Si, ama (parte 1)
El paquete llegó con el nombre equivocado, pero la intención era clara. Maite no solo quería sus juguetes, quería su obediencia. Ahora, bajo el mando de una vecina que no acepta un 'no', su vida privada se ha convertido en un ciclo de sumisión y placer prohibido.
Hola, me presento
Soy un chico que ronda los 30 y que vive con su pareja desde hace unos años.
Como es habitual, después de una relación larga la magia del principio se acaba, y comienzan los periodos de “sequía”, pero en nuestro caso la cosa a veces se ha extendido por demasiado tiempo para mi gusto.
Desde que empezamos a salir siempre supe que mi pareja no compartía mis gustos por explorar cosas nuevas y que el sexo no era una prioridad para ella, pero cuanto más pasa el tiempo, más comienza a suponer esto un problema.
De ahí que, desde hace unos meses, me dedico por mi cuenta, y en solitario, a explorar nuevos… llamémosles rincones de mi sexualidad.
Me considero completamente heterosexual, ya que los hombres no me atraen para nada. La sola idea de besarme con otro hombre no me atrae en absoluto. De hecho, me corta el rollo.
Sin embargo, los penes me generan otros sentimientos.
El porno básico hombre mujer, tríos y lésbico le agoté cuando cumplí los 20 años, y desde entonces es todo lo mismo. Lo que últimamente me ha llamado mi atención han sido videos de dominación femenina, strapon, e incluso transexuales.
Siempre he tenido curiosidad por el famoso punto G masculino, y ver videos de mujeres con polla (da igual que sea de plástico o real, pero reconozco que estas últimas le dan un punto extra al asunto) follar a un chico y ver cómo goza me excita sobre manera.
Con el tiempo he querido probar más cosas, y ocasionalmente mis masturbaciones han incluido un pequeño consolador de mi pareja, que aunque no muy grande, me ha proporcionado buenos ratos de disfrute.
Una parte importante de los videos que me gustan es cuando la mujer fuerza al hombre a comer su propio semen, o incluso a limpiar el de otro, pero temiendo que esto no sea novedad para nadie, una vez finalizada la paja, por muy excitado que estuviese previamente, o por mucho que la chica de la pantalla me anime a limpiar esa maravillosa corrida para ella, la excitación se va con el orgasmo, al igual que las ganas de proseguir con la fantasía, por lo que acabo yendo al baño a limpiarme bien y proseguir con mi vida como si nada.
Pero ello no me desanima, y al cabo de unas horas, o unos días, vuelven esas mismas ganas que me impulsaban a masturbarme, y volvemos a empezar de nuevo el ciclo.
Todo cambió cuando hace unas semanas, aburrido en casa, me dio por revisar una página web de juguetes sexuales, a ver qué novedades podía encontrar en ellas. Me pasé varias horas entre sus páginas revisando varias categorías, hasta que finalmente me decidí a comprar un par de artículos.
Un masturbador de pene a batería, un plug anal con vibrador y mando a distancia, un estimulador de punto G, y un bote de lubricante anal.
Lo puse todo a mi dirección, y me olvidé del tema por un par de días.
Yo trabajo en horario de mañanas, y mi pareja está fuera de casa casi todo el día por trabajo, así que las tardes suelo estar en casa solo, que es cuando aprovecho a hacer los recados que tenga pendientes, o a quedarme en casa tranquilo. Cuando llega un paquete, suelen llamar por teléfono y nos le dejan en la entrada de casa, pero esta vez se conoce que el repartidor tenía otra cosa en mente, y sus actos lo cambiaron todo…
Dos días después de realizar el pedido, escuché cómo llamaban al timbre de casa, y fui a abrir.
- Hola vecino, me han dejado este paquete en mi casa por error, y venía a traértelo – era Maite, la vecina de la casa de enfrente.
Cogí el paquete y la di las gracias educadamente, y al girarme para entrar a casa, me di cuenta de que estaba abierto.
Me quedé clavado en el sitio durante un par de segundos, y al volver a mirar hacia ella me dijo:
- Disculpa que lo haya abierto, pensaba que era para mí, ya que estaba esperando otro paquete, y no me di cuenta de que venía a tu nombre. Pero no te preocupes que está todo dentro de la caja.
- Esto… eh… gracias por recogerlo, y no te preocupes por abrirlo – respondí completamente muerto de vergüenza.
Maite era mi vecina de la casa de enfrente. Una señora de unos 50, con muy buen cuerpo para su edad. Caderas generosas, grandes pechos, bien arreglada siempre. Según tenía entendido, estaba soltera desde que se divorció de su marido hacía unos cuantos años, y algunas veces veíamos hombres ir hacia su casa, casi siempre gente diferente. Supongo que estaba disfrutando de su soltería como la que más.
- Disfruta de tu tarde hasta que llegue tu mujer – me dijo guiñándome un ojo. Se giró hacia su casa y la oí decir – ¡Qué lástima!
- ¿Qué lástima por qué? – contesté.
- Ay hijo, porque todos los guapos seáis gais – me dijo mirándome de arriba abajo con cara de decepción.
- Yo no soy gay.
- ¿Y la caja? – dijo enarcando las cejas.
- Esto… lo de la caja es para jugar con mi pareja – dije sin sonar nada convencido.
- A mi no tienes que engañarme cariño. He visto de todo, y he hecho de todo. Se perfectamente la clase de juguetes que se necesitan para dar placer a un hombre, y eso que tienes ahí dentro suena a tarde de pajas de un chico al que le gusta que un hombre le meta una buena polla por el culo. No me mires mal, no te estoy judgando. Yo misma he probado de todo, y me encanta jugar con el culo de un hombre de vez en cuando, de ahí que terminase la relación con mi exmarido, pero siempre he pensado que te iban los chicos.
- No me gustan los hombres, prefiero las mujeres. Esto de aquí es solo por probar cosas nuevas. Es solo curiosidad. Me siguen gustando las mujeres – respondí, como tratando de justificarme.
- Vaya… ¿será que tengo mi radar de gais estropeado? Habitualmente soy capaz de notar cuando a un chico le gusta comer un buen rabo, me evita perder el tiempo cuando salgo de caza – me dijo riéndose.
- Siento decepcionarte esta vez Maite – dije riéndome igualmente.
- En fin, lo dicho, disfruta del paquete, espero con ganas a que me cuentes qué tal la experiencia – me volvió a guiñar un ojo y se metió en su casa.
Me quedé un rato más en la puerta antes de entrar en casa. ¿La había escuchado bien? ¿Tenía ganas de que la contase qué tal la experiencia?
Supuse que era algo que se dice por decir, como cuando preguntas a alguien qué tal está, y no esperas que te cuente sus penas, si no que te diga brevemente “bien”, y a otra cosa.
El caso es que esa tarde finalmente no pude probar nada, porque me avisó mi pareja que iba a llegar primero a casa, y aun tenía que preparar la comida del día siguiente, así que guardé todo en el armario y lo dejé para el día siguiente.
Ring, ring. Al día siguiente, al inicio de la tarde, el timbre me sacó de mis pensamientos.
- Hola vecino, me preguntaba si tenías un par de huevos.
Era Maite, vestida con unos leggins negros que no dejaban mucho a la imaginación, y una camiseta de tirantes blanca con un escote prominente, bajo la cual claramente no llevaba sujetador.
Me quedé completamente trabado, con la boca medio abierta, sin saber muy bien cómo reaccionar.
- Vaya, pareces un cervatillo deslumbrado por los faros de un coche. ¿tienes un par de huevos extra?
- Eh, si si, claro, pasa – la dije volviendo en mí y guiándola hacia la cocina.
- Vaya, que casa más bonita, no entraba en ella desde que vivían aquí los anteriores dueños.
- Gracias, la he ido reformando yo poco a poco.
- Vaya, manitas y guapo, qué lástima que seas gay.
- Y dale, que no soy gay – dije un poco molesto.
- Ya, lo recuerdo. De todas formas, se me ha ocurrido una explicación a lo de ayer. Estuve pensando, y creo que mi radar no falló. Porque no eres gay, eres bisexual.
- Creo que tu radar sigue estropeado, porque me gustan las mujeres.
- ¿Seguro? ¿Nunca has probado una buena polla?
- Nunca – contesté.
- ¿Y nunca has tenido curiosidad si quiera? – me dijo con una sonrisa picarona en la cara.
- No – pero tardé demasiado en contestar, y no lo hice convencido.
- ¡Ja, lo sabía! – dijo esta vez riéndose – Sabía que mi radar no falla nunca. Tanto juguete destinado a tu culo… a ti lo que te gustaría es probar con una polla de verdad. Y hablando de ello, ¿qué tal tu tarde ayer? ¿Probaste todo?
- Repito que me gustan las mujeres – dije mirando hacia otro lado – Y no, no pude probar nada ayer. Mi pareja llegó pronto de trabajar y ya no tuve tiempo.
- ¿Y ella no te ayudó a probar cosas nuevas? ¿O es que no sabe nada de tus gustos?
- No sabe nada. Además, tampoco es que últimamente estemos muy activos sexualmente – dije mirando abajo, como decepcionado.
- Vaya… eso si que es triste… y tan jóvenes. Recuerdo que con mi exmarido me pasaba algo así, solo que al revés. Yo quería siempre explorar cosas nuevas, estaba deseosa de innovar en el sexo, con juguetes juegos de rol, etc., pero él era muy tradicional, no le gustaban esas cosas, y eso nos distanció. Sabes, yo siempre he sido bastante dominante, pero en la cama más aun, y cuando quise probar ciertas cosas con él y no funcionaron, decidí que era hora de separarnos. Y es lo mejor que pude haber hecho para ambos.
- ¿Ciertas cosas? ¿Cómo cuáles? – pregunté con curiosidad.
- Pues casualmente entre ellas estaban algunas de las que tienes todavía en esa caja – me dijo con una sonrisa traviesa – Como ya te he dicho, me gusta dominar en la cama, y qué mejor forma que obligar al chico a probar roles diferentes.
La conversación me estaba poniendo bastante a tono, pero no me esperaba lo que venía a continuación.
- Se me ha ocurrido una cosa – me dijo – ¿Qué tal si coges esa caja tan maravillosa y me acompañas a casa? Así te enseño cómo se usa cada cosa.
- Esto… no lo se. Tengo pareja, y eres la vecina – dije dudando, aunque la idea me parecía excitante.
- Tranquilo, no quiero ninguna relación, lo que quiero es pasar un buen rato, o varios, quien sabe – dijo guiñándome un ojo – Además, tú mismo has dicho que estás en dique seco desde hace un tiempo ya. ¿Qué mejor forma de salir de ahí que teniendo sexo prácticamente sin salir de casa?
- Ya… - dije sin tener nada todavía claro.
- Eso sí, tengo una condición previa. No tengo sexo con cualquiera, y menos aun de cualquier forma. Al llegar a una edad he aprendido lo que me gusta y lo que no, y las cosas se hacen a mi modo o no se hacen. Es decir, la que manda soy yo. Solo hay una forma de hacer las cosas, la mía. O me obedeces en todo, y pasas a ser mi esclavo mientras dure el encuentro, o te puedes quedar con tus pajas aquí solo en casa. Si vienes conmigo es con esa condición – me dijo cambiando el tono, irguiéndose, y de repente me pareció estar hablando con una persona diferente, intimidatoria, alguien a quien debía obedecer.
- ¿Cualquier cosa? – dije poco convencido, pues aun tenía dudas sobre la proposición.
- Todo lo que se me ocurra. Tranquilo, no habrá nada escatológico, ni demasiado dolor. Esas cosas no me van. Por lo demás, si, deberás hacer todo lo que te diga, o te mandaré de vuelta a tu casa con las ganas. Qué, ¿aun tienes dudas?
Y entonces hizo algo que tampoco esperaba. Se levantó la camiseta y me enseñó esas dos enormes tetas, mientras se las apretaba y tocaba.
- Si todavía tienes dudas, tú te lo pierdes – Y se bajó la camiseta – Te esperaré en mi casa 3 minutos, y a partir de ahí, se acabó la oferta – Se giró y se marchó, pero antes de salir me miró y dijo – Y acuérdate de traer la caja.
Me debí de quedar quieto en la cocina un minuto entero, dudando de si ir o no, pero finalmente mi erección decidió por mí, y subí corriendo a la habitación a coger la caja del armario, esperando que no fuese demasiado estricta con el tiempo transcurrido hasta que pudiese llegar a su puerta.
Cuando llegué, tenía la puerta de casa entreabierta. Pasé, cerrándola tras de mí, sin saber bien qué hacer después, pero entonces escuché una voz que venía del piso de arriba.
- Cierra la puerta y sube.
Subí al piso de arriba, y Maite me estaba esperando en lo que debía ser su habitación. Estaba sin camiseta, con las tetas al aire y un tanga negro precioso cubriéndola el sexo.
- Has tardado más de lo que pensé que tardarías. Será que aun no estabas convencido del todo.
No me dio tiempo a contestar, cuando me dijo:
- ¿Aun estás así? Venga, desnúdate entero, quiero saber bien qué tengo para mí.
Aun confundido, posé la caja en el suelo, y me quité la ropa. No sabía qué estaba haciendo, la situación era una mezcla de excitación y miedo, pero su tono de voz no daba pie a ninguna vacilación por mi parte. Me quedé en ropa interior con la mirada baja, hasta que noté cómo me agarraba un pezón y lo retorcía.
- ¡Aaah! – grité
- ¿Acaso te he dicho que te quedes en ropa interior? Te he dicho que te desnudes para verte bien, y creo que ha sido una orden bastante clara. ¿Lo has entendido ahora?
- S…Si – dije.
- A partir de ahora me responderás con “si, ama”, o “no, ama”, ¿está claro, esclavo?
- Si, ama – y aunque me sonó raro, lo dije con cierta naturalidad.
Continué quitándome la ropa hasta quedar completamente desnudo, con una erección importante, y una vergüenza aun mayor.
- Vaya – escuche, con un tono decepcionado – esperaba que la tuvieses más grande... No está mal del todo, pero estoy acostumbrada a cosas mayores. Pensaba que podría conformarme contigo, pero igual tengo que llamar a mi novio antes de tiempo.
- ¿A tu novio? ¿Tienes pareja? – dije confundido. De repente, toda la situación me pareció mal, como si fuese a aparecer un hombre desconocido por la puerta acusándome de seducir a su mujer.
- Pues claro que tengo pareja. ¿O te crees que sacio mis apetitos solo masturbándome? Él si que es un macho de verdad, con un pollón enorme. Quien sabe, si te portas bien puede que te le acabe presentando – me dijo guiñándome un ojo – Y a judgar por tu polla, puede que sea antes de lo que pensaba. De todas formas, tranquilo, él sabe que de vez en cuando necesito quedar con otros chicos para satisfacer mi parte dominante. A él no le va ese rollo, y no le importa que me folle a otros chicos para quedarme a gusto.
La miré con cara de duda, pero las ganas de salir corriendo de ahí al menos habían desaparecido.
- Ponte a cuatro patas en la cama, quiero verte el culo de cerca.
Incómodo, aunque sabiendo que no tenía sentido protestar, me subí a la cama y me puse como me había indicado. Sentí entonces un dedo húmedo rozarme el ano, y cómo justo entonces se introdujo un poco por el agujero.
- ¿Y alguna vez has llegado a jugar con tu culo?
- Si, ama – dije, acordándome de añadir el “ama” al final de la frase.
- ¿Y te gustó?
- Si, ama – y entonces noté cómo introducía el dedo hasta el final. Cerré los ojos, no entendiendo aun por qué la situación me estaba gustando tanto.
- Ya veo. Tienes el culo más dilatado de lo que suelen tenerlo los primerizos – y entonces metió un segundo dedo.
Gemí al notarlo, una mezcla de placer y ligero dolor, pues no me lo esperaba. Entonces sacó los dedos y se fue hacia la caja que había dejado en el suelo, sacando de ella el bote de lubricante y el estimulador del punto G. Era una especie de consolador más ancho en la punta, no demasiado grande, de unos dos centímetros y medio de grosor, pero más de lo que estaba acostumbrado.
- Así que esto fue lo que compraste y aun no has probado – me dijo mientras vertía lubricante en la punta y se giraba hacia mi – Eso tiene fácil solución.
Y entonces lo introdujo en mi ano. Noté que gracias al lubricante entraba con facilidad.
- Ha entrado más fácil de lo que esperaba. Creo que vas a necesitar algo más grande para disfrutar de verdad – me dijo, y entonces empezó a moverlo hacia dentro y hacia fuera, penetrándome, mientras activaba la vibración.
Gemí sin poder remediarlo. Mi vecina de 50 años me estaba follando el culo, y me estaba encantando. No era así como pensaba pasar esa tarde.
Entonces me sacó el vibrador y me dijo que me tumbase boca arriba, levantando las piernas.
Obedecí sin rechistar, diciendo su correspondiente “si, ama”.
Fue a por el plug anal, que era más ancho que el vibrador previo, pero más corto. Tras un poco más de lubricante, consiguió entrar en mi culo con más facilidad de la que debería, aunque tuvo que empujar un par de veces esta vez.
- Madre mía, qué culo más tragón. Está pidiendo a gritos una buena polla que lo rellene. Voy a tener que sacar mis juguetes personales para la próxima – me dijo con voz sensual – Ahora baja aquí y hazme un trabajito bien a fondo.
Y se tumbó boca arriba en la cama mientras se quitaba el tanga y lo apartaba, dejando un coño peludo pero arreglado, con el pelo recortado y los bordes bien definidos. Justo como a mi me gustan, pensé.
E introduje entonces mi cabeza entre sus piernas, con el plug anal todavía llenando mi culo, pensando que estaba en la gloria.
Estaba delicioso, me esforcé por satisfacerla lo mejor que pude, mientras saboreaba todos los jugos que desprendía, hasta que finalmente se corrió ruidosamente, claramente disfrutando también de la situación. Se levantó y me tumbó en la cama boca arriba.
- No ha estado mal del todo esclavo, veo que se te da bien usar la boca. Lo tendré en cuenta para futuras ocasiones – y me volvió a guiñar un ojo – Ahora te va a tocar follarme. Déjame que le lubrique un poco la polla primero.
Y procedió a chupármela como nunca nadie lo había hecho primero. Mientras lo hacía, y con unos dedos ágiles, consiguió pulsar el botón de encendido del plug, que comenzó a vibrar fuertemente.
Esa situación era demasiado para mí, y la avisé de que me iba a correr en breve.
- Solo por una vez, te lo permitiré, para que veas qué pasará cada vez que te corras en esta casa – y continuó chupándomela decidida.
- ¡Aaahh! – me corrí salvajemente en su boca, con un placer al que no estaba acostumbrado.
Ella siguió chupando sin parar, hasta que se incorporó, y sin esperármelo, se acercó a mi cara, me agarró la boca con la mano para abrirla y poniéndose encima, abrió la boca para dejar caer en la mía todo mi semen.
Me quedé quieto sin saber qué hacer, con la boca llena de su saliva y mi semen.
- Ahora puta, trágalo, y disfruta de la experiencia.
La miré, cerré la boca y tragué.
Me acababa de tragar mi propia corrida, de la boca de mi vecina, con un plug vibrando en el culo. La tarde, definitivamente, estaba siendo diferente.
- Esto es lo que pasa cada vez que alguien se corra en esta casa. Da igual dónde sea la corrida, tu boca irá justo directa a ella a limpiarla, ¿está claro?
- Si, ama – dije con un tono entre excitado y preocupado. Era algo nuevo para mí, pero estaba tan dentro del papel de sumiso, que no me planteaba protestar.
- Cada corrida, recuérdalo. Y ya sabes, si no quieres comértela, solo tienes que no correrte – dijo riéndose.
Y entonces se levantó, y fue hacia el armario.
Vi cómo abría un cajón, y de él sacaba un plug enorme, mucho más grande que el que tenía en mi culo.
- Levanta las piernas – ordenó.
Dudé. Lo veía demasiado grande. Entonces me agarró de la polla y apretó, haciendo que gritase.
- No tengo por costumbre repetirme, esclavo. Sube las piernas – dijo con tono de mando.
Subí las piernas, y quizás fuese el sabor a semen todavía en mi boca, pero una parte de mi no vio mal la situación que se venía por delante.
Me sacó de un golpe seco el plug anterior, que casi ni noté de lo excitado que estaba, y tras aplicar una capa generosa de lubricante, introdujo poco a poco el nuevo en mi culo. Esta vez si la costó más introducirlo, pero tras un poco de forcejeo, finalmente el juguete acabó alojado al fondo de mi ano.
- Vaya vaya, normalmente este plug es demasiado grande para muchos. Hasta a mi me cuesta a veces introducirlo, pero he conseguido que te entre. Voy a disfrutar mucho contigo al final.
Y entonces se subió a horcajadas encima de mí, y aprovechando que con la introducción del nuevo plug mi polla se había vuelto a poner dura, se la metió en el coño en un único movimiento fluido y comenzó a cabalgarme salvajemente.
Cada vez que se movía notaba como el enorme juguete negro se me clavaba en las entrañas, y aunque me molestaba al principio, la situación pasó a ser cada vez más gozosa.
- Sigue así, que me voy a correr esclavo – me dijo mientras se frotaba bien contra mí y gritaba de placer.
Se corrió con un grito salvaje, y apoyando sus manos en mi pecho y mirándome me dijo:
- No ha estado mal. La tienes pequeña para mi gusto, me ha costado más de lo que pensaba llegar a correrme, pero al final he podido. Y ahora, ¿qué quieres hacer? ¿Dejarlo por hoy, y volver a tu casa habiendo pasado una buena tarde, o seguir más allá en tu sumisión?
Me quedé sin contestar.
- Te dejaré que te corras, pero entonces tendrás que limpiarlo. Eso me demostrará que te gusta comer semen, empezando por el tuyo, y junto al plug enorme que llevas en el culo, probará que eres una putita viciosa a la que le gustaría probar un buen rabo. También me probará que eres mi putita, y estás dispuesto a hacer cualquier cosa que te diga con tal de correrte – me dijo mientras se movía poco, todavía con mi polla dentro de ella, dándome un placer indescriptible – Y bien, ¿qué me dices? ¿A casa, o quieres correrte?
Esta vez ni lo pensé. De hecho, salió de mi sin ser consciente de ello.
- Correrme, por favor, ama – dije en un susurro.
- Así me gusta zorrita, así me gusta – sonrió, y empezó a follarme con más brío.
Estaba disfrutando lo indecible, y tarde apenas unos segundos más en correrme.
- Oh, si, me has llenado bien zorrita. Para haberte corrido hace un rato, aun te quedaban bastantes reservas. Ahora ya sabes lo que hacer – se irguió un poco, y poniendo su coño peludo en mi cara me miró y me dijo – lo quiero como nuevo.
- Si, ama.
Y me lo comí encantado. Disfrutando. Gocé de la situación, de cómo mi vecina me tenía totalmente dominado, de cómo tenía un plug enorme en el culo, de como estaba boca arriba lamiendo un coño recién follado, y del que resbalaba una mezcla de flujo vaginal y semen. Mi semen.
Y no quería que eso acabase.
Pero acabó.
Se apartó de mi al cabo de lo que debió ser un buen rato, pero que me pareció un instante.
- Vaya, si que te has vuelto toda una puta, cómo te gusta comer semen ahora – se rió – Tranquilo, no será la última vez, te vas a hinchar de él, hasta que te desborde – y me volvió a guiñar un ojo, sin saber a qué se refería.
Se puso el tanga de nuevo y me miró. Yo seguía boca arriba en la cama, aun desnudo.
- A partir de ahora eres mi puta, harás lo que yo diga cuando yo lo diga. Te tengo demasiado cerca y eres demasiado buen esclavo como para desperdiciarte. Se que las tardes las tienes libres, y esto es lo que haremos a partir de ahora. Te llevarás el plug que tienes dentro ahora. Tiene vibración y yo tengo el mando. Cuando llegues a casa por la tarde, te lo introducirás encendido, y harás vida normal. Cuando yo lo consideré, lo haré vibrar, y entonces tendrás que dejar lo que estés haciendo y vendrás a mi casa, decidido a hacer todo lo que te ordene. ¿Entendido?
- Si, ama.
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