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Triosago 2025

Trio en el polígono- parte 2

Sabían que el calor de julio incitaría a la locura, pero subir a la cabina del camión era cruzar un límite del que no había vuelta atrás. Él tomó el control, y lo que empezó como un recuerdo se transformó en una experiencia que los dejaría sin aliento y sin palabras.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Estábamos ya a mediados de julio, en sábado sobre las 11 de la noche y aún hacía una calor intensa. Rápidamente localicé el camión de nuestro desconocido, estaba aparcado justo en el mismo lugar que la otra vez.

Me coloqué al lado de la cabina y toque el claxon un par de veces, tuve que repetirlo varias veces hasta que apareció nuestro camionero detrás de las cortinillas que cubrían los cristales.

Al vernos, hizo un sonrisa de satisfacción, abrió la puerta del camión y nos hizo gestos para que subiéramos.

Esa no era la idea que teníamos, pensábamos en volver al terreno de al lado para repetir en nuestro coche lo que pasó hacia unas semanas.

“Vamos?” Le pregunté a mi mujer. Ella me respondió con un “Vale” no muy convincente, estaba claro que estábamos totalmente descolocados.

Aún así, aparqué el coche frente el camión y nos dirigimos al el, desde arriba el hombre nos dijo: “Ya veo que os gustó mi polla”.

Empezamos a subir, ella delante y yo detrás.

Arriba nos esperaba el camionero sujetando una cortina para que pasásemos a la parte trasera de la cabina. Allí había una pequeña cama bastante mugrienta una neverita, alguna revista porno y muchísimos trastos.

Nada más entrar me di cuenta que la situación allí sería muy diferente a la de la primera vez. En mi coche yo controlé en todo momento los actos del camionero, pero ahora estábamos en su territorio.

El camionero se empezó a desvestir, nosotros estábamos frente a él, inmóviles, mirando a todas partes, cuando dijo: “Vamos desnudaros, para que habéis venido, si no?”.

Lo hicimos rápidamente y en completo silencio, al terminar ya teníamos frente a nosotros aquella descomunal polla.

“Podéis empezar chupandomela” dijo. Y otra vez sin decir nada, nos arrodillamos y empezamos a lamerla y chuparla. Mi mujer la agarraba con la mano, se la metía todo lo que podía en la boca y luego me la ofrecía a mi.

Así estuvimos hasta que el dijo: “Guapa deja que el calvito me la ponga dura y tú ven, quiero comerte esas tetazas”.

Mi mujer se levantó y él le agarró un pecho y empezó a chuparlo, alternaba chupadas y lametones entre un y otro pecho mientras los estrujaba con sus manazas.

Yo seguía chupandosela, algo que no me excitó demasiado aunque reconozco que la primera vez, me corrí cuándo tenía esa polla en mi boca, pero fue después de mucha excitación.

Al poco rato empecé a oír gemidos de mi mujer, miré hacia arriba y vi que él había metido otra vez su abultado dedo corazón en el coño de ella. Lo movía con rapidez y con energía, mientras seguía saboreando sus pechos. Pude ver claramente como los fluidos del coño le bajaban por el muslo.

Esa imagen si que hizo que se me pusiera completamente dura, ver mi querida esposa gozar es lo que más me excita.

Seguí con mi cometido, hasta que él me apartó empujando mi frente hacia atrás. Se sentó en la cama y con las piernas por fuera se tumbó. Tenía cogida a mi mujer por la muñeca y tirando de ella le dijo: “Preciosa, súbete aquí, te voy a dar lo que estás deseando”.

Ella se colocó encima con las rodillas a ambos lados, le cogió el pollón y se lo frotó por los labios del coño un par de veces hasta que lo dejó encarado al interior. Empezó a bajar muy lentamente mientras soltaba pequeños gemidos y cuando la tuvo completamente dentro hizo una pausa.

Él dijo: “Muévete reina, no lo voy a hacer yo todo”. Ella empezó a subir y bajar lentamente y poco a poco aceleraba el ritmo. Se arqueó un poco hacia atrás, apoyando sus manos en los muslos del camionero. Sus pechos se resaltaban aún más, el los estrujaba y decía: “Que buena estas niña”.

Después de un par de minutos él me dijo: “Calvito, ves follandole el culito para que se dilate, que ahora se lo reventaré yo”.

Mi mujer frenó en seco y exclamó: “No, no, no, por detrás NO!!!!” Él le respondió “Tranquila preciosa, vas a disfrutar como nunca”.

Tras una breve pausa ella se inclinó hacia delante apoyando su cuerpo sobre la barriga cervecera del camionero y ofreciéndome su delicado culito me dijo: “Cariño, sobre todo muy despacio”.

Yo no me lo podía creer, jamas me había dejado que se la metiera por detrás y hacerle una doble penetración era mi mayor fantasía que ahora se iba a hacer realidad.

Pero yo amo muchísimo a mi mujer Y jamás haría nada que la pudiera lastimar y tampoco dejaría que otro lo hiciera, por eso le pregunté: “Estas segura amor?”.

Ella me respondió: “Metemela ya, antes de que me arrepienta”.

Me cogí la polla que creo que jamás la había tenido tan dura y empecé a pasarla por los alrededores de su culo que estaba completamente lleno de jugos vaginales, en un instante la tenia perfectamente lubricada y la encaré hacia el preciado agujero. Hice una ligera presión y noté que tenía el esfinter completamente apretado. Le acaricié la espalda y le dije: “Relajate cariño, si no te va a doler”.

Me hizo caso y se relajó, empecé a entrar muy lentamente, notaba el pollón del camionero en el coño que hacía que el espacio del culo quedara ínfimo, todo estaba muy apretado.

Cuándo llegue al final, mi mujer empezó a moverse, primero despacio y poco a poco fue acelerando, los tejidos de la vagina y del ano frotaban nuestras pollas. Ella gritaba con cada movimiento pero yo podía notar como su coño no paraba de chorrear, estábamos disfrutando todos.

Tras apenas un minuto de movimientos intensos mi mujer empezó a temblar y convulsionar, yo estaba a punto de estallar y nuestro amigo también empezó a jadear como la primera vez.

No pude resistir más y empecé a correrme, con cada corrida se me hinchaba la polla y supongo que eso lo notó el camionero que empezó a correrse también, estábamos rellenando a mi mujer con nuestra leche.

Cuando acabamos nos quedamos todos en esa postura durante un segundos, exhaustos, intentando recuperar el aliento.

Yo saqué la polla del culo de mi mujer y ella se levantó sacando la enorme polla de su coño. Cuando quedó de pie las piernas le temblaban y apenas se sostenía. El semen que le salía del interior le bajaba por los muslos.

La sujeté y la senté en la cama, “Estas bien?” le pregunté y ella me besó apasionadamente, “Mejor que bien” respondió después.

Nos vestimos rápidamente mientras el camionero seguía tumbado fumando un cigarro.

Al despedirnos el camionero se levantó y dandole un cachete en el culo de mi mujer, le dijo: “Hoy te has librado, pero el próximo día ese culito va a ser mio”.

De momento no hemos vuelto al polígono, a mi mujer le aterra la idea de que una polla tan gruesa le pueda desgarrar el culo. Aunque si hecha de menos sentirla en su coño.

Si algún día volvemos ya os lo explicaré.

Gracias por leer.