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Dominaciónnov 2025

Mis inicios en las relaciones D/s (10)

Carmen no es una invitada, es una dueña. Y cuando su marido se va, ella no limpia la casa: limpia al perro. Esta vez, el servicio no termina en el suelo del salón.

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Tras la marcha de sus amigos, mi Ama me llevó con Ella a su dormitorio.

Estoy realmente cansada. Quiero que me des un buen masaje.

Mi Ama, desnuda, se echó sobre la cama ofreciéndome una visión de su cuerpo, de su espalda y de su culo, de sus brazos, que me hizo quedarme absorto.

Que guapa es usted, mi Ama.

Y tu que perro y que cerdo más maravilloso. Te has portado muy bien. ¿Qué te ha parecido la reunión?

Al principio bastante nervioso pero después me ha bastado pensar en Usted para disfrutar de todo y obedecer lo que se me ordenaba.

Me acerqué sobre la cama, tome un bote de crema hidratante y echándome en las manos inicié un masaje por su cuerpo. Recorría sus piernas masajeando sus pies, sus dedos para después ir subiendo por sus muslos y alcanzar su culo hermoso y carnoso para recorrerlo con mis manos sus glúteos y adentrándome en ese canal que me llevaba a su orificio anal, tan hermoso por su olor y su sabor. Con dos de mis dedos lo froté muy delicadamente.

No te entretengas ahí que me vas a poner muy cachonda y no me apetece ahora, mi perro.

Separé mis dedos de su canal y seguí masajeándole sus glúteos que vibraban con mis manos.

¿Te gusta mi culo, verdad?

Mucho mi Ama Carla.

Y también te encanta su olor y todo lo que sale de él, ¿verdad?

Bien sabe, mi Ama, que si. Mucho más de lo que se pueda imaginar Usted.

Lo sé, me lo has demostrado, mi cuqui. Sigue con el masaje.

Recorrí su espalda masajeándola con mis manos. Una y otra vez sentía el calor de su cuerpo en mis manos. Ahora me dediqué a su cuello estirando la piel. Así estaba cuando me di cuenta que se había quedado dormida, relajada. Me bajé de la cama con sumo Cuidado y me dirigí a mi celda quedando allí a la espera de que despertara. Era para mí una Diosa, corpulenta y dominadora a la que me había entregado en cuerpo y mente de por vida. Era muy feliz así, no me arrepentiré en absoluto de haber tomado esa decisión. Esperé un rato hasta que vi cómo se giraba sobre la cama permitiéndome contemplar sus pechos grandes y algo colgaderos con sus pezones sobresaliendo y su pubis totalmente rasurado con sus labios mayores brillantes y envolviendo su coño.

Mi perro cuqui, ¿donde estás?. Ahhh! Veo que estás en tu celda, me gusta que sepas tu lugar. Ven y acompáñame al aseo que voy a reventar.

Salí de mi celda y le ofrecí mis manos para levantarse e ir al aseo. Por el camino varias ventosidades llenaron mi cara y con mi boca intenté atrapar su aire tan oloroso.

¿Te ha gustado?

Gracias mi Ama.

Arrodíllate y bébetelo todo. Procura tragar deprisa que tengo mucho para darte.

Con mis dedos separé sus labios mayores y menores descubriendo su orificio. Pegué mi boca a él y esperé.

Ya viene, traga rápido.

En efecto unos buenos chorros de orina muy caliente fueron llenando mi boca que los tuve que tragar deprisa para poder tragar la orina que no cesaba de salir.

Esta calentita, ¿te gusta así?

No podía contestarle pues su orina seguía llenando mi boca. Cuando cesó de orinar pasé mi lengua por sus labios y chupé hasta las últimas gotas que había.

Así me gusta, que desees tanto servirme, perro. Y ahora ayúdame a vestirme.

Le puse sus bragas con la compresa y la bata de seda negra que tanto le gustaba.

Tráeme un cigarro.

Mientras fumaba su cigarrillo fuimos al salón. Se sentó y quitándose las zapatillas me mandó tumbarme en el suelo.

No me gusta poner los pies en el suelo teniéndote a ti. Eres una alfombra muy mullida y calentita. No ha nada como un cigarrillo después de un masaje.

Sonó el teléfono.

Hola Carla.

Hola Carmen, dime.

Pues que Pedro se ha marchado unos días con unos amigos y he pensado en aprovechar para hacer una buena limpieza de la casa.

Me parece un buen momento.

Si, pero como te puedes imaginar yo ya no estoy para eso y he pensado si me puedes mandar a tu perro para hacerla.

Sí claro. El puede hacerte esa limpieza. ¿Cuando quieres que te lo mande?

Pues me gustaría hacerla hoy.

Bien, te lo preparo y le mando ir a tu casa.

¿Tiene ropa de criada? Me gustaría que la hiciera vestido de esa manera, siempre es más agradable.

Ja, ja, ja, claro que sí. Pues entonces en una hora estará allí.

Ah, si te apetece puedes venirte para la hora del almuerzo.

Siiiiiii, gracias. Sabes que estar contigo siempre me apetece. Un beso Carmen.

Tras colgar el teléfono me habló.

Era Carmen. Que su marido se ha marchado unos días con unos amigos y quiere aprovechar para hacer una limpieza de la casa. Y….. quiere que vayas tú. Así es que te preparo y te marchas a su casa.

Fuimos a mi habitación y preparó un maletín pequeño en el que introdujo mi uniforme de criada.

Para hacerla vestirás como lo que eres, una vulgar criada a su servicio y tus tacones.

Si mi Ama. ¿Usted no vendrá?

No, pero yo iré para el almuerzo. Así es que prepárate y no le hagas esperar.

Cogí mi pequeño bolso y arrodillándome le di las gracias a mi Ama prometiéndole que estaría orgulloso de mí.

No lo dudo, mi cuqui. Venga márchate.

En media hora estaba con el coche aparcado y yendo hacia la casa de Carmen. Llamé al interfono y subí al segundo piso. Llamé al timbre y me arrodillé esperando que abriera la puerta.

Hola, pasa perro, te estaba esperando.

Carmen me recibió vestida solo con una bata de seda negra que transparentaba todo su cuerpo. Realmente era una mujer impresionante, a pesar de su edad su cuerpo emanaba autoridad y dominio. Llevaba unas botas de tacón y fumaba un cigarrillo. Al igual que mi Ama Carla era una fumadora empedernida. Cerró la puerta y la seguí como el perro que era para Ella.

Pasa a esta habitación y puedes cambiarte. Cuando estés listo te presentas a mi que estaré en el salón.

Entré en la habitación y saqué toda la vestimenta de mi bolsa. Me desnudé y comencé a vestirme. Me puse las medias que me había seleccionado mi Ama y que estaban abiertas por delante y por detrás dejando mis genitales y mi culo al aire. Después me coloqué la faldita corta y me calcé los zapatos de tacón. Para terminar me puse una blusa transparente que dejaba ver las pinzas que pinzaban mis pezones y que estaban sujetas al collar con unas cadenitas. La cofia adornaba mi cabeza.

Señora Carmen, estoy a su disposición para lo que desee mandarme.

Muy bien, anda un poquito por el salón y te levantas esa faldita de putita que te vea tus intimidades. Ja, ja, ja.

Me hizo sentir muy humillado y ridículo, quizás porque era la primera vez que servía a alguien sin la presencia de mi Ama.

Bueno, primero vas a dedicarte al aseo. Allí encontrarás todo lo necesario para limpiarlo.

Si, Señora Carmen.

Me dirigí al baño y comencé a limpiar los sanitarios. Cuál fue mi sorpresa que en el wc aún flotaban sobre la orina zurullos de sus excrementos.

¿Te gusta lo que ves?

No me había dado cuenta que se había situado en la puerta para observar cómo lo hacía. A su pregunta no sabía qué contestar.

Te he hecho una pregunta, perro de mierda. ¿No piensas contestarme?

Vi como se marchaba y volvía con el,látigo en la mano. Me cogió por el collar y me hizo meter mi cabeza en el wc.

Ya que no me contestas haré que lo huelas todo muy bien y así darme tu respuesta.

Con mi cara dentro del wc fui respirando y oliendo sus excrementos a la vez que me levantaba la faldita y dejaba mi culo expuesto para recibir un latigazo tras otro.

Te lo voy a preguntar otra vez, perro. ¿Te gusta lo que ves?

Mucho Señora Carmen, gracias.

Pues si tanto te gusta coge con tu mano uno de mis excrementos y lo llevas a tu nariz que vea como lo hueles.

Metí una mano en el wc y así, sin guantes, cogí uno de los trozos que flotaban en su orina y lo lleve junto a mi nariz.

Saca la cabeza del wc, quiero ver como lo hueles.

Mirándola acerqué mi mano a mi nariz y fui oliéndolo ante Ella.

Veo que lo estás disfrutando mucho, ¿ te gustaría saborearlo?

Esta vez debía contestar o de lo contrario su látigo entraría en acción.

Si usted me lo permite estaría encantado de probar sus excrementos.

Por supuesto, como no se lo voy a permitir a un cerdo como tú. ¡Saboréalo ya!

Ahora baje mi mano a la altura de mi boca, saqué mi lengua y la pasé por el trozo del excremento. Tenía un sabor muy amargo y algo ácido debido quizás a la orina en la que había estado sumergido.

Muy bien cerdito, sigue lamiendo. ¡Ah!, si quieres puedes chuparlo también y si te gusta tanto te permitiré que tomes un trozo!

Ese permiso que me estaba dando me supo a que le gustaría verme meterme un trozo en la boca y comerlo. Así es que atrapé con mis dientes un pequeño trozo, la miré con la boca abierta y comencé a masticarlo para después tragarlo.

Como me gusta ver que sabes apreciar lo que yo te doy. Ahora te dejo que termines, y límpiate esa boca que la tienes llena de mierda, cerdo.

Me quedé para terminar el aseo. Lo primero fue enjuagarme la boca y lavarme las manos y así quitarme el sabor de su mierda. Limpié los sanitarios y fregué el suelo colocando un ambientador para disipar el olor.

Señora Carmen ya he terminado el cuarto de baño. ¿Qué desea que haga ahora?

Sigue con mi dormitorio y cambias las sábanas y las deja en el cesto de la lavadora.

Recogí toda la ropa que había por el suelo, la colgué en el armario y cambié las sábanas. Cuando las llevaba al cesto de la ropa, como tenía que pasar por el salón la miré.

¡Acércate! Quiero ver como tienes los pezones. Sabes que me vuelven loca unos pezones duros.

Me acerqué a Ella ordenándome arrodillar.

Veamos que ocurre cuando retire las pinzas.

Yo sabía que al quitarme las pinzas y al llevar varias horas con ellas pinzándomelos el dolor iba a ser horrible.Ella también lo sabía y seguramente estaba deseando provocarme ese dolor que tanto le excitaba. Quitó una de ellas y con sus dedos retorció el pezón estirándolo con fuerza. Me contuve y no dejé que viera el dolor que me causaba.

Esta precioso, ¿no te parece?. Vamos a ver el otro.

Ahora mis pezones hervían calientes y muy dolorosos. Carmen tomó un antifaz y me lo colocó anulando mi visión. Así, escuché que se encendía un cigarro y echaba el humo de su boca sobre mi cara.

¿Te imaginas lo que va a pasar ahora?

No, Señora Carmen.

Escuché que se levantaba y sus tacones delataban su movimiento a mi alrededor. Estaba nervioso por no saber lo que me deparaba. Sus manos se posaron en mis hombros y descendieron por mi pecho deteniéndose a la altura de mis pezones.

Creo que le voy a proponer a tu Ama que te los perfore. Estarán preciosos.

Diciéndome eso sentí como un calor cada vez mayor se apoderaba de uno de mis pezones. Pensando deduje que sería la cercanía del cigarro a mi pezón el que era el causante de ese calor. Ahora lo sentí en el otro pezón. Su boca mordía ahora mi oreja clavando sus dientes en ella.

Me gusta tenerte así. Solo puedes imaginar y pensar que pasará. Eso me excita, ¿sabes perro?

El calor volvió a mi pezón, esta vez con mayor intensidad.

Quiero que, aunque no sepas a qué me refiero, me contestes si o no.

¿Qué contestarle? Corría un riesgo brutal pero debía responderle.

Si, Señora Carmen.

Oí como se separaba de mí. Volvió y me llevó los brazos a la espalda. Me ató las manos y volvió a situarse nuevamente tras de mí. Sus piernas rozaban mi espalda. Encendió otro cigarrillo echándome el humo a la cara para después hacerme sentir una quemazón en uno de mis pezones. El dolor era brutal, me estaba quemando el pezón con su cigarrillo. Volvió a darle una calada a su cigarrillo y lo acercó al otro pezón dejándolo pegado a él.

Me gusta que tengas una marca mía.

Me desató las manos y también el antifaz. Pude ver que se había sentado frente a mí y tenía abiertas sus piernas.

Ya te dije que estaba muy excitada. ¿Sabes lo que tienes que hacer, cerdo?

Entre sus piernas vi que sus labios mayores brillaban por el flujo. Separé ahora los labios menores y al lamerle recogí restos sólidos de flujo calientes.

Mete tu lengua bien dentro quiero correrme pronto. ¡Vamos perro!

Mi lengua fue penetrando el interior de su coño y la movía recorriendo todo su interior. Mi polla se dejó notar en la faldita y Ella se dio cuenta. Mientras terminaba de lamer su coño la punta de su bota iba dando golpes a mis testículos.

¡Basta perro! El placer es solo mío, tú no tienes derecho. Ahora levanta y termina con mi dormitorio.

Con mi polla erecta asomando por la faldita me levanté y me fui al dormitorio para terminarlo. Limpié el polvo de los muebles, barrí y fregué el suelo. Fui al cuarto de la lavadora para ponerla. La visión de Carmen me excitaba, era una mujer que aunque entrada en carnes, con sus pechos caídos y mucho mayor que yo, su mirada me hacía desearla y postrarme ante Ella para lo que deseara ordenarme.

¿Qué desea que haga ahora?

Pues no sé si te habrás dado cuenta de la habitacIón del pasillo que está cerrada. Toma la llave y déjala bien limpia para ser usada.

Cuando entré me quedé impresionado. No era una habitación usual en cualquier casa. Se trataba de una habitación muy especial. Era muy amplia con un sofá y dos sillones de piel y de color negro. En una de sus paredes había un conjunto de látigos, paletas y fustas además de distintos dispositivos de control como bolas, antifaces, esposas, cuerdas, etc. Frente a uno de los sillones y clavado a la pared una cruz con sujeciones para pies y manos. En el centro de la habitación un cepo y junto a la otra pared una camilla con sujeciones. Me dispuse a limpiar el polvo de todo cuando el olor del cigarrillo de Carmen me hizo saber que se encontraba cerca. Me gire y allí estaba, apoyada en la puerta, fumando su cigarrillo y mirándome.

¿Qué te parece?, ¿te gusta?, ¿te atrae?

Es una habitación muy completa. Preciosa.

Pues cuando la uso es mucho más preciosa que ahora. ¿Te gustaría probarla?

Cuando Usted lo desee ya sabe que me tiene a su disposición, Señora.

Bien, cuando termines de limpiarla puede que la usemos. Solo con pensarlo me mojo por completo. Ja, ja, ja.

Se marchó y yo me dediqué a dejarla como me había indicado. Me llamó la atención la colección de látigos, de todas las longitudes y tipos. Debía de azotar muy fuerte, me asustó pues no sabía si los usaba sobre mí si yo lo soportaría.

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