Por unas bragas en mi balcón 3
Tesa solo quería ducharse, pero la puerta entreabierta reveló más que agua caliente. Ahora, cada beso es una promesa y cada mirada, una tentación que Carlos no sabe si podrá resistir.
Esa tarde llegó Tesa para limpiar.
- Hola. No sé qué podré hacer hoy sin agua. Bueno, barrer, quitar el polvo y poco más.
Me sorprendió su comentario. Y ya dio más explicaciones llegando a la conclusión que en su casa tienen problemas en las tuberías, mientras que en la mía funcionaba correctamente. No sabía por qué, y en otro momento me enteraría que era un problema con la cal. Un problema en las viviendas de los que vivimos en el Mediterráneo. Además, las tuberías en su casa eran antiguas, mientras que en la mía hicieron reparaciones y limpieza antes de ponerla en alquiler. Al parecer era un problema con varios vecinos.
Tesa pudo hacer la limpieza.
Le entregaba el pago cuando le ofrecí:
- Oye. Si en tu casa no tenéis agua puedes ducharte aquí. – Se quedó mirándome por lo que añadí: - Si quieres, claro. Ya sabes que la puerta no tiene pestillo. Pero además de mi palabra de no molestarte, puedes trabarla con una pinza de la ropa.
- Pues me gustaría, pero no tengo una muda.
¿Qué ropa que yo disponía podría emplear una chica y con esa estatura?
- Lo siento, solamente puedo ofrecerte una camiseta y un pantalón corto de deporte.
Mi pantalón resbalaría en esa cadera.
Como todavía dudaba fui a mi habitación por la ropa ofrecida. Pero pidió por otra opción mucho más lógica y práctica.
- Puedo subir a mi casa por ropa para cambiarme.
* Vivimos en el mismo edificio.
Fue cuando recordé que su familia tarda en volver y pasa un buen rato sola.
Cuando volvió con la muda en una bolsa, y algo ruborizada al mismo tiempo que sonreía, me mostró las bragas que después se pondría, lo mismo que el sujetador. Era conjuntado de color verde claro con topos amarillos muy claros, casi blancos.
- Creo que son tan claros para que no destaquen a través de la ropa.
- Bonito. Gracias por mostrarlo. – Mi calenturienta cabeza quería ver más. – Pero ya sabes, el aliciente es verlo puesto.
Dio un leve sobresalto. Se ruborizó.
- ¡Quieres verme en ropa interior!
¿Por qué esa contrariedad ahora? Ya se había mostrado varias veces y parecía divertirse al hacerlo.
* Creo que se reía al ver la cara de tonto que pongo mientras miro sus coloreadas bragas.
- Me gustaría. – Respondí añadiendo: - Al igual que me gustaría que fuéramos a tomar un refresco por ahí. Pasear, o al cine.
Ahora la asombrada era ella. Con gestos nerviosos se puso a estrujar su lencería.
- ¿Me… me estás pidiendo salir? ¿Juntos?
- Sí.
- Pero si soy una enana y tú…
- Eres preciosa. – La interrumpí. - Me gustas. Lo dicho, podemos salir para pasear, hablar o tomar ese refresco.
No sé qué brillaba más, su rubor o su mirada.
- El refresco podemos tomarlo aquí. – Propuso señalando el pasillo. Mi suposición que se refería a la cocina se confirmó cuando añadió: - He visto que tienes varias latas de mega colas en el frigorífico.
- Pero no sería una cita.
Me miró sorprendida.
* ¡Qué guapa! Ruborizarse en ese momento, ante mi mirada la hacía más guapa todavía.
Asintió con un gesto sin despegar los labios. Aceptaba salir conmigo. Pero antes quería ducharse.
- No me molestes en la ducha. ¿Vale?
- No te preocupes. – Señalé el ordenador. – Estoy ocupado matando extraterrestres. Por lo que me limitaré a imaginarte bajo la ducha, con la esponja frotándote suavemente mientras el agua se desliza sobre tu divino cuerpo y...
Se alejó corriendo.
Fui derrotado mil veces. Nunca me había pasado.
* Bueno, es algo que no voy a reconocer hasta que encuentre una buena excusa que no sea la de mi calenturienta imaginación centrada en la vecina duchándose.
Oí su voz y me giré. Solamente asomaba por la puerta su cabeza y con una mano se sujetaba al marco.
- Carlos. Escucha. – Su voz era nerviosa. Ordenó: - No te muevas de la silla. ¿Vale? Si lo haces gritaré pidiendo socorro a los vecinos.
No entendía el porqué de esa precaución, pero acepté.
Se mostró entrando tan solo dos pasos en la sala. Solamente llevaba la ropa interior aparentando mucho más joven de lo que es. ¡Parecía una muñeca! El sujetador tapaba sus pequeñas tetas. La braga se amoldaba a su vulva, tenía algo de barriguita, y al girarse, vi que su redondito culo tenía la forma de un melocón. Al mismo tiempo me parecía preciosa. La hechura de la ropa era bien normal, para una joven que nada sexi mostraba.
- Bueno ya está. – Me miró al rostro durante dos segundos. - Ya has visto cómo me queda esta ropa.
Fue a vestirse a la otra habitación. Mejor dicho, salió corriendo para que dejara de devorarla con la mirada. Creo que no me oyó cuando la llamé guapa.
Apagué el ordenador y fui a cambiarme de ropa. Dudando si ponerme pantalón largo o corto. Para estar por casa llevo un pantalón corto con cintura elástica, y a veces, una camiseta que ya debería haber tirado, pero como es para llevar por casa o en la cama, esos agujeros sirven de ventilación.
Tesa me encontró en calzoncillos frente el armario.
- ¡Ah! Ya era hora que te viera así. ¿No crees?
Reímos. Y se quedó al lado de la puerta, mirando que escogía un pantalón y camiseta, dejando para otro momento cambiarme de calzoncillos.
Mientras me vestía me crecía un problema, que por contundente lógica tuvo que ver, y los dos disimulamos.
Fuimos a una pastelería que es también cafetería. Yo tomé un café con hielo y ella una cola. Estuvimos hablando de la familia.
- ¿Y ahora te vuelves a Roma?
- No. Allí solo tengo malos recuerdos.
- Y la familia.
- Sí. Pero ya ves. Mi hermana está con su pareja desde hace unos años y tiene trabajo en una agencia que gestiona una cadena de hoteles. Y mis padres se irán a Pisa o Milán, creo. En cuanto tienen fiesta dos días seguidos se van de viaje. ¡Creo que emplean más la maleta que el armario! Ya han estado en todas partes del mundo. – Dudé un instante. - Creo que solo les falta ver el fondo marino. – Y recordé. – ¡No! Y hicieron un recorrido en submarino en Canarias y otro en Tarento.
Tesa reía al admitir:
- No sé dónde está Tarento.
- Al sur de Italia. En la parte interna del talón de la bota.
Asintió. Algo seria admitió:
- Tienes estudios, sabes mucho mientras que yo. Lo dejé.
- Tienes dos trabajos. Ya sabes lo duro que es ganar un sueldo y yo todavía no.
Apretó la boca.
Dio un sorbo a su refresco.
Preguntó que iba hacer ahora que se terminó la carrera. Y mi respuesta fue que después del verano echaría varios currículos por ahí. No era exacto ya había echado en varios sitios y pasé una entrevista de la que estaba convencido de haber perdido el tiempo.
Para volver no lo hicimos directamente. Paseamos por las calles de alrededor buscando las sombras.
Ya en el ascensor Tesa pulsó los dos botones.
- Es mejor que nos despidamos ya.
Nos besamos en el rostro.
Pedí quedar para el día siguiente. Consintió. Tendría que ser a las seis que es cuando terminaba de limpiar en otra casa que casualmente está al final de nuestra calle.
- Ahí, estaré.
- No. Antes quiero venir a casa para ducharme.
- Vale. - Sonreí al pedir: - Avísame antes y después de la ducha. ¿Vale? Mejor si no llevas ropa. – Le guiñé un ojo al añadir: - O cubriéndote con la toalla de esa forma tan sensual que sabéis las chicas.
Confirmado. Ruborizada se pone más guapa.
Por la noche salí a tomar un cubata por ahí. Me encontré con una compañera de estudios que acababa de discutir con alguien.
“Vale. – Pensé. - A ver si la consuelo”.
Estuvimos hablando y se desentendía de mis insinuaciones hasta que apareció un tipo de nuestra edad. Tenía una cara de enfado que serviría para hacer caretas de esas tan grotescas en carnaval. La chica se puso más melosa conmigo por lo que deduje que era con quien discutió. Tras cruzarse unas palabras noté que sobraba, se estaban reconciliando.
Desde el otro lado del local los vi comerse las bocas en un interminable morreo por lo que deduje que hacían las paces.
“Otra vez perdiendo el tiempo. ¡Qué racha llevo!”
¡Qué casualidad! Junto la barra del bar estaba aquella chica con ese peinado de mechas rojas y verdes. Iba acompañada de un tipo guaperas. Al que masajeaba la bragueta sin rubor alguno. Me pregunté si se trataría de otro espécimen del que extraer una muestra de semen.
Pensé que esa muchacha estaba en una farmacéutica, en un laboratorio clandestino, trabajando para el gobierno u otro planeta. O simplemente tiene toda una sala llena de estantes con pañuelos manchados de esperma.
Di un trago a mi cubata y me alejé de esa zona. Me topé con una chica, también morena, también con mechas rojas. Me sonrió. Alarmado me sentí incómodo. Deduje que era otra extraterrestre buscando más esperma para su ejército de clones. Me bebí lo que quedaba del cubata de un trago y salí corriendo.
Hasta que ya en la entrada de casa recordé a Tesa. Supuse que estaría durmiendo dos pisos más arriba. Me sentí mal. Había pedido a esa chica salir y ahora venía de intentar follar con otra. Me preguntaba si es normal lo mío.
Por la mañana acudí a otra cita en Fuente Ahorro. Una entrevista más selectiva, dijeron. Y otra vez estaba solo en la sala de espera. Raro. ¿Dónde está toda la gente que opta a un puesto de trabajo? Llegué a pensar que estaba mal pagado o consistiría en bogar con unos remos al ritmo de un tambor y el restallar de los látigos contra mi espalda.
Vale. Debía estar influenciado por un juego nuevo en el que si perdías la partida ibas al calabozo.
* ¡Ojo! No estoy reconociendo que perdiera alguna vez. Es que soy de los pocos que se leen las instrucciones antes de empezar algo. ¿Vale? Pues eso, que conste.
Los entrevistadores eran dos. Ella aparentaba que le faltaba poco para jubilarse mientras que él debía tener unos cincuenta años.
Me machacaron a preguntas en lo que parecía un examen de fin de curso. Por fin la mujer quedó callada. Miró a su compañero y dijo:
- Creo que sirve.
- ¡Menos mal! – Se quejó aliviado el hombre. – Es el primero de siete.
- ¡Pues también es el último! – Se mostraba seria mirando fijamente a ese hombre. – Decidido. Me he cansado de todo esto. – Me señaló. - Por mi puede quedarse este joven.
Miró entre sus manos lo que debía ser mi ficha o un documento con mis datos y sus valoraciones. Dijo mi nombre y titulación. Resaltando lo que para ella parecía muy importante: Falta de experiencia laboral.
Mi corazón se paró. Esa última frase parecía mi sentencia laboral en esa empresa.
La mujer añadió:
- Lo prefiero así a que venga con otros vicios.
¡Resucité! Es más: Mi corazón parecía contento. Se estaba acelerando.
El hombre se giró mirándome de forma más crítica aún, hasta que, cambiando de talante, expuso lo que le parecía un problema.
- La señora Alicia. – Señaló a la mujer. – Será quien te aleccione sobre tu trabajo, pero resulta que empieza sus vacaciones pronto, en unos días, por lo que tendrás que esperar a mediados de agosto. Luego tendrás cuatro meses para aprender su trabajo hasta que se retire. – Añadió lo que más me gustaba entre tantas palabras. – Tu contrato será de un año por ahora.
No suponía un problema. El verdadero problema que tenía en ese instante era permanecer sentado en una actitud sensata hasta que ya pudiera salir corriendo bajando por la escalera. Tenía ganas de gritar que por fin tenía un trabajo y era por mí mismo.
Pregunté en qué consistiría. Y la respuesta fue un tanto ambigua.
- Me llaman "Comodín". - Dijo Alicia seria.
El hombre aportó más información.
- Su trabajo es de apoyo, principalmente.
- De ese trabajo que no es de una oficina en concreto. - Dijo Alicia y añadió punzante: - Lo dicho, de comodín.
El hombre continuó hablando.
- Suele consistir en actualizar o modificar datos que en otros departamentos frena o retrasa su cometido. En estos días os ocuparéis de la correcta absorción de datos de otra entidad.
Supuse que también me tocaría cubrir vacaciones, bajas… lo que haría que constantemente tuviera que estar aprendiendo algo nuevo. Bueno, era como lo de las lentejas, no tenía otra que aceptar.
* La rica lenteja. El que no las quiere comer, las deja.
Supuse que con ese puesto sería de los primeros en echar a la calle a la hora de eliminar puestos en la empresa. Pero se trataba de mi primer trabajo. El tiempo que aguantara ahí sería un bonito currículo para el siguiente. No pensé que la señora Alicia llevaba un montón de años en esa empresa.
Al llegar a casa encontré una carta en el buzón. ¿Quién emplea ese sistema todavía? Iba dirigida a una mujer que no conocía. Miré la dirección y vale coincidía mucho, pero no era mía. Ya en casa lo consulto en internet y no existe en esta ciudad. Malo. Tampoco tienen remite. Al tratarse de un sobre rígido me da por abrirlo con la intención de buscar una dirección. ¡Sorpresa! Había fotos. Sí, fotografías en papel. Otro anacronismo, pensé.
Y ya me fijé en qué consistían era una mujer preciosa, morena, ligeramente bronceada, de unos treinta años, posando vistiendo tan solo un bikini muy pequeño. Sin sonreír su rostro se mostraba sereno. Luego la misma con solamente un tanga. Esas tetas estaban muy bien puestas. Y en la última estando desnuda y algo girada evitaba mostrar su sexo.
Vale. Pero… ¿A quién le devuelto esto?
Miro el fondo, esto es, el sitio donde aparece la muchacha y deduzco que es un estudio o en una pared de habitación sin muebles. Vuelvo a mirar las fotos recreándome en la que aparece desnuda.
Suspiro. Cierro el sobre con unas grapas y lo guardo en un cajón de la mesa del ordenador.
Esa tarde fui a pasear con Tesa, deteniéndonos en una cafetería a tomar un refresco. Yo cargaba su bolsa con la ropa empleada en su trabajo. Poca cosa, calzado, pantalón corto y camiseta. Para ir a pasear llevaba una ligera falda con algo de vuelo hasta las rodillas, blusa y cuatro centímetros de tacón en las sandalias.
Conté lo sucedido esa mañana y se puso muy contenta.
* Lo sucedido una PARTE de la mañana. Que te callaste lo de las fotos.
- ¡Tu primer trabajo! – Exclamó.
Su alegría era sincera. Casi sin darnos cuenta nos cogimos de las manos sin dejar de andar y ya estuvimos así un buen rato.
- Bueno, no exactamente. – Recordé: - Hace dos años sustituí al de mantenimiento de la piscina en la uni. Me hicieron un contrato de un mes, a dedo, porque no había tiempo para una convocatoria oficial. Me vino bien para demostrar a mis padres que puedo valerme solo. Y con lo de hoy… - Me detuve bruscamente al darme cuenta: - ¡Ah! No lo saben. ¡No lo he dicho!
- ¡Llama ahora! – Ordenó Tesa sonriendo a mi lado. Su entusiasmo era contagioso. Afirmó: – Se alegrarán.
El crucero debía estar lejos de la costa porque estaban fuera de cobertura. Dejé un nervioso mensaje.
- Tranquilo, Carlos. - Me animó Tesa sin dejar de sonreír. Me cogió del brazo para atraparlo con su cuerpo en un abrazo por lo que quedó entre sus tetas. - Que el examen ya lo pasaste.
Cierto. Sí. Y en ese momento me regocijaba al notar mi brazo acunado exactamente ahí.
En la despedida en el ascensor el beso fue un breve roce en los labios. Sonreía cuando antes de cerrar la puerta subió su falda para mostrar unas bragas totalmente verdes, sin dibujos y con un lacito también verde sobre el elástico de la cintura. Nos sonreímos y la puerta la ocultó.
* No pude fijarme si había una mancha de sudor cubriendo la puerta interdimensional.
Esa noche también salí. Lo sé, está mal.
Fui a un pub nuevo y parecía que había mucha marcha. Estaba lleno de gente, casi todos turistas. Bailé, bebí y perdí el tiempo intentando ligar. Era tarde cuando a unos metros de la puerta descubrí a cinco o seis tipos de mi edad con dos chicas bastante pasadas de alcohol. Una iba en sujetador y con la camiseta en las manos, mientras que la otra ponía impedimentos por quitarse la camiseta porque decía que no llevaba sujetador. Hasta que de un tirón quedó desgarrada. Confirmado, nada más llevaba debajo. Gritó cubriéndose con los brazos.
Los tíos se estaban pasando tres pueblos.
Llamé a urgencias pidiendo una ambulancia, y explicando qué pasaba.
- Gracias por llamar. – Dijo la voz. – Has hecho lo correcto.
Cinco largos minutos. Las chicas tenían problemas en contener a la jauría ante la impasividad de los demás caminantes por la zona, incluso parecía que había uno o dos que, permaneciendo al acecho, se querían unir. Como chacales para recoger las sobras.
¡Tenía que hacer algo! Una cosa es disfrutar con una chica que colabora en las caricias y otra muy distinta eso. Me estaba acercando algo temeroso de que me molieran a palos, cuando en sendas motos llegaron dos municipales casi a la vez que los paramédicos.
La jauría desapareció como por arte de magia.
Las luces azules de la policía servían para mantener lejos a las alimañas. Las chicas recibieron atención sanitaria. No me enteré bien, creo que solamente estaban pasadas de copas.
Me sentí bien.
Me acerqué a la zona de playa. Había algunas luces sobre la arena, pero se podía decir que estaba a oscuras. Se adivinaban algunas sombras de parejas que precisamente no estaban jugando al parchís. En esto escuché que me llamaban.
- ¡Sánchez! ¿Eres Sánchez?
Me giré y ahí estaba una chica de melena castaña y mechas claras. Ese pantalón parecía una segunda piel, y aunque llevaba sujetador debajo de la camiseta se notaban mucho sus pezones. Recordé que en tercero la llamábamos Gilda, porque su nombre, Jimena, no le gustaba. Parecía nerviosa. Me hice el simpático.
Y al poco, con sus insinuaciones que despertaron mis sentidos, supe que quería tema.
Nos comíamos las bocas mientras mis manos se movían por debajo de su ropa acariciando sus duros pezones. No se dejó quitar el pantalón, por lo que mi mano solamente bajó hasta su coño para acariciarlo. En medio de su excitación también me metió mano cogiéndome la polla. La sacó del pantalón y se puso a hacerme una paja.
Primero se corrió ella, y tuvo el detalle de continuar acariciándome hasta que me descargué en la arena.
- ¡Uf! Sánchez. ¡Qué bien que te he visto! – Iba a elogiarla o decir algo y ella simplemente continuó hablando: - Ver a mi amiga Auri follando con su novio me había puesto. – Sonrió. – Gracias a ti me he aliviado. ¡Uhm, Sí! Una rica paja. Gracias. ¡Uf! Lo haces muy bien. ¡Vaya que sí! – Arregló su ropa por segunda vez. – Bueno, chico. Te dejo. Que esos seguro que ya han terminado y me llevan a casa. – Se alejó unos pasos y girándose un poco añadió: - Ya nos veremos por ahí. ¡Chau!
Vale. Me retiré analizando la situación llegando a la conclusión que había sido empleado como consolador.
“¡Qué racha llevo!”
Nadie había en la piscina. Bueno, me refiero a nadie del equipo. El de mantenimiento, al verme solo, preguntó si podía abrir las pistas al público, aunque faltase una hora ya estaría hecho, asentí. Con nadie más a una hora que se suponía cerrada, me dediqué a dar unas brazadas.
* Tenía que haber traído el mencionado crucigrama.
Ese ejercicio me resultó cómodo al estar acostumbrado a acelerar, detenerme, saltar… claro que tampoco batí ningún récord. Simplemente nadé a distintos ritmos y estilos. En el de espalda me desviaba a las líneas continuamente y en mariposa más parecía un moscardón sin rumbo.
Tesa entró en casa. Cerré la puerta y nos quedamos mirándonos. Me acerqué dándonos un beso en los labios. Tras el roce, me separó empujando con una mano.
- Carlos, me gustas, mucho. - Un poco de color acudió a sus mejillas al reconocerlo tan sincera. - Pero ya sabes, he venido a trabajar. – Aclaró lo que era muy importante. – Necesito el dinero que me gano trabajando.
- Bien. Estaré en el ordenador.
Cargando esa bolsa donde lleva la ropa de trabajo se retiró al baño.
La hora se me hizo muy larga y no quise girarme cada vez que la oía caminar por el pasillo. Supongo que al baño a coger agua.
Cuando avisó que había terminado miré la hora, pasaban tres minutos.
- ¡Ah! Has alargado mi sufrimiento todo ese tiempo.
- ¡Tonto! – Se ruborizó. – Te lo compensaré.
No fue un piquito en los labios. Fue todo un beso. Estaba sentado en la silla giratoria del ordenador y ella en pie a mi lado. Me abrazaba por el cuello y a ella por la cintura. ¡Qué esfuerzo evitar meter mis manos por debajo de su ropa! ¿Cómo se lo tomaría? No quería precipitarme. Sentía verdadero aprecio por Tesa, no quería tratarla como un rollete de discoteca.
Tras el tercer beso separamos los labios.
- Es la primera vez que beso a un chico.
- Es la primera vez que beso a mi novia.
Sus ojos, su sonrisa. Indescriptible.
* ¿Dónde he puesto el diccionario? ¡Ah! Sí. ¡Lo encontré!
Sus labios dibujaron una suave sonrisa cuyo color de labios competía con el rubor de sus mejillas. Sus ojos brillaban entre confundidos y esperanzados.
Sin dejar de vigilar mi rostro preguntó:
- ¿Somos novios?
- Si me aceptas.
- ¿Uhm? Te pondré a prueba.
Continuaba mirándola a los ojos.
- ¿Qué tengo que hacer?
Con una mano se apoyaba en mi hombro, con la otra peinaba mis cejas, la pasaba por mis labios o por el puente de la nariz. Si su intención era impacientarme lo estaba consiguiendo. Pregunté:
- ¿Lo tengo que adivinar?
Sonrió al ordenar:
- Darme más besos.
Sentados en el sofá nos iba mejor por la diferencia de tamaño. Y para abrazarnos más apretados se sentó en mis piernas.
- ¿Puedo? Creo que nos irá mejor.
- Me gusta abrazarte.
A tiempo pude evitar decirle que me gusta notar sus tetas contra mi pecho.
Hubo besos, murmurar palabras de cariño, y más besos. Notar su cuerpo pegado al mío me estaba calentando y temía que lo descubriera. Y así fue. Ese día para estar por casa llevaba unas holgadas bermudas de tejido fino y ya parecía la carpa de un circo.
Tesa debió notar mi dureza en los muslos. Nada decía. Solamente se movió para acercar una mano y corroborar, con un roce de los nudillos, que era lo que creía. Y volvió a sentarse encima.
Otro beso y propuse salir a tomar un refresco por ahí, dar un paseo.
- A esta hora no hace tanto sol.
- No. Estoy bien así.
Sus brazos se apoyaban en mis hombros. A veces su frente en la mía. Se había separado un poco más para mirarnos los rostros al hablar.
- Me gusta esto de los besos. – Ruborizada repitió en un murmullo: - ¿Lo hago bien? Nunca tuve novio.
- Me gusta.
Hubo otro beso.
Apoyó su cabeza en mi hombro. Necesitaba recuperar el aliento. Afirmó que le gustaba estar así.
- Todo es nuevo para mí. Tienes más experiencia.
- No creas. Soy muy normal.
* Me costaba mucho esfuerzo contener mis depredadoras manos sobre su cuerpo.
Y pasó el tiempo volando. Ya era hora de regresar a su casa. Se levantó. Con un gesto ordenó que continuara sentado. Iba a ducharse. Se giró para ordenar desde la puerta:
- No me molestes.
- Vale.
Dudó. Ruborizada añadió:
- De verdad te lo pido. Necesito ir poco a poco. ¿Vale?
Recordé sus palabras: Todo era nuevo.
- Vale. – Repetí.
Cuando regresó ya iba totalmente vestida. Esa tarde llevaba un pantalón corto por lo que, para mostrarme las bragas, se estaba convirtiendo en una costumbre, se lo bajó hasta las rodillas.
No eran como siempre. Estas eran de adulta y de color marrón claro. No había transparencias y marcaban muy bien el bulto de los labios mayores. Otra vez una mancha de sudor indicaba la entrada a la vagina, y eso que se acababa de duchar.
Permanecía sentado para su tranquilidad, y que así mi mirada quedaba más enfrentada a su cuerpo.
- ¿Te gustan de este tipo?
- Te quedan muy bien.
Se puso bien la ropa y ya me levanté de la silla giratoria. En la puerta de salida al rellano del ascensor hubo otro beso.
- Carlos. Gracias por contenerte. Me habría disgustado que… eso, y tener que impedirlo. – Me miró. – Es pronto para eso. Aunque no sé si… eso. Ya se verá.
No terminaba de entender qué quería decir por lo que lo resumí a mi manera.
- Solo hace unos días que estamos saliendo. Tú dirás qué. Quiero decir que me va bien, sí.
* ¡Curioso! Había tocado tetas y follado con chicas que una hora antes no conocía. Y con Tesa iba a otra velocidad, y me parecía bien.
Me abrazó. Su rostro coincidía en el extremo de mi esternón. Su cuerpo aplastaba mi erección. No podía ver su rostro cuando decía:
- Te prometo que como novios haremos muchas cosas, pero no será hoy, ni mañana. ¿Puedes esperar?
Me incliné para besarla en los labios. Al separarnos murmuré:
- El premio bien lo vale.
- ¿Estás seguro de eso?
Estuve por decir que el buen perfume se guarda en franco pequeño, pero creo que resultaría peor, en vez de eso afirmé.
- Tienes poder sobre mí. Yo obedezco.
Abrí la puerta. Salió unos pasos y ya cerca del ascensor se quedó mirando mi bulto. Apretó la boca y creo que era para no mostrar alegría por su logro. Ella, Tesa con su cuerpo menudo, me ponía así.
Por la noche tenía ganas que unas manos de mujer, y mejor si era con el coño, me quitase el picor de la polla. Por eso acudí a un pub del que ya me sabía el nombre del camarero. De hecho, me preguntó:
- ¿Lo de siempre, chaval?
- Venga.
Tras un trago y sin moverme de la barra observé cómo estaba el redil. Algunas parejas, dos grupos, chicos y chicas por separado que se lanzaban miradas. Miré la hora y me encogí de hombros, quedaba mucha noche por delante. Con la bebida en la mano fui a bailar. Y coincidió que se puso al lado un grupo de chicas del que no me había dado cuenta. ¿De dónde salían? La mayor debía tener los treinta mientras que la menor, no sé cómo la dejaron entrar. Ignoro si eso que tenía en el vaso era solamente cola.
Risas, sonrisas, cuchicheos cuando me acerqué.
Un rato más tarde, no puedo precisar cuánto, estaba morreándome con una chica de mi edad. ¡Nada! Que no recuerdo el nombre. Besaba bien y sus tetas agradecían mis caricias al endurecerse sus pezones. Del tamaño que más gustan, sí. Cada teta cabía perfectamente en mi mano. Suaves con algo de rugosidad en las areolas, y calentitas. ¡Qué ganas de comerlas! ¡Cómo me pone el suave calor de las tetas!
Metí la mano por debajo la falda y tras retirar las bragas acaricié lo que ya parecía una charca. No noté que tuviera pelitos por lo que lo llevaba rasurado.
La muchacha gimió cerca de mi oído. Sin duda le gustaba mi caricia. Y quedó confirmado al decirme:
- ¡Qué manos tienes, cabrón!
Lo pensé, sí, pero no era el momento para decir lo del cuento ese: Para comerte mejor.
Fue cuando abriendo la bragueta de mi pantalón la muchacha metió la mano para cogerme la polla. Sonreía algo ruborizada pareciendo dispuesta a pajearme ahí mismo. Pensé en ir al lavabo para que, retirando la ropa, hacer algo más. Y fue cuando recordé a Tesa, la guapa vecina que ya consideraba mi novia.
La polla se desinfló quedando tan solo un pellejo entre los dedos de la desconocida.
- ¿Qué pasa?
Preguntó la muchacha retirando la mano. Estaba sorprendida y me miraba al rostro.
- ¿Te he hecho daño?
- ¿Qué? Pues… que… ahora mismo recuerdo que debería estar en el aeropuerto.
- ¿Aeropuerto? – Repitió todavía sorprendida.
Me puse en pie y creo que no me oyó cuando dije que debía hacer la maleta. Tampoco oí claramente lo que dijo a modo de despedida. Supongo que me insultó.
Ya en la moto medité que debía contenerme. Por idiota me había quedado sin follar, cuando había salido precisamente a eso.
¿Remordimientos? Puede. Esto de estar enamorado es más problemático de lo que pensaba.
* Pues qué pretendía. ¿Nadar y guardar la ropa? ¿En misa y repicando? Parece que no sirvo para eso.
Con el sentimiento de haber cometido una blasfemia a su diosa, al día siguiente fui a esperar a Tesa a la puerta de súper donde trabaja. Si bien era la hora que terminaba el turno me tocó esperar un buen rato. Posiblemente a que se cambiase de ropa.
Me sonrió nada más verme, y en contra de lo esperado, pensaba que se mostraría tímida y vergonzosa, y que posiblemente dijera que no lo repitiera, se acercó con pasos ligeros. Su sonrisa cada vez era más amplia. En lugar de contenerse antes de llegar a mi lado se lanzó contra mí en un abrazo. Me pidió un beso. Nos dimos tres o cuatro en los labios. Sin escandalizar, claro, que estábamos en medio de la acera.
- Hola, preciosa.
- ¡Hola! – Miró a los lados. Sonrió desplegando más alegría con la mirada y gestos. – Me alegra verte. Mucho.
Cogí la bolsa donde llevaba la ropa para cambiarse en el trabajo. Cuando empezamos a caminar, cogidos de las manos, se ruborizó:
- Carlos. Perdona. Te he utilizado.
¿Utilizado? Pedí explicaciones.
Hizo que dejáramos de andar o lo hacíamos muy despacio.
- Verás. Hace poco, una media hora antes de la salida, llegaron unas compañeras de cuando el colegio. – Recordé una conversación sobre eso. Hacía un año que dejó los estudios. - Seguramente una de ellas me vio en el súper con el uniforme y llamó a las otras. No sé. - Miró alrededor. - El caso es que hoy vinieron cuatro, encabezadas por las golfas de Cati y Mari. Y volvieron a burlarse de mí como en el colegio. Ya te conté. ¿Verdad?
Esta vez no parecía enfadada. Me sonreía al hablar sin dejar de vigilar el entorno. Especialmente miraba la otra acera.
- Se contuvieron al ver que Nati, la encargada, y Puri, una compañera, sacaron las uñas para defenderme. – Se detuvo para señalar un grupo de chicas en la otra acera. - Como ya me temía me esperan a la salida.
El grupo indicado estaba mirándonos con ojos y aspavientos que mostraban asombro. ¡La tapón del colegio tenía novio! Y se trataba de un mozo que no estaba mal.
* Cati, Mari, Nati y Puri… Abreviaturas. Nada más diré sobre esos nombres, que me repito como una morcilla indigesta.
Tesa continuó hablando:
- Por eso en cuanto te vi, me puse muy contenta, y corrí para abrazarte y me vieran besándote. Besando a un chico tan guapo cómo tú. – Ocultó su rubor con una mano. - Así verán que con mi apariencia puedo estar con un chico guapo y no me importan sus comentarios.
Sí, esos comentarios importaban. Motivan su comportamiento.
- Gracias por lo de guapo. – Me incliné para besar su boca. Al retirarme, sonriendo añadí: - Pero opino que la suerte es mía porque me aceptas.
Me miró. Su rostro parecía angelical.
- Siempre parece que tienes la palabra exacta.
- Tú me inspiras.
- ¿Lo ves?
Nos giramos para ver qué hacían esas chicas y ahí estaban, todavía en la acera de enfrente, hablando entre cuchicheos y sin dejar de vigilarnos. Tesa agitó la mano saludándolas, hice lo mismo.
Pareciendo ofendidas o confundidas, se marcharon.
Saliendo del súper, se acercó una mujer que vestía la camisa empleada como uniforme adelantándonos porque caminaba más rápido. Nos sonrió sin dejar de andar.
- ¡Adiós, parejita! Tesa, ya veo lo bien escoltada que vas.
Tesa, ruborizada murmuró un adiós. No hacía falta que me dijera de quién se trataba.
Cogidos de las manos nos pusimos a andar.
Llegamos a casa. Y ya sabía la consigna, ella trabajaba y yo me ponía con el ordenador. Antes me puse un pantalón corto por aquello de estar más cómodo y fresco
Una hora más tarde, durante los besos volvía a sentarse sobre mí, otra vez mi dura polla quedó debajo de su culo. En al menos dos ocasiones se movió para notarla dura en las nalgas, ahí. Como ya sospechaba le alagaba saber que me ponía así.
Después de una de las veces que se moviera para notar mi dureza pude ver que sus pezones destacaban debajo de su ropa. ¡Qué ganas de chuparlos! Debía esperar.
Gracias a la práctica aprendimos a jugar con nuestras lenguas y el disfrute de los besos fue mayor. Preguntó ruborizada:
- ¿Qué tal lo hago? ¿Te gustan mis besos?
- Nena, es tu lengua, tus labios, tu aliento. Por favor que no me falte. Moriría.
Más ruborizada todavía preguntó si me burlaba.
- Cariño. El sediento no ser ríe del agua. Ahora mismo me pongo triste al ver que me niegas tus labios.
* No recuerdo haber leído el Tenorio. ¿De dónde salen estas frases? ¿De la desesperación por…? Podría ser.
Volvimos a los besos y mis manos se volvieron férreas alrededor de su cintura. No debían moverse de ahí.
Desesperaba. ¿Cómo sería el contacto con sus tetas? ¿El calor de su piel? Su sabor. Su vulva, su garbancito. ¿Cómo sería? Estaba seguro que me gustaría su sabor y lo dicho: desesperaba.
Recordé que un domingo Adriano, el padre, junto con quien debía ser un compañero de trabajo hicieron algo en las tuberías. Por el patio de luces se escuchaban golpes y sierras mecánicas. Y vi a un tipo desconocido acarreando sacos de cemento y tubos de goma en el ascensor. Y como Tesa no dice de ducharse en mi casa es que ya está arreglado el tema del agua en la suya.
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