Trio en el polígono- Parte 3 (Última)
La apuesta era clara: si ella ganaba, él tendría que ceder su culo a un desconocido. Él aceptó el desafío, pero no imaginó el dolor ni la humillación que lo esperarían en la cabina de ese camión.
Los domingos que no salimos a mi mujer y a mí nos gusta jugar a varios juegos de mesa y para hacerlos más interesantes cada 5 partidas el que haya ganado mas veces se inventa una prueba que el otro debe realizar.
Yo que soy más competitivo casi siempre gano y las pruebas que me invento suelen ser sexuales.
Desde aquel día con el camionero en que mi mujer me dejó que le desvirgara el culito, mis pruebas han sido siempre la misma: Que la siguiente sesión de sexo me dejara meterla por detrás.
Así ha ocurrido ya 4 o 5 veces, hasta el día que mi mujer fue la que ganó y la que se inventó la prueba que yo debía cumplir.
Harta ya de que yo le pidiera su culito me dijo: “Pues ahora te van a dar por culo a ti”.
Yo me lo tomé a broma y le dije que eso no valía que era demasiado, ella respondió “Que diferencia hay entre tu culo y el mio?”
Yo sin argumentos, le dije: “A demás, a quien le vamos a pedir que me la meta? Que vergüenza íbamos a pasar.”
Y ella respondió: “Tenemos a nuestro camionero”.
Yo entonces cambié la cara, muy seriamente le dije: “Rotundamente NO!!!!, tú estás loca” y ella me respondió: “Pues bien que tú hiciste que me follara, y hasta que no cumplas tu prueba no vas a follar con migo”.
Pasó más de un mes y ella seguía firme con su promesa, no dejaba ni que me acercara a ella.
Yo estaba desesperado, necesitaba sentir toda la pasión que pone cuando hacemos el amor.
Y entonces le dije que aceptaba pagar mi deuda, pero con una condición: Que ella me entrenara el culo para que llegado el momento no fuera la experiencia más traumática de mi vida.
Ella aceptó y ese mismo día compramos por internet uno de esos arneses que llevan un consolador incorporado, venia con 2 consoladores de diferentes diámetros 3,5 y 4,5 cm.
El arnés llegó a los dos días y decidimos probarlo inmediatamente, me desnude y me tumbé en la cama, ella fue al baño a colocarse el aparato.
Cuando entró en la habitación se me puso dura al instante. Verla con sus grandes pechos y un rabo entre las piernas era extrañamente excitante. También hay que decir que llevaba más de un mes sin ver su precioso cuerpo desnudo.
Me indicó que me pusiera de cuatro patas, pero yo prefería verla mientras me penetraba, sería más excitante y menos traumático para mi.
Doble las rodillas y ella encaró el pequeño de los consoladores a mi culo. Empezó a empujar, se detuvo y me dijo: “Cariño, recuerda tus palabras, relájate o te va a doler”. Tenía toda la razón, intenté relajarme todo lo que pude y ella empezó a empujar de nuevo.
Esa cosa empezó a entrar en mí culo, me hacía un poco de daño pero seguía completamente empalmado, notaba perfectamente las rugosidades que imitaban las venas y poco a poco llegó hasta el fondo.
Paró allí y me preguntó: “Vas bien?” Yo le indiqué que si que podía continuar. Entonces empezó ha hacer un movimiento suave de pelvis metiendo y sacando esa polla de látex en mi culo.
Al poco rato me cogió la polla y empezó a masturbarme al mismo ritmo que me follaba.
Debido a mi abstinencia sexual me corrí rápidamente, mi mujer sonriendo me dijo: “Veo que te a gustado mi polla, si te portas bien, mañana te daré más”.
Me folló cada día durante una semana, primero con el delgado y luego con el más grueso. No estoy seguro si me gusta o no el Strap-on (creo que así se llama). Pero al ser una experiencia nueva me resulta muy excitante.
Ese sábado volvimos al polígono, repetí los toques de cláxon y apareció nuestro camionero. Nos abrió la puerta del camión y antes de subir mi mujer le dijo: “Te dejaré que me folles, pero solo el coño y tienes que follarte el culo de mi marido”.
El camionero hizo cara de que no le gustaba el trato pero acabó diciendo: “De acuerdo subir”.
Ella subió primero y yo detrás, nos volvia a esperar aguantando la cortina para que pasásemos a la zona del catre mugriento, cuando pasé yo me dio una palmada en el culo y me dijo: “Parece que mi polla te gusta más a ti que a ella”. Como si no tuviese bastante humillación ya, encima esas palabras, pero me mordí la lengua y no dije nada.
Nos empezamos a desnudar todos, pero yo esta vez no tenía ninguna prisa, como queriendo retrasar el temido momento.
Cuando acabé de desvestirme mi mujer ya estaba de rodillas con ese descomunal miembro en la boca.
Se la chupaba con intensidad y lujuria, supongo que estaba deseosa de tenerla dentro de su coño, de hecho ella había tenido también un largo periodo de abstinencia.
Esta vez me arrodillé detrás de ella y mientras le besaba la espalda, le acariciaba un pecho y le frotaba suavemente el clítoris. Ya tenia el coño completamente empapado, eso hizo que me olvidara por un momento lo que me esperaba y se me pusiera bien dura.
Ella se levantó y se tumbó en la cama, se abrió de piernas y le dijo al camionero: “Méteme tu pollón hasta el fondo”.
El hombre le cogió las piernas y la levantó para tener el coño a la altura y de un golpe la penetró. Una vez más las sacudidas eran rápidas y energéticas. Mi mujer iba para delante y para atrás en la cama.
Yo me puse a su lado y empecé a chuparle las tetas y a acariciarle el clítoris. Ella gemía fuertemente, estaba disfrutando de ese pollón.
Cuando el hombre hizo los primeros gemidos ella exclamó: “Para, para, reserva tu leche para el culo de mi marido”.
El hombre le hizo caso y salió de ella, recostándola nuevamente en la cama.
Aunque parezca extraño eso a mi me alegró, significaba que ese hombre estaba a punto de correrse y no estaría mucho tiempo reventándome el culo.
Entonces él nos dijo: “Venga poneros los dos aquí de cuatro patas”.
Mi mujer protestó: “Me juraste que a mi no”.
Y el le respondió: “Te juré que no te follaría el culito, pero no que no te metería un dedo”.
Ella que aún no había llegado al orgasmo, pensó que un dedo sería igual que cuando yo se la meto y entonces accedió.
Nos pusimos los dos a cuatro patas, uno al lado del otro. Cogí fuerte la mano de mi mujer, estaba completamente aterrado. Entonces empecé a notar como el camionero refregaba el capullo de su polla por mi culo en busca del agujero. Cuando lo localizó, sin ningún miramiento empujó con fuerza hacia dentro.
El dolor que sentí fue tan intenso que me fue imposible gritar. Los entrenamientos que hicimos en casa no sirvieron de mucho. Esa cosa era el doble de gruesa que los juguetes con los que habíamos practicado.
Una vez dentro de mi, el hombre metió sus abultados dedos corazón e índice en el coño de mi mujer y el enorme dedo pulgar en el culo.
Empezó a sacar y meter dedos y polla y le dijo a mi mujer: “Guapa, hasta que no te corras tú, no lo haré yo”. Ella se llevó la mano al coño y empezó a estimularse el clítoris. Estaba jadeando fuertemente y eso a mi me excitaba, pese al dolor que sentía, extrañamente seguía empalmado.
En poco tiempo ella empezó a temblar, estaba teniendo un orgasmo. Entonces noté como se hinchaba la polla que tenia dentro de mi y como el camionero descargaba su semen caliente en mi culo.
Cuando la sacó, sentí un gran alivio, me tiré sobre la cama boca arriba, como queriendo proteger mi retaguardia. Me sentía dolorido, sucio y humillado. Pero me di cuenta de lo que tenía que pasar mi mujer, cada vez que yo le penetraba por detrás.
Mi mujer se puso frente a mí, me puso las manos en las mejillas y me besó. Me dijo: “Ahora te voy a dar tu premio”.
Se giró se medio sentó encima de mí y con la mano se metió mi polla en su culito.
Era la primera vez que me ofrecía su culo voluntariamente.
Mientras follábamos el nos miraba fumándose un cigarro y sobándose la polla. Está claro que le estaba gustando el espectáculo.
Yo no tardé mucho en correrme, no fue el mejor orgasmo que he tenido por culpa del dolor de ano pero estoy seguro que no se me olvidará en la vida.
Nos vestimos rápidamente y nos despedimos y mientras nos íbamos el le dijo a mi mujer: “A mi polla solo le queda tu culito por probar” y ella le respondió: “No lo probará jamás en la vida”.
Regresando a casa, decidimos no volver a ver al camionero nunca más. Y mi mujer me dijo: “Cariño por favor, el próximo que sea guapo y atractivo”.
Fin
Gracias por leer
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