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Dominaciónnov 2025

Mis inicios en las relaciones D/s (7)

Carla no solo quiere su cuerpo, quiere su alma y su dignidad reducida a polvo. Cada orden es un paso más hacia la pérdida de su humanidad, y cada humillación lo acerca más a la dicha de ser solo un perro. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Cuqui para complacer a su Ama?

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Me fui a la cocina para preparar su almuerzo mientras Ella tomaba un aperitivo que yo le había preparado. Desde la cocina podía observarla con sus piernas estiradas, fumando un cigarro y dando tragos a la copa de vino que le había servido.

¡Cuqui!, ¿Como vas?

Me falta poco para terminar de preparar su almuerzo.

Bien, es que tengo ganas de ir al baño.

Pronto dejé lo que estaba haciendo para ir al salón y acompañarla al aseo.

Tráete una copa, quiero que me acompañes con el aperitivo.

Fui a por la copa y Ella se levantó del sillón. Entreabrió sus piernas y bajándose sus bragas me mandó colocar la copa vacía entre ellas y ajustada a su coño. Dio una calada al cigarro y lo echó en la copa para a continuación orinar en ella.

Muy bien, ahora me limpias bien antes de volver a sentarme.

Dejé la copa llena de orina con la colilla de su cigarro flotando y me arrodillé para con mi lengua limpiarle como le gustaba. Le subí la braga y volvió a sentarse y yo en el suelo mirándola y esperando su orden de lo que debía hacer.

Bueno brindemos por nosotros.

Y acerqué mi copa a la suya y brindamos lo dos.

Mi cuqui, brindo porque pueda llegar a convertirte en un esclavo sin más límites que los que yo decida.

Así será mi Ama Carla.

Los dos bebimos de nuestras copas. Su orina aún estaba caliente. No sabía qué hacer con la colilla flotando en mi copa.

- Cuando termines la chupas bien y te la tragas. Ahora vuelve a la cocina y termina mi almuerzo, tengo hambre.

Así lo hice mientras Ella seguía cómodamente echada en el sillón fumando. Con la bandeja me presenté ante Ella.

Aquí tiene su almuerzo, mi Ama. Espero que le guste.

Al ser un pescado a la plancha se lo preparé y se lo fui dando.

Está muy rico. Me gusta que seas un buen cocinero. Nunca me ha gustado la cocina. Ahora te tengo a ti. Ja, ja, ja.

Cuando terminó me llevé la bandeja y me dirigí a la cocina.

Cuando dejes todo limpio vienes y me acompañas al dormitorio que me voy a echar una siesta.

Así lo hice acompañándola al dormitorio. Allí se echó en la cama y me ordenó darle un masaje en sus piernas y pies. Se los besé proporcionándome un placer increíble. A pesar de ser unos pies gruesos dada su madurez suponían para mí una necesidad de adorarlos.

Saca la colchoneta de la celda y la colocas a los pies de la cama. Quiero que descanses a mi lado.

Su respiración pausada me dio a entender que se había dormido. Me asomé y estuve contemplándola hasta que se despertó. Ver su cuerpo echado sobre la cama, desnudo, solo con su braga y sus pechos apretados era una visión que nunca pensé que verían mis ojos. Al cabo de un rato sentí que se movía.

Hola mi perro, ¿has dormido?

No mi Ama.

Bien, échate en el suelo que voy a levantarme.

Se sentó al borde de la cama y puso sus pies sobre mi.

Nunca había tenido una alfombra en mi dormitorio y tan calentita para mis pies.

Sus pies se posaron sobre mi. El verlos con sus uñas pintadas me hicieron sentir algo que nunca había sentido. Deseaba que los dejara sobre mi más tiempo. Los fue deslizando por todo mi cuerpo introduciéndolos en mi boca para que los chupara. ¡Que forma de gozar!

Cuqui ahora te vas a acercar a la tienda de animales y compras los dos comederos que quiero que tengas. Recuerda que han de ser grandes. Antes levanta del suelo y me acompañas al baño.

Como un perro fiel la acompañé al baño despojándola de sus bragas. La compresa la llevé a mi boca y la chupe con fuerza extrayendo toda la orina que la empapaba. Al terminar me di cuenta que estaba manchada en su parte trasera de algo marrón. Mientras la acercaba a mi nariz para olerla….

Si, se ve que se me ha escapado algo al tirarme un peo. ¿Lo hueles?, ¿te gusta su aroma?

Realmente olía a caca con un fuerte olor mezclado con su orina. Pase mi lengua por la mancha a la vez que la miraba. Su cara lo decía todo. Sonreía y acariciaba mi cabeza mientras lo hacía.

Basta ya, si te gusta te aseguro que tendrás más después. Ahora ve y compra lo que te he dicho.

Me levanté y fui a comprar los comederos. Elegí unos de acero inoxidable grandes y anchos. A escondidas hice la prueba de pegar mi cara a ellos. Eran perfectos para un perro como yo.

Mira mi Ama, ¿te gustan?

Si, mucho. ¿Has comprobado que tu cara entre en ellos?

Sí claro.

Bien pues déjalos ahí, junto al sillón. Por la noche los pondrás en tu celda por si tienes sed o hambre y así no molestarme. ¿Quė te apetece?

No sabía qué contestar. Nunca me había permitido decidir yo. ¿Qué decirle?

Estaría encantado de hacer aquello que realmente le apetezca, mi Ama.

Pues esta tarde o me apetece salir. Nos quedaremos en casa y charlaremos sobre nosotros. Por cierto, ¿te importaría que te presentara a mis amistades como lo que eres, mi perro?.

Si realmente ese fuera su deseo le confieso que aún suponiendo para mí una humillación brutal lo aceptaría de buen grado solo por complacerla.

Pues si estás seguro de lo que me dices lo pensaré.

Sus amistades ¿son solo mujeres?.

Tengo amigas, amigos y parejas. Es no ha de preocuparte.

Perdone mi pregunta.

Me ha cabreado tu pregunta, acércame la paleta.

Al dársela me coloqué de espaldas a Ella y ofreciéndole mi culo ya marcado.

¿Quién te ha dicho que te coloques así? Ponte de rodillas frente a mí.

Atrapó mis pezones con sus dedos y los retorció estirándolos con fuerza para después golpearlos con la paleta. Al estar mis pezones hinchados las tachuelas de la paleta los marcaron con fuerza. Fueron tres golpes de paleta en cada uno de ellos.

Has de saber que no me gusta que te cuestiones mis decisiones. Un perro como tú no tiene derecho a hacerlo. Solo escuchar y obedecer. ¿Te ha quedado claro mi cuqui?

Si mi Ama Carla. No se volverá a repetir.

Eso espero. No quiero perder el tiempo en educarte, eres tú el que ha de estar pendiente de mis gustos sin que lo esté yo de ti. ¿Has comprendido cuál es tu obligación?. Ahora enciéndeme un cigarro.

Mientras fumaba su cigarrillo le dio un golpe de tos por lo que tiró de mi barbilla para que abriera la boca y escupir toda la mucosidad que tenía en su boca. Al caer en mi boca noté que se trataba de una madeja de mocos, de color verdusco y muy espesa que me costó tragarla. Se levantó y cogiendo mi correa me llevó al dormitorio.

Pasa dentro de tu celda. No tengo ganas ni de verte ahora mismo. Me has hecho sentir mal teniéndote que dar tantas explicaciones. A cuatro patas como el perro que eres.

Entré en mi celda y estando como me había ordenado me mandó levantar mis brazos para sujetarlos a las abrazaderas que había en ella. Una vez sujeto abrió la ventanilla que había en la parte trasera y al tirar fuertemente de la correa hizo que asomara mi cabeza por ella.

Así estarás bien para reflexionar sobre lo ocurrido.

Ahora se marchó hacia la parte trasera de la celda y tomando el plug me lo introdujo sin miramientos en mi ano procediendo a inflarlo hasta que me hizo sentirme totalmente dilatado y lleno. Mi esfínter latía sin cesar al estar tan abierto. Era una sensación extraña y diferente a lo sentido en otros momentos. Sería por lo hinchado de ahora. Cerró la puerta de la celda y se marchó. Allí solo, encerrado, me hizo sentir que no era nada, que solo era un objeto de su propiedad con el que haría lo que quisiera. Pasaron varias horas de soledad cuando apareció de nuevo en el dormitorio.

La indiferencia espero que te halla servido para reflexionar.

Abrió la celda y soltó mis manos de las abrazaderas para después ordenarme salir. Al hacerlo lo primero que sentí fue el deseo de besarle sus pies, en silencio, pasando mi lengua por sus zapatillas de piel.

Me gustas. Así ha de ser mi perro. ¡Vamos conmigo!

Llegados al salón se sentó dejándome en el suelo junto a Ella.

Bueno, reanudemos la conversación que habíamos iniciado. Me has dicho que soportarías la humillación de presentarte a mis amistades como mi perro, ¿es así?

Si mi Ama.

Les atenderás a ellos al igual que lo haces conmigo y si alguien de ellos te requiere tu obligación será obedecerles sea lo que sea que te pidan.

Así lo haré mi Ama.

Ahora me preparas algo de cenar, tengo hambre. Y me sirves una copa de vino.

Le serví su cena en la bandeja que colocó sobre mi espalda usándome así de mesa. Al terminar dejo la bandeja en el suelo y me mandó traer los comederos que había comprado junto con unos guantes de látex.

Voy a servirte tu cena. Estoy segura que tendrás hambre, ¿verdad?

Si mi Ama, gracias.

Coloque los comederos junto a Ella que se estaba colocando los guantes. Ahora cogió restos mezclados de la cena que le había sobrado y los amasó con sus manos enguantadas escupiéndole para dejarla bien compacta. Toda esa mezcla la echo en uno de los comederos. En el otro echó lo sobró de vino pero ahí además de escupir varias veces e mandó cogerlo y colocarlo entre sus piernas. Con sus manos se separó la braga y se puso a orinar en él.

Ya puedes cenar lo que te he preparado pero antes de que tengas tu boca como un cerdo me limpias bien.

Entre sus piernas fui lamiendo las gotas de orina de sus muslos para después lamer los labios de su coño que estaban totalmente mojados de orina. Se subió las bragas y tras encenderse un cigarrillo señaló con su dedo índice los comederos. Me agaché y comencé a tomar lo que me había preparado bebiendo de vez en cuando y usando solo mi boca y mi lengua para alimentarme. Fumaba y me miraba poniendo un pie sobre mi cabeza.

No tardes en terminar, quiero acostarme.

Terminé de tomarlo todo con un sabor que no sabría decir ya que la comida amasada con ayuda de su saliva y el vino con los escupitajos flotando no tenían un sabor concreto.

Veo que ya has terminado así es que ahora los limpias bien con la lengua. No me gusta que estén sucios aunque para un cerdo como tú le dé igual.

Tras fregarlo todo volví para acompañarla al dormitorio. Allí fuimos al baño y me mandó peinarla y ponerse el camisón así como cambiarle la compresa y la braga. La compresa, como siempre, la llevé a mi boca y con mis labios la estruje para beber toda la orina del día que ya tenía un olor fuerte mezclada con el sudor.

Bueno, ahora a tu celda. Esta noche la vas a pasar boca arriba y tumbado en la colchoneta para que así puedas descansar.

Me coloqué boca arriba pero lo que no imaginaba era que me iba a dejar con las piernas levantadas y cogidas con las abrazaderas de la celda. Antes de cerrar la puerta hinchó un poco más el plug para dilatarme mejor y más rápido mi culo.

Espero que, por tu bien, lo tengas bastante dilatado para la semana que viene que he pensado hacer una reunión con algunas de mis amistades. Buenas noches mi cuqui.

Otra noche, además de algo incómodo por tener las piernas cogidas a las abrazaderas en alto el estar pensando como me sentiría al presentarme a personas ajenas a nosotros como su perro y que debía obedecerles en todo lo que desearan. Así transcurrió mi noche.

Buenos días mi cuqui.

Buenos días mi Ama.

El nuevo día comenzaba como de costumbre. Cada día que pasaba prendía más de sus gustos y de sus manías en cuanto a formas de hacer las cosas. Realmente estaba viviendo como siempre había soñado. Desde mi celda pude escuchar como hablaba por teléfono.

¿Qué os parece para mañana? Os espero sobre las doce. Tengo muchas ganas de que lo conozcáis.

Ella se levantó y abrió la celda soltándome las piernas de las abrazaderas.

Vamos, sal pronto que he de ir al aseo. No puedo aguantarme mucho más.

Tiró de la correa, llegamos al aseo y levantándose el camisón se bajó las bragas y se sentó en el wc. Allí, arrodillado junto a Ella su culo comenzó a emitir sonidos fuertes que dieron paso a varios chorros de excrementos. El olor era tan fuerte que todo el aseo se lleno de su olor.

-Uffff, si por poco no llego. Parece que tengo el estómago un poco descompuesto. Tengo más así es que ve y tráete el comedero.

Se lo traje y me mandó colocarlo bajo su culo. Una nueva ventosidad dio paso a un chorro líquido de excrementos.

Creo que no tengo más. Llévatelo a tu cuarto de aseo. Huele fatal. No sé cómo te puede gustar.

Simplemente porque sé que procede de Usted. Eso me es suficiente para que además de atraerme tanto su olor como su sabor me encanten y me vuelvan loco.

¡Estás hecho un auténtico cerdo! Y no solo eso sino que me encanta que lo seas. Ahora lávame bien el culo que seguro que está súper sucio.

Le ayudé a levantarse y sentarla en el bidé. Allí fui pasando mi mano por los cachetes de su culo que si estaban llenos de las salpicaduras de sus excrementos. Tardé bastante en limpiarla entera porque lo tenía muy sucio. Me gustaba pasar mis manos por su culo y llenarme de sus excrementos. Después la sequé y le subí las bragas para bajarle el camisón.

Tráeme dos guantes de látex negros de la cocina.

Se los puse y nos dirigimos a mi aseo. Allí me mandó desnudarme por completo, liberó mi polla de su jaula y me hizo tumbarme dentro de la ducha. Ella se sentó en un banco de baño y cogiendo una esponja la metió en el comedero con los excrementos.

Ahora te voy a cubrir todo tu cuerpo con esto que es mío, de tu Ama y Dueña de ti. Antes te pondré la mordaza, hoy no lo vas a probar aunque sé que lo estás deseando y que te encantaría su sabor, ¿verdad?. Eso lo dejo para más adelante.

Si mi Ama me encantaría saborearlo. Sería una forma más de demostrarle lo que la admiro, lo que la amo y lo que estoy dispuesto a hacer solo por complacerle a Usted.

Ella introdujo la bola de la mordaza en mi boca y la abrochó tras de mi cabeza bien ajustada. Ahora solo podía olerla y con eso debía conformarme. Con sus manos enfundadas en los guantes introdujo la esponja en el bol y al sacarla toda chorreando de sus excrementos la fue pasando por mi cuerpo impregnándolo de ellos. Todo mi cuerpo se tornó de un color marrón. Para cualquiera eso sería una asquerosidad pero para mi suponía que la mujer a la que pertenecía estaba marcando mi cuerpo con algo tan íntimo como sus excrementos. Ya hasta el olor tan fétido, para mí era un aroma exquisito y deseado.

Me gusta verte lleno de mi. Ahora te lo voy a echar en tu pelo. No quiero que quede nada de ti sin estar marcado.

Tomó el comedero y lo vertió sobre mi cabeza para a continuación frotar mi pelo con sus guantes.

Quiero que disfrutes más, así es que te voy a dejar un rato más así. Después volveré a verte.

Durante un rato permanecí tumbado en la ducha e impregnado de sus excrementos además del fuerte olor que había. Así estaba cuando apareció en el aseo. Se había puesto sus botas altas de tacón fino. El sonido de sus tacones acercándose me excitó.

¿Qué tal estás, cerdo?, ¿cómo te sientes marcado de esta manera por tu Ama?

Muy bien, mi Ama. Gracias por marcarme de esta forma.

Mientras fumaba un cigarrillo se apoyó en la mampara de la ducha mirándome con gesto de satisfacción. Me escupió a la vez que echaba la ceniza sobre mi. Después levantó una de sus piernas para posar su bota sobre mi cuerpo y frotarla hasta estar sucia de excrementos.

Sabes cómo me gusta tener mis botas, ¿verdad mi perro?

Diciendo esto su pierna comenzó a deslizarse por mi cuerpo llegando a posar la suela de su bota sobre mi boca. Estaba toda sucia de sus propios excrementos.

Ya te dije que pronto te haría probar algo más de mí, mi cerdo cuqui. Ahora ya sabes lo que tienes que hacer.

Con la suela de su bota frotando los labios de mi boca la restregaba fuertemente hasta tener yo que abrir la boca. Le comencé a dar lametones a las suelas y después al resto de la piel de su bota. El sabor ya lo hice mío y me gustaba saborearlo.

Muy bien, ahora ya te puedes levantar y lavarte muy bien, cerdo asqueroso. ¡Mírate como hueles! Así no podrás servirme, cerdo.

Hube de lavarme con jabón varias veces ya que el olor de mi piel no conseguía quitarlo. En el fondo era un olor de Ella y no me importaba que algo quedara en mi piel, pero debía lavarme muy bien para agradarla.

¿Qué le parezco, mi Ama?

Muy bien, hueles muy bien, me gustas. Prepárame el desayuno y te contaré algo.

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