Xtories

La isla 9/24

Elena cree que José es un monstruo, pero las demás mujeres saben que es su perdición. Cuando Cristina, la esposa fiel, descubre el secreto detrás de la sonrisa angelical de su prima, la tentación se vuelve insoportable y la moral se desmorona con cada gemido.

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En cuanto Berta y Viviana vieron la cara de Lorena supieron que algo había pasado, incluso Fabiola sospechó que no habían utilizado todo el tiempo en recoger ostras, pero no tuvieron oportunidad de lanzar algunas indirectas porque Lorena y José se apresuraron a mostrarles el resultado de su expedición y todas se pusieron contentísimas, habían traído las mochilas a rebosar y aquello prometía convertirse en un gran festín.

FABIOLA- Esperad un poco ¿Qué os parece si vamos con Elena y ya de paso comemos con ella? A ver si con la tripa llena le mejora el carácter.

VIVIANA- Perfecto, va a flipar con el menú de hoy, si eso no la alegra yo no sé que más intentar.

LORENA- A mí me da igual donde comer, pero vamos a hacerlo ya, que la excursión me ha abierto el apetito y además estoy deseando probar esas ostras.

CRISTINA- Yo creo que deberíais poneros los sujetadores, intuyo que a Elena no le va a parecer nada bien que estéis así delante de José, es capaz de llamaros de todo antes de que tengamos la oportunidad de enseñarle todo lo que hemos traído para comer.

BERTA- Hay que joderse, no solo la alimentamos sino que también tenemos que vestirnos para la ocasión.

LORENA- Venga, no nos cuesta nada y así evitamos problemas innecesarios.

Aceptaron ponerse la parte de arriba, recogieron las toallas y las mochilas con comida y se fueron al campamento de Lorena. José agradeció que las mujeres se tapasen, se había quedado muy susceptible después de no haber podido terminar como a él le hubiese gustado el encuentro con Lorena y temía que en cualquier momento su polla le metiera en una situación comprometida delante de todas, además había dos desconocidas y no era plan de que se llevasen la impresión de que estaba salido perdido aunque fuese cierto.

FABIOLA- Holaaa, venimos a comer contigo.

ELENA- Ya sabía yo que no habíais venido solo a visitarnos, pues no tenemos comida para todos así que si queréis comer os podéis ir a vuestro campamento ¿No decías que ahí había de todo?

VIVIANA- No empecemos que te mandamos a la mierda y te quedas aquí tú sola.

FABIOLA- No te preocupes Elena que no hemos venido a comernos vuestra comida, hemos traído la nuestra y además también tenemos para vosotras.

ISABEL- Chicas, poner las toallas aquí, que más o menos cabemos todos.

Mientras colocaban las toallas donde les había indicado Isabel, José se dio cuenta por primera vez que Elena tenía unos pechos tremendos, Isabel también los tenía bastante generosos pero los de Elena eran espectaculares, además llevaba puesta una camiseta de tirantes sin sujetador que los convertía en una tentación muy difícil de ignorar. No es que él fuese muy fan de las tetas grandes, de hecho las prefería de un tamaño más bien mediano tirando a pequeño, pero en la variedad está el gusto y esos senos le estaban pidiendo a gritos que los amasase. José trató de ignorarlos, no era plan de que Elena le pillase mirándoselos, con la mala leche que tenía seguro que le echaba una buena bronca, además tal y como estaba de caliente era capaz de empalmarse viéndolos aunque estuvieran tapados por una camiseta.

Cuando terminaron de colocar las toallas comprobaron que cabían todos aunque tuviesen que estar un poco apretados, lo bueno era que estaban a la sombra. Viviana se puso a repartir la comida que había envuelto en grandes hojas para hacer raciones individuales mientras José se ponía a abrir las ostras. Elena no pudo más que avergonzarse de su actitud, habían traído también raciones para ellas envueltas en sus hojas con todo el cariño del mundo.

VIVIANA- A ver si os gusta lo que he preparado, he tenido que innovar un poco para que pudiésemos transportarlo.

Cuando abrieron sus paquetitos individuales se encontraron una especie de fajitas.

CRISTINA- Y también tenemos estos bichitos tan monos. -Dijo sacando los grandes cangrejos que habían capturado y cocido esa mañana.

Isabel estaba alucinando y se dispuso a hincarle el diente a su primera fajita, estaba hasta las narices de comer de lata.

LORENA- Espera un poco que José todavía no ha terminado de abrir las ostras y ese debería ser el aperitivo.

ELENA- ¿Pero también tenéis ostras?

ISABEL- Si, y las han cogido aquí al lado, en las rocas que hay al final de la playa.

JOSÉ- Lo siento chicas, voy a tardar un poco en abrirlas, que no tengo mucha práctica y no es fácil.

LORENA- Trae que te ayudo, que yo he abierto unas cuantas y más o menos sé como va.

ISABEL- Joe que banquete, si no fuera porque no tenemos abridor sacaba unas botellas de vino que tenemos.

JOSÉ- Si que tenéis, lo saqué yo de vuestro barco, pensé que quizá algún día sirviese para algo.

ISABEL- Entonces tiene que estar en el montón de los trastos inútiles, ahí es donde pusimos casi todo lo que sacaste, voy a buscarlo.

A pesar de estar concentrado en abrir las ostras, José pudo ver como se agachaba Isabel para buscar en un montón de cosas descolocadas y se dio cuenta de que esa mujer tenía el trasero más grande de todo el grupo. Pensó que igual era porque se había quedado a medias con Lorena, pero le pareció terriblemente atractivo y sintió que su polla estaba deseando colarse entre ese par de generosas nalgas. Intentó volver a concentrarse en las ostras porque sabía que cualquier mínima distracción podía hacer que su miembro tratase de dejarle en evidencia.

ISABEL- ¡Toma! ¡Lo encontré! Voy a por el vino.

En un momentito tenían las botellas sobre las toallas e Isabel estaba terminando de traer los vasos. Cada vez que dejaba algo sobre las toallas José podía ver como le colgaban los pechos dentro del bikini y le quedó claro que la naturaleza no solo había sido generosa con sus nalgas, también tenía un buen par de pechos dignos de ser devorados. De nuevo sintió que su miembro le incitaba a quedarse absorto mirando pero volvió a recurrir a su capacidad de concentración para evitar dar un espectáculo. Elena se estaba poniendo negra, se había dado cuenta perfectamente de cómo José miraba a Isabel y también de que no dejaba de echarle vistazos a sus tetas, eso de por si ya la cabreaba, pero es que además le parecía que estaba todo el rato empalmado, aunque lo que mas la incomodaba era que notaba como se mojaba su sexo solo con ver la silueta de su polla en el bañador, eso sí que la enfadaba aunque fuera consigo misma, no podía entender que sintiese esa atracción por un hombre después de lo que le habían hecho.

ISABEL- Igual los vasos saben un poco a sal, es que los fregamos en el mar, no tenemos otro sitio.

BERTA- Me da lo mismo, vamos a brindar por los reencuentros.

VIVIANA- Y por los nuevos amigos. - Dijo mirando a José.

Todos levantaron sus vasos y bebieron, después se dispusieron a dar cuenta de las ostras que entre Lorena y José habían conseguido terminar de abrir.

LORENA- Joe que buenas están, es el mejor picnic playero de mi vida, me siento como si fuera millonaria en mi isla privada.

Después de comerse unas cuantas ostras regadas con vino siguieron con las fajitas de Viviana.

ISABEL- Joe, esto también está muy bueno ¿Qué lleva?

VIVIANA- Pues carne de a saber que, bayas variadas y unas hojas que también nos comemos aunque no sepamos que son, jajaja.

CRISTINA- Es verdad que te ha quedado muy bueno.

ISABEL- Y los cangrejos estos regordos ¿Cómo los cogéis?

JOSÉ- Con unas nasas que dejamos en el mar, de verdad que esta isla es super generosa con nosotros.

ELENA- Pues yo estoy hasta los mismísimos de ella.

LORENA- Porque eres una cabezona y no te quieres subir.

ISABEL- Yo creo que nos podíamos ir con ellos, aquí no estamos bien.

ELENA- Eso ya lo hablaremos tú y yo en otro momento.

BERTA- Pero si ahora es el momento perfecto, estamos todos aquí y podemos ayudaros a llevar el colchón y el resto de cosas.

ELENA- Hoy no nos vamos a ir de ninguna manera.

FABIOLA- ¿Pero como eres así? Esto ya es por puro orgullo, está claro que se está infinitamente mejor arriba.

ELENA- Pues si también estáis ahí ¿Por qué habéis venido?

LORENA- Pues para ver como estabais y para tomarnos un día de descanso en la playa.

ELENA- Y para restregarnos por la cara vuestra comida, a mí no me vais a convencer aunque tengáis montado un restaurante con estrella Michelin allí arriba.

FABIOLA- Yo no entiendo que te pasa, primero que si José era un asesino en serie y ahora ¿Qué? ¿Cuál es tu excusa para no subir?

José se quedó de piedra al oír eso, no creía haber dado motivos para que nadie pensase tal cosa de él.

ELENA- Igual está esperando a que estemos todas allí para hacernos a saber que cosa. De momento tengo muy claro que está salido perdido, lleva toda la comida echando unas miraditas a mis tetas que me están poniendo negra, no le he dicho cuatro cosas porque estáis vosotras y no quería montar un escándalo, pero si por mí fuera ya lo habría echado a patadas. La que no entiende que os pasa soy yo, si es que es obvio que es un depravado, a Isa también le ha estado mirando el culo y encima lleva todo el rato que hemos estado aquí empalmado, no sé como soportáis a un tío así todos los días.

Isabel sintió cierto orgullo al enterarse de que José le había mirado el culo, siempre había tenido cierto complejo porque lo tenía muy gordo y que ese hombre se lo mirase estando rodeado de tantas mujeres bonitas la halagaba bastante.

José miró hacia su entrepierna y comprobó que no tenía una erección, un poco morcillona si que estaba, pero de ahí a que le acusasen de estar empalmado...

LORENA- Es culpa mía, antes cuando hemos ido a por las ostras hemos estado haciendo cosas y le he dejado a medias, seguramente está así por eso.

Berta y Viviana sonrieron, acaban de corroborar lo que ya sospechaban, Cristina pensó que al final todas se lo iban a tirar menos ella y le tocó un poco las narices estar casada, si lo llega a saber todo lo que sus amigas le habían contado el día anterior se hubiera divorciado antes de venir y en ese momento sería libre para dejarse llevar. Fabiola pensó que esté hombre no tenía remedio, en cuanto alguna se le insinuaba un poco caía, aunque tenía que admitir que él tampoco tenía ningún motivo para cortarse, era un hombre libre y podía hacer lo que le apeteciese.

ELENA-¡¿Qué?! ¿Te has tirado a este asqueroso? Tienes que estar muy desesperada para haber hecho eso.

VIVIANA- Oye, para el carro, José no es ningún asqueroso, igual la asquerosa eres tú, además con esos melones que tienes y esa camiseta, hasta a mí me cuesta no mirarte las tetas.

ELENA- ¿Qué pasa tú también te lo quieres tirar? No me extraña que no os molesten sus miraditas, estáis todas más salidas que el pico de una mesa.

VIVIANA- Para tú información, yo ya me lo tirado y te aseguro que estoy muy feliz de haberlo hecho. A ti lo que te pasa es que eres una reprimida y quieres amargarnos a todas.

José estaba en medio de una guerra de mujeres, era algo que le aterraba y siempre había tratado de evitar, así que se quedó callado y esperó a que pasase el temporal.

ELENA- Joder, si ya sabía yo que eras una guarra sedienta de polla disfrazada de modosita. Ya me pareció raro que te fueses con él el primer día, en cuanto viste un hombre saliste detrás de él como una perra en celo.

VIVIANA- Me fui porque no te aguantaba más y cada vez que te veo estoy más segura de que hice lo correcto.

FABIOLA- A ver chicas, vamos a bajar un poco el tono, que esto se nos está yendo de las manos. Aquí somos todos adultos y cada uno puede hacer lo que quiera, no hace falta ser un salido para que te atraigan las mujeres ni una guarra para para acostarse con un tío, así que vamos a respetar lo que hace cada uno sin ponernos a juzgar tan alegremente. Por otro lado tenemos que entender que Elena igual no está en su mejor momento y por eso dice cosas que a lo mejor no piensa.

BERTA- Pues igual debería pensar un poco antes de hablar porque a mí también se me están hinchando las narices. Que ella le tenga asco a los hombres porque su marido se la pegó con su mejor amiga no es nuestra culpa ni la de José.

ELENA- Es que son todos iguales, no se salva ni uno, ven unas tetas y pierden la razón. Vamos que por mí como si os lo folláis todas a la vez, seguro que él está encantado, así con un poco de suerte evitáis que os viole.

LORENA- Joder Elena, es que lo pones muy difícil, dan ganas de no dejarte venir a nuestro campamento aunque lo pidas suplicando.

ELENA- No te preocupes que eso no va a pasar, antes me pudro comiendo cocos en esta playa de mierda que subir a vivir con ese depravado y tener que soportar ver como babea mirando tetas y culos.

FABIOLA- Mira, yo creo que lo mejor es que nos subamos ya a nuestro campamento, así no vamos a llegar a ninguna parte. Cogemos las cosas que necesitemos y nos vamos, ya hemos aguantado bastante.

VIVIANA- Me parece lo mejor porque como suelte otra estupidez más, igual la tiro de los pelos. Ahhh, se me olvidaba, toma tu postre - Viviana le tiró a Elena, con desprecio, una fruta de nombre indeterminado- a ver si eso te endulza un poco y te quita el amargor ese que tienes.

Todos menos Isabel y Elena se levantaron de las toallas y se pusieron a recoger en silencio, el ambiente era tan tenso que nadie se atrevía a abrir la boca.

FABIOLA- Isa, tú si quieres te puedes venir y te ayudamos con tus cosas, no te preocupes por lo de dormir, si hace falta te hacemos un sitio en nuestra cama, pero vamos que ese colchón es tan tuyo como de Elena y en todo caso habría que echarlo a suertes.

ELENA- ¿Qué pasa? ¿A mí ya no me invitas a ir? ¿Piensas que os voy a fastidiar el puterío que os traéis ahí arriba o qué?

FABIOLA- No te invito a subir porque después de lo que has dicho de José, y teniendo en cuenta que el campamento de arriba lo ha hecho prácticamente entero él, creo que antes de dejarte entrar tenemos que hablar con él, entendería perfectamente que no quiera vivir con alguien como tú.

ELENA- Pues entonces estaríamos igual y por lo menos nos pareceríamos en algo.

FABIOLA- Bueno Isa ¿Te vienes?

ISABEL- No, pero muchas gracias

Cuando terminaron de recoger las cosas Fabiola miró a José, que había estado callado todo el tiempo, y pensó que tenía una paciencia infinita.

FABIOLA- Oye José, tenemos que ver lo que nos llevamos ¿Has visto algo que necesitemos?

ELENA- Este es nuestro campamento y de aquí no podéis llevaros nada.

VIVIANA- A ver guapa, lo que hay aquí es igual nuestro que tuyo y además nosotras somos más, así que tenemos derecho a llevarnos cinco de cada siete cosas.

ELENA- A eso habéis venido ¿No? A restregarnos vuestra comida y a desvalijarnos.

BERTA- Mira tía, que te aguante tu padre, cuando recuperes la cordura hablamos. Anda José, vamos a ver qué nos llevamos.

JOSÉ- Si son tonterías, las latas vacías que hay por todos lados nos vienen fenomenal para sacar la resina de los árboles para las velas y como recipientes para almacenar comida, las garrafas vacías nos valen para hacer otra ducha o incluso dos, bueno y muchas cosas más. También estaría bien llevarse el papel y el boli porque no tenemos nada para apuntar y seria estupendo poder hacer un mapa según vayamos explorando la isla. Ahh, las bandejas del horno y algo de vajilla que estamos muy justos, como se nos rompa un plato o un vaso vamos a tener que compartirlos o hacernos unos de madera.

LORENA- Bueno y para que cuando venga Isa también pueda comer. - Eso lo dijo con cierto recochineo para picar a Elena.

JOSÉ- Sí, también por si se deciden a subir.

BERTA- También nos podíamos llevar el vino.

ELENA- Me parece fenomenal que si el señor tiene síndrome de Diógenes se lleve toda nuestra basura, pero el vino si que no, ahora que tenemos abridor pensamos bebérnoslo.

BERTA- El vino lo compré yo, así que es mío y me lo llevo donde me da la gana.

ELENA- Venga, pues llévate tu vino, así cuando os emborrachéis le será más fácil violaros a todas.

LORENA- Joder tía estás fatal.

Al terminar de coger las cosas se fueron de mal humor, Isabel les acompaño un poco para poder hablar con ellas y calmar las cosas.

ISABEL- Bueno chicas, aquí os dejo, no se lo tengáis en cuenta, entre que se quedó muy traumatizada con su divorcio y que se siente muy culpable porque hayamos acabado varadas en esta isla, esta un poco rara, confío en que se le acabe pasando y todo vuelva a la normalidad.

LORENA- Si a mí me parece muy bien que gestione como quiera sus mierdas, pero nosotras no tenemos porque aguantarla y tú tampoco, ya lo sabes, te puedes venir cuando quieras.

ISABEL- Muchas gracias chicas, me ha hecho mucha ilusión que nos visitéis aunque al final haya acabado así la cosa.

FABIOLA- Venga, un beso, a ver si consigues que recupere la cordura.

Cuando Isabel volvió a su campamento se encontró a Elena llorando y fue a consolarla.

- Venga Elena, que son tus amigas de toda la vida, seguro que lo podemos arreglar.

- Es que no se dan cuenta de que solo quiero ayudarlas, ese malnacido las está utilizando, solo las quiere para follárselas.

- Elena, no todos los hombres son como tu ex, a este no le conoces y parece buena gente.

- Buena gente por mis cojones, las ha puesto a todas en contra mía.

- Pero si el pobre no ha dicho nada.

- Estoy segura de que les ha comido la cabeza antes de venir.

- Venga, relájate un poco y luego hablamos tranquilamente.

Durante el camino de vuelta fueron llenando el espacio que les quedaba en las mochilas con cocos y cuando llegaron se fueron a cambiar de ropa.

En cuanto José y Viviana entraron en su cabaña ella se desnudó por completo para quitarse el bikini y José se quedó mirándola.

- ¿No te cansas de verme desnuda?

- Eso es imposible.

Viviana se fijó en que la polla de José estaba creciendo a pasos agigantados y sintió que sus instintos la empujaban hacia él.

- Me parece que voy a tener que terminar lo que Lorena ha dejado a medias.

- Buff, la verdad es que llevo un día complicado.

Viviana se arrodilló delante José, le quitó el bañador y comenzó a chuparle la polla. Entre la visión de su cuerpo desnudo, su habilidad con la boca y lo sensible que estaba, fue cuestión de segundos que José se empalmase completamente. La forma en que José tenía clavada la vista en su anatomía estaba terminando de calentar a Viviana y además tenía la polla en su punto, estaba gozando metiéndose esa barra de carne dura como el hierro hasta la garganta. Viviana puso la mano sobre su sexo dispuesta a mostrarle a José como se masturbaba para motivarle aún más cuando oyeron que le llamaban desde fuera.

- ¡Joseeeé! ¿Dónde dejamos los cocos?

- En cualquier sitio, luego les hago un cesto.

Viviana se esmeró en la mamada viendo que no les iban a dejar tranquilos mucho tiempo mientras se aseguraba de que José viese como empezaba a frotar su clítoris.

- ¡Joseeeeé! ¿Vas a tardar mucho? Es que el horno nuevo ya está seco.

- Joder ¡Voy! Lo siento, es que así es imposible.

José se vistió en un santiamén y salió de la cabaña dispuesto a organizar un poco las cosas. Lo primero que hizo fue ir al horno.

JOSÉ- Lo que hay que hacer es muy sencillo, ponemos la piedra esta sobre la base y luego, con mucho cuidado, separamos la cúpula de la estructura de madera que le pusimos para sostenerla y la ponemos encima, rellenamos con barro los agujeros que queden entre cada cosa y metemos fuego para que el barro se vaya endureciendo ¿Creéis que podéis hacerlo solas?

BERTA- Si, si, tú tranquilo.

Berta dio gracias de que las instrucciones fuesen así de sencillas, con la tremenda erección que lucía José le había costado un infierno atender a cualquier cosa que no fuese su polla.

Luego vio que Fabiola ya estaba haciendo un cesto para los cocos y se quedó tranquilo, pero pensó que Elena e Isabel no tardarían en ir a vivir ahí y le volvió a entrar el agobio.

JOSÉ- ¿Os importa si os dejo aquí haciendo las cosas y me voy a recoger cañas?

LORENA- ¿Pero qué quieres hacer ahora?

JOSÉ- Amueblar la habitación de estas dos.

BERTA- Pero si no van a venir, a Elena ya la has oído e Isa va a tardar días, eso si se decide a subir finalmente.

JOSÉ- No creo, las he visto muy al límite, aparte de que están reventadas a picotazos, que eso desquicia a cualquiera, no les queda casi agua, tienen poca comida y el primer día que llueva se les empapa todo y no pueden ni usar el colchón. Desde que habéis venido ha hecho un tiempo estupendo pero eso no es lo normal, aquí llueve cada dos por tres y ya está tardando mucho. Vamos que en todo caso pasado mañana las tenemos aquí, eso si no llueve antes.

FABIOLA- ¿Y a ti no te importa que venga Elena después de como te ha tratado?

JOSÉ- A ver, vuestra amiga tiene un problema muy serio conmigo y puede ser que con todos los hombres, no va a ser fácil convivir con ella, pero somos náufragos, parece que a veces se os olvida, y como no nos ayudemos entre nosotros estamos perdidos.

CRISTINA- Bueno, tú sobreviviste solo un montón de tiempo.

JOSÉ- Porque esta isla es increíble, pero a vuestra amiga como la dejemos sola no dura ni una semana.

LORENA- Resumiendo, que no te vamos a convencer de que dejemos para mañana lo de ir a por las cañas ¿No?

JOSÉ- Exacto, jajaja.

LORENA- Venga, pues te acompaño, a ver si así terminamos antes.

Todas se miraron sospechando que ese gesto de Lorena no era completamente altruista.

Cuando estaban llegando al lugar donde recogían las cañas Lorena decidió que tenía que pedirle perdón a José por haberle dejado a medias.

- Oye, siento mucho lo de esta mañana.

- No te preocupes, son cosas que pasan.

- Es que me siento fatal, por mi culpa se ha montado el lío luego con Elena, si no te hubiera dejado a medias no habrías mirado a Elena y no hubiese pasado nada.

- No sé si hubiese podido evitar mirarla, tiene unas tetas que...

- Igualmente, antes te he dicho que te iba a compensar y quiero hacerlo ahora, que me parece que estás a la que salta desde que lo hicimos está mañana. Sin ir más lejos has salido de la cabaña con una erección tremenda, seguro que ha sido simplemente por ver a Viviana cambiarse.

- Un poco alterado si que estoy la verdad.

- Pues ven aquí que voy a hacer que te relajes.

Lorena se arrodilló frente a él, descubrió su miembro que seguía morcillón y se lo metió en la boca. José pensó que este grupo de mujeres si que sabía como cuidarle y la dejó hacer.

- Lorena ¿Te importaría dejar que te viese las tetas otra vez? Es que antes me han gustado mucho.

A Lorena le hizo hasta ilusión que José mostrase tanto interés por sus pechos, a ella le parecía que los tenía muy bonitos aunque fuesen pequeños, pero rara vez llamaban la atención de los hombres. Le miró sin sacársela de la boca y se dispuso a complacerle. Dejó caer un tirante del vestido que llevaba hasta que apareció uno de sus pechos ante la vista de José. A ella le gustó mucho sentir como se iba endureciendo en su boca y dejó caer el otro tirante mientras seguía mirándole, la excitaba ver la mirada de José clavada en sus pechos mientras notaba cuanto le gustaban por la forma en que le crecía la polla, podía estar absolutamente segura de que esa parte de José sí que era completamente sincera.

- Ummm, las tienes preciosas.

José alargó la mano y le sobó uno de sus pechos.

Mientras tanto las chicas habían terminado de colocar el nuevo horno y ya solo faltaba poner barro para tapar las juntas.

CRISTINA- Venga, voy yo a por barro que sé dónde se coge.

BERTA- Vale, yo voy metiendo leña para que cuando lo tengamos solo haya que encenderlo.

Según iba río arriba para ir a por barro, Cristina vio a José muy cerca del lugar donde recogían las cañas y fue a ver como les iba, pero en cuanto descubrió que Lorena estaba de rodillas frente a él, se paró en seco y se escondió con cuidado para observarles, le estaba cogiendo gustillo a eso del espionaje. Desde su escondite pudo ver que su amiga estaba de rodillas frente a José, con una teta fuera y esforzándose por tragarse la polla de José al tiempo que le miraba a la cara. Le dio un envidia tremenda su amiga, no solo es que se la viese gozando metiéndose ese pollón en la boca, es que además José le estaba mirando las tetas con una cara que dejaba muy claro que las deseaba con locura a pesar de que ella solo las tenía un poco más grandes que las suyas.

No le extrañó nada en absoluto que Lorena estuviera atenta a la cara de José, a ella también le encantaba cuando la miraba así, esa forma de mirar que tan bien transmitía el deseo que lo embargaba, la hacía sentirse poderosa y la excitaba tremendamente a la vez cuando era ella su objetivo, la derretiría que le mirase así sus pequeñas tetas. Lo siguiente que vio es que su amiga descubría su otro seno mientras seguía con los ojos fijos en la cara de José, a esa distancia no podía estar segura, sobre todo porque un buen trozo de la polla de José permanecía dentro de la boca de Lorena, pero le pareció ver que palpitaba. De nuevo se imaginó lo que tendría que ser notar como esa inmensa polla se estremecía dentro de su boca, incluso como sería percibirlo en su garganta. Inmediatamente sintió que su sexo empezaba a picarle exageradamente y se convertía en una fuente, sin planteárselo siquiera deslizó la mano por su muslo desplazando hacía arriba la falda de su vestido hasta acariciar su sexo por encima de la tela de las bragas para después deslizar la mano dentro de ellas y comenzar una tranquila masturbación.

Lo siguiente que vio fue que José alargaba la mano para sobar uno de los pechos de Lorena, ella pasó suavemente la otra mano por su vientre hasta llegar a una de sus tetas y estrujársela. Cristina solo podía pensar en ocupar el lugar de su amiga y así poder disfrutar de la polla y las miradas de José, la mano de su sexo cada vez iba cogiendo más ritmo y la otra la llevó hasta su pecho para apretárselo con fuerza.

Mientras estaba de rodillas con la polla en la boca, Lorena su subió la falda y abrió algo más las piernas para mostrarle su ropa interior a José, eso hizo que la atención de José se desplazase inmediatamente desde sus pechos a su entrepierna que en ese momento estaba cubierta únicamente por un pequeño tanga transparente de color negro. Esa prenda permitía ver prácticamente sin ningún obstáculo el vello de su sexo. La forma que tenía José de mirar la entrepierna de Lorena llevó a Cristina a recordar cómo el día anterior el objetivo de sus ojos eran sus propias bragas, por puro instinto se clavo los dedos y tuvo que morderse los labios para que no se oyera su gemido.

Después vio como Lorena introducía la mano por la parte superior de su tanga para comenzar a masturbarse mientras disfrutaba con esa increíble polla en la boca y mantenía la mirada fija en la cara de deseo de José. Cristina podía oír como los sonidos guturales que producía la garganta de Lorena al engullir ese trozo de carne se mezclaban con el chapoteo que generaba su propia mano introduciéndose una y otra vez en su sexo. Le estaba excitando tanto la escena que estaba segura de que alcanzaría un maravilloso orgasmo mucho antes de que su amiga consiguiese hacer eyacular a José.

BERTA- Vaya, vaya, así que te gusta mirar como mi prima se come la polla de José.

Cristina oyó como alguien le hablaba bajito al oído y se llevó un susto de muerte, dio un brinco enorme al tiempo que separaba las manos de su cuerpo. Al rojo que tenía su cara por la excitación se sumó el rubor de la vergüenza que le producía haber sido descubierta en tan bochornosa situación. Era incapaz de mirar a Berta a la cara y se quedó callada con la cabeza gacha esperando que aquella humillación terminase lo antes posible.

BERTA- Ven, que esto hay que hablarlo.

Berta agarró la mano empapada en flujos de Cristina y la condujo hacia donde estaban Lorena y José. Ellos también se asustaron al verlas aparecer entre la maleza, Lorena se puso de pie de un salto y en un segundo se colocó los tirantes de su vestido, José trató de subirse los pantalones para cubrir su erección pero los nervios y el tremendo empalme que tenía le impidieron hacerlo con rapidez.

BERTA- No hace falta que te la guardes, parece que a Cristina le gusta mucho.

Berta condujo a Cristina hasta ponerla al lado de José y Lorena, ella no levantó la cabeza en ningún momento, era la situación más bochornosa de su vida y no hacía más que complicarse, además, al tener la cabeza gacha, cuando Berta la colocó al lado de José, su polla quedó justo bajo sus ojos y a pesar de la vergüenza que sentía, su sexo siguió lubricando por la cercanía de su objeto de deseo. Así de cerca era todavía más impresionante, sentía un fuerte impulso de alargar un poquito la mano y agarrarla con todas sus fuerzas.

BERTA- Hace un momento, estaba yo en el campamento y he pensado en ir a ayudar a Cristina a recoger el barro porque aunque necesitamos muy poco, sé que es un poco patosa y me ha dado miedo que se quede atascada igual que le pasó a Lorena ayer. Imaginaos mi sorpresa al encontrármela escondida entre la maleza mirando lo que hacíais.

Cristina quería que se la tragase la tierra, incluso se planteó salir corriendo y no parar hasta llegar al campamento de Elena. José también estaba avergonzado de que les hubiesen visto en semejante situación y Lorena empezaba a estar expectante por saber que se le estaba pasando por la cabeza a su prima, conociéndola, estaba segura de que algo tramaba.

BERTA- Por lo que estaba haciendo, me ha parecido que le gusta mucho tu polla pero no sé atreve a decírtelo, así que he pensado que tenía que ayudarla a romper el hielo ¿A qué a ti no te importa que te la toque un poquito?

José primero miró a Cristina, pero ella seguía con la cabeza gacha, y luego miró a Lorena sin saber que responder, estaba completamente descolocado.

BERTA- Ves, José no pone ninguna objeción a que se la toques, venga, no seas tímida.

Cristina seguía sin mover un solo músculo.

BERTA- Joe, como eres, venga, te ayuuuudo.

Berta cogió la mano prácticamente inerte de Cristina y la puso sobre la polla de José, ella al sentir el contacto con ese gran trozo de carne endurecido notó unas tremendas cosquillas en su vientre y fue todavía peor cuando Berta le hizo cerrar sus dedos entorno a ella, era bastante más grande y estaba más dura que la de su marido.

BERTA- ¿A qué te gusta sentirla? Por como les mirabas y por lo que hacías mientras tanto, me ha parecido que también te gustaría mucho sentirla en tu boca ¿A qué sí?

Por primera vez Cristina abrió los labios, aunque siguió con la cabeza gacha mirando como su pequeña mano agarraba aquella inmensa polla.

CRISTINA- Estoy casada, no quiero ponerle los cuernos a mi marido.

LORENA- ¿A ese gilipollas? Anda ya, se lo merece más que nadie en el mundo.

Lorena puso sus manos sobre los hombros de Cristina y la empujó para que se pusiera de rodillas. Ella a penas se resistió, le era muy difícil luchar contra lo que le pedía el cuerpo y llevaba tanto tiempo fantaseando con hacer. En cuanto puso sus rodillas en el suelo vio frente a frente la polla de José envuelta por sus propios dedos, que solo unos momentos antes estaban dentro de su vagina, apuntándole directamente a la boca. Su sexo era un manantial incontrolable y sentía un hormigueo tan exagerado que no la dejaba pensar.

LORENA- Venga, abre la boquita, te va a encantar sentir como te la llena, te lo digo yo.

Viendo que Cristina estaba petrificada y era incapaz de reaccionar, Lorena puso las manos sobre la cabeza de su amiga y la empujó suavemente hacia la polla de José. Ella vio como se acercaba a cámara lenta ese hinchadísimo glande a su boca y en cuanto sintió el contacto con sus labios comenzó a abrirlos lentamente, era imposible resistirse a esa enorme tentación, así que fue dejando que fuera entrando en su boca hasta llenársela por completo. José estaba alucinado, simplemente ver la pequeña mano de Cristina sobre su polla le había dado bastante morbo, pero sentir como su glande iba deslizándose poco a poco entre sus labios abriéndole esa boquita le había vuelto loco.

LORENA- Venga y ahora muévete un poquito.

Lorena empezó a mover suavemente la cabeza de Cristina haciendo que la polla de José saliese y entrase dentro de ella. En unos instantes para Cristina solo existía esa polla y el terrible hormigueo de su tripa, sin poder evitarlo, su cabeza comenzó a moverse por si misma provocando que esa gran polla impactarse una y otra vez contra su paladar. José no se lo podía creer, era la tercera mujer que le comía la polla aquella tarde.

BERTA- Muy bien, veo que ya te vas soltando, ahora vamos a motivar un poco a José para que tengas una experiencia más completa.

Cristina notó que le bajaban un tirante del vestido pero no le importó, toda su atención estaba concentrada en notar cada pliegue y cada vena de lo que estaba metiéndose en la boca.

Cuando José vio aparecer ese pequeño pecho completamente blanco coronado por un duro pezón tremendamente puntiagudo notó que su polla empezaba a tener espasmos sin parar. Cristina los sintió en su paladar e instintivamente comenzó a meterse más profundamente la polla, quería notarla palpitar en su garganta, además alzó la mirada para contemplar la cara de José mientras admiraba su pecho. Ver que lo miraba como si fuera a lanzarse a devorarlo le hizo sentir como se intensificaban aún más las cosquillas en su vientre y se puso a succionar con fuerza la polla de José.

JOSÉ- Diooos, que boquita tienes.

El siguiente movimiento de Berta fue retirar la falda del vestido de Cristina hasta permitir que José le viese las bragas. Ante los ojos de José aparecieron unas pequeñas bragas blancas de algodón de lo más normales, lo que no le pareció ni medio normal a José fue lo empapadas que estaban, acumulaban tal cantidad de flujo que su vello púbico se transparentaba perfectamente. De nuevo Cristina sintió como la polla de José se ponía a latir contra su campanilla, ella reaccionó clavándosela aún más profundamente en la garganta, deseaba sentir como entraba completamente en su boca. José sintió como empezaba a metérsela en la garganta y le fascinaba como esa rubia angelical era capaz de hacer desaparecer dentro de su boquita semejante trozo de polla, además tenía la sensación de que se la succionaba como si quisiera arrancársela, era una de las mejores mamadas que recordaba, a pesar de su pinta de niña buena era toda una fuera de serie comiendo pollas.

Finalmente Berta cogió la mano ociosa de Cristina y la colocó sobre sus encharcadas bragas.

BERTA- Ahora ya puedes seguir con lo que estabas haciendo mientras espiabas a mi prima.

Cristina estaba excitada como nunca en la vida, necesitaba calmar sus ansias así que, aunque le daba bastante vergüenza, no pudo reprimirse y comenzó a acariciar su sexo sobre la tela mojada mientras gozaba clavándose con frenesí esa polla todo lo profundo que era capaz. Estaba llevando a José directamente hacia el orgasmo, entre la visión de ese único pecho expuesto, la de la mano de Cristina frotándose el sexo con energía, el tremendo sonido gutural que hacía con la garganta al recibir su miembro y el increíble placer que le estaba proporcionando con la boca, José sabía que no iba a aguantar mucho antes de eyacular.

JOSÉ- Buff, Dios mío, como sigas así me voy a correr.

Al oír eso Cristina deseó con todas sus fuerzas sentir los espasmos de esa polla eyaculando en su garganta y como los chorros de semen le llegaban hasta el esófago. Dejó de frotar su sexo para meter la mano por dentro de sus bragas y comenzar a clavarse los dedos con desesperación al tiempo que se frotaba el clítoris con la palma de la mano. José podía ver el enloquecido movimiento de la mano a través de la empapada tela de las bragas mientras sentía que Cristina ponía tanto empeño en clavarse su polla hasta lo más profundo de la garganta que supo que su eyaculación era inminente.

JOSÉ- Ummm, me corro, arrgg.

Para sorpresa de todos, Cristina en vez de apartarse consiguió meterse la polla de José completamente dentro de su boca, la dejó ahí mientras notaba sus espasmos en la garganta y como el semen salía disparado hacia su esófago. La mantuvo ahí todo el tiempo que pudo mientras se clavaba los dedos con furia y cuando ya no pudo aguantarlo más, siguió comiéndosela con auténtica desesperación incluso después de conseguir extraer hasta la última gota de esperma de esa polla.

Berta y Lorena estaban alucinando, no podían creerse que debajo de esa mujer con cara de niña buena y aspecto virginal a pesar de sus casi cuarenta años, se escondiese la mejor chupapollas que jamás hubieran podido llegar a imaginar.

Ante la estupefacción de todos los presentes, Cristina siguió devorando la polla de José como si estuviese poseída y clavándose los dedos con una lujuria desbordante a pesar de que él había terminado de eyacular. Siguió así por un rato hasta que por fin alcanzó un tremendo orgasmo durante el cual José sintió como sus gemidos se le ahogaban contra la polla antes de nacer porque seguía metiéndosela hasta la garganta.

Según terminó de correrse, dejó escapar la polla de José de su boca y sacó la mano de sus bragas para dejarse caer como si estuviera rezando a Ala. Tenía una mezcla de sentimientos, jamás había gozado tanto comiéndose una polla, ni había alcanzado un orgasmo de semejante magnitud tocándose, pero estaba terriblemente avergonzada por lo que acababa de hacer delante de sus amigas, incluso se sentía un poco culpable por haberle sido infiel a su marido.