Un anuncio cambió mi vida (3)
Carmen no le dio opciones, solo órdenes. Desde el porche hasta el sótano, cada rincón de su casa se convirtió en un escenario para su degradación. Ahora, con una jaula de metal aprisionando su virilidad y el olor de su amiga Claudia en el aire, el protagonista comprende que su vida anterior ha terminado para siempre.
Un anuncio cambio mi vida (3)
Yo estaba con mucha necesidad por correrme. Ella me excitaba muchísimo, aunque no estuviera desnuda.
¿Necesitas correrte?
Si mi Señora.
Pues tienes que aprender a aguantar esas ganas. Si te parece puedo ayudarte, iremos a comprar una jaula de castidad para que lo lleves mejor. ¡Ay mi perrito!
Me tenía echado en el suelo en el porche a sus pies. Se descalzó y los puso sobre mi cuerpo.
Que seas mi alfombra me encanta. Échate completamente.
Mientras fumaba echaba la ceniza sobre mi cuerpo y la restregaba con sus pies por m cuerpo.
Me has dicho que no tienes límites, ¿de verdad?
Si mi Señora, de verdad.
Tendré que comprobarlo poco a poco. Me ha gustado que te dediques a mi aseo íntimo. Lo has hecho con mucha delicadeza.
Gracias mi Señora Carmen.
Abre la boca que se me va a caer la ceniza.
Echado en el suelo y con sus pies sobre mi solo pude abrir mi boca y esperar. La ceniza cayó en mi boca dándole las gracias por ello.
Que te parece si salimos a comprar esa jaula para tu pollita?
Encantado.
De esa manera evitaremos cualquier atisbo de intento por tu parte.
Se levantó y fuimos a su dormitorio. Allí la desnudé.
Primero mis axilas que las tengo muy sudadas.
Acerqué mi boca y con mi lengua fui lamiéndole el sudor de sus axilas que era abundante. Un sudor salado y caliente.
Ahora vamos al baño para mi aseo íntimo.
Entreabrió sus piernas y con sus manos separó los labios gruesos de su coño para así facilitarme que la aseara. Estaban chorreando de sudor mezclado con restos de orina. Para mí era un manjar saborearlo. Pero cuál fue mi sorpresa cuando al terminar se giró poniéndose de espaldas a mi.
Huélelo y dime si está limpio.
Con mis manos separé sus glúteos pegando mi nariz a su orificio anal. Realmente olía bien pero no quise desaprovechar la ocasión.
No está muy limpio mi Señora.
Pues ya sabes lo que has de hacer.
Volví a pegar mi boca a su culo y saqué mi lengua para lamérselo todo. Pasaba mi lengua mojada en mi saliva de abajo a arriba.
Comprueba cómo está mi ano por dentro. Aún no he hecho mis necesidades esta mañana.
La punta de mi lengua se abrió paso entre los pliegues de su culo y la introduje en su interior.
Más dentro, no quiero que queden restos.
Estando con mi lengua moviéndola en su interior expulsó una ventosidad muy fuerte y ruidosa que trague entera.
Perdona, tendría que haberte avisado. ¿Te ha gustado su olor? Espero que si, pues me has dicho que no tienes límites.
Si, mucho.
Sigue así. ¿Quieres más?
Por favor, si mi Señora.
Se inclinó hacia adelante y de nuevo un sonido fuerte fue el anticipo de una nueva ventosidad. Esta vez vino acompañada de algo de excremento.
Se me ha escapado, no lo he podido evitar. Tu lengua ha tenido la culpa, ja, ja, ja. ¿Te gustaría saborearla?, es de tu Ama Carmen.
Si mi Señora.
Con sus manos separó sus glúteos dejando ver una masa marrón oscura y maloliente. Acerqué mi cara y comencé a tomarla. Nunca antes lo había hecho. Mi lengua no cesaba de lamer y ayudar a recoger su caca para llevarla a mi boca. Su sabor era acre, amargo, caliente y a veces con trozos del almuerzo que había tomado aún sin digerir y que debía masticarlos.
¿Has terminado?
Si mi Señora.
Voy a ver qué tal lo has hecho. Dame un poco de papel higiénico.
No entendía que pretendía pidiéndome el papel higiénico. Se lo di y lo paso por su culo varias veces. Después lo miro y me echó una sonrisa.
L has hecho muy bien. Mira cómo está el papel, limpio. Así me gusta. Desde ahora te encargarás de mi aseo personal siempre. ¿Te ha gustado el sabor de mi caca, perro?
Mucho mi Señora sabía a Usted.
Ja, ja, ja, ¿sabía a mí?, ja, ja, ja. Como premio lo tendrás a partir de ahora siempre.
Gracias, gracias mi Señora.
Era tal mi alegría que arrodillado como estaba me agaché a besarle sus pies.
Ya está bien mi perrito. Ahora vísteme y cambia la ropa de cama y las toallas. Pones una lavadora y después te preparas tú para salir a comprar lo que te he dicho.
La vestí con un vestido vaporoso blanco y le calce unas sandalias de tacón bajo. Después me vestí yo.
Cuando estuve preparado me presenté ante ella que me esperaba en el porche fumándose un cigarrillo. Al verme me miró sorprendida.
¿Por qué te has quitado el collar?, ¿acaso te he dado yo permiso para hacerlo?
No mi Señora. Pensé que si íbamos a salir me lo debía de quitar.
¿Acaso te avergüenzas de llevarlo?. ¡Acércate, perro!
Su mano grande cruzó mi cara varias veces dejándome marcados sus dedos.
Que sea la última vez que haces algo sin pedirme permiso. Ahora póntelo y salgamos. Cuando volvamos recibirás el correctivo que mereces.
Salimos de la casa, yo con el collar en mi cuello y fuimos a un sex shop que ella conocía. Era la primera vez que dejaba ver yo mi condición llevando ella conocía collar en mi cuello. Al llegar bajé del coche, le abrí la puerta y la ayudé a bajar. Su gesto no era el de siempre sino de enfado y decepción.
¡Vamos, has de ir tras de mí siempre!
Entramos y saludó a la mujer que había allí con dos besos. Se notaba que se conocían de antes.
Hola Carmen, ¿qué deseas?
Pues quiero una jaula de castidad para este perro que es un salido.
Las palabras hicieron que me sonrojara de vergüenza y que agachara la cabeza.
Bien, te enseñaré varios modelos. Los tengo metálicos o de silicona. Si es para largo tiempo te aconsejo los de silicona pero si es para determinados momentos los metálicos van muy bien.
Enséñamelos, por favor Irene.
Fuimos a la zona donde estaban todos los modelos. Allí le preguntó a mi Señora por el tamaño.
Pues…… ¡enséñasela, perro!
Aquello me desconcertó por completo. Me ordenaba que le enseñara mi polla a una desconocida y en público.
¡No me has oído!, vamos. No tengo toda la mañana joder.
Viendo lo enojada que estaba me desabroché el pantalón y bajándome el calzoncillo le mostré mi polla. Ella la cogió con su mano y le dijo la talla que sería la adecuada para mí.
Carmen está es la medida. Ahora has de decidir el material. También te diré que me han llegado unos que mediante una aplicación del móvil puedes hacer que vibren.
Me gusta.
Esos con vibración solo pueden ser metálicos.
Bien pues me llevaré ese que tiene la vibración.
Fuimos al mostrador y antes de pagar le pidió un látigo de tiras de cuero corto. Su amigo fue a traerle uno a ver si le gustaba.
Este está muy bien. Es de cuero auténtico y va trenzado hasta las puntas. Su tamaño es muy manejable.
Mi Señora lo tomó y agitándolo en el aire le encantó su sonido.
Este creo que te va a gustar, mi perro.
Me mandó pagar y tras despedirnos mi Señora le recordó que esta semana, el miércoles habían quedado en reunirse. Al llegar al coche, le abrí la puerta, la acomodé y marchamos de nuevo a casa. Al llegar fuimos directamente a su dormitorio. La desvestí y me dijo que le trajera del armario un corsé negro de cuero y unas botas altas de tacón muy fino. Tras vestirla me impresionó verla.
Bien, desnúdate que vamos a ir al sótano. ¿No querías ver el sótano?
Sin decir nada abrió la puerta y bajamos las escaleras. Al encender la luz quedé sorprendido. Además de unos sillones, una barra de bar Y todo iluminado con unas luces muy tenues había todo tipo de artilugios propios de sesiones femdom. Una cruz, una camilla con correas para inmovilizar, todo tipo de látigos, fustas y palas, mordazas, antifaces, capuchas para quitar la visión, etc. Todo me pareció por un lado fantástico pero por otro solo de pensar lo que me podía esperar, ya me empezaron los nervios y a sudar.
Aquí es donde hacemos las reuniones con mis amigos que ya te conté. Lo pasamos muy bien. Hasta ahora solíamos contratar los servicios de un sumiso y una sumisa pero gracias a que te tengo a ti ya no hará falta. Ahora ven aquí.
Me hizo tumbar sobre la camilla. Unas abrazaderas en pies y manos sirvieron para inmovilizarme en ella. Estaba totalmente desnudo. Me colocó la jaula de castidad que habíamos comprado y cogió de la pared una máscara que colocó en mi cabeza y que solo disponía de un orificio para la nariz y otro para la boca.
Bien, ¿estás cómodo?
Solo el humo de su cigarrillo es lo que me mantenía en contacto con el exterior. El sonido de sus tacones andando a mi alrededor. Ahora, sin poder verla, la imaginaba tan sensual con su vestimenta y sus botas altas con es tacón fino y estando a su entera disposición sin opción a moverme. A veces la sentía cerca, otras lejana. Solo el humo de su cigarrillo al salir de su boca caliente y envolverme me hacía desearla más y más.
Aún no lo he decidido, estoy pensando qué hacer para corregir tus olvidos.
Mientras se dirigía a mi los nervios iban en aumento. Las tiras del látigo recorrían mi cuerpo de abajo a arriba muy despacio.
¿Te gusta su tacto? Te ha de gustar porque quiero que las sientas muy bien.
Ahora el látigo dejó de deslizarse por mi cuerpo para sin esperarlo caer sobre mí y dejar su marca en mi piel.
No creo que merezcas volver a sentirlo.
Ahora eran sus manos las que atrapando mis pezones los retorcían y estiraban sin piedad.
Ni se te ocurra quejarte, ¿me has oído?.
Cada vez mis pezones sufrían más sus deseos. Estuvo un buen rato así. Cuando los soltó el dolor se hizo insufrible.
Si te duelen puedo calmarte ese dolor.
Oí como encendía otro cigarrillo y tras llenar mi boca de humo sentí un calor extraño en uno de mis pezones. Deduje que su cigarrillo estaba muy cerca del pezón. No lo apartó sino que con el cigarrillo pegado a mi pezón le dio una calada para encenderlo aún más.
¿Se te ha calmado?, espero que así sea. Ahora voy a aliviarte el otro.
De nuevo repitió su tortura con el otro pezón. Se reía y me insultaba por lo que a Ella le parecía algo imperdonable.
No creo que vuelvas a olvidar nada más.
Ahora me quitó la máscara dejándome verla. Su cara me daba a entender la felicidad que llenaba su mente. Me miraba, sonreía y andaba a mi alrededor fumándose el cigarrillo.
Antes de soltarme de la camilla cogió la jaula de castidad y me la puso en la polla. Apretaba bien tanto mi polla como mis huevos. Al separarse de mí me mostró una especie de mando a distancia muy pequeño que al accionarlo provocó una vibración.
Me gusta lo que hace, ¿y a ti, mi perro?
Si mi Señora, a mí también.
Bueno espero que te sirva para estar más atento la próxima vez.
Sentada y fumándose otro cigarrillo se dedicó a jugar con el mando, provocando unas vibraciones muy fuertes que alternaba con otras menos intensas. Se reía y se sentía no solo poderosa sino contenta de tenerme como algo de su propiedad.
Ja, ja, ja, qué maravilla es esto que hemos comprado. No sabrás nunca lo que te espera. Todo lo sentirás a mi capricho. ¿Te gusta?
Si mi Señora.
Bien, ahora voy a soltar tus amarres y subiremos arriba. Me apetece un café.
Me soltó aunque la jaula siguió puesta en su sitio, aprisionando tanto mi polla como mis testículos. Me costaba un poco andar ya que la jaula al ser rígida rozaba mis piernas. Fui a prepararle un café mientras Ella aún con su vestimenta me esperaba en el porche sentada.
Aquí tiene mi Señora.
Muy bien. ¿Qué tal vas con eso?
Tendré que acostumbrarme a llevarlo puesto. Pero le aseguro que es un placer sentir mi dependencia a Usted.
Me eché al suelo para besarle sus pies. Ella se descalzo para ofrecérmelos.
Así has de estar siempre, a mis pies, deseoso de que te use y te permita que me sirvas. ¿No es así?
Así es, lleva Usted toda la razón. Sin Usted no soy nada.
En eso llevas toda la razón, no eres nada solo mi objeto para que te use a mi capricho.
Acaricio mi cabeza dejando caer su saliva sobre mi cara.
Ahí tienes, tómala, es de tu Dueña.
Gracias.
¿Quieres algo más, mi perro?
Todo lo que Usted me dé es para mi algo que nunca sabré agradecérselo. Todo está muy sabroso.
Muy bien te acostumbraré a tomar todo de mí y a través de mi. Me gustas. Ve y prepara el almuerzo.
Me levanté y me fui a la cocina. Debía preparar algo que estuviera sabroso para mi Señora.
Su almuerzo está preparado. Cuando lo desee puede almorzar.
Le ofrecí la correa de mi collar para acompañarle al comedor. Iba, como siempre, tras de ella. Le separé la silla para que se sentara.
Hoy quiero que me des tu de comer.
Ahora de pie fui dándole su comida que cuando le apetecía me lo escupía en mi boca después de masticarlo.
Abre la boca que te dé también de comer.
Escupió parte de su comida masticada en mi boca. Así estaba cuando sonó su teléfono.
Pásamelo. Hola Claudia, ¿qué tal?. Dime cariño.
Después de hablar y terminar su almuerzo se levantó para irnos a su dormitorio.
Voy a echarme un rato. Tú ya sabes dónde tienes que ir.
La puerta de la celda se había abierto para mí. Fui hacia la celda, entré en ella y la puerta de nuevo se cerró.
Me ha llamado Claudia, que quiere venir esta noche a casa. Lo vamos a pasar muy bien. Es una amiga mía con la que me relaciono desde hace mucho tiempo. Siempre disfrutamos mucho las dos juntas.
Pasadas unas horas vi cómo se desperezaba sobre la cama.
Hola mi perro. ¿Has descansado? Tengo que ir al aseo.
La puerta de mi celda se abrió para que saliera y la acompañara. A cuatro patas le seguí colocándome echado en el suelo mientras ella bajaba sus bragas para orinar. Lo que me esperaba es que iba a orinar directamente en mi boca.
Procura no manchar el suelo. Abre bien la boca.
Con mi boca abierta posé mis manos en sus muslos y pegué mi boca a su coño esperando recibir su orina. Varios chorros de orina caliente fueron llenando mi boca.
Ve tragando que tengo mucha.
Eso tuve que hacer para tragarlo todo. Su orina estaba muy caliente y con un sabor muy fuerte.
Ahora límpiame.
Pasé mi lengua por los labios de su coño recogiendo los restos de orina que le quedaban. Se levantó para llevarme con ella. Ya en el porche se encendió un cigarrillo y me habló de Claudia.
Has de saber que Claudia es mi más íntima amiga desde hace muchos años. Las dos sabemos todo de la otra. Esto quiere decir que la tratarás y obedecerás como lo haces conmigo. Le encanta jugar. Siempre trae nuevas ideas para jugar y pasarlo muy bien las dos. Quiero que te pongas unas braguitas de encaje negro que le encantan. Con ellas estarás todo el tiempo ante nosotras salvo que Claudia disponga algo diferente para ti.
Así será mi Señora. Puede estar tranquila, no le defraudaré.
Eso espero. Ya sabes lo que te puede ocurrir. ¿ Lo has experimentado ya, verdad?.
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- Relato #239180— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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