo muestra y hacen algo de desayunar, no tardo - dije sin más, porque necesitaba estar solo, afrontar lo que ocurrió sin temer sacar lo que sentía, sin guardarme nada en el interior, porque sabía que esa batalla no sería sencilla y la quería librar yo solo.
- Sí, amo - respondió Lucero mientras yo caminaba en dirección al baño, antes de desnudarme y meterme a la ducha, dejándome castigar por el agua fría, recordando una y otra vez la forma como ese hombre cayó muerto y la manera como esos hombres lo metieron luego en ese bote en llamas, como si la vida de ese tipo no importara en absoluto.
No, no era sencillo asumir que quité una vida, ni siquiera tratándose de un ser tan despreciable como ese tipo, porque ¿Cómo se suponía que debía asimilar el hecho de que gracias a lo que hice un hombre había dejado de respirar? Era demasiado para mí y no tenía idea de cómo podría vivir en paz con esa fatídica noche en mi consciencia, un tormento autoinfligido al que le dediqué algunos minutos, los mismos en los que derramé muchas lágrimas al sentirme tan abrumado por la culpa, hasta que escuché la puerta del baño abriéndose y me obligué a adoptar una postura menos derrotista, tratando de que mi voz sonara con una seguridad que en aquel momento no poseía.
- Aun no termino de bañarme, no tardo en…
- Lo sé, amo, pero… su mujer está preparando la comida y… bueno, quise venir a agradecerle por haberme comprado - dijo la chica, con esa voz frágil que lograba enternecerme en cada ocasión en que la escuchaba.
- Bueno, eso ya lo hiciste en la galería, así que…
- No, amo, no me refiero a eso, amo - dijo la chica, con ese tono delgado y frágil, haciendo que abriera la cortina de la ducha para encontrarme con esa jovencita desnuda, con su piel perfectamente reparada por el néctar que le dieron en la galería, mostrando su timidez al entrelazar los dedos de sus manos por enfrente de su cuerpo, tapando su entrepierna con ellas de una manera discreta.
- No tienes por qué hacer esto ahora, aún estás…
- Quiero hacerlo, amo, su mujer me contó lo del enfrentamiento con ese sujeto, me dijo que estuvo a punto de disparar en nuestra contra y que tuvo que terminar con él antes de que ese tipo… - se detuvo, pero en aquel momento comenzó a avanzar hacia la ducha, metiéndose por detrás de mí, haciendo que tragara saliva porque por alguna razón estar con una mujer tan frágil como ella, me hacía sentir muy nervioso - ¿Sabe algo, amo? No estuve mucho tiempo en el mercado - comenzó a decir mientras veía cómo templaba el agua, terminando con la tortura del agua fría, haciendo que la sensación de aquellas gotas que caían sobre mi cuerpo fuera mucho más agradable - pero en el tiempo que estuve en ese lugar, supe algunas cosas. El tipo que agredió a su mujer era uno muy malo. Las siervas que compraba no le duraban más de unos pocos días, porque no las alimentaba y las tenía trabajando sin descanso, incluso supe que las pondría a pelear en esa arena y apostaría en contra de sus propias mujeres para ganar algo de dinero y deshacerse de ellas en una sola noche - dijo Lucero mientras sus manos recorrían mi cuerpo, deslizando sus dedos sobre mi piel con el favor del jabón que dispersaba por todos lados - así que no debería sentirse culpable por lo que hizo, porque ese hombre ya había cobrado muchas vidas antes de que usted terminara con él, amo. De cierta manera, al acabar con él, usted salvo tal vez cientos de vidas.
Fueron las palabras de esa chica y la idea de que había hecho algo bueno, lo que me hizo sentir un poco mejor, aunque no demasiado, pues a pesar de todo sabía que la muerte de ese hombre seguiría pesando en mi consciencia; no obstante, aquello que me dijo sirvió al propósito que Lucero perseguía cuando comenzó a hablar de aquel tema, lo cual, en conjunto con las caricias que me brindaba a lo largo y ancho de mi cuerpo, me permitió relajarme mucho más de lo que lo hubiera logrado al estar solo.
- ¿Cómo es que una chica como tú llegó hasta ese sitio? - pregunté, con los ojos cerrados, hablando en suspiros mientras sentía cómo su mano se metía entre mis piernas y comenzaba a lavarme los huevos y el pene, robándome algunos gemidos que escaparon de mi boca sin que pudiera evitarlo, a la vez que abría un poco las piernas para que ella hiciera mejor aquella tarea.
- Es una larga historia, amo, pero creo que lo mejor sería contársela después, porque me parece que tendré la boca un poco ocupada, amo - contestó con esa misma voz tímida que se vio ligeramente contagiada por un poco de morbo, mientras me hacía dar media vuelta para encontrarla arrodillada en el suelo de la ducha, tomando mi miembro con sus pequeñas manos, viendo cómo una de ellas se aferraba a la base de mi verga mientras la otra hacía lo propio con la parte más cercana a mi glande - ¿Puedo meterlo en mi boca, amo? Su mujer me dijo que estaría bien que lo hiciera, pero solo lo haré si está bien para usted - preguntó, haciendo que aquella situación se hiciera mucho más morbosa al verla por completo sometida a mis deseos, de una forma que resultaba un tanto tierna, que me hizo sentir un cosquilleo recorriéndome la espalda mientras asentía con la cabeza y miraba la forma delicada, tierna y duce con que esa chica se metía mi pene en la boca, deslizándolo con mucha suavidad por entre sus labios, con los ojos cerrados, chupándolo con mucha pasión, con un gusto que resultaba placentero de solo mirar aquellas expresiones de entrega que se apoderaron de su rostro mientras trataba de sorberme el alma por la punta de mi verga, haciendo que aquel momento fuera memorable, porque podía sentir su agradecimiento y la devoción que me profesaba en la forma como succionaba, lamía y besaba mis genitales, algo que no se limitó solamente a mi pene, pues poco después se metió mis huevos en la boca mientras me masturbaba con su mano, volviéndome loco al hacerlo, convirtiéndome en un vicioso de su hermoso rostro, de la ternura con que hacía cada cosa, de la sutileza y el cuidado con que manipulaba aquellas sensibles partes de mi cuerpo.
- Amo, tiene un pene muy bonito - dijo en el breve instante en el que su boca se desocupó, antes de que volviera a engullir mi miembro, sin recibir ninguna respuesta de mi parte, pues para ese momento tenía claro que sería incapaz de pensar, de hablar o de hacer cualquier otra cosa que no fuera disfrutar de la boquita tan deliciosa de esa jovencita - ¿Me deja sentirlo dentro de mí, amo? ¿Me deja mostrarle lo que puedo hacer para complacerlo? - preguntó, de nuevo con esa voz que la hacía sonar tan frágil, llenando mi cuerpo de un deseo nacido en el morbo y las ganas que de pronto sentía por escuchar sus gemidos mientras la penetraba.
En esa ocasión, Lucero no esperó una respuesta de mi parte, simplemente se puso de pie y dio media vuelta, poniéndose de puntitas para que su trasero alcanzara la altura de mi miembro, restregándose contra mis genitales, tomándome las manos para colocarlas sobre sus tetas, permitiéndome apretarlas un poco y disfrutar de su suavidad mientras la chica gemía de esa forma tierna y seductora que me hizo perder un poco el control, que me obligó a presionar su espalda para que se inclinara hacia el frente y levantara su trasero, dejándolo listo para mí, para que lo acariciara un poco antes de que tomara mi verga y penetrara su coño con ella.
- ¡Ahhh! ¡Qué bien se siente, amo! ¡Ahhh! ¡Gracias por cogerme, amo! ¡Gracias por penetrarme, amo! ¡Se siente muy rico su pene, amo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gritó con todas sus fuerzas mientras la veía moviendo el trasero para mí, de una manera que resultaba tan placentera que por un momento dejé de moverme, permitiéndome disfrutar de lo que esa chica me provocaba, de ese placer inesperado que me obsequió con esos movimientos de cadera que me hicieron ver las estrellas al estar dentro de esa ducha, mientras la tomaba de la cintura, sintiendo el calor de su cuerpo y la suavidad de su piel, deleitándome con sus gemidos y ese inmenso placer que me llevó al inevitable camino de un orgasmo que terminó con su coño inundado de mi leche, provocando sus gemidos, sus gritos, la quietud con la que recibió mi semilla en su vientre, levantándose poco después y dando media vuelta para tomar de nuevo el jabón y reanudar lo que hacía antes de que la penetrara, como si nada hubiera pasado, como si todo aquello fuera para ella lo más natural del mundo.
- Espero que le haya gustado, amo, sé que no debo ser tan buena como su mujer, pero…
- ¿Por qué llamas a Alejandra de esa forma? ¿Por qué dices que es mi mujer? ¿Te pidió que te refirieras así de ella?
- ¡No, amo, claro que no! ¡Por favor discúlpeme si lo molesté de alguna manera! Es solo que… bueno es que no pude evitar ver que usted siente algo por ella y… lo siento, no quise molestarlo, no debí ser tan entrometida - respondió la chica, mostrándose muy avergonzada.
- ¿En serio es tan evidente?
- Sí, amo, lo es, pero también es evidente que ella está muy enamorada de usted, aunque supongo que debe ser una situación difícil para ella, dado que es su amo y tiene a otras siervas a su disposición - dijo la jovencita, sin dejar de limpiar mi cuerpo, haciendo que la mirara un poco abrumado por el hecho de que se hubiera dado cuenta de todo eso, con tan solo unos minutos de habernos visto conviviendo.
- No hables de esto con ella ni con nadie, dejemos este tema solo entre los dos ¿Está bien? Ni tampoco quiero que la sigas llamando de esa forma, no digas que es mi mujer, solo llámala por su nombre ¿De acuerdo?
- Cómo usted lo ordene, amo.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 22) o adquiriendo el segundo tomo de esta serie en AMAZON (capitulos 7 - 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
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