Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 10
Lucero ya no es solo mercancía desgastada; es un lastre que su antiguo amo intenta deshacerse a cualquier precio. En el mercado, donde las mujeres son jaulas vivientes, un nuevo comprador no busca solo su cuerpo, sino que le ofrece algo que nadie le ha dado en años: cuidado. ¿Será este momento de ternura la llave para sobrevivir al infierno o solo una ilusión antes de la siguiente caída?
LUCERO
En retrospectiva, creo que celebrar mi cumpleaños en la marcha de Aurora no fue una de mis mejores ideas. Tal vez debí escuchar a papá en alguna de todas aquellas ocasiones en las que me dijo que lo mejor que podía hacer con mi tiempo era estudiar y alejarme de ese grupo; ojalá lo hubiera escuchado, porque de haberlo hecho quizás habría evitado lo que pasó después de que ese edificio explotó y mi vid quedó hecha pedazos.
¿Quién se hubiera imaginado que la abominable experiencia de ser violada por varias decenas de soldados, podría ser superada por la clase de humillaciones a las que me sometió el asqueroso tipo que más tarde me compraría en una de esas galerías? Porque aquel hombre era detestable, no solamente por su aparente alergia al jabón y la limpieza en general, sino también por esa maldita costumbre que tenía de ofrecerme a sus amigos cuando lo visitaban para ver el fútbol o después de pasar varias horas jugando a las cartas, terminando cada una de aquellas noches tan destruida que apenas era capaz de moverme, mientras experimentaba con horror la forma como salían cantidades enormes de semen de cada una de mis cavidades, sintiendo dolor, sufriendo ante esa sensación de indefensión que demasiado pronto me llevó a resignarme a una vida vacía donde no era nada más que un objeto que ese idiota usaba como le venía en gana.
Sí, aquella vida era horrible, porque a diario me veía obligada a experimentar un placer que no quería sentir con ese tipo obeso y asqueroso entrando y saliendo de mi cuerpo, quien no me alimentaba con nada que no fueran esos malditos licuados para siervas, manteniéndome apenas viva con esa porquería, pues no me daba ni siquiera la cantidad mínima de botellas que recomendaba por La Corporación para que una sierva se mantuviera sana, un aspecto de mi triste vida que se sumaba a las continuas humillaciones a las que ese tipo me exponía, logrando que en muy poco tiempo mi cuerpo y mi alma se fueran deteriorando hasta que de pronto mi vida dejó de tener sentido y me vi a mí misma acariciando tales extremos de soledad y desesperanza que incluso en más de un ocasión me vi tentada a quitarme la vida, cayendo tan bajo que muy pronto la ambrosía se convirtió en ese delicioso sedante que me permitía olvidarme por momentos de mi miseria, obligándome a sentir un placer artificial y degradante en las manos de mi amo y de todos aquellos hombres que me usaban para saciar sus más bajos y repugnantes apetitos, aprovechándose de mi disposición a cometer las más escabrosas y humillantes locuras en mi búsqueda personal de un orgasmo que lograra calmar mi ansiedad.
Por supuesto que papá no se quedó de brazos cruzados después de que se enteró de que me convirtieron en una sierva, no, claro que no lo hizo, por lo que supe semanas después, desde el momento en el que supo lo que pasó se dio a la tarea de encontrarme, visitando cada galería de La Corporación, todos los días durante varias semanas hasta que al fin algún empleado le dijo quién me había comprado y entonces invirtió su tiempo en encontrar a quien se había convertido en mi amo.
Lamentablemente, cuando por fin dio con aquel departamento en el que vivía bajo las órdenes de ese ser tan despreciable, lo único que recibió fueron las burlas de mi amo y la humillación de ver a su hija mientras ese cerdo me penetraba delante de papá, sin que yo pudiera hacer algo por ahogar mis gemidos y dejar rogarle que me cogiera más fuerte al estar dominada por esa maldita droga que hacía que ni siquiera yo fuera capaz de reconocerme.
Lo único que mi padre pudo rescatar de aquella búsqueda implacable, fue la breve charla que tuvimos con el permiso de mi amo, donde me explicó todo lo que hizo para dar conmigo, antes de que me esforzara por tratar de convencerlo de que aquello no era tan malo, de que esa vida en realidad no era la abominación que la gente creía que era.
Por supuesto que papá no creyó una sola de mis palabras, pero al no poder hacer nada por arrebatarme de los brazos de mi amo, no le quedó nada más que despedirse de mí con un muy fuerte abrazo, para luego marcharse con ríos de lágrimas recorriendo sus mejillas y los puños cerrados la impotencia de saber que no podría hacer nada para alejarme del hombre a quien le pertenecía, entendiendo que intentar algo más, tal vez, algo fuera de la ley, solo lo llevaría a meterse en problemas muy graves, quizás incluso llegando a tener que pasar algún tiempo en prisión, sin que pudiera lograr con ello que ese maldito imbécil me dejara regresar a su lado o evitar que me convirtiera de nuevo en propiedad del estado, como lo era antes de que mi amo me comprara en una de esas galerías de La Corporación.
¿Cómo continuar cuando la última esperanza que tenía se esfumó? ¿Qué era lo que me motivaba a querer seguir viva si la única persona a quien le importaba había sido derrotada por un sistema cruel y despiadado que había reducido al nivel de propiedades a las traidoras del estado?
No había respuestas a esas preguntas que solamente lograron hacerme sentir más sola y desesperanzada, llevándome a ejecutar un nuevo intento de terminar con mi vida, uno que por desgracia se vio frustrado por mi amo, quien a partir de ese momento y tras haber tenido que gastar algunos créditos en los servicios de emergencia para evitar que muriera, dejó que la ambrosía corriera por mi cuerpo de manera permanente, haciendo que cada segundo de mis días mi atención estuviera enfocada en darme tanto placer como pudiera para tratar de llegar a un orgasmo que calamara mi ansiedad por unos breves segundos, antes de que ese ciclo interminable comenzara una vez más, obligándome a renunciar a mi consciencia durante quién sabe cuántos días al estar inundada de esa porquería las 24 horas del día.
Fue de esa forma como pasé las semanas que siguieron a ese intento desesperado por terminar con todo, las mismas donde mi amo comenzó a alquilarme para satisfacer a cientos de hombres a cambio de algunos créditos, exigiéndome cada vez más, provocando que mi cuerpo sufriera el desgaste propio de la horrible vida que llevaba, que cada vez soportara menos esa existencia que se redujo a recibir a un hombre tras otro entre mis piernas, con el único fin de engrosar la cuenta bancaria de ese malnacido, un negocio con el que al parecer obtuvo buenas ganancias, sacando tanto como pudo de mi trasero hasta que aquello dejó de ser redituable, justo cuando mi cuerpo se deterioró tanto que nadie quiso pagar un solo crédito por estar con una chica en un estado físico que resultaba lamentable.
Supongo el hecho de que hubiera dejado de ser una fuente de ingresos para convertirme en un lastre, fue lo que hizo que mi amo se hartara de mí, llevándolo a decidir que merecía una sierva con una mejor apariencia, una que no hubiera perdido tanto peso por la desnutrición y la desgastante vida que ese imbécil me obligó a vivir, destinándome a ir por ahí mostrando un rostro demacrado y una mirada opacada por el recuerdo de las continuas humillaciones y traumáticas experiencias que a diario me vi obligada a soportar mientras me mantenía a su lado, sin recibir a cambio nada más que una botella diaria de ese horrible alimento para siervas que fabricaba La Corporación ¿Quién se hubiera imaginado que en algún punto de mi vida, aunque fuera tan solo por u instante muy breve, llegaría a extrañar ese asqueroso y degradante estilo de vida?
Una vez que ese bruto tomó la decisión de deshacerse de mí, se dio con no muchas ganas a la tarea de hacer que mejorara un poco mi apariencia, alimentándome no solo con esos licuados para siervas que ahora sí me entregaba tres veces al día, sino también con algo de la comida que solía consumir cuando era una mujer libre; cabe aclarar que lo que ese tipo consumía tampoco resultaba ser muy sano ni de muy alta calidad, pero en comparación con el alimento para siervas, resultaba un manjar comer la clase porquerías con las que ese animal se alimentó durante un par de semanas, antes de que llegara el día en el que por fin se deshizo de mí.
- Hoy veremos a un amigo - dijo una mañana mientras desayunaba un par de huevos fritos con demasiado aceite y un poco de pan viejo, comiendo sin dejar de tocarme, porque para ese momento, aunque la ambrosía en mis venas fuera administrada en una dosis muy mínima, la desesperación y ansiedad que sentía por sentir un poco de placer, se había convertido en algo insostenible - trataré de que te compre. Espero que al menos pueda sacar la mitad de lo que me costaste - me espetó a manera de reprimenda, como si de alguna forma yo tuviera la culpa de que mi precio hubiera bajado en el mercado, como si yo fuera responsable de que mi cuerpo no hubiera soportado la vida que ese imbécil me dio desde el momento en el que me compró y me llevó a ese agujero de ratas al que él llamaba hogar; no obstante, esa mañana, en la palabras de ese imbécil y a pesar de estar tan afectada por esa maldita droga, pude ver una oportunidad invaluable para hacer que, por una vez en mucho tiempo, las cosas pudieran ponerse a mi favor.
- Amo, si su plan es venderme… bueno, tal vez podía considerar a mi padre para eso, cuando vino aquella vez, él estaba dispuesto a reembolsarle lo que usted pagó cuando me compró en esa galería - comenté con timidez y sintiendo un inmenso miedo ante la posibilidad de que el hombre me golpeara como reprimenda por haber hablado sin su permiso, no obstante, lejos de lo que yo esperaba, el tipo suspiró con pesar, como si mis palabras hubieran traído un recuerdo que no le agradaba en absoluto.
- Sí, yo también lo pensé, pero cuando traté de contactar a tu padre, nadie respondió. Días después me enteré de que se fue a la quiebra después de invirtiera todo su tiempo en buscarte, porque dejó de ir al trabajo, ya no pudo pagar la hipoteca de su departamento y de pronto ya nadie sabía nada de él, así que… ¡No, no, no te pongas a llorar! ¡No quiero que llegues al mercado con los ojos hinchados! - me gritó, haciendo que me esforzara por hacer a un lado el dolor y la angustia que me provocó el no saber lo que había sido de papá, sentimientos horribles que tendrían que esperar para después ante el miedo que me provocaba lo que ese animal podría hacer conmigo si lo hacía enojar aun más de lo que ya lo estaba - ¡Ya bastante me costó alimentarte con buena comida como para que me hagas más difíciles las cosas! ¡Así que tranquilízate, termina de comer y ve a darte una ducha para que pueda llevarte al mercado! ¡No sabes lo mucho que quiero deshacerme de ti! - me ordenó, haciendo que me apresurara a terminar con mi desayuno mientras pensaba en el hecho de que jamás hubiera utilizado las palabras buena comida para describir la clase de cosas con las que ese animal me alimentaba.
Ese mismo día por la tarde, mi amo me ordenó ponerme la ropa con la que me sacó de la galería, viéndome obligada a vestir de nuevo con esas prendas destruidas que no cubrían gran parte mi cuerpo, que no hacían nada por contrarrestar el frío que azotaba las calles ni las molestas miradas de aquellos curiosos que miraron mi brazalete con mucho morbo mientras avanzábamos en dirección a ese horrible lugar donde mi amo planeaba venderme.
El infame mercado al que me llevó, no era más que una calle muy larga, repleta de personas que de solo verlas me hacían temblar de miedo de pies a cabeza, un lugar en el que los muros estaban adornados con una gran cantidad de siervas desnudas que se encontraban atadas, esposadas o encerradas en jaulas esperando a un hombre que quisiera hacer uso de ellas, un sitio que de alguna forma se parecía mucho a una galería, pero sin la sensación de seguridad que aún a las siervas nos brindaba el personal de La Corporación, porque era más que obvio que en aquel sitio no había ley que valiera, un hecho que me quedó claro cuando vi a algunas de esas chicas retorciéndose de dolor después de que les inyectaran algo en las venas, provocándome un miedo tan intenso que de pronto me detuve por completo, observando a esa chica cuyo cuerpo se sacudía en frenéticas convulsiones que acompañaron a sus desgarradores gritos de dolor, sin que nadie hiciera nada por ayudarla mientras un grupo de idiotas la observaban con detenimiento, comentando cosas como si aquella escena no fuera algo que mereciera alguna clase de trato especial.
- ¡Camina! ¡No me hagas perder el tiempo! - dijo mi amo, tirando de mi cabello para obligarme a avanzar, haciéndome llorar cuando lo hizo, provocando que el miedo que sentía me impidiera detener mis lágrimas a pesar de los múltiples golpes que me dio mientras avanzábamos entre aquellos puestos, hasta que llegamos ante un hombre que me hizo estremecer de pies a cabeza cuando estuve frente a él, provocándome un terror tan inmenso que ni siquiera pude seguir llorando mientras lo miraba con los ojos muy abiertos, sintiendo cómo las piernas me temblaban, impidiendo que me dejara llevar por aquel impulso que me hacía querer salir corriendo de ese lugar.
- ¡Pinche Gordo terco! - dijo el aterrador hombre mientras suspiraba y negaba con la cabeza, sin dejar de observar a mi amo con algo de fastidio - ¡Ya te dije que no compro siervas usadas! ¡No duran en este lugar más de un par de semanas antes de que tenga que darles un tiro porque los clientes ya no pagan por estar con ellas! ¡Y mira el estado en el que tienes a esta! ¡Carajo! ¡Me sorprende que puede mantenerse en pie por sí misma! ¡Estoy seguro de que en unos pocos días se le van a empezar a caer los dientes! - dijo ese tipo, de una forma tan humillante que solo me limité a agachar la cabeza mientras el muy imbécil se reía de mí a carcajadas.
- Vamos, Tavroz, no pido mucho dinero, solo quiero recuperar algo de lo que invertí en ella, o tal vez intercambiarla por… - una nueva carcajada salió de la garganta de ese hombre, quien de pronto comenzó a recoger y enrollar un látigo que estaba manchado de sangre, haciendo que mis temores se convirtieran en algo mucho más inquietante.
- ¡No, Gordo! ¡No insistas, idiota!¡Esta puta ya está quemada! ¡No pasaría más de una semana aquí antes de que tuviera que enterrarla! ¡Y dudo mucho que alguien del mercado quiera quedarse con ella! ¡Ni siquiera creo que esos químicos locos te la compren para usarla como conejillo de indias! ¡Así que será mejor que te hagas a la idea de que no recuperarás tu inversión! ¡A menos de que corras con mucha suerte y encuentres alguien tan estúpido como para comprártela! - dijo el tal Tavroz, quien me miró con una expresión de asco en su rostro, antes de dirigirse una vez más a mi amo - ¡Anda, Gordo! ¡Lárgate de aquí y deja de espantar a mis clientes! - dijo el hombre, hablando de una forma que dejaba entrever lo repugnante que le resultaba mi amo, así como el poco respeto que le tenía, antes de sentir un fuerte apretón en mi brazo, lo suficientemente intenso como para lograr que se me escapara un gemido de dolor mientras mi amo tiraba de mí e iniciábamos lo que sería un largo recorrido el mercado, un trayecto durante el cual mi amo me fue ofreciendo puesto por puesto a cada comerciante que ahí se encontraba, haciendo que me sintiera cada vez más humillada tras cada ocasión en que esos hombres se burlaban de mi apariencia y rechazaban el ofrecimiento de mi amo con comentaros degradantes, burlándose de aquel que aún seguía siendo mi dueño, haciéndome saber que entre esa gente el estatus de mi poseedor estaba tan solo un poco por encima del de una sierva, porque nadie le tenía el más mínimo respeto.
- ¿Cuánto pretendes sacar de esta mocosa? - dijo un hombre que tenía su puesto muy cerca de la entrada de aquel mercado, después de que hubiéramos caminado durante horas, mientras sentía mi poca ropa humedecida por la gran cantidad de sudor que mi cuerpo había liberado - ¡Mira nada más esas piernas! ¡Está tan delgada que bien podría atravesarla con un palillo! - comentó, riéndose mientras me observaba con esa expresión de asco en su rostro, al mismo tiempo que mis piernas me temblaban de una manera peligrosa y dolorosa, amenazando con dejar de sostenerme de un momento a otro.
Mi amo titubeó ante aquella pregunta, mirándonos a mí y a ese sujeto alternadamente, sin saber qué debía contestar o cuánto sería bueno pedir para no perder a ese posible comprador con una suma demasiado alta, permitiendo que aquel estado de perplejidad se extendiera demasiado, lo suficiente como para que el hombre del mercado dejara salir una risilla y fuera él quien ofreciera una cantidad que me hizo entender lo poco que valía en ese mundo donde de pronto me había convertido en nada más que un lastre.
- Mira, tu sierva está mal alimentada y físicamente no me parece que le pueda resultar atractiva ni siquiera para los borrachos que suelen visitarnos, por lo que, si accediera a comprarla, tendría que pagar para que le dieran un baño descontaminante y un tratamiento estético completo, también tendría que pagar por algunas cargas de borrador y comprarle varias cajas de suplementos nutricionales para que recupere la salud y pueda sacar una cantidad razonable de su trasero; así que, tomando en cuenta los riesgos que estaría corriendo al comprarla y dejándote muy en claro que me vas a deber un favor si decido quedarme con ella, podría darte solamente 450 créditos por ella ¡Y que ni se te ocurra tratar de negociar, Gordo! ¡No te daré un solo crédito más! ¡Porque sé nadie te va a comprar a una ramera que parece estar a unos pocos segundos de irse al otro barrio! - le aseguró, atajándolo de inmediato cuando mi amo intentó obtener un poco más, haciendo que el imbécil se quedara en silencio hasta que de pronto lo escuché suspirar, al tiempo que yo observaba lo que había en el puesto de ese sujeto, contemplando con horror a una fila de mujeres esposadas a unos aparatosos soportes compuestos por varios tubos de metal que hacían que las chicas permanecieran todo el tiempo inclinadas hacia el frente, disponiendo sus traseros a quien quisiera usarlos, dejando un espacio por debajo de su cuerpo justo a la altura de los senos, permitiendo que colgaran desnudos, supongo que en el caso de que algún cliente quisiera tocarlos mientras violaba a una de esas siervas.
- Esta bien. Tú ganas. Cerremos el trato - dijo mi amo, haciendo que lo mirara con los ojos muy abiertos antes de que un tipo negro enorme y muy fornido fuera por mí, me tomara del brazo y me obligara a colocarme en uno de esos aparatosos soportes, sintiendo de inmediato el olor a fierro oxidado, mientras el sujeto ese me quitaba la ropa y me inmovilizaba con aquellas esposas con las que sujetó mis muñecas y mis tobillos a esos tubos que uso para dejarme completamente inmovilizada.
- Espero que después de esto no se te olvide que me debes un favor, Gordo - dijo mi nuevo amo con fastidio, mientras llevaban a cabo aquella transacción, hasta que los sonidos de sus celulares me hicieron entender que ahora le pertenecía al sujeto de aquel mercado - todo listo, ahora vete de aquí y deja de espantar a mis clientes - le ordenó mi nuevo amo al hombre que me vendió, antes de que el tipo del mercado se me acercara y se pusiera en cuclillas frente a mí, mostrándome una muy amplia sonrisa, como si se sintiera orgulloso del trato que había cerrado - ¿Sabes algo? No estás tan mal como se lo hice creer a ese idiota, pero es tan estúpido que ni siquiera se tomó la molestia de averiguar cuál era tu estado de salud antes de venderte - comentó el hombre mientras me abría la boca para revisar mis dientes como si fuera un caballo - sí, no estás tan mal, con el alimento de las siervas 3 veces al día te pondrás bien en un par de semanas y, tal vez, si te protas bien, en unos días te llevará a una galería a que te consientan, así que no te preocupes, mocosa, estoy seguro de que no me decepcionaras, sí, sacaré mucha plata de este lindo trasero - dijo el tipo antes de palmearme el culo y luego soltar una discreta carcajada - suena horrible ¿Cierto? Pero si te sirve de consuelo, te prometo que no sufrirás demasiado mientras estés en mis manos, porque vas a estar tan drogada que apenas te darás cuenta de todo lo que estos puercos van a hacer con tu cuerpo, aunque… bueno, debes saber que en este mercado no hay ambrosía, resulta demasiado cara como para hacer que nuestro negocio sea rentable, no, tenemos una mezcla casera muy especial, mucho más potente y divertida que la droga de La Corporación - explicó, mientras el tipo negro que me esposó, le llevaba un aparato con el cual mi nuevo amo extrajo la ambrosía de mi dispositivo y luego introdujo un líquido diferente en mi brazalete - en realidad es un producto más o menos nuevo, aunque todos por aquí lo hemos usado desde hace semanas, los químicos le pusieron nombre apenas hace un par de días, lo llaman moly - dijo antes de soltar una risilla - esos listillos están locos, ni siquiera sé por qué le pusieron así, escuché algo de que tenía que ver con una planta de la mitología… bueno, eso da igual, lo importante es que esa porquería bastará para mantenerte tranquila mientras sacamos algunos créditos de tu trasero, pero te lo advierto, cada noche, cuando dejemos de administrarte el moly, sentirás muchísimo dolor y no tendrás más remedio que soportarlo - dijo, mostrándose de pronto pensativo - ahora que lo pienso, no sé a qué se deba lo que sienten cuando la droga abandona sus cuerpos, tal vez esos locos lo hicieron apropósito, no lo sé, pero así pasa, alguna vez escuché a una chica decir que se siente como si se quemaran por dentro, aunque…
- ¿Ya está disponible esa sierva? - preguntó alguien, con la voz tan entrecortada que de inmediato supe que el tipo se encontraba bajo el influjo de una gran cantidad de drogas, alcohol o tal vez ambas, llamando la atención de mi amo, quien sonrió, me miró de una manera lasciva y luego se levantó, dejando que por mis venas comenzara a correr ese extraño moly, una sustancia que en verdad no tenía comparación con la ambrosía, porque el efecto que tuvo en mi cuerpo fue inmediato, haciendo que sintiera cómo mi vagina se humedecía hasta encharcarse en unos pocos segundos, cómo mis senos parecían hincharse y mi excitación se hacía mucho más insoportable que cualquier ocasión en la que hubiera estado inundada de ambrosía, obligándome a contraer los músculos de todo mi cuerpo, a sentir cómo mi vagina sufría fuertes espasmos una y otra vez hasta explotar en un orgasmo que ni siquiera estuvo cerca de apaciguar un poco la ansiedad y la excitación que abrumaron cada centímetro de mi cuerpo.
- Sí, hermano, ya está lista - contestó mi amo, antes de que alguien me tomara del trasero, de que escuchara la notificación que sonó en su celular avisándole que había recibido un depósito, de que sintiera la forma como ese sujeto me penetraba, gimiendo para tratar de liberarme de esa agobiante desesperación que sentía mientras ese extraño me penetraba sin contemplaciones, apretándome las tetas, tirando luego de mi cabello mientras yo le rogaba que me cogiera con más fuerza, a mayor velocidad, incapaz de reconocer mi propia voz, sin que pudiera escuchar de nuevo aquella vocecita que una vez me invitó a resistirme a lo que me hacían al estar bajo los efectos de la ambrosía, entendiendo desde algún rincón muy en el fondo de mi alma, que aquello no terminaría bien para mí, temiendo que fueran muy pocos los días que soportaría todo aquello sin caer irremediablemente en la locura.
***
- Bueno, creo que todo terminó por hoy. Prepara a las siervas - indicó mi amo al hombre negro que trabajaba para él, quien de inmediato liberó a la primer sierva para llevarla casi a rastras a un costado del puesto donde la obligó a bañarse con agua fría que salía de una manguera, antes de secarla con unos trapos no muy limpios y luego tirarla sobre uno de esos colchones sucios que se encontraban pegados a una pared con argollas de metal, a una de las cuales esposó a esa primera chica, quien sorpresivamente, con las pocas fuerzas que le quedaban, comenzó a retorcerse sobre el colchón tratando de aferrarse al brazo del hombre a la vez que escupía palabras que para ese momento no tenían mucho sentido para mí.
- ¡No, por favor no me lo quites! ¡Hazme lo que quieras! ¡Si quieres te la chupo toda la noche! ¡Pero, por favor no…! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh! - gritó al final, en medio de las violentas sacudidas que sufría su cuerpo, expresando un dolor que resultaba muy difícil tanto de ver como de escuchar, conformando una escena horrible que me hizo sentir un miedo insoportable que inevitablemente me llevó a llorar presa del pánico, incluso a pesar de que aún hubiera moly corriendo por mi cuerpo, justo en el momento en el que recordé aquello que mi amo me dijo sobre el dolor que sentiría cuando retiraran esa droga de mi cuerpo.
Con el resto de las chicas, las cosas resultaron muy parecidas a lo que pasó con la primera sierva, siendo cada una de aquellas escenas una daga que se clavaba en mi cabeza al pensar que en algún momento yo me vería obligada a soportar esa clase de dolor, una idea que me horrorizaba al entender que aquello tendría que vivirlo día tras día, tal vez por el resto de mi vida.
- Ha llegado tu turno, pequeña - dijo el hombre negro más tarde, cuando al fin me liberó de aquel aparato, llevándome en sus brazos hasta la zona en la que bañaba a las chicas, porque creo que en realidad sabía que no podría caminar por mí misma después de un día en el que recibí entre mis piernas a no menos de treinta vagabundos, borrachos y adictos que me usaron como quisieron.
El dolor que sentí cuando el agua fría tocó mi cuerpo, representó una sensación horrible que me hizo gritar con mucha fuerza, pero que no logró socavar del todo la excitación que llevaba encima como consecuencia del moly, cuyos efectos parecían irse debilitando con el pasar del tiempo, pues a diferencia de lo que sentí durante las primeras horas en que me fue administrado, para el instante en el que me estaba duchando, ya era capaz de controlarme, pensar con un poco más de claridad y percibir mi entorno tal cual era, a pesar de sentirme mareada y un poco sedada por esa maldita droga.
Cuando la ducha se terminó y el tipo ese me llevó hasta el colchón donde al parecer pasaría la noche, el miedo que sentía ante el inminente dolor que estaba por experimentar, logró abrumarme de una manera tan intensa que no pude contener mi llanto por más tiempo, entregándome a una serie de sollozos que sacudieron mi cuerpo incluso antes de que el moly me fuera retirado, porque había visto el inmenso dolor que minutos atrás le provocaron a esas chicas, aunque, para ser honesta, nada que me hubiera imaginado al verlas, tuvo comparación con lo horrible que me sentí cuando me retiraron esa droga.
A diferencia de la escueta forma como mi amo describió aquella experiencia, la ausencia del moly tras un día entero de tenerlo en mi cuerpo, se sintió como si algo estuviera disolviendo mis órganos internos, porque no solamente parecía que mis entrañas de pronto se hubieran encendido en llamas, sino que además me sentía cómo si algo se estuviera moviendo entre mis vísceras, algo que me hacía sentir un ardor insoportable que se sumó a la repentina aparición de un dolor de cabeza tan inmenso que pensé que mi cerebro estallaría de un momento a otro, haciendo que mis ojos me dolieran, que gritara sin poderme controlar, que me sacudiera con mucha violencia hasta tal extremo que de alguna manera llegué a desear que me volvieran a drogar o que alguien terminara con mi vida tan solo para detener ese horrible sentimiento que me llevó al borde de la locura durante los minutos que duró esa tortura, hasta que poco a poco el dolor fue cediendo y me quedé tirada en el colchón, respirando con mucha agitación, mirando la lona rota que nos cubría de la noche, sin que pudiera moverme o hacer algo más que lamentar el momento en el que una decisión muy estúpida terminó por sentenciar mi destino y condenarme a experimentar todo aquello que estaba viviendo.
Poco después de haber sufrido aquella abominable tortura, vi a mi amo despedirse del hombre negro, antes de que ese sujeto se acercara a cada una de las siervas dejando una botella de alimento en cada uno de los colchones, a excepción del mío, donde dejó dos botellas antes de sentarse a mi lado.
- Debes alimentarte bien, pequeña. Lo necesitas, estás muy débil y si no comes bien, no sobrevivirás a todo esto - dijo el hombre, llamando mi atención con esa voz grave que al mismo tiempo, y en contra de cualquier cosa que hubiera esperado, sonaba muy amable.
- ¿Por qué crea que me interesa seguir viviendo así? - pregunté, mientras el hombre me ayudaba a sentarme sobre el colchón, o mejor dicho, me obligaba a hacerlo, recargando mi espalda en la pared fría y sucia a la cual ya me había esposado.
- La vida es muy complicada, pequeña, es algo extraño, a veces pasan cosas que no parecen muy probables, mírate a ti misma, estoy seguro de que jamás pensaste que terminarías de esta forma, seguramente creíste que… no sé, tal vez soñaste con que te casarías y tendrías una hermosa familia o con que terminarías una carrera o algo como eso… pero luego un día ¡Pum! - gritó de pronto, haciendo que me sobresaltara y lo mirara con los ojos muy abiertos - te convertiste en sierva y todos tus sueños se fueron al diablo. Bueno, algo así también pasó para mí, porque antes de que este mercado existiera, yo dormía bajo los puentes y peleaba por las noches para sacar algo de dinero y tener qué comer, luego llegaron las siervas y ¡Pum! - un nuevo grito, un nuevo sobresalto - ahora tengo dinero, un trabajo, sexo todas las noches, ya no tengo que pelear para vivir y tengo toda la comida que pueda comer, en pocas palabras, ya no tengo que preocuparme más - comentó, dejando que su voz se contagiara de un orgullo que me hizo sentir mucha repugnancia por ese hombre, a la vez que, de alguna manera, me obligó a sentir lástima por un tipo que no había tenido una vida muy grata - así es la vida, a veces estás arriba, a veces estás abajo y a veces estás en el medio, lo importante es que no te rindas cuando estás abajo, porque un día…
- ¿Pum? - me adelanté, antes de que gritara y me volviera a provocar un sobresalto, haciendo que el tipo sonriera mientras asentía torpemente con la cabeza.
- Y todo cambia - dijo el tipo, logrando que de alguna manera sintiera que, a pesar de estar en el momento más horrible de mi vida, quizás algo podría cambiar el rumbo de las cosas, aunque en realidad no tenía muy claro cómo era que aquello podría mejorar - dime algo, pequeña, ¿Cuántos años tienes? ¿Cómo llegaste aquí? - me preguntó, haciendo que iniciara una larga historia de todo lo que pasó desde que decidí ir a esa marcha el día de mi cumple, hasta el momento en el que llegué a ese mercado. Él dejó salir una risilla torpe al final, muestra de que algo de lo que dije provocaba su hilaridad - ¡Así que supongo que esto es parte de la juerga con la que celebraste tu cumpleaños ¿Eh?! - exclamó, de una forma que denotaba algo de inocencia, que me hizo sentir un calor especial por dentro, que de alguna manera logró arrebatarme una tímida sonrisa hasta que recordé la parte de esa historia en la que admitía que no tenía idea de lo que pasó con mi padre y mi cara volvió a adquirir esa expresión sombría - sí, no lo has pasado bien, pequeña, pero ¿Quién sabe lo que pueda pasar? Ahora mismo te encuentras en el lugar más horrible en el que pudiste haber caído, así que a partir de este momento, las cosas solamente podrían mejorar y… bueno, no lo sé, quizás un día de estos llegue un príncipe no tan azul que quiera llevarte con él, que pretenda cuidarte y mantenerte como su sierva de compañía y ¡Pum! - dijo el tipo, sonriendo al sentir cómo logró que una vez más me sobresaltara, mirando algún punto en la nada, con ese brillo de esperanza en sus ojos que me hizo tomar una botella de alimento para siervas y empezar a beber, dejando que el silencio se entrometiera entre nosotros mientras el viento de la noche era corrompido por los gritos y gemidos de otras siervas en algún otro puesto en el mercado, sonidos que no lograron detener aquellas escenas que imaginé durante quién sabe cuánto tiempo, donde un buen hombre me llevaba a casa, me curaba y me hacía su sierva de compañía, alejándome de las calles, de sitios como aquel en el que me encontraba, dándome una vida casi decente, lo único a lo que creí que podría aspirar dada mi condición.
- Bueno, pequeña, es hora de que duermas - dijo el tipo a mi lado, justo cuando terminé de beberme el contenido de aquellas botellas, antes de que viera como se desabrochaba el pantalón y sacaba de él un miembro que, a pesar de no estar erecto, lucía mucho más grande que cualquiera que hubiera recibido entre mis piernas, una imagen que me hizo abrir mucho los ojos, provocando con esa reacción la risilla torpe que salió de la boca de ese sujeto - tranquila, pequeña, te prometo que seré cuidadoso - me aseguró, antes de sentir cómo me obligaba a recostar en ese colchón sucio, de que se quitara la camiseta dejándome contemplar un cuerpo muy fuerte, pero lleno de cicatrices, previamente a que se colocara entre mis piernas y comenzara a frotar su miembro contra mi vagina, haciéndome sentir muy nerviosa al creer que me provocaría mucho dolor, llevándome poco después la sorpresa que me provocó sentir sus suaves labios besando los míos, el sutil toque de sus enormes manos sobre mis senos y la forma tan delicada con la que me penetró, entrando muy despacio en mi vientre, saliendo cuando encontraba algo de resistencia, cuidándome como nadie lo había hecho desde que me convertí en sierva, haciendo que incluso me permitiera disfrutarlo, que me abrazara a su cuello mientras ese peculiar sujeto me penetraba, poco a poco, dejando que mi vientre se acostumbrara a su presencia.
- ¡Eres demasiado joven para estar en este lugar, pequeña! ¡Y estás demasiado apretada como para ser usada por los sujetos que vienen a este sitio! ¡Ahhhhhh! ¡Sí, pequeña! ¡Te mereces algo mejor que este tiradero de mierda humana! ¡Ahhhhhh! - susurró a mi oído, o eso intentó, porque su voz era tan gruesa y potente que no me hubiera extrañado que todos los que seguían en ese mercado hubiesen escuchado sus palabras.
Los gemidos que salieron de mi boca fueron una respuesta tan natural como espontánea y honesta a lo que ese hombre me estaba haciendo, porque contrario a lo que yo hubiera esperado, aquello fue mucho más placentero y auténtico que cualquier cosa que hubiese vivido con otro hombre, porque ese extraño sujeto parecía sentirse auténticamente atraído por mí, algo que notaba en la forma como parecía disfrutar de mi cuerpo, de mis besos, del sabor de mi piel cuando me chupaba el cuello o me comía lo senos, un detalle que de pronto se hizo tan intenso e importante que de pronto fui yo quien comenzó a mover las caderas, soportando los esporádicos dolores que me provocaba el tamaño de mi amante, quien sonreía cada vez que sus ojos y los míos se encontraban, besándome y tocándome con mucho cuidado, como si temiera romperme, pero al mismo tiempo, como si no quisiera privarse de nada que quisiera hacer con mi cuerpo.
Tener un orgasmo sin ninguna droga en el sistema, de pronto resultó una experiencia un tanto decepcionante, porque obviamente fue mucho menos intenso y considerablemente más corto que cuando aquello ocurría bajo la influencia del moly o la ambrosía, sin embargo, ver a ese hombre mientras lo sentía eyacular en mi vientre, compensó con creces lo que no sentí cuando me vine, porque pude ver el inmenso placer que le provoqué a ese tipo que no parecía ser tan malo, quien en esa noche me dio una esperanza de que las cosas podrían cambiar, de que tal vez no todo estaba perdido.
Una última sorpresa me acogió cuando mi amante me besó de nuevo en los labios, con la misma ternura que caracterizó cada cosa que me hizo, antes de que se levantara, de que sacara del bolsillo de su pantalón otra botella de alimento y la dejara en mi colchón, sonriéndome al hacerlo, acariciándome con mucha suavidad una de mis mejillas a modo de despedida.
- Come y descansa, pequeña, mañana tendrás un día difícil - se despidió, logrando que esa noche sonriera una vez más al saber que no todos estaban en mi contra, que, a pesar del lugar tan horrible donde me encontraba, había encontrado un alma noble en medio de toda esa calamidad.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 19) o adquiriendo el segundo tomo de esta serie en AMAZON (capitulos 7 - 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
Continúa en
- Relato #242172— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
El décimo chat de mi Esposa
Él creía que la había perdido, pero descubrió que el secreto de su esposa no era solo otro hombre, sino una sumisión que él podía controlar.
Comparte:ChantajeDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La cerecita
Bajo el mantel, los vínculos laborales se rompen y las reglas de la oficina se olvidan. Andrea cree ir solo a una cena, pero su esposo ha preparado…
Comparte:Dominacion masculinaChantajePoder y control
- Hetero: Infidelidad
Mi recién estrenada mujer... ¡que puta es!
Martín creía conocer a su esposa, pero la noche de la boda reveló que Eva solo había esperado a un hombre capaz de tratarla como una puta.
Comparte:Dominacion masculinaChantajeTraicion y culpa
- Hetero: Infidelidad
Eva al desnudo-9 - la piscina de Juan
Juan siempre supo cómo desarmar a las mujeres casadas. Esta vez, el juego comienza en la piscina y termina en la cama, mientras el marido cree tener…
Comparte:Dominacion masculinaPoder y controlTraicion y culpa
- Hetero: Infidelidad
Pat, mi vecina, mi puta (final)
Descubrí que mi vecina no solo era mi vecina, sino también la amante secreta de su propio marido.
Comparte:ChantajeDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
El mejor amigo Parte 10
Santi creía conocer a su esposa, pero la noche en que Nacho y Luis la desvistieron frente a él, descubrió que su matrimonio era solo el preludio de…
Comparte:Dominacion masculinaPoder y controlDespertar y descubrimiento