Xtories

La nueva compañera de piso 3

Noe escuchó cada gemido. Y en lugar de alejarse, su silencio en la cocina gritaba algo mucho más peligroso que cualquier disculpa.

Naira Rose15K vistas8.8· 26 votos

Tres días después.

Ana había vuelto de la casa de sus padres. Nos abrazamos como siempre. Cocinamos juntos, charlamos. Incluso me preguntó si Noe se había portado bien en su ausencia. Me limité a sonreír y decir que todo había estado tranquilo.

Pero no lo estaba.

Desde aquella noche en la piscina, algo se había desplazado. No se trataba solo de lo físico. Era esa sensación de haber visto un lado de Noe que no conocía… y uno mío que prefería no mirar.

Esa tarde, Ana dormía la siesta con los auriculares puestos. Yo salí al patio. Necesitaba respirar.

Noe estaba en la reposera, con un libro entre las manos. Levantó la vista al verme. Dudó un segundo, pero habló:

—¿Podemos hablar?

Asentí. Me senté cerca, en una de las sillas del jardín. Por un instante, el calor del recuerdo volvió a posarse sobre nosotros.

—Quería pedirte perdón —dijo—. Por ponerte en esa situación. No estuvo bien.

—No pasó nada, Noe.

—Sí pasó. No físicamente, pero… vos y yo sabemos que algo cambió. Y si no lo enfrentamos, se va a meter en todo.

Me quedé callado. Porque tenía razón.

—Estaba borracha —continuó—, pero no lo suficiente como para no saber lo que hacía. Me sentía sola, descartada, invisible. Y vos… fuiste alguien seguro.

—Noe...

—No estoy enamorada de vos, Martín. Pero por un rato quise creer que podía importar. Aunque no fueras mío. Aunque no fuera real.

Me costó encontrar las palabras.

—Te entiendo. Y te agradezco que me lo digas así. Yo también fui sincero esa noche. Pero no voy a lastimar a Ana. Y tampoco quiero lastimarte a vos.

Ella asintió.

—Entonces, si te parece… podemos fingir que fue solo un malentendido. Pero para mí, necesitaba decirlo en voz alta.

—Para mí también.

Y quizás quise autoengañarme. Seguir mi vida como si nada. Como si Noe no se hubiese colado en mis pensamientos. ¿Pero tirar una relación de años por un momento de deseo?

Entré en la habitación.

Ana dormía. La observé en silencio, con una mezcla de ternura y algo más difícil de nombrar. Un miedo sordo. Como si intuyera que, sin quererlo, ya habíamos cruzado un límite.

Pero no quise escuchar a mi cabeza. Recordé el cuerpo de Noe, casi desnuda, su piel brillante bajo la luz de la luna. Y no pude evitar reaccionar.

Ana se despertó. Me miró medio dormida, sin decir nada. Yo solo me acerqué a ella… y la besé, imaginando que era Noe, sintiendo sus labios suaves como si fueran los de otra chica, me siento mala persona, pero a la vez pienso ¿no es normal desear a otros?

Ana y yo nos besamos, comencé a desnudarla, terminó contra la pared mientras abría sus nalgas para mi con sus manos, mis dedos con lubricante entraban y salían de su culo, mientras escuchaba sus gemidos

-siento que quema

-es el lubricante, no te preocupes le dije

Coloque la punta de mi pija en su culo y comencé a entrar lento, sintiendo como se abría para mí, aunque debo admitir que las escasas nalgas de mi novia no era lo que estaba imaginando, si no, el redondo culo de su amiga, mientras aceleraba la velocidad de mi pelvis me transportaba de nuevo a esa noche

Los gemidos casi gritos de Ana me sacaron de esa fantasía para volver con ella y ver su cara de deseo, mientras yo metía mi dedo en su boca y ella lo chupaba como chupa mi pija

Aumenté más el ritmo de mis movimientos como de sus gemidos, hasta venirme en su culo. Salí despacio, viendo como quedaba ligeramente abierto y mi semen blanco salía de él.

Ana se acostó sobre la cama, mientras tocaba su clítoris, la miré mientras se tocaba, vi la expresión de su cara cuando terminó, aunque el ruido en la cocina me distrajo de sus mejillas sonrojadas.

-Voy a bañarme, bebé. Poneme algo para cenar. me dijo Ana

Salí del cuarto y caminé en silencio por el pasillo. Noe estaba en la cocina de espladas a mí

—¿Estás bien? —pregunté en voz baja.

Se giró lentamente. Tenía una cuchara en la mano y un cuenco a medio lavar en el fregadero.

—Perdón… se me cayó un vaso. No quise despertarte —dijo, sin mirarme.

—No, no… yo ya estaba despierto.

Silencio.

Noe se quedó quieta, pero no hacía nada. Solo me miraba ahora. Los ojos un poco brillosos. La boca apretada.

—Se escuchaba todo —dijo al fin.

Me congelé.

—Perdón… —alcancé a decir, incómodo.

—No tenés que disculparte —respondió con un tono que no supe leer del todo.

Volvió a girarse hacia el fregadero. Se quedó unos segundos quieta, de espaldas otra vez.

—Igual... —añadió casi en un susurro—. No pensé que ibas a estar tan... presente con ella después de lo de la otra noche.

Mi estómago se cerró.

—Noe...

—Está bien —me interrumpió—. Es lógico. Yo soy solo la que vive con ustedes. La amiga. La que se pasa de copas y dice cosas que no debería.

—No fue eso —dije, acercándome apenas un paso.

—Entonces, ¿qué fue?

Esa pregunta. Esa mirada. Esa distancia mínima. El deseo todavía flotando en el aire, mezclado con celos, confusión y algo que dolía.

Y yo ahí, parado en medio de la cocina, con el corazón dividido entre lo que hice y lo que no debería haber deseado.

Antes que pudiera responder, sentí como se abría la puerta del baño.

Finguí que buscaba algo en la heladera mientras escuchaba a Ana acercarse

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