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Dominaciónago 2025

Un anuncio cambió mi vida (1)

Luis siempre supo que estaba hecho para servir, pero el anuncio de Carmen prometía algo más que obediencia: una entrega total, 24 horas al día. Al cruzar el umbral de su casa, el juego comienza, y la línea entre ser un asistente y ser una posesión se desdibuja con cada beso en sus pies.

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Hola, me presentaré soy un hombre de cincuenta y cinco años al que le gusta navegar por internet y conocer más a fondo lo que suponen las relaciones Ds.

De siempre me han atraído las mujeres maduras, fumadoras y de carácter dominante.

Aquel día viendo anuncios ninguno me atrajo hasta que hubo uno que llamó mi atención y que decía “Soy una mujer madura de sesenta y cinco años, algo rellenita, pelo corto y negro, viviendo sola. Busco hombre entre cincuenta y sesenta años que atienda todas mis necesidades domésticas, con disponibilidad de horario, formal, responsable y con coche. Posibilidad de dedicación 24/7 si hay satisfacción por mi parte”.

Lo que más me atrajo fue no solo su edad sino lo de 24/7. No tenía por qué referirse a una relación D/s pero servirle es algo que me atraía bastante. Decía que vivía en un pueblo algo lejano del mío pero eso no me suponía un problema ya que no había nada ni nadie que me atara a mi lugar de residencia.

Pasaron varios días y yo seguí con mi afición de navegar por internet aunque cada vez que me conectaba buscaba ese anuncio para volver a leerlo. No me atrevía a contactar dada la cantidad de fraude que hay en la red. Sin embargo con el paso de los días llegó el momento en que me decidí ponerme en contacto con ella.

Tardó unos días en contestar pero al fin recibí una respuesta.

Buenos días. Después de leer su anuncio me pongo en contacto con Usted para ofrecerle mis servicios. Me gustaría que antes pudiéramos charlar y conocernos. Me llamo Luis, tengo cincuenta y cinco años, vivo solo y no tendría inconveniente en desplazarme.

Tras mi mensaje pasaron dos días y recibí respuesta: “Hola soy Carmen y me ha gustado su mensaje. Estoy de acuerdo en lo que propone de conocernos antes. Para ello le facilito mi wasaap. Suelo conectarme por la mañana a partir de las nueve. Espero leerle pronto”.

Su mensaje me encantó y al día siguiente sobre las nueve le agregué a mis contactos y abrí el wasaap.

Buenos días Carmen. ¿Está Usted ahí?

Hola Luis, buenos días. Estoy desayunando, ¿tú lo has hecho ya?

Si, acabo de hacerlo.

Bueno, cuéntame cómo eres, lo que te ha atraído de mi anuncio, etc.

Pues tengo cincuenta y cinco años. Se realizar cualquier tarea doméstica adaptándome a las formas en que desea que las realice, dispongo de coche y servir es algo que de siempre me ha atraído. Soy una persona complaciente en todo, me gusta agradar a las personas adaptándome a sus gustos y deseos.

Bueno, lo tienes todo. Me gustas. ¿Vives muy lejos?

La distancia para mí no es un problema. Si llegara el caso de que nos conociéramos sería yo quien se desplazaría.

Bien. Si llegáramos a congeniar, ¿estarías dispuesto a venirte a vivir conmigo?

Si por supuesto. No habría ningún problema por mi parte. Por cierto, me gustaría preguntarle sobre algo que me ha llamado mucho la atención en su anuncio y es eso de 24/7.

Ah si, te lo explico. 24/7 para mí es atención las veinticuatro horas del día y durante todos los días.

Me gusta, de verdad.

¿Eres obediente o te revelas?

Soy un hombre totalmente obediente hasta el punto de que mis gustos y deseos los pongo siempre en segundo lugar con tal de complacer.

Pues eres una joyita, ja, ja, ja. Yo vivo en un chalet a las afueras de la ciudad con mucha privacidad pues no me gusta que me molesten ni que se metan en mi vida personal. Tengo un grupo de amigos y amigas que solemos juntarnos una vez por semana para almorzar o cenar y charlar pues todos compartimos gustos y opiniones.

Muy bien. Me encanta que seas así. Tus amistades serán las mías.

Bueno pues he de confesarte que me has encantado. Podríamos quedar y vernos, ¿si te parece?

Sí claro, tú mandas. Dime cuándo e iré donde me digas.

Guauuuu, me encanta que estés dispuesto para todo lo que te proponga. ¿Eres obediente? Te confesaré que soy muy maniática para algunas cosas.

No ha de preocuparse por eso. Disfruto obedeciendo y me adapto a todo, se lo aseguro.

Está bien te mando la dirección y te espero mañana. Creo que tardarás unas tres horas en llegar. Te espero sobre las una de medio día. ¿Ok?

Ahí estaré. Hasta mañana.

La tarde y la noche la pasé muy nervioso. ¿Sería lo que realmente ando buscando durante tanto tiempo?. No sabía qué preparar, si para un día o más, qué ropa llevar. Se que la primera impresión cuenta mucho. Llegó el amanecer y desayuné rápido para emprender el viaje. Al montar en el coche recibí un mensaje suyo: “¿Has salido ya, te espero con impaciencia. Un beso”. Aquel mensaje hizo que mis nervios aumentaran.

Serían sobre las doce y media cuando entré en la ciudad. Ahora debía encontrar la dirección que me había facilitado. Seguí con el coche y ya en las afueras me desvié a una urbanización de chalets privada con un guardia de seguridad que me detuvo para saber dónde iba. Esperé y cuando de nuevo se acercó a mí me dijo que pasara que la Señora Carmen me estaba esperando. Realmente me sorprendió lo vigilada y privada que era esa urbanización. Debía ser una Señora de una clase alta para vivir allí. Avancé con el coche y paré en la puerta. Me bajé y pulse el interfono. La puerta se abrió y allí estaba Carmen esperándome. Iba vestida con una bata larga negra con dibujos muy lindos y unas sandalias de tacón que la estilizaban.

Hola Luis, encantada de conocerte. ¿Qué tal el viaje?

Muy bien sin problemas. Por cierto te diré que al natural estás mucho más bella que según te describiste.

Carmen era una mujer madura, elegante, con algo de sobrepeso y a mí me cautivó desde que la vi. Saqué mi maleta y la acompañé al interior de la casa. Una casa espectacular, decorada con muy buen gusto, con un jardín enorme y una piscina.

Bueno, cuéntame qué te he parecido. A mí tú me has gustado mucho. ¿Quieres tomar algo?

Pues algo bien fresco ya que hace bastante calor.

Me sirvió un refresco y nos fuimos al jardín, a unos sillones para charlar.

¿Fumas?

Si.

Toma uno. Yo fumo bastante, disfruto fumando. Enciéndeme uno.

Tome un cigarrillo, se lo encendí y se lo pasé. Después tome yo otro y comenzamos a charlar.

Pues te voy a contar lo que realmente busco. Quiero un hombre que realice todas las tareas domésticas: planchar, fregar, lavar la ropa, limpiar la casa, hacer la compra, cocinar y atender mis caprichos, que son muchos. También busco que atiendas a mis invitados cuando vengan en todo lo que deseen, sin excepción. Me dijiste que eras muy obediente y que te adaptarías totalmente a mi. ¿Es así?

Por supuesto. Mi gran sueño es servir a alguien como Usted en todo lo que ordene o precise. En cuanto a sus invitados os atenderé como si fueran Usted. Ya le manifesté que complacerla en todo es mi gran deseo. No pretendo defraudarla en nada. Mi deseo es que se considere una Reina servida por mi.

¡Guauuuu! Qué maravilla. Otro aspecto que seguramente te habrás preguntado es cuanto estoy dispuesta a pagarte. ¿Me equivoco?

Pues……. No se lo va a creer pero en ningún momento me he planteado el tema económico. El simple hecho de que me acepte supone para mí estar bien pagado.

¿De verdad, Luis?

Si, es cierto.

No me lo puedo creer. ¿Me atenderás a mí sin pedir nada más a cambio?

Ya le he dicho que es para mí un privilegio y un honor ser aceptado como su criado. Mi vida estará dedicada a Usted por entero.

Dio una calada a su cigarrillo y el humo de su boca rodeó mi cara, aspirándolo yo por entero.

Estábamos hablando cuando el cigarrillo se cayó de entre sus dedos al suelo.

No se moleste. Lo recojo yo.

Levantándome del sillón me arrodillé a coger el cigarrillo y en ese instante alargó uno de sus pies colocándolo junto a la colilla. La cercanía de sus pie hizo que mi mente viajara a través de mis sueños conteniéndome para no besarlo.

Gracias Luis. Eres muy amable.

Usted no tiene por qué molestarse en nada, para eso me tiene a mí.

Bueno, como verás no hay ceniceros en casa ya que no me agrada el olor de las colillas. Cuando he terminado de fumar lo echo a la basura.

Le dio la última calada y extendió su brazo hacia mi. Rápidamente tome la colilla para echarla a la basura.

Veo que estás pendiente de todo y que solo un gesto mío te basta para hacerlo.

Si, por supuesto. Soy muy detallista y me gusta conocer todos sus deseos para llevarlos a cabo.

Desde luego no pude nunca imaginar que existiera alguien como tú, sobre todo sin pedir nada a cambio.

Yo soy consciente que desde el momento en que me acepte como su criado ya estaré pagado de más. Acércate y dame un beso.

Al levantarme me incliné arrodillado ante Ella y cogiéndome la cara me dio dos besos.

Ahora ven que te muestre tu habitación.

Tras Ella fuimos por un pasillo hasta una habitación. En ella había una cama, un baño interior y un armario. Después me enseñó la casa, su dormitorio, la cocina y demás dependencias.

¿Y esta puerta?

Esa da al sótano, siempre la tengo cerrada y no tienes porque acceder a él.

Realmente me sorprendió su respuesta y su negativa a que pudiera acceder al sótano.

Bueno, cámbiate y tomamos un aperitivo.

Fui a mi habitación, me cambié de ropa y fui al jardín. Allí estaba Carmen fumándose su cigarro.

¡Que guapo estás!, prepara un aperitivo, ya sabes donde está la cocina.

Preparé un vermouth y unas aceitunas y las llevé a la mesa.

Me has adivinado lo que me apetecía. ¿Quieres un cigarro?

Si, bueno.

Ella encendió un cigarro y a mí me dio el que estaba fumando. La boquilla estaba marcada por el carmín de sus labios y muy empapada de su saliva.

¿No te importa fumarte el mío?

No por favor así te saboreo más y me gusta.

¡Ummmmm, que atrevido eres, me gustas!

Tu si que me gustas a mi, de verdad.

Veo que congeniamos muy bien. Por cierto, ¿qué tal se te da el dar masajes?

Bien. ¿Estás fatigada?

Carmen sin responder levantó una de sus piernas sin descalzarse para apoyarla sobre mi muslo.

Ya sabes lo que quiero, ¿verdad?

Sin mediar más palabras sujete su pierna, me levanté y me arrodillé frente a Ella. Tome su sandalia y se la quité no sin antes acercarla a mi cara mientras la miraba esperando su permiso.

Es preciosa tu sandalia.

Hice como si la miraba detenidamente acercándola a mi cara. Pude olerla, el sudor que la llenaba me pareció un manjar.

¿Te gusta? Puedes acercártela más, no me importa que hagas eso que creo que estás deseando hacer.

Sus palabras me bastaron para pegar su sandalia a mi nariz y olerla profundamente. Después pasé mi lengua por toda la planta y volviendo a mirarla Ella dio una calada a su cigarrillo y asintió con su cabeza. Di la vuelta a su sandalia e introduje el tacón en mi boca chupándolo a la vez que lo introducía y lo sacaba de entre mis labios. Ella sonrió al verme.

¡Ya basta! Ahora dedícate a mis pies.

Deje inmediatamente su sandalia y me dediqué a sus pies. Tenía unos pies gruesos, muy sudados. Fui masajeándolo a la vez que tomaba cada uno de sus dedos y los besaba para después introducirlos muy despacio en mi boca y chupárselos.

Me gusta como lo haces Luis.

Gracias Carmen.

Me gustaría que te dirigieras a mí como Señora Carmen.

Así lo haré, Señora Carmen.

Tras masajear su pie, la calcé y repetí todo con su otro pie. Ella mientras echó la cabeza hacia atrás siguiendo fumando su cigarrillo.

¡Que gustazo! Me estás dejando súper relajada.

Carmen se incorporó y acarició mi cabeza con sus manos.

Cada vez me estás gustando más. No te levantes, me gusta verte ahí, en el suelo, a mis pies.

Todo surgió muy rápido y eso me encantó. Le estaba gustando.

¿Te gusta lo que haces?

Mucho Señora Carmen. Es un privilegio para mí el que me permita hacerlo.

Pues ahora vamos a ir dentro para que me des un buen masaje que tengo la espalda muy tensa.

La seguí hasta el dormitorio. Se sentó en la cama y yo me arrodillé para descalzarla. Ahora se levantó y me miró. Al entrar pude ver que en un rincón de su dormitorio había una celda con barrotes de hierro y con la puerta cerrada.

Ayúdame a quitarme la bata.

Me coloqué tras Ella y tomando su bata por los hombros la despojé de ella para que se echara sobre la cama.

Ya puedes empezar. En el baño hay una crema hidratante, utilízala.

Echada sobre la cama de espaldas me eché crema en las manos y las froté para que no estuviera muy fría. Fui pasando mis manos por su espalda masajeándola muy despacio. Estaba totalmente desnuda a excepción de sus bragas. Mientras pensaba que hacía esa celda allí.

Tienes unas manos maravillosas, Luis.

Gracias mi Señora Carmen.

Me ha gustado lo de “mi”. Yo también te llamaré mi Luis. ¿Porque eres mío, no?

Sus palabras hicieron que mi excitación aumentara. Sentir su cuerpo a través de mis manos, rozar su piel, recorrerle su cuerpo era algo increíblemente maravilloso. Cuando mis manos se acercaban al final de su espalda le bajé un poco sus bragas. Su reacción fue sorprendente. Elevó un poco su cuerpo para permitir que se deslizaran sus bragas por sus piernas que al llegar a los tobillos levantó sus pies.

- Si, totalmente suyo Mi Señora Carmen.

Quítamelas y sigue con el masaje.

Le quité sus bragas. Ahora tenía frente a mis ojos su cuerpo totalmente desnudo. Era un cuerpo precioso, voluminoso, grande y muy excitante. Seguí deslizando mis manos por su cuerpo una y otra vez mientras ella emitía sonidos guturales de satisfacción.

Bueno creo que ya me encuentro mejor. Ayúdame a levantarme.

Me acerqué a ella y tomándola de sus brazos los pasó por mi cuello y la levanté. El roce de su cuerpo con el mío fue algo difícil de explicar. Me separé de Ella para coger su bata y ayudarle a ponérsela. Verla allí desnuda con sus pechos grandes y algo caídos me hicieron saber que aquella mujer era realmente lo que siempre había buscado y deseado. Mientras iba hacia Ella con su bata entre mis manos pude contemplar su pubis totalmente depilado que dejaba ver unos labios vaginales gruesos y brillantes.

Aquí tiene su bata. Permítame que la cubra con ella. ¿Le pongo las bragas?

No hace falta, así me encuentro más cómoda. ¿A ti te incomoda que no las lleve puestas?

No por favor, Usted está muy hermosa tanto con ellas como sin ellas. Estás preciosa mi Señora Carmen.

Gracias, acompáñame mi Luis.

Al llegar al salón se acomodó en el sillón y se encendió un cigarro. Yo le acerqué un escabel y tomando sus piernas las coloqué sobre el.

Espero que esté cómoda.

Mucho, mi Luis. Me gusta mucho como me cuidas y te preocupas de mí.

Mi Señora Carmen, debe saber que desde ahora seré el encargado de cuidarla y de satisfacer todos sus deseos si es que al final me acepta.

Espero que no te arrepientas de lo que dices.

Le aseguro que no lo haré, mi Señora Carmen. Si me permite quisiera hacerle una pregunta.

Tú dirás.

Pues, cuando hemos estado en su dormitorio he visto en un rincón que tiene una celda. ¿Para que la tiene?

Ja, ja, ja, para mi perro.

¿Es que tiene perro?

Aún no pero espero tenerlo.

Aquello me dejó algo perplejo. Era una celda para un perro bastante grande, con una colchoneta en el suelo y la puerta entreabierta con una llave colgando. ¿De qué perro se trataría?