Xtories

Concupiscencia 2

La casa se vacía, pero la traición se llena de testigos involuntarios. Ricardo no solo debe aceptar que su esposa se acueste con otro, sino que el precio de su silencio es convertirse en el espectador obligado de su propia deshonra.

ZivPaulo6K vistas8.4· 35 votos

Cuando las dos chicas se fueron de mi casa, aún estaba impactado por lo que habíamos estado charlando, la intención de mi cuñada era lavar una afrenta generando otra que podía romper nuestro matrimonio. Para mí era muy difícil el asumir ese trato y permitir que mi esposa se acueste con otro tipo para ajustar esa cuenta, ya que yo no recordaba ni siquiera lo que había sucedido. Pese a mis reclamos iniciales y mi oposición, nada pude obtener hasta que finalmente cuando mi esposa fue al baño por dos minutos mi cuñada me explicó.

- No es solo por lo que sucedió entre nosotros Ricky – dijo casi entre susurros Sofía. - Es por ella misma y la rabia que me tiene desde hace años.

- Que rabia... de que me hablas. Ustedes siempre han sido muy unidas.

- Si nos queremos, pero ya sabes entre hermanas siempre suceden cosas de adolescentes. Hace tiempo me lie con un novio que tenía y él la dejó para intentar estar conmigo, pero claro para mí fue solo un juego y al final no le hice caso.

- Y eso que tiene que ver conmigo.

- Cami está resentida desde entonces, si bien lo discutimos y me perdonó, creo que la espina se le quedó clavada y la única forma de que las cosas se arreglen es con esto. Estoy convencida.

- Y a mi porqué me meten, yo no tuve nada de culpa de sus cosas antes de conocernos.

- Claro que sí, ahora tú y yo le hemos hecho sentir esa inseguridad nuevamente y si no toma venganza, acabará amargada para siempre, yo la conozco y ella es muy rencorosa, tú la conoces.

- Osea, que por su bien debo acabar como cornudo. No Sofía... yo no puedo...

- ¡Shhhh!, ya viene...

La conversación tuvo matices filosóficos, religiosos e incluso biológicos, no había nada que me haga aceptar que mi esposa se acueste con otro hombre, y mucho menos con las condiciones que ella quería. Ya que ella puso como condición para dejar todo atrás, que debíamos estar todos juntos mientras ellos tenían sexo en nuestra casa. Esa condición adicional me hacía cerrarme en seco y no aceptar bajo ninguna causa.

Entonces Camila me dijo que, si yo no aceptaba, ella igual iba a follarse a Martín, y que, si Sofía quería que la perdonara, ella si debía acompañarla y que a mí no me dirían nada hasta que le diera la gana. Además, que yo no podría preguntar absolutamente nada de los detalles, pero eso si me garantizó mirándome directamente a los ojos: “Martín esa noche probará algo que tú jamás has tenido y jamás tendrás, eso ya es cosa tuya si no aceptas.”.

Yo sabía perfectamente que ella se refería al sexo anal, ya que era uno de los temas que habíamos hablado anteriormente y que, aunque yo había insistido un poco en tratar de probar, ella se había negado en redondo alegando que aquello era asqueroso y que únicamente lo hacían las putas. Pero claro ahora ya nada le importaba y con esos ojos llenos de furia y rencor me miraba retándome.

- ¿No hablas en serio? - dije en un hilo de voz que apenas se escuchaba.

- Claro que sí, o acaso no me crees capaz. - dijo muy segura de sí misma. - Si no aceptas, no hay problema, pero a más de follarme a Martín, que eso ya dalo por echo, yo vuelvo con el culo roto y bien lleno de leche... A partir de ese día es tú decisión si nos separamos o te aguantas saber que a tu mujercita se la follaron bien follada.

- Pero... Eso es un chantaje... Yo... yo...

- Ya tu verás, si nos divorciamos antes o después de que me folle a Martin y me rompa el culo... Ya no discuto más.

Tenía hasta las 3 de la tarde para aceptar o rechazar la propuesta, caso contrario solamente me enteraría que mis cuernos habían aparecido una vez que Camila me confirmara su aventura con aquel hombre. Las horas tardaron en llegar y pronto se cumpliría el plazo, por lo que mi mente no paraba de darle vueltas. ¿Qué ganaba con ver y saber lo que pasó?, pues que sabiendo todo, no me carcomería la incertidumbre de lo sucedido y además evitaría que Camila entregue su culito a alguien más. Y ¿Qué perdía? Pues podría perder a mi esposa ya que era posible que jamás la pudiera ver con los mismos ojos y terminara pidiéndole el divorcio e incluso más si aquella experiencia me costara años de psicólogo.

Pero también estaba lo otro, ¿Que ganaba con no saber? Pues evitar volverme loco ante la idea de ver como otro hombre pudiera acostarse con mi esposa y mantener en esa ignorancia un poco de cordura, al fin y al cabo, ojos que no ven... ¿Pero ¿qué perdía? Nuevamente creo que el saber que otro tipo la hubiera tomado me hacía revolver el estómago y más sí que aquel tipo sería el afortunado en desflorar analmente a mi esposa.

Mi mente estaba por estallar evaluando los pros y contras de ambas opciones y francamente solo se me ocurría una tercera; proponerle el divorcio y que se acabara todo, pero aquella tercera opción para mi era la más dolorosa, ya que finalmente amaba a Camila y estabamos construyendo un futuro juntos.

Al final decidí aceptar la primera opción, si de todas formas ella iba a acostarse con otro tipo, al menos podríamos encontrar una solución a todo y volver a ser una pareja más o menos normal y además tendría la certeza que su culito aún seguía virgen, aunque, como iban las cosas, no me lo entregaría jamás.

Al llegar a la hora pactada, recibí la llamada de Camila, a regañadientes acepté el trato, pero con dos condiciones fundamentales en toda esta terrible decisión. Primero que, en ninguna circunstancia, nadie, y recalqué nadie, más que nosotros se enterará de lo que sucedería esa noche, y que, si incluso al tal Martín se le ocurría abrir la boca en algún momento, Camila me firmaría el divorcio sin preguntas ni quejas y me quedaría con todo. Por otro lado, que, una vez terminada esa noche, jamás quería volver a escuchar ninguna queja o reclamo de lo sucedido nunca más, en ninguna pelea o diferencia que tengamos, eso ya no se discutia nunca. Y finalmente yo me cerré en banda sobre lo de permanecer allí durante todo el tiempo, si querían follar que follen, pero si yo no lo soportaba tenía la opción de marcharme y el trato seguia en pie.

Camila se quedó pensativa mientras le exponía mis demandas, pero al final aceptó de igual manera, aunque también puso sus reparos. Primero que después de esa noche no volvería a quedarme junto a su hermana a solas nunca más, en casos de reuniones familiares u otras no había problema, pero que jamás deberíamos estar solos, bajo pena de divorcio de igual forma. Otra cosa que yo tampoco podría quejarme por nada de lo que ocurriría esa noche, que al siguiente día todo sería igual que antes, sin reclamos futuros, ya lo que pasaba esa noche no lo topabamos más. Y finalmente que, si yo no aguantaba en permanecer en la casa y me marchaba, yo debía volver cuando me llamaran esa misma noche, para así “encontrar” a mi esposa junto al tipo que se la había follado, tal como le había sucedido a ella.

Con esas condiciones, estuvimos de acuerdo y cerramos el trato, aquel maldito trato.

Al principio, yo tenía la impresión de que todo se finiquitaría en forma, digamos aséptica hasta cierto punto de vista, muy condescendiente con todos. Suponía que el tal Martín iría a nuestra casa y que mientras follaban en la habitación de huespedes, yo permanecería junto a Sofía en la sala sin poder ver nada, a lo mucho escuchandolos, pero eso si no interactuaríamos. Y que ya llegado el momento, nos llamarían para verlos en la cama tras su batalla sexual. ¡Qué poco conocía la venganza de una mujer herida!

-... está bien Ricardo, con esto llegamos a un acuerdo.

- Ok. ¿Y para cuándo piensas en...?

- Hoy mismo. No quiero pasar otra noche así de mal. Hoy mismo lo resolvemos y san se acabó.

- Pero... ¿Cómo? - pregunté incrédulo ante la inmediatez de su respuesta.

- Aquí en la casa por supuesto. Tú te follaste a mi hermana aquí, pues yo haré lo mismo. - tragué saliva para ver si se me bajaba el nudo de la garganta.

La noche llegó demasiado pronto para mi gusto, ellas se habían marchado para hacer preparativos. Eran casi las 10 cuando un mensaje me llegó al teléfono. Era de Sofía que se encontraba abajo del edificio. Cuando la dejé subir y pude verla, algo en mi forma de observarla cambió. Aquella chica tan guapa no me había despertado ningún signo de lujuria antes, ya que siempre la vi como la hermana menor de mi esposa, pero ahora era diferente, llevaba un vestido que, si bien no era escandaloso, mostraba claramente sus atributos, debajo pude adivinar un conjunto de ropa interior muy fino y pequeño.

- Hola Ricky, ¿Como estás?

- Mal... muy mal... - dije intentando mirar lejos de su escote.

- Pues yo tampoco estoy muy bien que digamos, pero ojalá las cosas vuelvan a la normalidad después de esto.

- ¿Con Camila? ¿O?

- Si... bueno con ambos, con Camila hemos estado bien siempre, pero ahora está todo descompuesto, ella está dolida, celosa y algo loca. Solo confío que todo salga bien y las cosas cambien.

- ¿Y crees que así se arreglará todo este lio? ¿No es muy extremo?

- No, no lo creo, pero vale la pena intentarlo. - contestó con algún dejo de insatisfacción.

- ¡Es cierto!, no debemos estar los dos solos... Ahora que venga Camila va a enloquecer.

- No te preocupes, el trato fue después de esta noche, así que no hay problema – dijo Sofía sonriendo, aunque yo no quedé muy convencido.

Durante los siguientes cinco minutos estuvimos hablando, pero sin decir nada de lo que estaba a punto de suceder. En mi mente miraba a Sofía con un atractivo mucho más intenso y creo que incluso algún momento llegué a fantasear como sería tenerla entre mis brazos y saborear aquel voluptuoso cuerpo y follarla en esta misma sala; mientras mi esposa follaba con aquel fulano en la habitación. Pero deseché la idea por absurda y me dediqué a preparar unos cuantos tragos que buena falta nos harían.

De pronto la puerta se abrió y miré a a mi esposa junto a un tipo que jamás en la vida había visto. Era un poco más alto que yo, aunque apenas; era un tipo guapo, pero no de novela, un fisico cuidado, aunque tampoco espectacular, en fin era atractivo, pero no tenía cara de ser un amante incansable con una polla kilométrica, nada fuera de lo común.

Camila entró y se le borró la sonrisa el vernos a los dos solos en la casa, pero al fin y al cabo no dijo nada, un poco fastidiada arregló su bolso en el estante con claros signos que estaba molesta y quería lanzarme aquel enorme bolso que la acompañaba, tragó saliva y procedió a presentarme al tipo.

- Ven Milton, este es mi infiel marido... Ricardo.

- Que gusto hombre – dijo extendiendo su mano e intentando parecer jovial.

- Pues será solo tuyo... - dije mientras tomaba una copa y seguía llenándola con algo de licor.

- No seas grosero... - dijo Camila mientras, invitaba a aquel tipo a sentarse – Lo siento Milton, mi marido está un poco tenso.

- Hola Sofi. - dijo el tipo saludando de beso a mi cuñada. - Como siempre tan guapa.

- Hola Milton... ¿Como está Marla? - dijo mi cuñada seguramente haciendo referencia seguramente a la mujer por la que la dejó.

- Muy bien... ya vamos a ser padres en cuatro meses...

- ¿Y aun así estás aquí? - preguntó Sofía ofendida.

- Obvio, no podía perderme el placer de follarme a tu hermana, mucho menos el que tu estuvieras mirándonos.

Aquello me dejó mosqueado, yo no pensaba en mirar nada, yo saldría de allí sin regresar a ver si algo me incomodaba, pero creo que el trato que Sofía tenía con mi esposa era diferente.

- Espero ya hayas aprendido a follar... - dijo Sofía con intenciones de burlarse un poco, pero podía ver en su rostro el fastidio que le provocaba.

- Siempre lo he sabido reina y tú lo has comprobado muy bien... Pero bueno, veo unos tragos listos para ponernos en ambiente... Venga marido infiel... tráenos algo para la sed.

- Si Ricky, se bueno, danos algo de beber – dijo mi esposa mientras se sentaba al lado de aquel tipo. - No solo atiendas a mi hermana

Los miré con odio, hubiera puesto veneno en el vaso en ese preciso momento, pero no lo tenía a mano. Mi cara debió mostrar el fastidio que tenía, por lo que no hubo más intentos de joderme, al menos no de momento.

Tras servir los tragos, Camila charlaba con aquel indeseable invitado en forma muy familiar, era obvio que ella había conocido a aquel tipo hace tiempo, aunque muchas de las referencias que hacían era hacia Sofía y la relación que algún día tuvieron.

A mi todo eso me parecía de muy mal gusto, pero no me importaba, por lo que no dije nada durante ese tiempo. Lo que si me fastidiaba y me revolvía el estómago era la forma en la que mi esposa se mostraba tan atenta y cordial con el fulano, tocándole el brazo, la pierna y riéndose de los chistes malos como si fueran amigos de siempre y que apenas y se reencontraban.

El tipo contó de su vida de casado y como había embarazado a su esposa y al mismo tiempo a una chica de la oficina donde trabajaba. Dándose alarde de ser un semental que apenas y monta a su yegua la deja preñada. Sus comentarios me daban una sensación de vómito que casi y no pude aguantar, por lo que me serví un nuevo trago para asentar mi malestar. Ya nos habíamos tomado cerca de 3 tragos cada uno y el ambiente era denso y extraño, aunque el alcohol iba venciendo nuestras defensas de conducta primarias.

- Ya te digo yo Cami, solo me la cogí un par de veces y la muy zorra quedó embarazada.

- Voy a tener cuidado contigo… no vayas a dejarme un recuerdito – dijo pícaramente mi esposa mientras me miraba directamente.

- No para nada nena, ya llevo dos bombos y no quiero otro… Ya veré donde te dejo toda mi carga…

Estaba seguro de que no podría aguantar tanta estupidez entre mi esposa y aquel indeseable, me revolvía el estómago solo escucharlos, por lo que deseaba salir de ahí. Lo malo es que al mismo tiempo eso significaría que mi esposa acabaría en brazos de aquel tipo, lo que de igual forma me hacía sentir fatal. Un dilema que pronto tendría la solución.

- Ya está muy tarde chicas… pronto tendré que regresar a mi casa, mi gorda esposa me espera.

- Idiota. – dijo Sofía con clara incomodidad.

- Bueno mi amor, creo que ha llegado la hora. – dijo mi esposa mirándome, al tiempo que pasaba su mano por la pierna de aquel mequetrefe.

El tipo de su parte comenzó a acariciar las piernas de mi esposa, que para el efecto llevaba un vestido algo corto, pero sin exagerar. De pronto un beso hizo que la sensación de vómito se me aflore. No iba a lograr soportar mucho, digamos nada.

- No puedo, yo me voy de aqui. Que hagan lo que quieran. - dije a Sofía mientras ellos seguían en su mundo.

- No me dejes sola... - dijo entre susurros Sofía mirándome a los ojos. - Por favor...

- Pero... - Sofía me miró con cara de borrego degollado.

- ¿Sabes cual fue el trato con mi hermana? - dijo mi esposa aún junto al tipo.

- No... no se.

- ¿Sabes por qué mi ex novio me dejó por ella? Cuentale hermanita.

Sofía empezó a contarme una historia donde ellas habían ido a una fiesta junto al novio de Camila y un amigo de él, estuvieron bailando y tonteando entre todos durante toda la noche. En un momento cuando Camila regresó del baño, ya no pudo encontrar a ninguno de los tres. Los buscó hasta encontrarlos en la zona de parqueo, tras unos autos ocultos. Allí pudo observar a Sofía dandoles sexo oral a los dos chicos al mismo tiempo, su novio estaba más que excitado con el trabajo que le estaba haciendo su hermana.

- Allí me quedé como una tonta, mientras mi hermana chupaba la polla de mi novio y su amigo. - dijo mi esposa mientras acariciaba el pecho del tal Martin.

- En un momento me incliné y dejé que el amigo del novio de Cami me follara, mientras a él solo le chupaba la polla... Pero justo en ese momento Camila intervino y vino a reclamarnos.

- Mi novio estaba como loco en ese momento... y en vez de asustarse quiso seguir el juego conmigo... - dijo mi esposa mientras miraba a su hermana. - Me tumbó sobre un coche, me alzó el vestido y me comenzó a follar a lo loco. Intenté safarme, luche, pero terminé cediendo y... me follaron...

- Ambos nos follaron a las dos... - dijo Sofía mientras agachaba la mirada. - Al final lo disfrutamos, pero no dejó de ser muy violenta la situación.

- Tu no me ayudaste... - dijo Camila a su hermana – dejaste que nos follaran.

- Perdí el control de la situación... y ya te pedí perdón un millon de veces.

- Y te perdoné, te juro que si, hasta que ahora te acostarte con mi marido... Y para colmo en mi misma casa...

Entendía lo grave de la situación, pero no sabía la afectación que eso tuvo con mi esposa hasta ese momento. Lo que no entendía era el motivo por el que debíamos estar aqui los dos mientras mi esposa se follaba al pelafustan aquel.

- Ahora voy a follarme al que fue el amor de tu vida. - dijo Camila mirando a su hermana, mientras ella solo bajaba la mirada. - Y vas a verme en directo como me lo follo y ahí quedamos a mano ya que a mi también me tocó verte follandote a mi novio y de paso por haberte tambien follado al amor de mi vida.

- ¿Y yo porqué estoy aqui? - pregunté a mi esposa mientras mi desazón iba en aumento.

- Por infiel y por dejarte llevar por sus encantos... Pero si no quieres verme puedes irte... Pero si te quedas te garantizo que la libertina de mi hermana te podrá hacer una buena mamada que si la recuerdes y de esta forma quedaremos todos a mano.

Miré a Sofía y me quedé incredulo ante tal idea. Al final eso era lo que quería mi esposa, castigar a su hermana y de por medio me metía a mi en aquella insensatez. Acaso mi salud mental estaba por debajo de un polvo, al principio estaba seguro de que no, pero justo cuando me disponía a levantarme, sofía me tomó el brazo.

- Es cierto, si me acompañas esta noche te daré la mejor mamada que he dado en la vida, pero no te vayas.

- No puedo... yo no...

- Ya basta de tanto melodrama... - respondío el innombrable que ahora iba a follarse a mi esposa. - Ya basta de confesiones y lloros, yo he venido a follarte y aqui me dejas viendo una novela.

Milton se puso de pie en ese instante y mi esposa quedó a la altura justa del cierre de su pantalón. Aquel idiota tomó la cara de mi esposa y en señas le dio la instrucción de que bajara el cierre de su pantalón. Ella lo miró con decisión y ante mi asombro empezó a su labor. Pronto una polla ya firme se mostró frente al rostro de mi esposa. Ella sin cortarse la tomó entre sus manos y comenzó a menearsela, ante mi asombro y desdicha. En ese instante intenté tomar mi chaqueta e irme, pero Sofía me detuvo.

- Si te vas, Camila me obligará a follar con Milton.

- Ese fue el trato... de aquí mi hermanita no sale si no es con la boca llena de semen... Ya tu dirás si es el tuyo o el de Milton. - dijo mientras daba un amago de tragarse aquella polla justo en mis narices.

- Por mi hagan lo que quieran...

- Tu te lo pierdes... pero recuerda mi amor... cuando te llame tienes que volver... - dijo mi esposa mientras regresaba a ver aquella polla que pronto se iba a tragar. - ese es el trato.

- Ricardo... - dijo finalmente Sofía intentando algo más, pero yo estaba decidido.

Tomé una chaqueta y salí de mi casa, camino a ninguna parte. No quise regresar a ver, pero no pude evitarlo y tuve que hacerlo. Allí vi como Sofía se levantaba para mirarme y de reojo pude ver como aquella polla estaba lista para ingresar a la boca de mi esposa, que la esperaba hambrienta.