Xtories
Dominaciónoct 2025

Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 06

Rodrigo la compró, pero no la vende. Mientras las otras siervas generan créditos, ella espera su turno en la galería. Pero la calma del departamento es una trampa: cada caricia es una pregunta sin respuesta y cada noche sin 'ambrosía' es un riesgo que podría destruir todo.

Jane Cassey Mourin5K vistas9.6· 11 votos

ALEJANDRA

Muchas cosas habían pasado desde el día en el que tuve la desgracia de que me convirtieran en una sierva, experiencias que me llevaron a transitar de lo bien que me sentí al estar al servicio del comandante, hasta el horror que viví en las manos de su hijo y de los otros hombres que lo acompañaron cuando me violaron, para luego sentir cómo mi vida daba un giro inesperado cuando vi que Rodrigo acababa de comprarme, representando ese hecho la esperanza con la que me permití creer que tal vez mi vida podría no ser tan mala a su lado, que tal vez, ese chico amable y atento con quien compartí mis días en el trabajo, podría ser la clave que me permitiera sentirme menos miserable; sin embargo, la inestabilidad que acompañó a mi vida desde el momento en el que aquellos soldados me atraparon y me colocaron el dispositivo de sumisión, esa incertidumbre que se negaba a apartarse de mi mundo tras haber vivido tantas contrastantes experiencias en tan poco tiempo, me impidió creer por completo que al estar con mi nuevo amo las cosas resultarían bien, haciendo que me resultara imposible relajarme, que incluso llegara a creer que aquella actitud amable y hasta cierto punto bondadosa, aunque a veces también algo distante, que Rodrigo demostró desde el día que me compró, no era nada más que una fachada magníficamente interpretada por mi amo, el mismo chico que una vez fue mi subordinado y a quien ahora le debía obediencia.

Sí, él era un buen tipo conmigo, me permitía comer como una mujer libre y no alimentarme solamente con ese asqueroso líquido que tenía en la cocina y que al parecer estaba reservado para esa tal Ivette, una chica a quien, por lo poco que yo sabía, había comprado al igual que a mí, pero a quien no conocía aún, pues desde que llegué no había pisado el departamento de mi amo, un hecho que me extrañaba, que me generaba algo de desconfianza, que constantemente me impedía relajarme al creer que, tal vez, de un momento a otro se terminaría aquella estancia que había sido en realidad muy cómoda a lado de mi nuevo dueño, cuando al fin se decidiera a prostituirme como lo hacía con esa chica llamada Ivette, cuyo recuerdo siempre me hacía preguntarme ¿Por qué no estaba recibiendo el mismo trato que ella? ¿Por qué Rodrigo no se había decidido a prostituirme y sacar dinero de mi cuerpo como lo hacía con ella? Preguntas que se hacían cada vez más presentes y cada vez más intrigantes dada la forma como mi amo me trataba, comportándose de una manera muy distinta de como lo hacía cuando trabajábamos juntos, cuando me hablaba con aquella amabilidad y me sonreía de manera esporádica, mostrando una actitud tan amigable y cálida que incluso en algún momento me llevó a pensar que quizás ese chico sentía algo más por mí, algo que yo no podría corresponder al estar casada, y no era que Rodrigo no me resultara atractivo, en realidad lo hacía, pero por aquellos días en verdad estaba perdida de amor por un hombre que, con el pasar del tiempo, tarde o temprano se reveló tal y como era ante mis ojos, así como también me demostró lo poco que yo le importaba con esa forma como me trató cuando acudí al que antes era mi hogar para despedirme de quien una vez fue mi esposo.

¿A caso sería la hipotética atracción que Rodrigo sentía por mí, aquello que lo detenía a sacar dinero de mi cuerpo? ¿Qué era lo que pretendía hacer conmigo? ¿Por cuánto tiempo más me tendría en su departamento antes de prostituirme como lo hacía con esa otra chica? ¿Habría seguido ese mismo proceso con esa tal Ivette? ¿Por qué el chico tierno y dulce que conocí siendo un compañero de trabajo, ahora se comportaba conmigo de una manera tan fría y distante, haciendo que incluso a veces me preguntara si acaso por accidente le había hecho algo malo? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que se aburriera de mi compañía y decidiera que era hora de ponerme a generar créditos que engrosaran su cuenta bancaria?

Muchas preguntas sin respuesta, muchas incógnitas provocándome una ansiedad casi inmanejable y un miedo muy intenso ante la posibilidad de que aquella vida tranquilla que había llevado desde que Rodrigo me compró, pudiera terminarse de un momento a otro, tal vez cuando se cansara de mí o quizás cuando encontrara a una mujer más atractiva que yo, una tan hermosa, simpática o apasionada que me hiciera ver como un activo descartable.

Quizás en la posibilidad de que en algún momento tuviera que enrolarme a la labor de alquilar mi cuerpo, descansaba la razón de que mi amo se mantuviera tan emocionalmente apartado de mí, sin permitirse el más mínimo momento de cercanía conmigo, como tratando de evitar que nos hiciéramos amigos, incentivando que una gran desconfianza e inseguridad se instalara de manera casi permanente dentro de mí, haciendo que me sintiera en peligro todo el tiempo, que pensara que mis días de tranquilidad estaban contados, que tratara de esforzarme en atenderlo lo mejor que podía para que no me desechara como creí que lo había hecho con su otra sierva.

Y por si todos esos miedos fueran poca cosa, la sola posibilidad de preguntarle cuál era mi posición en su vida y que era lo que tenía planeado para mí, resultaba lo bastante atemorizante como para que me quedara callada, limitándome a obedecer lo que ese chico me mandaba, a tratar de no hacer demasiadas preguntas, temiendo que lo molestara de alguna forma, evitando decir que no debiera o preguntar algo que lo molestara y que pudiera arrebatarme esa vida tranquila que me permitía llevar a su lado, una en la que podía dormir tranquila cada noche, comer bien, entretenerme de la forma como me placiera e incluso hacer ejercicio de vez en cuando para cuidar mi condición física, a lado de un hombre que me trataba como si aún fuera una mujer libre, a pesar de que no perdía la oportunidad de poseerme cada vez que lo deseaba, algo que en realidad resultó muy placentero desde la primera vez que lo hicimos, porque lejos de lo que llegué a creer al principio, mi amo me trataba con el mismo respeto y cuidado con el que supuse que trataría a una pareja romántica, llevándome poco a poco, seduciéndome con sus caricias y sus besos, permitiéndome entrar en calor a mi ritmo, dejando que mi cuerpo lubricara de la manera correcta, llevándome a disfrutar de lo que me hacía como preámbulo del momento en que liberaba fuertes dosis de ambrosía en mi cuerpo para luego penetrarme durante algunos minutos en los que me llevaba al cielo una y otra vez, satisfaciendo el desesperado deseo que esa droga me provocaba ante la eventualidad de un orgasmo que, al estar con Rodrigo, siempre se presentó, un hecho que le adjudiqué a la presencia de la ambrosía en mi cuerpo, a pesar de que en el fondo sabía que tenía que ver más con el hombre que con ese maldito químico que corría sin parar por todo mi ser.

Sí, la ambrosía era algo que siempre acompañaba nuestros encuentros, algo que sin falta le recordaba a mi amo administrar en cada ocasión en la que estábamos a punto de tener intimidad, al principio, porque me daba miedo que aquello que viví con esos hombres en la casa del comandante pudiera salir a relucir de una forma horrible al sentirlo dentro de mí; aunque debo admitir que mis motivos cambiaron con el paso de los días y la cercanía que tenía con mi amo, pues a pesar de que tratara de negarlo para mí misma, en algún momento también llegué a temer que lo que sentía por Rodrigo se tratara de algo mucho más intenso que una atracción platónica, que el mero agradecimiento por haberme sacado de la galería o por haberme defendido de mi exesposo cuando me reencontré con él, un temor que se sumaba al hecho de que estar bajo el influjo de aquella droga me permitía desvanecerme un rato de la realidad y olvidarme de todas aquellas horribles cosas que me vi obligada a vivir desde que todo ese asunto de la ley aurora comenzó.

En este punto, debo confesar que, si bien era yo quien en la mayoría de las ocasiones le pedía que me inundara el sistema con ambrosía antes de tener sexo, resultaba extraño que Rodrigo nunca me hiciera preguntas al respecto, que no tratara de indagar los porqués de mis peticiones, demostrando ante mi lo que interpreté como un desinterés de parte de mi amo que incentivaba ese sentimiento de peligro e inestabilidad del que no me podía deshacer al notarlo tan distante y frío con respecto de mis sentimientos, como si el que yo estuviera en su vida fuera pasajero, como si mi presencia en su departamento se tratara de algo que tarde o temprano prescindiría, una idea que de manera frecuente me llevaba a preguntarme ¿Qué más podría hacer por Rodrigo para que no se cansara de mí? ¿De qué manera podría alargar aquel nivel de vida que me permitía tener a pesar de no ser nada más que una sierva para él? Una cuestión que se sumaba a las muchas preguntas que ya me hacía con respecto de mi situación, provocando en mi interior una tortura constante que tarde o temprano me hizo perder la cabeza hasta que no soporté más y terminé por abrir la boca durante una noche, mientras cenábamos, viendo cómo Rodrigo disfrutaba de un gran plato de arroz con pollo y verduras que le había preparado con mucho esmero, como lo había hecho con cada platillo que cociné para él desde que entré en su vida, desde el día en que me convertí en su sierva.

- Amo, ¿Puedo preguntarle algo? - dije con timidez viendo de inmediato cómo Rodrigo levantaba la mirada hacia mí, con una expresión sería en el rostro, pero sin poder ocultar la sorpresa que aquel atrevimiento había despertado en él.

- Hazlo - contestó sin más, mirándome con detenimiento, intrigado por aquel atrevimiento que, para la forma como todo se había dado hasta ese momento, parecía resultarle considerablemente interesante.

- Sé que usted tiene a su otra sierva trabajando como… bueno, es que nunca la he visto por aquí, así que supongo que… según entiendo, su plan al comprar siervas fue hacer dinero con las mujeres que adquiriera, pero… - en aquel momento se me pasó por la cabeza decirle cosas como “heme aquí, no me ha prostituido” o “yo sigo sin salir de casa y solamente lo atiendo a usted” ideas que por fortuna solamente se quedaron en mi cabeza, antes de que buscara algo que decir, de que lograra estructurar aquellas ideas que nacieron en mi desesperación, respondiendo a la urgente necesidad de encontrar algo más que sacar de mi boca, algo que no le inspirara la idea de enviarme a mí a vivir una vida de prostitución, saltando de una cama a otra, sin tener idea de quien sería el siguiente hombre que pagaría una cierta cantidad de créditos a cambio de pasar algunos días conmigo.

- ¿Pero, qué? - me apuró al ver que me había quedado callada, haciendo que lo mirara a los ojos, que suspirara intranquila antes de tener el valor suficiente de abrir una vez más la boca.

- Bueno, es que no sé cuántos créditos le reporte su sierva, pero supongo que tener más siervas le traería montos más grandes y… bueno, es que me preguntaba si usted… ¿Piensa comprar otras siervas? O en algún momento… bueno, no lo sé… ¿Piensa ponerme a trabajar en eso, amo? - dije, sin poder creer que aquellas palabras hubieran salido de mi boca, sintiendo de inmediato cómo se me paralizaban las piernas y los brazos, al mismo tiempo que mi cara se ponía de pronto muy acalorada, mientras veía a mi amo mirándome con severidad, tomar luego un gran sorbo de agua y finalmente contemplarme de nuevo, mostrándose incrédulo ante la pregunta que acababa de hacerle, como si no pudiera creer que me hubiera atrevido a tanto, quedándose en silencio por algunos segundos que a mí se me hicieron eternos.

- El plan es adquirir un par más de siervas para alquilarlas a quien esté interesado en ellas, sí, quiero expandir mi negocio, sin embargo, no me gustaría traer a mi casa y a mi vida a mujeres que no conozca de antes. El tener desconocidas en el departamento no me dejaría dormir tranquilo - dijo, antes de que su atención abandonara mi rostro y volviera a concentrarse en su plato - supongo que tendré que buscar a otras mujeres que sean como tú, que de alguna manera formen parte de mi pasado, chicas que ya fueran buenas mujeres antes de que la ley Aurora se promulgara, antes de que las convirtieran en siervas y… bueno, ya me entiendes - respondió, aparentando no darle importancia a lo que le acababa de preguntar, a pesar de que su cuerpo se hubiera puesto mucho más rígido de lo que antes lo estuvo.

Aquella primera respuesta que me dio, comenzó a darle un poco de sentido a mi situación, claro, sonaba lógico el que quisiera rodearse de mujeres confiables y que no resultaran peligrosas, pues por aquellos días se había desatado una ola de crímenes cometidos por siervas que trataron de matar a sus amos o que quisieron suicidarse para no llevar tal clase de vida, tenía sentido seleccionar con cuidado a las mujeres que entrarían en su casa y en su vida; sin embargo, en aquella respuesta parecía haber algo que no me estaba diciendo, algo que me hacía preguntarme si esa fue la única razón de que me hubiera escogido a mí y no a cualquier otra mujer con la que se hubiera cruzado en su pasado, una duda que me hizo seguir preguntando, aunque no de manera tan directa, pues no me sentía tan segura como para dejar ver por completo mis intenciones con respecto de aquello que quería saber.

- ¿Ivette también es una mujer de su pasado, amo? - pregunté, tratando de hacerlo con tacto, tranquilizándome un poco al notar que no demostraba ninguna clase de respuesta emocional ante mi nueva pregunta y darme cuenta de que no parecía molestarle que me interesara por esa chica.

- Sí, aunque no es el mismo caso que el tuyo - dijo sin pensarlo demasiado, antes de apurar un último bocado y dejar limpio su plato, tomando un gran sorbo de agua luego para finalmente acomodarse en su silla de una manera más relajada y mirarme, con la intención de hablar un poco más del tema - el caso de Ivette fue algo especial, a diferencia de ti, lo que viví cerca de ella no fue tan agradable, fue mi jefa, pero fue una perra conmigo y ahora está recibiendo lo que merece - respondió, mostrándose un poco cortante, mirándome de una forma que me hizo sentir nerviosa, que me hizo meterme una cucharada de arroz en la boca sin lograr que con ello dejara de mirarme, hasta que de pronto suspiré de nuevo y me decidí por preguntar lo que en aquel momento tanto deseaba saber, aquello que resolviera muchas de mis dudas, que le diera un poco de luz al oscuro e incierto camino que estaba transitando al estar a su lado.

- Amo, ¿Podría decirme cuál fue su propósito al…? - comencé a preguntar, pero, una vez más me acobardé, al final no me atreví a terminar esa pregunta, a decirle que quería saber por qué me había comprado a mí específicamente, así que de nuevo decidí salirme por una tangente, esperando que no lo notara, que no despertara ninguna duda en el pensamiento de ese hombre que me había tratado mucho mejor de lo que yo lo hubiera esperado - quiero decir ¿Por qué iniciar esta clase de negocio, amo? ¿Cuál es su propósito al comprar siervas para alquilarlas? ¿Qué es lo que pretende lograr con ello? - dije, sonando lo bastante convincente como para que Rodrigo creyera que mi interés con todas esas preguntas no era otro que entender sus motivos, ocultando aquello que en realidad me había obligado a preguntar tantas cosas. Para sorpresa mía, él se permitió dibujar una gran sonrisa en sus labios.

- Para ser honesto, cuando entré en esa galería por primera vez… - titubeó, mirándome de una manera extraña, como si hubiera estado a punto de decir algo que no quería decirme… - en realidad nunca fue mi intención comprar una sierva, lo que me llevó a esa galería la primera vez que estuve ahí, fue la curiosidad. Un tipo de recursos humanos me preguntó por ti después de que te ausentaras por algunos días del trabajo y me dijo que tal vez habías ido a dar a una galería, antes de explicarme de qué se trataba ese lugar y de decirme que si no te encontrábamos ahí, quizás encontraría a alguna mujer que me interesara comprar - su respuesta me dejó helada, porque no me creía que hubiera ido a ese lugar a buscarme, algo que me hizo preguntarme de nuevo muchas cosas que se perdieron muy pronto en las palabras que salieron de su boca un instante después - sí, la curiosidad fue lo que me llevó a la galería y un poco el morbo de encontrar a alguien que conocía, pero nunca se me hubiera ocurrido que podría iniciar un negocio de no ser por el tipo de recursos humanos y por un hombre que conocí en ese lugar, Emilio, un buen sujeto que me lo explicó todo acerca del mundo de las siervas, quien por cierto también me ayudó a encontrarte - dijo, tan repentinamente que de pronto me miró de una forma distinta, como si no hubiera querido decir aquello, haciendo que mis párpados temblaran ante la sorpresa, que lo mirara a los ojos sin terminar de creer que en realidad me hubiera buscado a mí, que se tomara la molestia de hacer algo por encontrarme, obligándome a preguntarme de nuevo ¿Por qué yo? ¿Qué era lo que ese chico sentía por mí como para que me hubiera buscado específicamente a mí y no a cualquier otra mujer de su vida? Preguntas que no alcancé a hacerle antes de que volviera a hablar, cambiando la dirección de su discurso de una forma descarada, evitando deliberadamente hablar de aquello que dijo aparentemente por accidente - con respecto de lo que pretendo obtener, bueno, en realidad no me lo había preguntado, porque al principio pensé que solo tendría un ingreso extra a lo que obtenía en mi trabajo, nunca creí que me daría lo suficiente como para dejar de trabajar; aunque, ahora que lo preguntas, supongo que vivir en un mejor sector sería una buena idea, en un departamento más grande, tal vez uno como el que tenías cuando eras una mujer libre, donde pueda tener más siervas en casa y a mi disposición, porque a las mujeres que compre no pienso prostituirlas de la misma manera como lo hago con Ivette, no, pretendo pasen más tiempo conmigo, que se queden algunos días en el departamento entre servicio y servicio - comentó con algo de descaro y presunción, sin dejar de mirarme, como tratando de observar alguna clase de reacción, una que por cierto no tardó en llegar, que se me presentó como un vacío en el estómago que me tomó por sorpresa cuando noté lo mucho que al parecer me molestaba la idea de que hubiera otra mujer en casa, de que él quisiera tener a alguien más a su lado, de que pudiera estar en la cama con una chica que no fuera yo.

Sí, estaba celosa, porque al parecer el que hubiera otra sierva en la vida de mi amo me resultaba algo indeseable, algo ofensivo, que me hacía creer que no era suficiente para él, que todas esas noches en las que lo recibí entre mis piernas no eran suficientes como para que solo quisiera estar conmigo, un hallazgo que me tomó por sorpresa, que me hizo alarmarme ante la clase de sentimientos que estaba desarrollando por ese chico y me llevó a preguntarme ¿Cómo podía pensar así con respecto de Rodrigo? ¿Cómo podía pretender que el hombre a quien le pertenecía solamente quisiera estar conmigo cuando tenía enfrente un mundo de mujeres a quienes podría comprar y hacerles la misma clase de cosas que hacíamos cada noche desde que llegué a su lado?

No, no podía permitirme sentir algo por ese chico, porque encariñarme con él y dejar que esa clase de sentimientos crecieran dentro de mí era algo impensable, porque tenía que entender que sentir algo por mi amo no resultaría bien, pues a pesar de lo que pudiera sentir y de la forma como lo viera, él no era nada más que mi dueño, quien podría venderme o alquilarme de un momento a otro y romperme el corazón si llegaba a… no, aquello era impensable.

- ¿Ha pensado en crear un plan de negocios, amo? Quiero decir, hacer alguna clase de proyección para saber cuánto tiempo le tomará llegar a esos resultados, cómo podría llegar a sus objetivos más rápido y cosas por el estilo - dije, tratando de disfrazar lo que estaba sintiendo detrás de una postura profesional, fría y centrada por completo en una idea que me resultara lo más alejada a aquello que estaba sintiendo por ese chico, que me permitiera abordar las cosas desde un terreno que dominara, en el cual no hubiera sentimientos, envidias ni celos de por medio.

- No, en realidad no - contestó, mirándome con el atisbo de una sonrisa en los labios, poniéndome nerviosa, haciendo que tratara de desviar de nuevo mi atención hacia algo que dominaba, hacia cosas que me permitirían separarme de esa situación inmediata y de aquellos sentimientos que me daba miedo experimentar por ese hombre que se me había metido en la cabeza, que se había erigido frente a mí como mi salvador desde el momento en el que me sacó de esa galería y más aún cuando confrontó a mi exesposo después de que hubiera tratado de humillarme.

Fueron los números lo que me permitió alejarme de lo que sentía, lo que me dejó concentrarme en algo tan frío como los cálculos que me llevaron a concluir que, tal vez, adquiriendo un par de siervas más, mi amo podría tener lo suficiente como para vivir en un mejor lugar, en un sector más seguro y acomodado que aquel en el que nos encontrábamos.

- Sí, comprando dos siervas más, podría reunir los créditos suficientes para adquirir un mejor departamento en tan solo un par de meses, claro, siempre y cuando las siervas no se enfermen y le devuelvan un rendimiento similar al que le ha reportado Ivette, aunque a decir verdad, no estoy familiarizada con la clase de cosas que hacen que una sierva sea un buen producto, lo suficientemente atrayente como para reportarle buenos resultados - dije al final, viendo cómo Rodrigo me sonreía al ver los cálculos que hice en una servilleta, sintiéndome avergonzada al saber que me había dejado llevar por algo que me gustaba mucho hacer, antes de que me dedicara de nuevo a comer mi arroz que, para ese momento, ya estaba bastante más frío de lo que me hubiera gustado.

- Pues entonces tendremos que comprar un par de siervas más - respondió mi amo, sonriente, alegre, mirando los números que hice en la servilleta mientras yo comía apresurada - mañana me acompañarás a la galería, temprano, no quiero que nos encontremos con un tumulto de gente cuando vayamos a ese lugar ¿De acuerdo?

- Por supuesto, amo - contesté, sin saber qué más decir, sintiendo aún algo en mi estómago que me hacía experimentar un malestar provocado por aquella pregunta que mi amo no me respondió, esa que giraba en torno de la razón de que me buscara, de que me comprara específicamente a mí, la misma que creí que era el motivo de que no hubiera decidido prostituirme aún, de que me mantuviera a su lado, una de la cual tenía una idea de cuál sería su respuesta, pero que necesitaba escuchar de su boca, porque al hacerlo podría sentirme un poco más tranquila y saber que mi vida no pendía de un delgado hilo, que aquello que viví a su lado durante los últimos días, sería una constante y no un oasis que solamente disfrutaría por un momento antes de continuar mi camino por un inhóspito desierto repleto de atrocidades y experiencias tan brutales como lo que viví en las manos del hijo del comandante.

Esa noche, mientras lavaba los trastes, escuché a Rodrigo entrando en el baño para tomar una ducha, algo que hacía cada noche antes de dormir y que, en esa ocasión en particular, me hizo pensar que tal vez la mejor forma de sacarle la verdad sería consintiéndolo de la manera como sabía que le gustaba que lo hiciera, tomando la iniciativa para que hubiera un poco de intimidad entre los dos, una idea que me hizo apresurarme con lo que hacía y salir de la cocina tan rápido como pude, deshaciéndome de mi ropa de camino al baño, dejando lo poco que llevaba encima en el pasillo, acercándome lentamente hasta donde rodrigo se encontraba, parándome cerca de la puerta hasta escuchar el ruido del agua cayendo y entonces entrar en la habitación, sin hacer ruido, obsequiándome un momento para contemplar el cuerpo de mi amo, para admirar la forma como sus músculos brillaban gracias al agua que se escurría por su piel, contemplando su miembro en reposo, deseándolo mientras lo admiraba, sintiendo cómo mi cuerpo reaccionaba a la hermosa imagen de ese hombre desnudo, tragando saliva antes de caminar hacia él, de meterme en la bañera y abrazarlo por detrás, experimentando cómo se sobresaltaba un poco cuando lo hice, previamente a que el hombre colocara sus manos sobre las mías, dejándose acariciar, dejándome que recorriera su cuerpo con delicados movimientos, siguiéndome el juego cuando enjaboné mis manos y comencé a lavarlo, lentamente, disfrutando de su cuerpo mientras lo impregnaba de jabón para luego enjuagarlo, llegando a su miembro de una forma natural, sintiéndome alagada y cada vez más excitada cuando noté la manera como se iba endureciendo en mi mano al acariciarlo con el pretexto del jabón que llevaba en la mano, tomándome mi tiempo en esa parte de su cuerpo, acariciando sus huevos, dejando que sintiera mis senos desnudos en su espalda, respirando cerca de su oído para excitarlo aún más, antes de que me detuviera, de que me enjabonara una vez más las manos y me arrodillara para lavar sus piernas, de que él se girara en dirección a mí para contemplar la forma como me arrodillé en el suelo de aquella bañera, masajeando sus muslos, sus nalgas, cerrando los ojos al sentir su verga en mi cara, sintiendo cómo la piel se me erizaba cuando pegaba mi rostro a su pene y experimentaba sus testículos restregándose en mi boca, haciendo que mi amo me deseara, que quisiera que me lo comiera entero, pero sin hacerlo por mi cuenta, porque sabía que le gustaba ordenarme hacer ese tipo de cosas y porque quería que lo hiciera, que fuera él quien me diera esa orden con la que me permitiría sucumbir ante mis propios deseos, con la que me dejaría conocer aquello que deseaba que le hiciera. Lamentablemente, tuve que reprimir aquello que quería por un rato más, pues los planes de mi amo eran unos distintos a aquellos que yo había imaginado.

- Ponte de pie - ordenó y yo obedecí al instante, haciendo que nuestros rostros quedaran muy cerca, antes de que mi amo me quitara el jabón de la mano y lo frotara en sus palmas por unos segundos para luego dejarlo en la jabonera y dedicarle algunos minutos a la tarea de lavar mi cuerpo, recorriendo mi trasero con la firmeza de un hombre que sabe hacer que una mujer se doblegue ante él, apretándome las nalgas de la manera correcta, haciendo lo mismo con mis pechos, obligándome a dar media vuelta para luego pegarse a mí desde atrás, haciéndome sentir la forma como su pene se colaba por entre mis piernas, debajo de mi vulva, sintiendo como su verga iba y venía acariciando mis labios, llevándome a gemir sin siquiera haberme penetrado mientras una de sus manos me sobaba los senos y los dedos de la otra me volvían loca al acariciar mi clítoris con el pretexto de dejar muy limpia esa parte de mi cuerpo, antes de que me hiciera meterme bajo el chorro del agua, de que ambos nos frotáramos el uno contra el otro para sacarnos el jabón que aún llevábamos encima, saliendo luego de la ducha para secarnos el uno al otro, de una forma intensa y apresurada, sabiendo que al llegar a la habitación perderíamos el control de nosotros mismos como ya lo habíamos hecho algunas noches antes de esa.

Rodrigo me tomó en sus brazos después de que nos secamos, para luego caminar por el pasillo desnudos hasta llegar a su habitación donde me depositó en la cama, quedándose un momento de pie a un lado de mí, admirando de una forma especial mi cuerpo desnudo, deseándome más y más a cada segundo que pasaba, provocando que me excitara al notar el deseo que refulgía en sus ojos, antes de que lo viera tomar su celular en lo que creí que fue un intento por activar la liberación de ambrosía en mi cuerpo, una eventualidad que no quería que ocurriera en esa noche, porque de pronto experimenté la necesidad de sentirlo a él, porque repentinamente quería que el placer que sintiera esa noche fuera auténtico, algo entre los dos, y porque, a pesar de mis miedos, quería saber qué era lo que sentía por ese chico, un entendimiento al que sabía que solo llegaría permitiendo que me penetrara sin ninguna droga de por medio, siendo un encuentro auténtico, sin que esa relación de amo y esclava tuvieran nada que ver en lo que estábamos a punto de hacer.

- No, no lo hagas, esta noche solo quiero estar contigo - le supliqué, viendo cómo mi amo sonreía con ese gesto lascivo y entusiasta que se apoderó de su rostro, sintiendo esa sensación de emocionante vértigo cuando dejó su celular en su mesa de noche, antes de que se abalanzara sobre mí, de que me besara con una intensidad renovada, de que mi mano envolviera con suavidad su pene y lo acariciara, sintiendo cómo su miembro palpitaba entre mis dedos reaccionado a mis caricias, de la misma forma como mi concha se humedecía más y más a cada segundo que transcurría, acompañando esa deliciosa forma de besarme, esa manera tan seductora como me tocaba los senos y el vigor con el que de pronto comenzó a restregar sus huevos en mi concha, volviéndome loca al hacerlo, seduciéndome con sus gemidos y esa sutileza con la que me demostraba lo mucho que le gustaba estar conmigo, lo mucho que disfrutaba de mis caricias, mis besos y de entregarme a él como lo había hecho cada noche, sin que en un solo segundo sintiera que estaba cansado de mí, sin que dejara de observar ese inmenso deseo que sentía por estar conmigo un solo instante, por prolongar aquellas caricias y esos momentos en los que nuestros cuerpos se encontraban desnudos en el preámbulo de hacer el amor una vez más.

Esa noche en particular, a pesar de que tener sexo con Rodrigo no era nada nuevo, me sentía muy nerviosa, porque sería la primera ocasión en que lo haríamos sin que hubiera ambrosía de por medio, algo que me hacía sentir ansiosa, que de cierta manera había temido que pasara ante la posibilidad de que, al tenerlo piel con piel dentro de mí, pudiera darme cuenta de lo que realmente sentía por mi amo, algo que debo admitir que no nació en el momento en el que me compró, que inició mucho antes, como una mera atracción física que surgió cuando trabajábamos juntos, cuando tuve fantasías con ese chico que me trataba tan bien y tenía tantas atenciones conmigo, cuando inevitablemente comparaba a ese hombre que estaba a punto de penetrarme con lo desinteresado y distante que a veces era mi marido conmigo.

Sí, tenía miedo de que mis sentimientos se materializaran en el momento en que me penetrara, pero sabía que esa era la única forma como yo podría tener alguna certeza acerca de qué era lo que sentía por mi amo y, principalmente, qué era lo que mi amo sentía por mí, dudas que comenzaron a esclarecerse en el momento en el que Rodrigo me miró directamente a los ojos, con sus manos recargadas en la cama a los costados de mis senos mientras movía sus caderas restregando su verga contra mi vulva, dejando que mis fluidos la empaparan, haciéndome temblar de nervios y excitación al sentir su dureza, al escuchar mis propios gemidos sin que me atreviera a romper la conexión entre su mirada y la mía, hasta que al fin, sin usar sus manos, sin tener la más mínima dificultad para hacerlo, me penetró.

Un placer indomable, ansioso y desesperado fue lo que acogió a todo mi cuerpo cuando las paredes de mi vagina envolvieron su miembro con mi calor, cuando ese chico hermoso se deslizó lentamente dentro de mi coño, haciendo que me retorciera de bajo de su cuerpo, que mis manos se aferraran a sus brazos, que los apretara mientras mi garanta se deshacía en gemidos, mis piernas temblaban con esa sensación de ansiedad y sentía esos cosquilleos que me erizaban la piel al mismo tiempo que mi amo me penetraba, tan despacio que me hacía sentir como si quisiera que memorizara cada parte de su verga con lo que me hacía sentir al acariciar mi vagina por dentro.

- ¡Ahhh! ¡Amo! ¡Ahhh! - grité, gimiendo extasiada al experimentar cómo mis piernas comenzaban a sacudirse, cómo mi vientre se estrechaba en espasmos involuntarios mientras mi abdomen se contraía una y otra vez en respuesta a ese intenso orgasmo que me provocó con el solo estar dentro de mí, con el puro tacto de su verga en mi interior, haciendo que mi cuerpo se sacudiera sin control antes de que un chorro de fluido escapara de mí, de que abriera los ojos sintiendo una mezcla de sorpresa, miedo, placer y temor ante la posibilidad de que aquello no le gustara a mi amo, hasta que en sus ojos vi la lujuria que le provocó tan peculiar reacción de mi cuerpo, hasta que vi esa sonrisa llena de codicia que me hizo saber que quería provocarme más de ese placer tan intenso que me provocó, haciéndome entender que le había encantado verme retorciéndome de gusto bajo su cuerpo, el haberme hecho venir con tan solo penetrarme de esa forma lenta y suave, sabiendo que ese orgasmo había sido completamente suyo al no estar bajo los efectos de la ambrosía.

El miedo que sentí cuando al fin me di cuenta de lo que sentía por ese chico, solo podría compararlo en magnitud con la necesidad que experimenté de que me cogiera con toda su fuerza al verlo sobre mí, sentirlo dentro de mi cuerpo y experimentar esas tremendas ganas que tenía de abrazarlo y no separarme jamás de él, una colección de elementos que me provocó mover las caderas para que todo comenzara, sintiendo la necesidad de besar sus labios y volverme loca cuando al fin comenzara a mover las caderas para penetrarme a su antojo, como él quisiera hacerlo, de la forma como deseara hacerme suya.

Nunca había tenido algo como lo que sentí con Rodrigo, era increíble, mucho más intenso que cualquier cosa que hubiera experimentado antes con un hombre, mucho más hermoso de lo que pude haber llegado a sentir con mi marido incluso cuando estaba más enamorada de él y no, no tenía nada que ver con el sexo, sino con lo que sentí por ese chico, después de ver la manera como me defendió, de saber que me estuvo buscando específicamente a mí, de sentir ese algo que lo hacía querer estar cerca de mi cuerpo, que lo motivaba a mantenerme a su lado, que me hacía soñar con un sentimiento que tal vez podría ser correspondido por mi amo o que quizás no era más que un espejismo cruel y despiadado.

- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Amo! ¡Ahhh! - gemir mientras me penetraba era una expresión muy pobre de la clase de cosas que ese hombre me hacía sentir, porque al estar ahí, sintiendo el peso de su cuerpo, experimentando su sudor en contacto con mi piel, observando los gestos de placer que me obsequiaba y esa mirada tan intensa con la que me observaba, por primera vez en mucho tiempo me sentía feliz, me sentía deseada, embriagada por algo a lo que no quería ponerle una etiqueta, porque el hacerlo resultaría peligroso, pero que se trataba de una energía tan especial que me llevó a buscar sus labios, permitiéndome entregarme a ese sabroso beso en el que nos fundimos, a esas caricias que protagonizaron nuestras lenguas y ese ritmo que logramos acompasar con nuestras caderas, gimiendo en su boca mientras me mordía el labio inferior y lo sentía en ese apretado abrazo con el que mi vagina lo recibía gustosa, cada vez que ese hombre me penetraba, saliendo casi por completo de mi cuerpo tan solo para volver a entrar luego, en un apretado recorrido que me llevó a recargar mis tobillos en sus nalgas y empujarlo hacia mí, queriendo que se viniera en mi vagina, sentir por primera vez su semen rellenándome el coño sin que hubiera ambrosía en mi sistema, queriendo disfrutar al máximo de mi amo y que él disfrutara de lo que su sierva podría ofrecerle sin necesidad de esa maldita droga que me llevaba a un mundo cercano de la inconsciencia.

La conexión que se creó entre nosotros en el momento en el que nos abrazamos de esa forma tan estrecha, en el instante en el que ambos gemimos con nuestras bocas abiertas y muy pegadas la una de la otra, fue el factor que terminó por definir lo que sentía por él, que me hizo verlo diferente, que me hizo sentirlo de una manera distinta, justo en el momento en el que ambos nos venimos juntos, en un instante en el que pude ver en sus ojos lo que sentía por mí, lo que lo llevó a comprarme, a buscarme, a mantenerme en su casa sin decidirse a prostituirme para sacar algunos créditos de mi trasero, algo que resultó tan intenso que me abracé a su cuerpo tan fuerte como pude, besando sus mejillas, su frente, su oreja, queriendo que aquello tan hermoso que me acogió durante ese instante, que esa conexión tan especial que sentí, no se acabara jamás, algo tan lindo que me llevó a hacer una pregunta que me carcomía por dentro mientras nos manteníamos abrazados de una manera tan estrecha y personal, tan íntima.

- Amo, ¿Por… por qué no me has prostituido como a esa sierva tuya? ¿Por qué me has dejado quedarme a tu lado durante todos estos días? - pregunté, en un susurro, cerca del oído de ese hombre por quien, al parecer, sentía algo de lo que yo misma no había estado segura hasta un instante atrás.

Él se apartó un poco de mí, no demasiado, tan solo lo necesario para mirarme a los ojos, obsequiándome la clase de embelesada expresión con la que solía mirarme de vez en cuando, en los momentos en los que creía que yo no me daba cuenta de lo que hacía.

Un beso en los labios, una caricia en mi mejilla y esas palabras que me dijo, fueron lo único que necesité para sentirme segura, para saber que no tenía nada que temer mientras estuviera con él.

- Porque tú eres solamente mía.

Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 17) o adquiriendo los primeros tomos de esta serie en AMAZON (que ya llegaron al capítulo 13) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.

Continúa en