Reencuentro con Max y Carlos mis profesores
Andrea siempre supo que su cuerpo era un secreto que sus profesores no podían ignorar. Cuando el destino la reúne con Carlos y Max, la línea entre el recuerdo y el deseo se desdibuja. Esta vez, no será solo un reencuentro, sino la realización de una fantasía que ella misma no se atrevía a confesar.
Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 32 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.
Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.
Hoy les contaré sobre mi reencuentro con Carlos mi profesor de música del colegio donde estudié, el mismo que con su hermano Maximiliano (Max), me enseñaron el arte de la garganta profunda ya narrada en esta página.
Caminaba por el centro de la ciudad, observando vitrinas y mostradores, no andaba buscando nada especial, solo quería que el tiempo pasara para llegar a descansar a mi casa, de repente sentí un toque en uno de mis hombros, volteé a mirar y no había nadie, giré mi cabeza para el otro lado y descubrí a un hombre un poco mayor, de cara conocida, era mi profesor Carlos, un abrazo interminable nos dimos en ese momento, qué alegría de ese reencuentro inesperado.
Carlos se había ido de la ciudad a trabajar en otro colegio de la costa, cerca de sus raíces familiares, pero según él, añoraba las tierras de Santander, así que andaba buscando un trabajo para poder regresar, ya era un hombre un poco mayor, hacía unos diez años que no lo veía, es decir andaba por sus 40 años, aún estaba en plena vitalidad, supo que me había casado, que no había terminado la universidad, que mi vida era plena de libertad, que la familia de mi esposo eran especiales conmigo, que me había sonreído la vida.
Fuimos a una cafetería a tomar un refresco, una cerveza pedí para celebrar el reencuentro, él también pidió otra cerveza, me preguntó por mi vida íntima, tuve la oportunidad de agradecerle por haberme ayudado, no solo en calificaciones sino en dinero en aquella época de escases en mi familia, asimismo por haberme enseñado cosas que aún practicaba con orgullo y que me habían servido en momentos íntimos difíciles para cualquier mujer.
Resulta que ese sitio tenía un segundo piso, una especie de reservado en donde se podía departir tranquilamente y beber algo, lejos de las miradas de curiosos y transeúntes, le dije que, si había problema de hacernos en el segundo piso o nos quedábamos a la vista de todos, aceptó sin vacilar, para mí mucho mejor estar algo escondida que a la vista de cualquier conocido por ahí. Allí hay unas seis mesas y en un rincón tras de una especie de cortina una media luna de madera como pista de baile o tarima para un show, amparada por cierta media oscuridad. Allí había otra pareja, pero parecían estar discutiendo por algo.
Al rato resultamos bailando los dos solos, allí empezamos a besarnos con pasión, yo lo recordaba con cariño, él me recordaba porque era muy joven cuando teníamos relaciones sexuales con la tranquilidad del silencio y complicidad entre ambos. Recordarán que Carlos era un hombre alto, fornido, musculoso, de unos 180 centímetros, moreno, natural de Cartagena, con unos mal medidos 30 cm de verga negra.
Con la complicidad de la oscuridad y ante tantos besos apasionados, ya me estaba mojando por la calentura, por sobre el pantalón le apreté esa manguera que también estaba fortaleciéndose con mis caricias, me agaché, le desabroché su pantalón y volví a ver esa gran verga, esa hermosa serpiente de unos 30 centímetros, gruesa, que se le escurría apuntando hacia el suelo, recuerdo que se la miré y se la saludé “hola hermosa, cuánto tiempo, hasta que te vuelvo a ver y saborear, espero que no me hayas olvidado” me la comencé a tragar, en cada empujón de mi boca iba desapareciendo hasta que mis labios quedaron pegados a su pelvis, en la raíz de esa belleza de serpiente negra, una de mis manos me sostenía de una de sus piernas, la otra le agarraba sus cojones de huevos, alcanzaba a escuchar sus quejidos y sentir sus manos en mi cabeza agarrándome para sostener esa mamada tan fenomenal que estaba recibiendo, por un momento me olvidé que estaba en un establecimiento público.
Por momentos me la sacaba de mi garganta para respirar y volver a engullir, de pronto sentí que me sacudía la cabeza y echaba su culo para atrás, resulta que la otra pareja se había parado a bailar, me vieron en pleno acto de mamada, aunque no dijeron nada, yo solo atiné a decirles “hola” y me abracé a Carlos, un tanto avergonzada, pero feliz de lo que estaba pasando, ellos sonrieron y me devolvieron el saludo con una mano levantada, se miraron, sonrieron y empezaron a bailar muy abrazados, creo que eso los animó a solucionar su discusión.
Carlos me sacó de ese sitio y nos fuimos a una residencia cercana, allí en esa residencia, dimos rienda suelta a nuestra pasión desenfrenada, desnudos nos besamos con pasión, no hubo ningún pedazo de piel sin besar o sin lamer entre nosotros, su verga entró en mi garganta unas mil veces, mi raja y mi culo recibieron una trapeada como hacía mucho tiempo no tenían ese mantenimiento tan especial.
Quiero tu leche, le dije a Carlos, quiero recordar ese sabor, comencé a mamar a la par de apretar y masajear sus testículos, él me ayudaba empujando su culo para atrás y adelante como para simular que estuviera cogiendo una vagina, sentí que su miembro se ponía más rígido, sabía que venía la leche, efectivamente comenzó a inundar mi boca, no dejé escapar ni una gota, algo de tos me salía porque algunos chorros entraron en mi garganta sin control, seguí mamando hasta que no salió más leche.
Nos relajamos un rato, seguimos abrazados en la cama, hablando y besándonos como un par de enamorados, pregunté por Max, me dijo que estaba felizmente casado, que aunque no me lo creyera le había dicho que si me encontraba, me diera saludos y recuerdos, cosa casi improbable, pero la vida nos volvía a unir.
Carlos volvió a recargar baterías, me colocó como pollo asado, mis piernas en sus hombros, comenzó a embestirme, esa vergota llegaba hasta mi estómago, sentía dolor, pero me aguantaba sin protestar, abrí mis piernas para bajarlas, no me aguantaba más esa golpiza en mis entrañas, así con las piernas bien abiertas parecía entrar más ese tolete de carne negra, pero era más tolerable para mí.
Me hizo colocar de perrita en cuatro patas, seguía taladrando mi vagina con fuerza, con buen ritmo, comenzó a abrir mis nalgas y meter uno de sus dedos dentro de mi culito, no hubo protesta ni impedimento de mi parte, sabía que todo eso había sido de él en alguna oportunidad, así que no había motivo para impedírselo en ese momento. Lo sacó húmedo de mi raja y comenzó a meterlo suavemente por mi culito ayudado con saliva que escupía para lubricar esos esfínteres; cuando estuvo totalmente adentro empezó su vaivén rítmico, yo gemía de placer, con una de mis manos me frotaba mi clítoris para que saliera a chorros un orgasmo fenomenal e interminable,
Carlos empujaba con fuerza ese tolete entre mis nalgas, yo gemía con mezclas entre dolor y placer, sentía entrar y salir ese trozo de carne, mis ojos parecían salirse con cada empujón, pasaba saliva para tratar de estar consciente de lo que estaba pasando, sus manos se apoyaban en mi espalda baja para ayudarse a mantener en equilibrio, hasta que comenzó a emitir quejidos como un ahg, ahg, como si estuviera atragantado, se estaba viniendo dentro de mi culito, se fue dejando escurrir sobre mi espalda hasta que quedamos acostados, yo boca abajo y él encima de mi espalda, pero sin sacar su verga de ese agujero, hasta que se puso flácida y fue expulsada naturalmente por mi cuerpo.
Muchos besos, abrazos interminables, palabras de cariño y de agradecimiento no faltaron en esos momentos, cogió su celular y llamó a Max, hermanito, adivina con quien me he encontrado, te la voy a pasar, me entregó el teléfono, hola Max, con quien hablo me respondieron, soy Andrea, una exalumna de Carlos, yo iba a su apartamento, allí nos encontramos los tres varias veces, ah ya, ya, ya, que gusto, me respondió Max. Yo te envié saludos si te llegaban a ver, veo que mi hermano ya recordó esos buenos momentos, prometo ir a visitarte si le sale el trabajo allá, que gusto oírte y sepa que no te hemos olvidado, nos despedimos en ese momento, en mi mente llegaban recuerdos de esos momentos vividos cuando era estudiante.
Salimos de esa residencia y Carlos me invitó a comer ese día, también, me regaló un dinero para el taxi y otro para mis otros gastos, se me había arreglado el día en todo sentido, esa semana Carlos estuvo en entrevistas, nos encontramos dos veces más íntimamente, disfrutando del sexo, de recuerdos y de un amor imposible, además yo debía estar atenta a todo ya que mi esposo estaba por llegar de su comisión de trabajo.
Carlos me prometió volver con su hermano Max para que me saludara y que nos encontráramos los tres nuevamente, o que planeáramos que yo fuera a Cartagena u otra ciudad intermedia para todos para disfrutar allá los tres sin temores, que ellos pagaban los tiquetes de avión y toda la estadía, esa propuesta me sonó mucho, pero el obstáculo era mi esposo, cómo lo convencía que me dejara ir sola a la costa, habría que seguir planeando.
Carlos no obtuvo el trabajo en la ciudad, pero sí en una ciudad más cercana, llamada Valledupar, más o menos una vez por mes nos veíamos nuevamente, por mi parte sentía algo de amor por él, aunque fuera un amor imposible, pero me sentía plena y realizada entre sus brazos, tan así que muchas veces estando con mi esposo, llegaba a mi mente muchas imágenes y momentos con Carlos, inmediatamente mi cuerpo producía unos orgasmos interminables, además en mi garganta se ahogaba su nombre ya que me causaba temor de gritarlo a los cuatro vientos, por los problemas que me traería.
Ya se acercaba mi cumpleaños número 25, según las cuentas para esa fecha mi esposo no estaba en la ciudad, le correspondía su comisión, así que era una posible fecha de viajar sin la supervisión de mi esposo, además de poder ver a Max.
Se me ocurrió decirle que me dejara ir a Valledupar para conocer algo de la leyenda del vallenato, que era un tour mío, sencillo, sin expectativas de nada, solo por conocer quedarme una o dos noches allá y regresar, con la promesa de portarme bien en todo sentido, que tomaría fotos y que podíamos hacer video llamada cuando quisiera, aceptada mi petición alisté mi maleta y avisé a Carlos para que me buscara una habitación adecuada para ese viaje.
Salí en bus esa noche a eso de las once de la noche, amanecí en esa ciudad, allí estaba esperándome Carlos, me llevó a su habitación, para descargar mi maleta y esperar a Max, quien llegaría ese mismo día, a eso de las diez de la mañana llegó Max, es unos cinco años menor de Carlos, más alto y más atlético, almorzamos, tomamos un par de cervezas y fuimos a un hotel donde eran amigos de Carlos, pidió una habitación con dos camas, una cama doble y otra sencilla.
Apenas entramos Max me abrazó con mucha fuerza, mi chiquita culiona hermosa, no te he podido olvidar, me recuerdo cada rato de usted y sus vomitadas en mis piernas tragándose mi verga, hasta que ya te supo a bueno y parecía que aguantabas una más larga como la de un caballo, sonreí pero le dije “ole, respete, qué le pasa mano”, tranquila es una comparación nada más, un beso apasionado terminó esa discusión.
Maximiliano le hizo una seña a Carlos para que me abrazara por mi espalda, quedé como una tajada de queso entre dos pedazos de pan, Max me besaba en mi boca, Carlos me abrazaba y apretaba mis teticas desde atrás mientras me besaba mi cuello, metía una de mis orejas en su boca para hacerme estremecer a la par que arrimaba su pelvis contra mis nalgas, yo solo atinaba a apretarme a la cintura de Max, sentía en mi estómago el bulto de su verga y la de Carlos en mi cintura baja, sentía como escurrían chorros de jugos vaginales como presagiando lo que iba a acontecer momentos después.
Carlos me sacó mi blusa por sobre mi cabeza, Max me desabrochaba mi jean que llevaba ese día, pronto quedaría en solo ropa interior, unas tangas y brasier blancos, Max me agarró de una mano y me hizo girar en una vuelta para apreciar todo mi cuerpo, miren esta belleza, que cara más hermosa e inocente, que culo más rico te gastas, una de sus manos se perdía entre mis piernas mientras decía, miren esos labios de esa chochita son bien carnosos, parecen de película, esas tetas son de buen tamaño, qué hermosa mujer en que te has convertido, un poco más alta y eres candidata al reinado nacional de belleza, en fin, dichoso aquel que te pueda poseer, yo también soy bendecido y premiado de tener esta oportunidad.
Me quitaron mi ropa interior, los ayudé a desvestir también, querían ponerme a mamar de una vez, pero los hice que se ducharan ellos, yo también hice lo propio; me recosté en la cama y los pensamientos me llegaban de golpe, eres una gran puta, ¿enferma o qué?, ¿qué estás haciendo?, ¿nunca vas a parar verdad?, vaya manera de celebrar un cumpleaños, fui sacada de mis cavilaciones con una palmada en una nalga, al abrir los ojos, ahí estaban los dos hermanos, sus vergas caían libremente, flácidas o mejor dicho aún sin poner en forma como en posición de descanso, fue un espectáculo algo tierno para mí, al ver esos dos miembros viriles como indefensos, inofensivos.
Carlos tomó la iniciativa de echárseme encima, abrazarme y besar mi boca, mi cuerpo se pegó contra el suyo, su verga se acomodó entre mis piernas, pronto empecé a sentir como iba creciendo y buscaba espacio para acomodarse, mi cuerpo se sentía extraño al sentir el roce de esa piel negra, fuerte, musculosa y sudorosa en ese momento,
Me abracé a su espalda en un beso interminable, me hizo reaccionar una mano que apretaba con fuerza una de mis tetas, era Max que estaba pidiendo espacio para trabajar en mi cuerpo sediento de verga, verga bien trabajada como la de esos dos hermanos cómplices en esas artes,
Carlos se desmontó y de una Max mandó su mano en busca de mi raja, me relajé, aflojé mis piernas instintivamente, levantando una pierna para permitir a la mano intrusa llegar a su destino, sus dedos encontraron la gruta separando mis labios vaginales húmedos y chorreantes, para permitir que sus dedos fueran introduciéndose a sus anchas por mi conducto vaginal, entrando y saliendo con velocidad, alternando con masajes un tanto bruscos en mi clítoris, pero eso no me importó en ese momento.
Me volteé para besar a Max, Carlos se pegó a mamar una de mis teticas, la otra teta era masajeada y apretada con fuerza por Max, me senté en la cama, comencé a mamar esas vergas, alternándolas y engullendo con huevos y todo lo que podía en ese momento, mis ojos estaban llorosos por el esfuerzo de engullir, sus manos apretaban torpemente mis tetas; ellos se acomodaron para ofrecerme al tiempo sus vergas, hice mi mejor esfuerzo para que cupieran en mi boca y abrazarlas con mis labios lo más profundo posible, mis manos se agarraban de sus nalgas mientras ellos trataban de culearme al tiempo por mi boca, mis labios parecía que fueran a romperse por la presión de esas dos vergas.
Quiero recordar algo dijo Max, me hizo levantar para que lo abrazara y que pudiera treparme en su cintura, mis brazos agarraban su cuello, mis piernas rodeaban su cintura, su verga se acomodó de un solo empujón en mi interior, un ay hp (grosería) se escapó de mi garganta, sus manos me ayudaban a impulsar para levantarme un poco y dejarme caer sobre esa estaca, Carlos con una de sus manos me masajeaba las nalgas y mi culito, fue acercando su verga a la entrada de mi culo, yo sentía como iba picando cuando Max me dejaba caer, comenzó a meterla poco a poco con suavidad, Max bajó su ritmo y pronto quedé ensartada en esas dos vergas negras, enormes, largas, fuertes, gordas y jugosas.
Comenzaron a taladrar mi culito y chochita al mismo tiempo, yo no podía concentrarme en un solo agujero, era una sensación muy agradable, mi cuerpo producía gran cantidad de jugos seguidos por un orgasmo detrás del otro, sentía que me desmayaba de la emoción, me sentía transportada a otro mundo.
No sé cuánto tiempo estuve galopando en esa posición, me pasaron a la cama en cuatro patas y Carlos siguió atacando mi culo, parecía que le gustaba más que la chocha, Max me lo hacía tragar hasta el fondo empujando con cierta violencia, Carlos lo sacó de mi culo y estaba buscando mi raja, no le permití hasta que se lo lavó con jabón, recordé mi niñez y la infección que me gané por ese motivo. Entre tanto me dediqué a mamar a Max.
Max se acostó boca arriba, me hizo sentar con su verga entre mi culo, me hizo caer de espaldas contra su pecho para ofrecer mi raja a Carlos quien ya estaba pajeando su verga para ponerla en forma, Max se aferró a mis tetas apretándolas con cierta firmeza, mientras levantaba su culo para meter y sacar su verga de mi agujero anal, Carlos se acomodó entre mis piernas y empezó a clavarme esa vergota sin compasión entre mi rajita que ya estaba algo dolorida por lo intenso del mete y saca de Max, mis tetas eran atacadas por las manos de Max,
Yo trataba de moverme lo mejor que podía para sentir esas vergas entre mi humanidad y ayudarlos en su trabajo, sentía mi cuerpo empapado de sudor mío y del que emanaban mis dos consortes en ese momento, Carlos se iba a venir y me preguntó dónde la quería, le dije que en mi boca, se acomodó parado sobre nosotros, mi cara fue su blanco, disparó sin control su leche, cayéndome en mi rostro, ojos, boca, siendo esparcida con su mano por toda mi cara, ahí tiene disfrute de este momento, me hizo que le escurriera esa vergota hasta que quedó satisfecho.
Max hizo lo propio, me volvió a poner en cuatro patas, siguió taladrando mi culo y eyaculó en mis nalgas y espalda, cogió su verga con la mano y la azotaba contra mis nalgas a manera de látigo y castigo. Nos bañamos y salimos a dar un paseo por los alrededores, bebimos cerveza y di un vistazo por la ciudad. Conocí el parque de la leyenda vallenata, la plaza Alfonso López, algunos sitios turísticos, la tumba de Diomedes días, algunos balnearios, entre otros, ello para tomar fotos y poder mostrar a mi esposo que estaba era paseando juiciosa.
Esa noche y calculando la hora de que mi esposo estaba por llamar, me senté debajo de una carpa para degustar una hamburguesa, así le pude mostrar que estaba sola, mis dos machos estaban en otra mesa bebiendo cerveza, le mostré la fachada del hotel para darle tranquilidad, él jamás sospecharía la calidad de cumpleaños que me estaba dando con el dinero que él me había dado como regalo, el dinero que me consignó Carlos y Maximiliano, además que los hermanos estaban pagando todo lo que se consumía o que yo necesitara. Cuando terminó la llamada, me reuní con los hermanos a reír de todo al calor de la buena música vallenata que suena en todo negocio, el calor del ambiente, mujeres hermosas y hombres morenos apuestos.
En algún momento, Max me preguntó que qué era la cosa que yo no era capaz o no quería experimentar en el sexo, le dije que estar con una mujer en pareja, vivir con otra mujer no es mi ilusión, muy bien dijo Max, ¿has estado con más de dos hombres al tiempo? Mintiendo le dije que no, que ellos eran los únicos que habían disfrutado mi cuerpo en pareja de machos.
Me preguntó que entonces cuál era mi fantasía en materia de sexo, le dije que era algo pervertida, que me imaginaba estar arrodillada desnuda en el piso con los ojos vendados, en un cuarto con muchos hombres, pero que ninguno de ellos me penetraba, solo se los iba mamando a todos ellos, mientras se masturbaban para llenarme de leche todo mi cuerpo, ellos soltaron la risa, vaya si eres golosa insaciable, bueno, usted me está preguntando.
Volvimos al hotel a eso de la media noche o inicio de la madrugada, me recosté desnuda en la cama doble, cada uno de ellos se pegó a cada una de mis tetas a mamar, con su otra mano recorrían mi vientre y entrepierna, mis manos sobaban cada una de sus cabezas, comenzaron a besar mi cuerpo por todo lado, mi estómago, mi pelvis, eso me hacía retorcerme de la emoción, mi garganta producía un sonido como de ah, ah, mmm, pronto estaba en 69 con Carlos, mientras que Max empezaba a lamer mis nalgas, dándome mordiscos en mis glúteos y palmaditas suaves.
Pronto estaba en posición de sándwich recibiendo verga por mis dos agujeros y sudando a más no poder, a pesar del aire acondicionado, Carlos se vino dentro de mi raja y Max lo hizo en mi boca, nos duchamos rápidamente y me quedé dormida desnuda en medio de ellos dos.
En la mañana Carlos se reportó a su trabajo, eso me dijo, coincidió con mi cumpleaños, ese día Max me llevó a dar un tour en carro por la ciudad, fuimos a un balneario, allí nos bañamos, en fin, pasamos un día muy bonito, parecíamos un par de novios enamorados. En la noche, esperé la llamada de mi esposo, en el mismo sitio donde la noche anterior estaba, hablamos por largo rato, le agradecí por dejarme pasar ese cumpleaños, le dije que yo estaba feliz, que era algo soñado, que ojalá él estuviera conmigo en ese momento, que iba a disfrutar del ambiente un rato y me iba para mi habitación del hotel. Terminé de hablar con mi esposo, cené y me tomé unos wiskis con Max, Carlos nada que aparecía ni se reportaba.
Llevamos una botella de whisky para la habitación, pues yo ya estaba cansada y algo mareada, no me percaté que Max me daba de beber cada momento para embriagarme, yo pasaba ese licor con agua, pero Max me daba de vez en cuando un sorbo de cerveza, diciéndome que eso era mejor que el agua, pero tampoco era suficiente para calmar mi borrachera que me estaba pegando en ese momento, al rato llegó Carlos con una bandeja de cerveza en lata y otra botella de whisky, me bebí una cerveza, ese coctel me dejó bien borracha, tanto que no podía ni hablar bien, recuerdo que repetía y repetía lo mismo como una lora, no concatenaba mis ideas, repetía agradeciendo a esos dos machos galanes por haberme enseñado a disfrutar del sexo y por haberme regalado ese cumpleaños tan especial recordando mi época de colegio.
Saben qué, les dije, se los voy a mamar un poquito, porque creo que me voy a quedar dormida, o les toca que me cojan como vaca muerta y dormida, ellos reían y se burlaban de mí, te vamos a cumplir tu fantasía hoy mismo, así sea nosotros dos nada más; cómo así, expliquen qué planes tienen ustedes, pues te vamos a desnudar, te vamos a vendar y nos vamos a masturbar, tal como quieres, eso sí no te puedes quitar la venda hasta que todo termine, aceptas o te echas para atrás. Acepto, les dije, esa será otra historia que pronto escribiré.
Ese día volví a estar encerrada en la habitación con los hermanos, disfrutando en todas las formas posibles, hasta que llegó la noche y mi hora de regresar a mi casa, mi luna de miel con los hermanos terminaba en ese momento, mi cumpleaños estaba pasando también y de la mejor forma inimaginable para mí, también recibí regalos inesperados, una cadena de oro, una manilla y unos pendientes de parte de ellos y de los muchachos que se atrevieron a estar conmigo, además me dieron dos mudas de ropa completas, desde zapatos a ropa interior, también que todos los gastos fueron pagos por ellos, esos regalos serían presentados a mi esposo como comprados con su dinero que me entregó para ese viaje.
Solo en otra oportunidad hemos podido coincidir con los hermanos cartageneros, pero solo he estado con ellos, no volví a aceptar insinuaciones de estar con más tipos.
Cuando llegué a casa, recibí la invitación de mis suegros para una reunión familiar para celebrar mi cumpleaños, ahí saldrá otra historia que contaré en otra oportunidad.
Aquí termino otra historia de mi vida, otra anécdota que recuerdo con gran felicidad en mi corazón, les recuerdo que no estoy buscando amigos con derechos o amigos virtuales, solo es por sacar esto de mi mente y compartirla con los lectores, si me escribes con respeto así mismo te responderé, tu amiga Andreas del Pilar. Andreas.
Un trago de whisky me hicieron tomar, seguido de un sorbo de cerveza que Carlos me echó en un beso con su boca llena, me hicieron quedar desnuda, me colocaron una cofia para el cabello, me vendaron y amarraron con cinta pegante, yo estaba sentada en la cama, me fue ofrecida una verga, Carlos me dijo empieza a mamar mi reina hermosa, pronto Max hizo lo mismo, ahora nos vamos a turnar, te vamos a acariciar, no te vamos a palmear ni hacer daño alguno, solo caricias, ninguno vamos a hablar, hasta que terminemos todos, si usted habla te vamos a dejar morados de recuerdos para tu esposo, así que calladita que esta noche es especial, ¿de acuerdo?, si señor, respondí sumisa, me pusieron unos guantes de algodón en mis manos para perder la sensibilidad de mis manos.
Comencé a mamar una verga, mi espalda era acariciada por otras manos, de repente sentí que me apretaban una teta y después la otra, alcancé a sentir la presencia de otras personas desvistiéndose cerca de mí, comenzó el desfile de vergas pasar por mi boca, no menos de diez personas diferentes, lo digo por el tamaño de esos penes, su grosor, su cabeza, su longitud, la forma de mover el culo para empujar en mi garganta.
Mis mandíbulas me dolían de tanto engullir verga, los guantes los había desechado porque prefiero sentir la piel; de vez en cuando me echaban un trago de whisky seguido de una verga como pasante, lógicamente yo estaba disfrutando mi fantasía, creo que iba más o menos una hora de mamar y mamar, me hicieron sentar en el piso, allí seguía mamando y mamando, sentí la primera eyaculación en mi cara, una verga se restregaba contra mis labios para terminar adentro para ser escurrida, siguieron cayendo gotas de semen caliente por mi pecho, por mi espada, hombros, mis piernas recibieron también su dosis de semen fresco y caliente.
Con mis manos me traté de limpiar mi cara, pero lo que hice fue extender y untar ese semen por todo lado, acto que fue imitado por uno de esos machos y mi cuerpo quedó empapado en semen, un trago de whisky me fue entregado en mi mano, escuché la canción del feliz cumpleaños, palmas y gritos en esa habitación, me quitaron la venda, me vi desnuda, llena de semen, alcancé a contar doce hombres desnudos dentro de la habitación, contando a Carlos y Max.
Me sentí apenada, creo que me puse roja de la pena, corrí al baño y me duché, cuando salí ellos ya estaban todos vestidos, me ofrecieron un pedazo de torta de cumpleaños, todos comimos, ya me había tranquilizado, yo los miraba a todos de reojo, uf, no había nada malo, ese había sido el trabajo de Carlos, conseguir esos chicos para cumplir mi fantasía, algo que no olvidaré nunca, no me sentía mal debido a que ninguno de ellos me penetró, respetaron mi deseo, algo más para agradecer a Carlos y a Max.
En adelante solo estuve con los hermanos, disfrutando en todas las formas posibles, hasta que llegó la hora de regresar a mi casa, mi luna de miel con los hermanos terminaba, mi cumpleaños había pasado también y de la mejor forma, recibí regalos inesperados, una cadena de oro, una manilla y unos pendientes de parte de los muchachos que se masturbaron en mi cuerpo, Carlos y Max me dieron dos mudas de ropa completas, desde zapatos a ropa interior, además de todos los gastos pagos.
Cuando llegué a casa, recibí la invitación de mis suegros para una reunión familiar para celebrar mi cumpleaños, ahí saldrá otra historia que contaré en otra oportunidad.
aquí termino otra historia de mi vida, no pretendo con ello buscar amigos con derechos o amores virtuales, solo pretendo sacar esto de mi cabeza y compartir con ustedes amigos lectores, si me escribes con decencia así mismo te responderé. tu amiga Andrea del Pilar. Andreas.
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