Xtories

El Mafioso novato

Clarissa no busca amor, busca supervivencia. Pero cuando la noche cae sobre Palermo, la fantasía de unirse al hermano de su prometido se vuelve tan urgente como cualquier secreto de sangre. ¿Podrá el deber ocultar el deseo?

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Al abrir la puerta, se topó con un muro de carne, el jefe de seguridad de Pietro, que ahora lo era de Alonzo, tuvo que agarrarla por los hombros para evitar que cayese.

Perdone señorita Fiore… — sí, dirigió hacia Alonzo —. Señor… — se detuvo de inmediato, sin atreverse a decir nada..

Alonzo levantó una ceja, lanzándole una mirada inquisitiva

Que sucede Marco? — observo la mirada preocupada del hombre, como la desviaba hacia Clarissa, dudando —. Puedes hablar delante de ella. No pretendo ocultar nada a los míos..

No será necesario, Alonzo,— sonrío a Marco, con un gesto tranquilizador —. Os dejaré solos para que habléis tranquilamente, si crees que debes compartir algo, ya nos informarás en la cena.— Marco se hizo a un lado, y Clarisa salió cerrando la puerta tras ella.

Unas horas más tarde, cuando Clarisa entró en el salón familiar se encontró a Alonzo, sólo, de pie en la terraza, mirando al infinito, observando, sin ver, el atardecer. No se había cambiado para la cena, llevaba la misma ropa que esa mañana, y las mangas de la camisa subidas hasta los codos, con las manos apoyadas en la barandilla, la cabeza caída hacia delante, en una postura tensa. Como un guerrero que sabe que va a perder la batalla, pero que no rehuye la lucha. Había dejado una copa de vino a su lado, sin prestarle atención, sumido en sus pensamientos.

Se acercó a él, suave suavemente para no sobresaltarlo, colocó una mano entre sus omoplatos - Alonzo… — dijo su nombre en un susurro, un susurro.

Alonzo dio un respingo, no la había escuchado llegar, se giro hacia ella, en su rostro se leía la preocupación y desesperanza. Clarissa lo miraba expectante, preguntando por la mirada sin necesidad de palabras.

Es peor de lo que pensaba — respondió a su pregunta —…escapa de mis manos. — dijo conuna sonrisa triste en sus labios.

Creo… — saliva y su humedeció los labios, nerviosa —. Creo que tengo una solución… — le miró fijamente a los ojos, pidiéndole con gesto que confías en ella, intentando transmitirle algo de su sosiego —, pero tendremos que contar con Pietro y mi hermano para que salga bien. Y… lo siento, tendrá un coste… no sé si tú estarás dispuesto a pagarlo.

… Augusto — murmuró pensativo, casi para sí mismo

No tienes que desconfiar de mi hermano - Clarisa parecía leerle la mente.

No sé yo, después de todo, tiene motivos más que suficientes para no querer ayudarme.

No Alonzo…, no debes pensar así — sus manos y cogió el rostro de Alonzo entre sus manos, estaba bastante segura de los pensamientos que rondaban su mente y decidió despejar sus dudas —. Olvídate de lo que pasó. Mi hermano ya te ha perdonado, lo hizo desde el principio. Le dolió mucho que intentara separarlo de Pietro. Pero Augusto siempre ha sabido por qué lo hiciste… mi hermano entiende que en ese momento apenas lo conocías, cómo ibas a hacerlo si ni siquiera asististe a su boda?… tú solo intentabas proteger a tu hermano, pensabas en lo que sería mejor para él sin importarte nada más. Solo sabías que era el hijo de un traidor. El hijo del culpable de la muerte de tu madre… tu hermano se había interpuesto en el camino de la bala que iba dirigida a Augusto y que se encontraba al borde de la muerte por ello. No tengas remordimientos., solo hiciste lo que hubiese hecho yo de estar en tu lugar. Proteger a aquellas personas que amas sin importar nada más.

Estás segura de eso Clarissa? — su voz sonó escéptica. No podía creer que Augusto fuese tan generoso con él, era cierto que le había caído bien desde un principio, pero en el momento de la verdad solo se había preocupado por Pietro. No había comprendido el alcance de la unión entre él y Pietro.

Por supuesto que sí, y Pietro también te ha perdonado… es tu hermano, y el amor que siente por ti es tan indestructible como el que siente por Augusto. No se trata de una competición entre vosotros. Son cariños distintos pero igual de fuertes no lo entiendes? Augusto nunca haría nada que te dañas, herirte a ti significaría herir a Pietro. Mi hermano lo ama y no haría nada a propósito que le lastimarse.

Pietro y Augusto entraron en el salón, charlando, animadamente, se sorprendieron al ver conversar a Clarissa y Alonzo en la terraza. Su lenguaje corporal indicaba que se trataba de algo muy serio. Lógico en Alonso a quien le había caído encima una responsabilidad enorme siendo aún demasiado joven, pero poco entendible en el caso de la menor de los Fiore quien con sus apenas dieciocho años, no debería tener preocupaciones serias en su vida.

Que ocurre muchachos — Pietro nunca dejaría de ver a su hermano menor como un niño, a pesar del modo juicioso con el que estaba afrontando sus nuevas responsabilidades —… tenéis algo que compartir con los demás?

Pietro… — Clarissa dudaba si comenzará hablar. Pietro siempre le había dado miedo. Por esa razón, su hermano había propuesto intercambiar papeles y ser el quien contrajese matrimonio con el mayor de los Zanoli, al fin de cuentas, se unió había sido una c cuestión de venganza y negocios, aunque luego hubiese derivado en algo más profundo—. Tenemos que hablar con vosotros, necesitamos vuestra ayuda. Pero no aquí.— miró a su alrededor, como si pensase que aquella estancia no era segura

Entonces será mejor que dejemos esa conversación para después de la cena — intervino Augusto, sonriendo a su hermana lanzando una mirada confusa hacia Alonzo, quien se encogió de hombros sin saber qué responder a la muda pregunta de su cuñado.

La conversación durante la cena fluyó con una tensa normalidad, era evidente la confianza que reinaba entre los hermanos. Pero también la duda que planeaba en el ambiente.

Cuando terminaron, Pietro se levantó y les miró directamente a los ojos.

Bien, ha llegado un momento, vamos — miró a su hermano —, en tu despacho o el mío?— si lo que tenía que decir era algo importante, lo mejor sería discutirlo en una estancia insonorizada, libre de oídos indiscretos.

En el tuyo me parece bien — respondió Alonzo.

Una vez en el despacho de Pietro, este se sentó tras sum, cruzando los brazos, su marido, de pie a su lado, su hermano y su cuñada sentados frente a él.

Y bien… qué es eso tan grave que necesitáis de mi ayuda para resolverlo? — pregunta dirigida a ambos, pero la mirada fija en Alonzo.

Pues… —no sabía por dónde empezar, miró a Clarissa en busca de ayuda —. No se trata de un problema que tengamos nosotros dos. Tiene que ver con la Organización — miró a su hermano, como disculpándose, por lo que iba a decir — no confían en mí, nos encontramos al borde de una revuelta — en ese momento se giró hacia Clarissa buscando su apoyo a unas sabiendas de que lo que iba a decir a continuación la perturbaría —. Y el cabecilla es Claudio, tu suegro Pietro. - Miró a Augusto, retador, calibrando su reacción— tu padre, Augusto, está intentando recuperar el control que perdió hace diez años, cuando cedió los negocios de la familia Fiore a la nuestra. El resentimiento que ha acumulado durante esos años estar que está dispuesto a destruirte incluso a ti, su propio hijo. Me lo ha confirmado Marco que estos días ha estado haciendo averiguaciones, discretas por orden mía— se volvió para mirar a Clarissa, escéptico, —. Dime… tienes una solución para eso?

Pues… la verdad es que si — aquellas últimas palabras de Alonzo, lo ponían todo más difícil se armó de valor, un incrédula ante lo que acababa de escuchar, como se había accedido su padre a alzarse otra vez contra los Zanoli, después de todo el daño que ya había provocado. Miró a los tres hombres que la observaban con curiosidad. Especialmente a Alonzo, él iba dirigidas sus siguientes palabras —. Llevo toda la tarde pensando en ello, desde que me dijiste lo que estaba pasando — sostuvo mirada, cuadrando los hombros, — me escucharás sin prejuicios? Podrías confiar en mí?

Dinos qué has estado pensando — la animó Augusto,

Posiblemente sea una locura — bajo la cabeza, ruborizándose —. He pensado en recuperar una antigua costumbre romana. El triunvirato.

Cómo dices? - Los tres exclamaron un tiempo, mirándola como si estuviese loca. Como se le había ocurrido una solución tan absurda?

Escucharme bien, por favor. En la antigua Roma se estableció un triunvirato cuando no existía un líder claro. Pietro, una parte del consejo te apoyo a ti, porque sabe de tu pericia y de tu mujer del juicio. Pero otros tú de ti por haberte enamorado de un hombre y por ello, no poder tener un heredero en un futuro, el resto duda de Alonzo, porque es muy joven. — miró a su hermano, disculpándose, por lo que iba decir a continuación—. Y una pequeña facción los que proceden de nuestra familia, están dispuestos a una guerra para que los Fiore, liderados por nuestro padre, se hagan con el control. Hay que neutralizar a nuestro padre, Augusto. Mi propuesta es muy simple.. que cada uno de vosotros dirija una sección de los negocios en su desarrollo rutinario y que las decisiones importantes, aquellas que supongan un cambio o un riesgo, sean tomadas por los tres en conjunto. Un triunvirato que dirija los negocios Zanoli - Fiore.

En efecto, tu solución parece simple — intervino Prieto — pero te olvidaste una cosa… seguirá sin haber un heredero de las dos familias. No habrá un hijo de ambos que el día de mañana tome el control. Los recelos y las dudas continuarán..

También he pensado en ello. Ese será el precio a pagar que le dije antes a Alonzo. — continuó, avergonzada —. Lo siento, sé que lo que voy a proponer significa un sacrificio, — respiro profundamente antes de continuar—. Y ese precio lo pagaremos nosotros., Alonzo y yo. Mi propuesta, es un nuevo matrimonio entre nuestras familias que asegure la continuidad de los acuerdos. Que garantice la paz y el cese del derrame amiento de sangre. — se giró hacia el más joven de los Zanoli —. A menos, claro, que tú tengas inconvenientes insalvables.

Como cuáles? — preguntó Alonzo

No sé, quizá tú eres como Pietro y también estés enamorado de un hombre, o quizá no me encuentres lo suficientemente atractiva, como para que una unión entre nosotros pudiera funcionar… — se ruborizó hasta la raíz de su rubio cabello.

La miró asombrado, como podía pensar Clarissa que no resultaría lo suficientemente atractiva?. La joven algo más baja que su hermano mayor, de rasgos delicados, cabello rubio, ondulado y ojos verdes, y bien proporcionada, era la envidia de muchas mujeres y el sueño de cualquier hombre.

No soy como mi hermano — afirmó — y no tengo ningún problema en cuanto a tu físico. Pero sabes bien lo que significaría esto. No habrá vuelta atrás, si nos casamos, no hay posibilidad de divorcio o volveríamos al mismo problema.

Lo sé, pero no encuentro otra solución. Quizá vosotros si podáis. —se encogió de hombros —. En realidad yo no tengo demasiada experiencia en estos asuntos.

Pietro la miró con dulzura, siempre había sentido lástima por aquella niña destinada a convertirse en su esposa, le había parecido tan delicada y frágil, que nunca sospechó de su capacidad para tomar el control. Se había revelado como una estratega nata.

Tomó la mano de su esposo, notaba su tensión, sabía que la propuesta de Clarissa no le gusta, él se había sacrificado ofreciéndose y matrimonio a cambio de su hermana para librar a esta de un matrimonio acordado, y ahora era ella misma quien se ofrecía sacrificio.

El calor que mandaba la mano de su esposo, tenía un efecto balsámico sobre Augusto, le miró en silencio, leyendo en sus ojos todo lo que él pensaba. Su hermana tenía razón. Las dudas del Consejo estaban centradas en que la unión entre Pietro y Augusto no garantizaba un heredero de ambas familias. Un gesto de Pietro, su muda, pregunta, le hizo a sentir con la cabeza, acariciando la mano de su esposo. Pietro habló.

Tienes razón. Quizá podríamos proponerle esa solución al Consejo y ellos lo aceptarían. Pero creo que hay algo más, algo que seguramente no sería conveniente que supiese el consejo.

Qué cosa, en qué no he pensado? — Clarissa creía que había considerado todos los ángulos.

Tu papel en todo esto.

Mi papel? — inquirió extrañada, su papel era claro, ella simplemente debía mantenerse al margen y proporcionar algún heredero.

Sí, tu papel en todo esto. Puede que nosotros tres seamos la cabeza visible… pero tú — sonrío entre divertido y orgulloso —. Tú serás quien lo coordinarátodo en la sombra. Creo sinceramente que estando fuera podrás averiguar más cosas que nosotros desde dentro. Serás nuestros ojos y oídos. La persona a quien podremos acudir en cualquier momento en busca de consejo. Qué es aquello que dicen los ingleses? Ah, si… la mano que mece la cuna, gobernará el mundo.

Entonces…?

Convocaré al Consejo lo antes posible — dijo Alonzo, tomando su mano —. Les comunicaremos nuestra decisión. Y tú nos acompañaras.

Yo? — si hubiera algo inédito, nunca una mujer había estado presente en las deliberaciones de la organización

Sí, tú — confirmó Augusto mirando a su hermana con orgullo y algo de remordimiento —. Papá ya no tiene ninguna autoridad en la organización. Yo no tengo poder de decisión sobre ti… así que tendrás que ser tú misma quien asegure ante el consejo que estás dispuesta a asumir esa responsabilidad. La carga de un las dos familias recae sobre ti. Tendrás que convencerles de que puedes llevarlo a cabo. Lo siento, yo traté de evitar que algo así ocurriese… no he podido librarte de un matrimonio acordado. Sé que te daba miedo…

No Augusto… no tienes nada de qué culparte — miró a Pietro, sintiéndose culpable antes de continuar —. Me daba miedo Pietro, pero no me da miedo Alonzo, quizá no haya amor entre nosotros, pero le respeto y además ambos tenemos una obligación con la familia.

Esa noche, Clarissa casi no pudo conciliar el sueño, sabía que con su propuesta había acabado con sus propias ilusiones. Siempre había querido tener un matrimonio por amor. Ahora eso nunca sucedería.

Se sentía inquieta, aún jugaba con muñecas cuando le habían prometido matrimonio a Pietro era notorio y sabido por todo Palermo. Por ello, jamás, un joven se había atrevido a acercarse a ella. Ni siquiera la habían besado aún.

Y pensar que Alonzo sería su primer y único hombre la angustiaba un poco. No es que no fuese, no era. Alto y atlético de rasgos masculinos Mirada penetrante y a veces divertida. No era tan corpulento e intimidante como su hermano, pero de él emanaba el encanto de los Zanoli.

Cómo sería hacer el amor con él? No, el amor no, se dijo. Aquello sería sexo, un trámite, una obligación necesaria para la obtención de un fin.

Podía esperar conocer alguna vez el placer en esa situación?

La noche se rompía cuando al fin cayó en el sueño, agotada, de tanto pensar y dar dar vueltas en la cama.

Alonzo no podía dormir, sabía que algún día tendría que casarse, pero nunca pensó en hacerlo tan joven y mucho menos de un modo tan forzado. No es que hubiese pretendido enamorarse y casarse con la persona elegida, pero si sentir algo de pasión por ella. Clarissa era muy atractiva, pero apenas se conocía y hasta el momento no se había planteado una relación con ella.

Le parecía surrealista, iba a desposar al la antigua prometida de su hermano, que, además resultaba ser la hermana de su cuñado. Era de locos..

No obstante, su imaginación comenzó a volar. Cómo sería tenerla en su cama?

No, es que fuese una mujer bajita, su estatura estaba dentro de la media próximamente un metro sesenta y cinco, pero su cuerpo esbelto de curvas no demasiado exuberantes la hacían parecer menuda y frágil.

Se imaginó los pequeños senos entre sus manos, comprobando si eran urgentes, como parecían, se preguntaba si serían más pálidos que La piel de su rostro habría tomado el sol en Top Lessalguna vez.

Se entregaría a él de forma apasionada, o sería más bien algo mecánico?

Su anhelo juvenil le llevó a imaginársela desnuda bajo su cuerpo, con el rostro transformado por la pasión, rodeándolo por el cuello en sus brazos y con las piernas entrelazadas en las de él, gimiendo de placer y susurrando, palabras de pasión cuando él la alzarse así, con las manos en sus glúteos, introduciéndose en ella firmeza. Cuando iniciase las penetraciones, cada vez más rápidas y urgentes ella cimbrearía su cuerpo pidiendo más, besaría su cuello y mordería su hombro conteniendo los gemidos de placer y él aumentaría el ritmo buscando que ella alcanzaste el clímax y cuando eso sucediese, él se derramaría en su interior, sintiendo como su intimidad, se cerraba sobre él, latiendo alrededor de su miembro con oleadas de lava descendiendo por entre sus piernas de un modo incontenible.

Sin darse cuenta de ello, una de sus manos se había cerrado alrededor de su miembro, y se acariciaba, firme, rápido, a medida que se imaginaba el cuerpo de Clarissa tensándose bajo el suyo. Reclamando más placer, gritando su nombre. Entonces el nudo que sabía formado en su abdomen, tensando sus músculos alcanzó el máximo de su resistencia y Alonzo estallo y en un orgasmo intenso. Su semen se liberó en tres andanadas, deslizándose por su mano. Asombrado por su propia reacción, Alonso se dejó caer apoyando la cabeza en la almohada.. su respiración agitada, el sudor, deslizándose por su rostro, con los ojos cerrados y la boca entre abierta, tratando de llevar aire a sus pulmones. No podía creérselo. Había llegado al orgasmo tan solo pensando en hacer el amor con ella.

Con ese último pensamiento se quedó dormido