Melisa – Esposa Infiel
Siempre supo que Melisa era hermosa, pero nunca imaginó que la tentación se presentaría cuando ella, ya esposa y madre, necesitaba escapar de su vida monótona. Entre confesiones en un café y la promesa de un 'postre' prohibido, la línea entre la amistad y el deseo se desdibuja en la oscuridad de un hotel.
Melisa – Esposa Infiel
Conozco a Melisa desde que tengo uso de razón, somos de la misma edad, estudiamos juntos hasta que me cambiaron de colegio, debido a que dejo de ser mixto, obviamente pase a un colegio de varones, ambos colegios están cercanos y nos veíamos a diario al ingreso o a la salida, caminábamos juntos y hacíamos hora.
Durante mi época escolar frecuentaba a mis excompañeras y en los veranos hacíamos vacaciones útiles, natación, sobre todo, Melisa, Carlos, Mary y otro grupo de amigos, nuestros veranos eran fenomenales, crecimos juntos y departíamos mucho, cuando termine el colegio, todos estudiamos en la universidad nacional, ingenierías diferentes y nos “acompañamos” toda la carrera.
Melisa es delgada, bajita, de labios carnosos, cabello ondulado y oscuro, ojos caramelo, de bello rostro, piernas delgadas, con un par de tetas grandes y bien formadas, en la universidad andaba con un buey de mi facultad y obviamente la veía siempre. Melisa siempre me atrajo y quería tener una oportunidad con ella, pero no sucedió, ella por ser más aplicada término la carrera antes que yo, en esa época andaba muy relajado.
En el último año de universidad termino con el buey de que tenía por enamorado, en sus prácticas preprofesionales conoció al que hoy es su esposo, Arturo, buen tipo (le lleva casi 10 años), a los dos años se casaron, fui a su matrimonio con mi pareja de ese entonces, se fueron a vivir a Huancayo y después de unos años se mudaron a Lima, donde nos frecuentamos con cierta regularidad; producto de su matrimonio tienen 02 hijos.
Melisa y su amante
Un día me la encuentro en Primavera Plaza, tomamos un café y conversamos largo rato, poniéndonos al día en todo, cuando terminamos se ofreció en llevarme a mi casa, ya que andaba sin auto, estaba en mantenimiento, sorpresa la mía al ver que tenía un BMW, Melisa, ¿qué le haces a Arturo, para que te regale este animal? – le pregunte bromeando, mientras observaba su auto; Lunatacas, nada que ver, ni siquiera me toca – contesto, le pedí las llaves para probarlo y salimos del mall para ir a probar su auto. Me dirigí a evitamiento para hacerlo correr, que rica nave, suave, potente, ese motor ruge y revoluciona, me sentía mismo Rápidos y Furiosos, con juguete nuevo. Lunatacas, ¿tú crees que con este auto puedo levantarme a alguien? – pregunto inocente Melisa, mira; con esto puedes levantar lo que quieras, pero tienes que ser muy cautelosa – conteste. En ese momento no pensé en lo que le dije. Me dejo en mi casa y nos despedimos.
Pasaron más de 3 meses, salía del hostal donde iba con una amiga con derechos, al momento de ingresar a mi auto, veo un BMW cuadrado a mi izquierda, me lo quede mirando un rato, pensé, nada que ver no creo que sea Melisa, a menos que se haya escapado con Arturo, ya la molestaré después.
A la semana siguiente, en el mismo horario, el mismo auto estacionado esta vez a dos del mío, ya pensé otra cosa, apunté la placa por si las dudas, ya que por la noche nos veríamos con otros amigos para comer algo y chismear un rato. Ya en el local donde habíamos quedado nos sentamos cerca de a puerta de ingreso y sorpresa la mía llega un BMW y baja Melisa, con el cabello mojado, me quede en una pieza. Obviamente no hice comentario alguno.
Andaba de vacaciones y peleado con mi esposa, así que andaba con una amiga con derechos, estamos subiendo por las escaleras y vemos una parejita en arrumacos, el patita tenía a una flaca pegada contra la pared metiéndole la mano entre las piernas, noto nuestra presencia y ni se inmutaron, note que era un chibolo y a la flaca no le vi el rostro; hasta ahí todo normal. Al término de la faena, estaba encendiendo el auto y Noelia (mi amiga con derechos) me dice que no encontraba un arete y que se le ha quedado en el cuarto, baje para recuperarlo; ya de retorno, pasa por mi costado el chibolo que había visto horas antes, me entro la curiosidad, encendí un cigarrillo y con la mirada lo seguí, casi me ahogo cuando abrió el BMW de mi amiga, se subió de piloto, pasaron por mi lado, y con mis propios ojos vi que Melisa era la copiloto, apenas tuve tiempo de sacar el celular y tomarle una foto.
Regrese a la recepción, el hotelero ya me conocía y le pregunte por la pareja que acababa de salir, muy dispuesto me conto con lujo de detalles sus horarios de rutina, es más comento que el chibolo venía con varias flaquitas en otros horarios. Estos hoteleros muchas veces no son discretos, así que para no perder detalles le di su propina; jefe le gusta la señora, es bien guapa, lástima que no haya sabido escoger – comento, así parece – conteste.
Llegue a casa y por la noche no podía dormir pensando en lo visto, Patty noto mi preocupación y me pregunto si algo andaba mal, le desvié el tema con otro asunto y luego nos metimos un par de polvos, ufffff, la imagen de las tetas de Melisa fue inspiradora.
Pasaron los días, la imagen de Melisa no se iba de la cabeza, me armé de valor y le envié un mensaje, tenemos que hablar sobre un tema muy delicado, nos vemos a las 19:00 horas en tal lugar; casi al instante recibí su conformidad.
Ya en el local, ella llego puntual me saludo cordialmente y antes de que me diga algo le extendí mi celular con su foto de copiloto, su rostro cambio drásticamente, sonrojándose, empecé:
- Melisa, ¿qué es lo que está pasando? - le dije mirándola fijamente a los ojos.
No puedo negarlo, tengo mis escapadas.
- Entiendo que Arturo no te atienda; pero buscar a un chibolo.
Arturo no tiene remedio, ya ni me toca y menos se le para. Bueno seguí tu consejo (golpe bajo)
- Al parecer no soy bueno para dar consejos, pero no pensé, que serias tan literal e inocente para hacerme caso.
Lunatacas, lo siento no pensé que se mi iría de las manos.
- Carajo, conoces tanta gente y escoges al primer huevón que se te cruza por el camino.
Lunatacas, andaba muy necesitada de atención y me elogio, y bueno, ya la cague que puedo hacer nada, ya no hay marcha atrás con lo sucedido.
- Si lo que quieres es pasar un buen momento, en último de los casos me hubieras llamado y te podía dar una buena sacudida, no mereces esto.
En serio Lunatacas, harías eso por mi
Su reacción me dejo atónito, Lunatacas, ¿me ves atractiva? ¿Aun puedo llamar la atención? – dicho esto las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, me acerque para abrazarla y acariciarle el cabello, claro que eres atractiva, es más cuando caminas por la calle llamas la atención – conteste. Saque mi pañuelo (siempre ando uno en el bolsillo) seque sus lágrimas suavemente, recuerda que siempre estaré para ti para lo que quieras y lo sabes – exclamé, me perdonas – pregunto con ternura; no tengo que perdonarte nada, se por lo que pasas, no entiendo a tu marido, en fin – respondí.
Melisa me conto con lujo de detalles que era lo acontecía con su esposo:¿y qué paso con Arturo?
- Soltó un gran suspiro, en resumidas cuentas, perdió el interés por mí, por más que iba al gimnasio, me hice la lipo, me levante las bubies, ojo no me aumente ni nada de eso, un peeling brasileiro, que ya lo notaste, el hombre nada que ver, no levanta, llega me da la espalda y se duerme.
Pero, no entiendo, existe el viagra y demás cosas lo venden sin receta médica, Uds. pueden costear un tratamiento, no entiendo.
- Arturo no quiere ir a un doctor y menos seguir un tratamiento. Contra eso no se puede hacer nada, a veces logra que se le pare, por dos minutos y tengo que aprovechar antes de que se le muera sin siquiera venirse y ni que decir que me haga venir.
A chuma, la cosa es seria entonces.
Lo único que le pedí era que dejará al chibolo y que si quería le presentaba a un par de amigos que tienen más seriedad y madurez para el caso; pasaron los días y me llamó al celular para que nos veamos y conversemos, con un café de por medio y entre temas variados me comento había terminado su relación con el chibolo, que no lo tomo a bien; pero ya está hecho, me abrazó con fuerza, hice lo propio y acaricie su cabello. Que te parece si para celebrar almorzamos mañana – pregunto, claro, pero yo invito – conteste; eso si anda sin auto, que yo llevo el mío.
Melisa me da el postre
Llegué al restaurante pactado, me dispuse a esperarla, levanto la mirada y la veo entrando enfundada en un vestido floreado de tirantes, con el cabello recogido en un moño, tacos medianos, sus caderas remarcaban el vestido, el escote dejaba apreciar generosamente sus tetas, suavemente maquillada, ufffff, estaba hecha un manjar, de paso varios de los comensales le clavaron la mirada. El saludo de rigor, el olor de su colonia lleno mi cerebro, ufffff, estas muy guapa – atine a decirle, ella sonrió, gracias – contesto, almorzamos y bebimos un par de chilcanos, ya que el calor de verano arrasaba.
- Lunatacas, respecto a lo que me dijiste hace unos días, ¿qué tan cierto es?
Ah, de que, si estaré para lo que necesites, sí, es verdad.
- No, tontito, me refería a que si estás dispuesto a darme una buena sacudida.
Casi me ahogo con la bebida, claro que me gustaría darte no una sino varias sacudidas.
- Hummmmm, bien, entonces que te parece si vamos a que disfrutes del postre en otro lugar.
¿¿¿Postre??? (iluso yo) ¿qué postre?
- El postre soy yo, tontito.
Soy materia dispuesta.
Ella me tomo la mano y las entrelazamos, la veía radiante, sus ojos brillaban; en el auto me acerque para darle un beso, ella respondió introduciendo su lengua, ufffff, que tal beso, salimos rumbo al hotel más cercano, me indico uno que había visto uno de camino, con cochera y caleta.
Ni bien ingresamos a la habitación, ella soltó los tirantes de su vestido quedando ante mí en ropa interior, un sujetador de encaje negro y una minúscula tanguita negra, ufffff; la había visto muchas veces en ropa de baño, pero esto era distinto, el efecto inmediato fue la reacción de mi ariete, que ya estaba listo. Melisa, sonreía pícaramente para soltarse el sujetador, tapándose las tetas con las manos, simulando inocencia, deja caer el sujetador al piso y aparecieron ante mí sus tetas, perfectas, de gran tamaño, firmes, desafiando a la gravedad, con dos grandes aureolas y pezones marrones con dos pitones desafiantes, ufffff, su bronceado pecho no contrastaba mucho con sus tetas, el panorama era de lo mejor.
Acerqué mi rostro al de ella, para besarla, devoraba su boca con lascivia y lujuria, nuestras lenguas se enredaron en su propia batalla, los prolongados besos incrementaron nuestro mutuo deseo. Mi mano atacó sus tetas alternadamente, empecé a presionarle el pezón derecho, provocándole pequeños quejidos, mi otra mano se introdujo entre sus muslos hasta llegar a su tanga para bajársela raudamente. Acto seguido me separé un poco para apreciar su vulva, la cual me pareció perfecta, cuidadosamente depilada, ni rasgo de vellos con labios finos y marcados, noté un gran lunar en el lado izquierdo de su grupa. Recorrí su raja con mi mano, jugué con sus labios, dejándola caliente y húmeda. Frote su vulva poco a poco, ufffff, la recorrí en toda su extensión hasta llegar al clítoris, que apareció enorme coronando su vulva; con lo húmeda que estaba le metí dos dedos, a manera de gancho, buscando su punto G y penetrándola e incrementando el ritmo de la incursión, ufffff, no dejamos de besarnos, su agitación era notoria y su mano guiaba la mía. Lunatacas, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh – gimoteaba Melisa.
Por varios minutos continue con este masaje/ penetración o estímulo, no sé cómo llamarle, jadeaba cada vez más fuerte, colocó su mano derecha sobre su clítoris y empezó a pajearse mientras yo hurgaba su interior; unos segundos y empezó a gritar, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡me vengo!, ohhhhhh, ¡me vengo!, las piernas le temblaban y se aferraba a mí para no caerse, yaaaaaaaa, ¡me vengooooooo!, ¡mierda! ¡qué ricoooooooooo!
Melisa, se había corrido de manera brutal, aun temblaba, mi mano empapada de un líquido blanquecino y espeso que goteaba y discurría por sus piernas, ufffff, la lleve hasta la cama, metí mis dedos en la boca para saborear su néctar interior, volví a humedecer mis dedos y los lleve a sus labios, ella gustosa recibió su néctar, luego la bese, aun con la respiración entrecortada me bajo el pantalón, dejándome en bóxer, yo termine de desvestirme, sentada al borde de la cama liberó mi ariete, henchido y apuntando al techo, lo observó asombrada, Lunatacas todo lo que contaba Ale es verdad, que buena herramienta tienes, acto seguido, lo agarró por la base con la mano derecha, pajeándome suavemente, asimilando lo que se iba a engullir. Empezó a lamerla de abajo arriba, ensalivándola a su paso, recorriéndola por completo con su rosada lengua, ufffff, a los pocos segundos se lo metió en la boca, tragando la mitad de mi ariete, alternando subidas y bajadas hasta la mitad, se detenía en el glande lo chupaba golosamente mientras me pajeaba muy suave, ufffff, resulto ser una experta mamona, disfrutaba hacerlo, acomodo su garganta en un par de intentos, se relajó y engulló mi ariete hasta que su nariz topó con mi vello púbico, ufffff, por momentos se lo tragaba hasta el fondo y a ratos la soltaba para respirar, dejándolo completamente ensalivado, atendió también mis testículos, visitaba el perineo, ufffff, se metió uno a uno en la boca y los chupó como si fuera la última vez, sin dejar de pajearme e incrementando el ritmo, ufffff, difícil de olvidar esa lengua juguetona. Ahhhhhh, ¡qué rico! ¡Ahhhhhh!, Sigue chupando mamacita – le dije, mientras ella engullía mi ariete hasta el fondo de la garganta, en todo momento tenía sus ojos clavados en mi mirada, ufffff, que delicia.
Melisa mamaba con ansias, disfrutándolo, poso las manos en mis nalgas y moviendo la cabeza adelante y atrás incrementó el ritmo; sentía que llegaba hasta la garganta, veía cómo sus ojos brillaban y cómo la saliva escapaba de su boca, ufffff, esto situación provocaría que la descarga sea inminente, sentí el recorrido de electricidad por mi espina dorsal para terminar con varias descargas, tensé mi cuerpo, ufffff, bufaba como poseso, en ningún momento ella dejo de mamar, al contrario se tomó todo mi caliente y blanquecina esencia, ufffff, toda una maestra, no dejo caer ni una gota, se tragó toma mi esencia, sonriente, volvió a engullir mi ariete dejándolo reluciente.
Nos recostamos en la cama, abrazados, besándonos suavemente; Melisa, menuda joya has resultado ser, en mi vida pensé que eras una experta mamona – le dije, Lunatacas, tú también me has sorprendido, has aguantado mucho más de lo que esperaba -contesto. En ese momento ambos nos abrimos y sacamos ciertos temas a relucir:
- Mira, voy a ser sincera contigo, desde la universidad tienes una fama de que cachas bien rico, eso decía Alexandra (mi ex enamorada), y lo pude constatar.
Anda sí, es bueno saber que Ale decía algo bueno de mí. Espera como que lo pudiste constatar.
- Recuerdas cuando fuimos a Cajamarca en grupo y te quedaste con Ale en el hotel, fui a buscarlos al llegar la puerta no estaba bien cerrada, te vi comerle el coño, como la embestías, sus gemidos inundando el cuarto, verla cabalgándote, creo que llego 4 o 5 veces, y de ahí ver como se la metías por atrás, me puso a mil, es más yo me masturbaba viéndolos.
No te lo puedo creer, esa no la tenía mapeada.
- Por la noche cuando se fueron, esperé y fui tras de Uds. otra vez la puerta estaba mal cerrada, ingresé, ahora la tenías patas al hombro y ella clavaba las uñas en la cama y se mordía los labios, escuchar los gemidos de Ale, pucha. Sali del cuarto a buscar al buey ese, para repetir lo que acaba de ver, y nada, prefirió quedarse tomando, en mi habitación me pajee como 3 o 4 veces, pensando que era yo a la que hacías gritar, al final un duchazo me quito un poco la calentura.
Eso no lo sabía, pero porque no dijiste nada, ¿cuándo ambos estuvimos solos?
- Cuando terminaron estuve tentada en buscarte, pero por no sé por qué huevada no lo hice.
Bueno son detalles que en su momento no los aprovechamos.
Corte la conversa, la hale para llevarla a la ducha, donde enjabone todas sus cavidades, caricias y besos a montones, me puso a mil, ufffff, salimos envueltos en sendas toallas, en el camino al cuarto le quité la toalla, rodeándola por la cintura en medio del pasillo, mientras le besaba el cuello lujuriosamente, arrancándole placenteros gemidos; pude fijarme bien en su trasero, redondo, firme, plafffff, con una buena palmada comprobé que es bastante duro.
La eché bocarriba sobre la cama, me acomodé entre sus piernas para degustar su perfecta vulva, hecha un bocado para disfrutar, ubiqué sus piernas sobre mis hombros y comencé a degustar el manjar que tenía expuesto ante mí. Mis dedos abrieron sus labios mostrando una cavidad rosada, húmeda y brillante, sus jugos vaginales empezaban a discurrir. Observé su vulva detenidamente, aprecie sus finos y rosados labios, su interior se notaba estrecho; por último, el clítoris, delante de mí era como dos veces más grande que el de Patty (comparación ambigua) que tantas veces había visto y comido. Aspire profundo, el aroma que emanaba hizo que me excitara más; olía a sexo puro, a hembra en celo, inundado por su olor, mi lengua recorrió su vulva por toda su extensión, ufffff, degustando sus primeros jugos, lamia de arriba abajo, atendía su clítoris y profanaba con mi lengua su marrón ano, dediqué largo tiempo a su botón de placer, lo rodeaba con mis labios, chupaba y succionaba con fuerza, arrancándole incontables gemidos, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, seguí chupando y sorbiendo, le daba pequeños mordiscos y lamía desde la base, arrancándole más gemidos de placer; ¡Dios! ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡no pares!, ohhhhhh, ¡no pares!
Al mismo tiempo que degustaba de su clítoris, profane su vulva con dos dedos metiendo y sacando al máximo ritmo posible; un par de minutos bastaron, poso sus manos sobre mi cabeza presionándome contra su vulva, retorciéndose, mientras gritaba al alcanzar el clímax, ¡sigue así!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡me vengo!, ohhhhhh, ¡me vengo!, las piernas le temblaban yaaaaaaaa, ¡me vengooooooo!, ¡siiiiiiiiii! ¡qué ricoooooooooo!
Me incorpore para verla laxada sobre la cama, con las piernas abiertas, jadeando y temblando por varios minutos, estrujaba las sábanas con sus manos mientras los estertores propios del clímax aun la sacudían, me tumbe a su lado para abrazarla, estupefacto por el orgasmo que había alcanzado. Que tal corrida has tenido – le manifesté, mientras la besaba, guau Lunatacas, me has dejado toda empapada, como si me hubiera orinado – contesto Melisa. La puse de costado para darle un par de palmazos en sus bronceadas nalgas, y hundirme en ellas para besárselas con lascivia.
Aun no recuperaba el aliento y con un hábil movimiento se montó a horcajadas sobre mí, cogiendo mi ariete por la base y frotándoselo por toda la vulva, restregándoselo varias veces por sus labios, comenzó a golpearse el clítoris con mi ariete, cerrando los ojos y suspirando; ¡Lunatacas qué rica pinga tienes! – alcanzó a decir, mordiéndose el labio inferior para dejarse caer de golpe, apoyó sus manos sobre mi pecho, ufffff, sentí como sus nalgas chocaron con mis testículos, quedándose quieta unos segundos con la boca abierta, acostumbrándose al tamaño de lo que se había ensartado, lentamente empezó el sube y baja, resoplando y gimiendo a gusto, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡Lunatacas qué rica pinga tienes! - ¡Te gusta verdad!, ¡Hoy te voy a hacer mía! – le dije, amasándole sus perfectas tetas.
Sus movimientos fueron incrementando el ritmo, plop, plop, plop, plop, sonaba por toda la habitación, ufffff, Melisa acelero como poseída, calculaba muy bien sus movimientos en ningún momento dejo escapar mi ariete atrapado por su vulva, candente, muy lubricada, ajustada, ufffff,
¡que buen polvo!, el sube y baja era constante, ufffff, sus nalgas golpeaban con fuerza mis muslos, mojada al extremo, plop, plop, plop, plop y sus suaves quejidos sonaban acompasados, ¡que placer!, ufffff, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh. Mis movimientos de cadera acompasaron sus embestidas, clavándola hasta lo más profundo de su ser, al poco rato, se soltó hábilmente para comenzar a darse una frotada descomunal de clítoris, con sus dedos imprimió tal velocidad que la hizo correrse a raudales, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡me vengo!, ohhhhhh, ¡me vengo!, yaaaaaaaa, ¡me vengooooooo!, ¡siiiiiiiiii! ¡qué ricoooooooooo!, ufffff, sus líquidos mojaron mi abdomen y las sábanas, ufffff, que tal corrida que alcanzó. Sacudiéndose por un par de minutos y soltando aun sus líquidos, antes de que recupere el aliento, la tumbe sobre la cama y procedí a sopearla, noooooo, Lunatacas, noooooo, ¡qué haces!, estoy muy sensible… - gimoteo, hice caso omiso y deguste de su esencia pura, mi lengua ingreso a su vulva, dejándola limpia, me puse de rodillas, coloque una almohada bajo su pelvis, levante mis piernas sobre mis hombros, y la penetré de golpe hasta que mis testículos chocaron contra sus nalgas, ufffff; Lunatacas, ¡no seas pendejo!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, bombeaba cada vez con más fuerza, sentía como su gran clítoris rozaba mi vientre, ufffff, su estrechez se notaba más en esta posición, estaba más sensible, su interior ardía, ufffff, unos minutos más y la libere, ella solo se colocó en cuatro patas mirándome con la cabeza volteada, ¡métemela por atrás! – la invitación estaba hecha, hundí mi rostro entre sus nalgas y deguste, lami y bese su ano, ufffff, mis dedos lubricaban su ano, mi lengua lo profanaba, mis dedos empapados de su esencia hurgaban su interior, retrocedí para admirar sus redondas nalgas, perfectas, sus respectivas palmoteadas hasta dejarlas marcadas, ufffff, Melisa se frotaba el clítoris, Lunatacas ¿qué esperas? ¡Métela ya! – reclamo airada, no espere, puse la cabeza de mi ariete en la entrada lubricada de su ano, empuje un poco, ufffff, se me dificulto entrar por la estrechez de su ano, ella se abrió las nalgas y retrocedió, esto facilito la entrada, auchhhh, despacio, auchhhh, tienes que ser delicado, auchhhh, con toda la cabeza de mi ariete en su interior, procedí a meter la mitad del mismo, y sin moverme, esperando que su esfínter se acostumbre al invasor, Melisa se pegó de golpe, ufffff, su ano era más cálido que su vulva, estrecho, sentí como los pliegues se fueron abriendo al invasor, incremente el ritmo de bombeo, le daba palmazos, ella se dejó caer apoyando sus grandes tetas sobre la cama, el panorama era divino, ufffff, se agarraba con fuerza de las sábanas, nuestras caderas chocaban con fuerza, me apodere de sus caderas para embestir con más fuerza, ella no se quedaba atrás haciendo más profunda la penetración, ufffff, pude notar como blanqueaba los ojos, producto de las embestidas que recibía, me salió muy aguantadora, la sensación de mi eminente descarga fue cortada cuando ella reculo y se levantó felinamente, para tumbarse boca arriba acomodarse unas almohadas e invitarme a que la penetre, dirigió mi ariete a su ano, mirándome fijamente a los ojos, la penetré suavemente, me abrazo y nos fundimos en un largo beso, ufffff, Lunatacas, ¡cógeme como una puta!, ¡soy tu puta! – susurraba en mi oreja, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh, ¡dios!, ohhhhhh, ¡qué rico!, ohhhhhh – gimoteaba, aproveche para chupar y morder sus tetas y pezones, duros como piedras, ufffff, la embestía con fuerza un buen rato, notando que comenzaba a temblar, acelere el ritmo, ufffff, se me nublo la vista y sentí como la corriente eléctrica discurría por mi espina dorsal para soltar varias descargas, ufffff, al mismo tiempo Melisa alcanzaba otro orgasmo; ¡me vengo!, ¡siiiiiiiiii!, ¡me vengooooooo!, ¡siiiiiiiiii! ¡qué ricoooooooooo!
Ambos exhaustos tendidos uno encima del otro sobre la cama, resoplando, bañados en sudor y saboreándonos a besos, no me salí de ella hasta que mi ariete perdió rigidez y se salió prácticamente solo, me puse a su costado, la abracé y recosté sobre mi pecho, ella lo acariciaba suavemente, nos quedamos dormidos, agotados por el placer y por el esfuerzo dado.
Dormimos casi una hora, la hora aún era prudente, conversamos de lo que acaba de ocurrir, me sorprendió con otra confesión:
- Lunatacas aun no me has hecho todo lo que la hiciste a Ale en Cajamarca.
Jajajaja, tú sí que eres insaciable, no es así.
- Ya tendremos oportunidad de hacerlo, espero que no sea solo esta vez, sino muchas más.
Claro, Melisa, estoy a tu disposición, procedí a besarla mientras ella ya cogía mi ariete para prepararlo.
- Mirándome fijamente a los ojos, me encanta que me traten como una puta o una zorra, eso me pone cachonda, me gusta que me palmoteen las nalgas y tiren de mi cabello, eso hace que me entregue y que no pueda resistirme; y estar en cuatro es lo que más me gusta.
Así, te falta esto, ¿verdad? – le dije enseñándole mi ariete enhiesto y apuntando al techo; dejemos de hablar y vamos a la acción, Melisa esbozo una gran sonrisa.
Obvio nos metimos el último polvo del día, durante esa semana nos vimos todos los días, nuestra frecuencia fue disminuyendo a medida del tiempo; hasta que tuvo que viajar a Francia por el tema de la pasantía de su hija.
Meses después cuando retornó, nos reunimos para conversar y retomar nuestras faenas, adicional me confeso que convenció a Arturo en tratar su problema de disfunción y les estaba yendo mucho mejor; pero que igual se daría el gusto conmigo y que en adelante íbamos a ser “folla amigos”, término europeo que trajo consigo de su viaje por Europa.
Ella es mi musa, nos hemos distanciado por X motivos, pero cuando podemos vamos a mi departamento y una vez que cierro la puerta se me abalanza encima y la pasamos super bien.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Regalando el culo al mejor amigo de mi novio
Mauricio duerme al otro lado de la puerta, ajeno a la tormenta que se desata en la habitación.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaAmor apasionado
- Hetero: Infidelidad
Mi esposo me cambio por una puta barata
La traición de su esposo la dejó rota, pero la mirada de Juan José le devolvió la llama. En la oficina vacía, la esposa del amigo se desnuda no para…
Comparte:Infidelidad consentidaAmor apasionadoRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Años 70. Las chicas que sirvieron en mi casa (VI F
La biblioteca se vacía y el riesgo de ser descubiertos enciende la tensión. Años después, el pasado llama a la puerta con el peso de un matrimonio…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La Viuda necesitada
Llevaba años sin cruzar palabras con ella, pero el destino los reunió en la puerta de su casa.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Osito de peluche
El osito de peluche sobre el mostrador no es un simple juguete, es la llave de un secreto húmedo.
Comparte:Infidelidad consentidaAmor apasionadoRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
El marido de Leticia
El embarazo de Leticia ha congelado su vida sexual, pero no su deseo. Cuando la narradora se cruza con Daniel en el ascensor, la abstinencia del…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaAmor apasionado