Mi primer Sumiso. Femdom / Parte 2
Él se arrodilla no por obligación, sino por devoción. Ella descubre que el verdadero placer no está solo en dominar, sino en ver cómo él se deshace por completo ante su voluntad, sin importar cuán degradante sea el acto.
Capítulo 2. El aftercare y algo más
Me quedé un rato observando cómo besaba y lamía mis pies con devoción.
- Gracias Señora. Gracias por esta experiencia, me ha encantado.
- A mí también perrito – le sonreí
Lo alzo por el cabello y le acaricio como a un perro, él me responde feliz. No pude evitar agacharme y darle un abrazo, él se sorprendió y me lo devolvió encantado.
- Me ha encantado todo, me siento muy orgullosa de ti
- Gracias señora, me hace muy feliz que me diga eso.
- ¿Cómo te sientes? ¿Te duele la cara?
- No no, bueno un poco nada más, pero estoy bien y me siento contento de estar aquí. ¿Y usted?
- También, me siento emocionada, en verdad me ha gustado mucho. Creo que me volveré una viciosa.
- Por mi excelente – sonríe pícaro
- Idiota – le digo sonriente
- Jajaja usted me encanta señora
- Ven, vamos a sentarnos un rato, quiero agua.
Nos sentamos en el sofá, y él fue a buscarme agua, me encantó ese gesto. Siento que me daría cualquier cosa que le pidiera, ¡me encanta!
La cabeza me iba a mil, intentando gestionar toda la situación y los sentimientos que tenía. Realmente me había encantado todo y al ser mi primera vez, todos las sensaciones fueron muy intensas. Pero no podía evitar preguntarme cómo estaba él, especialmente cuando le traté tan fuerte.
- ¿Cómo te sentiste cuando te insulté o te humillé? Me preocupa un poco haberte lastimado. Quiero que seas sincero.
- Bien Señora, de verdad que no me molestó para nada, no se preocupe. Esto es consensuado y yo soy un poco masoquista, así que me encanta.
- No puedo evitar preocuparme, me costó mucho aceptar mi lado sádico y apenas lo estoy explorando. Necesito este feedback y que me digan que están bien, sino pues me sentiré mal, culpable y preocupada por si le hice daño.
- Entiendo señora, es comprensible y me encanta que se preocupe por el sumiso. Le aseguro que le soy sincero, no me ha lastimado en ningún momento, me siento bien y feliz de por fin haber experimentado esto con usted. Llevaba mucho tiempo fantaseando con una sesión con usted, y ha sido mucho mejor de lo que esperaba, para ser su primera vez. ¿Y usted como se sintió?
- Que me digas eso me tranquiliza. En verdad estaba muy nerviosa, no sólo por la sesión en sí y todo lo que conlleva, sino también de quedar a solas contigo, soy mujer y pues, de alguna manera ya eso por sí sólo me pone en una situación más vulnerable. Me aterra quedar a solas con un hombre. Por cierto, ahora mismo puedes tutearme, pero cuando estemos en sesión o entremos en terreno femdom de alguna manera, cambia el chip a sumiso y trátame de Usted. Necesito hablar con tu yo real, no con tu lado sumiso.
- Comprendo, me parece bien en verdad. Estar siempre en modo sumiso cansa, a pesar de que me encanta. Con respecto a lo otro, te entiendo, no del todo pues entiendo que ustedes la llevan peor y no es lo mismo. Pero es un honor el que hayas confiado en mí y créeme que sería incapaz de hacerte daño. Ya sabes todo de mí, mi trabajo y mis datos personales. Y te digo que si en algún momento deseas que dejemos esto, dímelo con confianza y sin miedo, no soy del tipo de hombre que agarra rencor o intenta vengarse por un rechazo, lo aceptaré y lo respetaré sin más. Y siempre tendrás todo mi mayor aprecio y mi ayuda por si me necesitas.
- Me encanta que seas tan empático – le sonrío, me sentía bastante aliviada.
Terminamos conversando de muchas cosas, sin estar dentro del juego de rol, quería conocerlo a él como persona, y que él me conociera a mí, más allá de mi lado Domme. Todo simplemente fluía, había mucha química y complicidad entre nosotros. En una de esas, recordando que él no había comido le pregunto:
- ¿No tienes hambre?
- De usted, siempre – me sonríe pícaro
- No, pendejo, de comida. Que no has comido nada
- Jaajajjaa ah, ya, entiendo.
- Idiota – le digo riendo
- Señora con esos insultos me está excitando de nuevo
- Pues te jodes, ve a comer y me traes un vino – le digo aguantando la risa
- A sus órdenes – se levanta y me hace una reverencia exagerada sonriendo
- Idiota… - le digo en tono cariñoso – Por cierto Eric, quiero aclarar que cuando te digo idiota o pendejo no lo pienso en serio, simplemente, me gusta decirte así, me excita un poco. Si te molesta que te llame así fuera del rol, dímelo y pararé
- No te preocupes, no me molesta para nada, lo sé por el tono y la forma en que lo dices. Además, a mí también me excita que me llame así. Usted puede llamarme como le apetezca y créame que yo le daré las gracias de rodillas – me decía mientras servía las buscaba las cosas y me servía el vino
Me sentía bien con él. Transmitía mucha confianza y me hacía sentir segura. Era un buen chico. Y gracioso, ¡me encantan los hombres graciosos!
Fue a buscar las cosas y aproveché de mandarle un mensaje de texto a mi amiga, que ya me había escrito.
- Emma, ¿Todo bien?
- ¡Todo bien!
- Uff que alivio, me alegra:D Dentro de una hora vuelvo a escribirte, estoy pendiente
- Gracias Mary
Teníamos un código, si le respondía “¡Todo bien!” es porque todo iba bien. Si le respondía “Todo muy bien” (por si acaso él leía mi mensaje y que no sospechara), ella iba a llamar a la policía y a venir con mi otro amigo, al igual que si obviamente no le respondía (con esto tenía que tener cuidado, no vaya a ser que olvide responder o me quede sin baterías y ellos se preocupen o algo). Entre amigos nos cuidamos.
Al rato llega Eric con el vino, se arrodilla y me lo da. Le digo “buen chico” y me sonríe “Lo que sea por mi Diosa”, me besa la mano y luego va a buscar su comida. Cuando la iba a servir en la mesa le digo:
- ¿Pero qué haces, los perros comen en la mesa? – le digo con una sonrisa pícara
Amé el gesto que puso, primero confuso y luego pícaro
- Perdón Señora, pensé que estábamos en modo vainilla.
Le hice un gesto apuntando al suelo y puso el plato a mis pies y empezó a comer.
- Sin las manos
Así lo hizo. Me gustaba verlo comer así como un perrito. Le puse un pie en la cabeza y le embarre toda la cara con la comida. El seguía comiendo como podía, a veces le pisaba un poco más fuerte, me divertía ser mala con él.
- Pobre perrito, no puede comer bien – y le pisaba de nuevo la cabeza, él se atragantaba, a veces sacaba un poco la cabeza para respirar y seguía comiendo
En una de esas, meto el pie en el plato, agarro algo de comida, la alzo y se la pongo cerca de la boca. Él sin dudarlo empezó a comer de mi pie, luego volví a sacar comida, y se lo volví a acercar y él volvió a comer. Repetí esta operación varias veces.
- Me encanta verte comiendo de mis pies. ¿Te gusta cachorro?
- Si Señora, me fascina, así la comida sabe mejor. – Me encantó su respuesta, como recompensa le di un golpecito en la cara con el pie mientras le sonreía.
- Buen chico. Come - él comía y cuando terminaba de comer el bocado, me besaba el pie. Me estaba excitando mucho de nuevo.
Terminé dándole de comer con mis pies. Cuando finalmente acabó, le dije que los limpiara con la lengua y así lo hizo. Lo lamió bastante y los dejó limpiecito. Sin embargo aún se sentía incómodo y algo grasoso y le digo:
- Perrito ponte a cuatro patas y llévame al baño, quiero me laves los pies que aún se sienten grasosos.
- Por supuesto Señora, será un placer
Él se acomoda y me siento en su espalda, y me lleva hasta el baño como si fuera un pony. En el camino le acariciaba el cabello, también se lo apretaba causándole un poco de dolor, él gemía entre el dolor y el placer.
Cuando llegamos al baño, me siento al borde de la bañera, y le indico primero que se lave el rostro que estaba hecho un desastre, él obedece y luego se encarga de lavarme los pies.
Se sentía muy morboso todo, lo hacía con una devoción y un deseo que me traspasaba. Me gustaba la delicadeza con la que lo hacía, casi como si estuviera sosteniendo un tesoro sagrado.
Cuando terminó me besó los pies.
- Gracias Señora, por el honor de dejarme lavar sus pies.
Me hubiera desnudado allí mismo y hacerlo que me lave como si fuera una Diosa, pero preferí dejarlo para otra ocasión, que tuviéramos más tiempo juntos. Eso es un premio que él debe de ganarse. En cambio lo miré fijamente, lo jalé del cabello y empecé a besarlo. Lo besaba con mucho deseo, con fuerza y con posesión. Él se dejó hacer. Sentía que lo estaba poseyendo.
Me encantó el sonido que hizo cuando le mordí los labios, me miró sorprendido luego lo besé y quedó rendido de nuevo, y nuevamente lo mordí y él se quejaba en una mezcla de dolor y placer. Estábamos muy excitados.
Empecé a apretarle los hombros con fuerza, mientras le clavaba las uñas y le besaba y mordía, él gemía. En una de esas, me provocó envolverlo con mis piernas (él estaba de rodillas y yo sentada al borde de la bañera), le atenazo el cabello fuertemente con mi mano, lastimándolo, y le muerdo el cuello. Amaba como se dejaba hacer, cómo me cedía todo su poder y su voluntad, en ese momento se sentía como un juguete de trapo vacío de voluntad y de fuerza, dejándose llevar por lo que sea que a mí se me ocurriera. Lo tenía prisionero y él no quería liberarse.
Luego me despego un poco sin soltarlo con mis piernas, respiro y me tranquilizo, pero aún sentía mucha energía, una fuerza, una cosa como presión en el estómago que no sé muy bien cómo describir; así que le lance una sonora bofetada que lo hizo tumbarse, luego otra y otra, estaba fuera de mí. Él al recomponerse, se me acercaba de nuevo y no dudaba de ponerme el rostro para que lo abofeteara, le daba igual su dolor, sólo quería complacerme, esto me excitó demasiado. No tenía miedo para nada, esas ganas de complacerme hasta ese punto me volvían loca… y lo hice, lo seguí abofeteando hasta que le salieron lágrimas. La cual lamí mientras le sonreía de manera malvada.
Él estaba atontado, como si lo tuviera inmovilizado, mirándome con los ojos entrecerrados y con una erección grandísima.
Guíe su cabeza a mi cuello y le dijé “Adórame”.
Empezó hacerlo, a besar mi cuello, lamerlo, en eso pasó por la clavícula, luego bajó a uno de mis senos. Yo aún estaba vestida, lo alejé un poco, me quite la camisa tipo corsé que tenía y me quedé en sostén. Esa vista lo dejo derrotado.
- Reacciona, idiota! – lo abofetee – Adora mis senos
- Perdón Señora, es usted muy hermosa
Y se lanzó como loco jajaja me encantaba ponerlo así. Tonto, muy tonto. Estuvo besando y lamiendo mis senos por el sostén y a su vez por alrededor donde marcaba la piel, me tenía mal. Intentaba meter la lengua por dentro de donde se encontraba la tela del sostén, me dio ternura. Pero no le di lo que quería. Quería hacerlo sufrir un poco.
Hubo un momento en que lo abrace fuerte con su cabeza entre mis senos y lo ahogue un poco, luego lo solté, quedo atontado.
- Señora, ¿Puedo quitarle el sostén? Así le doy más placer – me decía con la respiración entrecortada
- No
- Por favor…
- No – le sonrío. Amé el gesto de resignación y rendición que hizo. Adoro negarle a los sumisos lo que ellos quieren. Tienen que entender que es cuando yo quiera, no cuando ellos lo deseen.
Él sigue besando y luego, agarro su cabeza y la bajo hacía mi abdomen, como si se tratara de un objeto, él se dejaba hacer y no ponía nada de resistencia. Me gustaba guiarlo a mi antojo. Él me besa, me lame y me adora toda. Luego le bajo más la cabeza hacía mi entrepierna.
Y él se lanza a lamerme, primero alrededor de las piernas y luego entra lentamente, lamiendo de arriba abajo cada labio, luego en el centro, se enfocaba un poco en darme placer ahí y luego yo misma lo subí al clítoris. Ahí lo iba guiando para que me diera placer como me gustaba, pero él sabía hacerlo también. Puse mis piernas arriba de sus hombros, y rodeando su cabeza, empecé a jugar a apretarlo con mis piernas sin dejarlo respirar, mientras lo sujetaba por el cabello y lo pegaba fuerte a mi entrepierna, amaba como se sentía su lengua y su rostro en ese momento, sentía como me mojaba cada vez más.
- Ahora eres mi prisionero perrito
Él sólo se medio quejaba, no podía hablar. Al rato lo soltaba y él jadeaba, estaba botando líquido preseminal. Luego lo volvía a apretar con mis piernas y movía mis caderas de arriba abajo, teniéndolo a él prisionero, sintiendo como se esforzaba en darme placer aunque le costara respirar. Luego lo volvía a soltar unos segundos para que respirara y repetía, hice esto varias veces. Me excitaba oírlo jadear con la respiración entrecortada. Él aguantó todo y estaba enfocado en darme placer.
Lo tuve así un buen rato, tuve unos dos orgasmos que hice que se bebiera todo, cada vez que me corría lo apretaba fuerte hacía mí.
- Buen chico – le digo mientras le acaricio el cabello – ahora límpiame cachorro
- Sí Señora
Mientras me limpiaba me relajaba, simplemente amaba sentir su lengua en mi coño. Me relajé un rato y me dieron ganas de hacer pis. Me levanté, me metí en la bañera y le indique que entrara, puse una pierna arriba de la bañera y le dije que se acercara y abriera la boca.
Le agarre del pelo, le encaje la boca en mi coño y empecé a orinarlo. Para mí era algo fuerte esta práctica pero me excitaba y me daba muchísimo morbo, y para él no era ningún límite rígido, así que podía hacerlo. Nuestros límites era el scat.
- Tragatelo todo perrito, no dejes nada. Y no dejes caer ni una sola gota.
Él intentaba tomarlo todo, me encantaba ver como a veces se atragantaba. Cuando estaba a punto de terminar le digo
- No vayas a tragarte esto último, déjalo en tu boca y mantenla abierta. – Me encantaba ver cómo obedecía.
Me gustó verlo con mi pis en su boca sin moverse ni tragárselo, me daba muchísimo morbo. Me acerqué a su cara y lo escupí varias veces, en la boca y en toda la cara. Lo observé un ratito más y le dije:
- Ya puedes tragártelo. ¿Te gusta mi sabor?
- Si Diosa, me fascina. Es un honor que me dé a probar de su néctar.
- Bien perrito, lo has hecho bien.
Salimos de la bañera, le indiqué que me llevara al sofá y le ordené que se diera una ducha y luego yo me daría una, por separados. Al terminar nos pusimos a conversar un rato, entre bromas y la complicidad fuera del rol. A veces hacíamos algún que otro comentario caliente en plan de broma y ambos entrábamos al rol como si nada, de manera natural, y luego salíamos de nuevo.
- Me encantas Emma, la he pasado muy bien contigo. ¿Podemos volvernos a ver?
- Por supuesto, así será sin duda.
Nos despedimos y me encantó el gesto de él de arrodillarse y besar y lamer mis pies, lo dejé un rato. Él sabía que me encantaba que me recibieran y se despidieran siempre así.
Esa noche llegué a casa tranquila, y no pude evitar masturbarme pensando en él.
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