Mi primera vez
Llevaban un año explorándose sin cruzar la línea final, pero esa noche la casa estaba vacía y el calor de la noche encendía las ganas. Él la miraba con una devoción que la hacía temblar, y ella sabía que, por primera vez, no habría vuelta atrás.
Este relato ocurre aproximadamente un año después de esta historia:
https://www.todorelatos.com/relato/241868/
Ya llevábamos más de un año con mi novio, la relación estaba viento en popa, nuestras familias nos habían adoptado mutuamente. Éramos, y seguimos siendo, buena gente. Nos encontramos y tuvimos una simbiosis que nos potenció a ambos. Cuando veía a amigas mías apagarse y estrellarse cuando se ponían en parejas, nosotros brillábamos juntos.
No éramos sexualmente activos plenamente, nuestras relaciones sexuales se basaban mayormente en masturbaciones mutuas y sexo oral. Los dos a pesar de nuestra corta experiencia habíamos adquirido cierta habilidad para complacernos el uno al otro y llegar al orgasmo con facilidad.
Mi vulva parecía sacada de un manual médico, todo en su preciso lugar, todo perfecto. Mi novio había aprendido a estimularme, frotando mi clítoris con sus dedos y su lengua también, lo que me provocaba orgasmos potentísimos. Un año de sexo oral mutuo nos había acostumbrado a nuestros fluidos. Ya estaba enamorada de su semen, tragarlo me hacía inmensamente feliz, plena, sensual, extremadamente femenina y un poco (bastante) puta. Su pene medía en ese entonces 16 cm (le creció dos centímetros más en los próximos años), lo cual era de un tamaño respetable, pero era gruesa como una lata de coca cola en la base. Se iba afinando llegando a la cabeza, como si fuese triangular. Sus erecciones dejaban descubierto su glande, de un color rosa brillante, hermoso, que me hacía babear.
No podía hacerle garganta profunda, ya que como se iba poniendo cada vez mas gruesa al llegar a la mitad de su pene, mi boca, poco entrenada para esos menesteres, no toleraba el tamaño. Después de mucho tiempo lo logré, pero esa es otra historia.
Él se tragaba mi flujo y me decía que era lo más maravilloso que había probado. Su lengua me llevaba a lugares de un profundo placer, femineidad, romance y goce.
El próximo paso era perder mi virginidad.
Tenía unas ganas maravillosas, necesitaba sentirlo dentro mío, pero me invadía el terror al dolor, ya que como dije antes, su pene era (es) muy grueso.
Sabía que iba a doler, pero necesitaba la fortaleza mental para superarlo, y para aprender a gozar. Yo no iba a dar el primer paso.
En ese momento de nuestra historia todavía no me había confesado su fetiche de pies, tenía una leve sospecha que le gustaban, pero de una forma normal. Con el tiempo entendí que fue lo que pasó ese día, para que termináramos haciendo el amor.
Una tarde, como forma de fortaleces nuestro vínculo, y también potenciar nuestra femineidad, había ido con mi mamá, Ana, a un salón de belleza, a hacernos las manos y los pies. Elegí un color negro, tanto en las uñas de las manos como en las uñas de los pies. El negro contrasta con mi piel blanca y se vuelve muy sensual. Cómo una de esas mujeres que hacen cosplay de vampiresas.
Las chicas del salón de belleza nos sacaron fotos de nuestras manos y nuestros pies, hicieron dos post de Instagram. Las fotos de mis manos y pies tuvieron muchísimos likes. Seguramente más de un hombre se masturbo con la foto de mis pies sin saber de quién son.
Una cosa que teníamos a nuestro favor es que nos podíamos quedar a dormir en la casa del otro sin ningún problema, nuestros padres lo aceptaban, siempre y cuando no hiciéramos ruidos, ni incomodásemos a mi hermana menor. Él era hijo único por lo que no era problema.
Pero a pesar de que nosotros éramos vírgenes, nuestros padres pensaban que eramos sexualmente activos. Cada uno por su cuenta había tenido las famosas “charlas” y tanto mi mamá a mí, como su papá a él, nos habían dado preservativos. Para evitar que nos molesten en un futuro les dijimos que ya habíamos tenido relaciones sexuales.
Al día siguiente de haber ido al salón de belleza con mi mamá, después del colegio, vino mi novio a casa a que lo ayudara con una tarea. Nos pasamos toda la tarde estudiando, hasta que en un momento vienen mis padres y me dicen que se van a ir con Sofi, mi hermanita, a lo de un familiar. Cómo estaba con mi novio me dijeron que me podía quedar en casa con él, que íbamos a estar de vuelta para las doce de la noche. Pero que si quería podía a llamar a los padres de él, para avisarle que se quedaba a dormir en mi casa.
Nos pareció un plan perfecto, la casa sola para nosotros por varias horas para divertirnos, estudiar, quizá un poco de sexo oral y dormir (yo tenía un colchón adicional donde se quedaba mi novio). Dormir en la misma cama era mucho hasta para mis padres.
Alrededor de las 9 de la noche ya había anochecido, era una noche muy calurosa y habíamos cenado unas pizzetas que mi mamá dejo preparadas para nosotros.
Fuimos a mi cuarto a besarnos mientras escuchábamos música. Yo tenía una remera manga corta, un jean, medias y zapatillas. La calentura del momento me hizo incomodar y me saque las zapatillas, las medias y el jean. Me puse un shortcito.
Al ser una noche tan calurosa, y haber estado todo el día con zapatillas, mis pies largaron un ligero olor y me dio un poco de vergüenza. Mi novio hizo el gesto de oler, no dijo nada, pero me empecé a reír y él se río conmigo. Me miró mis pies, perfecto, cuidados, y se quedó obnubilado por unos segundos. Tiempo después me confesaría que el olor lo excito y la belleza de mis pies lo enamoró.
Las uñas pintadas de negro contrastando con mi piel blanca, más el ligero olor, me hacían parecer una mujer más grande y sensual de lo que era.
En ese momento se le marcó una erección en el pantalón a mi novio, sabía que algo iba a pasar. Esperaba que me dijera que quería que se la chupé, pero me miró y me dijo “te amo, sos la mujer más hermosa sobre la tierra”.
Morí de amor.
Me miro a los ojos y me dijo: “Quiero que hagamos el amor.”
Me puse toda roja y le dije: “Estoy lista amor, soy tuya”.
Nos desnudamos completamente en mi cuarto, pero antes de pasar a la cama me arrodillé y se la chupé. Quería sentir el sabor de su pija por última vez siendo virgen. También sabía que eso me iba a calentar, lo que iba a ayudar a que esté mojada y facilitar la penetración.
Después de unos minutos que estaba sumisa, arrodillada, con su pene en mi boca, me dice que quiere hacerme un oral.
Nos acostamos en la cama, desnudos, y me da un beso apasionado. Baja por mis pechos, los lame, los aprieta, los muerde, gozo mucho, y baja hasta mi vulva. Hundo su cabeza en mi entrepierna con mis manos y me da una chupada de concha que me deja viendo las estrellas, tengo un orgasmo muy fuerte. Me vuelva a besar y me dice:
– ¿Estás lista?
– Para vos siempre estoy lista.
– Llego el momento.
– Sí. Fijate en el cajón que tengo un preservativo que me dio mi mamá.
En el primer cajón de mi mesa de luz había varios forros de esos que entregan gratuitos, que mi mamá me había dado porque pensaba que éramos sexualmente activos.
Mi novio abrió el paquete con cuidado, busco el globito, lo apretó con sus dedos índice y pulgar de su mano derecha, coloco el preservativo en su glande y lo desenrollo con cuidado. Noté como parecía que su pene se agrandaba más y más.
– ¿Estás lista? – repitió.
– Si, ya estoy.
Yo estoy acostada boca arriba en mi cama, con las piernas semi abiertas y toda desnuda. Estoy muy mojada por el sexo oral que tuvimos hace un rato, con los pechos sensibles y aún muerta de miedo.
Él, acerca su boca a la mía y me da un beso apasionado que me relaja. Nos quedamos besándonos segundos que parecieron una eternidad pero que fueron suficientes para hacerme sentir lista.
Yo abro ligeramente las piernas y él se póne de rodillas en la cama, a la altura de mi entrepierna, quedando entrepierna contra entrepierna, yo acostada y el en diagonal, apoyando una pierna sobre el colchón y la otra ligeramente levantada.
Agarra su pene y lo dirige lentamente a mi vulva. Siento presión y en un segundo él está dentro de mí.
– ahhhhhhhh, ayayay
– ¿Estás bien?
– Sisi, despacio por favor.
Siento mis interiores estirarse de manera dolorosa, pero tolerable. Mi himen está siendo roto. Miro con horror y veo que solo metió 3 o 4 centímetros de su pene. Respiro y le digo que siga penetrándome pero no mucho más. Me introduce lentamente 5 o 6 centímetros de su pija y me empiezo a acostumbrar. Ese mete saca lento me hace gozar ligeramente y olvidar el dolor.
– Si, si, ahhhh.
– ¿Te gusta?
– Sisi, mucho.
Empiezo a sentir placer, mucho. Me estoy convirtiendo en una mujer. Él va a ser mi marido, el papá de mis hijos. Le estoy entregando mi parte más preciada (hasta ese momento), quiero que sienta más placer todavía.
– Métemela toda.
– ¿Segura?
– Si. Te quiero sentir toda entro mío.
Hablaba como actriz porno, pobre de mi no sabía lo que estaba a punto de pasar. Respire fuerte y siento como se abren todos mis interiores. En un movimiento lento penetro sus 16 centímetros dentro de mi vagina.
– ayyyy ahhhhhhhh ayyyyyy.
Gimo mientras se me caen unas lágrimas y apretó con mis uñas sus brazos.
– ¿Te duele mucho?
– No, un poco nomás. Por favor penetrame despacito.
Le miento con que me dolía poco, la verdad es que sentía ardor en mi vagina. Pero sabía también que me iba a acostumbrar.
La penetración tomo un ritmo aceptable y el dolor se iba convirtiendo en placer. Le pedí después de un momento que solo me penetrase con la puntita, esos primeros centímetros de mi canal vaginal se sentían muy placenteros y no se comparaban con el dolor que sentía cuando la penetración era completa.
– Si si, seguí así, me encanta lo que me estás haciendo.
Le decía mientras me penetraba con sus primeros 5 o 6 centímetros de verga. El goce ya había superado el dolor, pero todavía no estaba lista para una penetración completa larga, el dolor había sido muy intenso.
– Voy a acabar, voy a acabar, ahhhha ahhh ayy sisisisi.
Pego un gemido muy intenso y tengo un orgasmo muy potente. Necesito que me deje de penetrar, la sensibilidad es extrema. Le pido que me saque la pija de dentro mío. Todavía él no acabó.
– Acabame en la pancita amor.
Se saca el forro, lo empiezo a pajear y me llena el abdomen de semen.
Nos quedamos abrazados largo rato, yo lloro de felicidad.
– Te amo sos la mujer de mi vida.
– Sos el hombre de mi vida.
El ambiente está cubierto por olor a sexo, semen, sangre e incluso el olor de mis pies transpirados. Sin embargo, la atmosfera es romántica.
A la hora nos levantamos, y notamos como las sabanas están cubiertas de sangre, incluso el preservativo también.
Nos quedamos pensando cómo hacer para que nuestros padres no se den cuenta, sin embargo todo eso ya no importa.
Yo ya soy una mujer.
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