Unos vecinos influencers 4. Notas de una afonía
Las fotos llegan una tras otra, cada una más invasiva que la anterior: su cama, su espejo, su vida. Armando corre por la autovía mientras el móvil vibra con la confirmación de que su hogar ya no es suyo. Al abrir la puerta, la presencia de Teddy lo espera, y el verdadero castigo apenas comienza.
CAPÍTULO 4
NOTAS DE UNA AFONÍA
"Las cerraduras se corrompen... igual que las mujeres."
La puerta acababa de cerrarse tras la salida de Teddy y Lucy. Clara seguía apoyada contra el marco de la ventana, su silueta recortada por la tenue luz de la lámpara de salón. Sus uñas arañaban inconscientemente la madera, los hombros tensos, la respiración apenas más acelerada de lo normal.
Yo la observé, sintiendo cómo el fuego que llevaba horas ardiendo en mis venas se avivaba aún más.
¿Por qué estoy tan cachondo?
La pregunta resonó en mi cabeza mientras mis ojos recorrían el cuerpo de Clara: sus caderas estrechas, el escote que aún olía vagamente a la colonia barata de Teddy, ese labio inferior que se mordía sin darse cuenta.
¿Era por Lucy? ¿Por cómo se había reído de mí, por cómo sus dedos habían rozado mi brazo al despedirse, por ese tanga blanco que sabía que Teddy le estaría arrancado ahora mismo?
¿O era por Teddy? Por su descaro, por cómo se había corrido en nuestro baño, por ese cepillo de dientes que seguía ahí arriba, contaminado, esperando a que Clara lo usara sin saberlo...
Clara se giró por fin. Sus ojos, cargados de una intensidad que no había visto en meses, me atravesaron.
—"Parece que por fin nos han dejado solos" —murmuró, pero su voz no sonó aliviada. Sonó hambrienta.
No hubo preludio.
Ella cruzó la habitación en tres zancadas y sus manos se cerraron alrededor de mi camisa con una fuerza que me sorprendió. Los botones saltaron, algunos golpeando el suelo con pequeños clics.
—"Hace demasiado tiempo que no me follas como me gusta" —susurró contra mis labios, su aliento caliente y dulce, a vino y a algo más picante.
Sus uñas se clavaron en mi pecho, trazando líneas de fuego que me hicieron gemir. Yo la empujé contra la pared, mi boca encontrando su cuello, mis dientes mordiendo esa piel que Teddy había olido demasiado cerca hacía solo minutos.
¿Por qué está tan cachonda?
La pregunta me atravesó de nuevo mientras mis manos recorrían su cuerpo con una urgencia olvidada.
¿Era por cómo Teddy la había mirado? ¿Por cómo la había levantado del suelo en ese abrazo que duró demasiado?
Clara gimió cuando mis dedos encontraron el elástico de su bragas. No eran las que llevaba puestas antes.
—"Te has cambiado" —acerté a decir, mis labios rozando su oreja.
Ella sonrió, ese gesto de gata satisfecha que siempre me volvía loco.
—"Las otras... estaban incómodas" —susurró, y su mirada fue toda la confirmación que necesité.
Teddy las tenía.
Esa revelación fue la mecha que faltaba. La levanté en brazos, sus piernas rodeando mi cintura, y ascendimos las escaleras hacia el dormitorio en un torbellino de ropa arrancada y besos que sabían a venganza y a deseo.
La puerta del dormitorio se cerró de un golpe. Clara ya me arrancaba la camisa, los botones saltando y rodando por el suelo de madera. Sus uñas—esas uñas que horas antes habían servido el vino a Teddy—se clavaron en mi pecho, dejando margas rosadas que ardían.
"Joder, ¿cuándo fue la última vez que Clara me arañó así?"
La pregunta me atravesó mientras la empujaba contra la pared, mi boca devorando su cuello, mis dientes encontrando ese punto justo bajo su oreja que siempre la hacía gemir. Hoy no fue la excepción.
—*"¡Ahí!—** jadeó, sus caderas empujando contra las mías, buscando fricción.
Mis manos bajaron como un huracán, desgarrando su top hasta que el tejido cedió con un crash satisfactorio. Clara no protestó por la ropa destruida. Al contrario. Se arqueó hacia mí, sus pechos desbordándose de la tela, sus pezones duros rozando mi torso desnudo.
—*"Así…—** susurró, sus dedos enredándose en mi pelo y tirando— ¡Así es como me gusta!»
El dolor fue delicioso.
La levanté en brazos y ella me rodeó la cintura con sus piernas, esas mismas que Teddy había observado con demasiada atención durante la cena.
"Teddy ganó esta noche... pero yo sigo siendo el que la hace gritar."
El pensamiento me envalentonó. La arrojé sobre la cama, su cuerpo rebotando sobre las sábanas aún impecables. En un movimiento rápido, le quité las bragas.
Me subí a la cama y la inmovilicé bajo mi peso, mis dedos encontrando su sexo ya empapado. No había necesidad de preliminares.
—*"¡Armando!—** gritó cuando entré en ella de un solo empujón, sus uñas arañando mi espalda como si quisieran dejar marcas permanentes.
El espejo del armario frente a la cama reflejaba cada movimiento: sus muslos temblando alrededor de mis caderas, mis manos agarrando sus muñecas y clavándolas sobre la almohada, su boca abierta en un gemido que seguramente escucharían los vecinos.
—*"Dime—** gruñí, acelerando el ritmo— ¿en qué estaba pensando cuando Teddy te abrazó?"
Clara sacudió la cabeza, pero su cuerpo me traicionó: se contrajo alrededor de mí más fuerte.
—*"¡En… en esto!—** mintió, sus caderas chocando contra las mías.
Sabía que mentía. Y eso me excitó más.
La tomé con una furia que no sentía desde nuestros primeros años, mordiendo su hombro mientras ella gritaba, mis manos marcando su piel donde las de Teddy apenas habían rozado. Quería borrarlo. Quería reemplazarlo.
Cuando el orgasmo la golpeó, su cuerpo se arqueó como un puente, sus gritos ahogándose en el crujir de la cama. Yo la seguí un instante después, enterrándome hasta el fondo, como si pudiera sellar mi posesión con cada gota.
Las sábanas aún olían a sexo y sudor cuando Clara se arrebujó contra mi pecho, sus dedos trazando círculos vagos sobre mi estómago. El latido de su corazón, acelerado contra mi costado, no coincidía con la calma fingida de sus pestañas bajas.
"Ella nunca se ha corrido tan rápido… ¿qué demonios imaginaba?"
La pregunta me quemaba por dentro. La rodeé con un brazo, acercando mis labios a su oreja:
—"Qué rápido has venido hoy..." —susurré, dejando que la acusación flotara en el aire como el humo de una vela recién apagada.
Clara se tensó casi imperceptiblemente. Su uña pintada se clavó un milímetro más en mi piel.
—"Hacía meses que no me tocabas así" —murmuró, demasiado rápida, demasiado evasiva.
Mentira.
Mis dedos encontraron su muslo interno, recorriendo la piel sensible hasta sentir cómo se erizaba.
—"¿En serio era mi mano la que echabas de menos?"
El silencio que siguió fue más revelador que cualquier respuesta. De pronto, Clara giró la cabeza y me miró directamente. Sus pupilas dilatadas reflejaban algo entre el desafío y la vergüenza.
Clara se durmió sobre mi pecho, su aliento cálido rozando mi piel aún sensible. Sus labios, hinchados por nuestros besos voraces, entreabiertos en una expresión de satisfacción que hacía que mi sangre volviera a agitarse. Una de sus piernas seguía enredada entre las mías, como si incluso inconsciente necesitara mantener contacto.
"Qué rápido se ha quedado dormida..."
Observé cómo sus pestañas oscuras temblaban levemente, soñando quizá con las manos de Teddy en su cintura horas antes.
El morbo retorció mi estómago. Clara nunca gemía así. Nunca se corría en tres minutos. Nunca me mordía mientras susurraba "más fuerte" como si intentara borrar algo... ¿o a alguien?
De repente, giró en sueños, su mano aterrizando en mi muslo, demasiado cerca de donde ya empezaba a endurecerme otra vez.
"Joder... ¿estará soñando con nosotros... o con él?"
El sol de la mañana se colaba entre las persianas cuando finalmente abrí los ojos. Mi cuerpo aún pesaba, adormilado por la intensidad de la noche anterior. La cama a mi lado estaba vacía, las sábanas revueltas y frías donde Clara había dormido.
—"Corre, que llegas tarde" —escuché su voz dulce y alegre desde la puerta.
Me giré y allí estaba, ya vestida con un traje ceñido, el pelo impecablemente recogido, los labios pintados de un rojo intenso. Se acercó y me plantó un beso rápido en la mejilla, su perfume fresco envolviéndome.
—"Te he dejado café hecho" —dijo, ajustándose el reloj— "Pero date prisa."
Su normalidad era perturbadora.
¿Cómo podía actuar como si anoche no hubiéramos follado como animales. Me arrastré fuera de la cama y me dirigí al baño, la cabeza aún embotada. El agua fría del grifo me despejó un poco. Cogí el cepillo de dientes, lo mojé bajo el chorro y...
Me detuve.
El cepillo de Clara estaba húmedo.
"Se ha lavado los dientes."
El pensamiento cayó sobre mí como un balde de agua helada. Ese mismo cepillo que ayer estaba manchado con el semen de Teddy.
Mis reflexiones se dispararon: ¿No se ha dado cuenta? ¿Cómo no notó el sabor salado, la textura pegajosa? ¿O es que... le gustó?, ¿Lo habrá lavado antes de usarlo? Pero entonces... ¿por qué no lo habrá tirado? ¿Lo dejó ahí a propósito, sabiendo que yo lo vería?, O peor... ¿lo usó así, deliberadamente, para probar el sabor de Teddy?
El espejo frente a mí reflejaba mi expresión: una mezcla de excitación y desconcierto.
Clara apareció en la puerta del baño, apoyada en el marco, con esa sonrisa enigmática que últimamente parecía no abandonarla.
—"¿Todo bien, cariño?" —preguntó, demasiado inocente.
Sus ojos brillaban con un secreto.
—"Sí, todo perfecto" —mentí, pasando el cepillo por mi boca con una sonrisa forzada.
Ella se acercó, arreglándose un rizo imaginario en el espejo, y susurró:
—"Por cierto... hoy he tenido un sabor raro en la boca. Metálico."
Y se fue, dejando la frase flotando en el aire como una bomba de relojería.
—"¿Has usado algún enjuague raro?" —pregunté, inclinando la cabeza.
Clara entrecerró los ojos, esa sonrisa de gata que conocía demasiado bien jugueteando en sus labios.
—*"¿Enjuague raro?—** fingió inocencia, pasando la lengua lentamente sobre sus dientes frontales— "Solo el de menta... ¿a qué hueles, cariño?" dijo echándome el aliento.
Clara se inclinó hacia mí, sus labios entreabiertos, el aliento cálido rozando mis fosas nasales como una caricia prohibida. Inhalé profundamente.
Lo que olí era menta fresca (su pasta de dientes habitual), un toque de vino tinto (el que habíamos compartido) y algo más... algo que sabía que estaba ahí aunque mis sentidos no lo captaran.
"Se lavó los dientes con su semen."
El pensamiento me golpeó como un puño en el estómago, haciendo que mi erección, ya latente, palpitara con fuerza contra el tejido de mi pantalón. No había rastro del olor acre que esperaba... pero eso solo lo hacía más excitante.
Clara mantuvo mi mirada un segundo más de lo necesario, sus ojos brillando con esa mezcla de desafío y diversión que siempre me volvía loco.
—*"Nada huele como siempre, cariño"** —dije al fin, besando su frente con una ternura que no sentía.
Ella sonrió, satisfecha, y se acomodó contra mi pecho como si nada hubiera pasado.
Las llaves cayeron sobre el mármol de la entrada con un clink demasiado fuerte. Clara estaba en la cocina, vertiendo agua hirviendo sobre una bolsita de té que olía a jazmín—su favorito para las tardes en que fingía tranquilidad.
—*"Hola, cariño"** —dijo sin volverse, los hombros desnudos bajo el tirante fino de su top de deporte. Sudor seco. Recién duchada.
—*"¿Cómo fue tu día?"**
Ella se giró entonces, apoyando las caderas contra la encimera. Sus uñas tamborilearon el porcelana.
—*"Interesante. Teddy y Lucy vinieron al gimnasio esta mañana."**
¿A qué putas horas? ¿Por qué no me lo dijo? ¿Qué hicieron? Las preguntas me atravesaron como cuchillos, pero mi cara permaneció impasible. O eso creí.
Clara sonrió, llevándose la taza a los labios con una lentitud obscena.
—*"¿Celoso?"**
—"No, qué va"**, solté demasiado rápido, abriendo la nevera para esconder mi expresión. "¿Y... tal? ¿Fue bien?"
Mi voz sonó ronca. Demasiado ronca.
Ella dejó escapar una risita, cruzando los brazos bajo el pecho para acentuar la curva que el sujetador deportivo apenas contenía.
—*"Lucy está mejorando en sentadillas...—** hizo una pausa dramática—...y Teddy ayudó a la instructora con los pesos libres. Parece que todos terminamos... agotados."
Se pasó la lengua por el labio superior, atrapando una gota inexistente de té, su pie descalzo rozó mi pantalón al pasar, dejó la taza en el fregadero... junto a dos más.
¿Dos?
Mis ojos se clavaron en las dos tazas adicionales junto al fregadero. Clara siguió mi mirada, sus labios curvándose en una sonrisa de gata que atrapó un canario.
—*"Ah, sí...—** murmuró, pasando un dedo por el borde de la taza manchada de carmín—...Lucy insistió en tomar algo aquí después del entrenamiento. Teddy solo vino a... recogerla."
Pausa calculada.
—*"Aunque se quedaron un ratito."***"¿Te molestan las visitas, amor?"** —susurró, su aliento rozándome el cuello mientras sus dedos jugueteaban con el botón superior de mi camisa.
—No, no, claro que no— añadí demasiado rápido, desviando la mirada hacia la ventana. —Solo preguntaba...—
Mi voz se quebró ligeramente al final. Una sonrisa tímida, calculadamente vulnerable, se dibujó en mi rostro mientras mis dedos tamborileaban sobre el mármol de la encimera.
Dentro de mi cabeza, los pensamientos giraban como cuchillos¿Por qué coño vinieron aquí?¿Cuánto tiempo se quedaron?¿Y por qué huele a ese puto after-shave de bosque quemado que usa Teddy?
Clara se acercó, sus dedos rozaron mi muñeca con una suavidad que no coincidía con la mirada burlona en sus ojos.
—Tranquilo, cariño...— susurró, arrastrando las palabras como si estuviera saboreando mi incomodidad. —Solo tomaron un café. Nada más.
El énfasis en "nada más" era demasiado deliberado.
Habían pasado ya tres días desde que Clara me dijo que Teddy y Lucy habían ido a su gimnasio. Cuando el móvil me vibró sobre el escritorio de la oficina, iluminándose con el nombre que hacía que mi pulso se acelerara:
💬 TEDDY
La foto era clara: La puerta de mi casa. La misma que Clara y yo habíamos elegido juntos hace cinco años, con ese pequeño desconchón en la madera del marco que siempre decíamos que arreglaríamos y nunca lo hacíamos.
El texto debajo: "No sabía que tenías flores en el recibidor, banquero. 🌹"
Mi corazón se detuvo.
¿Flores? Nosotros nunca poníamos flores ahí. A menos que...¿Clara las hubiera comprado para alguien? ¿Para Teddy?¿Y por qué coño estaba mandándome él esta foto?
Escribí rápido, las letras torpes en la pantalla: "Esa es mi casa. ¿Qué haces ahí?"
Tres puntos bailando. Una eternidad.
Respuesta de Teddy: "Relájate, solo pasaba por aquí con un amigo. 😉"
Mis dedos se cerraron en un puño.
¿Un amigo?
La imagen se materializó en mi cabeza con una claridad obscena: Clara abriendo la puerta con ese conjunto negro de lycra que le sube el culo como si estuviera en oferta. Su pelo recogido en una coleta despeinada, los hombros brillantes de sudor reciente—¿de qué? ¿De quién?
—*"Teddy...—** la escuché decir en mi imaginación, mordiendo ese labio inferior que siempre se lleva a la boca cuando está nerviosa. O excitada.
Y entonces él apareció detrás de ella en mi fantasía paranoica: Teddy, con esa camiseta ajustada que le marca los abdominales, su mano grande "ajustando casualmente" el tirante del top de Clara mientras su aliento le calentaba la nuca.
—*"Qué puntual eres—** le susurraría ella, arqueándose levemente como un gato contra su mano.
Mis dedos apretaron el móvil hasta hacer crujir la funda.
YO: ¿Qué "amigo" está en mi casa?
Los tres puntos bailaron. Demasiado tiempo.
TEDDY: "Uno que adora tu jardín trasero. 🌱"
Mi estómago se convirtió en un nudo de hielo.
¿Jardín trasero? ¿Se refería a... Clara? ¿O a...?
Mis manos temblaban mientras guardaba el portátil a toda prisa, los papeles importantes arrugándose en mi maletín sin cuidado. Joder, joder, joder. El corazón me golpeaba las costillas como si quisiera escapar de mi pecho.
El móvil vibró de nuevo.
💬 TEDDY: "Te falta decoración en el pasillo. Quizá algo más... personal."
La foto adjunta: El pasillo de mi casa, enfocando especialmente el cuadro de nuestra boda. Pero algo estaba diferente... El marco estaba ligeramente torcido, como si alguien lo hubiera golpeado al pasar. ¿Alguien? ¿O algo?
Mi mente enloquecía: ¿Se habrán rozado contra él? ¿Clara empujada contra la pared, las piernas alrededor de su cintura? ¿Los gemidos tan fuertes que hicieron vibrar el cristal?
El siguiente mensaje llegó antes de que pudiera respirar: "A tu mujer le encanta mi idea. 😉"
El mundo se detuvo.
¿Qué idea? ¿Qué puta idea?
Mis dedos teclearon sin pensar: "¿DÓNDE ESTÁ CLARA?"
Tres puntos bailando......y luego una foto.
El jardín trasero.
¿DÓNDE COÑO ESTABA CLARA?
El motor rugió como una bestia enjaulada cuando pisé el acelerador, saliendo del aparcamiento de la oficina con un chirrido de neumáticos. El móvil, apoyado en el salpicadero, vibró de nuevo.
💬 TEDDY: "Tu casa huele a vainilla y menta... igual que ella."
La foto adjunta:
El sofá del salón. Nuestro sofá. Pero ahora, el cojín del centro estaba ligeramente hundido, como si alguien se hubiera sentado allí... o arrodillado.
Mis dedos se aferraron al volante.
¿Dónde cojones está Clara?
El móvil vibró de nuevo.
💬 TEDDY: "Me encanta cómo tiemblan las lámparas aquí... deberías verlo."
Mi estómago se retorció.
¿Las lámparas? ¿Tiemblan?
Imágenes no deseadas invadieron mi mente: Clara, arqueándose contra ese sofá, sus uñas arañando el tejido, Teddy, ese cabrón, grabando cada gemido con su maldito móvil. Las lámparas del techo, temblando al ritmo de sus empujones
El siguiente mensaje llegó como un cuchillo al corazón: "Pobre Armando... siempre el último en entrar en su propia casa."
El velocímetro marcó 140 km/h.
El móvil vibró en mi mano mientras aceleraba por la autovía, el motor del coche rugiendo al unísono con los latidos de mi corazón.
La foto apareció primero:
Nuestro dormitorio. La cama matrimonial, las sábanas revueltas, el colchón ligeramente hundido en un lado, como si alguien se hubiera sentado allí recientemente. O se hubiera arrodillado.
El mensaje de Teddy: 💬 "Qué colchón tan elástico tienes... casi tan flexible como Clara cuando hace yoga. Namasté, banquero. 😌"
Mis dedos se cerraron con fuerza alrededor del móvil.
¿Se había atrevido a entrar en nuestro dormitorio? ¿Había tocado nuestra cama? ¿Y qué cojones sabía él de cómo Clara hacía yoga?
Imágenes no deseadas invadieron mi mente, Clara, en ropa interior, estirándose sobre ese mismo colchón, Teddy, ese cabrón, grabándola con el móvil mientras ella se arqueaba en Adho Mukha Svanasana y las sábanas, arrugándose bajo sus cuerpos sudorosos
Escribí una respuesta con los dientes apretados: 💬 "Si has puesto un solo dedo sobre ella, te juro que te arrancaré la piel a tiras y la usaré de funda para este maldito colchón."
Los tres puntos de Teddy bailaron... y luego: 💬 "Tranquilo, esposo celoso. Solo estaba probando la... firmeza del mobiliario. Por cierto, ¿siempre guardas tantos juguetes bajo la cama? 😏"
La sangre me hirvió.
¿Juguetes? ¿Se refería a...?
Antes de que pudiera responder, otra foto llegó:
El cajón de la mesilla de noche. Abierto. Y dentro, el vibrador morado que Clara y yo no usábamos desde hacía meses.
Otro mensaje y la imagen apareció:
El reloj de pared del comedor. 4:15 PM. Enfocado con perversa precisión para captar dos detalles, el péndulo inmóvil (¿habían dejado de darle cuerda?)el reflejo borroso en el cristal... ¿una silueta femenina de espaldas?
El mensaje de Teddy: 💬 "Las 4:15... hora perfecta para un tentempié. A Clara le encantan los... yogures griegos. ¿Los guardas en el segundo cajón?"
Mis dedos se clavaron en el volante.
¿Cómo sabía eso? ¿Cuántas veces había estado aquí para memorizar dónde guardábamos los yogures? ¿Y por qué coño mencionaba justo los griegos... los que Clara solo compraba para sus "dietas post-entreno"?
La respuesta le salió a mis dedos antes que al cerebro: 💬 "El único tentempié aquí serán tus dientes en el suelo, cabrón."
La respuesta de Teddy llegó en 3 segundos: 💬 "Uy, qué violento. ¿O será que te molesta imaginarme chupando algo que no es tu polla? 😋"
Y entonces... la segunda foto.
El frigorífico abierto. El estante de los lácteos. Un yogur griego medio consumido, la cuchara todavía clavada.
💬 "Por cierto... ya encontré el cajón. Y el yogur. Y algo más que sabía igual de dulce."
Llegó otro mensaje, parece que nunca terminarán de llegar mensajes.
💬 TEDDY: (Selfie desnudo, abdominales marcadas, espejo empañado de fondo) "Vaya, se ha empañado solo. Qué calorcito hace aquí dentro...🔥"
💬 YO: "Parece que a ti también te gusta jugar con fuego. ¿Sabes qué pasa con los niños que se queman?"
💬 TEDDY: (Foto de su boca sonriendo, mordiendo el cordón de su bata abierta) "Depende... ¿los besas para curarles las heridas? 😘"
💬 YO: (Audio susurrado, voz ronca) "Te voy a enseñar calorcito de verdad cuando te meta la cara en ese maldito espejo."
💬 TEDDY: (Foto de su mano cerrando el grifo de la ducha, el vapor aún subiendo) "Pobrecito... tan celoso de un baño inocente. ¿O será que te imaginas cosas sucias? 🤭"
💬 TEDDY: (Video de 5 segundos – su dedo dibujando una "A" en el espejo empañado, que se desliza como lágrima) "Corre, banquero. Antes de que se borre... y dibuje otra letra."
💬 TEDDY: "No corras, campeón. Disfruta el viaje. Esto ya ha... terminado. O quizá solo esté empezando."
La foto adjunta:
Un espejo empañado, las gotas de condensación resbalando por el cristal como lágrimas. Y ahí, en el centro, una mancha blanquecina que se escurría hacia el borde del marco.
Mis dedos se cerraron con fuerza alrededor del volante, los nudillos palideciendo.
¿Semen? ¿En mi puta casa? ¿En mi espejo?
¿Y Clara?
"Cuando te encuentre, voy a arrancarte la polla a dentelladas y haré que te la tragues, hijo de puta." Conseguí escribirle.
"El hijodeputa se ha follado a mi mujer en mi casa."El pensamiento me recorrió como una descarga eléctrica, quemando por dentro.¿En qué sitio? ¿En nuestra cama, hundiendo ese colchón que eligimos juntos?¿Contra el espejo del baño, donde Clara se maquilla cada mañana?¿O en el maldito sofá del salón, donde vemos las películas los domingos? "Y se ha corrido en mi baño."
El coche patinó al frenar en el empedrado, la gravilla saltando como metralla contra los rosales que Clara tanto cuidaba. No me importó.
Mis manos aún temblaban al sacar la llave del contacto, los nudillos blancos de tanto aferrarme al volante. El motor aulló antes de callarse, como si también estuviera al borde del colapso.
Salí del coche sin cerrarlo, el claxon pitando brevemente cuando mi cadera rozó el volante. El aire olía a tormenta y a ese maldito after-shave de "Bosque Quemado" que Teddy usaba como firma personal.
Mis pasos fueron rápidos, duros, cada pisada una promesa silenciosa:si la encuentro a ella despeinada, lo mato.Si encuentro el sofá revuelto, lo mato. Si hay un solo jadeo ahogado en el aire, lo mato.
Abri la puerta de un golpe, estrellándose contra la pared. El aire de la casa olía a vainilla y sudor masculino, una mezcla que me hizo apretar los puños.
Y ahí estaba él.
Teddy en el recibidor, el torso desnudo, la piel enrojecida como si acabara de correr un maratón. Su respiración aún era pesada, los abdominales marcados brillando bajo una fina capa de sudor. Sus dedos jugueteaban con la hebilla de su cinturón, como si acabara de ajustárselo.
—*"Vaya, vaya...—** resopló, pasándose la lengua por los labios— *...justo a tiempo para el encore."
Mis ojos recorrieron su cuerpo, buscando señales, pruebas, cualquier detalle que confirmara lo peor, el pelo mojado (¿ducha... o esfuerzo?), el cuello marcado (¿arañazos... o la toalla al secarse?), el bulto aún notable bajo el vaquero (¿excitación residual... o anticipación?)
Un gemido ahogado sonó arriba.
Teddy sonrió, lentamente, como un lobo que sabe que tiene al cordero entre sus dientes.
—*"Relájate, banquero...—** murmuró, ajustándose la entrepierna con descaro— *...solo estaba practicando para cuando ella esté lista."
Continuará…
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Suso e Irene. Fantasma del pasado II
Suso llega a la casa de la playa sabiendo que su relación está al borde del abismo. Cada mirada de Julio hacia Irene, cada susurro entre Patricio y…
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
El viudo III: Imponiendo un nuevo orden
Gregorio creía que la camioneta era su trono, pero Juan Alberto ya había preparado el golpe de estado.
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Justicia por David
David creía conocer a su mujer, pero las miradas cómplices y los videos ocultos revelan una traición que lo reduce a escombros.
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Seducido por mi exnovia
Ana siempre supo cómo tocar sus fibras más íntimas. Esta vez, sin embargo, no solo busca revivir el pasado: quiere demostrarle que su presente no…
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
4 hombres para Blanca - completo (cap. 20)
Alex sabía que debía confiar en ella, pero verla entregarse a la lujuria de otros bajo el techo de la discoteca probó que su fe era un lujo que no…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La mentira parte 1 (Relato)
Sabe que su esposa está a punto de ser chantajeada, pero en lugar de protegerla, él decide jugar con fuego.
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeVoyeurismo oculto