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Dominaciónsept 2025

Un anuncio cambió mi vida (5)

Carmen no es solo una dueña, es una arquitecta del placer ajeno. Cuando Claudia llega con sus juegos, el narrador descubre que su jaula es solo el comienzo de un ritual donde la degradación es la moneda de cambio. La reunión que se avecina promete borrar cualquier rastro de humanidad, dejando solo la obediencia pura.

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¡Que suerte has tenido encontrando alguien como él! Por lo que he podido comprobar no tiene límites para contigo. Cualquier orden tuya la acepta sin rechistar.

La verdad es que si. Estoy muy satisfecha con él. No solo me realiza todas las tareas de la casa sino que me atiende y se encarga de cualquier cosa que le pido.

Unas caricias de mi Señora en mi cabeza bastaron para hacerme sentir muy bien.

Mi vida ha cambiado desde que le tengo. No he de preocuparme por nada, cualquier tarea el ya sabe lo que ha de hacer. Poco a poco me va conociendo y se adelanta a mis deseos. Es fantástico.

Claudia estiró una de sus piernas acercando su pie a mi boca. Lo tomé con mis manos besándoselo y chupando cada uno de sus dedos.

Sigue así, me encanta como lo haces. Me relaja mucho los pies lo que haces.

Mientras adoraba y cuidaba sus pies mi Señora se dedicó a presionar con los suyos mi jaula.

Te das cuenta me sirve para todo. ¿Verdad que si, mi perro?

Bueno cariño, me tengo que marchar. Ya me avisas tú para la semana que viene. Dame un beso.

Las acompañé hasta la puerta de la casa donde se besaron con deleite y pasión. A mi solo me dedicó un par de bofetones y escupirme a la cara.

Perro, pórtate muy bien con tu Dueña Carmen.

Tras marcharse nos fuimos de nuevo al porche. Carmen se encendió un cigarro y se dedicó a relatar mi comportamiento.

¿Te han gustado los juegos que ha traído Claudia? Yo me lo he pasado muy bien. El jugar con las palas como si fueras una pelota ha sido genial y después el usarte como diana ya ha sido el no va más. A ver cómo tienes ese culo.

Al mostrarle mi culo pudo observar que aún tenía puntos rojos de sangre en los que había clavado los dardos.

Me gusta como tienes tu culo. Te diré que lo que más me gusta es el agujerito que tienes en el centro. Ponte en posición, ahora vengo.

Carmen se levantó y al volver vi que se había colocado un arnés del que sobresalía un strapon negro, rugoso y de tamaña considerable.

Voy a hacer puntería con este. Espero tener suerte, ja, ja, ja, ja.

Se colocó tras de mí y colocando la punta del strapon en mi ano dio un fuerte empujón clavándomelo hasta el fondo. Lo introdujo totalmente para iniciar un mete y saca suave al principio que poco a poco fue acelerando.

Buen perro. Siéntete como una puta cuando la follan.

Sus penetraciones se intensificaron más y más. Ahora tiraba de la correa al penetrarme. Sentía mi ano completamente lleno de su polla. Sus gemidos eran cada vez más fuertes. Al tirar de mi correa me hacía moverme y buscar su strapon para que me penetrara.

Tienes que estar preparado para la próxima reunión. Te usarán por completo, les servirás en todo y serás tratado como un perro y una vulgar puta complaciéndolos en todos sus deseos. Quiero que sientas todo lo que un buen perro puede sentir. Ahora sigue moviéndote que estoy llegando. Si, más, más, no pares, más rápido. ¡Ufffffff, siiiiiii, yaaaaaaa!

Me separé de Ella tras alcanzar su orgasmo. Se sentó y mirándome señaló con su dedo el strapon que estaba lleno de restos de excremento míos y algo de flujo. Me di la vuelta y poniendo mi cara entre sus piernas tomé el strapon y comencé a lamerlo para después chuparlo. Su sabor era agrio, amargo y nada agradable pero no podía quejarme ante Ella. En el fondo me encantaba obedecerle.

Muy bien mi perro. Ahora me lo vas a quitar que tengo una sorpresa para ti.

Le desabroché el arnés y cogiendo el strapón se lo fui a quitar y cuál fue mi sorpresa que a pesar de estar desabrochado se mantenía sujeto a su cintura.

¿No me lo vas a quitar?

Al tirar del strapón me di cuenta que había otro strapón introducido en su coño. Tiré de él muy suavemente. Se trataba de un arnés doble. Al sacarlo vi como el otro strapón salía de su coño totalmente impregnado de flujo de su corrida. Lo cogí y lo introduje en mi boca chupándolo con deseo y llenando mi boca de ese flujo espeso. Era un flujo sabroso y exquisito para mí por provenir de su cuerpo.

- ¿Te gusta mi sorpresa?

Mucho mi Señora, gracias.

Enciéndeme un cigarro. La ocasión se lo merece. Por cierto que te ha parecido mi amiga Claudia. ¿Te ha gustado lo que te ha dado?

Si mi Señora pero lo que me da Usted me gusta mucho más.

Pues ven al aseo conmigo que tengo algo para ti.

La seguí al aseo, me tumbé boca arriba en el suelo y Ella se colocó en cuclillas sobre mí dejando su coño sobre mi boca.

Tengo mucho pipí, así es que abre bien tu boca que no quiero que desperdicies nada.

Mientras fumaba sus contracciones dieron paso a unos chorros abundantes de orina que hube de tragar sin cesar.

¿Está bueno, perro?

No podía contestarle. Seguí tragando su orina. Una orina caliente, salada y con fuerte sabor. Cuando terminé de tragar le besé agradeciéndoselo.

Así me gusta, que seas agradecido por todo lo que me preocupo por ti. Ahora vamos fuera que hablemos. Quiero adelantarte cómo va a ser la reunión que tendremos.

Usted dirá mi Señora.

Se encendió un cigarro y me explicó.

Se trata de amigos que compartimos gustos. Nos conocemos mucho y solemos pasarlo muy bien.

Sus amigos, ¿tienen sumisos o sumisas como Usted?

Algunos sí y otros no. Te diré que tenemos unas reglas que siempre cumplimos. Se trata por ejemplo que cuando uno desea disponer de un sumiso o sumisa distinto al suyo le ha de pedir permiso a su dueño o dueña.

En cuanto a los límites.

Para los sumisos y sumisas no hay límites y si alguno de los dueños los tiene para su sumiso o sumisa lo expone previamente y se han de respetar. Pero no obstante como nos conocemos todos no hará falta decirlos salvo yo pero tampoco hará falta pues si no hay límites para con el sumiso o sumisa no hace falta decirlo. ¿Es tu caso, no?

Si mi Señora.

Espero que tu comportamiento sea el que espero y que hagas que todos me feliciten haciéndome sentir muy orgullosa de ti.

Así será mi Señora. No ha de dudarlo nunca.

Bien, enciéndeme un cigarro y me preparas un aperitivo.

Le encendí un cigarro y al levantarme su mano me tomó por la barbilla y echó la bocanada de humo en mi cara.

Lo tragarás todo hasta hartarte, te lo aseguro. ¡Abre la boca!

Con la boca abierta dio una nueva calada al cigarro y mezclado con el humo que se escapaba de su boca dejó caer varios salivazos en mi boca. Para mí era un placer inigualable el saborear todo lo que proviniera de Ella. Por algo era su esclavo, así lo había elegido.

¿Te gusta como sabe mi escupitajo, perro?

Mucho mi Señora. Gracias siempre.

Le serví el aperitivo y permanecí a su lado contemplando como lo tomaba. Era para mí un placer observar su mano cogiendo la copa y acercándola a su boca sus labios aprisionaban el cristal para dejar pasar a su boca el líquido y tragarlo. Después seguía mirándola al dejar la copa y con su mano coger el cigarrillo acercándolo a su boca que con sus labios gruesos lo atrapaba chupándolo. Ver como se encendía el cigarro tras la calada me excitaba pues después dejaba asomar la ceniza que gustaba echar en mi boca.

¿Me miras muy fijamente?, ¿deseas algo mi perro?

Solo con que me deje mirarla me siento muy satisfecho, mi Señora.

Te conformas con poco. ¿Seguro que no deseas nada más?, a juzgar por tu polla encerrada en esa jaula creo que no me estás diciendo la verdad, y eso sabes que me cabrea bastante.

Mi Señora, ha de saber que mi admiración por Usted es tal que solo el contemplarla me hace sentir tan bien que me excito mucho.

Un par de bofetones cruzaron mi cara.

Te los he dado solo por el placer que me produce el hacerlo.

Gracias por usar mi cuerpo para contribuir a su felicidad y a su placer.

Tráeme un vaso.

No sabía para que deseaba un vaso hasta que al traérselo separó sus piernas y con sus dedos separó la braga que cubría su coño dejándolo a la vista.

Mira lo que te voy a preparar para que me acompañes tomando mi aperitivo.

Unos chorros amarillentos y calientes comenzaron a llenar el vaso. Al terminar me lo dio para que brindara con ella.

Espera, no bebas aún.

La ceniza del cigarrillo flotó en el vaso sobre su orina. Después volvió a toser arrancando una mucosidad verduzca que formó una capa en el vaso. Le dio una última calada al cigarro y también dejó caer en el vaso la colilla.

Brindemos ahora.

Al dar un primer sorbo la mucosidad quedó pegada a mis dientes que hube de separar con mi lengua para tomarla.

Espero que te guste lo que te he preparado. Ya te he dicho que te acostumbrarás a todo lo que yo te dé y te puedan dar los demás.

Seguí bebiendo del vaso hasta notar la colilla que tuve que masticarla para poder tragármela.

Muy bien, me gusta que no desperdicies nada. Debes saber que en la reunión deberás tomar todo lo que te den, sin excepción, ¿entendido?

Por supuesto mi Señora. Ya lo he hecho con su amiga Claudia.

Lo sé pero quería asegurarme que lo habías entendido.

Los días pasaron y se acercaba el momento de la reunión. Antes mi Señora se vistió de una forma impresionante, se maquilló y se calzó unas botas altas de tacón muy fino y alto. A mí me dejó desnudo con el collar y la correa y mi polla encerrada en la jaula.

Dame un cigarrillo. Estarán a punto de llegar.

A la reunión fueron llegando los invitados. Los primeros eran una pareja en la que ella era su sumisa. Después vinieron dos Mujeres, una de ellas era Claudia con su sumiso y la otra venía sola y por último un hombre solo que por su vestimenta y porte debía ser dominante. Se sentaron todos en el porche mientras la sumisa, el sumiso y yo permanecimos arrodillados en el suelo junto a nuestros amos y amas.

Yo ya conozco al sumiso de Carmen -dijo Claudia. Nunca he conocido a alguien como él. Lo podréis comprobar por vosotros mismos.

Una caricia de mi Señora fue un alivio para mi. Claudia se sentó junto a Carmen dejando a su sumiso junto a mí en el suelo. Se encendió un cigarrillo que compartió con Carmen y la abrazó con sus manos apoderándose de sus pechos apretándolos y chupándolos con ansia y deseo.

Carmen quítale la jaula a tu perro para que lo puedan usar mejor.

Ya libre de mi jaula solo cabía esperar que alguien de los invitados tomara mi correa. Mientras Carmen y Claudia seguían con sus besos y abrazos fue el señor que vino solo el que tomó la correa y me llevó con el.

¡Desnúdame! Quiero probar si es cierto lo que me han hablado de ti.

Desde mi posición arrodillado en el suelo le fui desabrochando la correa del pantalón y bajándoselo para después hacer lo mismo con su slip. Al hacerlo quedé perplejo al contemplar el tamaño y grosor de su polla. Temblé de pensar que deseara penetrarme con ella.

Usa tu boca, quiero que la pongas bien antes de usarte.

Abrí mi boca e intenté que penetrara en ella. Llenaba toda mi boca provocándome unas arcadas que hicieron que vomitara en el suelo. Eso hizo que su enfado fuera brutal. Claudia al darse cuenta mandó a su sumiso a limpiar mi vómito.

Ahora vas a saber lo que es un hombre de verdad. ¡Ven, perro!

Me llevo al potro y me amarró de manos y pies. Se colocó tras de mí y sin más miramientos me apresó con sus manos por la cintura y me penetró. Sentir como esa polla se introducía en mi hizo que se me escapara un leve quejido que hizo que todos se callaran y se dedicaran a contemplar como era follado.

Mira Carmen a tu perro.

Si, así sabrá lo que sentimos las mujeres cuando nos penetran.

Todos se levantaron y animaron al hombre a seguir cada vez más fuerte. Mi Señora se colocó delante de mí y acarició mi cara.

Te estás portando muy bien. Sigue así.

Las penetraciones eran cada vez más intensas animado por los demás. Por vez primera mis ojos soltaron unas lágrimas de dolor. Mi Señora me limpió con sus manos diciéndome que se sentía muy orgullosa de mí.

Más fuerte, siiii, más.

La amiga que había venido sola se unió a Carmen y Claudia que se la llevaron al sofá. Allí las tres juntas se desnudaron acariciándose sus cuerpos y besándose de una forma lasciva y muy ansiosas. Claudia masajeaba sus tetas pellizcándole los pezones y chupándoselos, mientras Carmen iba recorriendo sus piernas hacia arriba hasta llegar a sus braguitas que las dejó caer para acariciar sus labios.

Me ha encantado este perro tuyo, Carmen. Ahora voy a descansar. ¡Tú, ven aquí a limpiarme!

Su marido la llevó hasta él y le hizo arrodillarse entre sus piernas.

¡Vamos zorra, ya sabes lo que tienes que hacer!.

Ella muy obediente y sumisa le miró con una sonrisa, se arrodilló ante el hombre, le besó las rodillas, pasó la lengua por ellas y le fue separando las piernas a la vez que iba acercando su cara entre ellas. Allí se encontró con la polla del Señor aún erecta.

Gracias Señor por permitirme el proceder a limpiársela.

Espero que lo hagas bien, zorra.

La boca de la sumisa se abrió engulléndola para darle unas fuertes chupadas. Alternaba las chupadas con los lametones. Esto hizo que la polla comenzará a sufrir una nueva erección. Ante esto el Señor tomó la cabeza de la sumisa presionándole contra su polla.

Tienes una buena perra. Va a hacer que me corra de nuevo.

Su marido se situó tras su sumisa esposa, le bajó las bragas y procedió a azotarla sin miramiento. Los azotes hicieron que se empleara mucho más en la mamada que estaba haciéndole.

Me gusta verte tan perra, esposa mía. Vas a probar algo nuevo. Has de dejar muy satisfecho al Señor, perra y puta.

La sumisa cerró los labios al notar que varios chorros de leche llenaban su boca.

Siiiiii, zorra, muy bien, me gustas.

El marido de la sumisa tiró de la correa de su collar para separarla. La miró, le mandó abrir la boca pues le encantaba verla llena de leche de otro, y le escupió.

Ahora puedes tragártelo todo como una buena puta que eres.

Mientras lo tragaba todo y recogía los restos que resbalaban por la comisura de sus labios su marido y amo observó que el suelo estaba húmedo, como si se hubiera orinado. Acercó su mano a su entrepierna y la pasó por su coño comprobando que estaba toda húmeda y mojada por la humillación a la que había sido sometida.

¿Te he dado permiso yo para que te excites de esa manera, zorra de mierda?

No mi Amo, perdóneme, lo siento.

Ven aquí.

Se acercó al potro donde aún yo estaba sujeto, me liberó y la colocó a ella. Yo me fui donde estaba mi Señora con Claudia y su amiga. Desde allí vi como el Amo cogía un látigo trenzado y comenzaba a azotarla. El sonido del látigo al estallar sobre la piel hizo que todos se detuvieran para mirar y gozar del castigo.

¿Qué habrá hecho?, dijo Carmen

Algo muy fuerte habrá hecho para merecer ese castigo, le respondió Claudia.

Dirigiéndose a mi, la miraron y Claudia me habló.

Puede que luego te lleve de nuevo al potro. Ya sabes lo que eso me excita, perro.

Creía que no iba yo a ser azotado ya que mi comportamiento había respondido a lo que se esperaba de mí como sumiso. La sumisa lucía en su cuerpo las marcas del látigo de su amo y esposo. Tras veinte latigazos su amo cesó para coger la rueda de pinchos e ir pasándola por su cuerpo. Ahora se apartó de ella y le pidió permiso a mi Ama para llevarme con ella.

Por favor, préstamelo Carmen.

Tiro de la correa y me llevo con el. Me colocó bajo las piernas de su sumisa, boca arriba y arrodillándose separo mis piernas y las elevó hacia arriba.

Dedícate a limpiar a esta puta perra. Mientras lo haces te regalaré un buen polvo.

Yo con mis manos separé sus piernas para iniciar una lamida de su coño. Estaba chorreando. Su flujo resbalaba por sus piernas. Mientras su marido sujetó mis piernas en alto e introdujo su polla en mi ano. Nunca había sido usado a la vez. El coño de la sumisa comenzó a contraerse por mi chupada empezando a chorrear leche caliente. Seguramente se la había follado su esposo y amo mientras la azotaba. Mi boca estaba llena de su flujo y leche. Lamía y chupaba a la vez y ella gemía. Realmente merecía su placer.

Tienes un culo muy apetitoso, puto perro. ¿Me sientes?

Si, amo. Siga por favor.

No cesó en penetrarme con intensidad. Mi culo estaba muy dilatado por la anterior follada a la que había sido sometido.

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