Concupiscencia 3
La certeza de su traición lo consume hasta que una extraña conversación en un auto lo hace dudar. Al volver a casa, la calma de su esposa es más perturbadora que cualquier grito. Ahora debe decidir si la rabia lo domina o si está dispuesto a escuchar la verdad que nadie se atreve a decir.
Tomé el auto y salí de la casa sin destino, no quería pensar, tan solo que el tiempo pasara y dejar atrás este tan mal sabor de boca que aquella noche estaba dejandome. Manejé sin rumbo por casi una hora hasta que me di cuenta de que me había alejado mucho de casa, estaba en los barrios de la zona de tolerancia y podía encontrar a chicas y chicos que vendían sus favores al mejor postor.
Estuve tentado a pararme y dejarme llevar por lo que venga, tenía una furia y una desazon en el pecho que me aprisionaba. Pasé lentamente mientras observaba las diferentes propuestas que allí se ofrecían. Unas chicas guapas y jóvenes, con vestidos cortos y un típico bolso con todo lo que necesitan para su trabajo. Otras chicas algo mas maduras, más voluptuosas y con sonrisa fácil, intentaban que prestara atención a su rostro y no a sus curvas, que en algunos casos rozaban lo extremo.
Detrás unos cuantos tipos se mostraban atentos a lo que sucedía, seguramente sus maridos o alcahuetes, que les brindaban una buena ración de extorsión y abuso, este ambiente lúgubre y al mismo tiempo seductor me hizo pensar seriamente el futuro que me esperaba. ¿Acaso mi esposa iba a transformarse en una puta solamente por acostarse con un tipo o acaso ya lo era y no me había dado cuenta? ¿Yo podría tolerarlo y dejarlo atrás? ¿Las relaciones entre Sofia y mi esposa podrían arreglarse después de esta noche? ¿Mi relación con Camila sería la misma que antes?
Tantas preguntas sin respuesta, al final solamente me quedaba la certidumbre que en esos momentos mi esposa estaba siendo follada por aquel gañan, que ni siquiera era una máquina de follar un guaperras que se levanta a cualquiera, no, aquel tipo era como yo, un tipo cualquiera con un fisico cualquiera y una polla cualquiera. Mierda, ni siquiera podía odiarlo ya que era un cualquiera.
- Ven amor, hoy es tu noche de suerte... - me dijo una chica al ver que mi carro no avanzaba, más que por ensimismamiento que en si por pedir atención.
- Quiero 15 minutos de tu tiempo... ¿Cuanto?
- Tengo un descuento para ti amor...
Acordamos el precio de ese tiempo y la chica entró. De primera le dije que no quería sexo, solo hablar, ella estuvo de acuerdo tan solo con mostrarle los billetes. No era joven ni vieja, su rostro con exceso de maquillaje y unas uñas postizas enormes no hacían más que hacer juego con su labor.
- Mi esposa está acostándose con otro hombre. - le dije como un bombazo.
- ¿Quieres tirarle la vuelta o qué?
- Quiero entenderla.
- Haber mijo... Cuentame de que va...
Le conté todo en dos minutos, una historia corta, sin dramas ni interpretaciones. Tras pensarlo un momento, la chica abrio su bolso y sacó un tabaco encendiendolo en el auto. Lo odiaba, pero creo que eso era necesario para que ella me diera su opinion.
- Esa chica tuya odia a su hermana... Tu solo eres su juguete niño... Ella no te está siendo infiel a ti... Está desquitándose con tu hermana...
- Pero porque lo hace así... ¿Por qué herirme?
- Yo que se... No la conozco... - caló el tabaco con animo- Pero lo que me cuentas es un pretexto. O al final es mas puta que yo y lo que le gusta es la polla fuerte y dura...
- Y crees que podré arreglar algo con ella después de hoy. Como voy a besarla después de esto, sabiendo que se entregó a otro tipo.
- Claro... eso es facil... solo es un polvo. O acaso tu la conociste virgen... No verdad, ella ya se comió mucha polla antes de ti, otro más no hace la diferencia...
- Es asqueroso... - me sentí mareado no se si por el tabaco o su argumento.
- ¿Porqué? Acaso no metiste tu polla en muchos huecos antes que ella y apesar de eso te lo comio con gusto. Así también tu te comiste su coño y sabías que otros tambien se la follaron... ¿Cuál es la diferencia ahora?
- Pero ahora estabamos juntos... Me está siendo infiel.
- Claro que si, pero tu no me preguntaste eso, tú me preguntaste si puedes superar el que estuvo con otro, pero al final es si ¿Quieres seguir con ella o no? Esa es la pregunta.
- Si quiero, pero...
- ¿Ella te quiere? ¿Crees que quiere seguir contigo?
- Supongo que si – dije mientras ella calaba una nueva vocanada, y yo pensaba en si realmente Camila me quería. - Espero que sí. No lo se.
- Y ¿Tú la quieres?
- Si, pero no se como superarlo.
- No es cuestión de olvidar nene... las cosas pasan y tu debes superarlas, deja de comerte el coco y sigue pa adelante, yo lo hago cada noche o acaso crees que nosotras aqui no pensamos en nada... cada vez que estamos con un cliente.
- ¿Y tu marido no te dice nada?
- Si quieres lo llamo... El está allá... - me señaló una de las esquinas donde dos tipos nos miraban de reojo.
- No no... dejalo.
- Yo creo que tu mujer está loca, pero no lo sé…
- Yo tampoco se si es locura o maldad…
- Bueno guapo, tu tiempo se ha terminado... No te comas el coco y olvida, que es lo mas facil para ser feliz. Eso hace él, cada noche se olvida de todo y solo habla de las cosas importantes.
- Gracias...
- Chau nene, cuando quieras…
Me besó en la mejilla y salió del auto y tiró la colilla a la banqueta, sería tan facil la vida si solo pudiera olvidar o hacerme el desentendido como sugirio esta chica. En ese momento sonó mi teléfono y vi un mensaje de Sofia. “Ven a tu casa.” Responí diciendo que iria en una media hora, o menos. Tragué saliva y me dirigí de nuevo al resto de la agonía que tenía que vivir por aquel desliz con mi cuñada.
Las calles vacias me dejaban espacio para ir a una velocidad mayor, pero mi cordura me dijo que si corría seguramente me iba a matar, así que haciendo un inmenso esfuerzo me contuve y fue despacio. Eso me dio tiempo de pensar y analizar lo que me estaba sucediendo. Para ese entonces mis cuernos seguramente eran enormes, mi esposa ya había follado con aquel idiota y hasta mi cuñada le debió haber dado una buena mamada para cumplir con su parte. Ahora me tocaba a mi ir a presenciar el desastre. ¿Cómo iba a reaccionar? ¿Acaso tendría que entrar a nuestra habitación y verlos en directo?, desnudos o peor aún, follando. Sentí el vomito en la punta de mi boca.
Los kilómetros corrían en el auto mientras me acercaba segundo a segundo a mi casa. Mi mente daba miles de vueltas y mi estómago se preparaba para poder soportar todo lo que se avecinaba. No entendía la terrible ira que de un momento a otro se había apoderado de mi esposa. Si bien es cierto la supuesta infidelidad entre mi cuñada y yo había despertado todo este drama, mi esposa se mostraba como un ser intransigente y tremendamente sádico, un aspecto que jamás había conocido en ella, y para ser honesto, me asustaba.
Cuando llegué estaba sudando de la tensión que llevaba, no quise abrir por si a primera vista las cosas se pusieran feas, por lo que finalmente toqué con miedo la puerta de mi propia casa. A mi encuentro salió Camila, se había bañado y vestido con un traje diferente, olía a su perfume favorito, me miró con cara de incertidumbre, no supe imaginar en qué estaba pensando.
- Hola Ricky – me dijo parcamente, pero al mismo tiempo sin ira o enojo.
- Hola… ¿Qué pasó? ¿Dónde están? – aun pensaba que tarde o temprano me iba a caer un mazazo y me encontraría frente a una encerrona del san quintín.
- Sofia está en el cuarto, se está cambiando… Y Milton, se fue hace un cuarto de hora.
- ¿Y tú? – dije mirándola, tratando de descubrir que había cambiado en ella, pero no encontré mella en su rostro o su semblante.
- Yo, pues ya ves tomé un baño y estoy aquí… Lista para seguir adelante.
- ¿Qué pasó? – pregunté nuevamente, aunque con medio de la respuesta.
- Lo planeado… nada más. Ahora ya todos estamos bien y tal como quedamos… No hablamos más de esto.
- Pero cuéntame – dije con mayor angustia de no saber que deseo.
- No, tuviste la oportunidad de ver lo que pasó y te fuiste… Así que el trato está cumplido, ahora estamos a mano y no hay nada más de que hablar.
En ese momento salió Camila, también había tomado un baño, llevaba un vestido de noche, se la veía tan linda y atractiva como siempre, nada que puede hacer ver que estuvo follando hace unos minutos. Miré a mi alrededor y todo estaba arreglado y limpio como siempre, ni huellas de alguna reunión de amigos, mucho menos de una orgia. Algo me olía mal, pero no entendía.
- Que bien que ya hayas venido Ricky, Sofi estaba comenzando a preocuparse. – me dijo mi esposa mientras se colocaba una bata de seda que dejaba ver sus piernas.
- Vine en cuanto vi el mensaje… - respondí incrédulo ante tal grado de cinismo, ninguna de las dos mostraba nada de duda o remordimiento ante lo sucedido.
- Bueno chicos, me voy a mi casa – sello mi cuñada su participación en aquella noche de locos. - Para mí la noche ha sido muy dura y quiero descansar.
- Claro Sofi, nos hablamos mañana. – contestó mi esposa mientras la acompañaba a la puerta.
- Bye Ricky, nos vemos y recuerda. Ya todo está olvidado y perdonado.
Cuando Sofía se fue, me senté en mi sofá favorito y esperaba algún tipo de explicación de mi esposa, pero ella no daba muestras de querer hablar. Se daba vueltas por la cocina y volvió con un café, se mostraba sonriente y relajada, en contraste al estado de nervios alterados que yo llevaba a flor de piel.
- Pensé encontrar algo muy diferente… -dije mientras tomaba un sorbo caliente.
- Si, al inicio si lo pensé… Me imaginé que debías encontrarme en la cama con Milton, pero al final creo que hubiera sido demasiado para ti y decidí que lo mejor era que ya las cosas volvieran a la normalidad.
- Pues mis nuevos cuernos no son nada normal… Ahora contéstame ¿Te follaste o no al tipo aquel?
- Ya basta Ricky, no voy a decir nada más. Ese fue el acuerdo que tú mismo pediste, así que respétalo. Y si quieres puedes imaginarte cualquier cosa, al fin de cuentas, perdiste tu oportunidad de saber.
- Pero…
- Nada… ahora ya estoy agotada y me voy a dormir… ¿Vienes? O No.
Camila se marchó dejándome en la sala de mi casa, ahora también testigo de estos cuernos que llevaba, claro que también los lleva mi esposa, por lo que ahora ya estamos a mano. Tomé aire y fui directo a la habitación, Camila estaba ya sin la bata que llevaba y ahora tenía un bello neglige que no había visto antes, la muy desgraciada estaba preciosa y muy sensual, pero gracias a mi estado de ánimo, apenas y podría hacer nada con ella.
- No te emociones mi amor… que hoy estoy muy cansada, así que solo a dormir.
- No te preocupes… para nada.
Me acosté junto a ella lo más lejos que pude, unos minutos después, ella se pegó a mi cuerpo y pude sentir su calor y su aroma tan dulce. Pero no podía hacer nada, así que cerré los ojos y busqué un sueño que no vino a mi hasta ya casi la mañana. Mi mente no me dejaba pensar en nada que no fuera las imágenes de mi esposa con aquel mequetrefe.
Los días siguientes fueron una mar de quietud y armonía que me llegaba a preocupar. Camila se encontraba muy feliz y animada, conversábamos de todo como siempre y aunque el acuerdo era no volver a hablar de lo sucedido, me estaba carcomiendo el espíritu el no saber que sucedió con el tal Milton y mi esposa. Sin darme cuenta pasó una semana en las cuales mi alma se fue calmando y logrando dejar de pensar tanto en lo que pasó.
Ella en cambio no mostraba ningún tipo de conflicto, hablaba y se comportaba como siempre, atenta a las cosas de su trabajo y compartiendo todo el tiempo que teníamos para nuestras cosas. Yo durante esa semana no me animé a tocarla, era mi esposa quien se acercaba a mí y tras un par de días apenas y pude besarla nuevamente, pero ella ni tan siquiera me lo reclamó.
Pero todo cambió la siguiente noche de sábado donde mi esposa se puso muy coqueta y cariñosa, obviamente quería tener intimidad, pero no me nacía dar ningún paso adelante. Ella con el mismo traje que había usado la semana anterior para dormir a mi lado y cubierta de su perfume favorito, se me insinuaba y buscaba besarme. Por un momento intenté levantarme e irme a dormir a otro lugar, pero no tenía un motivo que no fuera mi sentimiento de frustración y deshonra.
Apenas y sin darme cuenta, Camila se me puso a horcajadas, apuntando aquella delgada tela de su neglige sobre mi entrepierna. Me abrazó y empezó a besarme por el cuello y mi pecho, su aroma era embriagante y su cuerpo pese a saberlo infiel y traidor, me parecía exquisito. La maldije por lo bajo y agarré su culo con ambas manos.
De pronto su rostro se iluminó y comenzó a deslizarme hacia abajo el pantalón de pijama. Mi polla salió ya con fuerza, dispuesta a un encuentro sexual que dejaba de ser común y corriente entre una pareja. La tomé entre mis brazos y la tumbé en la cama, de un solo golpe rompí aquella pequeña tanga de encaje que seguramente había disfrutado con su amante, ella solo soltó un gemido de excitación ante mi rudeza. Ante mi propia sorpresa, tomé el resto del bello conjunto y lo rasgué con furia infinita.
- Seguro que eso no lo compraste para mi… - le dije mientras lo tiraba por un lado de la cama y la dejaba desnuda.
- Pues si lo hice… lo compré con tu rostro en mi mente… - respondió con aquella sonrisa que me había enamorado.
- Maldita…
La besé con furia, mientras que su cuerpo se entregaba a cada una de mis caricias. Sujeté sus manos con una de las mías, mientras me situaba entre sus piernas que abiertas me brindaban acceso a esa joya que había sido mía hasta hace unas semanas, y que ahora solo era el recuerdo de su infidelidad. Con mi otra mano terminé de bajar mi pantalón de pijama y me dispuse a penetrarla, sin calentamiento, sin lubricación, quería que sufriera. Así que embestí con fuerza.
Un grito de dolor y placer me dio la primera satisfacción de la noche, pero la muy perra estaba más que lubricada, su sexo emanaba una cantidad increíble de lubricante, producto de una excitación que solo había visto muy contadas veces. Su pelvis comenzó a seguir a la mía mientras la penetraba con una rabia inaudita. Si polla era lo que quería, yo le daría tanta que se ahogaría en orgasmos.
Pese a tener sus manos sujetas, su cuerpo se movía como poseído por un espíritu impuro y lujurioso. Me miraba directo a los ojos con una expresión de burla y desafío, yo respondía hundiéndome con toda mi fuerza sobre aquella cueva de placer que ahora era su concha.
De pronto su rostro cambió, un orgasmo fuerte y consistente con su estado de excitación invadió su cuerpo. Sus piernas se cerraron a mi cadera, sus ojos se tornaron blanco y su boca emitió un grito gutural que anunciaba el placer extremo que sentía. Paré, por unos segundos paré y disfruté de su gozo, la muy canalla sabía cómo disfrutar del sexo y obvio, como hacerme disfrutar a mí también.
Cuando sus piernas recuperaron me desencajé, y sin miramientos la giré boca abajo, dejando su culito expuesto. Entonces una idea se me vino a la mente, aquel manjar que no me había dado jamás, esa noche sería mío, escupí en la mano y lubriqué su trasero. Al sentir mi mano justo en su culito, Sofía dio un brinco, sabía lo que yo quería y aunque sabía el estado de locura que tenía, ella me suplicó que no la tomara…
- No por favor… - dijo quedamente, un poco abochornada, pero con sin realmente retirar su culito de la dirección de mi polla.
- ¿Acaso lo estás guardando para alguien más?... – pregunté hundiendo la punta de mi polla en su apretado culito - ¡Zorra!
- No por favor… hoy no… por favor… - la zorra de mi esposa me quería mantener lejos de aquel placer que tanto había soñado, pero no se movía.
- ¡Ahora vas a sentir mi polla! – respondí amagando un fuerte empujón que ella no intentó evitar, tan solo mordió una almohada esperando lo inevitable.
Pero no sucedió, la perdoné por el momento, no supe bien porque, pero creo que ella no estaba preparada para entregarse de esa forma, aunque creo que me lo hubiera permitido si de verdad lo deseaba. Pero recapacité al último segundo y enfilé mi polla dentro de su jugosa concha, que ansiosa me esperaba llena de calor y placer. Pronto la sensación de su trasero en mi pelvis y la sumisión de mi esposa ante a posibilidad de ser sodomizada, me hicieron perder el control y terminé inundando su cuerpo con la leche espesa y abundante, producto de una semana de abstinencia.
Nos quedamos fundidos ya que Camila pocos segundos después también sufría otro orgasmo tan poderoso como el primero, pensé que producto de mis fuertes envestidas, pero de seguro era del momento en que fue salvada de entregar su última virginidad.
Desde la mañana siguiente las cosas mejoraron un poco más, nos hablábamos más e incluso bromeábamos como antes. En mi mente lo sucedido seguía freso y aunque no debíamos topar el tema, eso no significaba que no saliera de mi mente.
Con Sofía no había vuelto a hablar ni mucho menos quedar los dos solos, pero Camila si estaba en contacto y aunque no me gusta mucho escuchar las conversaciones ajenas, pude notar que ellas también habían vuelto a ser las mismas de siempre. Planeando algunas actividades e incluso se habló de lo que haríamos las próximas vacaciones, ya que ellas querían viajar juntas y obviamente eso me involucraba a mí también.
Lleg{o el viernes de la segunda semana y las cosas dieron un giro completamente diferente. Silvia y Marcos volvieron a la ciudad y fueron a visitarnos. No habíamos hablado con ellos desde la noche aquella. Sinceramente no quería encontrarlos ya que pudieran haber visto algo de lo sucedido y seguramente nos preguntarían de detalles difíciles de responder, especialmente si no los recuerdas.
- Pero no quiero ir… - dije a Camila mientras ella se arreglaba para salir a almorzar con ellos.
- No seas bobo, ellos son nuestros amigos desde hace mucho. Tienen mucho de contarnos de su viaje. Vamos.
- Pero es que, ellos pudieran saber algo más…
- Deja eso… - me miró seria y cortante - La última vez que nos vimos con Silvia y Marcos no pasó nada… recuerdas… nada.
- Ok… Vamos entonces – dije derrotado ante sus argumentos.
Nuestros amigos habían regresado unos días antes ya que las cosas habían salido muy bien y habían terminado su trabajo con anticipación. Nos contaron de sus aventuras y retos laborales ya que, aunque fue un viaje y tenían mucho que informar, también se divirtieron y conocieron excelentes lugares. La charla fue amena hasta que finalmente mi miedo más grande vino directamente a mis ojos.
- Se ve que ustedes no toman pastillas alegres – dijo Marcos mientras recordaban la última salida con ellos.
- Si… yo jamás me había tomado nada de eso. – dije para que cualquier cosa que pudiera resultar de esa conversación no fuera usada en mi contra. – Casi no recuerdo nada.
- Quien espero haya olvidado todo es tu hermana Sofi – dijo Silvia ante mi fuerte sensación de vértigo. – Si no la sacan del baño, hasta ahora de seguro estaba con ese moreno que se enganchó en el bar.
- ¿Qué moreno? – dijo Camila sonreída. –
- Aquel chico guapo que estuvo bailando con ella… ¿Recuerdas?
- No… no recuerdo – contestó mi esposa igualmente.
- O sea, tampoco te acuerdas de que fuimos al baño a rescatarla ya que se la estaba follando a lo bestia.
- ¿Fuimos a qué? – preguntó mi esposa
- Que mal te sentaron las píldoras nena, fuimos al baño y la encontramos junto con aquel chico que seguro ya se la había follado e intentaba que un amigo suyo también se beneficie de tu hermana.
- ¡Qué! No, no, no… ella jamás.
- No me hagas reír, si ella se resistió en salir, estaba super enganchada, al final salimos del lugar y nos tocó ir a tu casa y llevarla a rastras, incluso quería volver a buscar al moreno aquel.
- Estaba como una moto… - dijo Marcos riéndose a carcajadas.
Por un segundo regresé a ver a mi esposa y pude observar como estaba atónita ante la noticia de aquel evento con Sofía. Pero nuestros amigos que estaban dispuestos a reírse de nosotros por nuestra falta de costumbre, lo que en realidad hacían, era darnos las pistas de todo lo que no recordábamos.
- Pero tu no te quedabas atrás… - dijo Silvia refiriéndose a mi esposa.
- ¿Yo? Por Dios, no me digan que hice algo bochornoso…
- Bueno no… pero si… - contestó Marcos conteniendo la risa.
- Tan pronto llegamos a tu casa metiste al pobre de Ricky y lo violaste… Se podíamos escuchar los gritos que dabas.
- No… pero si yo… nunca….
- A nosotros nos dio bochorno y mejor decidimos irnos, pero no creas que los vecinos no se enteraron de todo…
- Allí fue cuando tu hermana se levantó del cuarto de invitados ya que la llevamos a que pueda dormir, pero por tus gritos seguro se despertó – afirmó Silvia, indicando que la acostaron juntas. – Quería regresar al bar y nos tocó con Marcos convencerla de que vuelva a dormir.
- Incluso salió Ricky como dios lo trajo al mundo… - dijo riéndose de mi - Nunca te había visto así… estabas muy cómico.
- Perdona… no fue intención.
- No te preocupes, del susto te metiste al cuarto de invitados… - se carcajeó Silvia muy fuerte. - No sabías donde meterte.
- Justo había llegado nuestro taxi y la dejamos dormida en la sala, no vaya a ser que se meta a la cama contigo. – concluyo Marcos mientras se burlaban de nuestro infortunio.
- Seguro amaneció tirada en la alfombra…
- No… bueno… en la alfombra no… si fuimos a los cuartos… - dijo mi esposa claramente afectada ante el relato presentado por nuestros amigos.
El almuerzo transcurrió con otras ocurrencias y vaciladas que nos hicieron, hasta que al final nos despedimos ya que ellos debían ir a ver al padre de Marcos que vivía en la ciudad. Ellos se marcharon dejándonos en el restaurante ante la evidencia clara de que las cosas no fueron como pensaba mi esposa.
- Vamos a tener que romper el acuerdo - le dije seriamente a mi esposa.
- Creo que si… - contestó con clara sorpresa de lo que nuestros amigos nos habían contado.
Continúa en
- Relato #243472— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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