Lola, 65 años y paseando conmigo por su barrio.
Luis ya no es el dueño de su casa ni de su mujer. Ahora, el hombre que se la ha llevado debe obedecer órdenes degradantes mientras observa cómo su exesposa entrega su placer al nuevo dueño. La humillación es el precio de la nueva realidad.
Esa semana estuve de compras de nuevo y elegí más ropa sensual para Lola. Nuestra relación iba viento en popa y nuestro canal de comunicación cambió del mail al teléfono. Asiduamente llamaba a su casa y hablábamos largo y tendido en presencia de su ya exmarido Luis. Recuerdo que en una de esas llamadas le dije a Lola que me pusiera con él. Cuando Luis se puso al teléfono le ordené que sacara la ropa del armario de su dormitorio y que la mudase a la otra habitación que quedaba vacía en su casa.
Mis palabras las recuerdo perfectamente: “Luis, la pareja de la que ha sido tu mujer tantos años ahora soy yo, lógicamente mi lugar está en el que ha sido tu dormitorio”. “Así que quiero que dejes ese lugar para mí”. “Ahora cuando visite a Lola habrá veces que me quede a dormir”. Cuando le pedí eso le dije: “Ahora pásame con mi mujer, contigo ya no quiero hablar más”.
Cuando Lola se puso le comenté lo que le había pedido al cornudo de su exmarido y ella lo celebró. A continuación, me preguntó: “¿Cuándo vienes cariño? “Estoy deseosa de verte”. No la hice sufrir contestándole: “El sábado en la mañana me tendrás allí, ponte guapa que vamos a salir a tomar el aperitivo y a comer”.
Ese día llegó rápido. Me presenté en casa de Luis y de Lola a eso de las 12 de la mañana. Entré y saludé al cornudo de mi amigo. Lola salió rápidamente de la cocina y se vino hacia mí. Nos fundimos en un beso muy apasionado. Luis comenzó a sentirse humillado. Verlo así despertó mi morbo. Lola me dijo entre besos que necesitaba ducharse, enseguida entendí el porqué, seguía con la bata y el camisón puesto y las noches son muy largas para la entrepierna de las mujeres de su edad.
Lola me llevó al dormitorio para que comprobase que las cosas de Luis habían desaparecido. Los armarios estaban vacíos y ella me enseñó cual iba a ser mi lado de la cama, justo el que había ocupado él hasta hace unos días. Le entregué las bolsas de las tiendas, en las que le había comprado esos nuevos trapitos. Lola sacó las prendas y vio las medias y la falda que le había comprado. Le hicieron mucha ilusión y me dijo que las iba a estrenar hoy mismo.
La abracé pegándole mi miembro a la fina tela de su batín y le dije: “Ponte guapa cariño, hoy vamos a salir a pasear por ahí”. “Hoy van a empezar a vernos en público juntos”. Lola me abría la boca recibiendo mi lengua. Sus pechos enormes se aplastaban contra mi pecho. Se agarró a mi cuello completamente entregada. Yo llevé mi mano a su camisón y comencé a subírselo, por la parte delantera de sus blancos muslos. No tardé en tenérselo arriba del todo y comencé a meter mi mano en su entrepierna. La noté mojada. Lola exclamó y me dijo: “Para cariño……mmmmm….he dormido sin compresa……..mmmmmmm…..para……mmmmm…..estoy sucia amor…….”
Enseguida entendí lo que le pasaba y no cesé de tocarle las bragas apretándole la mano contra sus labios vaginales. Lola comenzó a gimotear. Recuerdo que la dije: “Pues nada Lola, si estás así de sucia será mejor que vayas a lavarte y a vestirte”, la dije. “Pero antes quiero que te quites estas bragas y me las dejes mientras te arreglas”. Lola volvió a negarse aduciendo que estaban muy sucias y fue cuando me puse serio y le dije: “Lola he dicho que te quites las bragas y que te vayas a asearte, no me hagas que te lo repita”. Lola me miró y se subió el camisón con las manos, bajándose las bragas y sacándolas por sus pies. Cuando se las quitó me las entregó y salió directa al cuarto de baño a asearse.
Cuando se fue llevé sus bragas a mi nariz y lógicamente estaban orinadas. La noche es muy larga a los 65 años y no llevar compresa me parece una temeridad por su parte. Salí con ellas del dormitorio y fui a donde estaba Luis. Cuando me acerqué a él le dije que me llevase a donde estaba durmiendo ahora. Luis me llevó a la que era su nueva habitación, entramos y cerré la puerta tras nosotros. Lola ya estaba en la ducha. Me senté en la cama dejando a Luis de pie y le dije: “Mira las bragas que me ha dado Lola”, le dije enseñándole la prenda a su exmarido. “Quiero que las cojas y tú mismo me las des a oler Luis, dame las bragas de tu mujer para que yo las huela”.
Luis balbuceó, pero obedeció mi orden de inmediato. Cogió las bragas de Lola y acercándose a mí me las puso en la boca y en la nariz. Aspiré profundamente mirándolo a la cara y le dije: “Eso es cornudo, así me gusta, dame tu mismo las bragas de tu mujer para que las huela”. Luis se estaba poniendo muy nervioso y me decía: “Si….mmm….tómalas……ahora es tu mujer……….mmmmmm….tú me las has quitado…mmmm….ahora Lola es tuya……”.
Estaba dispuesto a humillar aún más a ese cornudo. Desabroché mis pantalones y me los bajé dejando mi verga apuntando al cielo. Luis no dejaba de pasarme las bragas de Lola por la boca y la nariz y rápidamente bajó su mirada a mi polla. Le quité las bragas de las manos y le dije: “Entiendes por qué tu esposa te ha dejado por mí”, le dije……”¿Lo entiendes o no Luis?”. El asintió con la cabeza humillado.
Entonces mientras le miraba y lamía las sucias bragas de Lola le dije: “Ponte de rodillas perro cornudo”. Luis dudó, pero terminó arrodillándose ante mí. Cuando lo tuve así, muy serio le ordené: “Lámeme los huevos sucio cornudo……lame los huevos del macho que se está follando a tu mujer…….”
Cogí a Luis de la nuca y le acerqué la cara a mi pelvis, Luis sacó la lengua y comenzó a lamerme los huevos. Pasaba su lengua de uno a otro y a veces por los dos a la vez. Yo mientras lo miraba desee arriba no dejaba de oler las bragas sucias de Lola. Desprendían un olor fuerte pero soportable. Quería seguir humillándolo y le pregunté: “¿Están calientes Luis?, “¿Tengo los huevos calientes?”. Luis asentía con la cabeza mientras me decía: “Siiii……mmmm….los tienes muy calientes amigo……..mmmmm………tienes los huevos ardiendo……mmmmmm”. Me estaba matando de gusto ese cornudo y le decía jadeando: “Refréscale los huevos al hombre que se folla a tu esposa….mmmmmm…..refréscamelos con tu saliva maricón……mmmmmm…….chupa los huevos del hombre que se folla a tu mujer…..mmmmm…impotente…..”
Lola salió del baño y gritó: “¿Dónde estáis?”. Yo contesté: “Estamos en la nueva habitación de Luis, me la está enseñando Lola, anda vístete que nos vamos, ya salimos, no tardes cariño”. Ella se metió en su dormitorio y dijo: “En diez minutos estoy”. Y se oyó la puerta acerrase tras ella. Cogí la cabeza de Luis y dejé las bragas de su esposa en su cama. “Luego te vendrán bien tenerlas aquí”, le dije. “Ahora se bueno y chúpame el capullo, limpia la gota de líquido que me sale de él”. Luis empezó a chupetearme el capullo y a darme enérgicas succiones en él con su boca. Yo me estaba muriendo de gusto y le decía entre jadeos: “¿Te gusta lo gordo que lo tengo Luis?”……mmmmmmm…..”Tienes que enseñar a tu mujer a chupármelo así……mmmmmm”……”Venga dale el último chupetón que nos vamos………mmmmmm…….”
Quité al cornudo de ahí por que iba a terminar corriéndome antes de tiempo y me subí los pantalones y le dije: “De esto será mejor que no digas nada…….”. No hizo falta repetírselo. Salimos del dormitorio casi a la vez que Lola del suyo, o del nuestro, mejor dicho. Lola estaba despampanante. Vestía la falda que le acababa de regalar y llevaba las medias puestas, ni que decir tiene que la falda eras demasiado corta para una mujer de 65 años. Las medias de rejilla le quedaban excesivamente provocativas y arriba Lola había elegido una blusa bien escotada. Sus labios relucían en un rojo intenso y se había maquillado la cara aparentando algún año menos de los que tenía. Luis se quedó boquiabierto. Lola no perdió detalle del tremendo bulto que lucía yo en mi entrepierna, pero no dijo nada.
“Vámonos a la calle”, les dije a ambos. “Vamos a tomar el vermú por algún bar de vuestro barrio, hoy va a ser el primer día que nos vean juntos a Lola y a mí”. De repente Luis exclamó: “Pero….pero…..pppp….pueden vernos los vecinos……” Fue Lola la que le dijo “Cállate cornudo…….cállate y siéntete orgulloso de ver a tu exmujer con este hombre…..” “Vámonos a la calle cariño…”, me dijo sonriéndome.
Nada más salir de su piso nos cruzamos con una vecina. La mujer alucinó cuando vio a Lola así vestida y volteó la cara cuando pasamos junto a ella. Luis se sentía más humillado aún. Llegamos a la calle y Lola sabía perfectamente que hacer. Nos dirigimos a un bar en el que los conocían perfectamente. No llevábamos ni diez metros de paseo cuando le dije: “Lola……conmigo por la calle se va de mi mano……..” Lola me miró y sonrió: “Aquí la tienes cariño…..cógeme de la mano y llévame de ella por la calle…..” Luis no sabía donde meterse.
De la mano como dos enamorados caminamos hacia ese bar. La gente que los conocía no daba crédito a lo que veía. Lola la vecina de toda la vida vestida como una puta y de la mano de otro hombre más joven, a su lado Luis resignado y con cara de cornudo humillado ente el vecindario. Tengo que decir que Lola iba impactante con esa falda tan corta y que pasearla sí tan ligera de ropa me estaba excitando a mí mucho. Cuando llegamos al bar los clientes se quedaron perplejos. El camarero los reconoció de inmediato y la escena le sobrepasó. La mujer de la cocina se llevó la mano a la boca.
Nos acercamos a la barra y no sentamos en unos taburetes. Lola se sentó frente a mí y su falda se le subió un poco más de la cuenta dejando ver sus poderosos muslos. Yo me senté enfrente de ella y Luis a un lado. Pedimos tres vermuts y unas gambas. Bebimos y pedimos otra ronda enseguida. Lola empezó a animarse. Yo le pelaba las gambas a ella y se las daba de mi mano a su boca y ella sensualmente las comía. “Es para que no te manches cariño”, le decía guiñándole un ojo. Volvimos a llenar nuestros vasos y la gente del bar alucinaba con la escena. Luis humillado agachaba la cabeza para no mirar a nadie. Yo ponía mi mano sobre el muslo de Lola sin cortarme, como si fuese lo más natural del mundo y ella lo consentía. Estuvimos allí un par de horas bebiendo y picoteando. Cuando decidí que me quería ir le dije a Luis que pidiese la cuenta y por supuesto la pagó él. Salimos del bar camino de su casa. Esta vez Lola y yo íbamos agarrados de la cintura. Lola se contoneaba feliz y parecía enamorada. Llegamos a su casa no sin cruzarnos con varios vecinos que se quedaron estupefactos con la escena. Y más aún cuando besé a Lola en la boca mientras esperábamos el ascensor. Ella me correspondió como debía.
Cuando entramos en su casa Luis se sentó en el sofá y se bajó los pantalones. No podía más y comenzó a masturbarse ese pene que dios le había dado. Yo me quité toda la ropa de inmediato quedando desnudo frente a Lola que observaba mi polla empalmada y mi cuerpo como vine al mundo. Se acercó a mi queriendo coger mi dura verga y le dije: “Espera impaciente….primero quítate la blusa y el sujetador y enséñame esas tetas que tienes mi amor…..”
Lola obedeció de inmediato quedándose desnuda de la parte de arriba. Sus enormes tetas quedaron a la vista de los tres. Fue entonces cuando la dejé que me cogiera la polla. Mientras Lola me daba las primeras masturbaciones empecé a magrearle las tetas y a besarla en el cuello y en su pecho. Lola comenzó a jadear y enseguida se me tiró al suelo de rodillas. Yo la miré y le dije: “¿Eso quieres amor?”, “Pues si eso quieres eso vas a tener”, y mirando a su marido le dije: “Lola……..atiéndeme y chúpame los huevos delante del cornudo de tu esposo……”. Miré a Luis riéndome mientras su esposa me daba las primeras lamidas de huevos con su lengua. No contenta con eso abría la boca e intentaba metérselos dentro, no podía, pero me los chupaba matándome de gusto y de cierto dolor muy placentero. Yo no pude contenerme y le dije: “Mmmmm…Lola……mmmmm…….Tengo los huevos que me arden….mmm……¿verdad mi amor?..........Le dije repitiendo la frase que hace un rato le dije a Luis a solas.
Luis se humilló aún más y aceleró la tremenda paja que se estaba haciendo. Lola cogió mi polla y comenzó a chupármela deteniéndose en mi cabezota y limpiándomela hasta sacarle brillo. Yo la sujeté de la cabeza y le dije: “Mmmmm……Lola…..mmmmmm. ya sabes que me gusta que te dejes ahí todo el carmín………..mmmmmmmmm…….ya sabes que cuando saques de ahí la boca no quiero ver nada de maquillaje en tus labios…..mmmmmmm”, la dije mientras sonaban los chupetones que me estaba dando en el capullo.
Ni que decir tiene que Lola dejó toda la pintura de sus labios allí. Cogí a Lola de la barbilla y la hice levantarse, esa mamada podría haber acabado conmigo si no la detengo. Cuando estuvo de pie le dije a Luis que me dijese cual era mi sitio en el dormitorio y los tres nos dirigimos hacia él. Luis me señaló con el dedo el lado de la cama en el que él había dormido años y años y destapó la cama para nosotros. Me tendí en mi sitio y le dije a Lola que se quitara la falda pero no las medias. Su cuerpo rollizo apareció ante mí. Me gustaban sus carnes. Las medias no eran de braga, se sujetaban a sus muslos con un adhesivo el cual no necesitaba, los tenía tan gordos que jamás se le hubiesen caído.
Cuando la tuve así la ordené que se quitase las bragas. Ahí fue donde descubrí que ahora sí llevaba compresa y que esta tenía restos amarillentos. Lola esta vez al verlos me miró con cara de morbosa, sabía ya que para mí ese no era un problema. Me quité de ese lado de la cama y le dije: “Lola……ven aquí y apoya la cabeza donde dormía el cornudo….apoya la carita y ponte como si fueses una perrita cariño……….”. Muy sigilosa obedeció mis indicaciones y de repente apareció su grupa ofrecida para mí y su cara estaba hundida en la almohada. Me impresionó ver ese enorme culo blanco ofrecido y esos labios vaginales tan gordos delante de mi vista. Me puse tras ella y empecé a refregarle el capullo por los labios vaginales. Ni que decir tiene que emanaba flujos de forma abundante.
Miré al marido, la miré a ella y le pegué un empujón que hundió su cara contra la almohada. Lola pegó un grito enorme que se escuchó en toda la casa. La cama se movió entera. La agarré de las caderas y comencé a follármela duramente. Mi polla se enterraba literalmente es ese montón de carne. Me encantaba apretarle fuerte y rebotar contra su culo y sus muslos. Cada vez le daba con más fuerza. La agarré del pelo: “Lola…..mmmmm…….cogéte los muslos……mmmm……pon tus manos detrás……..mmmmmmm…….cógetelos y ábretelos…….mmmmmmm” Lola puso una mano en cada nalga y se abrió el culo de par en par. Yo aumenté el ritmo y la dureza de mis embestidas mientras la agarraba del pelo. Luis no quitaba ojo de los empujones que le daba a su esposa y seguía pajeándose allí de pie. Lola jadeaba ya como una perra.
Sólo me hicieron falta una decena de empujones para que Lola comenzase a gritar y a empezar a correrse. Subió ese enorme culo hacia arriba y sus muslos comenzaron a temblar y sus gritos debían ser perfectamente escuchados fuera del piso. Esa mujer bramaba de placer y sintió un orgasmo que la hizo morirse de gusto. Le dije que no se moviese mientras ella no cesaba de jadear. Miré al su cornudo marido y le dije: “Tráeme la crema hidratante de tu esposa, vete al baño a por ella”. Luis se esfumó tropezando con todo, pero volvió enseguida con mi recado. Cuando me dio el bote eché un buen chorro de crema en una de mis manos y se la unté a Lola en su ano. Miré a Luis y le dije: “Ven aquí y abre tu mano”, le eché otro buen chorro de crema en ella y le dije: “Vamos, lubrícame bien la polla cornudo”. Luis me cogió mi empalmada polla y comenzó a masturbarme untándome la crema en ella. Yo le agarré la polla a él, y con su esposa a cuatro patas sin ver nada, le comencé a hacer una paja muy fuerte, dándole duros tirones de su piel hacia abajo. Luis miraba al techo muerto de gusto.
Le ordené que me ayudase a metérsela a Lola por el culo. Ella al oír eso se abrió los glúteos con sus manos y Luis acercó mi cabezota al bonito y cerrado agujero anal de su mujer. Yo no dejaba de pajearlo. Comencé a empujar mi glande contra ese cerrado esfínter y conseguí meter la cabeza no sin provocarle a Lola un dolor que la hizo gritar. Tenía el culo virgen. Luis al oír a su mujer gritar comenzó a correrse sobre mi mano. Soltó unas gotas de espeso semen en ella mientras jadeaba como loco. Yo al ver eso me llevé la mano a la boca y lamí la corrida de mi amigo el cornudo. En ese momento me dejé caer sobre Lola y le enterré la polla en el culo. El grito fue desgarrador. Esa fue la primera vez que me follé a Lola analmente. No me hizo falta emplearme a fondo. En breve disfruté de un tremendo orgasmo que llenó el recto de mi sesentona pareja de forma abusiva. Sus caderas no aguantaron más y terminó despatarrándose sobre la cama. No tuve compasión de ella y fui muy duro terminando de correrme a base de enérgicos empujones……
Cuando terminé de correrme eché al marido del dormitorio. Quería descansar con mi mujer. De aquí en adelante ese sería mi sitio en esa casa…………Me sentía dueño de aquella mujer, el haberme paseado con ella había cambiado las cosas. Luis era ya el cornudo humillado del barrio….. eso traerá nuevas aventuras…..
Espero que os guste……..
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