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El Okupa Parte 1

Marcos creía conocer a su esposa, pero las cámaras de seguridad revelan una sumisión que él no veía venir. Mientras él lucha por mantener el control legal, observa impotente cómo ella entrega sus bragas a un desconocido en su propia casa. La verdadera invasión no es la de un hombre, sino la de una dinámica de poder que lo excluye por completo.

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EL OKUPA Parte 1

(Quiero agradecer al forero Carlos de todorelatos quien me sugirió este argumento)

Era la segunda vez que veníamos a esquiar a Vall de Núria en el pirineo catalán, era ideal para los niños, por la tarde habíamos hecho una excursión en pony y la niña más pequeña, Emma, lo había disfrutado mucho.

Era una vida soñada, para mí que vengo de clase trabajadora era realmente un sueño, mi esposa Verónica estaba más acostumbrada a estas vacaciones en la nieve con toda la familia, ya que lo había hecho desde pequeña, ella era una esquiadora consumada, mi hija mayor Alba, de once años había heredado la habilidad de su madre.

Yo le echaba ganas también, pero cuando no aprendes de pequeño es más difícil.

Mi hijo varón Thiago era más parecido a mí, con nueve años prefería estar colgado a su Tablet que a los esquíes, aunque Verónica le insistía y no se le daba mal el deporte.

En ese momento vi llegar a mi esposa, embutida en un traje de esquiar de color naranja.

Vi como algunos caballeros que estaban con sus esposas también la miraban, es que no era para menos.

El traje de esquí era muy ceñido y mi esposa era una mujer muy exuberante.

Siempre lo había sido pero a raíz del ultimo embarazo, había engordado unos cinco kilos y aunque se matase en el gimnasio nunca se los había quitado y es un poco guarro decirlo así, pero es que esos kilos de más habían ido a parar a dos sitios muy precisos, a sus tetas y a su culo.

En ese momento se quitó las antiparras y sacudió su melena rubia y con reflejos castaños, su pelo liso le llegaba hasta un poco antes de los hombros y era de una consistencia sedosa y densa.

_ ¿Que? ¿No vas a venir hoy?_ dijo ella

_ Venga, papá, la nieve esta lisita hoy_ dijo en ese momento mi hija Alba, también montada sobre los esquíes.

_Es la mejor hora para leer al sol, esta, pero si queréis que haga el tonto como ayer_ dije, todavía con mi libro abierto y mi taza de chocolate, sentado en la terraza del complejo de esquí.

El día anterior había sufrido una caída sin importancia, mi esposa y mi hija mayor se habían reído mucho con aquello y me lo recordaron bastante durante la cena.

_Y tú, cariño deja eso y ve a ponerte los esquíes_ dijo Verónica a Thiago

_ ¿Ahora?_ dijo el niño sacando la vista de la Tablet

_Venga, que tienes todo el año en Madrid para eso_ dijo ella con una gran sonrisa de dientes parejos y blancos.

Verónica era muy guapa, a veces me parecía increíble estar casado con ella, su rostro era perfecto, un ovalo impecable y sus rasgos hechos a medida dentro de su carita, los ojos grises y grandes y brillantes, las cejas delineadas, una nariz pequeña y una boca carnosa y jugosa, los pómulos marcados en la medida justa.

Una hermosa mujer de 36 años que a pesar de sus tres embarazos lucía una piel perfecta y sin impurezas, el rostro tal vez un poco más lleno que cuando éramos novios, pero que le sentaba admirablemente.

Siempre había sido muy voluptuosa, recuerdo que antes de casarnos y luego de sacarse el titilo de abogada ella estaba decidida a quitarse pecho, a achicar sus mamas que eran exageradas, demasiado grandes para ese talle tan esbelto, pero yo insistí para que no lo hiciera.

Y es que eran una pasada, carnosas, opulentas, redondas, con una gigantesca areola rosada que le cubría media teta y un pezón rojo como una fresa madura.

Pero luego del último embarazo, el de Emma cinco años antes, los kilos ganados ya no se fueron más y los pechos quedaron descomunales, pensé que luego de la lactancia volverían a su tamaño normal, pero no.

Era bastante alta, medía 1,70 y siempre había sido muy deportista, esos dos detalles la salvaron.

El que los kilos se habían ido a su culo y sus tetas es un decir, también sus piernas se habían convertido en macizas y poderosas, sumados al ejercicio diario, sus muslos potentes, su pequeña cintura, con un suave abombado en el vientre que era delicioso y natural y luego su culo también había adquirido una consistencia y redondez que era algo brutal, justamente sus glúteos impresionantes eran lo que estaban mirando dos señores muy respetables a cierta distancia nuestra.

Yo ya estaba acostumbrado a que todo dios la mirase de esa forma y ella no le daba importancia a nada ni a nadie, los mirones no existían para ella.

_ ¿Emma va bien con la instructora?_ dije

_Ingrid es un encanto_ dijo Verónica.

La instructora de esquí para niños era una finlandesa muy simpática.

Fuimos con el niño a ponernos los esquíes.

_Papá, no crees que siempre hacemos lo que quiere mamá_ dijo Thiago

_Es lo que hay renacuajo, ellas mandan y nosotros decimos si_ dije

_No es justo, papá, tú estabas muy tranquilito leyendo_ dijo el niño que tenía el cabello rubio como su madre.

_Venga, que luego te lo pasas bien esquiando_ dije y acaricié su cabeza.

De algún modo era cierto, Verónica tenía mucho carácter y finalmente siempre se hacía lo que ella disponía.

Pero no me molestaba, en lo más mínimo, hasta yo mismo era una creación suya, como ingeniero había comenzado a trabajar en la compañía de su padre y mi suegro que no tenía hijos varones me había acogido como un hijo, ganaba mucho dinero y podíamos permitirnos un nivel de vida que jamás hubiera soñado.

Me pregunté si algún hombre que yo conociera podía llegar a imponerse con una mujer como ella y me dije que era absurdo, ya quisiera ver las pintas de quien se le pusiera en el camino a mi esposa.

Por la noche, cuando ella ya había hecho dormir a los niños y podíamos retozar en nuestra cómoda habitación se acurrucó junto a mí, como una cálida gatita confortable.

_ ¿Crees que estoy muy gorda?_ dijo

_ ¿Gorda? ¿Pero qué dices mujer? Si estás de muerte_

_Joder, mira estas piernas_ dijo y extendió una larga pierna potente, maciza pero con los tobillos finos y lo deditos de los pies delicados.

_Estás como quieres y lo sabes_

_He pensado en operarme, quitarme estas cosas…_

_No, pero si estás…joder, más buena no puedes estar…._

_No lo sé, cariño, es que mira lo que son, parezco un monstruo_ dijo ella y se sopesó los pechos con las manos, apenas contenidos por el sujetador.

_Si, un verdadero monstruo, un fenómeno de circo_ dije

_Bobo que eres_ dijo ella riendo.

_Mira esto, se lo debo a Emma, tu preferida_ y me enseño un minúsculo pliegue de piel en su cintura.

_Joder ¿cómo puedes andar así por la vida? Es terrible lo gorda que estás…._ dije irónicamente

_Si, ya sé, no debo quejarme, pero con todo lo que entreno en el gimnasio_

_Estás increíble y lo sabes, ¿has visto cómo te miraban hoy esos dos en el restaurant?_

_ ¿Si? ¿Qué miraban?_ dijo ella, sonriendo

_Tu culo y tus tetas_ dije y la besé y luego fui hasta sus pezones, ella desabrochó el sujetador.

Eran impresionantes, nunca dejaban de asombrarme, porque no solo eran grandes y llenas y esponjosas sino que se mantenían como las de una veinteañera, firmes, con los pezones repuntando hacía arriba.

Besé sus pezones empitonados y lamí las areolas.

_Con cuidado, que las tengo sensibles, hoy_ dijo ella

Lamí y degusté ese tacto maravilloso, fui con un dedo hasta el clítoris, por dentro del tanga diminuto.

Ella me besó un hombro.

_Déjalo, no voy a correrme_ dijo y me recostó sobre la cama y luego se fue montando en mi polla.

Era como una escultura de carne firme y tersa sobre mí.

_Córrete cuando quieras….sin hacer mucho ruido, ¿vale?_

En la cama ella imponía las condiciones, muchas veces me decía eso de no voy a correrme, estoy lenta, hoy mejor no hagas eso, pocas veces quería que le hiciera sexo oral.

Era natural para mí que fuera así, había sido así desde novios.

Por la mañana comenzaba ella el ritual de despertar a los niños, desayunar y luego algún paseo o el esquí.

Me alegré de regresar a casa, la semana en la nieve pasó como una exhalación.

Íbamos en el coche, los niños en el asiento trasero.

_Pasamos por lo de mis padres, mi madre quiere ver a los niños_ dijo ella

Muchas veces al regresar de unas vacaciones íbamos primero a lo de mis suegros antes de regresar a casa, era como una costumbre aceptada por mí.

Y más en este caso en que ellos, esa misma noche viajaban a los Estados Unidos por un mes.

_ ¿Cómo lo habéis pasado? _ dijo mi suegra

_Abuela….abuela mira esta foto_ dijo mi hija mayor

Mi suegro comentó que hubiésemos ido a Suiza que es más bonito.

Esa misma noche debíamos llevarles al aeropuerto.

_Marcos y yo iremos a casa a la urbanización, dejamos a los niños aquí con vosotros_ dijo Verónica

_Id tranquilos_ dijo mi suegra, con sus nietas mujeres a cada lado del sofá

_Yo quería ir a casa_ dijo Thiago, quien siempre estaba un poco descontento con las decisiones que tomaba su madre.

_Tú te quedas y juegas a algo con el abuelo_ dijo mi esposa

_Ven que nos lo pasaremos pipa_ dijo mi suegro, era un hombre bonachón y satisfecho de sí mismo, de su familia y de su posición, ahora harían un largo viaje por América, recorriendo casi todo el país.

Nosotros vivíamos en un chalet de dos plantas situado en una urbanización en las afueras.

Dejamos a los niños y partimos, Verónica necesitaba unos papeles del trabajo.

_Hoy tal vez podríamos quedarnos en lo de mis padres_ dijo ella

_Sí, es más práctico ¿ya le has avisado a Asumpta?_ dije, ella era nuestra asistenta desde que habían nacido los niños y era alguien más de la familia a estas alturas

_Ahora le aviso_ dijo Verónica, cogiendo el móvil, la miré con el rabillo del ojo mientras conducía.

Llevaba ella un pantalón blanco ajustadísimo y un jersey escote en V que no podía disimular el tamaño de sus pechos, sino que lo realzaba considerablemente.

Imaginé que tal vez podríamos follar en la casa, con los niños fuera, pero dependía de la prisa que tuviera Verónica.

Llegamos a la urbanización, pasamos la garita de seguridad, comenzamos a recorrer esos amables senderos, los grandes jardines y parques cuidados con esmero.

_Es bonito esto, pero un piso en la ciudad tal vez sería más práctico_ dijo ella

_Bueno, los niños se han criado aquí_ dije, me gustaba este sitio

_No han acabado de criarse_ dijo ella.

Cogí el móvil y puse a funcionar el sistema de alarma en este caso para desconectarla.

La casa tenía cámaras de seguridad en todas las habitaciones y cuando puse la aplicación las pantallas aparecieron en negro.

_Joder, no vas a creerlo, olvide dejar instalada la alarma y las cámaras no están funcionando tampoco_ dije

_Bueno, no pasa nada_ dijo ella

Aparqué frente a la casa y descendimos.

Yo abrí el maletero mientras Verónica iba hasta la puerta.

La escuché manipular las llaves.

_Joder, Marcos, la llave no abre_

_ ¿No?_ dije

Fui hasta la puerta con las maletas en la mano.

_Déjame a mi_ dije, cogí las llaves, intenté abrir y nada, miré las llaves, la puerta, la casa.

_Prueba con la cochera_ dijo ella

Cogí las llaves del coche, intenté abrir la puerta de la cochera y nada, no funcionaba el sistema inalámbrico.

_Joder, que raro esto ¿no?_

_Tal vez al haber olvidado la alarma_ dijo ella

Dimos vuelta a la casa, la cocina tenía unas puertas vidriadas que daban al jardín trasero.

Pero al llegar allí vimos que los postigos estaban atados con una cadena y un grueso candado.

_ ¿Y esto?_ dije, con sorpresa

_¡¡Dios!!!_ dijo Verónica y la miré y vi el horror y el miedo pintado en su cara, se tapó la boca con una manita

_ ¿Qué?_ dije, ella señaló a una de las ventanas de la cocina, miré allí.

Había un hombre en la ventana.

Era un viejo, calvo, con una larga barba blanca, descuidada, como la de un vagabundo, su rostro era feo y con verrugas, muy arrugado.

La ventana se abrió.

_ ¿Qué mierda queréis aquí?_ dijo, su voz era andrajosa, como el mismo viejo, sus ojos eran dos rayas oscuras.

_ ¿Pero qué coño es esto?, voy a llamar a la policía_ dije

_Puedes llamar a quien quieras, mamón_

Verónica empezaba a reponerse de la sorpresa.

_ ¿Quién es usted?_ dijo ella

_ ¿Que quien soy yo? El dueño de esta casa, rubia_ dijo el viejo de muy mala ostia.

Yo ya estaba llamando a la policía.

_Espera, Marcos, será inútil_ dijo mi esposa.

_ ¿Cómo que será inútil?_ dije

_Policía nacional de España…_ decía una voz en el móvil

_Que no le podremos sacar de allí_ dijo mi esposa

El viejo sonreía.

_ ¿Como?_

_Que nos han ocupado la casa_ dijo ella

Corté la comunicación.

_Pero es nuestra casa_ dije

_Pero él está dentro, él tiene la posesión y dice que es suya, tendremos que desalojarle_

_Abre la puerta, hijo de puta_ dije y fui hasta la ventana

_Joder, igual dejo pasar a tu mujer con lo buena que está_ dijo el viejo enseñando unos dientes sucios y desparejos.

_Abre la puerta, voy a llamar a los de seguridad_

_Esos idiotas no harán nada, tú escucha a tu mujer, es abogada ¿No?_

Puse una mano en el marco de la ventana, sentí un súbito dolor en los nudillos.

_AYY!!!...pero me cago en tu puta madre_ dije

El viejo me había golpeado con el canto de un cuchillo sobre los nudillos

_Vuelve a poner los dedos en mi casa y te los cortó_ dijo el viejo.

_Marcos… déjale…..déjale….tiene razón, no podemos hacer nada_ dijo Verónica

_ ¿Cómo que no podemos hacer nada?_ dije cogiéndome la mano herida

_Tendremos que hacer un proceso de desahucio, a ver la mano_ ella miro la mano.

_Joder, el culo y las tetas que tiene tu mujer, ya sabía que estaba muy buena pero al natural, joder…._ dijo el viejo

_ ¿Qué es lo que quiere? ¿Dinero? A la larga va a usted a la cárcel, lo sabe ¿no es verdad?_ dijo Verónica

_Tú lo has dicho, hija, a la larga, muy a la larga_ dijo el viejo

Miré a mi esposa con horror.

_Voy a llamar a los de seguridad_ dije

_No, no hagas nada, son unos bestias, a ver si la liamos peor_ dijo ella

_ ¿Me estás hablando en serio?_ dije

_No podemos sacarle por la fuerza, es un delito y anda si los de seguridad hacen una idiotez, acabaremos en la cárcel nosotros_ dijo

_No me lo creo_ dije

_Tendremos que ir a la ley de anti okupas o de desahucio express_ dijo ella

_ ¿Express?_

_Bueno, es una forma de decir, pueden ser meses_ dijo ella

_Rubia, llámame y nos ponemos de acuerdo, pero sin el mamón de tu marido_ dijo el viejo

_ ¿Qué quieres? Podemos darte bastante dinero_ dijo ella

_Ven a verme y conversamos, hoy no, estoy ocupado_ dijo el viejo y cerró la ventana y se nos quedó mirando, fieramente.

_No puedo creer esto_ dije

_Venga, cariño, vámonos_ dijo ella, parecía haberlo aceptado.

_No joder, es nuestra casa, voy a entrar_ dije

_Edu, créeme, no hagas el tonto, por favor, esto le sucede a muchas personas en España, nos ha tocado a nosotros, no la liemos, por favor_ dijo y comenzamos a caminar hacia el coche.

_ ¿Pero es así, sin más? ¿Alguien entra a tu casa y dice que es el dueño y ya está?_

_Deja, conduzco ya, que tienes la mano mala_ dijo ella, cogió una maleta y yo la otra

_ ¿Es así?_

_Él tiene la posesión, nosotros el título de propiedad, le haremos un desahucio y le sacaremos de allí_

_No puedo creerlo_ dije

_Es la ley, no hay nada que hacerle, tú déjame llevar esto a mi_ dijo ella

_De esto ni una palabra a mis padres, no quiero joderles el viaje_ dijo ella al llegar al piso

_ ¿Y con los niños?_

_Ya veremos que decirles, tampoco quiero preocuparles_

Luego subimos en el ascensor, ella parecía bastante serena.

_Mañana iré al bufete, plantearé el caso, tenemos un especialista en este tipo de casos_ dijo

_Vale_ me sentía doblemente mortificado, me dolían los nudillos de la mano, yo le hubiera sacado por la fuerza, es lo que mi padre hubiese hecho, pero yo no era mi padre, ni verónica mi madre, eso seguro.

_A lo niños le diremos que hay una plaga de insectos y que están fumigando_

_Has dicho que llevaría meses_

_Veremos_ dijo ella enigmáticamente

No sé cómo hicimos los dos esa noche para disimular, antes habíamos llevado a mis suegros al aeropuerto de Barajas.

Cuando el avión partió sentimos un gran alivio, teníamos un mes por delante sin preguntas y podríamos estar muy bien en el piso de mis suegros.

Los niños estaban bastante bien con la idea de quedarse en el piso de sus abuelos, así que esa fue una noche tranquila después de todo.

Pero en cuanto nos quedamos solos, ella y yo comenzamos a hacernos preguntas.

¿Por qué nosotros?

_ ¿Tú crees que este hombre entró a la casa por azar?_ dije

_No lo sé….._ dijo ella, con el sujetador puesto y el tanga, a veces dormía así, sin nada más o solo se ponía una camiseta.

_Porque es muy raro ¿no?_

Ella me miró con esos increíbles ojos grises, un poco azulados.

_Yo creo que no es casualidad, que ese hombre algo tiene que ver con nosotros_

_ ¿Pero de donde podemos conocerle?_

_ ¿Tú no le conoces de nada?_

_No…-

_Pues hay que averiguarlo_ dijo ella

A la mañana siguiente, Asumpta llegó a la casa para hacerse cargo de los niños y de todo lo demás y mi esposa y yo fuimos a trabajar.

La vi subir a su coche con un impecable traje negro, de blazer y falda corta muy ceñido al cuerpo y zapatos de tacón, sus piernas era majestuosas, con sus muslos musculados y macizos, las rodillas redondeadas, lo torneadas y tonificadas que eran esas piernas.

El sujetador de encaje de color negro, apenas podía sostener esas maravillas naturales que ella portaba por delante, bien ceñidas dentro de la camisita y un poco ocultas por el blazer.

Me enfrasqué en los nuevos proyectos que tenía la constructora, pero me sentía descontento conmigo mismo, tendría que haber echado a ese hombre a patadas, haber llamado a los de seguridad, le hubiésemos sacado de la casa de los fundillos del culo, pero como siempre, habíamos hecho lo que Verónica había querido, gran parte de mi descontento también iba hacía ella, en su manera de imponerse.

También podía pensar que era un caso judicial y que ella era abogada, pero una y otra vez pensaba en lo que mi padre hubiese hecho. Mi padre llevaba los pantalones en casa, se hacía lo que él decía, no es que mi madre fuera una sometida, o si, no lo sé, pero hubiera hecho lo que había que hacer y punto.

En cambio yo, con esto de la igualdad, joder, pensé que era como mi hijo decía, hasta un crio de nueve años se daba cuenta de ella, siempre hacíamos lo que mi esposa decía.

Seguí trabajando y cerca del mediodía, recibí un mensaje, era de Verónica.

_No te asustes, pero estoy dentro de la casa, este tío me ha dejado pasar, está tranquilo ahora_

_Sal de allí ahora mismo_ escribí.

Joder, la madre que la parió, así era ella ¿Cómo podía estar tranquilo? La llamé de inmediato pero no cogió la llamada.

Como a los quince minutos recibí otro mensaje.

_Hemos estado hablando, no te preocupes, me ha dejado llevarme unas cosas de los niños para mañana_ escribió.

Me la imaginaba sola en la casa con ese viejo vagabundo, recordé esa barba blanca y mal cortada, su rostro arrugado y moreno, lleno de verrugas, sus ojos de loco.

Media hora después recibí otro mensaje.

_Ya estoy fuera de la casa ¿Nos encontramos para almorzar?_ escribió

Suspendí todas mis cuestiones de trabajo y conduje hasta un restaurant al que siempre íbamos, estaba cerca del bufete de ella.

Llegué, esperaba encontrarla eufórica, pero la noté reconcentrada, seria, preocupada.

_Joder, debiste haberme consultado_ dije

_Fue un impulso, necesitaba…..saber un poco más…._ dijo ella

Nos sentamos a la mesa, el camarero trajo el pan y dejó la carta.

_Ese viejo, digamos que no se ha mostrado violento ¿verdad?_ dije

Ella negó con la cabeza.

_No….no ha estado violento_

_Cuéntame_ dije

_Bueno, no ha sido al azar, un poco sí, pero no_ dijo ella

La miré sorprendido, pidiéndole una explicación.

_Me ha dicho que el construyó esa casa, era el capataz de obra, trabajaba para mi padre, antes de que tú entraras en la empresa_

_ ¿Si? ¿Conoce a tu padre?_

_Se llama Rogelio, lo he comprobado, trabajó para mi padre durante treinta años por lo menos_

_No puedo creerlo_ dije

_Me ha dicho que alquilaba un piso y que lo desahuciaron hace un mes_

_ ¿Y por eso decidió ocupar nuestra casa?_

_Me dijo que hacía cuarenta años que alquilaba allí, que había vivido con su madre y luego con su mujer y que las dos habían muerto_

_Esas putas leyes de alquileres de los ochenta_ dije

_Según lo que me ha dicho, estaban con un amigo y cogieron la carretera y….entraron por detrás de la urbanización y bueno, vio la casa, entró…_

_ ¿Y cuál es su plan?_ dije

_Creo que…..no tiene plan, solo quiere seguir hablando y me dijo que podíamos arreglarlo_

_ ¿Arreglarlo?_

_No sé qué quiere, pero creo que podemos convencerle de que se marche_

_ ¿Ofreciéndole dinero?_

_Tal vez…._ dijo ella

Algo en todo esto no me dejaba tranquilo, la expresión de ella supongo, demasiado seria y preocupada y por momentos ausente, ordenamos la comida.

_ ¿Y ahora? ¿Vas a iniciar la demanda por desahucio espress, esa?_

_Creo que es mejor esperar un poco, ya te digo que tal vez podamos convencerle de que se marche o tal vez, no sé, es un hombre desesperado, tal vez se marche por si solo_ dijo Verónica, noté que sus delicados dedos retorcían el mantel, sus uñas pintadas de rojo sangre espesa.

_Hay algo que no me cuentas_ dije

_No, que va, es como te digo, hablamos a través de la ventana, le pedí recoger unas cosas de los niños, para la escuela y me dejó pasar, eso es todo_

_ ¿La casa está bien?_

_Si la casa está como siempre_ dijo ella, trajeron la comida, sus ojos grises azulados parecían un poco apagados, algo no estaba bien, podía olerlo.

Seguimos hablando y especulando, quería sonsacarle algo más, pero me dijo que estaba cansada y luego de comer se marchó al piso de sus padres.

Yo había intentado mirar las cámaras de seguridad y no había podido, las pantallas seguían en negro.

Me comuniqué con la empresa que había instalado el sistema de seguridad, había una forma de activar las cámaras, no era tan complicado, pedí asesoramiento, tuve que cambiar una clave.

Y finalmente, bingo, logré entrar.

Lo primero que hice fue buscar donde estaba ese sujeto.

Estaba sentado en el sofá, mirando la televisión, con un vaso de algo en la mano.

Acerqué la cámara para verlo bien, llevaba una camisa de jean, gastada y unos pantalones azules de obrero y zapatos toscos, acordonados, no era muy alto, mediría 1, 74 como mucho.

Lo que le daba el aspecto feroz era la barba tan larga y descuidada, la calva tenía unas manchas rojizas y sebosas.

Sentí un odio asesino hacia él, sentado en mí casa lo más tranquilo.

Y entonces recordé que podía retroceder el video y ver lo que había pasado hasta 24 horas atrás.

El corazón comenzó a latirme aceleradamente.

Me sentía un espía de esos de las películas. Casi me desmayo cuando vi por primera vez a Verónica en la pantalla, detuve la imagen.

Ella estaba vestida con ese trajecito de por la mañana, la falda por encima de la rodilla, muy ajustada al cuerpazo, la camisa de seda conteniendo los pechos opulentos, el peinado impecable, el cabello rubio que no llegaba a tocarle los hombros.

_Como te digo, niña, tu padre no era un mal hombre al principio_ dijo

Ella estaba de pie y él sentado en el sofá, ella ya había hecho unas maletas.

_Mi padre…siempre he oído que es muy respetado por la gente que trabaja con él_ dijo ella

_Antes era así, pero luego….._

_ ¿Luego qué?_ dijo ella

_Lego se volvió un cabrón, como todos los ricachones_ dijo él con mirada feroz

_No lo sé, no quiero meter a mi padre en esto_

_Ya ves, te he dejado pasar, te he contado mi historia, te he dejado sacar de la casa lo que me has pedido, no soy tan malo ¿O no?_

_No, ya veo que no es usted un mal hombre, por eso le pido que recapacite, mi marido y yo podemos ayudarle a encontrar un piso, podemos darle trabajo si es necesario_

_Rubia, tengo 69 años, las rodillas y la espalda destrozadas, trabajando para tu padre como bestia para nada, para que un día me dieran una patada en el culo y a la calle_

_Usted no es mal hombre, puedo verlo, pero debe entrar en razón, esta no es su casa_

_ No es mi casa ¿Verdad?_

_La vida ha sido injusta con usted, Rogelio, pero….-

_Mira, si la vida ha sido justa o injusta conmigo lo decido yo, no me lo vas a decir tú ¿verdad?_

_Vale…….yo creo que hablando se puede llegar a un acuerdo….-

_Sí, claro que si….podemos llegar a un acuerdo…_dijo y se inclinó hacia adelante y miró a Verónica con mirada turbia.

Mi esposa comprendió que algo había cambiado en el ambiente, dio un paso hacia atrás, creo que trastabilló un poco sobre los taconazos de sus elegantes zapatos negros.

_Creo que es mejor que me marche_ dijo ella

_Espera, quédate quieta ahí_ dijo el viejo y se puso en pie, pesadamente, tenía una panza descuidada.

_Si quieres llevarte esas maletas que has preparado debes darme algo a cambio_ dijo el viejo

_ ¿Si? ¿Qué cosa?_ dijo ella

_Tus bragas, rubia, quiero tus bragas_ dijo el viejo como mordiendo las palabras.

Me eché para atrás en la silla, estaba en mi despacho, miré hacía todo sitio como si alguien pudiera descubrirme.

Me puse en pie y eché llave a la puerta.

Luego me senté frente al portátil.

_Hijo de puta, te mataré_ dije a la imagen congelada del viejo

_Creo que tiene un armario repleto de bragas mías_ dijo ella

_Si claro, pero estas tienen tu olor, olor a coño de niña rica, quítatelas y dámelas, si quieres llevarte esas maletas y si quieres que te deje entrar otra vez_ dijo el viejo y dio un paso hacia ella.

Vi como ella también retrocedía y titubeaba.

Pero algo en mí, sucedió en ese momento, por primera vez veía como otra persona se imponía a mi esposa, no solo la enfrentaba sino que le imponía condiciones.

Y tuve como un subidón extraño, que no supe a que atribuirlo en ese momento.

_Hijo de puta, te mataré_ volví a decir al viejo, a través de la pantalla.

_ ¿Y si no lo hago? No pienso darle mis bragas_ dijo ella

_Pues esas maletas no te las llevas y olvídate de seguir hablando, vete preparando la demanda por desahucio y si me meten en la cárcel, me haces un favor, mira, yo agradecido…._ dijo él

_ Si consintiera en hacerlo, me tendría que dejar pasar al dormitorio y coger otras bragas_ dijo ella

_SHHH….de eso nada….te las quitas aquí mismo y te vas con el coño al aire_

_No puedo hacer eso que usted me pide_ dijo ella, serena, casi sin levantar la voz

Yo sabía que ella no iba a hacerlo, que de algún modo se habría salido con la suya, que le habría convencido al viejo de llevarse las maletas a cambio de nada.

_Pues hala, entonces, vete de una vez, me aburres, las pijas caprichosas y consentidas como tú me dan asco, pero no vuelvas por aquí, pues no lograras nada_

Ella respiró profundo, pensé que iba a decir algo, pero entonces metió las manos bajo su falda y no pudo evitar que el viejo viera sus muslazos casi hasta la cintura y rápidamente bajó sus bragas, era un tanga de encaje de color oscuro y un poco traslucido, un diminuto tanga que se le metía en medio del culo dejando las nalgas desnudas y luego ya lo sacaba por sus tobillos, levantando un zapato de tacón y luego el otro y lo tenía en la manita y volvía a acomodarse la falda….

_Lo has hecho muy de prisa, pero vale, por esta vez vale…._ dijo el viejo

_Lo toma o lo deja_ dijo ella

_Ahora ven hasta aquí y me lo pones en la mano_ dijo el viejo