El dia que perdí mi virginidad...
La lluvia los atrapó en su habitación, pero el frío era solo la excusa perfecta para encender la llama. Entre besos y caricias, la inocencia se desvanece bajo las sábanas, dejando paso a una noche donde el dolor cede ante el placer prohibido.
Habíamos estado en un partido de futbol del equipo de mi novio y llegamos a su casa completamente mojados, pues estaba lloviendo como si se fuera a caer el cielo.
Al entrar a su cuarto se quitó la ropa y quedó solamente en boxer; se veía divino, pues tiene un cuerpo espectacular en el que se marcan sus músculos y los cuadros del abdomen. Me dijo que lo mejor era que yo también me quitara la ropa para no resfriarme, pero no quería quedar desnuda delante de el, así que agarré una de sus camisas y fui al baño a cambiarme; solo me dejé mi cachetero rosa y encima la camisa de mi novio que me quedaba justo debajo de las nalgas.
Salí del baño y entre al cuarto, el se quedo viendo mis piernas y mis senos en los que se notaban mis pezones paraditos por el frío. Mientras que yo dirigí mis ojos a su pene que en ese momento estaba un poco erecto.
Después de unos segundos me invitó a su cama para arroparnos juntitos y darnos calor mutuamente. De inmediato nos metimos bajo las cobijas y nos quedamos allí abrazados.
El había subido la camisa que yo llevaba puesta y tenía una de sus manos sobre mi cola y con la otra acariciaba el resto de mi espalda. Levanté mi cara y nos besamos; sus caricias me hicieron excitar un poco, entrecruzamos nuestras piernas y pude sentir como su pene se iba haciendo cada vez más grande. Nuestros besos se tornaron mas apasionados… nuestras lenguas se entrelazaban y con una mano intentaba agarrar mis senos, mientras que con la otra acariciaba mis nalgas y tocaba mi clítoris por encima del cachetero. Todo esto hizo que me estremeciera y soltara un leve gemido de placer.
Besó mi cuello y lentamente fue subiendo hasta mí oído... mordió mi oreja y me dijo despacito:
-quiero hacerte mía… déjame hacerte el amor-
-hazlo mi amor… te pertenezco… hoy te doy permiso de quitarme la virginidad- fue esa mi respuesta.
Después de esto me quitó la camisa, y fue bajando por mi cuello, mis senos; los cuales chupó y lamió como si se tratara de un dulce. Continuó con mi abdomen, introduciendo su lengua en mi ombligo; luego, poco a poco bajó mi cachetero y le encantó ver mi vagina totalmente depila. Abrió mis piernas e introdujo su lengua en mi conchita.
Yo me sentía en el paraíso. El movimiento de su lengua me hacia estremecer, creía que iba a explotar… que gran excitación, que sensación tan rica. No quería parar; con mis piernas abrazaba su cuello para que no se fuera a apartar de mí.
Tuve un gran orgasmo y el recibió todos mis jugos en su boca y se los tragó.
Nos arrodillamos sobre la cama y continuamos con nuestros besos y caricias apasionadas.
Ahora era mi turno: besé toso su pecho, acaricié y rasguñe su espalda suavemente y finalmente mis manos bajaron el boxer que impedía la salida de ese pene, que en el momento me pareció gigante y me atemoricé al pensar que eso iba a entrar en mi vagina. ¡¡Me iba a romper!!
Sin embargo, me gusto mucho; lo agarré entre mis manos y empecé a masturbarlo, parecía una niña con juguete nuevo. El me pidió que se lo mamara; al principio no quería, nunca pensé hacerlo, pero algo dentro de mí me decía que si, así que empecé a hacer movimientos circulatorios con mi lengua alrededor de su glande y después recorrí todo su pene, acaricié sus testículos. Después intenté metérmelo a la boca y lo logré aunque no lo introduje todo, pues si lo hacia creo que terminaría vomitando. Pero no importó porque el se excitó muchísimo al verme con cara de niña inocente chupando su pene como si se tratara de un tetero.
Después de un rato de haberle hecho sexo oral me levantó, me acostó sobre la cama y agarró mis senos, acercó su pene a mi vagina introduciendo lentamente la puntita con suavidad. Yo juraba que no iba a caber, que me iba a doler demasiado y si… mientras más lo introducía mas me dolía; se me aguaron los ojos. Le pedí que parara que me estaba rompiendo, pero el continuó hasta que llegó a la pared que lo detuvo; la pared que guardaba mi virginidad.
Me beso con dulzura y acaricio la silueta de mi cuerpo con tanta ternura que olvide que su pene estaba dentro de mi… ya no sentía dolor. Hasta que, en medio de mi distracción por sus caricias el realizó una embestida que rompió de inmediato mi himen; me desvirgó y yo ni preparada estaba.
Grité de dolor, y me salieron lágrimas mientras que mi vagina y su pene se llenaron de sangre. El siguió y pronto me acostumbre al visitante que había en mi vagina... ya no había dolor, solo placer… Solo ganas de más.
Sus embestidas y mis gemidos se hicieron más fuertes... nos acariciábamos y nos besábamos como si además de ser nuestra primera vez juntos fuera la ultima.
Se puso boca arriba y me pidió que lo cabalgara... sin pensarlo dos veces me subí sobre el e introduje su pene en mi vagina… me movía y saltaba con un gozo tremendo mientras que el agarraba mis senos y apretaba mi cintura con mucho deseo y gran lujuria.
Terminamos con un maravilloso 69….
El ya se había venido dos veces y yo unas mil…
Nos acostamos y abrazados nos besamos y acariciamos nuestros cuerpos suavecito y con amor mientras me decía al oído lo mucho que le había gustado y cuanto me amaba.
Estando con las piernas y brazos entrecruzados nos quedamos dormidos… como si fuéramos un solo ser.
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