Xtories

Aquel verano 10

El bosque guarda secretos, pero esta vez los protagonistas no están solos. Mientras Mila y José exploran su deseo prohibido, dos miradas femeninas los siguen desde la sombra, encendiendo una chispa que promete más que simples fantasías.

WithoutShame16K vistas9.6· 43 votos
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Mila y José se internaron en el bosque, de nuevo estaban explorando como cuando eran pequeños, en cuanto estuvieron ellos dos solos todo volvió a fluir, enseguida estaban otra vez hablando sin parar y riéndose.

En cuanto Eva y Esther los vieron desaparecer entre los árboles, Esther se dirigió a Eva.

ESTHER- Tía, no hubiera pasado nada porque les acompañara.

EVA- ¿Tú has visto como se miran? Hay que dejarles solos, me parece a mí que lo que tienen entre ambos es más importante que un polvo, aunque sea uno con mi primo.

ESTHER- Claro como tú no quieres tirártelo te parece muy fácil. Vamos que tengo que dejar que me coman la tostada en mi cara.

EVA- A mí me parece que este es el verano de Mila, tenemos que dejar que se lance a vivir por primera vez.

ESTHER- O también puede ser el verano de José, según como lo mires. Por lo menos podríamos ir a ver que hacen.

A Eva la posibilidad de espiar a su primo le pareció muy tentadora, había descubierto cuanto le gustaba verle en acción, era un poquito inmoral pero no hacían daño a nadie, y por otra parte, se podía considerar un premio de consolación para Esther que estaba haciendo un sacrificio muy grande.

EVA- Venga, vaaaale, vamos a seguirles.

Haciendo el menor ruido posible las dos chicas se internaron en el bosque e intentaron seguir los pasos de Mila y José.

La pareja siguió andando ajena a todo, en cuanto estaban juntos se olvidaban del mundo. Mientras iban caminando por el bosque se encontraron un sitio de cuento, el suelo era una alfombra de musgo y los árboles tenían troncos enormes y retorcidos, José se quedó absorto mirándolos y pisó mal, sintió que se había torcido ligeramente el tobillo, se tiró al suelo y se puso a movilizarlo para comprobar si se había lesionado.

MILA-¿Te has hecho daño?

JOSÉ- Solo me he torcido un poco el tobillo.

MILA- Déjame que te lo mire, a ver como lo tienes.

José estiró la pierna y Mila se puso a desatarle la zapatilla con sumo cuidado, luego se la quitó muy despacio intentando no mover el tobillo de José. Él notaba que cada vez le dolía menos, vamos que no se había hecho nada, pero le estaban gustando tanto las atenciones de Mila que la dejó continuar. Ella comenzó a quitarle el calcetín con una delicadeza exquisita, José se dio cuenta de que se le abría un poco el escote al estar arrodillada agarrándole el pie y no pudo evitar quedarse mirándolo aunque no se veía nada más que el principio de su canalillo. A José le sorprendió lo sensual que le estaba pareciendo que Mila le quitase un calcetín, lo hacía con tanto cuidado que le encandilaba verla y sentirla. Mila terminó de sacar el calcetín y se puso a revisarle el tobillo para comprobar si había alguna lesión, cuando le iba a decir a José que le parecía que estaba perfectamente, se dio cuenta de que él estaba mirándole el escote.

MILA- ¿Me estás mirando el escote?

José se puso rojo y agacho la cabeza, Mila no se podía creer que después de todo lo que habían hecho siguiera sintiendo vergüenza por mirarla, era super tierno.

MILA- ¿Pero como puedes ser tan tonto? Sabes de sobra que estas tetas te pertenecen.

Mila se arrepintió de haber dicho eso, sintió que se había descubierto, pero ya era tarde.

JOSÉ- Pues no lo sabía, es la primera noticia que tengo al respecto.

Mila no sabía como arreglarlo, no había forma buena de arreglarlo, así que decidió tirar hacia delante en tono de broma.

MILA- Pues si, están a tú disposición cuando quieras.

JOSÉ-¿Ahhh, si? Entonces sí te pido que me las enseñes ¿Lo harías?

MILA- Pues claro.

JOSÉ- No me lo creo, te mueres de vergüenza antes de hacer eso.

MILA- Prueba y lo comprobamos.

Eva y Esther acababan de encontrarlos y se quedaron ocultas a una distancia prudencial, mirándolos.

José decidió vacilar un poco a Mila viendo el tono que estaba usando ella.

JOSÉ- Pues vamos a comprobarlo. Perdone señorita ¿Sería usted tan amable de mostrarme sus espléndidos senos?

Mila pensó que si daba ese paso era posible que no hubiera marcha atrás, pero la verdad es que le apetecía darlo, por una parte quería demostrarle a José que era capaz, sentía que había evolucionado muchísimo en los últimos días, y por otra parte le estaba gustando mucho poder mantener el rollito que se traían los dos, vacilándose un poquito, medio en broma medio en serio, a pesar de que fuera una situación sexual. Pensó que podía ser muy divertido y se lanzó a hacerlo.

MILA- Con mucho gusto caballero.

Para sorpresa de José, Mila se bajó los tirantes del vestido y le mostró el sujetador. A José le pareció tremendamente sensual, era la primera vez que la veía en sujetador, hasta ese momento la había visto en bikini o sin él, pero nunca en sujetador, nunca se hubiera imaginado que Mila llevase una ropa interior tan bonita, viendo como vestía habitualmente lo más normal es que llevase sujetadores de abuela. Mila se sonrojo un poco al ver como la miraba José, tenía que admitir que todavía le daba vergüenza, pero en cuanto vio como empezaba a crecerle la polla bajo los pantalones, le pareció que merecía la pena ruborizarse un poco. José vio como se sonrojaba el rostro de Mila y pensó que no se iba a atrever a dar el siguiente paso, pero aún así se daba por satisfecho, estaba preciosa cuando ponía esa cara de vergüenza.

MILA- Aunque sea terriblemente inapropiado marcar semejante bulto en los pantalones delante de una dama, voy a mostrarle lo que es suyo.

Mila se llevó las manos a la espalda, se desabrochó el sujetador y José se quedó embobado mirándole las tetas fijamente. A Mila le hizo mucha gracia el efecto que seguían teniendo en él.

MILA- ¿Que? ¿Me atrevía o no me atrevía?

JOSÉ- No me queda otra que aceptar mi error, pero me queda una duda... Si son mías... ¿Entonces puedo tocarlas?

MILA- Son completamente tuyas, puedes hacer con ellas lo que quieras. - Dijo mientras sacaba pecho orgullosa de cuánto le afectaban sus tetas.

Eva y Esther estaban observando toda la escena escondidas en la maleza a una distancia en la que les veían bastante bien pero era difícil distinguir lo que decían, Eva estaba impresionada por la evolución tan increible de Mila, y Esther estaba pensando que se estaba dejando comer la tostada por una tía que hasta hacía dos días no se atrevía a ir a la piscina para que no la vieran en bikini, algo había hecho mal.

José posó con suavidad sus manos sobre las tetas de Mila y la miró a los ojos, ella se quedó perdida en su mirada, prácticamente sin darse cuenta, los dos se dejaron llevar por la atracción que sentían y se fundieron en un beso tranquilo y profundo. José soltó los pechos y la abrazó, Mila le devolvió el abrazo y acabaron tumbados en el suelo besándose, los dos estaban relajados, sintiéndose tranquilamente, disfrutando del tacto y el calor de sus cuerpos, pero poco a poco, el roce de la erección de José en el cuerpo de Mila fue haciéndoles encenderse y, como no podía ser de otra manera, acabaron frotando sus sexos a través de la ropa. José veía como colgaban los pechos de Mila sobre él y volvió a tocarle las tetas, en poco tiempo, Mila estaba sobándole la polla sobre el pantalón.

MILA- Tienes una polla maravillosa.

JOSÉ- Te la regalo, considéralo una muestra de agradecimiento por darme tus pechos.

MILA- ¿Ahhh, siiii? Pues quiero desenvolver mi regalo.

JOSÉ- Es toda tuya, puedes hacer con ella lo que quieras, excepto aplastarla o clavarle cosas, la tienes que cuidar un poquito.

Mila se separó un poco de él y le quitó toda la ropa, después se terminó de quitar ella misma su vestido. A José le entraron unas ganas tremendas de verle las bragas, si eran igual de sensuales que el sujetador tenía que estar irresistible, pero como ella se mantenía sobre él no podía llegar a apreciarlas del todo, aunque por el trozo que quedaba expuesto a sus ojos diría que no le iban a decepcionar. Mila agarró su polla y se puso a acariciarla.

MILA- ¿Y como se cuida esto? ¿Hay que darle de comer algo especial? ¿La tengo que sacar a pasear?

JOSÉ- No es muy difícil, yo creo que tienes todas las cualidades necesarias para cuidarla bien. Con que le hagan un poco de caso se conforma.

MILA-¿Si? ¿No necesita que la acaricien un poco?

JOSÉ- Si, eso sí, es muy mimosa, hay que darle mucho cariño.

MILA- ¿Así le gusta que la acaricien?

JOSÉ- Si, es muy agradecida, en cuanto le haces un poco de caso se pone muy contenta.

MILA- Uy, ya veo, si que parece que le está gustando que le haga caso ¿Qué más le gusta?

JOSÉ- Le encanta la espeleología, sobre todo si las cuevas son calentitas y húmedas.

Sin soltar la polla de José, Mila se puso a horcajas sobre ella y comenzó a frotarla contra su vagina a través de las bragas. José por fin pudo verlas y superaron sus mejores expectativas, eran azul claro, a juego con el sujetador, hacían un contraste estupendo con el moreno de su piel, bastante pequeñas para ser unas bragas aunque mayores que cualquier tanga, solo un hilo de tela unía la parte delantera con la trasera y eran ligeramente transparentes. La polla de José palpitó solo con verlas.

MILA- Si que parece que le gustan mucho las cuevas, tiene pinta de que ha notado que por aquí hay una.

JOSÉ- Creo que esa es su cueva favorita.

MILA- Eso no me lo creo, con la cantidad de cuevas que habrá explorado es un poco raro que justo esta sea su favorita.

JOSÉ- Creo que puede demostrártelo cuando quieras. Vas a ver lo contenta que se pone si la dejas entrar.

MILA- Creo que va a ser mejor que primero la meta en otra cueva, así luego podré comparar.

Mila se movió para ponerse a cuatro patas entre las piernas de José y se llevo la polla hasta la boca, le miró a la cara y comenzó a pasar su lengua por ella, a José le derretía ver como le miraba mientras estaba sosteniendo su miembro y dándole lengüetazos como si fuera un helado.

MILA- Primero creo que es mejor que se acostumbre a la humedad, no vaya a ser que cuando se meta en la cueva le dé demasiada impresión.

José se movió hasta meter su cabeza bajo las piernas de Mila y dejar la cara a pocos centímetros de su sexo.

JOSÉ- Pues yo voy a explorar un poco esta cueva, no vaya a ser que sea demasiado profunda, es un poco tonta y con la emoción de que la dejen entrar puede que se meta demasiado y luego no sepa, o no quiera, salir, va ser un problema sacarla como le pase eso.

Casi le dolió apartar las bragas de Mila, estaba espectacular con ellas, pero lo tuvo que hacer si quería poder llegar con la lengua hasta su clítoris. Ambos se recrearon chupando y succionando sus sexos, ninguno de los dos podría decir si disfrutó más por las sensaciones que sentía en su entrepierna o viendo como disfrutaba el otro con lo que le hacía.

JOSÉ- Ummmm, yo creo que esa cueva le está gustando mucho, me ha mandado unos mensajes diciéndomelo, ummmm.

MILA- Pues a mi me están diciendo que a lo mejor deberías dejar de explorar esa otra cueva, ummm, por lo visto hay riesgo de que se inunde.

JOSÉ- Eso solo hace que sea más interesante, voy a tener que usar un equipo especial para poder explorarla bien.

José estaba agarrando al culo de Mila, le producía un morbo especial tocarlo con las braguitas que llevaba. Mientras seguía lamiéndole el clítoris comenzó a meterle uno de sus pulgares en la vagina al tiempo que le amasaba el trasero. Mila sacó la polla de su boca definitivamente, no fue que la sacara solo para hablar un poco, no, la sacó y arqueo toda la espalda debido al placer que le produjo sentir como ese dedo se introducía dentro de ella al tiempo que José le succionaba el clítoris con fuerza.

MILA- Ahhhh, José, en serio, ummm, como sigas así, ahhh, vas a conseguir que me corra, ahhhhh.

José no respondió, se limitó a seguir con lo que estaba haciendo y además le introdujo el otro pulgar.

MILA- ¡Ahhhhh! ¿Cómo puedes tocarme así de bien? ¡Ahhhhhh!

José continuó devorándole el clítoris y penetrándola con sus pulgares mientras oía como gemía, era música para sus oídos.

Mientras tanto Eva y Esther se estaban calentando observando la escena y no pudieron evitar comentarla entre susurros.

EVA- Joder que rápido ha aprendido Mila a comer pollas, yo creo que le ha gustado mucho a mi primo.

ESTHER- A mí no me parece raro, ha tenido una maestra excepcional. Me están poniendo a cien estos dos, tú haz lo que quieras pero yo voy a meter la mano en mis bragas.

Esther se desabrochó los pantaloncitos que llevaba e introdujo la mano por dentro de sus bragas, Eva podía ver como la movía mientras les miraba y decidió hacer lo mismo, ella también se desabrochó el pantalón, metió su mano hasta alcanzar su clítoris y comenzó a acariciárselo lentamente mientras veía como Mila comenzaba a retorcerse por culpa de la lengua de su primo.

Mila seguía con la polla de José en la mano pero apenas la movía, estaba plenamente concentrada en las sensaciones que le transmitían la boca y las manos de José a través de su sexo. José la oía gemir y notaba como cerraba la mano con fuerza sobre su polla cuando sentía las descargas de placer.

MILA- ¡Ahhhh! Me voy a correr ¡Ahhhh! Sigue, por favor, sigue ¡Ahhhhh!

MILA- Siiiii, ahí ¡Ahhhhh! Así, siiiiiii ¡Ahhhhhhhhhh!

José sintió que Mila apretaba fuerte su polla y comenzaba a correrse, se esforzó por darle todo el placer posible mientras ella disfrutaba de su orgasmo, hasta que, después de un gran gemido y de que se le contrajeran todos los músculos, sintió que el cuerpo de Mila se relajaba. Ella se dejó caer en el musgo y se quedó tumbada mirando al cielo mientras disfrutaba de la serenidad que sentía después de correrse. José se incorporó y se puso de rodillas entre las piernas de Mila, su miembro, completamente inflamado, quedó apuntando al sexo de Mila, tenía su preciosas braguitas movidas a un lado dejando ver parte de su vello púbico, sus labios estaban completamente expuestos y algo abiertos. Para José era una tentación tremenda, las mejillas sonrosadas por el orgasmo, los pechos aplastados por la gravedad y ese coñito asomando, eran mucho más de lo que José podía resistir.

JOSÉ- Hay una cosa que no te he contado, a veces se pone un poco caprichosa, ahora no para de insistirme para entrar en su cueva favorita.

MILA- Me parece a mí que la tienes un poco malcriada, le consientes demasiado, pero bueno ya la educaremos otro día.

José se inclinó sobre ella y la besó, sus lenguas se entrelazaron jugando entre ellas y Mila sintió como la polla de José se rozaba contra su sexo, abrió más las piernas y apretó su pelvis contra el miembro de José, frotándose más fuerte contra él.

MILA- Ven, vamos a darle el gusto, que se está poniendo muy pesada.

Volvió a fundirse en un beso con José, le agarró la polla para apuntarla a su entrada y se puso a restregarle el capullo por sus labios. José dejó que jugara con ella un poco y después movió su cadera haciendo que entrase ligeramente en su interior. Sintió el gemido de ella en su boca al notar como empezaba a introducirse suavemente. Él tenía la cabeza de Mila entre las manos mientras la besaba y fue sintiendo como cada gemido que ella daba al ir penetrándola más profundamente se ahogaba contra su boca.

Eva y Esther seguían masturbándose mientras miraban como Mila era penetrada. A Eva le estaba resultando super morboso espiarlos, además podía ver como la mano de Esther no paraba de moverse dentro de sus bragas, se había introducido la otra mano bajo la camiseta de tirantes y se estaba estrujando los pezones, para colmo, le parecían muy sensuales las caras de placer que ponía, eso la estaba excitando todavía más.

José se dedicó a follarse a Mila tranquilamente, le encantaba sentir cada centímetro de su vagina abriéndose y como gemía mientras la besaba, a veces llevaba una mano hasta sus pechos y se los acariciaba o estrujaba. Las penetraciones eran profundas pero lentas, Mila estaba en la gloria, no solo era el placer que sentía cada vez que la polla de José se introducía en ella hasta llegar a lo más hondo de su ser, es que se estaba sintiendo la mujer más querida y deseada de la tierra, si fuera por ella hubieran seguido así toda la vida, pero poco a poco se fue excitando más y más hasta acercarse de nuevo al orgasmo. Dejó de besar a José para hablarle.

MILA- ¡Ahhhh! José fóllame, fóllame fuerte ¡Ahhhh!

José la volvió a besar y la ignoró un poco, él también quería que ese momento durase eternamente, simplemente aumento ligeramente la fuerza de sus penetraciones, sobre todo cuando estaba a punto de terminar de metérsela, le daba un fuerte golpe de cadera, le encantaba como gemía cuando lo hacía, notaba que los suspiros provenían de lo más profundo del cuerpo de Mila.

Ella clavó sus dedos en el musgo para agarrarse al suelo, llevaba un rato al borde del clímax y José la mantenía ahí, sentía que con cualquiera de los golpes de cadera iba a estallar en un orgasmo enorme. José se dio cuenta de que no podía contener por más tiempo el orgasmo de Mila y se incorporó dejando de besarla, se tomó unos segundos para contemplarla, las bragas descolocadas permitían a su polla estar completamente introducida en ella, la respiración agitada hacía que sus pechos subieran y bajaran aceleradamente y ella le miraba con ansiedad esperando que la embistiese hasta hacerla correrse.

MILA- Por favor reviéntame, no me dejes así, fóllame con todo.

José se salió de su interior, le quitó las bragas, volvió a metérsela hasta el fondo, le estrujó sus pechos y comenzó a embestirla con ganas.

MILA- Siiiiiiiiiiiiii ¡Ahhhhh! Asiiii ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh!

José le pellizcó los pezones mientras seguía embistiéndola y Mila explotó con un gemido largo y profundo.

MILA- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Cuando José sintió las contracciones de la vagina sobre su polla, la agarró por las caderas y empezó a penetrarla con todas sus fuerzas.

Eva vio como Esther se apretaba fuerte una teta e imprimía un ritmo endiablado con la mano que tenía entre las piernas, estaba claro que se estaba corriendo, tenía la cara toda roja, el cuerpo arqueado y se mordía el labio con lujuria, la calentó muchísimo ver como su amiga se corría dándose placer a ella misma.

Mila había entrado en un orgasmo interminable y a José le estaba excitando infinito verla retorcerse de placer, le costó una barbaridad no correrse. En cuanto vio que Mila terminaba de convulsionar sacó su polla, si hubiera tenido que penetrarla un par de veces más no habría podido contenerse y habría eyaculado. Él quería alargar ese momento todo lo posible, no quería correrse y que se terminara la magia que estaba sintiendo, por primera vez tenía la sensación de estar haciendo el amor con Mila, con su amiga de toda la vida, no estaba follándose un cuerpo, estaba transmitiéndole todo lo que la quería, notaba una conexión super especial con ella, no había vergüenza, solo dos cuerpos y dos mentes disfrutando la una de las otra. El mero hecho de verla jadear después de su orgasmo le estaba pareciendo lo más bonito del mundo.

Mila no había terminado de recuperarse cuando vio como palpitaba sin parar la polla de José. Ella quería que él también disfrutase, se salió de debajo de José, se puso a cuatro patas y se metió su polla en la boca para empezar a hacerle una intensa mamada.

JOSÉ- Mila, noo, me voy a correr, para.

Mila no le hizo caso y siguió engullendo su polla todo lo profundo que podía hasta que sintió los primeros chorros de lefa entrar casi hasta la garganta, continuó comiéndosela con furia, le encantó sentir como José se corría en su boca, no la soltó hasta que no hubo conseguido que expulsase toda su carga, entonces se tumbó de nuevo en el musgo con restos de semen escurriéndole por los labios, se los limpió con la lengua y se dejó llevar por el intenso relax que sentía. José al verla tumbada se tumbó pegado a ella, de lado, metiendo el hombro bajo la axila de Mila, entrelazó las piernas con las de ella, coloco el miembro justo encima de su vello púbico y la abrazó.

Eva había seguido masturbándose frenéticamente mientras contemplaba como Mila le comía la polla a su primo, no sabía como lo haría pero tenía que conseguir disfrutar de nuevo las sensaciones que le producía tener esa polla en la boca, tenía unas ganas tremendas de comérsela, le excitó tanto ver como lo hacía Mila que había conseguido correrse a la vez que José le llenaba la boca de semen, eso la ponía infinito. Cuando vio como se tumbaban juntitos y se abrazaban le pareció super tierno, le encantaría que acabarán juntos, hacían una pareja estupenda.

Estuvieron un rato relajados sintiéndose, a Mila le hacía mucha gracia notar en su piel como la polla de José iba perdiendo consistencia lentamente. José estaba en el cielo, solo sentía a Mila, era como si estuvieran fundidos en un solo cuerpo, además tenía la cabeza prácticamente apoyada sobre el pecho de Mila y le encantaba sentir en la mejilla lo mullida que era su teta. Mila pensó que le iba a ser imposible separar el sexo de los sentimientos que tenía por José, estaba enamorada hasta las trancas, solo deseaba estar pegada a él para siempre. Se asustó e intentó aligerar las emociones que sentía vacilando un poco a José.

MILA- Me parece a mí que alguien está perdiendo su superpoder.

JOSÉ- ¿Que superpoder?

MILA- El de hacer que cualquier mujer tenga tropecientos orgasmos con tu polla antes de que tú te corras.

JOSÉ- Es que eres mi kryptonita.

Mila no sabía si lo decía en serio o él también la estaba vacilando, pero le hizo feliz oír eso, aún así tenía claro que no podía hacerse ilusiones. José había estirado la cabeza para responderla y en ese momento tenía el cuello de Mila frente a sus ojos, le pareció precioso y comenzó a darle besitos en él. A Mila le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo cuando sintió los labios de José besarla suavemente el cuello y se le endurecieron los pezones. José los vio y le surgieron algunas preguntas.

JOSÉ- Antes, cuando has dicho que tus tetas eran mías y que podía hacer con ellas lo que quisiera ¿Lo decías en serio?

A Mila le sorprendió un poco la pregunta pero no podía negar lo que para ella era evidente.

MILA- Si, son tuyas, son todas para ti.

JOSÉ- Entonces si te pido que me las enseñes en cualquier momento ¿Lo harías?

MILA- Si no hay más gente si.

José le acaricio suavemente una teta y se puso a jugar con sus dedos sobre el pezón endurecido, pasándolos casi sin rozarlo.

JOSÉ- Me encanta mi regalo, no me voy a cansar nunca de jugar con él.

Mila sintió como la polla de José comenzaba a hincharse de nuevo sobre su abdomen, le alucinaba la capacidad de recuperación que tenía, además, se estaba empalmado solo por haber visto como se le endurecían los pezones. Le encantaba sentir como iba creciendo mientras él seguía adorando sus pechos. Cuando, de nuevo, estuvo dura del todo, se la agarró y comenzó a subir y bajar lentamente su mano por ella.

MILA- Parece que la kryptonita no afecta a tu otro superpoder.

JOSÉ- ¿Cual es mi otro superpoder?

MILA- El de tu supervelocidad de recuperación.

JOSÉ- Creo que con ese también funciona, pero al revés, hace que me recupere más rápido.

MILA- ¿Y piensas volver a atacarme con ella?

JOSÉ- Solo si tú quieres ¿Ahora es tuya recuerdas?

MILA- Ummm, a mí también me encanta mi regalo, creo que te vas a arrepentir de habérmelo dado.

José llevó su boca hasta el pezón de Mila y se lo empezó a comer con parsimonia, ella puso su mano sobre la cabeza de José y le acarició el pelo, apretó más la mano alrededor de la polla de José y aumentó ligeramente el ritmo de la masturbación. José metió la mano entre las piernas de Mila y la acaricio lentamente el clítoris y los labios. Después de que ambos estuvieran un rato recreándose el sentido del tacto ella le agarró la cabeza y la dirigió hacia su boca para iniciar un profundo beso.

Siguieron besándose y magreándose un buen rato, los dos estaban encantados de poder disfrutarse con calma, ambos fueron calentándose a fuego lento hasta que José no pudo aguantarlo más, volvió a colocarse sobre Mila y mientras la miraba a la cara le dijo.

JOSÉ- Hay otra cosa que no te he contado, si le haces demasiado caso se pone un poco impertinente. Otra vez está deseando explorar tu cueva.

Mila le miró con una sonrisa, separó un poco más las piernas y según tenía agarrada la polla la dirigió hacia su entrada hasta introducir en ella el capullo.

MILA- Déjala, un día es un día.

José estrujó un pecho de Mila y se dejó caer sobre ella clavándosela a la vez que hundía la lengua en su boca.

MILA- ¡Ahhhhhh!

El gemido de Mila quedó de nuevo ahogado por la boca de José.

Eva y Esther seguían con atención lo que estaba sucediendo.

ESTHER- Se lo va a follar otra vez, esto ya me parece abusar, debería dejar algo para las demás.

EVA- Déjalos, son tan monos.

ESTHER- Si a mí también me encanta mirarlos, me ponen como una burra, pero tengo unas ganas de que tu primo me la meta hasta el fondo que no me aguanto.

EVA- Es su momento, se nota desde aquí que está pasando algo mágico entre ellos.

Después de estar un rato penetrando tranquilamente a Mila mientras la besaba, José separó su boca de la de Mila y comenzó a chuparle el lóbulo de la oreja, estaba disfrutando enormemente poder tener ese momento a solas con Mila, era completamente distinto a cualquier otra vez que hubiera follado, sentía una ternura infinita.

MILA- ¡Ahhhhh! Me encanta cada cosa que me haces ¡Ahhhhhh! Quiero que me enseñes todo tu repertorio ¡Ahhhhhh!

Ahora Mila estaba gimiéndole en la oreja, le ponía cardíaco oírla.

JOSÉ- Me muero de ganas de hacerte un traje de saliva, quiero comerte enterita.

MILA- ¡Ahhhhhh! Bufff, me mojo solo de imaginármelo ¡Ahhhhhh!

Se volvieron a besar y José fue aumentando la fuerza de sus penetraciones.

Eva sintió de nuevo el hormigueo en su entrepierna y miró a Esther, ella volvía a tener la mano dentro de las bragas, se quedó con la vista clavada viendo como se masturbaba, le resultaba extraordinariamente excitante mirarla mientras lo hacía. Esther se dio cuenta de como estaba mirándola.

ESTHER- ¿Qué pasa? ¿A ti no te vuelve a picar ahí?

EVA- Buff, si.

Esther la sonrió y movió la mano hasta posar la palma sobre la tripa de Eva, las dos chicas se miraron, Esther, mientras seguía masturbándose, fue bajando la mano hasta introducirla en las bragas de Eva, ella no supo como reaccionar mientras la mano de Esther seguía deslizándose por el interior de sus bragas hasta que notó como empezaba a acariciarla el clítoris. Eva sintió un latigazo de placer recorrerla y abrió más las piernas para facilitarle el trabajo. Esther la estaba masturbando y le estaba encantando, ambas chicas dejaron de mirarse y volvieron a prestar atención a lo que hacían José y Mila.

José continuaba follándose a Mila cada vez más intensamente, comenzaba a faltarle el aire y tuvo que dejar de besar a Mila. Se incorporó ligeramente y aprovechó la postura para penetrarla con más fuerza.

MILA- ¡Ahhhhhh! No puedo más ¡Ahhhhh! Me voy a correr otra vez ¡Ahhhhhh!

Viendo el estado de excitación en el que estaba Mila José se esforzó en embestirla con todas sus fuerzas.

MILA- ¡¡¡¡Ahhhhhhh!!!! Siiiiiiiiiiiiii ¡¡¡¡Ahhhhhhhh!!!! Dame fuerte ¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

A José le encantaba ver las caras que ponía mientras se corría, le excitaban muchísimo y le motivaban para empotrarla sin piedad, estuvo embistiéndola salvajemente hasta que terminó de correrse. Se quedó mirando como se hinchaba y deshinchaba su pecho mientras ambos recuperaban el aliento, entonces se echó sobre ella, la abrazó y la volvió a besar. Ella giró sobre si misma haciendo que José quedase debajo de ella todavía con la polla metida en su interior.

MILA- Ahora te vas a enterar, te voy a cabalgar hasta que eyacules como si fueras una fuente.

JOSÉ- Soy un muñeco en tus manos, puedes hacer conmigo lo que quieras.

Mila comenzó a cabalgarle lentamente y José quedó hipnotizado por sus tetas, ella se dio cuenta y se puso a pasárselas muy cerca de la cara mientras seguía moviendo su cadera para meterse y sacarse la polla. Él no se pudo resistir, cazó un pezón entre sus labios y empezó a succionarlo, ella sintió como la polla de José palpitaba en su interior. Él llevó una mano hasta el clítoris y se puso a masturbarlo mientras ella seguía cabalgándole. Mila cada vez notaba sensaciones más intensas, la boca en su pezón, la mano en su clítoris y la polla en su vagina la estaban volviendo loca. Se irguió, separando su pezón de la boca de José, y se puso a cabalgarle cada vez más rápidamente, sus pechos botaban descontroladamente y José no podía dejar de mirarlos, el empezó a mover la cadera al compas que marcaba Mila para aumentar la intensidad de las penetraciones.

MILA- ¡Ahhhhh! ¡Ahhhh! No puede ser, otra vez... ¡Ahhhh! Otra vez voy a correrme ¡Ahhhhh!

Mila se llevó las manos a la cabeza y se puso a cabalgar a José con todas sus fuerzas. Él no paraba de masajearle el clítoris y mover su cadera mientras miraba como se le bamboleaban los pechos, era una locura, se movían frenéticamente en todas direcciones y al tener los brazos levantados sus pezones apuntaban todavía más hacia arriba y hacían que sus pechos fueran aún más bonitos. Se esforzó por grabar esa imagen en su mente, ver como Mila gemía y se agarraba el pelo, mientras botaba con todas sus energías sobre su polla para clavársela una y otra vez, era lo más excitante que había visto en su vida.

MILA-¡Ahhhh! Me corroooo ¡Ahhhhhhhhhhh!

Mila botaba sobre José como si estuviera poseída pero él quiso darle más ritmo, soltó su clítoris, la agarró por la cintura y se puso a mover la cadera todo lo rápido y fuerte que podía, ella se dejó caer sobre él, eso hizo que hasta que terminó su orgasmo estuviera gimiéndole al oído. Cuando terminó de correrse José estaba excitadísimo pero dejó de moverse y esperó a que ella se recuperara. Mila se quedo pensando que lo que estaba viviendo estaba a años luz del mero placer físico, era algo más, aunque hubiera podido conseguir la misma intensidad en los orgasmos masturbándose prefería esto mil veces, sentía una conexión muy especial con José.

A Eva le estaba encantando la forma que tenía Esther de masturbarla, era difícil pedir más, poder observar como Mila y su primo follaban mientras Esther la acariciaba el clítoris era una pasada, además, podía mirar de vez en cuando como Esther se masturbaba a ella misma, que también era un espectáculo tremendamente excitante. La situación solo podría mejorar si además de todo eso le estuvieran metiendo una buena polla en la vagina. Justo cuando pensaba eso sintió como Esther le metía varios dedos, no pudo reprimir un ahogado gemido, Esther la miró y le metió los dedos más profundamente, Eva volvió a gemir, Esther le sonrió y luego giró la cabeza para volver a prestar atención a José y Mila mientras la seguía penetrando con sus dedos.

MILA- Bufff, ha sido brutal.

JOSÉ- Lo que es brutal es lo buena que estás, no te imaginas como me ha puesto verte botar sobre mí.

MILA- ¿Si? ¿Y que más te gustaría que hiciésemos? Yo ya estoy más que servida, así que pide lo que quieras que yo lo que quiero es que tú también disfrutes.

JOSÉ- Creo que no te haces a la idea de cuanto lo estoy disfrutando.

MILA- Venga, dime qué quieres que hagamos.

JOSÉ- Me da un poco de vergüenza decírtelo.

MILA- No me puedo creer que a estas alturas estés todavía así, venga dímelo que no me voy a asustar.

JOSÉ- Pues me gustaría follarte a lo perrito.

MILA- ¿Y eso te daba vergüenza decirme? Al final va a resultar que eres peor que yo, eres tan tonto que me dan ganas de hacerte sufrir un poco, voy a hacerte preguntas incomodas que me encanta tu cara de vergonzoso ¿Y por qué te gustaría follarme a cuatro patas?

JOSÉ- Joder, que cabrona eres, pero te lo voy a decir, me pone mucho tu culo y además tiene que ser un espectáculo ver como se te mueven las tetas mientras te cuelgan.

MILA- Te conformas con muy poco.

Mila descabalgo a José, notó como su polla salía de su interior y sintió que le faltaba algo, se puso a cuatro patas y él se quedó mirándola embelesado.

MILA- Venga ¿A qué esperas?

José salió de su ensimismamiento, se puso detrás de Mila de rodillas y apuntó la polla a su vagina, le introdujo solo el glande y antes de empezar a clavársela se regodeó tocándole el culo.

MILA- Me alucina que te guste mi trasero.

JOSÉ- Bufff, me pone a cien tenerte así.

José se aferró a sus caderas y comenzó a penetrarla, enseguida le estaba rebotando la pelvis contra sus nalgas y sus tetas bamboleándose con cada impacto.

MILA-¡Ahhhhh! Así la siento muchísimo ¡Ahhhh! Yo creo que te ha crecido ¡Ahhhhh!

José siguió embistiéndola con todas sus ganas mientras ella cada vez gemía más alto.

Esther empezaba a acercarse de nuevo al orgasmo y tenía unas ganas tremendas de pellizcarse los pezones pero tenía una mano ocupada en su sexo y la otra en el de Eva, así que decidió solucionarlo, dejó de masturbarse, sacó la mano de dentro de sus bragas, cogió la mano de Eva y la llevó hasta su entrepierna, Eva la miró extrañada pero le daba mucha curiosidad saber como sería masturbar a otra chica, además tenía un grado de excitación tal que ya le daba todo lo mismo. Metió la mano en las bragas de Esther, buscó el clítoris y comenzó a acariciarlo. Esther llevó la mano que por fin se le había quedado libre a sus pechos para estrujarlos.

ESTHER- Joder, le está dando una follada monumental, ya me gustaría a mí que un día me pillase y me empotrara de esa forma.

EVA- Buff, yo no sé cuánto voy a aguantar sin pedirle que me folle.

ESTHER- Ummmm, méteme un poco los dedos, ummm, si, así, quiero poder imaginarme que soy yo a la que se está follando.

A Eva le resultaba un poco raro estar introduciendo los dedos en una vagina que no era la suya pero le estaba gustando ver las caras de placer de Esther y además le encantaba lo que ella le estaba haciendo. Un profundo gemido de Mila las hizo volver a concentrar la atención en lo que estaba pasando un poco más allá. José estaba desbocado, estaba embistiendo a Mila con tal fuerza que ella no había podido aguantar la posición y tenía la cabeza pegada al musgo aunque mantenía el culo en pompa.

MILA- ¡¡¡Ahhhhhh!!! Reviéntame ¡¡¡Ahhhhhh!!! Siiii, dame ¡¡¡¡¡¡Ahhhh!!!!!!

Mila llevo las manos a sus nalgas y las separó, quería sentir la polla de José lo más profundo posible.

MILA-¡¡¡Ahhhh!!! Otra vez ¡¡Ahhh!! Me voy a correr otra vez ¡¡¡Ahhhhhhhhhh!!!

José se dejó caer sobre Mila, metió una mano en su entrepierna para masturbarla el clítoris y otra bajo sus pechos para estrujarlos con ganas mientras la seguía penetrando.

JOSÉ- Con que ya estabas servida ¿Ehhh?

MILA-¡¡¡Ahhhhh!!! No pares ¡¡¡Ahhhhh!!! Sigue ¡¡¡Ahhhhh!!! Me corrooooo ¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhh!!!!!

ESTHER-¡Uffff! Métemelos fuerte ¡Ahhhh! Yo también me corro ¡Ahhhhh! Dale ¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiii!!!

José no hubiera podido parar aunque se lo pidiera, él también estaba a punto de eyacular y continuó embistiéndola hasta que ella terminó de correrse. Está vez no la dejo descansar, quitó las manos de debajo de Mila, se salió de ella, le dio la vuelta dejándola boca arriba, le puso las piernas encima de sus hombros y se la volvió a meter hasta el fondo.

MILA- ¡¡¡¡¡Ahhhhh!!!! Dioooos, me vas a reventar ¡¡¡Ahhhh!!!

Esther ya había terminado de correrse, sentía que Eva estaba a punto y quería que tuviera un gran orgasmo, se colocó tras ella, la mano que no estaba ocupada masturbándola la llevó hasta los pechos de Eva y comenzó a estrujarle un pezón a través de la ropa.

José sujetó por los tobillos las piernas de Mila mientras la seguía empotrando, a ella ya no le quedaban fuerzas y dejó que sus piernas cayeran a los lados de su cuerpo quedando cada pie a un lado de su cabeza. José alucino con la flexibilidad que tenía, además en esa postura ella dejaba completamente sacado su sexo y él sentía que podía penetrarla más profundamente.

Esther se dio cuenta de cuanto excitaba a Eva transgredir el tabú del incesto, mientras la masturbaba enérgicamente y le estrujaba los pezones con saña, se puso a hablarle al oído.

ESTHER- Te pone ver como folla tu primo ¿Ehh? Estás encharcada. Te gustaría que te metiera ese pedazo de rabo, lo siento en tu coño, se muere de ganas de que tu primo lo reviente a pollazos.

Mila ya solo podía sentir placer, había perdido completamente el contacto con la realidad, sentía que la polla de José se le estaba clavando más profundo que nunca, no podía entender que después de tantos orgasmos siguiera en ese estado, otra vez se iba a correr, su vagina estaba hipersensible después de tanto trote y las sensaciones se le multiplicaban.

José se la estaba clavando con todas sus fuerzas mientras se aferraba a los tobillos de Mila manteniendo sus piernas abiertas a los lados de su cabeza, ella ya no gemía, estaba con la boca completamente abierta y los ojos cerrados con una mueca de placer increíble.

ESTHER- Te gustaría que tu primo te abriera como a Mila ¿Verdad? Que te abriera completamente las piernas y te la clavase hasta el fondo ¿A que si? Estás deseando que tu primo te reviente a pollazos, no lo niegues, tu coño lo está pidiendo a gritos.

Eva estalló en un orgasmo brutal y un segundo después estalló Mila, José seguía embistiéndola sin poder contenerse, ni siquiera consiguió aguantar hasta que Mila terminó de correrse, tuvo que sacársela y correrse sobre ella mientras Mila todavía tenía los últimos espasmos. A ella le encantó sentir como caía el semen sobre su cuerpo, era la prueba de cuanto había hecho disfrutar a José.

ESTHER- Síii, córrete viendo como tu primo la llena leche, te gustaría que todo ese semen fuera para ti ¿Verdad? Te gustaría que te eyaculara en la boca y poder tragártelo, lo sé, se te ve en la cara cuando lo miras.

José cayó rendido al lado de Mila, volvió a tumbarse de costado, pegado a ella, metió el hombro debajo de su axila y la abrazó, ni siquiera le importó pringarse con su propio semen que escurría por todo el cuerpo de Mila. Se quedaron unidos, jadeando y completamente felices. Después de un buen rato Mila empezó a salir de la nube y a recuperar la razón, en ese momento se empezó a hacer consciente de las consecuencias de lo que habían hecho, pensó que iba a tener que dejar de ver a José, le iba a ser imposible contenerse, solo podía pensar en besarle y fundirse con él, estaba totalmente enamorada y no sabía como iba a poder gestionarlo. José no estaba mucho mejor, no quería separarse jamás de Mila, le iba a ser imposible verla y no abrazarla hasta convertirse en un solo cuerpo, la miraba y sentía algo crecerle dentro hasta desbordarle, no podía seguir así, decidió que tenía que confesar y que Mila eligiese lo que le pareciese lo mejor para ella.

JOSÉ- Tengo que decirte algo.

MILA- ¿No será que tu cosita quiere volver a explorar mi cueva? No puedo más José, estoy exhausta, creo que no puedo ni levantarme, me tiembla todo el cuerpo.

JOSÉ- No, no es eso, me gustas Mila, me gustas mucho.

Mila pensó que no era posible que le estuviera diciendo eso, en todo caso se referiría a su cuerpo.

MILA- Gracias, a mí también me gusta mucho tu cuerpo.

JOSÉ- No es solo eso Mila, estoy enamorado, estoy enamorado de ti hasta las trancas, eres maravillosa.

Mila se quedó en shock, jamás pensó que eso pudiera pasar, tenía a todas las amigas de Bea detrás de él, algunas eran preciosas y además seguro que tenían más experiencia que ella en la cama, no podía entender que la eligiera a ella.

José veía que Mila no le respondía y creyó que estaba pensando como rechazarle sin herirle mucho. No podía culparla, debía pensar que era un crápula. Decidió ponérselo fácil, no quería que ella se sintiera incómoda.

JOSÉ- Entiendo que tú no quieras nada conmigo, no pasa nada, yo te voy a querer igual, pero voy a necesitar un tiempo sin verte, no creo que pueda mirarte sin...

MILA- Cállate tonto.

Mila le besó con pasión, él la abrazó con todo el amor que le desbordaba, se le estaban encharcado los ojos de felicidad plena, separó un instante su boca de la de Mila para mirarla a la cara, ella estaba igual, también tenía los ojos a punto de rebosar, volvió a besarla, no se podía creer que ella le correspondiera. Estuvieron un buen rato fundidos el uno con el otro hasta que José sintió la necesidad de dejarla claro que para él no habría ninguna más.

JOSÉ- Te quiero Mila, en cuanto vea a una mujer acercarse saldré corriendo, soy todo tuyo.

MILA- No, eso no puede ser. Yo me conformo con que me hagas caso cuando lo necesite, no creo que sea más de una vez al día, y si me tratas como esta vez, seré la mujer más feliz del mundo. Tú tienes cuerda para mucho más, no me sentiría bien sabiendo que te estoy desperdiciando, sé que a ninguna la vas a tratar como a mí, puedes acostarte con quien quieras, no te voy a poner trabas, además Esther me mataría si lo hiciera y las amigas de tu prima me iban a odiar para siempre.

JOSÉ- A mí me basta contigo.

MILA- Que no, que no me parece bien acapararte, que quiero que seas libre, o me prometes que no te vas a cortar con el resto de mujeres o no podré salir contigo. Soy muy feliz sabiendo que me quieres, no necesito atarte.

José la miró incrédulo, era la mujer más increíble de la tierra, si no estuviera totalmente enamorado de ella se enamoraría en este instante, no pudo hacer otra cosa que volverla a besar.

Tardaron muchísimo en despegarse, cuando se dieron cuenta decidieron volver, llevaban tanto tiempo 'explorando el bosque' que era posible que ya les estuvieran buscando. Se vistieron y emprendieron el camino de regreso, José se sentía flotar y Mila, a pesar de que le temblaba todo el cuerpo, seguía en una nube. Hicieron todo el camino dados de la mano, en cuanto se miraban los dos ponían cara de imbéciles y tenían que parar cada dos por tres para besarse.

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