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Dominaciónsept 2022

¡Prohibido Fumar!

Mercedes le advirtió que dejaría de fumar o pagaría las consecuencias. Tomás no sabía que su amenaza no era solo una advertencia médica, sino la llave para desbloquear una pasión oculta y cruda que ella guardaba desde hacía años.

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¡ Prohibido Fumar ¡

Mercedes y Tomas llevaban casados veinticinco años. Habían contraído nupcias allá por los años noventa cuando ambos tenían veinte años. Ella se había quedado embarazada y decidieron juntos tirar con todo adelante. Al año siguiente ella se quedo nuevamente en cinta, aumentado la familia en uno más nueve meses después. Al igual que ellos sus hijos decidieron independizarse muy jóvenes, por lo que con casi cincuenta años ambos volvían a vivir una segunda juventud, como lo hicieron hacia veinte años antes de que nacieran sus retoños, la parejita como ellos decían.

Mercedes era una mujer de mediana estatura, ojos color miel de piel clara. El pelo color negro azabache lo llevaba siempre por debajo de los hombros, no llegaba a tenerlo nunca largo, pero tampoco corto. Sus curvas a pesar de haber tenido dos embarazos eran aun muy deseables, despertando pasiones ocultas entre sus conocidos y los no conocidos. Sus pechos eran bastante grandes, y su culo todo un clamor que destacaba aun mas al ir casi siempre con faldas ajustadas que la llegaban hasta casi las rodillas, o un pelín por debajo de ellas.

Tomas era un hombre alto, con el pelo corto, barba cuidada y siempre elegantemente vestido. Trabajaba en un banco por lo que llevar corbata y traje formaba ya partes como de su piel. A eso había que añadirle su voz, varonil, fuerte, una voz que imponía.

Aquella mañana de septiembre sin embargo ambos estaban algo preocupados. Hacia unas semanas el se había hecho unas pruebas y ahora en unos pocos minutos se debía de enfrentar a los resultados. Ambos sentados en la sala de espera con las manos unidas esperaban la llamada del médico. La enfermera salió llamando a Tomas, a lo que ambos respondieron levantándose para pasar a la consulta.

-¡Buenos días! – les recibió el doctor estrechándoles la mano a forma de saludo para sentarse nuevamente en su silla.

-¡Buenos días doctor! – respondieron ambos al unisonó sentándose igualmente al otro lado de la mesa.

-Bueno Tomas, hemos revisado y estudiado todas las pruebas que te hemos hecho y tus pulmones están bastante tocados. – comenzó diciendo el doctor.

-¿Cómo de tocados? – pregunto Mercedes. Tomas permanecía en silencio.

-Bastante. Tomás es fumador desde que tenía quince años, y si no me equivoco nos dijiste que te fumabas unas dos cajetillas diarias. – adujo el doctor mirando sus papeles donde tenía todo apuntado.

-Si, así es. – corroboro Tomás.

-¿Y ahora qué hacemos? – pregunto Mercedes con un nudo en la garganta.

-Pues lo primero sería dejar el tabaco por completo. De golpe, no me sirve poco a poco, y luego ver si los pulmones se recuperan. Lo siguiente sino reaccionan será peor. – el doctor considero que lo mejor era dejar las cosas claras desde un principio, pero sin decir lo que podría ocurrir si no dejaba de fumar.

-¡Dejara de fumar! De eso me encargo yo. – afirmo con autoridad y seguridad la mujer.

Mercedes y Tomas abandonaron el centro de salud agarrados de la mano sin hablar entre ellos, digiriendo la noticia. Una vez montados en el coche y sin arrancar aun él la dijo.

-Me va a costar mucho dejar de fumar, no sé si podre hacerlo.

-Acaso prefieres morirte gilipollas – le respondió ella mirándole fijamente a los ojos desde el asiento del copiloto con el bolso sobre su regazo.

-Mujer, no será para tanto. El médico no ha dicho que me vaya a morir si no dejo de fumar. – arguyo el intentando buscar un buen argumento que no existía.

-No te lo ha dicho así pero lo ha insinuado, o acaso no sabes leer entre líneas. Lo siguiente podría ser cáncer de pulmones idiota. Así que el tabaco se acabo, ni un solo cigarrillo, ¿me oyes? – dijo Mercedes levantando la voz lo suficiente para que la oyeran incluso desde fuera del coche, aun aparcados en el aparcamiento del centro de salud.

-Lo intentare, ¡que mujer¡ – dijo Tomas arrancando el coche.

-No me vale Tomas. Dejas de fumar y se acabo la conversación. Y si me tengo que quitar la zapatilla para darte en el culo como hacía con los chicos cuando se portaban mal, lo hare. Así que no me pongas a prueba. Prefiero un marido con el culo rojo a uno en el cementerio.

Tomas condujo hasta casa sin decir nada, pero aquella frase que le había soltado su mujer le había puesto cachondo hasta en un momento tan delicado como aquel para su vida. “si me tengo que quitar la zapatilla para darte en el culo como hacía con los chicos cuando se portaban mal, lo hare”.¿Sería capaz de quitarse la zapatilla frente a él y propinarle unos buenos azotes con ella en el culo? ¿Hasta dónde llegaría el temor de perderle?, y ¿que sería capaz de hacer para no encontrarse sin él? Tomas miraba de reojo a su mujer, su mirada fija al frente. Solo percibía en ella miedo, preocupación y enfado. Miedo a perderle, enfado por no saber si sería capaz de dejar de fumar.

Al día siguiente después del desayuno Mercedes se fue a la compra. Era sábado y Tomas no trabajaba se quedo en casa leyendo el periódico tranquilamente. A los pocos minutos y sin poder concentrarse en las noticias que leía, a su mente volvió la amenaza de su mujer. “si no me quito la zapatilla y verás….! Tomas se levanto y camino hasta el dormitorio, abrió el armario donde su mujer guardaba su calzado y contemplo la cantidad de zapatillas que tenía su mujer, todas ordenadas sobre una repisa. Las había de todas las clases, unas cerradas de color rojo fuego, otras abiertas con florecitas, unas verdes de felpa igualmente cerradas y con los dedos al aire. No pudo contenerse y una erección se hizo bien visible bajo sus pantalones, y en su mente una sola pregunta. ¿Qué se sentiría al probar una de esas zapatillas en el culo? Estaba extasiado, hipnotizado, incluso por las que su mujer tenía al pie de la cama, y que en la actualidad eran las que utilizaba a diario. Sin saber porque se acerco a ellas, se agacho y cogió una entre sus manos. Se la acerco a la nariz y oliéndolas absorbió su aroma. Olían a ella, olían a su Mercedes, y sin remedio alguno aun se empalmo más. ¿Sería aquello un reactivo para su vida sexual que se había convertido en algo rutinario, algo totalmente previsible y sin alicientes nuevos? Tomás se desabrocho los pantalones bajándoselos hasta los tobillos, luego hizo lo mismo con su ropa interior e inclinándose sobre la cama se ofreció el culo a sí mismo. Con la zapatilla de su mujer en la mano derecha, se miro en el reflejo del espejo. Había adoptado la posición para recibir unos buenos zapatillazos, doce decidió el. No iba a parar hasta darse una docena de ellos, ese sería su primer castigo. Con la mirada clavada en el espejo contemplando su trasero, hecho su mano para atrás y comenzó a azotarse con la zapatilla de su mujer. Se mordió los labios, picaba de lo lindo, pero no paró hasta darse los doce zapatillazos prometidos. Seis en cada nalga, sin pausa alguna. Tras ellos soltó la zapatilla cayendo esta al suelo para con las manos consolarse el trasero, estaba caliente pero no había sido para tanto. ¿Cómo podían llorar tanto sus hijos cuando su madre les daba con ella? El tenía más fuerza seguramente y si, picaba, pero no era para tanto.

A su mente vino la borrachera de su hijo con dieciocho años recién cumplidos. Cuando llego a casa no se tenía en pie, su madre lo ducho vestido y luego en la salita de estar frente a él y su hija mayor le dio una ración de zapatilla a culo descubierto que lo dejo baldado. Aun recordaba los alaridos que daba su hijo y su pataleo tras cada zapatillazo recibido y las risas de su hija Laura al verle. Esas burlas y esas risas la costaron recibir también zapatilla tras su hermano. El enfado de su madre era descomunal, y cuando termino con el chico siguió con la chica aun sin haber hecho nada malo, aun sin haberse emborrachado. Al final acabaron ambos de cara a la pared, cada uno en una esquina del salón, con las manos en la cabeza y el culo bien rojo. Tomas y Mercedes siguieron viendo la televisión como si nada hubiera pasado. Así se las gastaba su mujer.

Hacia mucho que Tomas no se sentía tan excitado, esos pensamientos, esos recuerdos, esos zapatillazos que se había auto infringido, su mujer enfadada y en plena acción. Se fue al cuarto de baño con la zapatilla de su mujer en la mano, y volviéndose a mirar en el espejo se contemplo nuevamente el trasero. Ya no estaba tan colorado, pero aun se notaban las marcas de la suela de la zapatilla. Sin darse cuenta comenzó a masturbarse, y de vez en cuando, ahora con su mano izquierda se daba algún zapatillazo en el culo, mientras que con la derecha no dejaba de pajearse. No tardo mucho en correrse, tres o cuatro zapatillazos, y cinco minutos de intenso movimiento de su mano derecha bastaron para manchar las cortinas del baño con una corrida monumental. Tomas estaba sofocado, no sabía el tiempo que tardaría su mujer en volver de la compra. Corrió a la habitación y dejo la zapatilla junto a su pareja a los pies de la cama, cerró la puerta del armario donde Mercedes guardaba todas sus armas de castigo, y retorno al baño para limpiar el desaguisado. Cuando todo estuvo limpio y ordenado volvió a sentarse prosiguiendo con la lectura del periódico. A los pocos minutos regreso Mercedes cargada con dos bolsas llenas de comida. La adrenalina de Tomas estaba por las nubes.

Al día siguiente domingo, Mercedes se fue a ver su hija que vivía cerca de ellos, con la excusa de ver si necesitaba algo. Nuevamente Tomas se quedo solo en casa, esta vez frente al ordenador, leyendo la prensa online. Los mismos pensamientos volvieron a su mente como un águila cae desde el cielo sobre su presa. Su mujer se había puesto esa mañana una falda azul ajustada que le llegaba un palmo por debajo de las rodillas, y un jersey fino de lana color verde manzana. Recordarla con las zapatillas de estar en casa puestas le puso cardiaco. Eran abiertas por delante y por detrás, dejando un par de dedos al descubierto. Eran de felpa, de color azul clarito, y su suela blanca y rugosa. Se acordó de lo que picaban cuando se auto castigo con ellas. Nuevamente una erección volvió a su entrepierna.

Aun conservaba un par de cajetillas de tabaco en casa, y decidió poner a prueba a su mujer. ¿Sería capaz de castigarle cuando oliese el olor a tabaco en la salón? Encendió un cigarrillo y le dio dos caladas, su aliento tenía que oler a tabaco, seguro que le obligaría a echarla el aliento para confirmar sus sospechas. Luego lo dejo consumir en el cenicero, que lo dejaría a la vista para que no hubiera duda alguna de que allí se había fumado. Ceniza y colilla incluidas.

Mercedes llego una hora después, feliz y radiante, hasta que su olfato percibió el olor a tabaco. Tomas continuaba frente al ordenador, aunque no leía, solo estaba atento de la reacción de su mujer.

-¿Huele a tabaco? – pregunto ella.

-Noooo, ¿Cómo va a oler a tabaco, mujer? Será tu sensación. – contesto él, las cosas iban por buen camino.

-Ven aquí y échame el aliento Tomas. – ordeno ella con los brazos ya cruzados por debajo de sus majestuosos pechos.

Las cosas marchaban tal y como Tomas había planeado, la conocía muy bien, solo dudaba de si sería capaz de pegarle con la zapatilla como le había vaticinado, o todo quedaría en una bronca y un enfado monumental entre ellos. El era su marido, no uno de sus hijos, a ellos en estas circunstancias no les hubiera salvado ni el que ya fueran mayores de edad.

-Ahhhhhhhhh - le hecho Tomas el aliento bien cerca de ella para que pudiera percibirlo nítidamente, aunque él lo fuese a negar para encenderla un poco más aun.

-¡Tomas, tú has fumado! ¿En que habíamos quedado? – argullo ella con un tono de voz lo suficientemente fuerte como para saber que estaba bastante cabreada.

-¡Que no he fumado, joder! ¡Qué mujer, por Dios! – la repitió Tomas dándola la espalda y dirigiéndose de nuevo al ordenador. Justo al lado del ratón estaba el cenicero con las pruebas, bien ubicado por si acaso no lo viera, algo que le costaba creerlo porque su mujer era lista como la que más.

-¡Serás hijo de puta! – grito ella fijando su vista en el cenicero, con la colilla y la ceniza consumida en su interior. Se fue directa al dormitorio mientras Tomas la seguía con la mirada. Pues sí, le iban a calentar el culo pensó para sí mismo mientras sonreía levemente. Mercedes apareció con sus zapatillas azul clarito abiertas de suela blanca rugosa puestas. Sin aviso alguno agarro a Tomas de una oreja y le obligo a levantarse de la silla frente al ordenador, tirándole sobre el sofá. Acto seguido se quito la zapatilla y comenzó a azotarle en el culo con los pantalones puestos. Tomas se retorcía y aullaba, ella se encendía aun más y golpeaba de nuevo.

-¡Te lo advertí mentiroso! ¡Sinvergüenza! ¿La ves? Hora de catarla, mentiroso. Con la colilla en el cenicero y aun me lo niegas canalla.

La zapatilla la verdad es que no picaba demasiado sobre los pantalones y la ropa interior, pero la escena le puso a Tomas más bravo que nunca. Después de recibir unos veinte zapatillazos con total maestría, pues ninguno callo allí donde Mercedes no quisiera darlo, a pesar de que Tomas se retorcía por el sofá buscando una salida, esta decidió dar por terminado el castigo, mandándole levantarse para echarle un pero que muy buen rapapolvo. Cuando su marido se levanto su polla destacaba por debajo de sus pantalones de tergal, descolocando a su mujer momentáneamente, aunque esta supo atar cabos enseguida. De hecho era muy avispada. El ya lo sabía.

-A ti te ha gustado esto, ¿verdad? De hecho lo has buscado a propósito, ¿no es así bribón? – le dijo ella mientras acariciaba la verga de su marido por encima del pantalón, rozándola con sus dedos. – Solo con mirar el cenicero me basta. Supongo que le has dado un par de caladas al cigarrillo para que te oliera el aliento, y luego lo has dejado consumir en el cenicero. La ceniza aun está unida a la colilla. – continuo diciendo Mercedes con los ojos clavados en los de su marido, para luego bajar la mirada hacia su mástil y continuar. – Y esta erección de tu cosita lo confirma aun más.

La voz de Mercedes era acaramelada, su mano se hizo hueco por dentro la bragueta del pantalón de su marido hasta cogerla con su mano derecha y comenzar a meneársela.

-Pero no me ha gustado nada de lo que has hecho. – le volvió a decir mirándole a los ojos sin dejar de pajearle lentamente. Tomas estaba excitado al máximo, y su agitada respiración así lo denotaba. – De hecho creo que voy a castigarte y esta vez de verdad por esta fechoría. – La mano de Mercedes subía y bajaba con el miembro de su marido en la mano, la mano desaparecida en el interior de la bragueta de los pantalones de su marido. Su mirada clavada en la de su marido. Su voz entre acaramelada y sería. Se venía encima la gran paliza. – Ven, que te voy a enseñar yo ahora como se las gasta tu mujer. La que te he dado no va a ser nada para la que te voy a dar ahora.

Sin soltar el miembro erecto de su marido agarrado por dentro de la bragueta de este, Mercedes codujo a su marido hasta el centro del salón. Cogió una silla y la puso justo en el centro, en ese mismo momento soltó la polla de Tomas para con la misma mano quitarse la zapatilla lentamente, bajo la atenta mirada de él. Luego se subió su falda azul ajustada un poco por encima de las rodillas para sentarse cómodamente en la silla. Volviéndole a mirar a los ojos y con una indicación de la zapatilla señalando su regazo, le dijo.

-A culo descubierto, sobre mi regazo. Conoces esa expresión y su significado, ¿no? – le indico ella.

El conocía muy bien lo que significaba aquella expresión. Se quito los pantalones y los calzoncillos, quedándose solamente con la camiseta puesta. Se tumbo sobre el regazo de su mujer y puso el culo en pompa, bien alto. No hacía falta que le dijera como lo quería, sabía perfectamente sus gustos para estas lides. Ya colocado en posición ella volvió a tomar la palabra.

-Muy bien cariño, así me gusta. Ahora más te vale no llevarte la mano al culo para protegértelo, o te juro que pruebas luego la otra.

La mano de Mercedes describió un ángulo perfecto hasta impactar por primera vez sobre la nalga derecha de su marido. Aquella zapatilla ahora si que picaba de lo lindo, mucho más que cuando él se había auto castigado. El segundo zapatillazo en la nalga contraria le hizo aullar de dolor. ¿Cómo podía su mujer tener tanta fuerza? Al cuarto zapatillazo Tomas quiso llevarse la mano al culo para protegerse de aquella arma homicida, pero sus ojos se clavaron en la zapatilla que aun calzaba su mujer, la pareja de la que estaba probando. Se excito, no pudo impedirlo y su mujer lo noto bajo ella. La zapatilla subía y bajaba, restallando contra el culo de Tomas cada vez que lo hacía.

-Acostúmbrate campeón porque a partir de ahora van a cambiar mucho las cosas por aquí. Me parece a mí que vas a probar la zapatilla muy a menudo. Además tengo muchas y variadas.

-Lo sé, las he visto en el armario – contesto Tomas con lagrimas ya en los ojos.

-Con que mirando y cotilleando en mi armario cuando yo no estoy, ¿eh? Muy bonito. Dame la otra que también la vas a catar. – le ordeno Mercedes tirando su zapatilla al suelo en espera de que su marido le diese la otra.

-No por favor, me quema el trasero – suplico Tomas descalzando a su mujer mientras la daba obediente la otra zapatilla sin perder la posición sobre el regazo de su mujer, echando su brazo derecho hacia atrás, para que ella la cogiera. Esta la tomo en sus manos y sin miramiento alguno prosiguió la zurra.

-Haberlo pensado antes de hacerlo

La zapatilla caía sin cese alguno sobre el trasero de Tomas. Derecha e izquierda, cada vez con más contundencia, sin piedad. Sin embargo la polla de él seguía creciendo, y la excitación de ella iba cada vez también mas in crescendo. Después de no menos que cincuenta zapatillazos el culo de Tomas estaba resplandeciente al rojo vivo. Su mujer le mando levantarse y le permitió consolarse las nalgas con las manos, a lo que su marido obedeció inmediatamente. Ella dejo caer la zapatilla al suelo y primero una, y luego la otra se calzo ambas zapatillas.

-Al sofá y de rodillas sobre él, quiero ese culo bien expuesto. Ahora vuelvo.

-¿Pero?....

-¡Obedece¡ - grito Mercedes señalando el sofá con un tono de voz firme, serio, autoritario, que no dejaba duda alguna de lo que su marido debía hacer.

Mercedes se fue nuevamente al dormitorio. Tomas intuyo que debía de ir a por alguna de las zapatillas que guardaba en el armario. Aquel tormento no había concluido. Sin embargo Mercedes apareció con una polla negra de látex de unos doce centímetros atada con una especia de arnés a su cintura, sobre su falda azul ajustada. Cuando Tomas la vio abrió los ojos de par en par.

-Cuando te he metido un poco algún dedito no te has quejado. Al contrario, te ha gustado, ¿no? Pues después de estas fechorías chavalote, creo que es el momento adecuado para que sientas lo que yo siento cuando me das por detrás.

Tomas continuaba de rodillas sobre el sofá con el culo bien expuesto, sin perder la posición como le había ordenado su mujer. Con los ojos bien abiertos vio como ella untaba aquella polla negra de látex con vaselina, y se acercaba con ella entre las manos hacia él, hacia su culo.

-Mirada al frente y sin rechistar. – le ordeno ella mientras se aferraba con una mano a sus caderas y con la otra guiaba a aquella polla hasta el agujero cerrado de su culo, aun por desvirgar.

Tomas cerró los ojos y se mordió los labios, aquello si que era nuevo, la chispa volvía a saltar haciendo arder a la rutina. La polla de látex negro se hizo camino abriendo el culo de Tomas, mientras su mujer apretaba sus caderas hacia adelante y hacia atrás, follandose el culo de su marido.

-¿Qué ganas tenía de follarte el culo amor mío? Tengo esto guardado desde hace un año y no encontraba el momento de utilizarlo.

-Ahhhhhh, te voy a reventar a pollazos luego zorra. – la amenazo Tomas

-Eso espero, de lo contrario zapatilla primero y luego……

Las caderas de Mercedes se movían con soltura, su trasero se apretaba bajo aquella falda azul ajustada a su piel a cada embestida. El culo de Tomas rojo como un tomate y abierto en canal. El jadeaba de placer, ella acometía excitada, estaba encendida, poseída, ardía en deseos de que la hiciera luego lo mismo. Que la reventara el culo a pollazos, aunque primero le obligaría a hacerla otras cositas. LA mano derecha de Mercedes volvió a castigar el culo de su marido propinándole unos buenos y sonoros azotes,

Tomas se corrió como un alma poseída por el diablo manchando el sofá con su leche. No sabía muy bien como, pero sentía el culo lleno y tenía el depósito vacio. Mercedes saco la polla de látex del interior de su culo y desabrochándose el arnés la dejo caer al suelo. Tomas se levanto del sofá y la miro con ojos de vicioso. Ella atrajo su mirada y se quito las bragas sin enseñarle nada, metiendo sus manos por debajo de falda, y tirándoselas a la cara una vez quitadas. Le dijo.

-Luego limpias el sofá a conciencia, y como no quede reluciente ya sabes lo que te espera. Ahora ven al dormitorio que primero me vas a comer el coño como Dios manda, y luego me vas a dar lo mío que bien que me lo he ganado. Mínimo tres orgasmos quiero, uno con tu lengua en mi coño, otro cuando me folles por delante y el ultimo por detrás igual que tú, ¿entendido campeón?

Jersey de lana verde resaltando sus pechos, falda azul ajustada por debajo de las rodillas remarcando su culo, y zapatillas de estar por casa echando aun humo por los zapatillazos dados. No sé cómo pero la polla de Tomas ya estaba otra vez mirando al cielo. Se quito las bragas de la cara, las olió absorbiendo la fragancia de su mujer y con ellas en la mano siguió sus pasos. Tenía hambre, y para comer tenia coño.