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Mis inicios en las relaciones D/s (5)

Carla no solo quiere tu cuerpo, quiere tu esencia. Desde la primera latigazo hasta la humillación más profunda, ella decide qué es digno de ser consumido y qué es solo basura. Él aprende que su única felicidad reside en desaparecer para que ella exista.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Los latigazos fueron los primeros y supusieron saber que realmente mi vida había cambiado para que a partir de ese momento era Ella la que se había convertido en la Dueña de mi existencia. Asumí el castigo con resignación y a la vez comprendiendo que todo lo que Ella dispusiera lo aceptaría de muy buen grado contribuyendo a mi felicidad.

Ahora ya sabes.

Con su pie deslizó la compresa hasta colocarla frente a mi cara. La cogí y la fui chupando para extraer toda la orina de la que estaba empapada. La cantidad de orina hacía que al chuparla se saliera parte de ella por la comisura de mi boca. Mirándome me hacía sentir bien, muy bien. Chupé sin cesar hasta que la compresa estuvo totalmente escurrida.

Lo que has bebido aliviará tu sed. ¿Has terminado?

No aún me quedan por subir varias cajas. Voy a hacerlo ahora si me lo permites.

No, espera. Quiero ir al baño. No quiero que me vuelva a pasar lo de antes. Acompáñame cuqui.

La acompañé hasta el baño. Se sentó en el wc y esperé a sus pies.

Uyyyy, creo que viene algo más que el pipí, ¿quieres verlo, u olerlo?

Me encantaría, claro.

Está bien, acércate y pon tu cara entre mis piernas.

Separó sus piernas y puso sus manos sobre mi cabeza.

Disfruta mi perro de lo que te da tu Ama.

Así entre sus piernas pude oler sus excrementos saliendo de su cuerpo. Un buen zurullo comenzó a salir de su ano. Su olor, que para cualquiera supondría un olor fétido y desagradable, para mí suponía un gozo como nadie puede imaginar. Se trataba de algo tan íntimo y personal de mi Ama que solo me bastaba pensarlo así para disfrutar y gozar de ello.

¿Te gusta como huele, cuqui?

Si mi Ama, mucho.

Bien así me gusta que sepas valorar y disfrutar de todo lo que yo, tu Ama, te ofrezca. Ahora lávame bien en el bidet.

Le ayudé a levantarse y volver a sentarse en el bidet. Abrí el grifo y con ayuda del agua le fui limpiando su culo. Estaba todo impregnado de su caca. Con mis manos fui frotando su culo y limpiándolo todo entero. Mis manos se llenaron de su caca.

¿Has terminado?

Si mi Ama.

Se levantó y la sequé con una toalla para después vestirla. Ya de pie vio que mis manos aún tenían rastros de su caca. Me miró y……

¿Te gustaría probarlo, es mío?

Cuánto me gustaría mi Ama.

Pues pásame unos guantes.

Se puso los guantes de nitrilo en sus manos, alargó sus manos y cogiendo las mías las llevo junto a mi boca.

Tómate lo que te doy. Algún día no serás solo mi perro sino mi wc. Soy muy comodona y si no tengo necesidad de ir al baño porque te tengo a ti seria para mí lo más. Ya te dije que no solo deseaba un sumiso. Quiero llegar a poseerte por entero, en cuerpo y mente. Que dejes de ser tú por completo y solo seas algo mío. ¿Lo entiendes?

Le aseguro que lo que usted desea es algo que entiendes mis sueños y fantasías siempre deseaba.

Cuánto me alegro de que coincidamos. Ahora puedes seguir subiéndolo todo y colocándolo. Antes acércate que te coloque esto dentro de la faja.

Me colocó la pera del plug dentro de la faja. Era un plug que al hincharlo hacía que tuviera dificultad a la hora de moverme. Di varios viajes para subirlo todo a la casa mientras ella descansaba plácidamente en el sillón.

Ya está todo mi Ama. Voy ahora a colocarlo.

Carla se le cantó para dirigir el colocarlo todo. Lo primero que hizo fue hacer que trasladara toda mi ropa al dormitorio pequeño.

Tu dormitorio será este. Solo vendrás cuando yo te requiera.

Así paso todo el resto del día. Todo en mi casa había cambiado, ahora había cosas suyas por todas partes, hasta el aseo que había en mi dormitorio paso a ser suyo, dejándome a mí un cuarto pequeño con wc, lavabo y un pequeño plato de ducha. Tendría que acostumbrarme pero sé que disfrutaría de tenerla conmigo.

Llegó la tarde noche y ya estaba todo colocado según sus gustos. Me acerqué a ella que descansaba frente al televisor. Estaba viendo una película de BDSM.

Siéntate aquí junto a mí. Quiero ver la peli contigo y saber más de tus gustos.

No podía estar totalmente sentado en el suelo por el plug inflable que aún llevaba insertado.

¿No te sientas? Ah claro. Bueno ponte en posición que te lo saque pero antes tráeme los guantes de nitrilo.

Se los traje y me coloqué en posición de perro. Sentí como se iba desinflando poco a poco y el alivio que iba sintiendo. Después lo tomo con su mano y lo extrajo depositándolo en mi boca para seguir ahora con sus dedos. Comenzó a introducir uno tras otro sus dedos hasta tener cuatro en mi interior. Movía su mano circularmente.

¿Te está gustando verdad?

Mucho mi Ama.

Bien creo que pronto podré ofrecerte para que sientas una buena polla. Tengo un amigo que estará deseando penetrarte con su polla qué es muy considerable. Ja, ja, ja. ¿Te gustaría?

Si eso le satisface y llena de gusto y placer estaría dispuesto a complacerla.

Sacó su mano y me mandó asearme. Seguía con la jaula en mi polla que pugnaba por salir produciéndome un gran dolor, pero era consciente que no debía quejarme para satisfacer los deseos de mi Ama.

Ahora ve a prepárame un sándwich para cenar, cuqui.

Fui a la cocina y preparé lo que me había pedido. Antes de llevárselo fui a preguntarle….

Deseas beber algo y como lo quieres frío o en la sandwichera.

Me traes una copa de vino tinto y lo prefiero calentito.

Cuando todo estuvo preparado se lo lleve. Dejé la bandeja en el suelo para adoptar la postura de mesa para que cenara.

No hace falta, ponte de rodillas y sostienes la bandeja con tus manos.

Al principio todo iba bien pero al pasar el tiempo las rodillas me pesaban y me dolían.

¿Te ocurre algo cuqui?

No mi Ama Carla.

Bien, entonces seguiré cenando.

A Carla le gustaba comer en casa abriendo la boca para que viera como masticaba y ensalivaba la comida. A veces la sacaba de su boca y la dejaba caer al plato señalándola para que la comiera. Ese sabor caliente de la comida masticada y mezclada con su saliva me sabía a un plato de delicatessen. ¡Me lo estaba dando mi Ama! Eso ya era suficiente para mí. Era un lujo y un honor para mí.

Estar arrodillado y sujetando la bandeja estaba haciendo sus efectos. Sabía que tenía que aguantar. Cuando terminó se puso un guante en una de sus manos y en la otra se encendió un cigarrillo.

Ya no tengo más ganas. Abre la boca cuqui.

Mientras daba una calada a su cigarrillo con la otra mano iba aplastando los restos de su sándwich y los cubría con salivazos de su boca. Lo mezclaba todo y cogiendo con su mano enguantada me iba dando comida introduciéndola en mi boca. Yo chupaba su mano, lamía sus dedos a través del guante. Yo era feliz así.

¡Tenías hambre mi cuqui! Toma más.

Ella cogía con su guante esa mezcla, la amasaba y me metía el guante con la comida en la boca. Me alimentaba como se alimenta un perro. De vez en cuando escupía sobre la comida para amasarla y mezclarla mejor.

Bueno, ya está. Límpiame el guante antes de llevártelo todo.

Chupé cada uno de sus dedos con ansia hasta dejarlos muy limpios.

Ja, ja, ja, veo que tienes aún hambre. Enciéndeme un cigarro que tengo que ir al aseo.

Se lo encendí y agaché la cabeza para que ajustara la correa al collar. Me llevó tras ella. Al llegar le levanté la bata y deslicé sus bragas por las piernas sentándose en el wc.

Cuqui, ¿quieres algo más?

Sin decir nada me acerqué entre sus piernas colocando mi cara entre ellas.

Veo que estás muy ansioso. Anda coloca tus manos alrededor.

Con mi cara entre sus piernas y mis brazos rodeando su culo, puse mis manos bajo su ano. Así estaba cuando unas sonoras ventosidades chocaron contra mis manos. El olor comenzó a llenar mis fosas nasales aspirando yo con fuerza.

¿Estás preparado cuqui? Creo que ya sale, junta tus manos y espera.

Así estaba yo cuando comencé a sentir en mis manos caer una masa caliente y muy olorosa. Por más que intentaba recogerlo todo era tal la cantidad que estaba echando que rebosaba de mis manos.

Creo que ya no tengo más para ti. Voy a levantarme, tú sigue ahí.

Ella se sentó en el bidé para poder verme mientras seguía fumándose su cigarrillo.

¡Qué mi perro!, ¿vas a hacerlo?

Sabía lo que estaba esperando de mí. Cogí mis manos llenas de sus excrementos y la acerqué a mi cara. El olor era muy intenso. La miré, le di las gracias y abriendo mi boca recogí con mi lengua la parte de ellos más líquidas. Su sabor era muy ácido y muy acre.

Y, eso.

Me estaba señalando unos restos sólidos que había en mis manos. Volví a mirarla ya con mi boca manchada de sus excrementos. Me volví a acercar a mis manos y rodeando con mis labios el trozo sólido que había la tomé introduciéndolo en mi boca y masticándolo. Cuando lo había tragado volví a mirarla.

Por hoy está bien. Lávate en tu aseo y vuelves para lavarme bien.

En mi aseo me lavé varias veces y me enjuagué con desinfectante la boca. Después me fui a su baño encontrándola aún sentada en el bidé. Me arrodille y estuve lavando su culo introduciendo mi dedo en su ano y pasando mi mano por él. Después la sequé y le subí las bragas colocando una nueva compresa. Se levantó y nos dirigimos a la cama. Allí la despojé de su bata y le coloqué el camisón. Se acostó, la tapé con la sábana y besé sus pies.

Buenas noches mi Ama Carla. Me ha hecho muy feliz hoy. Gracias por todo.

La noche la pasé pensando en todo lo ocurrido ese día y en lo que eso suponía para mi vida. Ella ocupaba la que había sido mi casa relegándome a estar en la habitación y en el ase más pequeño de la casa. Tenía que acostumbrarme pues es lo que había deseado siempre. Tenía muchas ganas de masturbarme y alcanzar un orgasmo pero la jaula me lo impedía. Así estaba hasta caer rendido por el cansancio. Había puesto el despertador a las siete para estar ya preparado cuando me requiriera mi Ama. Me dirigí a su dormitorio y arrodillado esperé a que se despertara.

Buenos días mi perro. ¿Como has pasado la noche?

Muy bien mi Ama Carla.

Hoy quiero salir de compras. Llévate tu tarjeta para pagar cuqui. Ahora prepara el desayuno.Me lo sirves en la cocina.

Preparé el desayuno y fui a avisarle.

Ayúdame a levantarme. Por cierto quiero que me hables sobre lo que ocurrió ayer. Quiero saber si tienes algún tipo de límite.

Esta vez fui delante de ella con la correa tensa desde su mano. Al llegar se sentó y yo me postré a sus pies, era mi posición ante ella. Me gustaba mirarla en cualquier momento.

Dime que te pareció y que sentiste.

Te confesaré que nunca imaginé que realizaría esa práctica aunque era una de las que usaba imaginando hacerlo en mis masturbaciones. En principio creí que solo era una forma de probarme, que no llegarías hasta el final. Pero cuando me hiciste poner mis manos bajo tu culo y sentí tus ventosidades supe que estabas dispuesta a hacerlo realidad. Te confesaré que me sentí tan humillado, tan usado que me excité como nunca lo había hecho y te diré más, si no hubiera llevado la jaula anoche me hubiera masturbado sin cesar hasta correrme. Tienes tal poder y dominio sobre mí que no creo que pueda negarme a nada que tú desees y me ordenes. Te admiro, te adoro, haces de mí lo que siempre he deseado.

Me gusta. No te preocupes que con el tiempo te haré saber y sentir todos mis deseos, fetiches y gustos. Yo tampoco tengo límites en mi dominio.

Le encendí su cigarro y levantándose me llevó a su dormitorio. Allí se despojó de su bata, de su braga y se echó sobre la cama. Daba caladas a su cigarro mientras separaba sus piernas dejándome ver su coño con sus grandes labios algo colgantes pero muy hermosos. Con sus manos los separó. Su coño brillaba por el flujo espeso que lo cubría, de color blanco.

Ya sabes lo que tienes que hacer, cuqui.

Me coloqué entre sus piernas y sustituí sus manos por las mías. Al pasar mi lengua noté que tenía un flujo espeso que me supuso esfuerzo el tomarlo. Debía de atraparlo con mis labios y a la vez que lo chupaba tiraba de él. Su aspecto era casi sólido, con un sabor salado fruto de la orina que se unía a él. Una de sus manos se posó sobre mi cabeza presionándola contra su coño.

Chupa fuerte perro. Dedícate a mi clítoris.

Su clítoris asomaba de entre sus labios como un botón grueso y grande. Lo atrapé con mi boca para darle lengüetazos a la vez. Veía como se retorcía de placer. Yo seguí aumentando la intensidad de mis chupadas. Sus gemidos se convirtieron en gritos de placer. Y su boca no cesaba de exhalar el humo de su cigarrillo.

Sigue, sigue, más quiero más. Me estás elevando muy alto. Quiero más perro, chupa, chupa.

No paré hasta que cerró sus piernas y tirándome del pelo me separó de ella.

Uffff, que bárbaro! Nunca había tenido un orgasmo tan brutal. Dame otro cigarro.

Sus muslos tenían restos de su orgasmo que llegaron a mojar la sábana. Me gustaba verla así, relajada y fumándose un cigarro mientras su boca exhalaba el humo de forma muy lenta.

Ha estado muy bien. Levanta que te quite la jaula.

Nada más abrir la jaula mi polla salto erecta y gorda. Supuse que me permitiría correrme, pero no fue así.

Me gusta como la tienes. Está perfecta para lo que deseo.

Tomo unas pinzas de las que colgaba una cadenita. Las fijó a los lados del prepucio de mi polla. Estiró de las cadenitas dejando mi polla totalmente fija y tiesa.

Bueno, ahora voy a ver cómo respondes a uno de mis gustos. Mira lo que voy a pasar por la piel de tu polla.

Había cogido la rueda de guttemberg con sus pinchos, me la enseñó con su gesto de gusto y deseo. La puso sobre mi prepucio desde mi pubis y la fue desplazando por ella. Al principio la pasaba con suavidad pero poco a poco fue presionando a la vez que su mirada estaba fija en mis ojos con ese gesto que tanto me excitaba que me hacía sentir su dominio total sobre mi.

¿Te gusta?, a mi me encantan las marcas que deja esta rueda.

Si mi Ama Carla. Le agradezco que le guste hacer de mí un mejor perro suyo.

No cesaba de pasar la rueda una y otra vez. Ya las marcas de los pinchos de la rueda estaban dejando su huella hasta el punto de que algunas gotas rojas estaban cayendo en el suelo. Cuando estuvo a su gusto cesó de pasar la rueda, soltó las pinzas y mi polla comenzó a encogerse poco a poco. Así, aprovechó para colocar de nuevo la jaula y cerrarla.

Ahora mira cómo está el suelo. Límpialo bien que sabes que no soporto la suciedad.

El dolor era intenso cuando me agaché para con mi lengua ir lamiendo las gotas de sangre que habían caído al suelo. Terminé de dejarlo todo muy limpio y me mandó levantarme.

Voy a ver cómo corto todas esas gotitas de sangre que lo van a seguir poniendo todo sucio.

Con una de sus manos cogió mis huevos levantándolos. Después acercó su boca y engulló la jaula en su boca chupándola. Su boca se puso rojiza y cuando terminó de chuparla me abrió la boca y escupió la sangre de su boca mezclada con su saliva.

Es tuya, así es que debes tomártelo. Saborealo todo que te lo estoy dando con todo el gusto del mundo.

Lo fui tragando a la vez que, sin poder controlarla, mi polla estaba sufriendo una nueva erección.

Ja, ja, ja, mi cuqui. Has de aprender a controlar tus erecciones. De lo contrario ya ves lo que eso supone.

Continúa en