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Justicia por David

David creía conocer a su mujer, pero las miradas cómplices y los videos ocultos revelan una traición que lo reduce a escombros. Ahora, con la verdad desnuda, debe decidir si seguir siendo el sumiso de siempre o elegir a quien realmente lo ama.

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JUSTICIA POR DAVID

Este relato, “Perdiendo a Sara”, fue el más difícil de “ajusticiar” de los que he leído hasta ahora. Es que el autor, este tal “Required”, es realmente impresionante. Y no puedo creer que lo haya dejado inconcluso… es una verdadera obra de arte. Y me ha hecho sufrir… uf… es que tengo la desgracia de meterme en los personajes… y este David… me la hizo pasar muy mal. Tampoco está este relato en esta página. O lo googlean, o me lo piden.

Por eso, en esta oportunidad, voy a presentar dos versiones de esta justicia… una corta, que, creo, es la que yo hubiera preferido, y otra larga, respetando 100% el relato. Vamos por la primera:

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JUSTICIA CORTA

- Sí, también me gusta – dijo Sara finalmente…

Estábamos en el Maral los seis. Habíamos conocido a Lidia esa noche. Sara estaba medio rara… enojada por mi mirada a las curvas de Lidia, especialmente las tetas… pero había algo más… Y, entonces, traen el postre. Y veo las miradas de estos dos. Cómplices. Burlones. Y yo era el pelotudo del grupo…

Me levanté para ir al baño, y me di cuenta cómo sonreían… y exploté…

- Hijos de puta… - murmuré, pero fue audible

- Eh? Qué dijiste? – me dijo, mirándome, Sara, confundida. Le devolví la mirada, con odio, y les dije a los otros dos

- Claro, soy el pelotudo al que tienen que joder, no? Se tienen que reír de mí… y de paso, hacen la apuesta para ver quién se clava a Sara…

- Pero, Davíd, qué dices, hombre? – preguntó Héctor, asombrado. Ramón me miraba… no decía nada, pero a ambos se les había borrado la sonrisa socarrona. Alba y Lidia se miraban entre ellas, y la miraban a Sara, que ya me había agarrado del brazo

- Suéltame… mujer!… Qué digo? Eso! – y señalo el postre – así que te gusta mucho la nata, Sara? Especialmente la nata con salchichón… - ah… la cara de Sara… un poema…

- Eh… pero… y tú… cómo…? – Balbuceaba ella, estupefacta

- Ví el video

- Cómo el video? Qué video?

- El que Alba le pasó a tu noviecito, y que él se encargó de pasárselo a Ramón

- Y tú cómo sabes eso? – dijo serio Héctor

- Porque no me fio de ti, y te hurgué el celular… y ví la foto que le sacaste aquí, en el verano, cuando nos conocimos… te gustan sus tetas, eh? Y luego las viste totalmente al aire libre, y el resto de su cuerpo… cuando fueron a Mallorca… y a ti también te encantaron, Ramón, no? Por eso la haces saltar en clase… para ver cómo rebotan

- David!! Ya cállate! Qué hiciste?... qué dices? – Sara, quizá desesperada, porque se le pudría todo

- Listo… hasta aquí llegué. Tu querías vergas grandes? Pues… aquí tienes dos… si no, SAN TIA GO O FI CI NA te puede satisfacer – y mirando por última vez a los dos roperos – “ya que tu novio no te da la marcha que necesitas”… o no, muchachos? Es que la tengo muy chiquitita… y Sara, tu necesitas mucho más

Y me fui de ahí, no quería escuchar más nada.

Cuando alcancé a abrir la puerta del auto, siento una mano que sujeta mi brazo. Era Sara

- David, por favor, tenemos que hablar

- Hablar? De qué? De cómo lo recibiste a Héctor la noche que vinieron a cenar con Alba, y cómo estabas con él? De cómo me dejaste con esa jaulita de mierda en mi “pollita”, mientras tu estabas babeando con su vergón en la playa, mostrándole todo?

- Pero… David… qué dices? No te pases. No fue así

- Ah, sí… y conmigo nunca quisiste hacer topples, pero con él… - y di vuelta la cara

- Era un juego. Es más, tú me alentaste todo este tiempo… Pero si a ti te gustó el juego?

- Sí… mira cómo me gusta el jueguito tuyo… la cajita… me la dejaste puesta mientras te ibas en bolas con ese…

- Hey… no te pases… que no fue a propósito…

- Sí… claro… como las selfies a ese Santiago… claro… ese también la tiene grande, como a ti te gustan

- Me espiaste…

- Y tu te cagas en mí… qué querías? Esa tarde, en la cama, con mensajes, fotos y videos con Santiago mediante, te ibas a masturbar… si yo no hacía ruido como que estaba en el baño…Un cornudo consentidor y sumiso quieres, no?… pues… vete a la mierda.

- Yo te amo…

- No… tu no amas… no sabes lo que es eso… si me quisieras, realmente, no me harías esto… ve con tus amigos.

Y me fui…

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Habría que ver qué habría pasado en esa pareja si David hubiera hecho este corte… obvio que la ama, y que, con el tiempo, hubiera perdonado.

Quizá Sara hubiera recapacitado, sin peros ni defensas luego de los argumentos de David… o no… era su excusa perfecta para dejarlo e irse tras una vida libertina y llena de carne y leche en abundancia. Eso no lo sé… pero el relato del autor fue mucho más extenso… y sufrido para David… así que pasemos al final largo…

JUSTICIA LARGA

Subí por las escaleras apurado. Pero… qué excusa meto? Qué le digo? Dónde estuve? No se qué decirle. No se… que la encontré a Alba, y me contó cosas de Sara que me dejaron muy mal… que estuve con un amigo que la estaba pasando mal, y no quería que nadie supiera nada… no… eso no… No sé qué hacer.

Todo esto de Sara me terminó de romper. Será que, pese a todo, quería sacarse la calentura y volver conmigo? Pero… tan bajo cayó? Qué hago? Qué le digo a Lucía? Pobre… ella no tiene la culpa. Es tan… tan distinta a Sara… Pero no es Sara… Diossss!!! No sé qué hacer!!!!!!

Estaba tan ensimismado en mis pensamientos que no me di cuenta que estaba en la puerta del departamento de Lucía. Y se ve que hablaba sólo, en voz alta… porque, de golpe, la puerta se abrió y salió ella, tirándose sobre mí, sollozando

- Pero… David… por Dios? Qué te pasó? Estás bien? – y me besaba la cara, los labios… y comenzó a llorar. Y me desarmé

- Lucía… tenemos que hablar…

Y le conté, ahí, parados en el pasillo, con todos los detalles posibles, lo que me pasó ese día Todo. Desde el encuentro con Alba hasta la huida del departamento de Sara. Le dije toda la verdad. Se lo merecía. Porque Lucía no era Sara… y no se por qué ese pensamiento me venía una y otra vez a la cabeza

- La amas? – me preguntó, haciendo puchero… - aun la amas, David?

No supe ni pude contestar. La veía parada ahí, tan frágil, tan inocente… tan… pero… qué me pasa? Por qué no reacciono?

Y, llorando, se metió en su departamento, y cerró la puerta. No tuve fuerzas ni para golpearle, ni para llamarla… qué desastre que soy… qué fracasado. Un pelotudo, pero, un flor de pelotudo… más que importante…

Subí a mi departamento, totalmente vencido. En mi derrotero, sentí que arrastré a la pobre Lucía. Ella se merecía algo mejor. Y con ese pensamiento, más todo lo que había conocido y visto en el departamento de Sara, me encerré en el mío.

Estuve cuatro días encerrado, avisé al estudio que me sentía mal y listo… apagué el teléfono para no hablar con nadie. Apenas comía lo que había. Estaba tirado en el sillón, mirando a la nada misma, bajándome toda la reserva de alcohol. No me bañaba. No dormía. Y en el centro de mis pensamientos, Sara. Y la película de nuestro derrotero que se me venía a la mente una y otra vez. Y pensaba en Sara. Y que Lucía no era como Sara. Y esto último, continuamente estaba presente… Lucía no es como Sara… Y era tal mi agotamiento mental, que no podía discernir, no podía lucubrar un mínimo razonamiento.

Al cuarto día, cuando ya no tenía provisiones, bajé al mercado de la otra cuadra. Eran como las 6 de la tarde. Cuando pasé por el departamento de Lucía… Lucía… en ese momento pensé, luego de cuatro días de bloqueo mental… Lucía no vino a casa, no me golpeó la puerta, no me gritó ni reclamó nada… Y en eso estaba, cuando se abrió su puerta, pero en vez de ser ella, era el encargado del edificio

- Hola, Don Cosme…

- Buen día, muchacho… te sientes bien? Te ves terrible

- Sí… gracias, no me siento muy bien estos días… consulta… Lucía?

- Ah… Lucía dejó el departamento. Me dijo que volvía al pueblo, con sus padres

- Gra… gracias

Creo que esa fue mi tercer gran patada a los huevos. Lucía se había ido. Claro… y qué iba a hacer? Ser la segunda? La que espera a ver qué decido hacer? A quién elijo? Ser la eterna sombra de Sara eternamente? Pobre Lucía… ella no es como Sara… y otra vez ese pensamiento, esa frase… Dioooooosssss!!! Qué difícil es todo esto!!

A todo esto, yo iba caminando al mercado, en modo automático. Agarré un carrito, empecé a meter cosas adentro, no me pregunten qué… y me dirigí a la caja a pagar. Y cuando llega mi turno, me doy cuenta que no tengo la billetera. Me maldije por enésima vez. Al manotear mis bolsillos, noto un bulto… era el celular. Se ve que, inconscientemente, ahí lo puse cuando salí, por costumbre… Entonces se me ocurrió pagar con la app del banco. Pero tenía que encenderlo. Y no sabía si tenía batería. Por suerte, encendió, pude pagar, y salí de ahí con las bolsas en la mano. Y se me ocurrió ver los mensajes y llamadas perdidas mientras iba caminando de vuelta a casa. Entre las boludeces, amigos, propagandas, compañeros de trabajo, etc., dos mensajes me descolocaron.

< David, me vuelvo con mis padres. Se que, aunque no dijiste nada ayer, tu respuesta era que sí, que la amabas a Sara. Y sabes? Yo ya no puedo más. Siempre tuve mala suerte con las relaciones, pero esta vez creía que se me iba a dar. Sentí que habíamos conectado de alguna forma mágica, que nos amábamos. Pero no… Espero que ustedes pueden arreglar sus diferencias y volver a ser pareja. Yo se que eres un primor, y ella se portó pésimo contigo. Pero, en el fondo, se que te ama. Si recapacita, ahora que se sacó las ganas con ese tal Héctor, y tu seas capaz de perdonarle… quizá vuelvan. Te deseo lo mejor, de corazón. Eres un sol. Y nunca dejes que te digan lo contrario. Adiós. No miento cuando digo que jamás te olvidaré. Fuiste, sos y serás el amor de mi vida – 17:58 >

Ese mensaje me lo mandó al día siguiente que le conté lo sucedido todo ese día. Me tuve que sentar en el umbral de un edificio. Me sentí devastado, una mierda de persona. Lucía… cómo no pude ni supe amarla? Maldita Sara. Lucía es una buena mina. Tranquila, cariñosa, compañera, no busca martirizarme… no me engaña. No. Lucía no es Sara… Otra vez esa frase? Lucía no es Sara… y bueh… seguí mirando, y me encontré varias llamadas perdidas de Sara, dos días después, o sea el día anterior del que estoy leyendo estos mensajes. Y un mensaje de ella en Whatsapp

- < David, tenemos que hablar – 12:50 >

Si estos cuatro días estuve en el limbo, que Lucía se marchase, notoriamente dolida, y por mi absoluta culpa, más el mensaje de Sara, me terminaron de anular. No recuerdo haber subido la escalera con las bolsas. No recuerdo haber metido la llave en la cerradura. Pero sí me llamó la atención que sólo cerré la puerta al marcharme… o sea, no cerré con llave.

Y en esto estaba, cuando, al entrar al comedor, la vi sentada en el sillón. Absolutamente hermosa como nunca. Le brillaban los ojos al mirarme. Sabía, por conocerla tantos años, que no estaba bien. Para ser una mujer decidida, apabullante, segura de sí misma, la noté como caída, avergonzada.

- Hola, David – y se levantó como para querer saludarme. Si la primera impresión me resultó impactante, verla con ese vestido semi-corto que mostraba parte de sus increíbles tetas, me maravilló, me dejó sin habla. Pero, en un instante, mi mente hizo click y le levanté la mano, mostrándole la palma, en señal que se detenga

- Alto ahí. Ni te me acerques. La última vez que estuvimos cerca, me dejaste los huevos totalmente hinchados. Dos meses tardé en recuperarme – Sara no sabía si sonreír o poner cara de perdón.

- Lo… lo siento. Lucía me contó lo que te había pasado. Cómo te había lastimado

- Lucía? Cuándo?

- Cada tanto le mandaba mensajes preguntándole cómo estabas

- Ah… ok. Y… cómo entraste?

- Con la llave – y la levantó, mostrándomela – ya que no me contestabas, no se me ocurrió mejor manera que hacerlo

- Ok, qué quieres?

- Cómo qué quiero? Recuperarte quiero… hablar contigo quiero

- Eh? – y comencé a dar vueltas en el lugar, ostensiblemente nervioso – Cómo?

- A ver, David… podemos hablar?

- Ahora quieres hablar?... en serio? Y estos meses ni se te ocurrió? Porque si hay alguien que la cagó en esta relación has sido tu? O no?

- Sí, es verdad… me fui muy enojada de aquí… pero más conmigo misma que contigo. Y luego no pude… - y la quedé mirando…

- Ok, pero vayamos al comedor. Tu te sientas en una punta, y yo en otra. No quiero recibir un tercer patadón tuyo

- Bueno, vamos – dijo sonriendo… quizá creyó que ya había aflojado

Nos sentamos, uno en cada punta, como yo había propuesto. Por las dudas, esperé a que ella se siente, para ir y sentarme yo en la otra punta. Nos miramos, ninguno de los dos se atrevía a arrancar, así que la hice fácil:

- Bueno… te escucho…

- A ver, David, no podemos tirar por la borda diez años de pareja… yo se que…

- Podemos? Así que la culpa también es mía? Así que yo tendría que haber aceptado a una novia revolcándose con otros tipos, obviamente muchísimo mejor dotados que yo, para poder sacarse la calentura, mientras yo tenía que consentir, mirar y hasta aplaudir? En serio? – me estaba sacando de las casillas, así que, cuando me di cuenta, respiré hondo, conté hasta 10 – En serio, Sara? – ella me miraba con esos ojos compradores, intentando calmarme y doblegarme

- Y… me llamaste puta…

- Y todo lo que me hiciste? No amerita ese título?

- Eh… más allá de lo que pasó en el baño, que es verdad, aunque estuve borracha esa noche, apenas fueron tonteras… lo de Santiago… sí la paja a Aiton, me pasé, pero me había chantajeado…

- Tonteras? Tonteras dijiste? – de vuelta me había enojado… y de vuelta a respirar. – ok, tonteras… vamos a verlas, y luego me cuentas? – y me quedó mirando como estudiándome. Ella sabía perfectamente que fueron más que tonteras… pero es muy orgullosa y dominante. No se iba a dejar doblegar

- A ver? Cuéntame de todo lo que te hice, lo que te duele, así de una vez por todas podemos hablar de aquello, para tratar, luego, sí, lo importante, que es lo nuestro. Porque yo te amo. Y eso es verdad. Lo otro…

- Lo otro fue una acción deliberada de una… de una puta, bah - lo dije de vuelta - y así lo siento, y te lo voy a demostrar… me sigues ocultando muchas cosas… porque ya veo que vienes a querer que volvamos a estar juntos, pero me sigues mintiendo.

- No… ya no quiero mentir

- Ok, te escucho, entonces… qué más pasó de lo que yo sé?

- Es verdad que me gustan las vergas grandes… es una debilidad desde que soy chica. Contigo, al final, me di cuenta que eso no era lo importante. Pero, con el tiempo, me gustó eso de la dominación, de tener el control. Y tu eres muy sumiso, no lo niegues

- Sí… me falta carácter

- Pero te sobra ternura, cariño, estar presente para mí…

- Pero te faltaba lo otro, no?

- Sí, es verdad… ver a Héctor desnudo en Mallorca… saber que eran con Alba una pareja abierta… me ponía demasiado. Quizá como una fantasía al principio, pero después… se me fue de las manos

- Aha… sabías que la tenía muy grande… y te coqueteaba… sabías que eran pareja abierta, y a mí no me dijiste nada… y qué más sabías de él?

- Mh… no se… qué me faltó?

- Vamos, Sara, algo muy importante…

- No se… te juro que no…

- Que era actor porno – y me quedó mirándome fijo, asombrada – y vienes a decirme que quieres que volvamos, que basta de engaños y mentiras y ocultarnos cosas… y eso no me lo dices… - y bajó la cabeza

- Sí… es así… - y cómo lo sabes?

- Alba… la hija de puta esa… tu amiguita… hace unos días la vi, y, entre otras cosas, me dijo eso

- Pero… qué hija de puta? Y qué más te dijo?

- Vamos por partes, ya vamos a llegar ahí – y respiré hondo – el saber que era actor porno, suponía una verga importante… y tu fantasía explotó

- Sí…

- Y la primera noche en el Maral te coqueteó, te envolvió, tu le coqueteaste también… te sacó una foto, que te puso más que orgullosa

- Foto? Eso no sabemos…

- Yo sí. La vi

- Cuándo?... cómo?

- Ya vamos a llegar también ahí… y luego la invitación a cenar a casa. Te vestiste para él

- No… yo…

- Te vestiste para él… sí o no?

- Ok… sí

- Y yo te importé un carajo. Le confesaste que tu fantasía eran las vergas grandes

- Es verdad

- Y yo, con mi “pollita”, que me cague

- No… amo tu verga, es parte de ti

- No… “pollita” la llamaste últimamente… y lo sabes… querías humillarme

- Es cierto. Pero ya sabías que eso me pone… controlar, humillar…

- Mh… sigamos. Luego, Mallorca. Te desnudaste… para él…

- Sí, pero era una playa nudista…

- Y lo disfrutaste… a él

- Es verdad… pero era una playa nudista

- Pero los siguientes días, no… e hiciste toppless… para él. Claro… conmigo te negaste siempre… pero estaba ahí él… y tu lo querías? O no?

- Sí…

- Y la noche del recital, fuiste sola con él. Parado al día de hoy, lo de Alba fue un verso para que ustedes estuvieran juntos…

- Visto así, puede ser

- Y yo te llamo mil veces y no me contestas, y cuando te dignas cogerme el teléfono, lo haces con algo en la boca, haciendo ruidos, hablando mal

- Eh… cómo?

- Me dijiste que te estabas lavando los dientes…

- Ah… es verdad, cierto

- Claro… y yo, acá, en casa, con esa jaulita de mierda que me metiste de prepo… qué iba a pensar? Dime…

- Lo de la cajita no fue a propósito… iba a volver a casa a sacártela

- No… te gustó que yo esté así, humillado, controlado, sumiso, lamiéndote los pies, la concha, con los huevos hinchadísimos por lo que apretaba… eso es amor… claro… sí

- Ok, pensé que te gustaba. Por qué no te la sacaste, entonces?

- Por qué? Por qué, dices? En serio? – y me seguía mirando, como sólo ella mira – Porque me amenazabas que yo no iba a tener sexo y tu sí durante el tiempo de castigo… porque tenía terror a perderte. Porque tu eres un bellezón increíble, y yo un pobre infeliz

- Perdón… estos meses pude reflexionar… y me di cuenta que sólo pensé en mí… y te traté muy, pero muy mal. Por favor, hablemos de lo nuestro. Porque ese pasado nos hace demasiado daño

- No… Sara… primero hay que blanquear para poder seguir. Y a ti te falta confesar más cosas

- Bueno… a ver… dime… lo que Héctor haya sido actor porno… o que hayan sido pareja abierta… la apuesta en el parador… pero esa noche no pasó nada… te juro que…

- No jures, porque la embarras más… si no te sinceras, esto no tiene sentido

- Pero… pero… qué es lo que sabes? Por ahí es una estupidez, y tu crees que no… - y saqué el celular. Por suerte, todavía le quedaba algo de batería. Busqué los videos del club de strippers, y se lo alcancé para que los vea. Se le abrían los ojos, cara de enojada

- Pero… cómo tienes esto? Quién te lo dio? A ver, fue una despedida de soltera, una tontera

- Claro… sí… y le comiste la verga llena de nata al cubano ese… Santiago

- Perdón… estaba muy borracha – y agarré el celular y busqué el cuarto video, y se lo dí a ver

- Y acá? Le hiciste una paja a un tipo, mostrándole las tetas? Estás loca? Eso no es de puta?

- Perdón… sí

- Y… cuándo me lo ibas a decir esto. Sabes que me chantajeó con esto? Alba me chantajeó?

- Eh? Por qué?

- Fíjate de vuelta en el cuarto video… yo estuve ahí… y en vez de ir y refregártelo a la cara… me callé. Y viniste sin ropa interior a casa… te acuerdas? Alba me dijo que el cubano te había dedeado en el baño…

- Buchona… qué hija de puta que es…

- Sí… y cuándo me lo ibas a decir?

- Y… vos qué hacías ahí? Me seguías?

- Un poco… sí. Lo que había visto con Héctor y Alba ya me estaba poniendo de los pelos en ese momento… pero fue de casualidad… las vi entrar a Alba y otra chica a ese lugar, totalmente alcoholizadas… y temí lo peor… y no me equivoqué

- Ok… se me fue de las manos… tienes razón

- Le chupaste la verga a un tipo, con el que después mantuviste una relación a distancia, pajeaste a otro tío, estuviste en bolas delante de todo el mundo… no se te fue de las manos… no me jodas. Eso es cagarse en mí. Ah… y luego las fotos que le enviabas. Un día llegué a casa, y tu estabas en la cama dele intercambiar fotos y videos, y te masturbaste ahí… yo hice ruido a propósito para cortarte el rollo…

- Me acuerdo… sí… es verdad… Ahora… Y… por qué te chantajeó?

- Ya vamos a llegar ahí. Y sabes por qué tengo estos videos?

- No…

- Porque le fisgoneé el celular a Héctor, un día en el gimnasio… y ahí pude ver la primer foto del Maral, y la conversación donde Héctor se jactaba de tus tetas, que, dicho sea de paso, le pasó a Ramón una foto de Mallorca, y cómo te le regalabas… o me vas a negar que te le fuiste a la carga?

- No, no lo niego

- Y ahí vi los videos que Alba le pasó a su noviecito.

- Ahora entiendo

- Sí… tu entiendes… y yo lo padecí. Ahora vamos a la segunda cita en el Maral… primera vez con Ramón y Lidia. Recuerdas?

- Sí… claro

- Y no tienes nada que decirme de esa vez?

- Mh… no…

- En serio? Nada? Vamos… - y la miré serio – vete

- Pero… cómo? Te diste cuenta? Te lo dijo Héctor?

- A ver si hablamos de lo mismo…

- Yo… con los pies… lo froté a Héctor – me decía bajando la cabeza

- Exacto… y no me lo contaste…

- Eso fue una verdadera putada… sí

- Te pusiste celosa porque Héctor estaba prestando atención a Lidia… y a mí me olvidaste totalmente… Y luego vino la cajita de vuelta… porque yo le miraba las tetas a Lidia… eres… eres una mierda. Y esos dos dándote un postre con nata en mis narices… me miraban y se burlaban…

- Sí… lo soy – aceptó. Esos meses te la hice pasar muy mal… perdón

- Seguimos? – dije casi bufando… y ella asintió – nada más que contar? – y seguía con la cabeza gacha… - ya que tu no cuentas, sigo yo. En el gimnasio, ya había visto a Héctor y la Rusa haciéndolo en el vestuario… más de una vez… y pensar que me daba pena Alba… qué pelotudo soy…

- Ah sí?

- Sí, un gordito ya me había advertido del espectáculo a cierta hora en ese lugar… y luego me dijo que lo había visto con otra mujer, que por la descripción eras tu. Por suerte, justo el día de la patada, me la señaló en el hall… y era una mujer parecida a ti.

- Mirá Héctor…

- Sí… TU Héctor… - y Sara bufó – bueno… sigo, ese día me diste una patada fenomenal… con la jaulita puesta… por mirar a la Rusa

- Sí… qué mal…

- Pero tu fíjate todo lo que hiciste hasta ese momento… y a mí casi me provocas una seria lesión…

- Ya está… te he pedido perdón…

- Y luego… el parador…

- Uf…

- Algo que acotar del parador?

- La apuesta… juro que se me fue de l…

- Basta con eso! Tu lo quisiste

- Noooooo!!

- Primero, algo que quizá no sabías: Ramón, antes del fin de semana ese, me había dicho que te había notado que eras de las mujeres fáciles, capaces de cornear al novio a la primera oportunidad. Y que Héctor era bueno para poner a prueba a una mujer así. Que a él Héctor ya le había hecho el favor con una novia anterior – Sara abría los ojos – y en el Maral, me habían dicho que esa era la oportunidad… que él iba a intentar seducirte, y que si tu agarrabas viaje, él te iba a parar el carro… y qué pasó?

- No pasó nada?

- Nada? Seguro?

- Es… que…

- Te fuiste al bar a buscar bebidas con Héctor, y te apareciste en tetas “porque él te lo pidió”… y no podía hacer ni decir nada, por ese tema de ponerte a prueba… ellos continuamente me lo recordaban… recuerdas?

- Sí, estaba enojada por cómo mirabas a Lidia

- Ah sí? Y también la masturbé a Lidia? – y se puso totalmente colorada

- Pero… pero… cómo…

- Sigamos… me hiciste hacer el ridículo en la playa nudista. Fui el pelotudo del año… no, del siglo. Y tú disfrutaste delante de todos. Claro, total yo, como buen perrito faldero... Y a la noche, debajo de la mesa, cuando jugábamos a las cartas los tres…qué hiciste

- Sí… me pasé…

- Claro, se la chupaste a los tres hombres… A LOS TRES!!... y cuándo me lo ibas a contar? Y la sinceridad? Te perdiste la oportunidad aquí de decírmelo antes

- Y… cómo lo sabías?

- Alba… la hija de puta de Alba…

- Zorra

- Aha… ella sola es zorra?

- No te pases

- Que no me pase? No te puedo creer… no puedo…

- Bueno… tienes razón… fui una zorra… una estúpida…

- Sí, como en la pileta… te sobó las tetas… y tu, seguramente, le sobaste el paquete… y yo como un pelotudo, teniendo que estar al margen… calladito la boca

- Uf…

- Sí… “uff”. Y la apuesta… aceptaste dormir con él… tu sueño se había hecho realidad

- Pero no pasó nada esa noche!!!

- Penetración… no… no hubo

- Pero… me espiaste?

- Estuve ahí

- Cómo?

- Cuando llegué a la habitación con Alba, ella fue al baño primero y se cambió. Y se metió a la cama en pijama. Luego fui yo. Cuando salí de bañarme, ella, sin que yo supiera, y escondió toda mi ropa. Así que estaba en bolas. Y ella también. Se había desnudado. Y me decía que estaba todo preparado, que era un intercambio ya pactado, que esto, que lo otro… y cuando me negué, ahí se enojó y me mostró los videos… - no le dije lo de la paja… vaya por todas las que me ocultó - que ya los había visto, pero me hice el estúpido. Y me dijo que ellos era pareja abierta, que los tres, o sea ella, Héctor y tú, iban a hacer un trio, y que yo no lo podría evitar… y quién era yo para rechazarla… y se dio vuelta y se durmió. Entonces aproveché y salí para espiarte, a ver si era verdad o no… y los vi salir, tu en prenda interior, esa sexy que me habías mostrado… que era para EL…

- Nooo

- Siiiii… y él, en bolas, con su chipote al aire. Te escuché… y a él… estabas embobada por su tripa… y ahí me enteré lo de los pies del Maral…

- Ah… cierto… y me viste haciéndole una paja

- Sí… y te le desnudaste para eso… y te cayó lefa en las tetas

- Sí…

- Y tampoco me lo dices… la sinceridad y la verdad… al carajo. Te estoy preguntando si algo más desconozco… y no me hablas… entonces… me sigues mintiendo

- Perdón… es que… me da muchísima vergüenza todo… y me da mucha bronca a mí misma…

- Le decías que le deseabas su verga, que era la más grande… y que si yo no estaba ahí, otro hubiera sido el curso de los hechos… y lo peor… que te negabas a hacer una pareja abierta porque te dolería verme con otra

- Sí...sí… sí… soy una tarada… pero lo de la pareja abierta… tu mismo me dijiste que querías ver mientras yo lo hacía con otro

- En la fantasía mientras lo hacíamos nosotros… y lo hablamos y quedó claro… una cosa era el morbo de pareja, y otra hacerlo realidad

- Es verdad…

- Y me volviste a poner la caja… y luego llegó la otra jaula…esa de color negro… el de Santiago

- Sí, me pasé tres pueblos

- Tres países… y te seguías cagando en mí. - y se hizo silencio… - y luego, te escucho hablando con tu prima… tu creías que dormía… y le decías que casi casi en el parador la cosa no paraba en la paja… que te ponía demasiado Héctor…

- Uf… pero eso ya lo sabías

- Sí, pero quedé como un pelotudo también en la casa de tu prima… ah… toma, mira – y le muestro el video que me había pasado Aiton cuando volvíamos de esa casa – ese fue el vaso que tomaste… así es la imagen que tienen todos de mí… el emperador de la galaxia de los pelotudos…

- Qué asco! – apartó el celular cuando terminó…

- ahora, vamos al penúltimo acto… el casamiento… donde no te dio asco…

- Penúltimo?

- Claro… porque… tienes algo más que contarme? – silencio – no… así vamos a estar toda la noche…

- Y… qué quieres que diga?

- Primero, no le sentiste un sabor raro al trozo de Héctor?

- Por? No entiendo…

- Porque se folló a Carla en el baño… en el otro baño… yo te buscaba, y me imaginé que estarías con él. Pobre Fran… me da pena. Otro del club de los cornudísimos – a esta altura, Sara se tapaba la cara con las manos. - Y tu bailando con Fran… y luego, con Héctor. Yo aproveché a buscar el celular de Alba para eliminar el cuarto video, porque ahí se veía que estaba yo, y ahí está el tema del chantaje. Alba puteó cuando nos fuimos de tu tía. Y, a la vuelta, estaba tan enojado contigo que yo mismo te iba a mostrar los videos y echarte en cara la paja a Héctor, lo del Maral, lo del parador, lo de Santiago, la paja a Aiton, las chupadas debajo de la mesa… y no lo hice… porque tenía miedo a perderte… yo te amaba… y tu no…

- Perdón… perdón… pero yo sí te amaba… y te amo

- Shhh. Y cuando salí al patio de atrás, para borrar ese maldito video… te veo a ti entrando al baño con él… le comiste el rabo completo… le decías que mi verga era insignificante… y que no follarías ahí con él porque luego no ibas a sentir la mía. Es más… ya no la sentirás… no?

- Eh…

- Primero, me faltó algo muy importante… te tragaste su leche… toda. Algo que me negaste toda tu vida porque te daba asco… -y se puso a llorar

- David… David… ya está… ya fue… por favor, no te castigues más – claro… hacía rato que yo estaba goteando, extrañamente calmo… pero evidentemente destruido. Ella se dio cuenta

- Y en casa te hiciste la ofendida, la loquita. Y me rompiste literalmente los huevos… a ver… de qué quieres hablar? Si te he dado la oportunidad que me cuentes la verdad, y, al final, he sido yo el que te la conté… bueno… hasta donde yo comprobé… ni siquiera ahora, de frente, fuiste capaz

- Perdón… tienes razón… es que sé que todo esto te duele. Créeme que yo pensaba que todo esto de la sumisión y la liberación te molaba

- Ya te lo dije. Tenía terror que me dejaras. Decías que me elegías, pero te babeabas por otros… está bien. Perdí

- Nooooo!!! Si estoy aquí no es para que zanjemos las diferencias… es porque quiero estar contigo

- Ni lo sueñes. Eso de pareja abierta, ni de cornudo consentidor aplaudidor… Quedé realmente mal después de todo esto

- Sí, lo se… Lucía me contó algo

- Lucía? Eh?

- Al tiempo que me fui, nos mandábamos mensajes con Lucía. Ella me decía lo mal que estabas… y yo, como una pelotuda… ni siquiera me animé a hablarte. Apenas una foto ridícula… que hasta me dio vergüenza… Cuando, en frío, me di cuenta lo que te había hecho pasar… no me hablaste en todo este tiempo…y que tu sabías “algo”… y hoy me entero que sabías muchísimo más… - y vuelta a llorar. Y amaga a levantarse y caminar hacia mí

- No, Sara, quédate en tu lugar. No soportaría una patada más

- Jamás te volveré a pegar, ni a humillarte, ni a dañarte… todos estos meses me sirvieron para darme cuenta

- Principalmente la semana pasada, no?

- Nnn… no entiendo

- A ver… yo se que ya no éramos pareja… pero si estuviste tan mal… te vi subir a un auto de lujo… y entraste sonriendo… feliz.

- ¿Cuándo?

- Un día de lluvia… hubo un desvío de tránsito, y tuve que pasar cerca de la casa de tus viejos

- Ah… sí. Es verdad

- Entonces tan mal no estabas

- No se por qué estaría así. No he estado con nadie desde que me fui de aquí. No he tenido ganas, ni voluntad, ni deseo

- No era que ibas a ser sincera conmigo? Por un lado, sí, Alba me dijo que estabas mal… Pero que no estuviste con nadie… por favor… vete

- Es que… no…

- Héctor – y me clavó los ojos

- Qué hay de Héctor?

- Por qué no me cuentas un poco?

- Bueno… como Alba me lo había descripto, saber que fue actor porno, luego comprobar que tenía una herramienta… ya sabes que ese rollo de probar cosas nuevas me tenía…

- No… no… eso lo sé y lo sufrí en carne propia… lo sufro… yo digo, después que nos separamos… que te fuiste

- No… no lo ví… no…

- Mientes – y de vuelta sus ojos, intentando entender qué sabía yo – me mientes en la cara y pretendes que vuelva y te pida yo perdón y me ponga ese consolador gigante negro…

- No… nunca más… te lo juro… ya aprendí la lección

- La semana pasada aprendiste la lección? O, mejor dicho, terminaste de aprender la lección?

- A ver… hablas… - y se levantó, medio enojada, apoyando sus antebrazos en la mesa… - me espías?

- Ahora me sincero yo… tu sabes muy bien que tu eras mi mundo, mi vida, mi razón de ser. A tu lado me sentía insignificante. No podía entender como un bellezón impresionante como tu me dio bola a mí. Siempre supe que eras demasiado mujer para mí, y yo muy poca cosa para ti

- Nooooooo!!!! Jamás! Tu eres…

- Déjame terminar, luego hablas tu… cuando te fuiste, mi mundo se derrumbó. Estaba perdido, roto, destrozado, sin rumbo. Los muchachos querían entretenerme, pero fracasaron. Una chica, una camarera de un bar, que estos quisieron ligarme, me confesó que ella tenía novio, y que a veces se enrollaba con otros sólo por sexo, pero que ella lo amaba a él… y… sabes, no lo entiendo eso… no lo apruebo. Y luego vino el encuentro con Alba… quería disculparse por todo lo que me hizo. Ahí me dijo que estabas mal… y se me ocurrió pasar por tu casa… y entré

- Pero… si no tenías llave?

- Entre que te fuiste y volviste por tus cosas, le había hecho una copia… sé que estuvo mal, como el resto que te voy a contar… pero estaba desesperado. Y vi tu compu… y traté de ver qué era de tu vida, con quien estabas, si seguías con Héctor… - respiré – y encontré tus mails…

- Cómo pudiste…

- Espera… fuiste a un casting porno… - otra lanza al corazón… - tú cómo pudiste

- Estaba desesperada, sin dinero

- Y caliente todavía

- Pero cómo te atreves a…

- Sara!!! Sé sincera de una maldita vez!!! Ese hijo de puta te emputeció!! No te das cuenta? Un porno… y si te veían tus viejos? Tus amigos? Tus compañeros de trabajo?... Yo… bueno, yo ya no contaba para ti…

- Perdón… tenía la mente, nublada, pero no accedí

- Sí, lo sé, pero el video está, el del casting… qué asco – y se pone a llorar

- Fue sólo eso… luego me fui corriendo de ahí

- Sí, lo se

- Y cómo lo sabes?

- Porque ese día, justo llegaste tu de viaje… y al ratito llegó Héctor… y yo escondido, como el mayor de los pelotudos… el rey… el emperador… - y me agarré la cabeza con las manos – estaba en el bicicletero. Y de vuelta vi y escuché todo…

- Nooooooooo!!!!!! – y, en un instante, la tenía a Sara arrodillada ante mí, llorando desconsoladamente… cuando pudo hablar, me dijo – David… ese fue el cierre de mi obsesión… porque eso fueron para mí Santiago, Héctor… una estúpida obsesión, el morbo de dominar todo, de tenerte como un esclavo mientras disfrutaba de esas vergas gigantes, que ya sabes que me molaban desde muy chica. Todos estos meses estuve realmente mal, por mí misma. Yo te había perdido, y encima me había enojado contigo. Y sabía que no tenía posibilidad de perdón alguna… y una noche, totalmente borracha, entro a este departamento, y te veo en la cama, dormido, desnudo, abrazando a Lucía… esa… cuando era yo quien debió estar ahí, contigo. Y me perdí. Y dejé el trabajo. Y fui a ese casting… y me di cuenta que eso no era lo mío. Y, dolida por verte en brazos de otra, accedí a enrollarme con Héctor… pero… si tu estabas ahí, sabes qué pasó… cómo lo traté

- Gozaste como nunca lo hiciste conmigo… te molestó que él te quisiera controlar, eso sí… pero él te puede, Sara… aunque lo niegues, los machos alfa te pueden… y eso no va a cambiar… no sé qué hacés aquí

- No… eso fue lo último. Tienes que caer muy bajo para darte cuenta lo que has perdido… Me di cuenta, quizá tarde, tienes que creerme, que te amo como a nada en el mundo… y que eres el único hombre en mi vida. Si me perdonas, te juro que jamás voy a hacer nada parecido. Porque, sí, me mola, pero te hace daño. Es más, vas a tener todas mis claves. Y no voy a ir a ningún lado sin ti. Y no vamos a ir jamás a ninguna playa nudista, ni clubes raros, ni vuelvo a tomar alcohol…

No se qué cara tendría yo, pero la escuchaba y resonaba en mi mente “Lucía no es como Sara”. Juro que, hasta ese momento, creía que significaba que Lucía no tenía nada que hacer al lado de Sara. Sara era el mayor premio posible, y Lucía, el premio consuelo… y, entonces, habló Sara

- Tu me amas?

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“Tu me amas?” Mientras iba manejando, dos frases tenía en mi cabeza. Esa, y “Lucía no es como Sara”. Y me puse a hacer, mentalmente, las comparaciones.

· El sexo con Sara es sublime. Tener sus tetas en mis manos es el paraíso. Pero siento que no le alcanza a ella… que necesita más. Y eso me frustra. Porque ya se que yo tengo una pollita… y ella quiere señoras vergas. En cambio, el sexo con Lucía es cálido, sereno, nos complementamos, no me hace sentir inferior. Para ella, soy su hombre. No necesita otra cosa. Eso me hace sentir.

· Ver las tetas de Sara es lo máximo. De sólo saber que están ahí, y que las puedo alcanzar. Son gigantes, enormes… sabrosas… esos pezones… Diossssssss!!!. En cambio Lucía… es plana, pobre… pero es parte de ella… a ver… y si la imagino con las tetas de Sara?... no…. No es Lucía… porque… Lucía no es como Sara… devolvámosle sus tetas originales… ahora sí es ella… y qué bonita está. Qué sonrisa hermosa. Y, hay que reconocerlo, hombre… son las tetas de Lucía… y me empiezan a gustar así, como están… pero… el amigo se está despertando de sólo verle sus tetitas…

· Sara siempre quiso dominarme en todos los sentidos. Había que hacer lo que ella quería, de la forma que ella quería. O me obligaba, o usaba sus encantos femeninos para doblegarme… Lucía no… en el poco tiempo que estuvimos juntos, las cosas se decidían de a dos. O surgían espontáneamente

· Sara sólo se preocupaba por ella. En la vida social, en nuestra vida de pareja y en nuestra cama. Sus jueguitos de amo-esclavo así me lo demuestran… Lucía… todo lo contrario. Ella se preocupaba por mí. Y buscó siempre mi bienestar por sobre todo. Siempre esperándome con una sonrisa. Me esperó para tener sexo… se esmeró en que me sintiera cómodo. Si hasta le mandó ese mensaje a Sara para que volvamos a ser pareja, cuando le conté todo lo que había penado ese famoso día, que la ví a Sara en su departamento con Héctor…

Mientras manejaba, llamé por teléfono a la casa de los padres de Lucía. Me atendió su mamá, me presenté, y le dije que estaba yendo para allá, que en dos horas máximo llegaría. Me dijo que Lucía estaba muy mal, encerrada en su pieza, no quería comer… no quería hablar… y no le decía lo que pasaba. Entonces le dije que fue por mi culpa. Porque le había dado a entender que iba a volver con mi antigua pareja… y no fue así. Que para eso iba para allá.

Cuando llegué, ambos padres me esperaban en la puerta de entrada. Se notaban muy preocupados. Me saludaron, me invitaron a pasar y ahí les conté cómo venía el tema de mi separación con Sara… obviamente, sin detalles “escabrosos”. Simplemente hablé de varias infidelidades, que nos habíamos separado, que no podía superarlo, que en el medio apareció Lucía, y que ella creía que yo quería retomar esa relación… por eso se había venido a refugiar acá. Y que quería hablar con ella. Entonces me dijeron que subiera, que estaba en su habitación, la segunda puerta a la derecha, pero que se había encerrado con llave. Que ellos se iban de la casa un rato así nos dejaban solos.

Subí… y me temblaban las piernas. No sabía que decirle. Me di cuenta que era mucho más importante para mí esta conversación que la anterior con Sara… Golpeé la puerta… y me anuncié:

- Lucía… Lucía… soy yo, David – paré la oreja, y escuché como un llanto apagado – por favor, podemos hablar?

- Qué haces aquí? Vete!!! No quiero tus migajas!!! Estoy cansada!!! No puedo tener tan mala suerte!! – y escuché el golpe de algo que pegó en la puerta… como si fuera una zapatilla

Entonces me senté en el suelo, delante de la puerta, y le recité el mensaje que ella le había pasado a Sara antes de venirse a para este pueblo… mensaje que me había impactado sobremanera. Cuando Sara me lo mostró, quizá desesperada porque no le contestaba a su pregunta “tu me amas?”, me terminó de convencer que tenía que huir de esa arpía… hermosa, sí… pero infiel.

- “Sara, no seas orgullosa y vuelve con David. No ves que te ama realmente, pese a todo lo que le hiciste? No seas tan estúpida. Yo me corro a un costado. El te ama. Y yo sé que tu a él también. Les deseo toda la felicidad del mundo”

Escuché pasos… creí que iba a abrir la puerta, pero no… me pareció que se sentó, como yo, también delante de la puerta.

- Te escucho

- Sabes? Esta semana tuve una frase que me rondó la cabeza todo el tiempo: “Lucía no es como Sara”. Yo estaba todavía en shock por lo que había vivido en su casa. Y hoy, a la tarde, vino ella. Y me sumó otra frase “tu me amas?” que se agregó a la tuya “aun la amas?” A la primera frase, te digo que pensaba que ella era el premio de la lotería… el premio gordo, y tu el consuelo… De ahí eso de que tu no eras como ella… Sara me decía que para ella los machos cabríos, muy bien dotados, eran su obsesión. Pero que se había dado cuenta que realmente me amaba, y estaba muy mal por haberme perdido. Entonces me di cuenta que mi obsesión eran las tetas… Yo había logrado conquistar a la campeona mundial de portación de tetas… gigantes, con pezones grandes… un cuerpazo, muy bonita… Pero yo era su perrito faldero. Tenía terror de perderla, hacía lo que ella quería. Entonces, al final, ella era mi obsesión. Pero siempre se hacía lo que ella quería. Siempre pensaba en sus propios temas. No le importó lastimarme. Si hasta me ridiculizaba… Orgullosa, egoísta, siempre una estrella. En cambio tú… tu me consideraste desde el principio. Tomábamos las decisiones juntos. Me cuidabas, me tuviste paciencia. No te importó el tamaño de mi verga. Pero no eras ella. Recuerdas que nunca lo hacíamos de frente? Sabes por qué? Porque veía tus tetas, y el amigo se me caía… Un pelotudo bárbaro… Pero tu sonrisa… siempre atenta a mí… tus caricias, tus cuidados… tu cuerpo…. Tu culo… hermoso culazo… tus ojos… tu mirada… Todo eso estuvo en mi mente cuando supe que te habías ido. Y ese mensaje a Sara, pensando que yo todavía la amaba, y querías para mí lo mejor… - hice un silencio – en el viaje, en mi mente, hice un juego… agarré las tetas de Sara y te las puse a vos, y te imaginé de cuerpo completo con esas tetas… y me dije “no! No es Lucía. Lucía es así. Así la conocí. Y así te quiero. Con esas tetas, las tuyas, que no las cambiaría por nada. Son parte de Lucía. De la Lucía que le abrí la puerta de mi casa… y de mi corazón. A la segunda y tercer frase, “aun la amas” y “tú me amas” le respondo con un rotundo no. Eso le dije a Sara mientras agarraba las llaves del auto. Ahí me cayó la ficha. Yo te amo a ti. Tú eres mi amor. El verdadero. Sin ningún tipo de condición. Te amo, Lucía. Y sé que me amas. Te amo… sabes? Te amo

Escuché que se levantó, oía ruidos dentro de la habitación, pero la puerta no se abría. Entonces me di cuenta que había llegado tarde. Que Lucía, o no me quería, o ya estaba cansada de esperarme, de mi actitud, de mi personalidad. Así que me levanté, derrotado, bajé las escaleras, abrí la puerta y salí a la vereda, cruzando por el pasto, en dirección al auto. Y de repente, siento un golpe en la espalda. Unas manos en mi cuello. Y, tratando de defenderme y hacer equilibrio, trastabillo y caigo al suelo

- Se puede saber a dónde vas? No te pienso soltar nunca más, oiste, David? – y me dio vuelta y me dio un beso de antología, con los ojos totalmente llorosos, y una alegría desbordante

Un vecino, creyendo que yo la estaba atacando a ella, vino corriendo hacia nosotros

- No… tranquilo, Julio, él es David… es mi novio… y fui yo quien lo tiré al suelo… el muy tonto intentaba dejarme… jajajaja!!!

Me ayudó a incorporarme, y me llevó adentro. Me había golpeado feo, pero tampoco era grave…

- Por qué no me esperaste?

- Creí que no querías saber nada de mí… como no abrías la puerta, y escuché que te levantaste… porque estabas sentada frente a la puerta, como yo, no?

- Sí… no encontraba la llave… y estaba tan feliz que no me salían las palabras para hablarte. Cuando me di cuenta que te ibas, me tiré por la ventana

Me limpiaba, me besaba, me acariciaba… estaba realmente muy feliz.

- Oye… respecto a las… las lolas… me pondré implantes así no te…

- Noooooo!!! Ni lo sueñes. Si haces eso, no me ves más – le decía muy serio, y ella como se asustó – me parece que no me entendiste… AMO a Lucía, así, como es. Y no quiero cambiarle ni un pelo a ese cuerpo. Lucía… TE… A… MO…

- Y yo a ti, grandísimo tonto… - y me volvió a besar

Justo entraron sus padres, medio que se asustaron cuando me vieron un poco sangrando, pero Lucía les explicó el altercado. Y, luego, les dijo:

- Mamá, papá, les presento al padre de sus nietos… si él está de acuerdo, por supuesto…

- Y… dónde hay que firmar? – contesté yo

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Decidimos casarnos. Yo vendí el departamento, y más con plata que nos dio el padre de Lucía, compramos una casa con terreno a las afueras de la ciudad. Ella montó un gym, donde, cuando no está embarazada o tiene algún contratiempo con los niños (ya tenemos tres), sigue impartiendo clases de defensa. Se puede decir que somos muy felices. Obvio que siempre surgen contratiempos, dificultades, conflictos… pero, como estamos realmente enamorados, de alguna manera salimos a flote.

A Sara… la habré visto dos o tres veces. Ella, apenas me ve, pone una cara de fastidio y tristeza… pero allá ella. Cuando a Lucía le florece eso de los celos hacia ella, yo siempre le digo: “agradezco a Dios haberla perdido… 1% por su culpa, 1% mía… y 99% por ti”.