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Dominaciónsept 2025

Un anuncio cambió mi vida (4)

La puerta se cerró y su mundo se redujo a una jaula. No era solo un juego de sumisión; era una entrega total donde su dignidad se cambiaba por la aprobación de sus Señoras. Esta vez, no estaría solo.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Con aquel aviso por parte de mi Señora Carmen pase la tarde algo preocupado por ser la primera vez que mi condición de sumiso iba a ser compartida con alguien que no fuera Ella. Ya era la hora. Llamaron a la puerta.

La celda está abierta ve y espera.

Entre Entré en ella y la puerta se cerró. Podía escuchar como hablaban.

Pasa Claudia, te esperaba. ¿Un cigarro?

Sí claro.

Las sentía en el salón.

¿Cuando piensas mostrarme a tu perro?, ¿dónde lo tienes?

Está en su celda a la espera de que lo llame.

¿En su celda? ¿Es que tienes una celda?b

Si, en mi dormitorio. Con este mando le abro o le cierro su puerta. Ven, acompáñame y te lo muestro.

Escuché sus tacones avanzar y llegar al dormitorio.

¡Que lindo perro! Me gusta mucho. Anda ábrele la puerta y nos lo llevamos al salón, estoy algo cansada, he venido andando.

La puerta se abrió para que saliera. Ahora solo veía sus pies embutidos en unas botas altas de tacón las de mi Señora y unos botines de su amiga.

¿No saludas a la señora Claudia?

Perdón.

Inmediatamente me agaché para besar con ansias sus botines.

Veo que aún te queda mucho por hacer, Carmen.

Mi Señora tiró de la correa y mirándola me dio dos bofetones que me tiraron al suelo y allí Claudia dio una patada a mi jaula.

Si no eres estricta no harás de este perro lo que se desea de él.

Ya se sentaron en el porche encendiéndose ambas un cigarrillo. Yo en cuanto las vi me arrodillé y me coloqué de rodillas entre ellas con la boca abierta. A Claudia le dio un golpe de tos.

¿Estás bien, Claudia?

Si, un poco resfriada pero nada más.

Me acerqué más a Ella ofreciéndole mi boca. Ella sin más miró a Carmen, que con una sonrisa asintió.

Tómatelo todo, cerdo.

Un escupitajo lleno de mucosidad espesa llenó mi boca. Era algo espeso y viscoso que hube de tragar.

¡Que bien! No tengo necesidad de levantarme. ¿Te ha gustado, perro?

Si Señora mucho, gracias.

Siguieron hablando y fumando.

Cuando quieras vamos abajo. Supongo que tendrás muchas ganas de usarlo.

Sí claro, vamos.

Fuimos al sótano, se sentaron después de dejar sus cuerpos ataviados con ropas fetichistas de cuero y látex que lo realzaban de una manera muy sensual y excitante.

Supongo, Claudia, que habrás traído nuevos juegos, como siempre.

Sí claro.

Claudia se levantó, se acercó a mí y me ato los pies para después bajar una cadena que estaba cogida al techo.

Lo ataremos aquí y te enseño el juego que he ideado. Mientras, prepara dos paletas, las que más te gusten.

Con los pies atados subí mis brazos para ser atado a la cadena. Una vez sujeto comenzó a subirla hasta quedar casi en el aire, solo las puntas de mis pies rozaban el suelo. Mi cuerpo giraba al no poder poner los pies en el suelo.

Bueno pues ahora jugaremos. El actuará como una pelota a la que debemos dar con las palas haciendo que gire sin cesar. Cuando nos toque debemos decir dónde deseas que la otra le azote.

Fue Claudia la primera que con su pala golpeó mi cuerpo haciendo que girara para que Carmen volviera a darme con la suya.

¡En el culo!

Carme con su pala azotó mi culo haciendo que mi cuerpo girara en sentido contrario.

- ¡En la espalda!

Era un constante girar a un lado y a otro. De vez en cuando paraban, se encendían un cigarro y seguían jugando conmigo. Los azotes con la pala marcaban mi cuerpo que al recibirlos me hacían girar en un sentido y otro. Reían y me insultaban sin cesar. Al cabo de un rato cesaron sus juegos, se sentaron y Claudia propuso un segundo juego.

Bueno, ahora y mientras nos fumamos el cigarrillo te diré el otro juego que he ideado. Se trata de atarlo al potro y pintarle una diana en su culo. He traído estos dardos que lanzaremos tratando de hacer puntería. Va a ser muy divertido.

Mi cuerpo aún estaba dolorido de los azotes con las paletas que me habían propinado. Se acercó Claudia y con una barra de labios pintó una diana en mi culo. Después y con la ayuda de Carmen me sujetaron al potro quedando inmóvil y ofrecido a sus deseos.

Dame un beso Claudia. Me encanta lo imaginativa que eres.

Girando un poco mi cabeza pude ver que no era un beso solo. Se abrazaron y besaron acariciándose con fuerza y con ansia. Deduje que eran mucho más que amigas. Nunca mi Señora me había hablado de sus inclinaciones sexuales.

Bueno Carmen cuando quieras jugamos. Toma, he traído un juego de cinco dardos para cada una. Gana quien más puntos obtenga.

Muy bien.

Ah solo se contabilizan los que se queden clavados, si se caen no se cuenta. Tiraré yo primero, ok?

No podía hacer nada. Solo esperar que lanzaran los dardos. Pensé que si tensaba mi culo los dardos no llegarían a clavarse. El primer dardo quedó clavado. Claudia tenía experiencia. Me causó mucho dolor el impacto del dardo. Después siguió lanzándolos, todos se quedaron clavados. Se acercó y los fue recogiendo. Sentía como unos hilos de sangre resbalaban por mis piernas.

Ahora Carmen te toca a ti.

Esperé que mi Señora no los lanzara tan fuerte. Pero no fue así.

Claudia, voy a tomar un poco de carrerilla que aún no tengo tanta práctica como tú.

Bien. ¡Vamos!

El primero impactó sobre la diana sin llegar a clavarse.

Carmen, toma un poco de impulso para que se clave.

Carmen hizo lo que le aconsejó su amiga llegando a clavar en la diana el resto de dardos. El dolor de los dardos era muy grande pero no podía moverme. Ellas se dedicaron a reírse de mí.

¡Guauuuu!, vamos a ver quien ha ganado.

Se acercaron al potro y quitando uno a uno los dardos clavados.

Pues creo que te he ganado, Carmen. Ja, ja, ja. ¿Qué te apetece hacer?

Carmen se acercó a Claudia, la abrazó y le susurró al oído su deseo de estar con ella.

¿Nos llevamos a tu perro?

Si, lo dejamos en su celda, ¿si te parece?

Bien, si lo necesitamos le dejamos salir.

Claudia y Carmen me soltaron del potro y me llevaron con ellas al dormitorio. Allí me metieron en la celda y ellas se echaron en la cama. Sus cuerpos sudados y vestidos con su ropa hacían de ellas un espectáculo muy excitante. Claudia encendió un cigarrillo que entre besos fueron compartiendo. Yo podía verlas desde mi celda. Mi polla, encerrada en la jaula comenzó a tener una fuerte erección que hizo que el dolor volviera a mi cuerpo.

Estas muy guapa Carmen. ¿Te han gustado los juegos con tu perro?

Me han encantado y han hecho que me excite sobremanera al ver esos hilos de sangre resbalar por sus piernas. He disfrutado mucho. La mano de Claudia fue desabrochando el top de Carmen llevando sus dedos hasta su coño.

Estás muy mojada, ¿te has corrido?

No, aún no pero necesito hacerlo.

La puerta de mi celda se abrió.

Atiéndenos mi perro.

Carmen separó sus piernas para dejar que los dedos de Claudia siguieran acariciándoselo.

Toma, chúpalos.

Claudia introdujo los dedos de su mano en mi boca para que los chupará. Estaban llenos de flujo de Carmen. Los chupé con ese sabor mezcla de flujo y sudor. Tiro de mi correa para que mi cara quedara entre sus piernas. El coño de Claudia estaba totalmente lleno de flujo. Un flujo espeso y muy oloroso. Con mi lengua lo fui lamiendo sin cesar mientras ella seguía masturbando a Carmen.

Si, sigue Claudia, estoy a punto. Más fuerte por favor.

Ahora su mano comenzó a penetrarla hasta estar toda dentro de ella. Su mano entraba y salía de su coño para introducirla en mi boca de vez en cuando y chuparla.

Toma Carmen, dale una calada mientras te corres.

Carmen dio una chupada al cigarrillo mientras Claudia tapaba su boca con la suya llenándole la boca de humo. Se besaban, se acariciaban.

Más fuerte, perro. Quiero correrme ya.

Sus cuerpo se retorcían de placer. Ver su culo me excitaba, tan sudado y recorrido por las manos de la otra que recorría sus glúteos hermosos y brillantes por el sudor.

Ya, ya, mi perro, para.

Las manos de Claudia me separaron. Mi Señora Carmen no había llegado aún al orgasmo, cosa que aprovechó Claudia para situarse sobre ella acariciando todo su cuerpo. Sus besos, sus caricias, todo me estaba excitando. Mi polla sufría una presión brutal contra la jaula que llevaba puesta.

¡Perro ocúpate de mi culo!, tengo algo que darte.

Me situé tras de ella. La visión de su culo, enorme, sudado y con un fuerte olor no calmaba mi excitación.

¿No me has oído? No quiero que desperdicies nada de lo que te voy a dar.

Me acerqué más a ella, mi cara quedó presionada entre sus glúteos. Lo único que podía hacer era esperar.

Abre bien la boca perro asqueroso.

Un sonoro peo salió de su culo llenando mi boca y mi nariz. Era repugnante pero me hacía feliz de pensar que estaba obedeciendo las órdenes de mi Señora.

¿Te ha gustado cerdo?

A este le sucedieron varios más. Lo tragaba todo oliéndolos todos. Me separé un momento para tomar aire. Lo necesitaba antes de volver a colocarme entre sus glúteos.

¿Qué haces perro? ¿Quien te ha permitido sepárate?

Volví a colocarme de nuevo entre sus glúteos. Mientras Ella intercambiaba su saliva con Carmen dándole unos besos que le comían su boca. Así estaba cuando otro sonoro peo escapó de su culo. Esta vez algo cremoso y espeso impregnó mis labios. Ese sonoro peo vino acompañado de su caca maloliente y espesa.

¡Tómalo todo!, si te portas bien te daré más.

Su ano comenzó a contraerse con fuerza apareciendo un zurullo duro de caca.

Ahí tienes más, perro. Aprovecha lo que te doy y no desperdicies nada.

Claudia seguía masturbando a Carmen de una forma cada vez más intensa a la vez que realizaba apretones para que saliera por completo de su culo. Se lo dijo a Carmen y eso fue lo que necesitaba para alcanzar el orgasmo.

Carmen has de saber que tu perro está comiéndose mi caca. Su boca está llena de mi.

Oh, oh, si, sigue sigue, ya, ya, siiiiiiiiiiii

Claudia se apartó de encima de Carmen, se giró para verme. Tenía mi boca y mi cara llena de su caca. Con una de sus manos la acercó a mi boca recogiendo varios trozos de su caca que la acercó a la boca de Carmen.

Quiero que pruebes algo mío, cariño. Toma, saborealo.

Mi Señora sin abrir su boca dejó que húngara sus labios con la caca de su mano. Después, y viendo que no habría su boca la besó empujando su lengua entre sus labios y haciendo que un trozo llenara su boca. Siguieron besándose sin cesar. Cuando terminaron se dejaron echar sobre la cama y me pidieron un cigarrillo. Verlas echadas en la cama fumándose un cigarrillo, exhalando el humo de sus bocas a través de sus labios hurtados de la caca de Claudia era una visión súper excitante y morboso. Mi boca aún tenía restos de la caca de Claudia. Con mi saliva intentaba tragar y limpiar mi boca. Mi polla encerrada en la jaula estaba quedando aprisionada por ella y a pesar del dolor que me producía mi erección no disminuía.

Perro vete al aseo y nos esperas. Aún tienes tareas que hacer.

Me marché al aseo como me habían ordenado y les esperé. Cogidas de la mano llegaron. Carmen se sentó y Claudia se apoyó en sus piernas dejando su culo sucio expuesto.

Ya sabes lo que tienes que hacer, perro. ¡Vamos!

Con mis manos separé sus glúteos y comencé a pasar mi lengua por su ano limpiando los restos de excremento que aún quedaban pegados a su piel. Mientras lo hacía Claudia cogió con sus manos los enormes pechos de Carmen llevándoselos a su boca para chuparlos y mordiendo muy suave sus gruesos pezones.

Claudia, si sigues así vas a hacer que me corra nuevamente.

Eso quiero, cariño.

Muérdelos más fuerte, creo que me está llegando. Sigue así.

Las colillas llenas de caca cayeron al suelo mientras terminaba yo de limpiarla. Un bofetón de Claudia me hizo cesar en mi tarea. Ellas siguieron besándose y acariciándose hasta que de nuevo unos gemidos fuertes estallaron de sus bocas.

Muy bien perro ahora nos vas a duchar. Ayúdanos a desvestirnos ahora.

Se metieron en la ducha desnudas las dos. Sus cuerpos obesos me excitaban. Se metieron en la ducha y yo con una esponja fui recorriendo sus cuerpos lavándolas. Después una a una las sequé con la toalla que me permitieron sentir sus cuerpos aunque fuera a través de la toalla. Mi excitación no cesaba y el dolor cada vez era mayor. Salieron del aseo y en el dormitorio las vestí para después irse al porche.

Encárgate de dejarlo todo bien limpio y cuando termines te esperamos en el porche.

Me quedé en el aseo fregándolo todo y perfumándolo. Después cambié la ropa de cama y me fui a la cocina a poner una lavadora.

¿Qué haces, perro?, ¿porqué tardas tanto?

Me di prisa ya que no quería hacerles esperar. Al llegar permanecí en el suelo entre ellas que nuevamente se habían encendido un cigarrillo.

¿Qué le ocurre a tu pollita? Veo que está muy gorda.

Claudia estiró su pie y me pisó la jaula agudizando el dolor por lo hinchada que estaba.

Esto tendremos que corregirlo, ¿no te parece Carmen?

Por supuesto. Perro, levántate y ofrécenos tu polla.

Me levanté y con mis manos cogí la jaula presentándosela.

Es toda suya.

Por supuesto que nos pertenece. Tuyo ya no es nada.

Carmen se levantó, se marchó del porche y al volver vi que traía las dos palas que habían utilizado en el juego anterior. Le dio una a Claudia.

Toma cariño.

Me gustas mucho Carmen.

Diciendo esto levantaron sus manos para iniciar unos azotes con sus paletas. Mis manos recogían mis genitales por debajo para presentárselos. Disfrutaban mientras fumaban azotando una y otra vez mi polla enjaulada. Cuando se cansaron me ordenaron abrir mi boca.

Abre la boca.

Con mi boca abierta cada una de ellas me escupieron en ella para después apagar el cigarrillo y ordenar que la tragara.

Me gusta que contribuya a la limpieza de la casa. Te he de confesar que tienes un buen perro.

¿Quieres tomar algo, Claudia?

Si, algo fresquito.

Perro sírvenos un gym tonic a las dos.

Mientras estaba en la cocina preparándoles su bebida las escuché hablar:

¿Qué tal estás Claudia?, ¿te has sentido bien?

Si Carmen, muy bien. Hacía tiempo que no lo hacía tanto y eso te lo debo a ti. ¿Cuando tienes pensado hacer una reunión?. Con este perro creo que lo vamos a pasar en grande.

Pues he pensado hacerla la semana que viene. Ya os llamaré.

Me presenté ante ellas y les serví sus copas. Después seguí contemplándolas allí sentadas y yo en el suelo a sus pies. Mi polla había disminuido su tamaño ya que en la cocina había puesto unos hielos sobre la jaula que hicieron que mi erección bajará considerablemente, aliviando el dolor de mi polla.

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