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Dominaciónoct 2025

Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 09

La certeza de ser la favorita se desmorona cuando aparece una rival. Para recuperar el trono, Alejandra no dudará en arriesgarlo todo, incluso invadiendo la cama de su amo frente a la mujer que le robó el sueño. Pero el juego de poder tiene un precio, y la llegada de una nueva sierva desde las profundidades del mercado negro promete desatar una tormenta de deseos y sumisión.

Jane Cassey Mourin4.5K vistas9.6· 9 votos
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ALEJANDRA

Supongo que las cosas con Rodrigo habían pasado demasiado rápido como para que me pudiera sentir completamente segura al ser su sierva de compañía, pues si bien en algún momento llegué a creer que podría estar tranquila mientras estuviera a su lado, con la llegada de Anahí me di cuenta de que tal vez no todo estaba tan seguro, más aún después de la manera como me sometió esa noche, y no es que no me haya encantado que lo hiciera, porque en realidad me volvió loca al dejarme observar esa parte salvaje de un muchacho a quien jamás concebí de esa manera, pero lo que me dijo al final, esa parte en la que me advertía que debía comportarme a la altura o quizás otra ocuparía mi lugar, esa era la razón de que no hubiera logrado estar tranquila desde que esa rubia llegó a casa, porque si bien Rodrigo en repetidas ocasiones había marcado una diferencia entre Anahí y yo, colocándome en un estatus mayor al que ocupaba esa rubia en la casa, seguía molestándome escuchar cómo gemía cuando mi amo estaba con ella, momentos en los que tenía que fingir que no pasaba nada, en los que me veía obligada a soportar en silencio ese dolorcito en el estómago que me hacía querer entrar en la habitación y echarla de la cama que en algún momento llegué a creer que solamente yo compartiría con mi amo, temiendo que en algún momento esa mujer pudiera manipularlo para robarme el lugar que mi amo me había asignado desde que me compró.

¿Cómo lidiar con esos sentimientos? ¿Cómo lograr ajustarme a una situación que llegaba a lastimarme? ¿Qué era lo que debía hacer para que mi amo quisiera estar solamente conmigo?

No tenía ninguna respuesta a esas preguntas, así como tampoco sabía qué hacer para que las cosas volvieran a ser como lo eran antes de que Anahí llegara a nuestras vidas, y no es que Rodrigo me hubiera descuidado, porque todos los días me daba más de un orgasmo, pasando conmigo más tiempo del que pasaba con Anahí, sin embargo, el hecho de que esa tipa siguiera en la casa y de que no hubiera decidido prostituirla, seguía llenándome la cabeza de dudas; y por si todo eso fuera poco, tampoco podía dejar de pensar en lo que pasaría si encontrábamos a las hermanas de la rubia, porque, ¿Cómo podría competir con la morbosa posibilidad de que tuviera a tres hermanas metidas en su cama al mismo tiempo?

Aquella idea sonaba muy morbosa y estimulante incluso para mí, un pensamiento que dibujó en mi cabeza escenas de lo que pasaría si encontraba a alguna de las hermanas, haciendo que me preguntara si aquello que me dijo acerca de que no me compartía porque yo solo le pertenecía a él, seguiría vigente si un par de rubias más lograban conquistarlo con sus encantos, porque sabía que Anahí era hermosa y, si sus hermanas lo eran también, no creía tener muchas oportunidades de conservar aquel estatus que mi amo me dio desde que llegué a su vida, como una sierva.

- ¡Ahhh! ¡Amo! - escuché desde la cocina mientras terminaba de lavar los platos del desayuno, sintiendo de nuevo esa punzada en el estómago y el temblor de mis manos al ser dominada por el nerviosismo y la incertidumbre que me provocaba tal clase de situaciones, despertando de nuevo mis temores hasta que logré distraerme con el sonido que escapó del celular de mi amo, el mismo que había dejado minutos atrás en la cocina, cuando fue a darme las gracias por aquello que llamó un desayuno de campeones, antes de que Anahí apareciera y se fuera con ella a la habitación.

- Amigo, encontré a una de las chicas que me pediste buscar, llegó por la noche a una galería, pero no es una instalación del todo común, se encuentra en el sector donde se ha reportado un mayor tráfico ilegal de siervas y donde está uno de los mercados negros más grandes del país; ya sabes, donde agarraron a esos tipos que salieron el otro día en las noticias; así que te sugiero que hagamos esto solos tú y yo, porque no creo que sea una buena idea llevar a alguna de tus siervas. Espero tu respuesta, no tardes.

No lo voy a negar, aquel mensaje casi me hace un agujero en el estómago del coraje me dio leer aquellas palabras, porque al parecer mis peores temores se estaban haciendo realidad en ese mismo instante, algo que me provocó un nudo en la garganta, que casi me hace llorar ante la presión que de pronto estaba sintiendo, porque desde mi posición, ya era muy difícil competir con una sola chica como para ahora tener que hacerlo también con su hermana; a pesar de ello, después de leer aquel mensaje un par de veces más, no tardé mucho tiempo en dirigirme a la habitación donde mi amo fornicaba con su otra sierva, viéndome obligada a entrar en la recámara, a ver cómo esa mujer rodeaba a Rodrigo con sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas entrelazadas rodeando su cintura, sintiendo esa molesta sensación provocada por los celos, hasta que noté la mirada perdida de Anahí y entendí que estaba inundada de ambrosía, que seguramente antes de que dejara su celular en la cocina, mi amo había manipulado la liberación de esa droga en el cuerpo de su sierva, algo que me hizo sonreír un poco, pues al parecer, a Rodrigo solamente le gustaba hacer el amor conmigo sin que tuviera el cuerpo inundado de esa maldita porquería, algo que evidentemente no hacía con la rubia.

- Amo, su celular sonó y…

- ¡Ahhh! ¡No deje de cogerme, mi señor! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Por favor! - gritó la rubia, desafiando mi paciencia y tolerancia, haciendo que Rodrigo rodeara su cuello con su mano, apretándolo con los dedos para que dejara de hablar, sin parar de cogérsela, pero separándose un poco de ella para mirarme a los ojos, como dándome la pauta para que continuara con lo que le decía.

- Se trata de Emilio, me tomé la libertad de leer la vista previa del mensaje y…

- Solo dime lo que me mandó - respondió con la voz agitada.

- Dice que encontró a una de las chicas que mandó a buscar, que llegó por la noche a una galería, pero que se trata de una particularmente peligrosa, pues está en ese barrio que ha salido en las noticias, en el que agarraron a esa pandilla que vendía ilegalmente a sus siervas. Emilio le escribió que en cuanto le responda el mensaje, le enviará la ubicación e irá a la galería para encontrarlo en ese lugar - una sonrisa en los labios de mi amo fue la única respuesta que recibí, antes de que se concentrara de nuevo en Anahí, de que hiciera que el ritmo de sus caderas se convirtiera en algo tan intenso que pude escuchar ese sonido parecido a un aplauso que se producía en el choque de su pelvis y el trasero de la sierva a la que se estaba cogiendo.

No lo soporté más. No podía estar ahí solamente mirando, tenía que hacer algo, tenía que demostrarle a mi amo que yo era mucho mejor en la cama que esa rubia, que no necesitaba de ambrosía para perder el control con él, que me bastaba con mi cuerpo para satisfacerlo, sin que tuviera que volverme loca para lograr que perdiera la razón ante el placer que yo podía brindarle.

Haber perdido su atención por un momento, me dio la oportunidad de deshacerme de mi vestido sin que él lo notara, quedando completamente desnuda mientras caminaba hacia Rodrigo y me recogía el pelo con una liga que llevaba en la muñeca, subiéndome a la cama poco después, abrazándolo por la espalda, dejando que sintiera mis senos desnudos sobre su piel humedecida por el sudor, permitiéndome deslizar mis manos por el pecho de mi dueño y acariciar suavemente sus pezones.

- Amo, no debería demorarse mucho en ir a esa galería, podrían comprar a esa chica de un momento a otro - dije, antes de besar sus hombros, lamer su cuello y apretar sus brazos de la forma como sabía que a él le gustaba que lo hiciera, logrando que girara la cabeza a un lado para mirarme, encontrándose con mis impetuosos labios en cuanto lo hizo, dejándome que lo besara a mi antojo, que le metiera la lengua y me esforzara aún más en ese beso cuando sentí el sabor de Anahí dispersándose por mi boca, haciendo que mi necesidad de coger con mi amo y demostrarle que yo era su mejor opción, de pronto se convirtiera en la mayor de mis obsesiones - amo, sabe que yo puedo hacerlo venir mucho más rápido que su sierva, porque lo conozco mejor que ella y, como no estoy inundada de esa droga, podría concentrarme más en su placer que en el mío.

- ¡Ahhh! ¡Eso suena delicioso! - respondió, un segundo antes de que tirara de su cuerpo hacia mí, haciendo que dejara de penetrar a Anahí, quien no tardó más de un segundo en protestar.

- ¡Amo! ¡No se salga de mi…! - se quejó la sierva, sin poder terminar de decir lo que quería antes de que mi amo la mandara a cerrar la boca.

- ¡Cállate! - le ordenó Rodrigo, mientras yo me colocaba en cuatro frente a él, posicionándome sobre la rubia, mirándola a los ojos, encontrándome con esa expresión de desesperación que la agobiaba al mismo tiempo la chica se tocaba frenéticamente el coño.

- Vamos, amo, tome lo que le pertenece - incité a Rodrigo, escuchando mi voz modulada por ese tono seductor que hizo que mi amo me penetrara en el acto, obligándome a cerrar los ojos mientras lo sentía entrando en mi cuerpo, a gemir en medio de un placer que no era solamente físico, pues se veía dulcemente aderezado con la ansiedad y la envidia que pude notar en los ojos de Anahí, quien temblaba de rabia y desesperación mientras yo gemía a unos centímetros de su cara, al mismo tiempo que mi cuerpo se sacudía con las embestidas que mi amo me brindaba, acompasando sus movimientos con aquel baile de caderas que interpretaba para él, estimulando su pene de la forma perfecta para incitarlo a penetrar mi vagina con toda su fuerza, provocándome tanto placer que en muy poco tiempo me rendí a esas sensaciones, dejando que mi cuerpo cayera por completo sobre el de Anahí, que mis senos y los suyos se enfrentaran, aplastándose unos contra otros, manteniendo una cercanía que esa chica no fue capaz de soportar sin hacer algo al respecto, sorprendiéndome cuando repentinamente me besó en los labios, cuando de pronto sentí un placer diferente, justo en el instante en el que entendí que esa mujer se estaba sometiendo ante mí, sin necesidad de que nuestro amo se lo ordenara, porque aquel beso pronto se vio acompañado por las caricias que le profirió a mi cuerpo, por esa manera como de pronto se acomodó, dejando una de mis piernas entre las suyas, restregando su vagina en ella, tratando de estimularse con mi cuerpo para llegar al orgasmo que tanto anhelaba alcanzar, gimiendo como desesperada mientras lo hacía, provocando que el morbo que ya me estimulaba se hiciera mucho más intenso, tanto que no tardé más de unos pocos minutos en correrme, sintiendo cómo un chorro de líquido escapaba por entre mis piernas, un estímulo que al parecer fue demasiado para Rodrigo, quien eyaculó poco después en mi interior, haciéndome sonreír, sin que Anahí fuera del todo consciente de lo que acababa de pasar.

- ¡Ahhh! ¡Por favor! ¡No me dejes sola! ¡Déjame frotarme con tu pierna! ¡Ahhh! ¡Deja que me corra! - gritó Anahí, suplicante y desesperada al ver que trataba de separarme de ella después de que Rodrigo se hubiera venido dentro de mí.

- Anahí, como no me gusta que mis siervas tengan el coño sucio, tendrás que limpiar la vagina de Alejandra con tu lengua, hazlo mientras estoy fuera y, si lo haces bien, tal vez ella te permita llegar a un orgasmo, así que sería una buena idea obedecerla en todo lo que te mande - dijo Rodrigo mientras se alejaba de nosotras y se vestía a toda prisa - dejaré que la ambrosía siga corriendo por tu cuerpo mientras estoy fuera. Creo que lo pasarán bien hasta que regrese - comentó al final, al mismo tiempo que la rubia me hacía recostar en la cama y hundía su cara entre mis piernas permitiendo que intercambiara una mirada con Rodrigo, quien me sonrió de una forma lasciva antes de dar media vuelta y salir de la habitación, disipando algunas de las dudas que me habían carcomido minutos atrás, marchándose entre los gemidos que Anahí me arrancaba con esa habilidosa manera de comerme el coño mientras se esforzaba por tragarse hasta la última gota de la leche que nuestro amo dejó en mi cuerpo.

RODRIGO

- Demasiado tarde - dijo Emilio en cuanto me vio a las afueras de aquella galería, componiendo una expresión que no me dio muy buena espina - se la llevaron poco antes de que yo llegara - explicó, haciendo que me doliera el estómago, creyendo que, tal vez, si no me hubiera demorado esos minutos en los que hice el amor con Alejandra, quizás hubiera alcanzado a comprar a la hermana de Anahí.

- ¿De quién se trata? Quiero decir ¿Cuál de las dos hermanas es la que fue vendida?

- La más joven, Liliana. Al parecer se quedó en uno de los cuarteles del ejército sirviendo a los soldados desde que fue capturada, pero… bueno, no te va a gustar lo que te lo diré. La gente que trabaja en esta galería es un poco… diversa, por decirlo de alguna manera; y según lo que logré averiguar, al parecer tienen tratos directos con traficantes del mercado negro y algunos tratantes, es decir, gente que tiene negocios con siervas, pero cuyas transacciones ocurren bajo el radar de La Corporación.

- ¿Eso es posible?

- Por supuesto. Lo hacen sin utilizar el sistema Siervas del Hombre, se hacen trasferencias indirectas entre cuentas bancarias, usando cuentas de terceros para triangular los pagos, luego, cuando caen los créditos en sus cuentas, se cambia la propiedad de las siervas como si fueran un regalo o una donación, parece ridículo que sea posible manipular el sistema de una manera tan simple, pero como el banco y La Corporación no tienen forma de detectar que esas transacciones se hacen al mismo tiempo, puesto que se hacen en plataformas diferentes, es en verdad muy difícil identificar ese tipo de ilegalidades - explicó, de la misma forma como solía hablar de algunas cosas, con ese aire de monotonía en su voz que me hacía pensar que había dicho aquello miles de veces, antes de que se acercara mucho a mí y comenzara a hablar con un volumen de voz mucho más abajo - la verdad es que el gobierno lo permite para que en este sector se tenga una cierta sensación de libertad, para que la peligrosa gente que vive aquí, encuentre en esos pequeños delitos lo que necesita para saciar su sed de rebeldía y no se metan con el gobierno o le provoquen problemas graves a La Corporación, aunque creo que eso difícilmente te lo diría algún empleado de acá, por supuesto - susurró, antes de volver a adoptar su postura y actitud propia de un empleado de La Corporación - pero no todo está perdido, al parecer, el tipo que la compró, un sujeto llamado Tavroz, trabaja en un lugar cerca de aquí, no es un sitio lindo y en realidad es muy peligroso, pero supongo que tu apariencia de delincuente nos ayudará a no tener problemas ahí.

- ¿Mi apariencia de delincuente? - pregunté, sin poder evitar una sonrisa al ver cómo se sonrojaba el rostro de Emilio, ya que, por lo que pude notar, aquellas palabras se le escaparon sin que hubiera querido pronunciarlas.

- Lo siento, lo he dicho sin pensar, no quería ofenderte, pero… bueno, es que andando con la cabeza rapada, mostrando los tatuajes de tus brazos, las perforaciones y esa ropa de pandillero… solo digamos que, tal vez, gracias a tu atuendo podamos salir vivos de ese mercado de ladrones, violadores y tratantes.

- No sé cómo sentirme con respecto a eso, pero si tenemos una idea de en dónde se encuentra, deberíamos ir ahí de inmediato.

- Me parece muy bien - contestó, antes de que nos subiéramos a la camioneta y nos dirigiéramos a donde el hombre creía que estaría Liliana, un lugar que resultó mucho peor de lo que lo esperaba considerando la descripción que me había dado Emilio.

- ¡Carajo! - exclamé cuando vi con nerviosismo y algo de miedo el lugar al que llegamos, que básicamente se trababa de una calle muy larga, sin circulación de vehículos salvo por alguna que otra moto que llegaba a colarse entre la gente, donde los muros estaban adornados con decenas o tal vez cientos de chicas atadas, amordazadas y desnudas, esperando un cliente que quisiera hacer uso de ellas, de la misma forma como lo harían en una galería de La Corporación, pero sin la sensación de seguridad que aquellos lugares le brindaban a los usuarios - ¡Carajo! A este sitio solo le hace falta una tipa vestida de cuero negro con un látigo en la mano - dije sin pensarlo mucho, haciendo que Emilio sonriera un poco nervioso, antes de que un tipo se nos acercara, un hombre grande y cuyo cuerpo no terminaba de definir si estaba formado en su mayoría por músculos o por grandes cantidades de grasa.

- ¿Están perdidos o solo vienen a hacer un poco de turismo sexual? - preguntó, con un aire de suficiencia y condescendencia que me resultó muy molesto, por fortuna, fue Emilio quien respondió de inmediato a su pregunta, mientras su mirada y la mía se encontraban, de una manera no muy amable.

- Estamos buscando a un hombre llamado Tavroz, cosa de negocios - dijo mi amigo sin dar más explicaciones, haciendo que el sujeto ese dejara de mirarme y le dirigiera a Emilio una mirada sorprendida, contaminada por un poco del miedo que evidentemente le provocaba escuchar aquel nombre, quedándose callado por un minuto, mirándonos a uno y a otro alternadamente, como si de pronto ya no estuviera tan seguro de que fuéramos personas que no deberíamos estar ahí.

- ¿Están seguros de querer verlo? No es un tipo que se ande con tonterías ni…

- Tampoco nosotros - contesté de inmediato, con más actitud que valor, pues para ese momento y después de haber visto el miedo que un simple nombre provocó en ese sujeto, dudaba que haber ido a buscar a ese tal Tavroz hubiera sido la mejor idea que se nos pudo haber ocurrido. El tipo asintió sin perder el asombro.

- Está al final de la calle, su puesto es el último - respondió sin más, antes de regresar al lugar de donde salió, apartándose como si de pronto sintiera mucho miedo de ser visto con nosotros, como si considerara que habernos detenido había sido un muy grave error.

Atravesar ese mercado fue una experiencia horrible, porque lejos de lo que creí que vería, las siervas no eran solamente usadas como objetos sexuales, sino que al parecer también las utilizaban como conejillos de indias en quienes probaban algunas drogas para ver sus efectos, de la misma forma como algunas de esas mujeres servían como pieles de práctica para tatuadores novatos o como blancos para hombres y mujeres que sentían la necesidad de golpear un cuerpo vivo si contenerse.

Gritos de dolor, suplicas desesperadas, llanto y gemidos horrorizados fueron lo que acompañaron nuestra caminata al recorrer aquel mercado de siervas, bajo la mirada de la gente con la que nos cruzábamos, algo que intuí que se debía a la vestimenta de Emilio, con ese uniforme de la corporación que lo hacía destacar por donde fuera que caminara en ese lugar.

- Uno pensaría que al traer ese uniforme serías el blanco de algunas agresiones o que quizás la gente huiría de ti pensando que tal vez…

- Para nada. Las personas en este lugar reconocen el uniforme, saben que trabajo en una galería y seguramente pueden adivinar que si estoy aquí es para hacer negocios, además, no hay un solo empleado de La Corporación que pueda ejercer alguna clase de castigo en contra de personas que no pertenecen a la organización, ya sea porque sean trabajadores o siervas, por lo cual, mi presencia aquí no es más que un motivo de curiosidad.

- Ya veo - contesté, mirando a mi alrededor, presenciando la forma como un hombre le metía casi la mitad de su brazo por el culo a una mujer que resultaba particularmente alta, antes de que pusiera atención en lo que ese tipo usaba y notara que en realidad Emilio tenía razón, que mi atuendo no distaba demasiado del que los hombres que se encontraban en ese lugar, un detalle que me hizo sonreír y soltar una risilla divertida.

- ¿Pasa algo? - preguntó mi amigo.

- Nada, solo noté que tenías razón con lo que dijiste, eso de que me vestía como delincuente - comenté, haciendo que el hombre sonriera un poco, antes de que repentinamente se pusiera muy serio, llamando mi atención al notar la forma tan aprensiva como miraba a un lugar al frente, provocando que mirara hacia donde él lo hacía, encontrándome con un sujeto enorme que llevaba encima una gabardina bastante larga, el pelo blanco un poco por debajo de los hombros y sosteniendo un látigo en su mano, un tipo al que le faltaba un ojo que cubría con un parche negro, quien en aquel momento le metía los dedos a una chica que estaba atada a una especie de escenario, una que se unía a las otras diez mujeres que se encontraban ahí, algunas de ellas siendo usadas por la clase de sujetos que acudían a ese lugar.

- Bueno, no es una chica enfundada en cuero negro, pero encontramos al personaje del látigo que le hacía falta a la escena, y creo que también es el tipo a quien estamos buscando - comentó Emilio, sin mostrarse muy animado al respecto, antes de que yo mismo diera algunos pasos apresurados hacia ese sujeto, quien me miró abriendo mucho el único ojo que tenía sano, mientras en su boca bailaba un enorme puro.

- 80 créditos por quince minutos, puedes escoger a la que quieras y hacer lo que te plazca con ella - balbuceó con una voz rasposa, sin sacarse el puro de la boca, haciendo que mirara a las chicas en la pared, una de las cuales estaba siendo usada por tres tipos al mismo tiempo, inundada de ambrosía, gimiendo al mismo tiempo que daba algunas arcadas al no poder soportar el tamaño del sujeto que penetraba su garganta - si te tardas mucho en escoger a una de mis zorras, comenzaré a cobrarte 40 créditos por minuto - una vez más, mi mirada se centró en él, sintiendo la necesidad de decirle algo no muy amable ante su altanera y arrogante actitud, hasta que de nuevo Emilio intervino, probablemente salvándonos de lo que hubiera sido una inevitable y muy dolorosa muerte.

- Sabemos que compró una sierva hace un par de horas, una chica rubia, joven, dieciocho años. Vinimos aquí para hacer un trato con usted, pues la sierva que adquirió es del interés de mi cliente y la hubiera comprado de no ser porque usted se le adelantó - dijo Emilio con amabilidad, pero con firmeza, como tratando de que ese hombre entendiera que no nos iríamos de ahí sin esa chica, demostrando una seguridad mucho mayor que la que yo sentía en aquel instante. El tipo miró a Emilio dejando que algo de sorpresa contagiara su mirada, antes de soltar una condescendiente risilla.

- Vaya, sorpresa, no parecía que tuvieras tantos huevos cuando te vi metido en ese uniforme - comentó el sujeto llamado Tavroz, mirando a Emilio como si lo estuviera estudiando, antes de que el sonido de una alarma sonara y el tipo sacara su celular de su bolsillo - ¡Tiempo! - gritó de pronto, mirando a los hombres que usaban a esa jovencita, sin que ninguno de esos tipo se detuviera en lo que hacía, provocando que Tavroz, suspirara con fastidio, que se tronara el cuello con un par de movimientos de su cabeza antes de comenzar a caminar hacia ellos - disculpen caballeros, tengo que encargarme de algo - comentó, un instante previo a que lo viéramos golpear con mucha fuerza la espalda de uno de esos sujetos, para luego sacarse al fin el puro de la boca y quemar con él el cuello de otro y, finalmente, darle un cabezazo en la cara al último de aquellos hombres que seguía en pie, rompiéndole la nariz en el acto, provocando que los tres se retorcieran en el suelo mientras él los miraba desde arriba y volvía a meterse en la boca el puro, sin importarle que hubiera carne quemada en el extremo que seguía ardiendo - ¡Lárguense de aquí, ratas! - les gritó, provocando que todos se levantaran apresurados, arreglándose la ropa en el camino a irse de ahí, entre los gritos, abucheos y silbidos de quienes presenciaron aquel espectáculo - sí, sé de quien hablan, sigue encerrada en el contenedor, se está cocinando lentamente en sus propios jugos - comentó, con una sonrisa de suficiencia que no auguraba nada bueno, haciendo que incluso por un momento creyera que de verdad estaba dispuesto a comerse a otro ser humano - aunque no sé qué es lo que les hace creer que yo esté dispuesto a venderla, me costó una gran cantidad de créditos y… ¡Carajo! Acabo de traerla ¿Por qué querría venderla ahora? La carne nueva en este lugar es un muy buen producto, así que…

- Como lo dije, vinimos a hacer un trato con usted y, antes de que diga que no, debería considerar el tiempo que le tardará recuperar su dinero y empezar a ganar algunos créditos con esa sierva - dijo Emilio, sonando tan seguro que de pronto comprendí que él sabía algo que yo desconocía - veamos, usted compró a esa chica en 6465 créditos; si tomamos en cuenta que la rentará por 80 créditos los quince minutos, estaríamos hablando de que recuperaría solamente su inversión en alrededor de 20 horas de trabajo, es decir, después de haberla rentado a un total de 80 clientes, los mismos que deberán pagar por esa chica antes de que usted puede empezar ganar créditos con ella habiendo recuperado lo que invirtió. Una estimación que me hace pensar que tal vez usted estaría dispuesto a vendérnosla si le ofrecemos una ganancia inmediata y sustanciosa que pueda mantenerlos contentos a los dos - contestó Emilio, con una rapidez y seguridad que no me dejo dudas con respecto de que aquellas cuentas las había hecho mucho antes de que llegáramos hasta ese sitio, porque era imposible que alguien pudiera calcular algo así en unos pocos segundos.

Tavroz lo miró con algo de sorpresa, antes de que las facciones de su rostro volvieran a endurecerse, mientras estudiaba a Emilio con curiosidad, rascándose la barba por algunos segundos hasta que de pronto se permitió sonreír de una forma siniestra.

- 13000 créditos y es toda suya - dijo de pronto, mostrando una expresión de suficiencia, como si creyera que aquella cifra estaría muy lejos de lo yo que estaría dispuesto a pagar.

Casi acepto aquella primera demanda tan solo por demostrarle a ese imbécil que no estábamos jugando, que lo que para él significaba una cantidad muy alta de dinero, yo podría pagarlo sin parpadear. Por suerte, Emilio intervino una vez más.

- Me temo que esa suma esta por completo fuera de proporción, porque conozco la afluencia de este mercado y usted no es uno de los proveedores más populares del lugar, así que, si no me equivoco, el solo recuperar su dinero le llevaría cerca de dos meses y tal vez el doble alcanzar la cifra que nos está pidiendo, por lo que me parece que…

- Ocho

- Doce quinientos

- Nueve - ofrecí, levantando un poco más la voz, sintiendo de pronto una adrenalina significativa cuando el cincuenta por ciento de la mirada de ese sujeto se endureció, algo que me provocó querer continuar con esa negociación, tanto como me hubiera gustado darle un puñetazo a ese imbécil altanero y prepotente, una actitud que llamó la atención de quienes se encontraban cerca y a ese tipo lo hizo sonreír.

- Doce - respondió, sujetando de pronto su látigo con mucha fuerza, como queriéndome amenazar mientras se erguía frente a mí, haciendo que la diferencia de estaturas se hiciera más que evidente, en medio de un silencio que no parecía normal en aquel lugar.

- Diez - dije con firmeza, sin dejar que mi voz temblara, sin que ese sujeto se diera cuenta de que me estaba cagando por dentro, pues para ese momento ya nos había rodeado una pequeña muchedumbre quienes, de haber alguna clase de confrontación física, seguramente tomarían partido por ese patán.

- Caballeros, el tiempo es oro y me parece que es lo que estamos perdiendo aquí, así que les ofreceré una salida alternativa - dijo de pronto Emilio, mientras el tal Tavroz y yo permanecíamos muy cerca, mirándonos a los ojos, uno en su caso, sin que ninguno de los dos retrocediera, sin que nadie mostrara la más mínima señal de quererse rendir ante el otro - ¿Qué les parece si acordamos 11000 créditos y la ventaja de que contacte al señor Tavroz cuando reciba nuevas siervas en la galería donde trabajo? - ofreció Emilio, sin titubear, haciendo parecer que no se encontraba nervioso o asustado al encontrarnos en esa situación, como si estuviera convencido de que podría hacerme cargo de ese hombre, de que la actitud que demostraba frente a ese traficante no le parecía para nada algo fuera de lo común, como si aquella intervención se debiera solamente al hecho de que creía que estábamos perdiendo el tiempo en ese lugar.

- Ya tengo un contacto en la galería - contestó Tavroz sin desviar la mirada, con esa voz rasposa, sin sacarse el puro de la boca, algo que resultaba muy molesto, pues el tabaco barato que fumaba comenzaba a impregnar su pestilente olor en mi ropa.

- Yo no trabajo en la galería de este sector, Tavroz. En la galería donde laboro, no llegan mujeres de cuarteles, granjas de fertilización o fábricas de la corporación, donde yo trabajo llegan mujeres considerablemente más limpias, hermosas y menos usadas que las que podrías encontrar en la galería de tu sector, así que… bueno, tendrías que ser muy idiota para no aceptar el trato que te estamos ofreciendo.

Llamarlo idiota me pareció una innecesaria forma de tentar a la suerte por parte de Emilio, no obstante, al parecer fue el arrojo de mi amigo lo que hizo que Tavroz dejara de interesarse en mí y lo volteara a ver, sin que ese tipo pudiera creer que alguien se hubiera dirigido a él de esa manera.

- ¿Me acabas de llamar idiota?

- No, dije que serías un idiota si no aceptaras nuestro trato - respondió Emilio sin parpadear, endureciendo sus facciones tanto que de pronto no parecía el hombre amable y servil que yo conocí, porque en ese momento parecía haberse transformado en alguien peligroso, en alguien con quien sería un grave error meterse - entonces ¿Eres un idiota o no? - preguntó mi amigo con una confianza que me parecía excesiva y peligrosa, haciendo que el estómago me doliera, pero sin lograr que retrocediera en mi actitud, llamando la atención del tal Tavroz de una forma tan eficiente que el hombre lo miró por unos segundos sin parpadear, hasta que de pronto dejó salir una sonora carcajada y dio un par de pasos atrás, dirigiéndose a un enorme contenedor de basura para abrirlo y hacernos que viéramos con algo de aprensión la forma como sacaba a una chica rubia de ahí, mostrándose sucia, con la mirada enloquecida mientras se abrazaba del cuerpo de Tavroz con ansiedad y le rogaba que se la cogiera. Muchas risas sonaron a mis espaldas, pero por más que aquella escena me conmovió, me obligué a actuar como si no estuviera viendo nada nuevo, como si aquello no me pareciera una abominación, como si el ver a una mujer siendo víctima de una sobredosis no fuera nada nuevo para mí - saben algo, me gusta la gente que tiene los huevos en su lugar, me hacen sentir como en casa, respeto eso - dijo el hombre al mismo tiempo que colocaba a Liliana contra la pared, esposando sus manos a una argolla que se encontraba bien fijada en el muro, dejándola empinada hacia el frente, moviendo el trasero como si lo único que deseara en la vida fuera ser penetrada, mientras el sujeto ese se desabrochaba el pantalón y se sacaba la verga, colocándola de inmediato en el coño de Liliana para empujar con fuerza de un solo movimiento, robándole un gemido desgarrador, sin que el dolor que sintió la hiciera dejar de mover el trasero mientras ese sujeto perverso la penetraba - ¿Saben algo? Seguramente vieron a esos tipo que les estaban inyectado drogas a las siervas a la mitad de la calle… ¡Muévete más fuerte, puta de mierda! - gritó de pronto, haciendo que parpadeara un poco nervioso, algo que por fortuna nadie notó al concentrar su atención en la escena que tenía lugar entre Tavroz y Liliana - esos muchachos desarrollaron una porquería que hace ver a la ambrosía como si fuera jugo de naranja - dijo el hombre, haciendo que mirara a Liliana mientras la chica se movía cómo desperada, llorando ante lo que parecía ser una necesidad inmanejable de alcanzar el orgasmo, una desesperación que superaba por mucho lo que había visto en Alejandra, Ivette o en Anahí al administrarles grandes cantidades de Ambrosía mientras me las cogía, creando una escena que me hizo sentir ansioso, que me hizo preguntarme cuánto soportaría viva una mujer bajo el influjo de esa maldita droga, hasta que por fortuna el hombre se detuvo, gritando de alegría cuando eyaculó en el interior de Liliana, mientras le golpeaba las tetas con mucha fuerza, usando la palma de su mano para lograr un sonido mucho más escandaloso, haciendo que la mayoría de los espectadores aplaudiera e hiciera escandalo mientras se alejaba de la sierva, quien gritaba desesperada, suplicando que no dejara de penetrarla, que la llevara al orgasmo. Tavroz sonrió en nuestra dirección mientras se arreglaba la ropa. Emilio suspiro con un fastidio que me parecía no ser demasiado honesto.

- Ahora que terminaste con esta puesta en escena, ¿Tenemos un trato o no? - preguntó, haciendo sonreír a Tavroz.

- Por supuesto que lo tenemos - respondió, lanzándole la llave de las esposas, un instante previo a que mi amigo caminara hacia Liliana con serenidad mientras el hombre ese se acercaba a mí y me daba un papel con algunos números escritos en él - deposita los créditos acordados en esta cuenta - indicó, haciendo que tomara el papel y me apresurara a hacer la transacción, sin dejar de escuchar los gritos de Liliana, viendo de reojo cómo la chica trataba de besar los labios de Emilio, hasta que el celular del tal Tavroz sonó y poco después me transfirió los derechos de Liliana, dándome el control de su dispositivo de sumisión, permitiéndome que le interrumpiera de inmediato el flujo de aquella droga que recorría su cuerpo, algo que lejos de acallar el escándalo de esa chica, solamente la hizo gritar con más fuerza, dejando que contempláramos la expresión de un dolor que parecía mucho más intenso que cualquier clase de sufrimiento que hubiera experimentado un ser humano - ¡Oh, lo siento! Olvidé decirles que la droga que tiene esta puta dentro, provoca mucho dolor cuando dejan de administrarla, así que… - sin que nadie lo esperara, el tal Tavroz tiró del cabello de Liliana y le dio un muy fuerte puñetazo en la cara, haciendo que se desmayara al instante mientras veía como una considerable cantidad de sangre abandonaba su boca y su nariz - eso les hará el camino más tranquilo - comentó mientras Emilio me hacía una señal para que saliéramos de ahí, un segundo antes de que comenzáramos a caminar, de que sintiera cómo una rabia casi incontrolable comenzaba a dispersar un calor muy peligroso por todo mi cuerpo, deteniéndonos solamente cuando escuché de nuevo la voz de ese imbécil - todo esto fue muy divertido, muchacho - me llamó, haciendo que diera media vuelta y lo mirara a los ojos, manteniendo la misma actitud desafiante que demostré desde que llegué a ese lugar - pero, si vuelves a poner un pie en este mercado, las cosas serán muy diferentes entre los dos, hijo, y vas a conocer al verdadero Tavroz - me advirtió, mientras acariciaba su látigo de una manera amenazante, dibujando una sonrisa siniestra en su rostro cuando mi mirada y el cincuenta por ciento de la suya se encontraron.

- Ya veremos - dije, manteniéndome desafiante, haciendo que su sonrisa se acentuara aún más, como si deseara que aquella situación ocurriera cuanto antes, previamente a que Emilio y yo nos largáramos de ahí, sabiendo que pasaríamos un rato en la galería donde Emilio trabajaba, pues dudaba que la administración del borrador fuera suficiente como para sanar lo que sea que esa droga hubiera dañado al interior de Liliana.

***

- Sí, definitivamente se encontraba en muy mal estado, tardaremos un poco más de tiempo en reparar su cuerpo, porque no bastó solo con el borrador, tuvieron que emplear otros métodos para arreglarla, pero si todo va bien, en un par de horas la tendrás lista.

- Gracias por tu ayuda, Emilio, si hubiera ido solo a ese lugar… - dije, deteniéndome cuando el hombre sonrió.

- En realidad, creo que lo hiciste muy bien, la menos dejaste una buena impresión frente a toda esa gente. No te amedrentaste por el que al parecer es el hombre más peligroso de ese sitio, ni siquiera cuando te amenazó al final, créeme que eso te dio un cierto estatus entre los comerciantes de ese mercado, aunque, yo en tu lugar, me lo pensaría mejor antes de regresar, no es un sitio agradable para gente que tiene mejores opciones - sugirió, antes de darme una palmada en el hombro - te avisaré cuando esté lista, ¿Por qué no vas a darte una vuelta por ahí? Tal vez encuentres otra sierva que sea de tu agrado.

- No, gracias, creo que he tenido suficiente de todo esto por hoy, solo esperaré a que salga y regresaré a casa, necesito un poco de paz después del lugar en el que estuvimos.

- Me parece bien. Nos vemos en un par de horas - respondió, antes de perderse de mi vista, dejándome atrás con miles de preguntas que surgieron tras revivir en mi cabeza lo que acabábamos de experimentar, preguntándome ¿Qué demonios era una granja de fertilización? ¿Qué les hacían a las mujeres en las fábricas? Y ¿Qué tantos hombres estuvieron dentro de Liliana antes de que llegara a mis manos? Porque el haber vivido en un cuartel no sonaba como una vida glamurosa y llena de comodidades; preguntas que me llevaron a hacerme muchas más, quemando así el par de horas que estuve esperando, hasta que de pronto Emilio reapareció con Liliana a su lado, a quien ya le habían puesto el tatuaje de mi harem, tras un proceso de curación en el que la dejaron tan bien que no me hubiera parecido ser una sierva de no ser por la ropa destruida que llevaba encima - aquí la tienes, tu nueva sierva, solo resta hacer el pago por los servicios que se le dieron y podrás llevártela a casa. Te aclaro que el precio es un poco elevado pues tuvieron que cambiar su dispositivo de sumisión, dado que estaba muy contaminado por… bueno, ya sabes - dijo Emilio, estirando su mano con la tableta en ella, haciendo que firmara con mi huella digital sin que pudiera dejar de ver a esa chica que permanecía con su cabeza agachada, sin querer mirarme ni tener la más mínima intención de levantar ese hermoso rostro que me había robado la atención.

- ¿Alguna indicación adicional considerando el estado en el que llegó? - pregunté, intrigado ante el peligro que pudiera representar tener sexo con ella o administrarle algo de ambrosía después de lo que esos animales introdujeron en su cuerpo. Emilio negó con la cabeza, con una aire de satisfacción, mostrando lo mucho que le enorgullecía el trabajo que hicieron sus compañeros de La Corporación.

- Ninguna, puedes hacer uso de tu sierva como te plazca, dejarte llevar con la ambrosía o usarla como mejor te convenga - respondió Emilio, sonriente, antes de que le tendiera una mano y él la estrechara.

- Gracias por todo lo que hiciste hoy, amigo - le agradecí mientras el tipo me obsequiaba una amplia sonrisa - pero sigo queriendo encontrar a la otra chica ¿De acuerdo?

- Por supuesto, haré todo lo posible por hallarla - respondió, para luego darme una palmada en el hombro tomar cada uno su propio camino, llevándome a Liliana del brazo, haciendo que caminara a mi lado, sin que opusiera resistencia, supongo que después de todo lo que ya había vivido, asumir su estatus como sierva era para ese momento poco más que un hecho.

- Ven aquí, vamos a la parte trasera de la camioneta - le indiqué cuando llegamos hasta mi vehículo, donde abrí la cajuela y me llevé una no muy grata sorpresa al ver que la chica se inclinaba hacia el frente, poniendo sus manos en el suelo del guarda equipaje de la camioneta, seguramente creyendo que querría usarla antes de marcharnos, hasta que saqué de una pequeña maleta un vestido de los que compramos la última vez que fuimos de compras, junto con un par de sandalias sencillas.

- Quítate esa ropa destruida, tírala en ese bote de basura y ponte esto - le ordené si darle explicaciones, haciendo que al fin me mirara, sorprendida, sin entender qué demonios estaba pasando, pero sin hacer otra cosa que obedecer mis ordenes, terminando aquello con la imagen de una muy hermosa jovencita que me miraba sin comprender lo que estaba pasando - súbete al auto, en el asiento del copiloto - le mandé y ella obedeció de inmediato, antes de que me reuniera con ella, cuando Liliana ya se había puesto el cinturón de seguridad, mientras miraba al frente, con los ojos muy abiertos, temerosa, sin saber qué demonios debía esperar de mí, guardando un silencio que no duró demasiado, que ni siquiera se mantuvo hasta que echara a andar la camioneta, pues justo cuando estaba por encender el motor, escuché la voz de esa chica, haciéndome un par de preguntas que seguramente estuvo repitiendo en su cabeza desde el momento en el que la llevaron ante mí, después de haber reparado su cuerpo.

- Amo ¿A dónde iremos? ¿Qué hará conmigo? - cuestionó, sonando tan temerosa que supuse que lo mejor sería explicarle lo que pasaría en unos pocos minutos, pues tal vez ya era hora de que tuviera un poco de certidumbre con respecto de lo que sería su vida a partir de ese día.

- Iremos a mi departamento, donde me esperan mis otras siervas. Probablemente a partir de mañana empieces a trabajar para mí, te voy a prostituir mediante la aplicación de La Corporación, pero te daré algunos día de descanso entre servicio y servicio, los mismos en los que estarás conmigo y con las siervas que estarán también en la que será tu nueva casa; quiero que entiendas que no toleraré ninguna clase de desobediencia y que, si me causas algún problema, te regresaré al mismo lugar del que te saqué por la mañana ¿Entendido?

- Sí, amo - dijo la chica, sin poder contener su llanto, haciendo que me sintiera un poco mal por ella, pensando que tal vez para ella, ese nueva forma de vivir no cambiaría en mucho la vida que había llevado hasta ese momento, al menos eso fue lo que creía hasta que me sorprendió con el contenido de aquellas palabras de repentinamente salieron de su boca - gracias por sacarme de ese lugar, amo - susurró, con una voz débil y ahogada, mientras se enjugaba algunas lágrimas, mirando hacia abajo, pero sin haber terminado de decir lo que quería decir - pero, si me permite preguntárselo, escuché que algunas personas en la galería hablaron de que estuvo buscándome por algún tiempo, el hombre que me entregó a usted dijo algo como que no fue fácil encontrarme, así que… bueno, si no le molesta decírmelo, me gustaría saber ¿Por qué me estaba buscando? ¿De dónde me conoce? ¿Cómo sabía todos mis datos? - preguntó, demostrando una cierta preocupación. Sonreí con algo de complacencia mientras el carro andaba en dirección a mi departamento.

- Tu hermana me lo pidió - contesté, sintiendo de pronto la inquisitiva mirada de esa chica, mirándola solamente cuando un semáforo en rojo nos detuvo, encontrándome con los sorprendidos y hermosos ojos de esa chica cuando lo hice, sin que dijera una sola palabra, hasta que supongo que su propia curiosidad la hizo salir de su estupor y no logró mantener por más tiempo la boca cerrada.

- ¿Quién…? ¿Cuál de mis hermanas? ¿Anahí está con usted? ¿o es que acaso fue Lulú quien me trató de encontrar? - dijo apresurada, sin poder contener la emoción que aquella información le inspiraba.

- Anahí. La compré hace unos días. Está conmigo y está bien, también ella trabajará para mí al igual que tú, fue ella quien me pidió que te buscara y… bueno, aquí estás.

- Entonces, ¿La otra chica que el hombre de La Corporación está buscando…?

- Es Lourdes, sí, también la estoy buscando a ella.

- ¿Por qué lo hace? Quiero decir, ¿De dónde conoce a Anahí? ¿Por qué es tan bueno con ella?

- ¿Bueno? No sé si esa palabra me describa, porque a ti y a tus hermanas pienso alquilarlas por varios días cada semana, pero… en fin, conozco a Anahí de la universidad, fuimos compañeros y…

- A ver, que yo sé cómo era mi hermana por esos días y no creo que fueran amigos, así que…

- ¿Preferirías regresar al mercado de siervas? ¿Regresar al cuartel o algo parecido? - la interrumpí, mostrándome un poco molesto cuando noté que de pronto comenzaba a sentirse demasiado cómoda a mi lado, viendo de reojo cómo la chica me miraba con los ojos muy abiertos y negaba con la cabeza.

- No, amo - respondió, volviendo a acomodarse en su lugar, bajando la cabeza.

- Entonces te sugiero que cierres la boca. Si tienes alguna otra pregunta, ya podrás hacérsela a tu hermana cuando la veas ¿Entendido?

- Sí, amo - dijo la chica, pero algo en su tono de voz me hizo saber que, en medio de aquel momento donde sus emociones estaban tan exaltadas, sería más fácil cargar a un elefante con mis manos que hacer que esa chica impetuosa se callara - aunque, me gustaría hacer una pregunta más, es algo muy tonto, tal vez, pero no podría preguntárselo a mi hermana sin recibir un coscorrón como primera respuesta, así que…

- Hazla - respondí, tratando de mantener esa postura de firmeza frente a ella, a pesar de que por dentro me estuviera muriendo de ganas de reírme, porque en realidad estaba disfrutando de su compañía, de la aparente alegría que le produjo el saber que estaba por reencontrarse con una de sus hermanas.

- Sí lleva ya unos días con usted, eso quiere decir que ya tuvo sexo con ella, así que… bueno, es que nunca supe qué tan buena era para el sexo, y sé que yo soy muy buena, al menos eso me han dicho mis anteriores amos, así que ¿Qué tal estuvo?

- No creo que eso sea de tu incumbencia - respondí, después de soltar una risotada ante su atrevimiento, negando con la cabeza mientras escuchaba cómo se desabrochaba el cinturón y sentía sus manos acariciando mi pierna.

- Amo, no es una mala pregunta y no le diré a nadie su respuesta, será un secreto entre los dos, solo quiero saber si mi hermana es buena al complacerlo - su mano apretó mi pene mientras decía aquellas palabras, antes de que tuviera que reacomodarme en el asiento cuando entendí sus intenciones de deslizar el cierre de mis pantalones - porque, después de todo lo que ha hecho por nosotras, creo que lo menos que podríamos hacer por nuestro amo, es complacerlo de la mejor forma posible - le dio un lametazo a mi glande haciendo que suspirara un poco nervioso, que me esforzara por no cerrar los ojos ante la placer que de pronto me provocó - ¿No lo cree?

- Sí ¡Ahhh! Aunque creo que lo que haces es una buena forma iniciar ¡Ahhh! - respondí entre gemidos, mientras sentía la forma como esa chica se metía mi verga en la boca, disfrutando de la manera como me succionaba, de los movimientos que ejecutaba son su lengua para acariciar mi glande sin parar, antes de que comenzara a mover su cabeza de arriba haca abajo, quedándose a ratos con mi pene metido en su garganta, sin dejar de mover su lengua, alcanzando de vez en cuando mis testículos con ella mientras yo trataba de concentrarme en el tráfico, hasta que manejar se hizo impensable y me orillé a un lado del camino.

- Ven aquí, Liliana, veamos que aprendiste en tus primeras semanas como sierva - le ordené, viendo cómo la chica levantaba la cabeza, dibujando una sonrisa enorme en sus labios, montándose de inmediato en mí, enterrándose mi verga sin contemplaciones, abrazándose de mi cuello mientras yo tiraba de su vestido para dejar sus senos al descubierto, metiéndomelos a la boca en el acto, jugando con sus pezones con la punta de mi lengua, escuchando sus gemidos mientras sentía el estrecho canal de su vagina apretándose con fuerza a mi miembro.

- ¡Ahhh! ¡Amo! ¡Ahhh! ¡Gracias por comprarme! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Gracias por llevarme con mi hermana! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Qué rico me coge, amo! ¡Qué rica verga tiene, amo! - gritó, permitiéndose perder el control, llamando la atención de la gente que pasaba por afuera del auto, dejándome sentir cómo la camioneta se zarandeaba un poco, al ritmo con que ella subía y bajaba, una y otra vez, meneando el culo para mí, con fuerza, de una forma con la que me estaba haciendo perder la cabeza.

- ¡Ahhh! ¡Me voy a correr! ¡Ahhh! ¡Quiero hacerlo en tu boca! - le ordené, antes de que ella me besara de esa forma tan vulgar, metiéndome la lengua con movimientos agresivos, para luego apresurarse a hacerse a un lado y volver a engullir mi pene en el momento justo en el que eyaculé, en el que un gran chorro de leche logró ser capturado por su boca, llegando seguramente a su garganta sin que ella dejara de mover su lengua, tragándose hasta la última gota de semen que salió de mi verga, antes de que termináramos con ello y nos fuéramos a casa, donde Alejandra y yo pudimos presenciar la hermosa y emotiva escena del reencuentro de dos hermanas, con quienes seguramente en algún momento tendría una alocada sesión de sexo, pero no en esa ocasión en la que quería que se reunieran, que hablaran, que tuvieran tiempo para conocer lo que fue de la otra en los días en los que estuvieron separadas.

Fue Anahí quien se separó un momento de su hermana para besar mis labios y agradecerme por haberla encontrado, antes de que les diera el resto del día libre para estar juntas, de que tomara a Alejandra de la cintura y la colocara frente a mí, mirándome con interés, como esperando una orden, como esperando a que le dijera algo.

- Esta noche quiero estar solo contigo - le comenté en voz baja, viendo cómo una sonrisa se dibujaba en sus labios - mañana las chicas empezarán a trabajar, así que tendremos el departamento para nosotros solos, entonces… bueno, ¿Se te ocurre algo que podamos hacer para matar el tiempo? - le pregunté, viendo cómo ella se sonrojaba mientras llevaba su mano a mi entrepierna y me acariciaba, sintiendo cómo mi sexo revivía entre sus dedos, haciéndome sonreír cuando se separó un poco de mí.

- ¿Ese plan le parece bien, amo?

- Me parece perfecto.

Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 19) o adquiriendo el segundo tomo de esta serie en AMAZON (capitulos 7 - 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.

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