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La Viuda necesitada

Llevaba años sin cruzar palabras con ella, pero el destino los reunió en la puerta de su casa. Ahora, Jennifer no es solo la viuda del barrio: es la mujer que se desviste ante él con una necesidad que no entiende de límites ni de discreción.

lunatacas24K vistas8.8· 15 votos

La Viuda necesitada – Parte 1

Después de mucho tiempo regrese a mi barrio, donde vive mi ex esposa con mis hijos, tenía que llevarlos a visitar a mi tía Lida que había venido de visita a Lima por unos días y quería verlos, de paso entregarles varios regalos que le trajo, para variar se demoraron en bajar,

No entro para nada a la casa, para no encontrarme al enano huevero que tiene por marido Patty, para no alargar la espera me fui a la tienda y mientras compraba una gaseosa veo a Jennifer con su andar característico, al verme sonrió y se acercó para saludarme.

- ¡Lunatacas a los tiempos!

· ¿Jennifer cómo has estado?

- Vivita y coleando

· Me parece perfecto

- ¿Y que te trae de visita al barrio, eres un ingrato?

· Vengo a recoger a los chicos para una visita familiar

- Qué bueno

Fuimos interrumpidos por una llamada al celular, era Patty despotricando como siempre porque los chicos me esperaban y no podían entra al auto, tuve que cortar la conversación con Jennifer, quien hizo un gesto llevándose la mano a la oreja, entendí y le di mi número de celular para estar en contacto.

Jennifer es la viuda de Lalo, quien falleció de un problema cardio vascular años atrás y sus hijos son contemporáneas con los míos, por ende, nos relacionábamos siempre, aunque para ser preciso mi amistad era con Lalo, ambos trabajamos en el mismo rubro y nuestras conversaciones iban más allá de los temas escolares, con Jennifer no era tanto pero siempre teníamos buenas conversas.

Al final del día llevamos a mi tía a cenar y la pasamos bien, mis hijos llegaron cargados de ropa y con propina incluida, luego de dejar a mi tía en su casa fui a dejar a los chicos en casa de su madre. Al llegar me baje para ir a la tienda y comprar agua y un par de chocolates, cuando estaba por irme me llaman:

- Lunatacas, otra vez por acá.

· Al voltear era Jennifer – Hola

- Que te dejes ver dos veces en el día es por algo

· Lo mismo digo

- Desde que te mudaste no se te ve muy seguido

· Gajes del oficio, prefiero encontrarme con los chicos en otros lados.

- A veces es mejor – caminamos hasta llegar a mi auto

· ¿Hacia dónde te diriges?

- Voy a casa de mi mamá

· No se diga más, te acerco

- Está bien

Nos pusimos al día, conversando de los hijos, del colegio, de las actividades extracurriculares, hasta que tocamos el punto de nuestra vida amorosa, lo tomamos con ligereza y sin entrar en detalles pude averiguar que ella no tenía pareja desde que enviudo y le conté que yo estaba distanciado de Dani, llegamos a su destino y la deje.

Los días transcurrieron con normalidad, hasta que tuve que recoger a mis hijos, volviéndomela a encontrar, ofreciéndole acercarla a su destino, me dijo que iba al Open Plaza Angamos, enrumbamos y conservamos cosas triviales; deje primero a mis hijos, tenían una reunión con la familia de Patty, luego me dirigí hacia el centro comercial, ingresé para poder hacer unas compras, me despedí de Jennifer, notando que estaba bien arreglada, me fui a hacer lo mío. Estaba por pagar en la caja de Tottus, cuando suena mi celular.

- Lunatacas, disculpa la confianza

· Dime linda, para qué soy bueno

- ¿Sigues por el centro comercial?

· Si, estoy por salir de Tottus

- Excelente, me acerco

La espere un par de minutos y luego de los saludos, le invite un café, el cual acepto con gracia, ya sentados la notaba inquieta, para no hacerla larga, me comento que había quedado con un “amigo” y este la canceló a último minuto, terminamos y la acerque a su casa. Al día siguiente, recibí una llamada de Jennifer:

- Lunatacas ¿estas ocupado?

· No para nada, dime para que soy bueno.

- Puedo invitarte un café.

· Claro, ¿dónde nos encontramos?

- Estoy en Miraflores por Armendáriz.

· Que te parece si te vienes a mi departamento y te ahorras el café, y podemos conversar largo y tendido.

- Hummmmm – dudo un poco – está bien, me interesa lo de tendido, jajajaja, envíame tu ubicación

· Te la paso de inmediato

Di un rápido vistazo a mi sala, acomode el desorden y puse a pasar un café cuzqueño en la cafetera, revise mi alacena y tenia varias cosas para acompañarlo, Jennifer llego a los pocos minutos, los saludos respectivos, estaba bien arreglada y reluciente, con un jean que marcaba sus gordas nalgas y muslos apretados, casaca que entallaba su cintura, ligeramente maquillada, perfumada con Tommi women, estaba a pedir de boca. Preparamos la mesa y luego nos sentamos para departir un buen rato.

La pasamos bien, no la veía sonreír desde hacía mucho tiempo, Jennifer no pasa el 1.60 m, es rellenita, blanca leche, de cintura marcada, cabello lacio marrón claro que llega a media espalda, ojos verdes, labios rosados, trasero nada despreciable, tetas pequeñas y es simpática, el detalle es que esta apagada y sus ojos han perdido el brillo de vivir, obvio, criar 3 hijos sin su marido debe ser difícil.

Ya entrada en confianza me explico el porqué de la llamada:

- Lunatacas, desde que falleció Lalo no he salido con nadie, me he mantenido sola, cuidando a mis hijos, hasta hace poco que conocí a Julián, quien me ha tratado bien, solo que – suspiro profundamente, le tomé las manos en señal de confianza – me confunde mucho, me invita a salir y me deja plantada cuando quiere.

- No sé que pensar, no sé si soy yo.

- Por momentos siento que no soy lo suficiente para cualquier hombre.

· No digas eso, eres muy guapa, cualquiera se puede fijar en ti,

- ¡En serio! te parezco guapa.

· ¿Cómo puedes dudarlo?

- Entonces estarías conmigo

Esta frase alerto mis sentidos, aun la tenía tomada por las manos, me incorpore para darle un beso en la frente, ella cerro los ojos, la tome por la barbilla y la bese suavemente; me la jugué con todo, no creo que haya venido solo para conversar, el beso fue correspondido tímidamente, antes de obtener respuesta alguna, déjate llevar – exclame, Jennifer acepto, infinidad de besos hasta que se soltó y ofrecía tímidamente su lengua, la tome por las manos y la lleve a mi cuarto, en el camino fui sacándole la casaca, la blusa, traía un sostén color perla que se perdía con la blancura de su piel y escondía sus pequeños pechos, ella también comenzó a quitarme la ropa, al tumbarla sobre la cama, ella sola bajó con dificultad los jeans apretados, termine de quitárselos, encontrando un calzón que hacía juego con el sostén, cubriendo una mata de vellos que hacían juego con su cabello marrón claro, casi castaños, ufffff, me ayudo a quitarme el pantalón.

Seguí besándola, pase a los lóbulos de sus orejas, su cuello, arrancándole pequeños gemidos, libere sus pequeñas tetas, de aureola marrón oscura que resaltaba con su blanca piel, sus pezones ya erguidos fueron succionados casi de inmediato, disfrute de ellos largo rato, apretando, estrujando y mordisqueando a mi antojo, ufffff, Jennifer disfrutaba del momento, baje por su torso, me detuve un momento para jugar con su ombligo y de paso bajarle el calzón. Ella colaboro con esa acción, observé el panorama, su vello púbico era abundante, pero estaba recortado, el Monte de Venus resaltaba con una abundante mata de vellos, sus labios mayores carnosos ya estaban abiertos de para en par, ufffff, no espera más y me zambullí, besándolos y succionándolos a mi gusto, metí mi lengua para degustar su sabor, el cual fue extraño para mí, pero delicioso, comenzó a gemir más fuerte y con sus manos en mi cabeza me guiaba a que le pasara la lengua por toda su marrón ranura.

Lunatacas, métemelo, métemelo, hazme tuya, ahhhhhh, ahhhhhh, métemelo – gimoteaba Jennifer, encontré su pequeño botón rosado, brioso y endurecido lo atendí como se debe, ufffff, mis dedos penetraron su interior, para empezar a “masturbarla”, esto la enloqueció, mmmmm, métemela mejor, mmmmm, quiero sentir tu pinga, mmmmm – reclamaba, pero seguí en lo mío, al cabo de un rato ella misma me halo por los cabellos para besarme, sus presurosas manos bajaron apenas mi bóxer y dirijieron mi ariete hacia su vulva, ufffff.

Situándome entre sus piernas la penetre lentamente, hasta metérselo por completo, su vagina estaba tan caliente y lubricada, apretaba mi ariete tan rico que la sensación es indescriptible, Jennifer me agarraba de los brazos y gemía - mmmmm, ¡que rico!, mmmmm, ¡qué bien se siente!, mmmmm - sus gemidos me prendían más, sentía como su cuerpo se estremecía cada vez que mis caderas chocaban con las suyas, a tal punto que sus piernas rodearon mi cintura, me prendí como un becerro a chuparle las tetas, ufffff.

Nos comíamos a besos, este misionero estaba a mil, su calentura, lo lubricado de su vagina, la estrechez de la misma, ufffff, le acomode las piernas sobre mis codos haciendo más placentera la penetración, el roce con su pubis la llevo al clímax, si, siiiiiii, siiiiiii, siiiiiii – alcanzado su primer orgasmo de la mañana, relajo su cuerpo, sus brazos cayeron sobre la cama, aproveche para acomodar sus piernas sobre mis hombros para comenzar a penetrarla con fuerza, en esa posición gritaba y gemía más pidiéndome más rápido y más duro, no fui ajeno a su pedido minutos después, música para mis oídos, si, siiiiiii, siiiiiii, siiiiiii – segundo orgasmo de la mañana.

Sin darle mucha opción libere sus piernas y la acomode de perrito, colocando las almohadas bajo su vientre, apreciando su trasero pulposo, llamativo, blanco y carnoso, que escondía un arrugado y marrón encanto, hundí mi cara en el mismo para olerlo, mi lengua profano su agujero, ahhhhhh, ¿qué haces?, ahhhhhh, ¿no hagas eso?, ahhhhhh, para luego pasar a un mmmmm, ¡que rico!, mmmmm, ¡qué bien se siente!, mmmmm, interminables besos negros, deje el arrugado agujero empapado con mi saliva, la tome por la cintura y con una serie palmotazos deje marcadas sus nalgas, luego mi ariete se ubicó en la entrada de su vagina, notando que Jennifer tenía una mano frotándose el clítoris, ufffff, deje caer saliva en su arrugado agujero restregué mi ariete a manera de lubricarlo y penetre su vagina de golpe, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh – retumbaba en toda la habitación, volví a azotar sus nalgas, y música para mis oídos, si, siiiiiii, siiiiiii, siiiiiii – un nuevo orgasmo, percatándome que a cada manotazo ella reculaba y contorneaba las caderas con buen compás, entre mi dije – le gusta el sexo duro.

La tomé por los cabellos con fuerza, ante esto apretó la vagina, y reculo con fuerza, mientras más tensaba su cabello más era su ímpetu, métemelo, ahhhhhh, métemelo, ahhhhhh, hazme tuya, ahhhhhh, métemelo, ahhhhhh – un par de minutos así y sentí la descarga eléctrica recorriendo mi espina dorsal para terminar con varias descargar e inundarle la vagina con mi esencia, ufffff, al mismo tiempo Jenifer alcanzaba otro orgasmo.

Ella se dejó caer sobre la cama, le saque las almohadas y caí rendido a su costado, ambos sudorosos, agitados y extasiados, ella se pegó a mi pecho y yo la abrace, volteo su cabeza para besarme, quedamos entrelazados hasta recuperar el aliento.

Una llamada a mi celular me volvió a la realidad, luego de atenderla note que tenía ante mis ojos a una mujer que no había sido atendida en mucho tiempo, apenas había cubierto su cuerpo con las sábanas, me percate que mi ariete estaba listo para el segundo round, y tenia a una viuda desnuda, acostada y con las piernas abiertas a mi disposición, así que no perdí tiempo y me lance encima de ella y comencé a besarle todo el cuerpo mientras ella gemía y me agarraba el cabello.

Jennifer se acomodó y comenzó a besar mi pecho desnudo, dejando un hilo de saliva en su recorrido hasta llegar a mi ariete, con torpeza lo tomo por el glande, lo lleno de besos hasta la base, volvió a subir ensalivando, ufffff, masajeaba mis testículos y pajeaba torpemente, clara demostración de su falta de práctica, pero en ese momento no importo, poco a poco fue mejorando, engullía mi ariete sin dejar de pajearme, subía hasta mi ombligo para volver a bajar y darle pequeñas mordidas desde el glande hasta la base, cuando entro en confianza trato de hacer un garganta profunda, pero las horcadas le ganaron y tuvo que dejar de intentarlo, su lengua jugaba audaz en mi glande, ufffff, su intención era hacerme llegar, quería tragarse mi esencia, eso lo supe después en una conversación post sexo.

Debido a su falta de practica no iba a conseguir su objetivo, así que la tome por la cintura, ella se acomode encima mío, con mi ariete en su mano, froto su clítoris y labios, para sentarse suavemente y clavárselo hasta el fondo, ofreciendo sus pequeñas tetas, ufffff, su cavidad ardía y la lubricación era precisa, su estrechez mejoraba en esta posición. Disfrutaba de sus tetas, ella clavaba sus uñas en mi espalda, nos besábamos, sus vaivenes de cadera alternaban con el sube y baja, nuestro frenesí estaba imparable, cuando el insistente sonido de su celular nos regresó a la realidad.

Jennifer interrumpiendo el coito, se dirigió hacia donde venia el sonido, mientras atendía la llamada, pude apreciar a esta pequeña dama, blanca como leche, cabello marrón claro, de cuerpo normal, al notar su reflejo en el espejo, inconsciente se cubrió los pechos, como queriendo tapar su desnudez, no puse atención a su llamada, pero al notar que empezaba a recoger su ropa, intuí que algo pasaba y que pronto tendría que irse, me pare y me acerque a ella, su mirada me decía ¿qué haces?, sin mediar palabra la eche en la cama, hice que recoja sus piernas y mis labios buscaron sus labios mayores, ufffff, mientras que mi lengua profanaba su interior, en un principio ella trataba de detenerme, luego sus piernas se ablandaron, entregándose al cunnilingus, succionando y besando sus labios y clítoris, pasando por el perineo, la hice levantar las piernas para degustar de su arrugado ano, prestando más atención a su llamada, ya no esbozaba frases sino monosílabas, mi lengua entraba y salía de su arrugado agujero, Jennifer se despidió y me tomo por las orejas.

- Lunatacas, eres un vivo.

- Quiero sentir esa rica pinga dentro de mí.

Asentí con la mirada, Jennifer recogió las piernas mientras su mano me masturbaba frenéticamente, ufffff, los siguientes minutos fueron de campeonato, Jennifer es muy obediente y maniobrable, el segundo polvo fue mejor que el primero en todo aspecto, llego muchas veces, quedando extasiada y complacida, nos metimos a la ducha, ya cambiados, conversamos:

- Lunatacas, no me vayas a mal interpretar… - la corte dándole un beso

· Tranquila, esto queda entre nosotros

- Agradecería tu discreción

· Linda, queda pendiente algo.

- ¿Qué? has hecho conmigo lo que has querido

· Mirándole el trasero – quiero terminar entre tus nalgas

- Auchhhh, nunca lo he hecho por atrás

· Entonces, te romperé ese culo tan rico que tienes

- Gracioso, pórtate bien y será tuyo.

Nos besamos sellando el acuerdo no pactado, salimos del departamento agarrados de la mano, la lleve hacia donde ella me indico y antes de despedirnos, me entrego su calzón – para que me recuerdes y por cierto, queda pendiente contarte porque me acosté contigo – dicho esto me dio un pico y salió del auto.

Mi cabeza dio mil vueltas en ese momento sus últimas palabras me llenaron de intriga, los días siguientes tuvimos conversaciones calientes de alto calibre, ella me enviaba fotos de sus tetas, de su vulva, en ropa interior, audios calentones, le pedí un video y accedió a enviármelo, incluso fue más atrevida hizo un video masturbándose y demás cosas; pero era esquiva cada vez que le preguntaba el motivo sus últimas palabras, me dejaba con un tiempo al tiempo.

Por nuestros horarios no podíamos tener más sexo, ya que ella solo disponía de las mañanas libres, tuvimos sexo en mi auto un par de veces, pero no concretábamos una sesión completa, eso hizo que la intriga sea mayor; tenía que despejar la intriga que ella dejado en mí y de paso reventar su virginal culo.

Pero esa historia se la contare en la segunda parte…