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Dominaciónago 2025

Un anuncio cambió mi vida (2)

Luis no solo obedeció; se entregó por completo. Cuando Carmen le colocó el collar y lo encerró en la jaula, supo que su vida anterior había terminado. Ahora, su único propósito es complacerla, incluso si eso significa convertirse en su juguete más humillado.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

No me conforme con su respuesta pero consideré que no debía seguir preguntando.

¿Te gustan los perros?

Me gusta verlos pero no tener uno.

Bien lo tendré en cuenta. Ahora quiero que vayas a la cocina y prepares el almuerzo.

Marché y me dispuse a preparar algo para almorzar. Desde la cocina la podía ver echada en el sillón y fumando su cigarrillo. Me gustaba verla exhalar el humo de su boca. Lo hacía de forma lenta, con su boca a penas abierta. Hubiera dado lo que fuera por haber podido postrarme a sus pies, abrir mi boca y recibirlo.

¿Qué estás preparando, mi Luis?

Antes de poder contestar su mano se posó sobre mi culo, palpándolo de forma suave.

Tienes un culo hermoso. Déjame verlo.

Ahora llevo el cigarrillo a su boca dejándolo entre sus labios para liberar sus manos y deslizar mi pantalón un poco hacia abajo y mirarlo.

Realmente un culo precioso. ¿Tu culo es virgen?

Pues si se refiere a si he tenido relaciones con penetración anal, no.

Y, ¿tú solo?

Me ruboricé ante su pregunta.

No te avergüences, no me voy a asustar si lo has hecho. ¿Cuéntame cómo lo has hecho?

Mientras hablaba su mano recorría mi culo acariciándolo y apretándolo con sus dedos, dándome pequeños pellizcos.

Pues si, algunas veces me he penetrado mi culo a la vez que me masturbaba.

¿Te gustó?

O podía concentrarme en el almuerzo. Mi pensamiento me llevaba a su culo, grande y hermoso.

¿Te estás excitando?, mira como se te está poniendo. Me parece que recordarlo te excita mucho.

No sabia qué responder. ¿Me estaba provocando?, ¿qué pretendía?, si por mi fuera me giraría y abrazando su cuerpo la desnudaría y la penetraría.

Así no podré seguir preparando el almuerzo.

Pues tendrás que acostumbrarte a realizar tus tareas recibiendo mis caricias.

Ahora sus pellizcos eran más intensos. Sus dedos apretaban mis glúteos y los pellizcaba una y otra vez.

Me gusta tu culo, mi Luis. ¿Te agrada?

Si, mucho.

Sus manos se deslizaron por entre mi calzoncillo avanzando hacia adelante buscando mi polla que presentaba ya una erección considerable.

¡Guau!, que me encuentro aquí. La tienes muy gorda, como a mí me gusta.

Una de sus manos atrapó mis huevos apretándolos y la otra se apoderó del tronco de mi polla deslizándose muy despacio arriba y abajo.

¿Se da cuenta de lo que me está haciendo, mi Señora?.

Claro que sí. Hago lo que me apetece hacer, por algo eres mío. Tu me dijiste que harías todo lo que yo te pidiera. ¿Has cambiado de opinión?

Ahora su mano iba retorciendo y estirando mis huevos y con su otra mano iba acelerando sus movimientos.

- No mi Señora. Le pertenezco por entero.

Así me gusta, que lo tengas muy claro. ¡Te estás corriendo?, no te he dado permiso para hacerlo.

No mi Señora aún no. Solo es el líquido previo a hacerlo.

A ver si es verdad.

La mano que se encargaba de mi polla la dejó suelta y sacándola la llevó junto a mi boca mientras con la otra los retorcía más y más haciendo que me fuera agachando y arrodillándome ante Ella.

Me gusta su sabor. Toma y pruébalo tú.

Tras sacar su mano de su boca la puso sobre mis labios.

Chupa mi mano, mi Luis.

Introdujo sus dedos chorreantes del líquido preseminal mezclado con su saliva dentro de mi boca. Los chupé con ansias. Sus dedos gruesos llenaban mi boca.

Sigue chupándome.

Ahora sus dedos entraban y salían de mi boca como si estuviera masturbándome.

Muy bien. Seguro que haces muy bien las mamadas.

Sacó la mano de mi boca y también la que retorcía mis huevos.

Puedes seguir con el almuerzo. Voy a fumarme un cigarro.

Se marchó dejándome en la cocina todo excitado y sin correrme. Ella recostada en el sillón daba caladas a su cigarrillo y me miraba sonriendo. Sabía perfectamente que me estaba provocando. Seguramente quería comprobar mi obediencia por lo que no cesó en sus acciones. Ahora se había remangado su bata dejando entrever sus muslos y dejando salir el humo de su boca de una forma muy lenta y pausada. Aquello hacía que mi polla estuviera a punto de correrse, me costaba mucho contenerme.

Luis, ¿te queda mucho?

No mi Señora, ya termino.

Preparé la mesa para el almuerzo y me acerqué a Ella, le di la mano, la acompañé y retirando la silla se sentó.

Sírveme.

Le serví su almuerzo y cuando me iba a sentar para hacerlo yo…..

Me gusta que cuando almuerce te quedes de pie a mi lado por si necesito algo. Cuando yo termine podrás hacerlo tú. ¿Te parece bien?

Mi opinión no importa, solo atiendo y obedezco sus deseos mi Señora Carmen.

Me gusta tu respuesta. Por cierto está todo muy bueno.

Cuando terminó de almorzar le acerqué el paquete de tabaco, le encendí un cigarro y esperé.

Se que estará algo frío tu almuerzo pero así será siempre.

Me senté para tomar mi comida. Estando comiendo se levantó y se puso de pie a mi lado fumándose el cigarro.

¿Desea algo mi Señora?

No, me gusta verte comer.

Diciendo esto dio una calada a su cigarro y lo colocó sobre mi plato echando la ceniza en él.

¿No dices nada?

Solo puedo darle las gracias por darle más sabor a mi comida.

Creo que debemos hablar y aclarar más las cosas. De nada sirve seguir sin tener muy clara nuestra posición en esta relación que estamos iniciando. ¡Termina y lo recoges todo! Te espero en el porche.

Terminé de almorzar, lo recogí todo y cuando terminé de limpiarlo todo, fui al salón, la miré y esperé.

Ponte ahí y hablemos.

Me arrodille aunque no me lo dijo y esperé. Se encendió un cigarrillo y comenzó a hablar.

Como habrás visto en este poco tiempo que llevas aquí has conseguido que me gustes mucho. No solo me has atendido en todo sino que has aceptado de buen grado todo lo que te he pedido. ¿Qué opinas de que te dirijas a mí como tu Señora Carmen?, ¿sabes qué significa ese tratamiento?

Pues yo estoy encantado con Usted, me tiene ansioso por conocer más de Usted y así poder servirla mejor y como solo Usted se merece.

Has dicho “servirme”. Te atrae ser mi criado y mi…….

Si mi Señora. Me hace sentir muy bien al tratarme como su criado.

Además de mi criado, ¿te gustaría alcanzar ser algo más para mí y que te trate como tal?

¿Quiere que le sea sincero?

Claro.

Mi aspiración es ser su sumiso, incluso llegar a ser su esclavo.

¡Guaaaaauuuuuu! ¿De verdad?

Si mi Señora.

Pues yo también te voy a ser sincera. Cuando me he acercado antes a la cocina y te he acariciado de esa forma tan diferente además de no permitirte que alcanzaras tu orgasmo era una forma de saber yo tu condición. Y me ha gustado y hasta excitado tu respuesta callada y obediente para complacerme.

Aunque no le he manifestado mi condición hasta este momento he querido con mi respuesta dársela a entender.

Así lo he entendido yo pero quería oír de tu boca tu condición y deseo de ser mi sumiso, con todo lo que ello implica. ¿Tienes algún tipo de límite?

Pues no, mi entrega, obediencia y servicio a Usted será total si me acepta.

De verdad que no tienes límite alguno. Te diré que mis deseos lo abarcan todo y cuando digo todo es todo, hasta lo que probablemente nunca has llegado a imaginar.

Se lo aseguro y así deseo demostrárselo a Usted.

Tu posición me encanta y así estarás siempre ante mi, ¿entendido? Háblame de tus gustos y deseos.

Pues me atrae mucho el servirle y en obedecer cualquier orden suya. El ser humillado por Usted siendo tratado como un vulgar esclavo, como un perro de su propiedad.

Que más, sigue.

En cuanto a prácticas las acepto todas, látigo, fusta, pala, pinzas, jaula de castidad, privación sensorial, ser usado como cenicero, saliva, bofetones, uso de collar y correa, atender su aseo personal incluyendo su coño y su culo, sus pies sus axilas, todo tipo de fluidos suyos, comer sus sobras en cualquier forma, y……. No se que más decirle.

Aceptas prácticas extremas como marcas en tu cuerpo, lluvia tanto dorada como marrón, enjaulamiento, atender a mis invitados en todo lo que deseen.

Si mi Señora Carmen. También.

Pues lo tienes todo. No sé qué más proponer. Ahora solo queda demostrármelo, ¿no te parece?

Estoy ya dispuesto a ello.

Bueno solo me queda saber algo más. ¿Aceptarías servir en todos los aspectos y digo en todos los aspectos a mis invitados, sean hombres o mujeres?

Si su deseo es ese y así me lo ordena Usted le complacería totalmente.

Pues aclaradas las cosas te diré que desde este momento te acepto como perro y esclavo mío en propiedad. Enciéndeme un cigarro, esclavo. Así me dirigiré a ti siempre, incluso con mis invitados presentes.

Será un honor para mí, se lo aseguro.

Dándole una calada al cigarrillo exhaló el humo en mi cara, se levantó y se marchó del salón dejándome arrodillado.

Permanece ahí, ahora vuelvo.

Cuando volvió traía en sus manos un collar ancho de perro y una correa de cuero. Se sentó y con su mano me hizo agachar mi cabeza.

Desde ahora tu vida está en mis manos y con este collar alrededor de tu cuello te marco como un perro de mi propiedad.

Colocó el collar alrededor de mi cuello, lo ajustó y lo abrochó enganchando la correa a él.

Vamos a ver qué tal te mueves, mi perro.

Se levantó y con la correa en una mano y el cigarro en la otra me llevó de paseo por toda la casa. De vez en cuando dejaba caer la ceniza al suelo y se paraba mirándome. No hacía falta que me dijera lo que tenía que hacer, agachaba mi cabeza y con mi lengua la recogía para introducirla en mi boca.

Así me gusta, serás un buen perro.

Terminamos de pasear…….

Ven, vamos al baño tengo ganas de orinar.

Ya en el baño se sentó en el wc y dejó salir varios chorros de orina. Cuando terminó se echó hacia adelante dejando su coño fuera del wc. Con su dedo lo señaló sin más.

Gracias mi Señora.

Arrodillado me puse a cuatro patas, acerqué mi cara para situarla entre sus piernas que fue separando conforme me acercaba. Antes de lamérselo me gustó pegar mi nariz y olerlo. El olor a orina mezclado con su sudor me gustaba y me excitaba.

¿Te gusta como huele?, aspíralo fuerte, quiero que te acostumbres a mis olores.

Tras olerlo pegué mi boca dejando que mojara toda mi cara. Sus manos las posó sobre mi cabeza y presionó para que lo chupara.

Usa tu lengua para limpiarme, perro.

Mi lengua recorrió sus labios recogiendo los restos de orina aún caliente. Me encantaba su sabor caliente y ácido.

Ya basta, que veo lo que te gusta.

Se levantó y me ordenó tirar de la cisterna antes de salir. Ver sus orines en el wc me excitó sobremanera. Me detuve un momento antes de tirar de la cisterna.

¿Qué haces?, ¿porque tardas tanto?, vamos.

Dio un tirón a la correa y salimos del baño.

A partir de hoy serás mi papel higiénico cada vez que vaya al baño. ¿Entendido?

Si mi Señora.

Sentados en el porche volvimos a charlar.

¿Te das cuenta en que se va a convertir tu vida?, vas a dejar de ser tu y te convertirás en un objeto de mi propiedad, en mi perro. Ahora entenderás para que tengo esa celda en mi dormitorio cuando te dije que pronto tendría un perro. Esa será tu habitación cada noche o cuando tenga que salir. El mando para abrir o cerrar lo tendré yo y solo yo, seré quien disponga que estés dentro o fuera de ella.

Gracias mi Señora por sus atenciones conmigo.

Vamos al dormitorio, quiero probar la celda.

Fuimos al dormitorio llevándome a cuatro patas por el pasillo tirando de la correa de mi collar.

Mira, se acaba de abrir la puerta. Ya sabes lo que tienes que hacer, mi perro.

Tiro de la correa acercándome a la celda y entré en ella. Había puesto una colchoneta en el suelo de esas para perros. Una vez dentro cerró la puerta y se sentó en la cama encendiéndose un cigarro.

Me gusta verte ahí. Quiero añadirle a la celda unas abrazaderas en las que esposarte cuando me apetezca. Si ves en la parte de abajo hay como un hueco que es para que puedas introducir tu cabeza y servirme desde ahí dentro.

Sus bocanadas de humo iban directas a mi cara.

Te estoy convirtiendo en un auténtico perro, mi perro.

Allí encerrado mi Señora se levantó de la cama desnudándose y moviéndose por la habitación.

Mírame. ¿Te gusta mi cuerpo?

Mucho mi Señora.

Disfruta viéndome, tu excitación me hace sentirme muy bien.

Mientras andaba daba caladas al cigarrillo y con su otra mano se acariciaba sus pechos, apretándolos y dejando caer saliva en ellos para impregnarlos con ella. Se acercó a los barrotes de mi celda introduciendo sus pechos por ellos.

¿Te gustan mis pechos? Veo por cómo crece tu polla que mucho pero no tienes permiso para acariciarlos, solo podrás mirarlos. Ja, ja, ja.

Mi polla estaba erecta y muy gorda. El líquido preseminal embadurnó todo mi glande. No podía tocarme.

¿Te gustaría masturbarte? Pues no tienes mi permiso. Sigue mirándome.

Se echó en la cama, flexionó sus piernas y las abrió dejándome ver su coño húmedo y brillante. De un cajón de su mesita tomó un vibrador que chupó con su boca llenándolo de saliva para después frotarlo por sus labios. Su excitación era brutal haciendo que el vibrador la penetrara. Sus gemidos iban en aumento.

Mi perro, mira como gozo viéndote. Ya sabes que no puedes tocarte. Mira como entra y sale esta polla de mi coño.

Ahora sus gemidos eran fuertes, su mano le hacía penetrar cada vez más rápido, estaba alcanzando un orgasmo. Ya exhausta extrajo el vibrador de su coño y pulso el mando para que se abriera la puerta de mi celda.

Acércate, quiero que lo limpies.

Al lado de la cama me situé abriendo mi boca. Lo introdujo en ella y comencé a chuparlo. Estaba todo lleno de un flujo blanquecino y espeso. Su sabor no me desagradó. Seguí chupándolo hasta que dispuso extraerlo de mi boca y guardarlo de nuevo en el cajón de su mesita.

Bueno, que gustazo es verte ahí encerrado ardiendo de deseo al verme. Como perro que eres me debes obediencia, ¿verdad?

Si mi Ama Carmen.

Vayamos al porche. No hay nada más gozoso que fumarse un cigarro después de un orgasmo.

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