Xtories

Super agente 0069

Sophie sabe que su cuerpo es su mejor arma, pero esta noche el precio será su dignidad. Entre las sábanas de un criminal sin escrúpulos, cada gemido es una mentira y cada caricia, un paso hacia la muerte. ¿Podrá sobrevivir a la noche más sucia de su vida sin perderse en el juego?

Peter locke2.4K vistas

El crepúsculo se cernía sobre la metrópolis, tiñendo el cielo de naranjas y morados. En una oficina austera, con el eco distante del tráfico de la Avenida, el Agente Pérez golpeó la mesa con un suspiro.

-"Hernández, ¿alguna novedad con el Sapo Negro?"-, inquirió, su voz áspera por la frustración acumulada. Llevaban meses persiguiendo al líder de la red de tráfico de armas más esquiva que el Servicio de Inteligencia había conocido. -"Parece que se lo ha tragado la tierra".

El Agente Hernández, con la mirada fija en un mapa de la ciudad salpicado de alfileres, se ajustó las gafas. -"Negativo, Pérez. Pero tengo un presentimiento"-. Sus dedos se detuvieron sobre un punto al este. -"la única pista que tenemos es Iván el ruso, su guardaespaldas y mano derecha. Es la pieza clave".

Pérez tamborileó los dedos sobre el escritorio. – si localizamos a Iván, localizamos al Sapo. podría funcionar. ¿pero cómo? es escurridizo, como una anguila”. - La ciudad era un laberinto y encontrar a Iván sería una proeza.

-"Ya lo tengo monitoreado”, - reveló Hernández, su sonrisa apenas perceptible. - "el punto débil del Sapo negro son las mujeres. A Iván se le ha visto frecuentar Bares y night clubs en el este de la ciudad. Lo capturaremos cuando tenga la guardia baja.

Pérez se puso de pie, la tensión en sus hombros un poco más relajada. -"Bien. Prepara el equipo. Necesitamos tener toda la información posible sobre el Sapo y el ruso. No podemos dejar ningún cabo suelto. Esta es nuestra oportunidad de desmantelar esa red de tráfico de armas de una vez por todas.

-"Entendido, Pérez"-, dijo Hernández, cerrando la carpeta con un golpe seco. -"Operación Sapo Negro, en marcha"-. La sombra del maleante era alargada, pero los agentes del Servicio de Inteligencia estaban a punto de acortarla. La noche prometía ser larga.

Mientras los agentes Pérez y Hernández ultimaban los detalles de su plan, en algún lugar oculto la ciudad, la tensión se masticaba en el aire. La guarida del Sapo Negro, una suite de lujo con vistas panorámicas a una ciudad ajena a sus fechorías, era un nido de opulencia y tedio. El hombre que lideraba la red de tráfico de armas más sofisticada de la región, se paseaba de un lado a otro con un puro humeante en la mano, su rostro surcado por una mueca de hastío.

-"Iván, estoy ansioso"-, espetó el Sapo, su voz ronca resonando en el amplio salón. Se detuvo frente a una ventana panorámica, observando las diminutas luces de la ciudad. -" y sabes lo que necesito para calmarla.

el veterano guardaespaldas ruso, permanecía impasible junto a la puerta, una sombra imponente. Sus ojos gélidos escudriñaron a su jefe. -"Señor, con todo respeto, es un riesgo. Los hemos despistado por ahora, pero la policía está en todas partes. Un movimiento en falso y.…"-. La frase quedó suspendida en el aire, cargada de una advertencia tácita.

El Sapo Negro, con una cicatriz que le cruzaba la ceja izquierda, mostrando su prominente pansa solo con calzoncillos y una bata de seda, soltó una carcajada gutural, despectiva. - ¿Riesgo? ¿Desde cuándo le tememos al riesgo, Iván? El miedo es para los maricas. Los negocios están tranquilos, las armas se mueven. Es hora de disfrutar de los frutos de nuestro trabajo"-. Se giró, sus ojos oscuros fijos en el ruso. -" conseguirme una ramera, una que sea bien puta, nada de esas niñatas que viven con los ojos pegados a sus celulares - el capo hiso un paréntesis y antes de tomar un sorbo de su trago indico. - AH! Que no haga muchas preguntas.

Iván dudó por un instante, su rostro inexpresivo por fuera, pero una batalla interna librándose en su interior. Sabía que la imprudencia de su jefe podía costarles caro, pero la lealtad, por ahora, era una cadena inquebrantable. -Como ordene, jefe-, respondió con un ligero asentimiento, su voz un murmullo grave. Se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando al Sapo Negro solo con su aburrimiento y el zumbido de una ciudad que, sin saberlo, se preparaba para una noche de caza.

La información llegó a la central como un rayo de esperanza en la oscuridad. Iván, el ruso, había sido visto en el Hotel Excélsior, un lujoso establecimiento en el centro de la ciudad. Para los Agentes Pérez y Hernández, era la primera pista sólida en semanas.

-El Excélsior-, murmuró Pérez, sus ojos brillando con una determinación renovada. –uno de los hoteles en el centro financiero de la ciudad donde las escort de alta gama ofrecen sus servicios a Ricos y Ejecutivos. Podría ser nuestra oportunidad. - Pero no podemos entrar a ciegas. Necesitamos confirmar que el Sapo Negro está con él.

Hernández asintió, su mente ya trabajando en un plan. -Tenemos que ser cautelosos. El Sapo Negro no se expone a menos que sea absolutamente necesario. Iván es su perro guardián, pero si lo asustamos, ambos desaparecerán.

-Sugiero vigilancia discreta-, propuso Pérez. -Estableceremos un perímetro alrededor del hotel, observaremos las entradas y salidas. Si el Sapo está allí, saldrá eventualmente. Necesitamos ojos y oídos dentro también.

-Tengo a la persona indicada, se llama Baxter- dijo Hernández, una leve sonrisa curvando sus labios. – es un agente especial de clase A. discreto y letal. Puede darnos información desde dentro, y de ser necesario, neutralizarlos.

-Perfecto-, respondió Pérez. -Prepara el equipo de vigilancia. Necesitaremos cámaras de largo alcance, micrófonos direccionales. Y dile a Baxter que tenga cuidado. El Sapo no es un hombre al que se pueda subestimar.

Mientras la noche caía sobre la ciudad, los agentes Pérez y Hernández se preparaban para jugar su mano. El lujoso Excélsior, sin saberlo, se había convertido en el centro de una partida de ajedrez mortal, donde cada movimiento podía significar la captura del rey, o la caída de los que intentaban derrocarlo. La cacería del Sapo Negro estaba a punto de entrar en su fase final.

El Agente Hernández golpeó la mesa, su rostro un reflejo de la urgencia que sentía.

-Pérez, no hay tiempo para montar las cámaras de vigilancia -, exclamó, su voz cargada de frustración. -Si esperamos, el Sapo Negro podría esfumarse de nuevo. Esto es una carrera contra el reloj.

Pérez, aunque reacio a abandonar el protocolo, sopesó las palabras de su compañero. La seguridad era primordial, pero la ventana de oportunidad era estrecha. La impaciencia del Sapo Negro era una bendición y una maldición.

- ¿Estás sugiriendo que nuestro hombre en el hotel actúe solo? -, preguntó Pérez, la preocupación marcando su frente. Sabía que poner a un infiltrado en una situación de alto riesgo sin respaldo visual era extremadamente peligroso.

- hay un respaldo… un as bajo manga. Si se puede decir - replicó Hernández con firmeza. – nuestro hombre Tiene que confirmar la presencia del Sapo Negro. Le daremos la menor información posible, un simple sí o no. Que sea rápido y discreto. Cualquier movimiento en falso y ambos estarán en peligro.

Pérez exhaló lentamente, la decisión pesando sobre él. -De acuerdo. Dale las instrucciones. Pero que sepa que estamos con él, lo más cerca posible. Y que tenga extremo cuidado. Si el ruso se entera, no habrá una segunda oportunidad.

Mientras Baxter, ajeno al peligro que se cernía sobre él, continuaba con sus tareas diarias, una llamada encriptada estaba a punto de cambiar su noche. La confirmación de la presencia del Sapo Negro, o la ausencia de ella, recaería sobre sus hombros. La suerte estaba echada.

el Hotel bullía con el ir y venir habitual de un lunes por la noche, ajeno a la tensión que se cocinaba entre sus paredes. La presencia de super agente Baxter, distaba de ser la de un simple camarero, con una altura por encima del metro ochenta, rostro helénico y quijada cuadrada, era un hombre realmente atractivo. Con su uniforme impecable y una sonrisa ensayada, se movía entre los huéspedes, cada nervio tenso mientras esperaba la señal. La instrucción era simple: confirmar la presencia del Sapo Negro en el hotel.

Justo cuando se dirigía a la suite principal, el Agente Hernández emitió la orden por el auricular casi imperceptible que llevaba el agente infiltrado. --Iván está en el bar del hotel. Se le vio hace unos minutos.

Baxter se desvió hacia el bar, un lugar de ambiente sofisticado y elegante. Allí, en una mesa apartada, estaba Iván, destacando incluso sentado. El humo del cigarro formaba una pálida cortina, pero incluso a través de ella, su figura era inconfundible.

El ruso diviso al fondo de la barra, vio entrar al bar a una rubia más cerca de los 30 que de los 20, era perfecta, mezclaba juventud con experiencia, irradia sensualidad y sofisticación. Su figura es atlética pero estilizada, resalta bajo el vestido corto de satén con espalda descubierta, que abraza su cuerpo con delicadeza, dejando entrever su sensualidad natural. Tiene el cabello sedoso y ligeramente ondulado, enmarcando su rostro con un aire de glamour. Sus ojos claros, intensos y seductores, brillan con un toque de misterio. Pidiendo un Cosmopolitan en la barra del bar, invita a ser abordada, dejando entrever una personalidad seductora. Su presencia hechiza, combinando belleza y sofisticación.

Iván se acerca como un depredador asechando su presa, Con una mirada que transmite interés, le dice suavemente, - ¿Qué hace una mujer tan bella en este antro?

La rubia, sin hacer contacto visual, respondió antes de tomar un sorbo de su trago. -estoy esperando el bus.

-déjeme presentarme Soy Iván. ¿Puedo invitarte a algo? ¿Un vodka quizás?, para romper el hielo, ya sabes, bombón”. - intentando parecer seductor.

- guao. ¿Cuánto tiempo te tomo organizar cuatro palabras en una oración? - comento la rubia, tratando de ignorar al matón. - y no me llamo bombón. – suspiró la dama, mirando su copa casi vacía. -"Mira, Boris, o como te llames. por tu acento intuyo que eres ruso. aprecio la oferta, pero no bebo vodka.

-jajaja…me llamo Iván. ¡Y si! soy de Minsk ¿entonces que bebes?

La rubia dudó, sus ojos evaluando a Iván. Finalmente, accedió. – Cosmopolitan.

-"¡Un Cosmopolitan!"-, exclamó Iván, haciendo una seña al camarero con una victoria silenciosa. -"¡Excelente elección! Un trago elegante en una noche como esta... Combinación perfecta, ¿no crees? camarero preparaba las bebidas, Iván continuó, sin inmutarse por la reticencia inicial de la dama. - “¿entonces Cómo te llamas?

-Sophie. Con H intercalada – respondió, dándole un sorbo a su Cosmopolitan esta vez con un poco menos de recelo. - pero si tienes pasta, puedes llamarme como quieras.

- Mmm… ahora si nos estamos entendiendo Sophie con H intercalada. Y dime ¿a qué te dedicas?

la rubia haciendo una mueca de aburrimiento, - soy educadora. – respondió dándole la espalda.

-conque educadora, mmm… pues tengo un colega que necesita que lo eduquen.

- ¿tu amigo es imaginario? porque no lo veo por aquí.

-Es algo tímido ¿te gustaría darle unas clases privadas?

- mis honorarios son altos.

- ¿me vas a cobrar, después de invitarte un trago? - pregunto Iván con cinismo.

- cariño, si eres buena en lo que haces, no lo haces gratis. – respondió Sophie con arrogancia.

El tiempo jugaba en contra del mafioso y con desespero la tomo por le muñeca- préstame atención zorra. No estoy para formalidades y mi jefe está ansioso y yo estoy falto de tiempo, así que ¿dime cuantas cobras?

-Si preguntas el precio, significa que no puedes pagarlo. – respondió, soltándose de golpe. -y si me vuelves a llamar zorra, te voy a que sacar los ojos.

- ¿y cómo me los sacarías?

-con un pequeño corte de mi copa de cristal, sería suficiente.

- jajaja…Me gusta tu actitud rubia. Y sabes lo que haces. te aseguro que el precio no es un problema. -Iván le dio un sorbo a su vodka, sus ojos se fijaron en el celular de la dama. - ¿tu teléfono tiene localizador?

A Sophie le sorprendió la pregunta – si, como todos. Supongo- respondió, encogiéndose los hombros.

La experiencia de Iván en la KGB, lo hacían un hombre cauteloso y no podía tomar el riesgo de ser rastreado. -tengo una propuesta para ti… Un juego... si quieres llamarlo así".

Cuando Sophie se giró, su cabello se agito ligeramente. Su corto vestido corto de satén se subió mostrando más piel. enarcó una ceja. -"¿Un juego? ¿Qué tipo de juego?"

-"Uno que te beneficiará enormemente"-, dijo Iván con un aire de misterio. -"Si me entregas tu teléfono celular ahora mismo, yo te pagaré el doble del precio de uno nuevo. En efectivo. Aquí y ahora".

Sophie quedó dubitativa, su Cosmopolitan a medio camino de sus labios sensuales. -"¿Estás hablando en serio? ¿El doble del precio de mi teléfono? ¿Por qué harías eso?" – encaro la rubia, moviéndose sobre el banquillo agitando sus tetas que bailaban libremente bajo el ligero vestido dejando entrever su naturaleza sexual. Miró su teléfono, que descansaba sobre la barra, luego a Iván, tratando de descifrar su intención.

Iván se encogió de hombros, una sonrisa enigmática. - "Digamos que a mi jefe le gusta la discreción. Imagina no tener que preocuparte por ese aparato por un tiempo, y con el doble de dinero en tu bolsillo. ¿Qué dices, Sophie? ¿Aceptas el desafío?"

Sophie miró su teléfono una vez más, luego a Iván. La oferta era absurda, casi demasiado buena para ser verdad, pero la curiosidad y la intriga le ganaron a la cautela. Era un riesgo, sí, pero la idea de ganar un extra de dinero, era tentadora.

El agente Baxter vestido de camarero se acercó, simulando limpiar una mesa cercana. Su mirada se deslizó por el bar, observando los movimientos de Iván que con trago de vodka charlaba algo tenso la hermosa mujer rubia acodada a su lado, sin dejar de ver su reloj. Parecía preocupado. La impaciencia de Hernández resonaba en su oído. Tenía que confirmar.

El agente se movió con cautela, tejiendo su camino entre las mesas. Cada paso era deliberado, cada músculo tenso. La adrenalina le bombeaba en las venas, Estaba a solo unos metros, el mano ya listo para dar la alerta, cuando otro camarero apresurado chocó con Baxter, provocando un leve tropiezo. Iván percibió algo en el Bar que no encajaba. Sus ojos, antes fríos, se contrajeron ligeramente.

La distracción fue mínima, apenas una fracción de segundo, pero fue suficiente. Cuando Baxter volvió a mirar hacia el rincón, las sillas ocupadas por Iván y la rubia estaban vacías. La copa de vodka permanecía a medio beber junto a un Cosmopolitan manchado de lápiz labial y el celular de la rubia.

Iván se había esfumado, como arena entre los dedos, dejando tras de sí solo la fragancia dulce del perfume de Sophie y el amargo sabor de la frustración en la noche de la metrópoli. -"¡el ruso está en movimiento!"-, exclamo Baxter por el auricular, el pánico comenzando a invadirlo. -"¡Iván se ha escabullido!

En la furgoneta de vigilancia, el Agente Pérez golpeó el salpicadero con un gruñido. - ¡Maldita sea! Hernández, ¿tenías que traer un agente infiltrado con porte de modelo de catalogo? nos ha olido desde el principio.

Hernández apretó los dientes. Asumiendo su error - "Parece que no podemos subestimar a Iván. Es más que un simple guardaespaldas. Rastreemos esa salida. ¡No podemos perderlo!".

El escape de Iván dejaba a los agentes con más preguntas que respuestas. ¿Había actuado por instinto? ¿O el Sapo Negro ya había sido alertado? La red de tráfico de armas seguía siendo un fantasma escurridizo, y ahora, Iván también lo era. La cacería se volvía más personal, y la frustración, un veneno lento en las venas de los agentes.

*

Al salir del vehículo blindado entraron directamente a una lujosa mansión en las colinas. con espacios amplios y elegantes, un salón espacioso con muebles de alta calidad. La habitación principal contaba con una cama King size con sábanas de seda de alta calidad, almohadas suaves y un cabecero decorativo.

Al fondo El baño es un verdadero oasis, con una bañera de hidromasaje, ducha de efecto lluvia, y accesorios de lujo en mármol o piedra natural.

-no me dijiste que saldríamos del hotel. – pregunto la chica con desconfianza.

- digamos que el Excélsior está muy concurrido esta noche. – exclamo Iván tomando a Sophie por la cintura. - ahora muéstrame esas hermosas tetas.

-primero la pasta grandota. - respondió la Escort dando un paso hacia atrás.

-todas las putas son iguales. - Respondió Iván, algo molesto, lanzo un fardo de dinero en la mesa.

-ahora sí que nos entendemos- dijo la chica con una sonrisa en el rostro - ¿no me habías dicho que el servicio era para dos?

-mi colega es un tanto paranoico y le gusta que pruebe la mercancía. Mas te vale que quede sorprendido. Pero dejémonos de chácharas y muéstrame la mercancía.

Sophie Con la destreza que solo puede venir de una profesional dio unos pasos hacia atrás, tomando distancia del matón. moviendo sus manos hacia el delicado vestido de satén que aún cubría su cuerpo. Los dedos recorrieron sus hombros, y en un solo movimiento, los bajo lentamente, dejando que la tela se deslizara por su piel como un susurro, hasta que finalmente cayó al suelo alrededor de sus pies.

La dama de compañía quedo expuesta, su piel desnuda estremeciéndose bajo el frio aire de la Suite. El rubor en sus mejillas era intenso, sin sentir vergüenza y la excitación se mezclan en un cóctel embriagador. El ruso da un paso atrás para observarla, sus ojos recorriendo su cuerpo como si la estuviera devorando con la mirada, en su postura hay prisa. Solo la calma calculada de la dama se hace que se contenga.

— Eres absolutamente hermosa… más de lo que podría haber imaginado.

Las palabras del hombre, cargadas de una admiración posesiva, la envuelven en una corriente de calor que parece fluir directamente a su entrepierna. Sophie bajo las manos hacia sus imperiales tetas, ofreciéndolos como primer plato- anda, sírvete. Son tuyas.

Su postura es directa, sin concesiones. echo pecho hacia delante, exponiendo sus turgentes peras. mientras el mafioso la observa con una mezcla de deseo y dominio absoluto. Sus manos recorren su cuerpo, tocando y explorando cada curva, cada rincón, como si ella le perteneciera.

— eres una putita, que necesita ser follada ¿verdad? – exclamaba Iván apretándole las tetas coronadas por dos pezones de forma de garbanzos, rodeados de unas marrones areolas del tamaño de galletas maría. sin perder más tiempo. Se desabrocho el cinturón dejando caer sus pantalones hasta los tobillos.

Como una buena profesional sabía que lo que tenía que hacer, arrodillándose lenta y sensualmente ante el ruso.

Iván observaba desde arriba, con mirada fija en cada uno de sus movimientos. Notando la expectación en sus ojos, estiro sus brazos haciéndole una cola con las manos.

Con lujuria la rubia humedeció los labios con la lengua y Lentamente abrió la boca para que la pija del mafioso fuera desapareciendo dentro de ella. mientras se adaptaba a la anatomía de su verga.

Cada nuevo gruñido que se le escapaba al ruso era una pequeña victoria para la escort. La miraba desde arriba, como su pecho subía y bajaba rápidamente, guiando la felación descansando su mano tras la nuca de la dama. demostrando que seguía al mando.

Sophie se esforzaba a fondo para darle placer, dando el todo por el todo. empujó su cabeza hacia delante, engullendo la verga del ruso. Centímetro a centímetro hasta hacerla desaparecer entre sus labios.

-levántate zorra. – fueron las palabras del hombre al sacarse la verga de la boca de Sophie, obediente a sus demandas, sus ojos brillando con la anticipación de lo que vendrá.

Iván empujo a Sophie con violencia hacia la cama. Tumbada boca arriba sobre la cama, sus brazos hacia atrás apoyada de los codos, con las rodillas semiflexionadas, las tetas subiendo y bajando al ritmo de su respiración agitada. lo mira, sin decir nada. Parece que hay algo de sorpresa en esos ojos. Pero no debería haberla, porque es una profesional. Ella está ahí, totalmente expuesta, lista para ser cogida, para ser usada.

El ruso Descendió sobre ella, cubriéndola, y con un movimiento firme, le quito la diminuta tanga, dejándola completamente desnuda. De rodillas frete la dama se dispuso a abrirle las piernas, guiando su erección hacia la entrada del coño. Restregando el capullo contra los gruesos labios vaginales.

Y aunque solamente era la punta del capullo, aquella enorme intromisión, la hizo sentir tan plena, tan llena, ¡que emitió un gemido de dolor y placer…-AAAH!

Luego volvió a introducirlo, y comenzó a escucharse un Chapoteo generaba en el coño de la dama de compañía, un efecto muy especial. - oh!… que bueno ah!. - gemía de placer.

cuando finalmente la penetra, Sophie siente que el mundo se detiene. Su tamaño, que antes la había intimidado, ahora la llena completamente, estirándola mientras la invade con una mezcla abrumadora de placer y dolor. Su boca se abre en un jadeo ahogado, - ahh- y sus uñas se clavan en las sábanas de seda, arqueando la espalda.

-Pero si esta toda mojada como perra en selo. - se mofaba Iván ante los gritos ahogados de la rubia, mientras, percutía su coño sin piedad, de manera dura, contundente, y avanzando cada vez más, hasta terminar de meter su gruesa verga, dentro de esa concha, que parecía no tener fin.

En ese instante, podía escucharse por toda la habitación, los gritos y gemidos de la escort. -Ahhh…. dios, pero que bueno…ah!

El ruso, viendo como la prostituta disfrutaba de la cogida, metió por completo toda su verga, cuando llego al fondo del todo, la rubia soltó un grito de placer – AAAH. - con sus piernas como tenazas, por la cintura, metiendo su verga hasta el fondo. en aquel instante, Iván, comenzó a bombearla con violencia y con un tremendo mete saca. -AAAH. - Haciéndola gritar de placer.

Cuando El ruso saco su polla, el coño de Sophie comenzó a soltar chorros de líquido transparente, mientras se sacudía por el potente orgasmo. Hasta que quedo abatida sobre el colchón. - te corriste como la perra que eres- exclamo el mafioso.

Cuando termino de correrse, el ruso le dio la vuelta poniéndola a cuatro patas y volvió a metérsela con fuerza, para volver dale que te pego. Hasta provocarle otro orgasmo. - -Ponte de rodillas y abre la boca, perra –ordeno Iván.

Sophie acato la orden acercando de forma sensual su boca a la polla de Iván. El ruso empezó a cascársela hasta que se escuchó un gruñido, acompañado de una serie de disparos de lefa que impactaban directamente en el fondo de la garganta de la chica.

Cuando Iván acabo Sophie rescato el semen, que había caído sobre la comisura de sus labios con la lengua. – Mmm… ¿pase la prueba? - Pregunto mientras se chupaba los dedos con gula.

Al fondo se escuchó una voz -Vaya que sí, querida- De la sombra surgió una silueta imponente, que se movía con una lentitud premeditada. La luz tenue de una bombilla colgante iluminó la cicatriz que le cruzaba la ceja izquierda y unos ojos que brillaban con una astucia fría. El Sapo Negro. Un escalofrío recorrió la espalda de Sophie. Su primera reacción fue de sorpresa, luego de una cautela casi imperceptible. la noche apenas comenzaba.

—Necesito refrescarme —dijo Sophie levantándose con lentitud y camino hacia el baño. sin molestarse en cerrar la puerta, dejándola entreabierta. Dejando entender que podían disponer de ella cuando quisieran

*

- se me ha escapado. - La fuga ocurrió hace apenas unos minutos y la información acaba de confirmarse. - Ya se ha activado la alerta máxima en todas las unidades. – dijo Hernández a Baxter.

Sé lo peligroso que es Iván. es vital capturarlo lo antes posible. – comento el agente. - creo tener una pista sólida sobre su posible paradero. Nuestras fuentes indican que podría estar refugiado en una de las casas de seguridad del El Sapo Negro. Sabemos que tiene varias propiedades por la ciudad que usa para operaciones y resguardar a sus hombres. Esta es una posibilidad que no podemos descartar.

-Hernández, necesito que prepares un equipo de contención. – ordeno Pérez. - Vamos a dividirnos: una parte del equipo barrera los hoteles de la zona y la otra se centrará en localizar y asegurar las casas de seguridad conocidas de El Sapo. La sorpresa es nuestra mayor ventaja en este momento. Confírmame cuando estés listo para el operativo. Vamos a atraparlos.

*

Sophie se movía sobre la cama. con la espalda arqueada y el culo levantado. Todavía tiene el cuerpo mojado, está en cuatro patas, delante del Sapo Negro, gateando lentamente.

Iván le ve el trasero desde una distancia privilegiada, redondo, altísimo, marcado como una obra que se hizo para el deleite de los hombres. Se mueve con la gracia de quien sabe que está siendo observada. Sophie apenas lo mira de reojo, No dice nada. Solo se gira lentamente y avanza hacia el capo, que está parado al pie de la cama, esperándola con la bata abierta, y la verga dura.

El sapo se la queda mirando con una lujuria desbocada. La dama apoya su cuerpo contra el colchón, para que su boca quede a la altura de la entrepierna del mafioso. Lo mira desde abajo, en un gesto de sumisión. abrió la boca para comenzar a succionarle. Sus labios se mueven como si marcara una melodía que sólo ella escucha. El Sapo cierra los ojos, le tiembla el abdomen.

El vaivén de su cabeza hipnotiza. mientras su lengua y sus labios hacen su trabajo. Por un momento suelta la verga bañada en saliva. Sus nalgas siguen ahí, ofrecidas, como si se olvidara que Iván esta justo atrás.

El guarda espaldas se acomodó detrás de ella, despacio, sabiendo que es lo suficientemente puta como para no negarse. Apoyando sus manos sobre las caderas de la dama.

Ella se estremecerse. Pero no interrumpe la mamada al jefe. Pero su respiración cambia cuando siente la lengua de Iván frotar en lo profundo de su ojete. Sus dedos se aprietan sobre las sábanas. Iván le da otra lamida. Más profunda, más lenta. Siento el sabor de esa zona escondida. Desliza las manos hacia las nalgas y las estrujo mientras sigue arremetiendo contra su orto. Se Escucha al sapo gemir, pero a Iván no le importa. Esta demasiado entretenido comiéndole el ano a la Escort. Se deja hacer y su cuerpo se estremece sin dejar de chupar la pija del capo.

Iván sintiendo su verga endurecida de nuevo. Se para al lado del sapo. Sophie lo mira de reojo, sin quitarse la pija del Sapo de la boca. quien suelta un gemido intenso.

Entonces ella se gira hacia Iván. Tragándose la verga de una. Lo hace con una fluidez animal, como si cambiar de presa fuera parte del juego. Se mete la polla en la boca con una naturalidad absoluta.

Ahora estaba ahí, con dos maleantes, completamente desnuda y entregada.

El Sapo la toma del mentón. Le hace girar la cabeza de nuevo. Ella lo hace. Se suelta, un denso hilo de baba une su boca con el glande de Iván durante unos instantes.

Alterna de una pija a otra con una dedicación que parece devoción. Sophie es la clase de mujer que no necesita que le indiquen que tiene que hacer para satisfacer a sus clientes. Todo su cuerpo es sexualidad pura.

El Sapo Negro es el primero en acabar en el fondo de la garganta de la meretriz, Soltando varios chorros de amarga leche.

Sophie con un gesto desafiante hizo un movimiento en su garganta, tragándosela toda. Iván hace lo propio cascándosela hasta acabarle en la cara.

El aire en la opulenta habitación se había vuelto denso, casi tangible, una mezcla de tensión contenida y el persistente aroma a whisky. Sapo Negro, cuya presencia llenaba cada rincón del espacio a pesar de estar desnudo y solo cubierto con la costosa bata de casa, clavó su mirada en Iván. La luz del farol de la calle, filtrándose por los amplios ventanales de la invisible mención, delineaba la figura rígida de Iván. A un lado, acostada en la cama, Sophie observaba la escena, su vaso de escoces en las rocas suena con el movimiento de su muñeca.

-. déjanos a solas- la voz de Sapo Negro era una cuerda grave que vibraba en el silencio, -. Quiero follarme a esta puta, y prefiero hacerlo sin interrupciones. - Sus ojos, dos pozos oscuros y profundos, no se apartaron de Iván.

Iván dudó. Su frente se arrugó ligeramente, una tenue señal de su descontento. Buscó la mirada de Sophie, pero ella mantenía una expresión impasible, casi pétrea, bebiendo de su trago como si la conversación no le concerniera en absoluto.

-"¿algún problema, Iván?"-, el tono de Sapo Negro se endureció, adquiriendo un matiz de acero. - ¿fui lo suficientemente claro?".

La espalda de Iván se enderezó, la resignación cruzó su rostro como una sombra fugaz. Era inútil. -"No, señor. Ningún problema. Con su permiso”. - Iván, quien momentos antes se había follado a la rubia, parpadeó. La petición, tan directa como inesperada, no lo tomó por sorpresa. Un tic nervioso apareció en su mandíbula. -Ahora mismo, jefe.

Se giró con una estudiada lentitud, sus movimientos precisos mientras recogía su ropa del suelo. Cada paso hacia la puerta parecía medir el peso de la abrupta interrupción. Antes de desaparecer por el umbral, lanzó una última mirada a Sophie. Esta vez, ella le ofreció una pequeña, casi imperceptible, sonrisa cargada de malicia.

La puerta se cerró con un suave "clic" que resonó en el ahora vasto silencio de la habitación. Sapo Negro no apartó la vista de ella hasta que el eco de los pasos de Iván se desvaneció por completo en el pasillo. Solo entonces, su mirada se posó en Sophie. Una sonrisa lenta, enigmática y llena de intenciones, comenzó a extenderse por sus labios, iluminando sus ojos con un brillo calculador. El juego, el verdadero juego, acababa de comenzar.

El eco de la puerta al cerrarse resonó en la ahora silenciosa alcoba, un sonido que marcó el inicio de una nueva dinámica. Sapo Negro, un hombre cuya corpulencia se extendía más allá de lo meramente físico, llenaba el espacio con una presencia abrumadora. Su rostro, marcado por la edad y quizás por una vida de indulgencias, era una masa de pliegues y sombras que poco hacían por mitigar su aspecto desagradable. Desde un sillón de cuero, la observaba con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos pequeños y astutos.

Sophie, sin embargo, no parpadeó. Dejó su trago a un lado, el tintineo contra la mesa de caoba un sonido sorprendentemente claro en la quietud. Se irguió, su postura revelando una fortaleza que la figura imponente de Sapo Negro no lograba eclipsar. El ambiente se cargó, la tensión eléctrica palpable entre ellos, como el aire antes de una tormenta de agosto en la ciudad.

Sapo Negro, su voz grave como el gruñido de un depredador, rompió el silencio. -"Así que, Tu nombre es Sophie. Ahora estamos solos. ¿Preocupada?"

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Sophie, Camino con una mezcla de desafío y cansancio. -"Para nada. Si esperaba que la salida de Iván me dejara temblando, se equivoca"-. Dio un paso hacia la butaca, acortando la distancia entre ellos. Desnuda, pletórica, puso sus brazos en jarra. -"Sé exactamente quién es usted y la reputación que lo precede. Pero déjeme ser clara, señor Sapo Negro"-. Su voz, antes un murmullo controlado, se fortaleció, llenando el espacio con una convicción inquebrantable. - "No me intimida. Ni usted, ni sus negocios, ni las historias que circulan sobre usted".

Sapo Negro levantó una ceja, la sorpresa apenas perceptible en su rostro. Parecía que no estaba acostumbrado a que lo enfrentaran, Miro de arriba abajo el voluptuoso y sudado cuerpo de la rubia, sus imperiales tetas, coronadas con grandes pezones y un coño depilado Su desnudez no la hacía vulnerable; por el contrario, la confianza que irradiaba la convertía en una mujer fuerte y profundamente atractiva.

Sophie continuó, cada palabra un golpe preciso. - "He estado con clientes de toda índole; políticos, médicos, potentados. desafíos mucho mayores que follar con dos truhanes. Así que, dígame qué tiene preparado. Usted es el que paga, así que Estoy aquí, dispuesta a aceptar cualquier desafío que quiera lanzarme”. - Sus ojos, firmes y directos, se encontraron con los suyos, sin rastro de miedo, solo una determinación férrea que prometía no ceder.

. Sapo Negro no apartaba sus ojos pequeños y astutos de Sophie, una mezcla de asombro y un hambre ancestral brillando en ellos. La sonrisa en sus labios gruesos se desvaneció, reemplazada por una expresión más primitiva, una que la dama reconoció de inmediato: la de un depredador que finalmente había arrinconado a su presa.

Pero Sophie no era presa fácil. Aunque el pulso se le aceleró en la garganta, su mirada se mantuvo firme, una chispa indomable brillando en sus pupilas. La distancia entre ellos, que antes parecía una fortaleza inexpugnable, de repente se sintió insignificante. Sapo Negro se incorporó lentamente de su sillón, sus movimientos, a pesar de su corpulencia, poseían una extraña agilidad, la gracia pesada de un animal en la caza. Sus ojos nunca abandonaron los de ella.

Un paso. Otro. El aroma a tabaco y algo dulzón, casi empalagoso, que emanaba de él, llenó el espacio de Sophie. Ella no retrocedió. No podía. Había un magnetismo oscuro, una fuerza bruta en él que la atraía, a pesar de su repulsión inicial. Cuando estuvo a centímetros, su sombra cubriéndola por completo, Sophie sintió el calor de su cuerpo irradiar hacia ella. La mano de Sapo se extendió, no con violencia, sino con una lentitud deliberada, casi ceremoniosa, y se posó en su mejilla. Su piel era sorprendentemente suave, un contraste chocante con su aspecto rudo.

-tienes agallas-, susurró el capo, su voz áspera como papel de lija, pero con un matiz que rozó lo íntimo. Sus dedos se deslizaron por la línea de sus pechos, su pulgar acariciando la piel hasta llegar a entrepierna, enviando un escalofrío que no era del todo de aversión por su espalda.

La rubia no tuvo tiempo de responder. Sus ojos se encontraron, y en ese instante, la burbuja de aire entre ellos estalló. Sapo Negro se inclinó, y sus labios, inesperadamente suaves y llenos, encontraron los de ella. No fue un beso gentil, ni tierno. Fue una posesión. Un reclamo. Un choque de voluntades, de mundos. El sabor del tabaco y de un licor fuerte llenó su boca, un sabor prohibido que, en ese momento, resultó extrañamente embriagador. Sophie cerró los ojos. El beso se prolongó, una batalla silenciosa de dominación y resistencia. La mano del Sapo se enredó en su cabello, tirando suavemente, profundizando la presión. Por un momento, solo por un instante fugaz, sintiendo una extraña rendición, un vértigo que la llevó al borde de un abismo desconocido. Pero luego, su fuerza interior se reafirmó, y aunque no lo detuvo, tampoco se rindió. Era un pacto tácito, sellado con un beso cargado de erotismo, poder y un peligroso entendimiento mutuo.

El sapo la giro chocando su pecho contra la espalda de la escort. Quien Sintiendo la calidez de la polla en medio de sus nalgas. las manos del mafioso bajaron hasta sus caderas, agarrándola con firmeza mientras la inclinaba hacia adelante, permitiendo que la punta de su polla rozara los labios vaginales de manera tentadora.

-AH! – Sophie, soltó un suspiro, moviéndome ligeramente hacia atrás, buscando más contacto. Sus manos se deslizaron por el costado, apretándose los senos. Con la boca entre abierta, le arrancaba gemidos cada vez más altos.

El Sapo tomó su verga, más endurecida que nunca, frotándola contra el hinchado y resbaladizo coño.

Un gemido aun profundo escapó de los labios de Sophie al sentir la polla tocando su hambriento coño.

Se inclinó un poco más hacia adelante, echando su culo hacia atrás aumentando la presión, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba a la fuerza de los movimientos del capo. – follaje yaaa -con las piernas abiertas exclamaba con desespero Jadeaba con ansias, empujando la cadera hacia atrás, en busca de verga. —métemela hijo de puta…mmm – exclamo con el culo en pompa en señal de entrega total.

El sapo se inclinó hasta el oído de la chica, susurrando-te voy a follar como la zorra que eres. – gruñía, sujetándola con firmeza, inclinándose hacia adelante lamiéndome la cara con lujuria, con su otra mano poso la punta de su verga rozando el chorreante coño.

-ahh... deja de hablar y Métemela de una puta vez – gemía moviendo las caderas de un lado al otro – te lo suplico…mmm.

Finalmente, sintió el calor de la piel del sapo contra ella. Se mordió el labio más fuerte cuando él la agarró por las caderas, sus manos fuertes sujetándola con firmeza, guiándola hasta la mesa de caoba, reclamando lo que ya sabía que era suyo. La punta de su pene rozó suavemente la entrada de su coño, que estaba tan húmedo que ni siquiera hacía falta forzar la entrada. Sophie ya lo estaba esperando, abierta y deseosa.

El sapo no fue delicado. Se hundió en ella de una sola vez, su polla grande y dura deslizándose profundamente en su interior. La rubia soltó un grito ahogado de puro placer al sentir cómo la llenaba por completo. la sensación de estar con las piernas abiertas y el culo en pompa era abrumadora, sus colgantes tetas se balanceaban como campanas. Su coño reaccionaba inmediatamente al sentirse invadido. Estaba tan mojada que el sonido de cada embestida resonaba en la habitación, una mezcla de jadeos, gemidos y el chocar de sus cuerpos. El sapo gruñía con cada movimiento, empujando más fuerte cada vez, como si quisiera enterrarse aún más en ella, reclamarla completamente.

— Mírate —murmuró el capo con una voz grave y entrecortada, inclinándose sobre ella mientras seguía embistiéndola—. Chorreando como una puta.

La rubia gimió en respuesta, incapaz de formar palabras coherentes. Su cuerpo respondía de manera instintiva, moviéndose contra él, buscando más. Cada vez que él empujaba, ella sentía un placer tan intenso que su cuerpo se arqueaba por completo, levantando aún más el culo hacia él, ofreciéndose sin reservas.

El sudor empezaba a acumularse en la piel de ambos. La amplia habitación estaba cargada de la mezcla de su excitación. Sophie podía sentir cómo el calor la consumía, cómo cada embestida la acercaba más al límite. Sabía que no podría contenerse por mucho tiempo más, que estaba al borde de explotar.

El sapo estiro los brazos tomándola por las tetas, sus dedos se hundieron en su piel mientras aceleraba el ritmo, empujando con una fuerza casi brutal, sin darle tregua. La rubia podía sentir cada centímetro de él dentro de ella, y cada vez que él la embestía, una nueva ola de placer la atravesaba. Estaba tan mojada que las gotas de su excitación goteaban por sus muslos, mojando la fina caoba de a mesa.

— grita para mí, Puta —ordenó El Sapo, tomándola por la cabellera—. Quiero escucharte.

AAAH. - un gemido largo y profundo, soltó Sophie. dejando que todo el placer reprimido fluyera libremente.- HIJO DE PUTAAA! - No había ninguna razón para contenerse. El dolor y el placer se mezclaban en su cuerpo, y cada vez que él la empujaba, ella sentía cómo una nueva ola de calor recorría su interior.

El mafioso soltó una carcajada, complacido con su reacción. Era exactamente lo que quería: verla completamente rendida, entregada a él sin reservas, incapaz de controlar el deseo que la consumía.

Su cuerpo estaba completamente fuera de control. Cada embestida del Sapo la hacía gemir más alto, la hacía moverse más rápido, buscando más de él, más de ese placer que parecía no tener fin con cada jadeo. —. ahhh… No te detengas.

— Eso es...putita —murmuró, inclinándose hacia ella para morderle suavemente el cuello, sus labios rozando su piel con una caricia que contrastaba con la dureza de sus embestidas. – así te quería ver suplicando.

Sophie que estaba a punto de correrse, y por la manera en que el Sapo la empotraba, podía sentir que él también estaba cerca. Pero no era solo eso. Sabía que la estaba llevando más allá de sus propios límites, empujándola a un lugar donde ya no existía el control, donde todo lo que importaba era el placer que la atravesaba con cada movimiento.

Y cuando finalmente llegó, fue como una explosión en su interior. Su cuerpo se tensó por completo, sus músculos contrayéndose mientras una ola de placer la recorría de la cabeza a los pies. - AAAH! - Gritó, sin importarle si alguien la escuchaba, convulsionando como si de un ataque de Parkinson se tratara.

El Sapo gruñó profundamente, empujando una última vez antes de detenerse, su respiración agitada mientras vaciaba los huevos dentro del coño de Sophie, desplomándose por el esfuerzo sobre ella.

Al otro lado Iván toco la pueta. Finalmente, Sophie se pudo liberar caminando lentamente hasta la puerta, dejándolo entrar mientras que el sapo se recuperara del polvo, fue al mini bar, sin intenciones de cubrirse. Por su entrepierna chorreaba fluidos de la corrida del capo. Restándole importancia, se sirvió un trago y otro para el ruso, porque sabía que la noche estaba lejos de terminar.

*

—Pérez, Hernández, necesito su atención total —dijo Baxter con voz grave—. He descubierto el escondite del Sapo Negro.

Los dos agentes se miraron, sorprendidos. —¿Dónde, agente Baxter? —preguntó Pérez, su voz llena de expectación.

—En una antigua mansión de los suburbios —respondió Baxter, desplegando un mapa sobre la mesa—. He seguido un rastro de llamadas y movimientos vehiculares. Se cree que es un sitio deshabitado, pero he conseguido información que demuestra que hay actividad constante.

Hernández se inclinó sobre el mapa, señalando un punto. —¿Cree que está allí, solo?

—No. Esta con una prostituta y su gente lo protege. Pero he conseguido un plano del lugar. Hay un sendero que conecta directamente con la mansión. Es nuestra única oportunidad de entrar sin que nos detecten.

Baxter miró a los dos agentes, sus ojos reflejando la determinación de un cazador que ha acorralado a su presa.

—Esta es nuestra oportunidad de atraparlo. No podemos fallar. Tomen sus equipos, los veo en una hora en la furgoneta. Es hora de acabar con esto.

*

El resto de la noche fueron excesos de, alcohol, polvo blanco, sexo rudo y desenfrenado con esos dos mafiosos. el silencio envuelve la lujosa Habitación. Sophie está de pie completamente desnuda viendo el amanecer frente la imponente vista panorámica, su mirada era nula. Dio unos pasos, pero sus piernas le temblaban, no solo por el agotamiento físico, sino también por lo emocional que la invade. Sabe que necesita limpiarse, liberarse de los restos de fluidos por su entrega, pero también de la carga emocional que la oprime. Sus pasos son lentos y torpes mientras se dirige al baño adyacente.

La ducha se convierte en un santuario temporal. La chica abre el grifo y deja que el agua caliente caiga sobre su cuerpo, arrastrando con ella las huellas del encuentro. Cierra los ojos mientras el agua lava su piel, su cabello, y el semen que aún esta adherido a su cuerpo. El sonido del agua es tranquilizador, una distracción del torbellino de pensamientos y emociones que la asaltan.

Mientras se enjabona, ella se toma su tiempo, pasa sus manos por sus grandes y turgentes tetas y baja cada rincón de su cuerpo, como si quisiera borrar no solo el acto físico, sino también el peso emocional que la acompaña. El agua que corre por el desagüe es testigo mudo de su intento de purificación, de su deseo de dejar atrás lo que ha sucedido, al menos por ahora.

Cuando finalmente termina, el agua caliente ha dejado su piel enrojecida, pero se siente un poco más tranquila, aunque no completamente liberada. Sale de la ducha, secándose con una toalla suave, y se mira en el espejo del baño. Sus ojos están más claros, su rostro sereno, pero hay un cansancio subyacente y moretones en el cuerpo que no puede ignorar.

De vuelta en la habitación, Sophie encuentra su vestido tirado en el suelo. Lo recoge y lo sacude ligeramente, observando las arrugas que ahora lo marcan, se viste dejando que el satén caiga sobre su piel. A un lado de la cama están sus bragas, rotas e inutilizables. Un símbolo de lo que ha pasado. Algo que antes era impecable, ahora lleva las marcas de una experiencia intensa. No tiene otra opción que seguir desnuda bajo el vestido. Se calzó sus zapatos de aguja.

Finalmente, Sophie se mira en el espejo una vez más. Con un último suspiro, toma el móvil de Iván, dejando un mensaje- “alfa. 33. 24. 77… Agente… Cero. Cero. 69…. reportándose… Objetivos neutralizados.” - al terminar el comunicado, tomo su bolso se dirigió a la puerta. Detrás de ella, dos cuerpos desnudos yacen inertes sobre el tapete teñido de rojo de la lujosa habitación.